Disclaimmer: Los personajes de la siguiente historia pertenecen a Clamp, si no fuese así, Sak y Shao serían novios desde el primer capítulo. La historia es de mi propiedad.
Sakura Li desde muy pequeña supo que algo la hacía "especial" en su familia. El amor y el bienestar jamás le faltaron por parte de sus padres y su hermano y sin embargo desde muy pequeña sentía que no encajaba del todo bien con ellos. Quizás fuese por las diferencias físicas notables que había entre los cuatro integrantes: ellos de oscuros y castaños cabellos y ámbares ojos, mientras que ella era castaña clara y ojos verdes como el jade; quizás era por el trato especial que le daban, como si de una muñeca de porcelana se tratase, la que con el más suave de los golpes podía quebrarse en pedazos.
A la edad de doce, aún demasiado joven para considerarse adulta pero lo suficiente madura como para comprenderlo, supo que era adoptada.
El matrimonio Li la había cobijado de un orfanato de Londres. Ieran, quien sería su madre, debido a una complicación con su primer y único embarazo no había podido tener la gran familia con la que siempre había soñado, por lo que luego de hablarlo con su esposo Hien, su padre, decidieron adoptar a la niña que la naturaleza les había negado. A la tierna edad de ocho meses fue llevada con ellos; no les interesó su pasado, si había sido huérfana o había sido abandonada, simplemente se vieron conmovidos por la pequeña sin hogar necesitada de todo el amor que ellos estaban dispuestos a dar.
Saber la verdad de su historia no modificó en lo absoluto el cariño que sentía por ellos, al contrario, lo hizo más sólido... que no compartieran la misma sangre no los hacía menos familia sino que los había vuelto mucho más unidos, si es que eso era todavía posible.
Era la más joven por varios años y aun así eso no resultaba ser un obstáculo para llevarse de maravilla con sus padres y su hermano mayor.
Ieran y Hien le impartieron una perfecta y bien estructurada educación, hicieron de ella una señorita inglesa, con modales delicados y una personalidad encantadora y atrapante, aunque bastante terca y obstinada.
Su hermano fue en cambio su ejemplo de rebeldía y pasión por el día a día.
Si le preguntaban, diría que Shaoran era su persona favorita en el mundo; un hermano que la cuidaba, la mimaba y saciaba cualquier capricho infantil o adolescente que pudiera ocurrírsele. Su diferencia de doce años de edad no conllevó jamás problema alguno: Shaoran la cuidó cuando era apenas una bebé, le compró dulces cuando era una infante, curó sus raspadas rodillas en sus aventuras como puberta e incluso secó sus lágrimas cuando le rompieron el corazón en la adolescencia. Él era su pilar, y le gustaba creer que ella lo era para él.
A pesar de todo lo unido que eran en sus corazones, por largos años la distancia estuvo entre ellos y los encuentros se limitaban a pocos días en el mes: al inicio de la universidad, Shaoran se mudó a una residencia; con un título en mano y un buen empleo no tardó demasiado en comprar una modesta casa, todo mientras Sakura, orgullosa de él y su independencia, permanecía aún bajo las alas de sus padres.
Las llamadas entre semanas no faltaron: los consejos, ayuda para sus estudios, las malas bromas y las remembranzas de cuando su única preocupación era que mamá no los encontrara en alguna travesura siempre estaban disponibles del otro lado de la línea telefónica.
Cuando Sakura inició la universidad no lo dudó un segundo, y con la ayuda económica de una pequeña beca que había ganado por su desempeño académico, se plantó ante sus padres sin atisbo alguno de vacilación.
—¡Shaoran! —gritó apenas puso un pie en la casa sin importarle si los vecinos la oían.
Apresurada, sin querer perder un solo segundo más, corrió escaleras arriba llevándose por delante la mesa del comedor-como siempre ocurría con su andar atropellado- en busca de su hermano.
Se lo topó saliendo a prisas de su habitación con cierto aire de pánico en su rostro listo para su encuentro… puede que quizás, tan solo un poco, hubiese exagerado al gritar de esa forma tan escandalosa desde la planta baja.
Sin siquiera detenerse a pensarlo y presa de su efusiva alegría, saltó a sus brazos como una cría: se enroscó cual koala a su cuerpo, de aquella forma que su madre le había dicho que no correspondía para una chica de su edad, ni siquiera aunque fuese para abrazar a su propio hermano.
Pero su madre no estaba, y a Shaoran no parecía molestarle su forma tan cariñosa de ser con él.
—¿Estás bien? —preguntó con un deje de preocupación en su voz sosteniéndola en su abrazo constrictor— ¿Qué ocurrió que entraste gritando?
—¡Me aceptaron! —chilló emocionada cual niña— ¡Me aceptaron para la pasantía!
Y no era para menos la razón de su desbordante felicidad.
Cuando había planteado a sus padres la idea de que viviese con Shaoran una vez iniciada la universidad, ellos no habían aceptado tan fácilmente. Creían que aún era demasiado joven para dar ese gran paso y temían que además terminase siendo una carga para su hermano mayor. Al final fue él quien terminó por convencerlos, prometiendo que la cuidaría y la mantendría a raya... después de todo se suponía que un hombre de treinta años podría controlar a su hermana de dieciocho.
No había sido fácil. El cambio de casa, los cambios de hábitos y sus personalidades chocantes hicieron que la convivencia fuera toda una batalla campal y descontrolada aventura... cinco años después aún se mantenían en pie, y más fuertes que nunca.
—¿En verdad? —cuestionó incrédulo pero con emoción palpable en su tono de voz.
—¡Sí!
Aquellos años la beca de la universidad le había ayudado económicamente en demasía a pesar de no ser mucho el dinero. Le alcanzaba para sus materiales de estudio y sus pequeños caprichos y compras de uso personal, y aun así le sobraba para colaborar en algo con Shaoran en los gastos mensuales; en verano, sin la carga universitaria y las largas horas de estudio, buscaba y conseguía trabajos accesibles para estudiantes: las ganancias las ahorraba y las repartía para lo que restaba del año.
En su último año fue cuando se postuló para una pasantía en una editorial muy importante de la ciudad. Como futura licenciada en letras modernas obtenerla sería un sueño hecho realidad y ahora que acaecía no podía aguantar toda la emoción que embargaba en su menudo cuerpo. Si hacía las cosas bien como pasante quizás y hasta lograba obtener el puesto y ser una empleada hecha y derecha en su lugar ideal de trabajo.
—Sabía que lo lograrías —felicitó depositándola en el suelo con cuidado—, no esperaba menos de mi lectora empedernida.
Sonrió orgullosa de sí misma por su logro.
—¿Te asusté? —preguntó recordando su encuentro con Shaoran— No fue mi intención.
—Pues entonces no deberías entrar como posesa a la casa —suspiró resignado sabiendo que eso no cambiaría su forma efusiva de ser—. Pensé que había ocurrido algo malo.
—Tan solo tenía apuro por contarte la buena nueva —sonrió con gesto inocente.
—Eres un caso perdido, Sakura —sentenció devolviéndole el gesto, deslumbrándola con su blanca sonrisa.
Cuantas matarían por estar en su lugar.
Si de algo era consciente, era que Shaoran parecía ser el prototipo de hombre que a todas las mujeres encantaba sin importar qué.
Vergonzosamente recordaba que de niña, con castillos y princesas siendo su máxima prioridad, le había confesado que quería casarse con él sin comprender en lo absoluto lo que aquello significaba; Shaoran había sonreído, revolviendo sus cabellos y prometiéndole encontrarle un príncipe digno de ella. Fue en la secundaria, rogando que él no recordase ese hecho, y escuchando los constantes parloteos de sus amigas hormonales que no paraban de hablar de su hermano, que descubrió que, si realmente no fueran familia, en efecto Shaoran era su tipo de hombre ideal para casarse.
Era alto, mucho más que ella al menos, de profundos y ambares ojos y espesa y ondulada cabellera chocolate. De cuerpo fornido, complexión ganada por sus años como jugador de rugby en la universidad, con músculos marcados y estado físico envidiable, pero que a pesar de ser poseedor de una fuerza bruta descomunal, trataba todo a su alrededor con extremo cuidado y delicadeza.
Para Sakura, su sonrisa era quizás su mayor virtud.
Por dentro era un oso de peluche, como ella le decía para molestarlo. Tenía los modales de un típico caballero inglés de novela romántica, de esos que abren las puertas y te dejan pasar primero. Era responsable y tranquilo la mayoría del tiempo, aunque si se enojaba el hombre podía convertirse en toda una furia: Sakura había sido testigo -y culpable- de ello muchas veces. Amaba cocinar y era en extremo protector con ella.
Y aunque era un hombre maduro de treinta y tantos, le gustaba creer que todavía tenía la rebeldía nata de su adolescencia que tantos dolores les había traído a sus padres.
Era el guapo hermano mayor, el amor platónico de sus amigas... y a veces creía que hasta de ella misma.
Tan veloz como había llegado, el pensamiento se esfumó.
—¿Pedimos hamburguesas para festejar? —propuso recordándole la razón de su alegría.
—Mejor plan no propuso nadie jamás.
Y a pesar de que a sus ojos él parecía ser casi perfecto -como hombre y como hermano- por alguna razón ajena a su entendimiento y que le era imposible de comprender, Shaoran y las relaciones amorosas parecían no combinar del todo bien.
No sabría si el problema eran las mujeres o él mismo, jamás se inmiscuyó demasiado en sus asuntos como para ahondar en ello, pero lo cierto era que hasta el momento, y de las novias de las cuales tuvo conocimiento, ninguna había sobrevivido al año de relación.
—No lo forzaré —había sido toda su respuesta cuando preguntó cuándo tendría una bella cuñada con quien conversar y junto a quien hacerle bromas divertidas a su gran hermano—. Las relaciones no se fuerzan; si hasta ahora las cosas no han funcionado es porque la vida me guarda algo mejor, y esperaré a que llegue y me sorprenda.
Su respuesta no dejaba que le quepa alguna duda, ella además pensaba más o menos igual que él... después de todo incluso tenía el mismo desastroso historial en cuanto a relaciones.
Y en el fondo sabía que se debería preparar mentalmente para el instante en que la vida le cambiara el curso a Shaoran, o a ella. Ya no era una niña de quince años que su hermano mayor debía cuidar. Pronto tendría su título universitario y pronto conseguiría un buen trabajo, o eso era lo que esperaba, y eso significaba que podría obtener su independencia, no de sus padres, sino de Shaoran esta vez; tarde o temprano ella tendría que buscar su lugar en el mundo y hacerle frente a la vida. Y eso significaba que las cosas de una buena forma o no, cambiarían.
—Prométeme que cuando me vaya seguiremos haciendo noche de hamburguesas —murmuró melancólicamente, imaginando como sería llegar a su hogar y que Shaoran no estuviera allí para recibirla como hace tantos años venía sucediendo.
La felicidad con la que había llegado pronto se vio eclipsada por ese pensamiento.
—¿Tan pronto piensas en abandonarme? —indagó alzando con gracia una de sus cejas—. Aún ni tienes trabajo y ya piensas en dejarme, eres una pésima hermana —bromeó.
—Sabes que no me refiero a eso —dijo empujándolo con una sonrisa pintada en su rostro.
—Sakura —su gesto serio apareció de pronto—, aunque te encuentres en el otro extremo del planeta seguiremos siendo tan unidos como ahora. Somos hermanos, después de todo —era cierto, pero por alguna razón inentendible el corazón se le encogía con aquella idea—. Además las noches de hamburguesas son sagradas —rió.
Y aún así, su oscuro lado egoísta esperaba que el momento de separarse no llegara tan pronto.
Lo que no comprendía, y mantenía aun explorando en su mente y corazón, era por qué de pronto en los últimos meses se había vuelto así... antes sus planes de vida eran diferentes: hacer su vida sola y ser la mujer independiente con la que siempre había soñado; ahora pensar en cambiar su rutina y que Shaoran ya no formara parte constante de ésta no parecía tan genial como lo imaginaba.
Se había vuelto demasiado dependiente de su hermano, y debía arreglarlo cuanto antes.
Nota de autora:
Luego de mucho tiempo regreso a FF con este pequeño prólogo... si llegaste hasta acá: gracias por leer!
Quizás me recuerden de historias anteriores o tal vez sea la primera vez que me lean, pero la noticia es que en este caso es la única parte que subiré de la historia a esta plataforma ya que fue concebida con personajes inéditos y ésta seria una adaptación a CCS.
Estoy incursionando como escritora en Wattpad y desde ahora me podrán leer por allí. El enlace lo podrán encontrar en mi perfil. Por lo que si la historia les ha gustado los invito a que me lean y apoyen por Wattpad y que conozcan los personajes que he creado y en los que tanto he trabajado.
Muchas gracias y nos leemos por otros lados.
