Cronopios del autor: Gracias por leerme. Ya saben, los pj no me pertenecen a mí, sino a su autor.
ADVERTENCIA: Yaoi. RELACIONES SUPER TOXICAS. Violencia. Abuso.
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Red Flag
Por St. Yukiona.
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Prefacio
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Durante el funeral de Sacha hubo poca gente.
La mayoría de los asistentes eran miembros importantes de la Bratva, algunos otros eran valientes amigos de Sacha que se habían atrevido a ir a pesar de que eran conscientes de quienes estarían ahí, el restante, un grupo igual de minúsculo, representantes de familias aliadas que debían de hacer acto de aparición aunque no les gustara Sacha. La Tríada china había enviado a Ying Hao, la mano derecha del líder Cao Bin, la Camorra había enviado a los gemelos Crispino, hijos adoptivos del jefe Celestino mientras que por parte de los Yakuza había ido en persona la líder de la organización, la señora Katsuki Mari, la primer mujer en liderar un grupo tan grande como los Katsuki y, también, amante de Sacha, el fallecido líder de los Nikiforov.
De Sacha y Mari se sabía que eran pareja, sin embargo, su relación era un tanto secreta, incluso se especulaba que tenían dos hijos que vivían en Japón y a veces pasaban los veranos en Rusia, no se sabía con certeza porque podía ser peligroso para la vida de los niños considerando que ambos padres eran jefes de importantes clanes de mafiosos, si realmente existían esos niños, era triste pensar que no podían tener una familia normal, mamá y papá no se podían casar debido a sus papeles como líderes, ni Mari ni Sacha iban a ceder su puesto, no porque no quisieran, sino porque la vida de mucha gente dependía de ello, sobre todo ahora que Sacha ya no estaba, y el futuro lucía realmente escabroso.
Viktor sabía lo que iba a pasar a continuación, los aliados volverían a sus hogares y esperarían a ver el derramamiento de sangre que se iba a dar en Rusia, antes de que eso ocurriera los altos mandos de la Bratva iban a postular a los mejores candidatos dentro de la familia, era obvio que no iban a legar a un consenso que satisficiera a todos, ni siquiera Sacha había logrado la completa simpatía por igual, así que después de las formalidades todos iban a empezar a atacar, se iban a matar entre ellos. Por otro lado, él era el segundo hijo del antiguo jefe, jamás intentó competir contra su hermano, no había caso de hacerlo, el liderazgo dentro de las familias de la Bratva no se otorgaba como algo hereditario, en las últimas generaciones se había dado la casualidad sin embargo el poder se le otorgaba a aquel que lograba obtener el respeto del grupo, la fuerza para sobrellevar cualquier situación y ganar los mayores beneficios para los negocios, Sacha reunía todos los requisitos, y aún así... estaba sepultado con tres metros de tierra sobre él.
El mayor mérito de Aleksandr, el verdadero nombre de Sacha, Nikiforov había sido lograr un mutuo acuerdo con los Yakuzas donde la Bratva había salido beneficiados al entrar en negocios trasnacionales que dejó mucho dinero, de ahí ser amante de una mujer que vivía en otro país y para la que se tomaba molestias como viajar dos veces por mes hasta Japón para estar con ella, y recibirla en la casa principal de los Nikiforov, otorgándole el mismo tratamiento que se le daría a cualquiera de las esposas, la jefa de la mafia más poderosa en oriente era una mujer fuerte, de carácter duro y poco tratable, por ello era casi admirable que Sacha lograra bajar todas esas barreras. Su trato en público era algo seco, sin embargo Aleksandr solía guardarle todo el respeto del mundo al jamás presentarse en público con amantes, era conocida la bisexualidad de Sacha, no obstante, jamás se pudo señalar hombre o mujer que fuese compañero sexual de Sacha, lo mismo ocurría con Mari que solía echar a sus amantes de la ciudad apenas el avión de Sacha aterrizaba en Japón.
Era una vida complicada, pero ambos parecían felices. Viktor sabía que su hermano si amó a Mari, y por eso con la muerte de Sacha las reglas del juego cambiaban brutalmente, la alianza con los Yakuza en Japón, y su mercado comercial, estaba tambaleante. Era obvio que Mari no iba a querer un reemplazo que Rusia lo ofreciera y no estaba obligada a ayudar a nadie, ni mantener una mierda, mucho menos cuando existía la sospecha de que su propia familia había ocasionado la muerte del hombre.
Sin decir nada, los líderes rusos estaban desesperados.
Era cierto que la Bratva era una mafia poderosa en las calles del país y en el ámbito económico de Europa, pero el área de oriente era otro tema, sin Sacha que mediara las relaciones con Japón, dejaban la puerta abierta a Estados Unidos, o peor aún, los cárteles Latinoaméricanos que habían empezado a ver hacia nuevos horizontes. Estaban conscientes que Korea, Indonesia, Filipinas y de más, se arrodillaban ante Japón, sin Mari perderían un gran mercado en la venta de armas y otros negocios menos turbios era poderoso pero necesarios en los aires de nuevo cambio que soplaban en el país. El bastardo de Aleksandr nunca se había tomado la molestia de explicarle a nadie cuáles eran las rutas de emergencia en caso de que se rompieran las relaciones con Japón, y no era inteligente ir directamente con alguien temperamental como Mari Katsuki, mucho menos tratar de ir con otro líder Yakuza, pues era de dominio público que la fraternalización entre los líderes yakuza era estrecha. Jamás se traicionarían entre ellos.
Ahí es cuando Viktor entraba, él tenía el 50% de los votos de los miembros que votarían por el nuevo líder, si quería que el otro 50%, accediera a que él se volviera el líder, le urgía lograr una manera de simpatizar con Mari y mantener todos los acuerdos intactos. Las piezas estaban cayendo a su favor, y lo confirmó cuando durante las despedidas notó la mirada de aborrecimiento absoluto que Mari lanzó hacia, el primo y mano derecha de Aleksandr y Viktor, Sergei Nikiforov.
Sergei al ser alguien cercano a Aleksandr se sobreentendía que tenía acceso a toda la información de administración que el jefe tenía, sin embargo, en pleno funeral, Sergei sonreía animadamente con la gente de Cao Bin, era casi como un presagio a lo que se venía, pero Viktor sabía que ir con China era peligroso. Sergei había olvidado por un momento que el ojo de muchas personas importantes estaban sobre él, o quizás lo había hecho a propósito, pero al girar su mirada y al encontrarla con la de Mari Katsuki se congeló un segundo.
La mujer entrecerró los párpados, acusadora antes de caminar hacia donde los autos esperaban por ella, quería salir de una maldita vez de aquel lugar y llegar a su casa. Su hermano iba a su lado en silencio, ambos compartían la misma pena de haber perdido algo valioso. Viktor, por su parte, no iba dejar escapar esa oportunidad, y corrió detrás de ella, los japoneses no le obstruyeron el paso de manera obvio porque estaban en territorio ruso y Viktor era uno de los hombres importantes en el escalafón.
—Mari —sonrió Viktor estando a unos pasos.
Nishigori, el guardaespaldas de Mari hizo una pequeña reverencia a Viktor pero no lo dejó avanzar más. La rubia se detuvo apenas escuchó la voz del que fue su cuñado, sonrió con tristeza, sentía un auténtico cariño por el albino, lo había visto crecer.
—Viktenka... lamentó lo de Sacha —murmuró ella con voz claramente afectada. Viktor sonrió con la misma tristeza que la mujer.
—Soy yo el que lo lamenta —dijo acongojado—, él te adoraba, te amaba más que nada —no era mentira, pero apelaba, también, un poco al sentimentalismo.
Los ojos de Mari se humedecieron y los cubrió con unos lentes de sol, a Viktor le supo como una victoria.
—Gracias, Viktenka... —la mujer le sonrió una vez más y caminó al auto aunque se detuvo un instantes, los japoneses que la seguían hicieron lo mismo, la rubia se giró a ver al chico que seguía haciendo una reverencia y que se incorporó cuando no sintió que Mari entrara al auto—, Viktor.
—¿Sí, Mari? —atendió con una voz más seria, ella nunca lo llamaba por su nombre.
—Si prometes investigar lo qué pasó con Sacha... —torció los labios—, te daré mi apoyo —sentenció fríamente y con claridad, algunas personas que estaban cercanas que pertenecían a la Bratva habían escuchado aquello.
—Señora —habló el secretario yakuza y Mari alzó la mano para hacerlo callar.
—Sé que Sacha no murió por accidente —dijo convencida y el secretario miró a otro hombre que estaba ahí, también alrededor, era una acusación seria y grave—. No tengo autoridad en Rusia, Viktor, pero tú sí la tendrías —estrujó sus manos dentro de su abrigo negro.
—Aunque no me lo pidieras, Mari, igual iba a investigar el asunto, Sacha era la única familia de sangre que me quedaba... como miembro de la Bratva y como mi hermano mayor, no puedo permitir que su muerte no sea esclarecida —explicó el ruso—. Si investigo a fondo y descubro que fue un accidente sabré que está descansando en paz... pero si descubro que es culpa de alguien, lo haré pagar hasta que Sacha sonría en el cielo.
Mari sonrió de tal manera que Viktor no pudo descifrar y la chica entró al auto. Los hombres a su alrededor parecían anormalmente tensos y a la defensiva, quizás era por las declaraciones que su jefa había hecho de pronto, si era cierto que Sacha había muerto, entonces era claro que Mari no estaba segura ahí. Viktor hizo un par de reverencia a los hombres que se alejaban pero dos se quedaron de pie. Viktor alzó la mirada y sus ojos se fijaron primero en Nishigori, éste veía a un hombre más joven.
Viktor recién reparaba en la presencia de esa persona, qué error, había estado ensimismado en el funeral y sus reflexiones, que había dejado la oportunidad de contemplar aquella extraña y llamativa persona, que a pesar de ir enfundado en un traje negro, su presencia resplandecía y sobresalía del escenario lúgubre que suponía el cementerio. La persona ante él no emitía ningún sonido sólo sus ojos estaban fijos en Viktor.
—Joven maestro —susurró Nishigori al oído de esta persona.
El moreno hizo una reverencia a Viktor y entró al auto.
Viktor vio alejarse a la delegación japonesa y suspiró, despidió al resto de los invitados con calma y la vida siguió su rumbo.
Después del funeral no tuvo más tiempo de pensar en otra cosa más que la forma de ganar todo el terreno posible. Era un hombre ambicioso, egoísta y posesivo, no le gustaba compartir, y él veía a la Bratva como algo que le habían robado a su hermano, Viktor lo recuperaría para honrar su voluntad. Tenía 20 años pero no era estúpido, en la Bratva se nacía siendo adulto, en lugar de un biberón se otorgaba una pistola así que no se frenaba a poner en una balanza moral lo que era correcto y lo que no con tal de lograr sus ideales, y su ideal era ponerse en el trono, aquello se vio más cercano un año después, cuando la mayoría de los líderes habían visto como Mari reforzó su apoyo hacia Viktor, accediendo a ir a Moscú a cenar con él a pesar de que era peligroso. Era obvio que no había una relación física y sentimental como con Aleksandr pero sí una a nivel emocional al grado de que Mari lo veía como su hermano, y eso gustó mucho al resto de la Bratva, sin embargo, no a todos gustó y Sergei cruzó la línea al intentar asesinar a la mujer.
El resultado del atentado: Un niño muerto y varios heridos, entre ellos Mari que pedió un pie.
Las cosas se complicaron muchísimo. Rusia pidió disculpas y se comprometieron a investigar el caso.
Japón no respondió.
Sergei al ver que su plan había fallado miserablemente y que no hubo represaría, se sintió tranquilo y negó ser responsable aunque todos lo sabían.
La duda dentro del consejo de la Bratva hizo que la posición se tambaleara, Sergei había comprobado que los japoneses no eran tan fuertes como se creía, pues estos no tuvieron las agallas de tomar represalias contra un atentado, o así fue hasta que fueron convocados todos los jefes de las familias que formaban parte de la Bratva. Los nueves señores estaban presentes. Viktor y Sergei representando a los Nikiforov pues aún no se decidía por ninguno de los dos.
—¿Crees que habrá muerto otro señor? —preguntó Viktor a Chris, su mano derecha y amigo, mientras que subía las escaleras de dos en dos.
—No lo creo, de haber muerto un señor nos hubiéramos enterado de inmediato —susurró como respuesta corriendo igual que Viktor, aunque deteniéndose en seco cuando vieron a más miembros, saludaron de forma protocolaria.
Viktor sonreía y hablaba, pero el ambiente cambió cuando llegó Sergei acompañado del señor Ivanov Kuznetso, el jefe de todas las familias, el Pakhan. A Viktor no le dio buena espina y Chris se tensó porque Sergei lucía muy relajado y sonriente. Ivanov le dio un par de palmadas en la espalda dejándolo ir.
—Entremos —ordenó Ivanov con voz afable.
Todos siguieron las órdenes, incluso Viktor que lanzaba miradas envenenadas a su primo que parecía pavonearse, como si tuviera información que el resto no tenía.
Al entrar a la sala, había varias mesas que formaban una "u", en medio un espacio donde estaba la silla de Ivanov, los jefes de las familias tomaron lugar y Sergei prefirió estar lejos de Viktor, al otro extremo, quedando frente a él pero con un espacio lo suficiente amplio como para no estar juntos. Ivanov se lo había recomendado a Sergei justo antes de entrar, habían tomado el desayuno juntos y platicado sobre el futuro de los Nikiforov, una familia que quería mucho Ivanov, su esposa era una Nikiforov, hermana mayor del papá de Aleksandr y Viktor y la madre de Sergei, Ivanov le platicó a Sacha sobre lo mucho que su esposa los quería a ellos, a sus sobrinos, lamentablemente sus hijos habían muerto, y le había dicho también lo triste que había quedado ella tras la muerte de Aleksandr, le pidió que se llevara bien con Viktor, y con las demás personas, siempre se lo decía.
No había misterio en saber que Sergei era el sobrino favorito de Ivanov.
Viktor, tenso, miraba a Ivanov que aún no ocupaba su lugar y a Sergei que pedía un trago de kvas con alcohol.
—Qué placer verlos a todos tan alegres y sanos —inició Ivanov—. Los últimos meses han sido problemáticos desde la partida de nuestro querido Aleksandr, pero confió en que pronto encontraremos solución a los detalles que aún no quedan resueltos —dijo y Viktor se sintió confundido, aún más cuando vio que el rostro de Sergei mostraba duda. Al parecer los dos daban por hecho que el Pakhan ya iba a tomar una decisión, sin embargo, nadie se atrevió a decir nada—. El día de hoy, nuestra reunión no fue solicitada por un asunto de nuestra organización, o al menos no es un asunto directo, mas es algo que nos atañe, por lo cual quisiera darle la bienvenida a Yuuri Katsuki, el segundo hijo de la familia Katsuki, de nuestros amigos de Japón.
Sergei pasó de un sólo trago toda la bebida que le habían servido y Viktor abrió los labios con sorpresa.
En la cabeza de Viktor la imagen del muchacho un año atrás se refrescó. Que sus pensamientos estuvieron llenos de venganza y ambición, no significaba que en sus sueños no fuera recurrente la visita de ese muchacho, como su hermano, Viktor era bisexual, con más inclinación hacia los hombres, sobre todos aquellos de ojos oscuros y cabello negro.
¿Qué estás haciendo aquí?, se preguntó Viktor acomodándose mejor en su lugar.
Nadie lo acompañaba, aunque los empleados de Ivanov sostuvieron el abrigo blanco y el sombrero que usaba el muchacho antes de que éste se sentara en medio del salón. Se cruzó de piernas y observó a todos los señores rusos. Más de uno le doblaba la edad y otros le superaban en complexión física, pero Yuuri se sentaba con toda la calma del mundo, Ivanov resplandeció emocionado viendo al japonés.
—Querido Yuuri —Ivanov arrastró las palabras—. Muchos de nosotros conoció a tu padre como rival, era un tipo de temer, se cortó el meñique delante de nosotros cuando hicimos el primer tratado de paz, él había prometido matarnos si nos atrevíamos a pisar Japón, pero como nos hicimos amigos, rompió su promesa... —sonrió gratamente Ivanov—, tu hermana ha sido fantástica como su sucesora, y tú eres increíble, cada vez que te veo pienso en Arashiyama.
Yuuri sonrió amablemente, el gesto hasta parecía ingenuo.
—¿Ha ido a Kioto? —cuestionó sinceramente emocionado.
—Un par de veces —confesó—. Cuando Mari y Aleksandr bebieron sake de la misma copa.
—Oh —sonrió Yuuri—. Era un niño en ese entonces, pero recuerdo que algunas personas que están en esta sala se encontraban presentes.
Viktor torció los labios, él no recordaba ningún niño.
—Claro, Aleksandr ya era jefe de la familia Nikiforov —señaló el jefe de la familia Smirrnov.
—Justamente por eso es que mucha gente estuvo presente, mi hermana era sucesora en ese momento... y todos estaban enterados lo que eso significaba, el intercambiar copas, unía sus vidas de forma simbólica en un matrimonio, así como las subordinaba a sus sentimientos...
—Pero no era un matrimonio legal —se atrevió a hablar Popolov, angustiado, el ambiente empezaba a tensarse más. Yuuri aún parecía tranquilo.
—Cierto, no era legal, pero al menos Ken y Aleksei fueron registrados legalmente como hijos de Aleksandr y de mi hermana, tanto en Japón como en Rusia —dijo entrelazando sus dedos.
Hubo un segundo de silencio y después todos empezaron a hablar, algunos confundidos, otros asustados. Sergei estaba pálido, miró primero a Ivanov que lo veía fríamente, y después a Viktor que estaba pálido. Se acababa de confirmar el rumor de que Aleksandr había tenido un hijos con Mari.
—Ken murió a causa del atentado sufrido en Moscú hace dos meses —habló Yuuri—, ella sigue recuperándose... y yo estoy aquí para saldar cuentas.
Todos volvieron a quejarse, algunos se incorporaron, y Sergei hizo justamente lo mismo, antes de que cayera de espaldas por una bala que le atravesó la cabeza. Los guardias de los señores reaccionaron, apartando a sus jefes y apuntando a Yuuri que dejó caer el arma alzando las manos.
Viktor había sido empujado por Chris al piso en su afán para protegerlo, al albino aún le pitaba la detonación del arma en sus oídos y la adrenalina seguía recorriéndole el cuerpo frenéticamente.
Los hombres de Ivanov se acercaron para llevarse a Yuuri que se dejó hacer sin oponer resistencia. Viktor alzó la cabeza viendo como Yuuri era custodiado antes de él mismo ser arrastrado hacia el exterior donde un auto estaba listo para arrancar apenas los jefes entraran. Chris y Viktor estaban en silencio, a medida que avanzaban la escena de la cabeza de Sergei se repetía. Viktor se cubrió el rostro un momento.
—¿Qué mierda acaba de pasar? —susurró Viktor.
—Justicia... eso pasó —señaló Chris y el albino se jaló el cabello.
Viktor tenía una erección.
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Gracias por leer, espero disfruten el siguiente capítulo.
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St. Yukiona.
Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.
