La quinta parte... No pueden odiarme más de lo que me odio yo...


Aceptación

- Pensé que hoy te levantarías tarde…

- Prometimos a Hiyo que haríamos las labores domésticas juntos, ¿recuerdas? – ató la tirita de sus pantalones deportivos – Tómate tu tiempo un momento más, yo iré adelantándome…

- Pero…

- Yokozawa, por favor… - el uso de su apellido le generó un dolorcito en el pecho – Obedece…

Y así se encontraba… recordando el inicio del fin de semana posterior a su recuperación, después de esa noche en la que parecieron tener sexo y no hacer el amor… Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras comía su bento en el parquecito cercano a Marukawa, elaborado amorosamente por Hiyori, y que incluía una notita escrita a mano: "Le das a papá el beso de los buenos días cada mañana, oniichan, por favor".

Ese día Hiyo volvía a irse de excursión… Ese día volvían a estar solos, y durante una semana podrían haber vivido como un joven matrimonio del mismo sexo… amándose, regalándose mutuamente detalles o simplemente compartiendo su día a día… Quizás renegando el uno a causa del otro antes de terminar abrazados en la cama.

Pero no…

Kirishima parecía cada vez más lejano…

- ¿Qué haces aquí, Yokozawa? – Takano Masamune lo sacó de sus pensamientos tan abruptamente, que no tomó la previsión de limpiar con disimulo sus lágrimas, por lo que su amigo se sentó frente suyo, asustado – Oye, ¿estás bien? ¿Te asaltaron, pasó algo con la niña…?

- Todo está bien, no te preocupes… Gracias – recibió el pañuelo y secó sus mejillas – Yo… estaba recordando una película que vi hace poco, muy triste…

- No me mientas, idiota… ¿Acaso estás esperando familia…? – Yokozawa bajó aún más su mirada.

- Claro que no, idiota…

- ¿Estás en tu mes…?

- Has venido sólo a joderme, ¿verdad?

- ¿Te dieron tan fuerte que te duelen las caderas…?

- Vete a la mierda…

- Seguramente… A mí no me engañas, a ti te pasa alguna cosa y muy fea, relacionada con tu Príncipe Azul… ¿Tuvieron alguna discusión…? – para mal o para bien, ellos se conocían, mucho, quizás hasta cierto punto mejor de lo que se podían jactar de conocerlos Kirishima y Onodera. Suspiró.

- …creo que… quiere terminar conmigo… - Masamune abrió los ojos como platos y no agregó nada. Solamente apretó los puños sobre sus piernas, con rabia contenida.

OwO

- Ah, Kirishima-san… ¿Vino por mi Jefe? – Henmi lo observó con interés, intentando descifrar el rostro neutral del rubio.

- Si… Yo… olvidé agradecerle un gesto que tuvo durante la reunión de la semana pasada…

- Hum, llamó hace cinco minutos para decir que se demoraría un instante… ¿Por qué no lo, ah, mire… Ahí van…

- ¿Van…? – volteó lentamente y lo vio, majestuoso, pero con un gesto de desolación impregnado en sus hermosas facciones, al lado de Takano, quien lo miró desafiante. Apretó los puños… Odiaba verlos cercanos…

- Kirishima-san… ¿podría hacerme un favor si va hablar con él…?

- Dime… - ni siquiera lo miró, tan inmerso se hallaba en su propio tormento.

- Hasta antes de que estuviera delicado de salud, Yokozawa-san resplandecía… - esta vez sí que le prestó atención. Volteó a verlo – Nunca lo vi tan feliz, como cuando usted lo llamó esa noche y le dejó hablarle hasta que dejamos de imprimir… Horas antes habíamos tenido un pequeño problema que lo sumió en la desesperación porque podría habernos obligado a quedarnos un día más, pero… cuando usted llamó y él usó el hands free, todo el mundo despertó. Nos llenó de energía, aunque haya sido a base de miradas duras y alzadas de voz, en algunos casos… Pero hoy, está tan triste… que hasta el resto lo ha notado, tanto, que incluso algunas compañeras han intentado invitarlo a tomar, preocupadas por él… ¿Podría por favor preguntarle si necesita apoyo o ayuda en algún aspecto…?

- Tú… ¿no se lo has preguntado…? – susurró.

- No… No soy tan cercano como usted – Kirishima se sonrojó -. Él es mi Jefe, y sé que debo mantener mi distancia, pero… Sospecho… que quizás peleó con alguien que le interesa mucho… Lo vi llorando antes de que se encontrara con Takano-san en el parquecito de enfrente… - el corazón del rubio se estrujó, lleno de preocupación – Kirishima-san, ayúdelo, por favor… Él lo aprecia mucho…

OwO

- Aunque soy la última persona en este mundo que debería decirlo… odio verte así… Yokozawa, dime qué ha pasado…

- …nada… - lloraba. Masamune era la tercera persona en el mundo que podía verlo llorar, y había sido en efecto la primera en toda su vida en verlo hacerlo.

- Nada… ¿Es por eso que me dices que la persona que más amas en el mundo piensa romper contigo? – Kirishima, quien oía tras la puerta, abrió los ojos con espanto.

- …dije una idiotez… Le pedí una idiotez y ahora… ahora… - se escuchó un golpe contra el lavadero – Es la única explicación que tengo para su frialdad… porque no he hecho nada más…

- Podría ser que aquello que pediste lo está obligando a reflexionar – Kirishima le agradeció el defenderlo – Dudo mucho que ese bastardo piense dejarte… - pero lo hizo rabiar al referirse a él con un adjetivo sólo asociable a Takano Masamune, el "mata ositos" – Yokozawa… ¿Ya olvidaste acaso con qué amor te pidió matrimonio…? – ambos se sonrojaron… Takafumi… acaso… ¿había compartido con él ese momento mágico?

- Pobre de ti que lo comentes siquiera con Onodera… Te lo dije porque fue el momento más importante de toda mi vida… - se sonó la nariz – Pero… parece que quedará sólo en un recuerdo…

- Pues…

- Ah, vaya, ustedes dos juntos, eso me asusta en verdad… - decidió ponerle fin al dolor de la persona más importante de su mundo. En cuanto lo oyó hablar, Yokozawa se volteó con rapidez, intentando ocultarse.

- ¿Teme que le haga algo a Yokozawa? – Takano ya había notado esa expresión de angustia, porque la conocía muy bien… Así que decidió ayudar, muy a su estilo.

- No. Temo que él te seduzca, es un Maestro en eso…

- ¿Qué? – estuvo a punto de voltear, pero no lo hizo – Idiota – su voz sonaba modificada, y él sabía muy bien la razón. Se odió.

- Pues, creo que esa fase la usa sólo con usted… Le sugiero – habló lo más bajo posible para que nadie más lo oyese – una de las habitaciones del último piso… Las usamos para que los mangakas que se retrasan puedan acabar sus trabajos, tomando un descanso… - le dio la llave.

- ¿Qué? ¡Oi, Masamune, no te vayas! – esta vez sí volteó, desesperado.

- Muchas gracias… Te debo un favor… - el ojitos gatunos los dejó solos y Yokozawa tuvo que volver a voltearse. No deseaba oír esas palabras, no quería…

- Ven… - lo tomó de la mano y lo llevó en silencio al último piso, soportando como una tortura el lloriqueo sutil de su amor.

OwO

- Sí que se han esmerado, ¿no crees…?

- Si… - en efecto, la habitación elegida lo tenía todo. Kirishima le puso seguro, y se quedó pegado a la pared, mientras él caminaba hacia el centro de la sala, incapaz ya de aguantar el llanto – Si… si lo vas a decir, hazlo… Prefiero que sea directo, y – sintió cómo lo abrazaba con fuerza.

- Idiota… ¿Cómo se te ocurre decirle esas cosas a mi rival de amores…?

- ¿Eh? – entendió que lo había oído. Y se sonrojó, en medio de su llanto.

- Dime, Takafumi, ¿cómo podría terminar con nuestra relación si la sola idea de que te cortes con un estilete me genera insomnio…? ¿Si cuando no dormiste con nosotros por el estúpido fin de ciclo casi me muero…? Te amo…

- Pero… - lo apretujó aún más.

- Me odié… me odié mucho desde el viernes… Tú… ¿te sentiste usado, verdad?

- ¿Eh? – lamentablemente si… pero no se lo iba a confirmar – Pues...

- Perdóname… Perdóname, soy un canalla, yo… – Yokozawa volteó y lo abrazó, sin importarle mostrarse así estando en el trabajo.

- Creí que querías terminar conmigo por lo que te pedí… No tienes que pensarlo, olvídalo, no es algo trascendental, yo

- Yo quiero hacerlo… pero quiero que sea un momento especial… No sólo por mí, sino por ti… - alzó su rostro – Mi amor, quiero que sea mágico, y en eso he estado pensando todo el tiempo, en por qué demonios no puedo simplemente dejar que lo hagas, lo siento… Lamento que hayas creído semejante tontería por culpa de mi estupidez…

- … - se quedó sin palabras, pero luego miró a otro lado, sonrojado – Va a ser especial… ¿qué más especial quieres que sea si será algo inusual y entre nosotros dos…? – Kirishima rió y volvió a abrazarlo, aspirando su perfume.

- Este me gusta… Es de canela, ¿cierto?

- Algo así… Tiene un poco de Lavanda, creo…

- Relaja… mucho… Dan ganas de echarse en ese hermoso futón del fondo…

- ¿Eh? – miró hacia el lugar y observó que estaba rodeado de cojines que podrían perfectamente sostener sus caderas para… - No… no se te ocurra…

- ¿Por…? Tengo permiso del Jefe… - lo alzó en brazos, asustándolo.

- Oi… ¡Peso como tú, tonto!

- No, sigues sin recuperarte, no puedo permitir que hagas un esfuerzo físico extra… - lo echó con cuidado – al que pienso hacer contigo…

- ¿Eh…? – su respiración se aceleró – Bu… bueno, aclarado el malentendido, debemos regresar, ¿no crees? – intentó ponerse de pie, pero sólo consiguió quedar en un ángulo perfecto…

- No creo… - lo besó, apasionadamente – Dios, tus labios con sabor a bento son un afrodisiaco…

- Cállate…

- No… ¿Sabes por qué en parte me cuesta tanto acceder…? – Yokozawa lo miró a los ojos. Amaba mucho esos ojos miel y su reflejo en ellos – Porque esto no tiene precio ni comparación… Verte así, por mí… Reaccionar si te toco…

- Ahhh… - se estremeció cuando la palma de Kirishima acarició su entrepierna – Zen, por favor, si nos descubren…

- Pasaré a ser Amo de Casa con una sonrisa de éxtasis…

- Eres un…

- No te hagas… – dejó expuesto su miembro. Yokozawa empezó a gemir al ver cómo acercaba su boca – También quieres esto… todo tu cuerpo lo pide… – pero justo cuando iba a comenzar, escucharon la puerta abrirse. Como pudo, con cuidado, lo cubrió, y le hizo señas para que se escondiese en el baño que había ahí. Y él salió campante, para encontrarse con… – …dime que es una broma de muy mal gusto…

- No tengo la culpa de que no hagan ruido… O no eres competente, o Yokozawa sigue tapándose la boca – el Oso salió de su escondite con cara de asesino serial.

- ¿Cómo pudiste…? – Takano Masamune alzó los hombros indicando que le valía bien poco lo que pudiese reclamarle.

- Estaba preocupado… – bostezó – Y necesitaba también la pieza – Ritsu estaba en una esquina, sonrojado, con la mitad de la camisa abierta.

BINGO.

- …y yo que empezaba a quererte… – Kirishima llevó una mano a su frente.

- Creo que en lugar de acumular motivos para odiarme deberías atenderte… Zen… Se nota… – señaló la parte de su anatomía que había sido alterada por el encanto de Yokozawa.

- ¡Deja de mirar, idiota! – Yokozawa cubrió a su prometido de cualquier mirada atrevida, haciendo reír a su amigo y frunciendo el ceño – Ven, estúpido – lo jaló de la mano rumbo al baño.

- ¿Y ahora por qué me llamas de esa manera, yo qué hecho? – Onodera y Takano rieron divertidos al oírlos discutir.

- ¡POR CONFIAR EN ESE BASTARDO! ¡Y exponerme al ridículo! Y ahora apúrate, baja esa… O…oi… ¿qué estás…? ¡SUÉLTAME! ¡YO NO SOY EL ALTERADO!

- Seh, seh…

OwO

Regresó rojo como un tomate y yo tuve que reprimir mi risa. Tan inocente, pese a ponernos en alerta a cada segundo para poder evitar sus gritos y malhumor. Yokozawa-san podía engañar a todos, pero a mí no.

Estaba enamorado y era correspondido por Kirishima-san.

La pareja más imposible de la Editorial… y sin embargo, la más fuerte.

- Hum… ¿se siente bien…? – Henmi lo observó fijamente.

- Si… Tengo… un poco de calor, sólo eso…

- Si gusta aumento el aire acondicionado…

- No, tengo que cuidarme, recuerda que acabo de recuperarme de un periodo de estrés. Estoy bien, sigámonos esforzando… ¡USTEDES APÚRENSE Y DEJEN DE MIRARME, INEPTOS! – los pobres trabajadores chocaron entre sí en su intento de huida.

Había vuelto a ser él…

- Oh, Yokozawa-san, Kirishima-san vino a buscarlo hace como una hora, ¿se llegaron a encontrar? – al pobre se le cayeron los papeles.

- Hem… ah… pues… - levantó todo en un estado de nervios demasiado evidente – Sí, sí, me dijo que… que…

- Le agradecía por el evento…

- Sí, eso mismo, ¡jajaja!

- Lo vi muy preocupado por usted… Se le veía en verdad muy interesado en encontrarlo… – Yokozawa dejó de reír y suspiró.

- Lo sabes… ¿verdad? – el joven se tomó unos segundos antes de responder.

- …sí.

Lo admiro mucho, y por eso no se lo puse más difícil… Quería que aprendiese a confiar en mí, sobre ese aspecto tan lindo de su vida. Sonrió, sonrojándose más. Mis otros compañeros lo miraban de lejos, asustados por su pinta de "osito de felpa".

- Y… ¿no te doy as

- Pienso… que es lo mejor que pudo ocurrirle… - Yokozawa lo miró, sorprendido y sonrojado – Así que no le dé más vueltas. Y muestre su alianza – dio un respingo – Porque eso es su dije, ¿verdad?

- ¿…cómo… tú…?

- Kirishima-san la enseñó el otro día a todos, diciendo que lo unía a la persona que más amaba en el mundo junto con su hija… Y no ha dejado de mostrarla sobre su corbata, ¿no lo ha notado? Yo se la vi a usted el otro día que hizo calor y se abrió un poco la camisa…

- Yo…

- No importa lo que digan, incluso si los echan… cosa que dudo, porque es conocido por todos que Asahina-san e Isaka-san están juntos… Así que no tenga miedo, lo más importante es que ustedes dos estén felices juntos… Y si me permite decirlo, se nota que lo ama en verdad… A ambos se aman… ¿cierto? - se sonrojó por completo.

- …gracias, Henmi…

OwO

- ¿Estás completamente seguro de que puedo llevármelo…? – Henmi intentaba aguantar la risa, pero era imposible. Kirishima había ido a recoger a Yokozawa bastante pasada la hora de salida del Área de Ventas, para poder estar a solas con él… Y de hecho, a excepción del joven, estaban solos… Momento perfecto para hacerlo punto de sus bromas y coqueteos.

- Sí, Kirishima-san… Ya todos se han ido y él ha cumplido también con sus pendientes…

- Oi, ¿QUÉ FORMA ES ESA DE HABLAR SOBRE TU JEFE? – lo miró con rabia, apretando los puños, haciéndolos reír.

- Oye, Henmi… – soltó a su prometido y abrazó al más joven de los tres por los hombros, en un gesto fraternal que a Henmi le pareció divertido, pero a Yokozawa le despertó un poco de celos – Tú que lo conoces más tiempo… ¿siempre arruga de esa manera el entrecejo…?

- Casi todo el tiempo…

- ¡OI!

- Ya veo… La verdad es que él se relaja solamente cuando estamos haciéndolo…

- ¡IDIOTAS! – tuvo que darles la espalda para ocultar su evidente sonrojo.

- Jajaja… No te enfades… - lo abrazó por la cintura, poniéndolo más rojo y nervioso – Henmi sabe muy bien que te amo, y que sólo estoy jugando un poquito… - quiso besar su cuello, pero lo alejó, provocándole risa.

- Es muy cierto, Yokozawa-san… Conmigo no hay por qué contenerse… Pero si lo desea, puedo dejarlos solos… - la voz de su Asistente lo relajó. Se soltó con suavidad, indicándole que no era un rechazo.

- No, está bien… Ya nos íbamos. Ten un fin de semana provechoso, no se te ocurra llevar trabajo a casa.

- No, no lo haré. Saldré a pasear con mi pareja...

- Vaya… Así que el pequeño osezno de Ventas tiene novia, ¿cómo se llama?

- Tanaka-san no es mujer… - fue lo único que comentó antes de ponerse rojo como un tomate y volver a sus cosas, sonriendo dulcemente.

OwO

- Somos una mala influencia… - sentenció Kirishima.

- Somos suena a manada… Esto ocurrió desde que te hiciste cercano a él…

- ¿Y por qué me hice cercano a él…? – preguntó, aguantando la risa.

- Porque es mi Asistente…

- Lo que nos lleva a…

- Que es mi culpa… ¡JAJAJA!

Iban riendo, a pie, por una calle que no era muy transitada habitualmente y que en esos momentos estaba casi literalmente desierta. Se sentían muy felices, habiendo arreglado el malentendido. Yokozawa sabía ahora que Kirishima no lo había rechazado, y Kirishima estaba convencido ahora de que Yokozawa era lo mejor que le había podido pasar… Era en verdad dichoso al tenerlo para sí.

Un pequeño callejoncito oscuro se abrió paso ante ellos y, sin hablar, se miraron y tomaron de las manos. Yokozawa bajó la mirada y se dejó llevar, hasta que alcanzaron una zona particularmente oscura, que invitaba a estar más… unidos…

- Takafumi… - se detuvo. Al pobre se le aceleró el corazón sabiendo muy bien cuál sería el siguiente paso.

- Dim… - no tuvo tiempo de completar la palabra, porque ya sus labios estaban entrelazados con los del mayor. Sin poder evitarlo, el beso fue haciéndose cada vez más intenso, hasta que fue el propio Kirishima quien lo detuvo, para abrazarlo.

- …no creo poder llegar a casa…

- Pervertido…

- Tú eres el culpable… Yo soy una víctima inocente, pura y casi infantil de tu cuerpo y seducción indirecta…

- Eso ni tú te lo crees… - se miraron. Y Kirishima notó algo.

- Amor… el dije está fuera de tu camisa, deja que

- No – detuvo su mano – Déjalo así. Voy a usarlo de esa manera, aunque te iba a proponer que los usáramos como pulseras… No es muy masculino que digamos, pero sobre la corbata como que no pega, ¿no crees?

- ¿Estás seguro de querer hacer eso…? Yo… yo cometí un e

- Está bien… Ya te dije que no me importa que la gente se entere, siempre y cuando sepas comportarte. Creo que no habrá inconveniente en que sepan que somos pareja si ambos seguimos guardando las formas y la competencia en nuestros puestos…

- Tienes razón. En cuanto a lo de usarlos como pulseras, yo pienso que está bien… aunque no me importa si se ve bien o mal sobre las corbatas. Es mi Alianza contigo, y eso es lo único importante… Quien quiera que quiera mirarme de más, verá primero este dije que es del color de tus hermosos ojos – Yokozawa tosió. En fase cursi Kirishima era ligeramente intimidante y altamente vergonzoso.

- Bueno… entonces… ¿va…vamos a un hotel? Hiyo y tu madre deben haber dejado la cena lista, pero

- Ah, bandido… Quieres comer otra cosa, ¿verdad…? – lamió y mordió su cuello.

- Mmm… Si… si sigues así me voy a mi departamento…

- Esa es una idea mucho más interesante… Quiero hacerte el amor por segunda vez en ese lugar…

- ¿Qué diablos…?

- Vamos… No seas malo, yo he ido muy pocas veces… A Takano de seguro lo llevabas siempre… - hizo pucherito. Yokozawa agudizó la vista y lo jaló de la mano para salir de ese callejón.

- La única razón por la que ese idiota conoció y fue a mi departamento fue Sorata, estúpido…

- ¿Por qué demonios me dices así…? – fingió resentimiento mientras por dentro se bendecía por ser tan calculador. Lo tenía a su merced.

- Porque me jode que te andes comparando con él todo el tiempo… Vamos a tomar un taxi…

- Awww, mi novia me llevará a su casa, soy tan feliz…

- ¡COMO SIGAS DICIENDO IDIOTECES TE CORTARÉ LO QUE TE CUELGA Y VEREMOS QUIÉN LA HACE DE NOVIA!

- Awww, eres tan lindo…

OwO

Cuando era niño, mamá me dijo una vez… que las personas mayores siempre creen tener la razón… pero que muchas veces, aun cuando hieren… lo hacen porque no recuerdan que una vez tuvieron la edad del joven, o niño, que los hace rabiar… Por eso mamá me decía que nunca debía contestar a los mayores, pero sí evaluar sus palabras una a una, para hallar la verdadera respuesta al planteamiento del momento… Es decir… Si era yo o ese adulto mayor… el poseedor de la última palabra… De la más cercana a la verdad…

Pienso… que es por eso, inconscientemente, que terminé amando a Zen… Cuando éramos niños, durante ese día en mi casa, en varias ocasiones creí ver un leve atisbo de sentimientos especiales en él… hacia mí… Pero esa edad era muy temprana para imaginar que en efecto me quería… O amaba… Sin embargo, gracias a él aprendí a aceptar la particularidad de mi temperamento y carácter, y me di cuenta de que podía usarlo positivamente en algunas cosas… Y al final, me dediqué a las Ventas, como una forma de mantener un vínculo con ese hermoso recuerdo de ojos miel… Recuerdo que esa era la idea inicial, al salir del colegio: quería vender en un supermercado, jajaja… Quería volver a encontrarme con él.

Pero los años pasan a paso de gigante y ya tenía a Masamune delante de mí… ¿Cómo pude llamarlo Primer Amor cuando tú lo habías sido? Afortunadamente en este momento, en que vemos una película recostados el uno con el otro, en la cama, tomando café, me dices que me perdonas sólo porque la madre de Hiyo, Sakura-san, te inspiró lo mismo que él a mí. Y nos perdonamos, y nos damos un beso al ver la taza vacía del otro… Y pronto ya no hay programas que importen, y la luz está apagada…

Y me comienzas a amar…

Cuando repaso el momento en que Masamune me rechazó, aunque yo no me haya declarado oficialmente… y me comparo con el hombre desnudo que está a tu merced, veo que he sufrido una evolución, que antes me pareció un retroceso… Gracias a ti he aprendido a soltarme no sólo sexualmente, sino de manera emocional. Gracias a ti tuve al fin una amistad con una niña, cuando a mi casi nadie se me acercaba en la escuela. Gracias a ti comí el mejor curry de mi vida, y mi gato sintió el calor de un verdadero hogar…

Te debo tanto… que aunque quiero amarte con mi cuerpo, no me importa si dices que no…

Sólo quiero quedarme contigo…

- Mphf… No aprietes…

- Haaa… no… no puedo…

- Mi amor, sé que soy una bomba sexual, pero necesito que te relajes…

- ¿Qué? …pareces muy feliz con esa idea…

- Lo estoy… Me miras y te excito, ¿cierto?

- Y por lo visto las mujeres también… Siempre te acosan, y ahora veo que eso te agrada… - ladeó el rostro con molestia.

- ¿A qué viene eso cuando te estoy penetrando? – lo obligó a mirarlo – Soy sólo tuyo, no hay nada que me importe aparte del hecho de seducirte…

- Ja, como si lo hicieras… - eso no era un reclamo… y Kirishima lo sabía. Sonrió de lado.

- ¿No te seduzco…? - acercó sus labios a los suyos – Eso es interesante… Creo que debo esforzarme entonces…

- …ta…tal vez… - miró sus labios. Esa boca siempre era una tentación sublime.

- ¿Y cómo deseas que me esfuerce…? – empezó a moverse en su interior, haciéndolo gemir.

- Haaa… T…tú sabes…

- Dímelo… prefiero que me lo digas… Si no, tendré que asumir mucha de mis ideas… - los cubrió con la sábana y empezaron a reír, debido al intercambio de palabras subidas de tono y caricias bien dirigidas a sus respectivas partes, entre jadeos y movimientos de amor.

La única cosa que no puedo hacer, es hacerte padre… La única… De modo que, amor… me dedicaré a entregarte todo… sin ponerte límites…

OwO

Al final… no fuimos a su departamento… La urgencia de amarnos fue tal, que ya en el taxi estábamos parcialmente "emocionados", así que fuimos al Distrito del Amor…

Esa noche fuera de casa… fue tan maravillosa para ambos, que Takafumi y yo terminamos exhaustos, abrazados, riendo por la cara de cansancio del otro y por supuesto, conmigo besando aún cada centímetro cuadrado de piel a mi alcance cada vez que me hacía un comentario burlón. Sus quejas terminaban en gruñidos, jadeos y gemidos, por lo que a mediodía del día siguiente recién estábamos vistiéndonos y pagando el hotel, a medias, con él sonrojado por habernos atrevido a pedir la habitación matrimonial.

Pero eso poco importó al final, cuando lo besé con pasión frente a una mujer de la vida extrema que osó tocarle el trasero para llamar su atención. La pobre casi muere de una hemorragia nasal, y yo casi muero asesinado por uno de sus brutales golpes en la cabeza – aún me duele… - Pero cuando salimos de ese callejón, nos echamos a reír.

Me moría de hambre, y esta vez sí de hambre alimenticio, de ese que te proporciona nutrientes para poder seguir desarrollando el resto de actividades físicas… y domésticas. Así que nos detuvimos en el conbini más cercano a casa, para comprar todo lo necesario para nuestro almuerzo.

Reíamos a cada instante… A cada instante le coqueteaba, como un galán cortejando a su princesa. Sé que está mal que lo vea así, pero… ¡rayos, es muy tierno! Y sexy… Se lo dije y casi me crea un chichón para emparejarme al anterior. Pero no me rechazó de manera seria, así es que yo seguí, extasiado, volviéndome un perfecto idiota a causa de su presencia.

Pagamos lo comprado y caminamos cuesta arriba hacia el departamento…

Antes, cuando Sakura y yo lo elegimos, llegamos a la conclusión de que era el lugar perfecto para que jugáramos nosotros y nuestros hijos, en el parque cercano… mientras ella iba y venía trayendo cosas para comer y beber… De hecho eso hacíamos con Hiyo, pero…

- No tiene que ser este año, sino el siguiente… Pero por favor, Zen… Démosle una hermanita o hermanito a Hiyo, ¿sí?

- Lo pensaré…

La verdad es que… no quería un niño más en mi vida. Lo tenía todo en ese momento, y sentí infantilmente que un niño más me robaría su atención… Ella tendría que ocupar su papel de madre de manera más activa, y Hiyo estaría dedicada a su hermanito… Yo me iba a convertir en una especie de intruso cuya única utilidad sería llevar dinero a casa…

Pensamiento muy estúpido… como me imagino me reprocharías si te lo contara…

Por eso no lo haré.

- ¡Ah, señor! ¿Nos alcanza el avioncito? – un niño les habló desde el parque, señalando el juguete que se había quedado atorado en el tronco más cercano a ellos.

- ¡Sí, esperen! Coge esto… - le entregó a su sorprendido novio las bolsas a su cargo y su maletín, y se acercó al lugar, sin importarle ensuciarse.

Te miro… y no lo creo…

Eres el hombre más hostil que conozco con las personas que no te caen bien… y el más dulce aparte de mí y sus abuelos que haya tratado a Hiyori… Pero viéndote así, trepado como un koala a una de las ramas para poder alcanzar el juguete, maldigo ese lapsus del destino que nos separó siendo niños… No pude enseñarte mi casa, en la que un árbol de Sakura se mostraba solitario en el medio del jardín… ¿Dónde aprendiste a trepar…? ¿Quién te enseñó, si eras un niño solitario? ¿Fue Takano, una novia quizás…? ¿O tal vez algún día tuviste que hacerlo cuando Sora-chan intentó huir a causa de unos perros…?

Los niños se te acercan y te miran como si fueras un héroe de comic americano, o el protagonista de un shounen… Y tú ríes. Ríes como sólo ríes con Hiyo, y alborotas cabecitas, aparentemente olvidando que alguien de la Editorial, yo, te estoy observando. Pareces rejuvenecer, y te ves endemoniadamente lindo…

Takafumi… ¿Qué hice para merecerte…? Lo que comenzó como un tonto juego de no querer aceptar tu no como respuesta, con miedo, pasó a ser lo único que hace que tenga las fuerzas suficientes de llegar al siguiente inicio de Ciclo, con tal de verte despertar a mi lado cada mañana… cuidándonos… Eso quiero para mí… Te quiero a ti.

- ¡MUCHAS GRACIAS! – gritaron en coro los ocho pequeños, mientras una niña le entregaba una bolsita de caramelos.

- Para usted y su amigo…

- Gracias… La compartiré con mi hi… amiga Hiyori.

- ¡Oh! ¿Tiene una hija? – bien decían que los niños son muy suspicaces.

- Es como si fuera suya – Kirishima intervino, sonrojándolo – Es mi hija, y él la quiere como un segundo padre… ¿Dónde viven ustedes, no los

- ¡CON QUE AHÍ ESTÁN TODOS! – una mujer de rostro dulce seguida de un chico muy alto, incluso más alto que Kirishima, se acercaron a paso acelerado, pero sonriendo – Les hemos dicho que no se alejen demasiado… Oh, buenas tardes – la mujer y el joven se inclinaron con respeto y sonrieron de manera tan cálida, que el propio Yokozawa suavizó aún más su expresión – Espero que no hayan sido inoportunos...

- Buenas tardes… Para nada, estaban jugando tranquilitos, nos consta, de veras…

- No lo dudo, pero aun así debieron avisar… - la voz del joven era tan dulce como su propia presencia, y de pronto Kirishima se puso ligeramente celoso al ver que Yokozawa lo miraba con mucho interés – Si no hubiera sido por usted, cualquiera podría haber caído al intentar alcanzar el avión…

- Ah, Kusama-sensei, no nos retes… - un hermoso niño de cabellos rubios y ojos azules le coqueteó con descaro, haciendo gala de sus encantos infantiles y derritiendo la mirada azul del que obviamente era o un médico o un maestro de escuela.

- Esta vez los ojos de borreguito no te van a servir… Ah, disculpen la descortesía… Soy Kusama Midori y este es mi hijo, Kusama Nowaki… Nos encargamos de ellos…

El niño aparentaba la misma edad de la pequeña Kirishima, y tenía una dulce mirada traviesa que a Yokozawa le llenó el corazón de una calidez sólo asociable a Hiyori. Sin poder evitarlo, acarició su carita con ternura y sonrió.

- Se estaban portando bien, Kusama-san. Fue el avioncito el irresponsable…

- ¡Así es! Oniichan tiene razón – los cuatro adultos se asombraron por la palabra empleada por el pequeño, que demostraba un afecto y confianzas absolutas en Yokozawa, pese a no conocerlo – Por eso nos ayudó a bajarlo, trepa mejor que tú, Nowa-chan…

- Ay, perdone la confianza excesiva de Mamoru… hem… señor…

- Yokozawa… Soy Yokozawa Takafumi. Perdone, es mi culpa por no presentarme… - las cuatro niñas presentes se sonrojaron al decir que ese era un nombre muy lindo y tierno para un hombre muy guapo y gentil, ocasionando que él mismo se pusiera como un tomatito maduro. Kirishima sonrió divertido. Adoraba que su osito fuese admirado dulcemente, porque eso lo hacía sentirse aún más orgulloso.

- Y yo soy Kirishima Zen… y aunque no haya trepado por el avioncito soy un avión humano bastante resistente, y un experto alpinista – alzó los brazos haciendo el gesto universal de hombre musculoso, haciendo reír a todos.

- Aunque en realidad no sepa ni pelar una manzana… – el rubio le lanzó una mirada de fingido arrepentimiento mientras Mamoru lo abrazaba por la cintura, sorprendiéndolos.

- ¡Oh, hacen una linda pareja! – el silencio fue llenado por el sonido de un taxi estacionándose frente al edificio. Yokozawa y Kirishima se miraron, uno más rojo que el otro, otorgando a los mayores y a los niños los cinco segundos correspondientes al más grande "El que calla, otorga" de la historia del amor entre varoncitos.

- Pues…

- No hay de qué avergonzarse, Kirishima-san… Ellos por medio mío tienen un segundo papá que aunque un poco temperamental que yo es tan dulce como ustedes… Mamoru, ¿verdad que son lindos…? – el joven llamado Nowaki sonrió de manera tranquilizadora, por lo que Zen pudo sentirse libre de hablar, sabiendo que Takafumi no se lo reprocharía.

- En verdad somos una linda pareja… Y me alegra que opines así…

- ¡SON NOVIOS, SON NOVIOS! – empezaron a corear los niños, sonrojando al pelinegro - ¿Los traen siempre a este parque? – la curiosidad de su novio extrañó a Yokozawa, quien aún no se terminaba de enterar del asunto.

- Sólo los viernes, sábados y domingos… El resto de días tienen que estudiar mucho y bien, aprovechando a Hiro-san, ¿verdad? – todos aplaudieron el comentario de la mujer.

- Esos tres días… ¿pueden venir a jugar con nosotros…? – la vocecita de Mamoru les rompió el corazón. Se pusieron de cuclillas y le rascaron la cabecita.

- Los viernes es casi imposible porque trabajamos en una Editorial… Pero si algún día llegamos a tenerlo libre, alguno de los dos, o ambos, vendremos – todos aplaudieron ante la propuesta de Kirishima – Los fines de semana, siempre y cuando nuestra hija – Yokozawa se sorprendió de que la llamara así frente a extraños – haga sus deberes, nos tendrán aquí, aunque… Quizás mejor puedan ustedes venir a casa para ayudarle – nuevos estallidos de risas y gritos de alegría.

- Muchas gracias – la mujer tomó su mano con agradecimiento y susurró, para que sólo Kirishima lo oyera – Les hará muy bien sentir una atmósfera hogareña… Por lo general les falta, ya que Nowaki, Hiro-san, mi esposo y yo misma trabajamos. Se las arreglan entre todos y el novio de mi hijo suele ir a casa a acompañarlos mientras nosotros no estamos…

- Hiro-san ha sido un gran apoyo, aunque haya tenido que renunciar a un par de Cátedras para atenderlos… De veras me hizo realmente feliz al proponerlo por sí mismo – Nowaki pareció destilar miel por su mirada, sonriéndole a la imagen mental de su amor.

- Pues… mi madre es una mujer muy dulce, estoy seguro de que puede venir a apoyar también… Descuide – apoyó su mano libre en su hombro. Yokozawa estaba tan sumido en la atención de los niños a un gatito rubio que pasaba por ahí y se le subió sin ceremonias, que no oyó nada – Mi familia los ayudará hasta donde puedan…

- Se lo agradecemos – Nowaki abrazó a su madre y sonrió al ver el espectáculo. Comentó, divertido – Se nota que Yokozawa-san es amante de los gatos…

- Tenemos uno que se llama Sorata… Desde que llegó a mi vida no he podido desprenderme de ese airecito gatuno que los atrae – rieron. Miró a Kirishima y sonrió con complicidad. Conocer el lado más tierno del otro, para con otras personas, los hacía admirarse y amarse más.

- Cuando vayan a casa, lo verán… Es un encanto… Está tan familiarizado con Takafumi que sólo come lo que él le da… Creo que tampoco confía en mi sazón…

OwO

Fue inevitable… no tomarnos de la mano cuando nos despedimos, alzando la libre, de los pequeños y sus responsables. Nowaki-kun, como nos pidió llamarlo, nos entregó su tarjeta y fue maravilloso enterarnos de que era Pediatra. Les dimos las nuestras, y cuando todos se dieron cuenta de que Zen era el Editor de Japun, la Revista que publica The Kan… Estuve a un paso de quedarme sin novio…

Mamoru se despidió de nosotros con unos muy interesantes oniichan, hacia mi… y Kiri-chichi, hacia Zen. Nosotros nos reímos mucho, pero Kusa-haha, como nos pidió llamarla, lo reprendió. De cualquier manera, y luego de cuatro abrazos a cada uno, se fue con el resto… y con el gatito… al que bautizó como Zenta-kun… Fue muy obvio el porqué del nombre…

No nos dijimos nada sobre lo ocurrido, pero no dejamos de sonreírnos. Me abrazó por la cintura hasta que salimos del Parque y ya a la vista de cualquier potencial vecino, caminamos separados, pero cerca el uno del otro. Y ya en el ascensor… me besó dulcemente.

- Algún día nos van a descubrir… Es extraño que los de Seguridad no digan nada hasta ahora, deben habernos grabado con las cámaras… Hentai…

- ¡Jajaja! Le he visto cara de fundashi al de las mañanas… Y el de la tarde en un par de ocasiones me ha quedado viendo el trasero mientras esperaba el ascensor, así que no te preocupes… No hablarán – Yokozawa lo miró indignado.

- ¿Y me dices eso con esa calma? Cínico de porquería, se nota que te encanta que te miren el trasero – la puerta se abrió – Exhibicionista, sólo a mi debes mostrármelo, por algo soy tu – y sus palabras fueron interrumpidas por la visión de una mujer mayor… quien traía de la mano a una Hiyori con expresión sospechosa.

- Papi… Oniichan…

- ¿Qué pasó? ¿Por qué no estás en el campamento? – se acercó aterrado, dejando a Yokozawa impactado, aunque ya fuera del ascensor.

- Hubo un desperfecto con la movilidad… Te intentaron contactar en la oficina pero ya nadie respondía, y tampoco tu celular – recordaron que ambas baterías habían muerto antes de llegar al hotel – Y menos el de Yokozawa-san…

- Ki…Kirishima-sama, buenas tardes – la ausencia del habitual Takafumi-kun le dio muy mala espina.

- Buenas tardes – lo miró con frialdad. Al rubio esta actitud lo descolocó por completo. Su madre, él lo sabía muy bien, adoraba a Takafumi, lo tenía por un segundo hijo. Si se estaba comportando tan fría con él… tal vez… - Entremos... No es necesario que usted se quede – extendió una palma hacia Yokozawa, lo suficiente como para apartarlo sin tocarlo, deteniendo su avance.

- Ya… ya veo… - su sensibilidad afloró y no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas – Bueno, yo… los veo el

- Ya no será necesario. A partir de hoy me quedaré con ellos – Hiyori sollozó, mirando hacia su niichan. Y esa fue la gota que rebalsó el vaso de la paciencia de Kirishima. Abrió la puerta y lo jaló del brazo, en claro desafío.

- Takafumi vino a almorzar conmigo, y es lo que hará… Pasen por favor, mamá… Y tú, ven, te ayudaré con esto – le quitó la mochila, luego de limpiar su carita, gesticulando la pregunta que los dos se hacían… "¿Qué rayos pasa?". Una vez recibido el equipaje, se lo estaba alcanzando a Yokozawa, ya dentro de la casa, cuando

- No. Yo lo llevo luego… - la mujer lo agarró primero… dejando caer al piso unas hojas impresas. Yokozawa las recogió, diligente, y abrió los ojos con espanto.

Entendió todo.

- Hiyori, ve a tu habitación…

- Pero, abuela…

- Ve – Kirishima, al notar la palidez del otro, asintió hacia la niña. Y cuando ella se hubo encerrado, llorando, afrontó con valentía y seriedad lo que estuviese a punto de venir – Somos todo oídos… No creo que estés así porque haya decidido aprovechar un viernes por la noche para tomar unas copas con mi amigo luego de una maldita semana llena de trabajo…

- Por supuesto que no… Yo misma los empujé varias veces a que lo hicieran…

- Entonces entenderás que no pude resistirme a desaprovechar ese día para celebrar su recuperación sabiendo que mi hija estaba en un Campamento… No tengo la culpa de que se descargara mi celular, y el suyo también, y que la premura por salir de Marukawa nos hiciese olvidar los cargadores… Sabes muy bien que Takafumi estuvo más de una… casi dos semanas en una especie de coma… - Yokozawa se alejó de ambos y se quedó junto a la puerta de calle, con la mirada aun dirigida al papel, blanco como la pancita de Sorata, quien lo miraba fijamente – Esos días noso

- Esos días sometiste a Hiyori a noches en vela, sin cenar, sin la más mínima consideración por tu hija… Por su culpa.

- ¿Qué? ¡Ella sufrió porque lo quiere mucho, no porque la haya obligado!

- Sufrió porque lo tuviste en casa… ¿Por qué no pudiste llevarlo a su Departamento? – esas palabras desataron la lengua de Kirishima… Y las lágrimas en ambos rostros.

Nuevamente soy rechazado…

- ¿Qué dijiste…? ¿Có… cómo puedes siquiera sugerir eso…? Sabes bien que vive solo…

- Tiene familia, ¿o es huérfano? Siempre dice que se alejó de sus padres, no lo contrario. No tienes por qué hacerte cargo de un hombre que puede valerse por sí mismo…

Y esta vez duele el triple…

- No quiero seguirte oyendo… Almorcemos y luego te llevaré a tu casa…

- ¿Por qué, porque sabes que es verdad…?

- ¡PORQUE NO PUEDO CREER QUE SEAS TAN DESAGRADECIDA! ¡ÉL PASA LAS NOCHES SIN DORMIR CUANDO HIYORI ENFERMA Y YO ESTOY EN LA EDITORIAL, ÉL COCINA PARA NOSOTROS, ÉL MANTIENE LA CASA EN PIE… ÉL

- Es un enfermo que te ha arrastrado a su mundo oscuro sin que te des cuenta…

…porque no eres tú quien me aleja…

Pero tampoco podrás retenerme…

Kirishima alcanzó el límite máximo de paciencia y tolerancia. Mirando lo afectado que se encontraba su novio, habló, apretando los dientes.

- Mamá… te doy cinco segundos para rectificarte…

- Él sabe que no tengo nada que retractar… Ya vio la evidencia – Kirishima volteó lentamente y lo miró. Pero él, desviando su rostro, le alargó los impresos. Y también entendió.

La imagen hermosa de varios destinos turísticos le sonrió, tentándolo con solo verlos, con unas vacaciones de ensueño para ellos tres. Y aunque sonrió, imaginando de qué se trataba… palideció.

El título lo decía todo y justificaba la hecatombe…

"Boda de papá y niichan"

Su mente quedó en blanco.

- No te esfuerces en mentirme... Hiyo me lo terminó confesando cuando amenacé con avisar a tu padre. Quiero creer que esto es reciente, y que no sometiste a tu hija a la asquerosa visión de ustedes… pues…

- ¿Asquerosa…? ¿Cómo te atreves…? –su temperamento empezó a aflorar. Podía llegar a ser realmente hiriente bajo presión, y su madre le estaba dando un montón de motivos.

- Claro que es eso… Tú estuviste casado… ¡LE DISTE A SAKURA LOS MEJORES AÑOS DE TU VIDA! ¿Ya olvidaste todas las promesas de amor eterno? ¿Las veces en que se escapaban para estar juntos cuando nosotros salíamos de casa? ¿La ilusión de su boda, la manera en que la besabas, en que la abrazabas, en que

- ¡BASTA, RESPETA A TAKAFUMI! – su mano se quejó cuando golpeó la mesa, pero no le importó. Escupió sus palabras con rabia creciente – Puedo entender… que no lo aceptes… porque nunca te dije que cuando era niño… me había enamorado de otro…

- Eso es un tonto razonamiento inducido por este hombre…

- Nadie me indujo nada… Es más, sabes perfectamente que me golpeaste por primera vez ese día, cuando llegué a casa con una enorme sonrisa en los labios, ¿lo olvidaste? – la mujer bajó la mirada – Dijiste que era un cínico por estar tan feliz mientras ustedes se habían pasado el día buscándome…

- No sigas…

- Sí sigo… Fue el mejor día de mi vida – Yokozawa se tapó la boca para reprimir sus sollozos – Sí, amé a Sakura y adoro a mi hija, sí… Pero nunca… nunca pude olvidarlo…

- Sakura era el amor de tu vida… Este chico es una maldición – apretó los puños.

- Mamá… te conozco desde que me concebiste… Por favor, piensa muy bien lo que vas a decir, porque si no terminarás perdiéndome…

- ¿Ves? Este tipo ha traído la desunión en la familia Kirishima… Si no cortas todo vínculo con él… - alzó la vista, desafiante. Sus ojos parecían un veneno, pese a ser tan hermosos como los de Zen. Yokozawa seguía mudo, y expectante…

- ¿Qué harás? – las lágrimas caían sin que se diese cuenta.

- Te quitaré a Hiyo por incompetente…

Cuando era niño, mamá me dijo una vez… que las personas mayores siempre creen tener la razón… pero que muchas veces, aun cuando hieren… lo hacen porque no recuerdan que una vez tuvieron la edad del joven, o niño, que los hace rabiar…

Escuchando a la que ya había estado pensando como suegra… sentí que mi mundo se caía a pedazos… Porque ella nunca había sido como yo…

Pero Zen sí…

Se metió con aquello que sabía muy bien no podíamos exponer… con aquello que era lo más sagrado para ambos…

Kirishima-san se apoyó en la mesa, y supe perfectamente bien que estaba pensando en lo mismo… Claro que era un incompetente… pero su incompetencia se limitaba a las labores hogareñas. Hiyo, siendo una niña, había ocupado su lugar, y eso era terrible desde todo punto de vista… El tipo de cosa que termina matrimonios… destruye amores eternos… separa padres de sus hijos…

Supe… que todo estaba echado…

Supe… que no quedaba nada por hacer…

…mas que voltear… y cumplir mi destino…

- No tiene que saber el mundo que tuviste un desliz… Yo me encargaré de que lo olvides… - la mujer estiró la mano hacia los cabellos dorados.

Era un hermoso día de sol… pero dentro sólo se sentía frío…