Lamento la demora... Mucha carga laboral u.u
Ruptura
Yokozawa no lo recordaba, pero el día que conoció a Takano Masamune, éste miraba un enorme panel a la entrada de la Universidad. Curioso, principalmente por su cara de niño desorientado pese a ser un hombre de más de un metro ochenta, le preguntó si necesitaba ayuda.
Y así empezó todo… con un tierno, tal vez, interés por un perfecto desconocido.
Pese a su airecito tristón y sus maneras un tanto hoscas, el Masamune de ese día había sido divertido, abierto a escuchar al que en ese entonces era un parlanchín joven ligeramente más alto. Y se hicieron amigos, de la misma manera en que un niño llega a manejar una pelota en cuestión de minutos, para hacerse cargo de ella el resto de su vida…
Eran dos jóvenes lo suficientemente enteros como para no sentir algo especial… al inicio. Lo suficientemente honestos, eso sí, para contarse que habían amado a una persona de su mismo sexo siendo niños. Yokozawa no tenía el relato de una primera vez tan dulce como la de Masamune, sino una muy heterosexual, pero… Compartir con alguien incluso su verdadera naturaleza, los había convertido en el mejor amigo del otro…
Y poco a poco, sin quererlo, ni desearlo… gracias a Ritsu…
Se enamoró.
Takano Masamune representaba muchas cosas para él… Su casi primera vez como uke… Su primera borrachera… La primera vez que tuvo que recoger a alguien de una habitación de hotel y pagar los servicios solicitados a una mujer, aunque él no la hubiese contratado…
Si analizaba su relación con su mejor amigo… podía decirse que estuvo rodeada todo el tiempo de momentos oscuros… Pero a pesar de ello…
"¿Es por eso que me dices que la persona que más amas en el mundo piensa romper contigo?"
Masamune y él nunca habían compartido una bebida a causa del corazón roto de Yokozawa… pero sí por el roto de Masamune. Y sí, debía reconocer que se enamoró de él por la vulnerabilidad de esos sentimientos preciosos desarrollados desde la niñez de un niño solitario, tan solitario como él. De esa asombrosa capacidad para mantenerse al margen de todo su mundo cuando algo lo llevaba a reflexionar por horas hasta hallarle una razón de ser… O la forma autodestructiva de deprimirse cuando esta razón no existía.
"Cualquiera se habría enamorado de alguien que conservó únicamente el número de su mejor amigo en el celular, luego de que nos acostamos", había increpado Yokozawa cuando lo rechazó… intentando apelar a la gratitud a cambio de amor…
"El primer amor no dura", había sentenciado Yokozawa, cuando ebrio de dolor el alcohol sacó a flote todo lo que había ocultado por más de diez años… ante un perfecto desconocido.
"Vengo con una maleta enorme…", había reconocido, cuando le prometieron amarlo pese a sus fobias y miedos, taras y traumas… luego de rescatarlo de las garras de la muerte… De los deseos de huir de una posibilidad de tener aquello que a los ocho años había ansiado sin darse cuenta… pese a no recordar a su verdadero primer amor…
"Eso no me importa… No quiero que lo olvides… Sólo que me mires a mi…"
Siempre ahí, siempre para él… Desde el inicio aguardando migajas, desde el inicio jodiéndole la existencia… No había un solo día, desde esa maldita noche de lluvia y alcohol, en el que no mirara con aprehensión cada esquina de Marukawa, temiendo encontrárselo… Temiendo ser besado… Temiendo que cada día esa pequeña semillita siguiera creciendo, quitándole el aire y los nutrientes a esa otra que ya casi estaba a un paso de morir…
Porque él no quería quedarse una vez más con el corazón roto… Y negarse, forcejear, mandar a la mierda era la mejor opción… Negarse a amar era lo mejor para una persona que perdió a su Hatsukoi…
…para no sufrir… para no quedarse con las manos vacías… Aunque el corazón ya había decidido por él desde la primera vez que lo vio sólo vestido con una bata de salir de la ducha. Desde ese día Takafumi anidaba con una ternura que ni él conocía en si esa semilla llamada amor… por ese Adonis de ojos miel.
Nunca quiso volver a estar así, roto, como el hombre de cabellos dorados que lloraba como nunca lo había visto hacerlo, agarrado brutalmente al mantel… un estúpido trozo de tela que ni siquiera era capaz de cubrir las patas de la mesa…
Se estaba muriendo con sólo verlo así… Él que había terminado declarándose al verlo bebido por su culpa, no soportaba verlo así… Lo amaba tanto, maldita sea…
Ese estúpido… Ahora era un hermoso roble en el que podía mecerse cuando la tristeza, la alegría, el amor, la ternura, TODO, lo atacaba, maravillosamente, en esas cuatro paredes que ya eran SU Hogar…
…y el dije colgaba… y se movía… brillando… suplicando… Deseando materializarse en un ser de carne y hueso que parara la matanza…
Que los volviese a coser el uno amarrado del otro.
- Hiyori lo olvidará con el tiempo – un llanto desgarrador se oyó desde la habitación de la niña. Sabían los tres muy bien que no iba a desobedecer una orden de su padre, pero eso no impedía que oyese. Kirishima apretó los puños, y soportó las caricias maternas en su cabeza, sintiéndose morir.
- Estás… loca… No tienes la más mínima idea de lo que dices…
- Claro que sí. La vida debe seguir, como siguió luego de Sakura… Zen, tú lo sabes bien. Hiyori aún no es capaz de entender conscientemente lo que ha ocurrido aquí… podemos curarla, y tú podrás conseguir una nueva madre para ella, así
- No.
El llanto femenino infantil cesó al oírse la negación, y la mujer miró con los ojos completamente abiertos a su hijo, incrédula... Pero él no la miraba a ella…
Alzó la vista lentamente y cruzó su hermosa mirada miel con aquella que le recordaba a una hermosa tarde que no desea llegar a ser noche… pese a las estrellas. Amaba esos ojos que sin dejar de ser grises tampoco llegaban a ser completamente azules…
Pero nunca… los había visto tan fríos… Tan vacíos. Y por un instante quiso retroceder, ya que en verdad…
Estaba frente al Oso de Marukawa, en una versión que dudaba fuese la habitual… Y menos la que Hiyo y él tenían el honor de conocer.
- No sé en qué planeta viva usted… pero en éste, el amor no se olvida, ni se da por voluntad propia o por cuestiones del destino, y menos se detiene cuando a un tercero le da el capricho de ponerle fin… Quizás en efecto soy una aberración de la naturaleza, y merezca irme al infierno, pero me vale poco. Antes, lo llegué a decir algunas veces con duda… Pero hoy estoy completamente seguro de estar enamorado de Kirishima Zen.
- Eso es
- Ya tuvo la oportunidad de herir de todas las formas posibles a su hijo y a su nieta. Ahora me toca a mí defenderlos – la puerta se abrió, y una tímida y sollozante Hiyori salió y abrazó a su padre, quién pareció desear ser un canguro para meterla en su cuerpo y ocultarla. Yokozawa suspiró – Para que lo sepa, fui yo el seducido por este imbécil – padre, abuela e hija se miraron entre sí.
Sorata pareció taparse la cara con las patitas, en señal de exasperación.
- Hem… Takafumi, mejor no me defi
- ¡CÁLLATE! – Kirishima se sintió un Henmi de cabellos rubios y ojos miel. Y por lo visto la mujer también, porque bajó la mirada y buscó una ruta de escape. Sólo Hiyo esbozó una enorme sonrisa – Me sedujo a base de comprensión, apoyo, un plato del curry más rico del mundo, y la restructuración de un corazón roto… A través de la cura para un animal – cargó a Sorata. Y una lágrima cayó al mirar los ojitos felinos – que ni siquiera conocía, pero que para mí lo era todo… Sólo un imbécil cuyo interés estuviese dirigido a su mismo género se habría negado a darle su corazón… aunque nunca lo pidió. Yo se lo di porque me dio la gana y jamás me voy a arrepentir…
- Pero
- ¿Quién se cree que es para decidir por mí…? – le dio a Hiyo la mascotita y luego se plantó, con las manos en la cintura, en una actitud que ni el mismo Zen le conocía. Hiyo se fue alejando una vez más, decidida esta vez a no oír… porque sabía que en estos momentos el oniichan había desaparecido para dar paso a la pareja de su padre… El equivalente a su mamá – ¿Cómo se atreve a amenazar con quitarnos a la niña?
- Hiyori no puede estar expuesta a verlos ha
- Para eso existe el dormitorio, señora… - la sonrojó, con un susurro gélido – Hiyori se enteró de que tenía un nuevo padre sólo porque este malnacido me tiene con las mejillas coloradas todo el maldito día – Kirishima ni parpadeaba -, llenándome de atenciones y elevando la autoestima que personas como usted, cerradas de mente, mantuvieron por años al nivel de mis pies…
- ¿Cómo te atreves a insultarme?
- ¿CÓMO SE ATREVE A DECIR TODO LO QUE DIJO? – todo el departamento pareció retumbar – Haga lo que quiera… pero si le pone un dedo encima a Hiyo, ni las súplicas de Zen me detendrán…
- ¿Me amenazas como un patán?
- Le advierto como un padre… La madre de mi mejor amigo es abogada… Nunca ha fallado un caso, y estoy seguro que esta vez no sería la excepción – la mujer se relajó – Llamó a su hijo inepto… Para lo único que es inepto es para la cocina, y eso lo suplimos Hiyori y yo. Aún si logra su cometido de destruir el corazón de tres personas por su incapacidad para aceptar que se ama al alma y no al cuerpo, como le dijo su nieta, nunca me podrá sacar de su interior. Y para que lo sepa – alzó la cara con orgullo y señaló a su novio – este hombre es el mejor padre del mundo… Si no viviera tan ocupada en señalar los defectos del resto habría notado que lo logró solo, mucho antes de mí. Hiyori es lo que estoy seguro sería si
Sakura-sama viviese, y él también. Así que lo lamento mucho – se inclinó con respeto completamente -, pero no pienso darle el gusto. Este es mi mundo, y de aquí nadie me mueve, sólo ellos.
La mujer observó su nuca fijamente por un minuto entero. Y luego salió, sin comentar nada. En silencio, impasible… Como un mar en calma antes de una tormenta o una fiera al sol… Esperando…
Dentro, todo permaneció como lo había dejado. Kirishima no dejaba de mirarlo, pero no se movió debido al terror de verse agredido de alguna manera. Sin embargo, este miedo desapareció, cuando el más joven se enderezó, volteó, y con los ojos cargados ahora de su dulzura habitual, lo besó, tiernamente, aferrándose a él…
…para luego desmayarse, haciéndolo gritar, nuevamente aterrado…
OwO
- Abre la boca – le dio una cucharada de caldo – Bien… falta poco, termínatela, ¿sí?
- Sólo me desmayé por el estrés…
- ¿Sólo? Maldito bastardo, ¿nos preocupaste y dices que fue algo sin importancia? Abre la boca y bebe, o te meto otra cosa…
- Chst… Deja de decir estupideces…
- No son estupideces… Di "A" – obedeció – Bien… Yokozawa-san…
- ¿Hum?
- Te amo – dejó el tazoncito en la mesita y se acurrucó contra su pecho – Tuve tanto miedo…
Yokozawa se relajó, con una tierna sonrisa en sus labios. Paseó su mano por su espalda, y su cabello, con amor, aspirando su delicado perfume masculino.
- Se nota que no me conoces del todo… Cuando deseo algo con todo mi ser, no descanso hasta mantenerlo conmigo…
- …entonces… ¿Puedo ilusionarme con un "Para siempre"?
- Creí que era obvio…
- Siempre me estás rechazando…
- Sólo un poco… ¿Qué chiste tendría hacer el amor luego…? – sonrieron – Si empeoré las cosas… no me lo perdonaré. Nunca debí gritarle… Es tu madre… y una persona mayor…
- Se lo buscó… Si hubiera venido en otro plan, habría recibido las mismas explicaciones de una manera menos tosca… pero hiciste lo correcto. Además, como dijo Hiyori… mi madre le dijo que aparte de hombre, eras un bobalicón… Supongo que ahora sabe que su yerno tiene una personalidad fuerte, lo suficientemente fuerte como para haberme alzado la voz…
- Pero si lo hago siempre…
- …y sigues vivo para contarlo. Yo no tolero que un inferior o un menor que yo me alce la voz… es mi defecto. Pero contigo, siempre lo he permitido porque te quiero… Te amo, y me vale poco todo lo que digas y hagas porque sé que también te sientes completo conmigo… Así que no te sientas mal… Tenemos que planificar nuestra boda con Hiyo, no quiero que se sienta culpable por lo que ocurrió.
- Cierto… Pero no debes bajar la guardia, Zen. Ya me habías contado lo que ocurrió el día que le contamos a Hiyo sobre nosotros. Debemos hacer pequeños cambios…
- Lo sé – suspiró – Pero, ¿sabes? Hay algo que será beneficioso…
- ¿Qué cosa? – por primera vez parecían oficialmente una pareja, y no dos personas en el intento de serlo.
- Los niños del orfanato…
- ¿Eh? ¿Qué orfanato? – Hiyori entró, llevando los platos de fondo para los tres – Gracias…
- ¿Cómo que qué orfanato? Mi amor, ¿de veras no entendiste? – la niña rió con disimulo al ver cómo se sonrojaba por ser llamado de esa manera.
- Oi, está Hiyo…
- ¿Y? Oniichan, ya los vi besándose… Llevo ciertos cursos en el colegio, te recuerdo… - para no verse más incómodo empezó a comer por sí mismo – Papi, ¿de qué orfanato hablaban?
- Pues, hoy nos encontramos en el parque con una señora y su hijo. Los niños que estaban a su cargo, amor, son huérfanos… - Yokozawa se asombró – Por eso es que se veían tan diferentes físicamente. El caso es que suelen traerlos a jugar por aquí de viernes a domingo, en las mañanas… Pienso que será provechoso que se vea que interactúas con otros niños aparte de Yuuki-chan y de nosotros mismos.
- Pero yo voy a la escuela y todo… ¿Y qué rayos le pasa a la abuela? Con lo lindo que es oniichan… Debería agradecer que tengas un novio tan bueno… - se aferró al morocho y él la abrazó, endulzando su vista.
- Tu abuela sólo defiende a su hijo…
- No eres un delincuente – aprovechó el momento tierno entre ellos para consentirlo, dándole de comer en la boca.
- Soy gay, es casi lo mismo – la niña se sentó y lo miró completamente seria. Kirishima bromeó.
- Uy… despertaste a su osito gruñón interno…
- Oniichan… La próxima vez que apliques esa palabra a ti en ese tono mandaré a quemar tu cama y tu cómoda…
- ¡Sí! ¡Es gay, es gay, te lo juro, ACÉPTALO! – la perspectiva de compartir por fin habitación con su novio despertó su niño pervertido interno. Se puso a saltar delante de la cama, haciéndolos reír.
- Está bien… Tienes razón. Además, estoy orgulloso de amar a tu padre… - lo llamó con la mano – Pero eso sólo lo sabremos nosotros, ¿de acuerdo?
- Sí, es lo mejor… Que quede entre las personas que lo saben. Le pediré ayuda a Takano para que nos ayude a desviar la atención, él es bueno generando cortinas de humo…
- Y le diré a la abuela que niichan se fue a su departamento…
- No. Si pregunta simplemente le dirás que todo sigue igual. Que niichan sigue igual de cariñoso y que me pidió perdón por haberle gritado. Sólo eso.
- Está bien… Eso quiere decir… ¿que no los veré besarse de nuevo, ni abrazados? – sonrieron al notar su carita triste.
- No como antes…
- Se les ve tan lindos cuando se demuestran su cariño… ¿por qué eso me perjudicaría…? No entiendo… – Yokozawa suspiró. Sí, la niña era muy pequeña para entender la hipocresía de la humanidad
- Algún día… te prometo… saldremos a pasear, con tu papá abrazándome, y yo besándolo, sin que nos miren mal o con asco, ¿de acuerdo…?
- ¿Asco? – los miró sin comprender – Pero… pero si cuando vi a papá besarte deseé que algún día me besaran también así… - ambos se miraron. Y entendieron que deseaban lo mismo, irse con ella hasta otro planeta en el que su corazón puro no se pudiese contaminar nunca.
- Papá y mamá te aman mucho… y se adoran, aunque mamá sea a veces un poco fría – le explicó Kirishima, arrancando una sonrisa a su novio.
- …porque papá es un odioso… No es como si no nos fueras a volver a ver así… ¿ves? – le dio un piquito a su novio, quien lo miró con su usual cara de idiota enamorado – Pero por ahora seamos un poco egoístas: amémonos en estas cuatro paredes…
- Hasta hablar con tu abuela al menos, ¿sí?, y que todo esté bien – Kirishima abrazó a su niña, cuya carita había perdido toda señal de alegría – Quiero que ella se dé cuenta de que es mi mejor acierto, que reconozca que lo ama como a un hijo. Pero aún si eso no ocurre, amor, ni siquiera pienses que dejaré ir a Takafumi… Ya no concibo nuestra vida sin él.
- Yo menos la mía sin ustedes – Kirishima sonrió complacido al oírlo – Así que no te preocupes. Aunque la cosa se vea fea, lo lograremos los cuatro…
- ¿Estás esperando, mi amor? – decidió hacerse el gracioso para aligerar el peso de la situación por Hiyo. Y él le entendió. Fingiendo muy bien sus ademanes nerviosos e indignados, se sonrojó, y empezó a balbucear.
- O…oi… ¡NO DIGAS ESTUPIDECES FRENTE A LA NIÑA!
- Ah, pero si tú y yo sabemos lo mucho que practicamos…
- ¡ZEN!
- ¡JAJAJA! – y lo consiguieron. Verla reír era para ambos la mayor de las felicidades luego de pertenecerse mutuamente. Sonrieron con complicidad. Eran la pareja perfecta, ¿qué mierda le pasaba a su madre por la cabeza? – Papi, no molestes a oniichan… Y no la llames mamá, es mi segundo papá…
- Ay, está bien… Ustedes deben ser parientes de olla o de shampoo, son igual de aguafiestas… - rieron – Bueno, les estaba platicando sobre esos niños… ¿Vamos a ver si siguen en el parque ahora? De paso que tomas un poco de sol, te veo muy pálido… Necesitas recargar energías – acarició su rostro, en verdad preocupado por su apariencia.
- ¡Sí, quiero conocerlos! Iré a alistarme… Oniichan, ¿seguirás comiendo?
- No, ya no. Mas bien procuremos llevar un pequeño picnic, cámbiate y te ayudaré – la niña salió casi flotando, llevándose la bandeja, dejándolos solos – Me gustaría que fuese cierto…
- ¿Qué sea yo quien te recargue las baterías…? – había entendido muy bien, pero decidió molestarlo un poco.
- Zen…
- Ok, ok… Sería hermoso… pero si se pudiera serías mujer, y no me habría enamorado de ti…
- O quizás si…
- Soy feliz contigo como eres, con todo y adornos y colgantes, no necesito nada…
- Tu madre puede desear probar si dejaste de ser heterosexual… – Hiyori escuchaba tras la puerta. Supo al instante que Yokozawa estaba asustado.
- Que intente lo que quiera. Yo no soy homosexual ni heterosexual, pansexual, asexual, hermafrodita o como mierda quiera llamarme… Yo soy tu novio. Reviví el día que apareciste, aunque supongo hayas creído que yo era un campanita masculino antes de conocernos. Y me siento orgulloso de poder decir que yo hice que volvieras a creer en ti, más que en el amor – Yokozawa bajó la vista – No te rindas… - Hiyo aventuró la carita por la rendija, y su corazón se estrujó. Estaban muy juntos, frente con frente, tomados de la mano. Podía sentir una energía cargada de incertidumbre, y al mismo tiempo de amor infinito, rodeándolos… Uniéndolos, pese a que parecían a punto de llorar – Por favor, Takafumi, sólo te ruego eso… Como el mayor es mi deber protegerte, y a Hiyo, y a Sorata… pero si llego a ver el más leve indicio de que quieras tirar la toalla, me derrumbaré…
- …tu madre
- Es mi madre y nunca dejará de serlo, y por eso duele… Pero ya crecí. Ya soy un hombre… Quiero hacer mi vida contigo, me vale poco si para ello deba quedarme en estas cuatro paredes. Es egoísta, porque quizás tú quieras salir, pe
- No – igual de categórico que el "no" dirigido a su suegra – Ayúdame… No quiero ser una carga, no quiero que pierdas a Hiyo, no quiero
- Entonces céntrate en lo que quieres… ¿Qué quieres, Takafumi…? – alzó su rostro con ambas manos. Y Hiyo se ruborizó cuando, después de unos cinco segundos, los ojos azules se cerraron… cuando su dueño inició el beso.
OwO
- ¡Ah, están deliciosos, Hiyo-oneechan!
- ¡Mamoru! – Nowaki casi palidece cuando el pequeño, aparte de hablarle con tanta confianza a la niña, le plantó un beso en la mejilla antes de irse corriendo.
- Jajaja, no hay problema – sonrojada, pero sonriendo de oreja a oreja, lo tranquilizó, alcanzándole dos platitos descartables con unos bocaditos que habían preparado entre Yokozawa y ella – Niichan y yo nos tratamos así desde el primer día, ¿te acuerdas?
- Claro que me acuerdo… Pensé "Esta niña es una loca… mejor ya no vuelvo otro día…".
- ¡NIICHAN!
- Y yo le dije "Descuida, no hay problema… Mientras tome la medicina todo estará bien, no te sacará los ojos…".
- ¡PAPÁ! – todos rieron, incluyéndola. Abrazó a Yokozawa con fuerza por la cintura y luego se fue corriendo con los niños, a jugar, agarrando de la mano a los más pequeñitos.
- Es una niña preciosa, Kirishima-san… Y muy dulce. Se nota a leguas que tiene un corazón bello…
- Lo sé, Nowaki-kun… Salió a sus dos madres… - sonrieron al ver el sonrojo del morocho – Mi esposa solía decir que ella era muy inteligente, y cuando conocí a este rebelde sin causa le di la razón…
- Deja de molestarme… - le lanzó una mirada asesina, que fue interrumpida por un griterío desde el otro lado del parque. Los dos estuvieron a punto de salir a la carrera.
- Descuiden, es Hiro-san… - en efecto, un castaño desconocido avanzaba hacia ellos, rodeado por los niños y Hiyori. Parecía una mamá gallina rodeada de sus pollitos.
- Nowaki… ¿de dónde sacaron esos pastelitos de carne tan deliciosos? – se inclinó con respeto ante los que eran desconocidos para él en persona - …sonrisa amable… ¿Ustedes son los Kirishima? – Yokozawa estuvo a punto de atorarse, mientras que el otro sonreía más fresco que una lechuga.
- Así es… aunque aún no nos casamos, pero sí… Es mi esposa.
- ¡IDIOTA! – todos rieron.
- Es un poco temperamental, pero dulce con Hiyo, por eso la soporto…
- Tú…
- Jajaja, no quería molestarlo… Es sólo que Mamoru no deja de hablar sobre ustedes…
- ¡Sí! ¡Niichan y Kiri-chichi son una pareja linda! ¡COMO USTEDES DOS! - fue turno del castaño para sonrojarse.
La tarde transcurrió tranquila, sin mayores sobresaltos, con Hiyori disfrutando de los juegos y locuras de Mamoru y los otros niños. Kirishima y Nowaki habían entrado en el grupo, y se movían entre los niños como si se trataran de unos adolescentes sobrealimentados. Hiroki ayudaba a su suegra a poner todas las cosas en orden, sentados en una banca, ubicada frente a la de Yokozawa, quien…
…miraba sus manos, sin mostrar el más leve atisbo de una sonrisa.
La única mujer adulta presente lo había notado desde que aparecieron, la niña inicialmente tímida y casi renuente a soltarlo, y el novio atento a cualquier cambio en su semblante. No necesitaba conocerlos para saber que algo había pasado. No era que la primera vez hubiesen mostrado cierta distancia entre ellos, pero ahora notaba que la relación había pasado a otro plano.
En una relación entre hombre y mujer… podría haberse interpretado como que habían tenido su primera vez… Pero eran hombres, de modo que, estaba descartado. Dudaba que fueran unos recatados jovencitos, más por la manera en que durante el almuerzo el rubio lo había estado molestando.
Así que… sólo podía conjeturar…
Y como buena madre, y mujer al fin… su sexto sentido le dijo que lo mejor era adelantarse. Confiaba ciegamente en la autoridad que Hiroki ejercía incluso sobre Nowaki, así que podía marchar tranquila.
Quedaron solos, sonriéndose con confianza, pese a no tener la más mínima idea sobre un tema de conversación. El clima era muy trillado. Los niños, un tanto ofensivo. Su trabajo, quizás, pero dudaba que Kamijou-san deseara conocer sobre
- Nowaki me comentó que usted trabaja en Marukawa Shoten como Jefe de Ventas…
- Sí… Del área de mangas básicamente, pero podríamos decir que me conozco todas las librerías e imprentas…
- Entonces me podría ayudar mucho… Ando buscando una que se especialice en Literatura Antigua. Es decir, no una que parezca una tienda de antigüedades, pero sí que cuente con ejemplares de Matsuo Bashō…
- Hum… - quedó pensativo unos instantes – En estos momentos no se me ocurre una especializada, pero le prometo enviarle una lista depurada el día lunes. Tengo un registro en el que incluso podrá acceder a su catálogo virtual.
- ¡Ah, sería perfecto! Tenga… mi tarjeta – la recibió, y le entregó la suya. Afortunadamente siempre cargaba con una o dos incluso cuando vestía informal – Gracias…
- ¿Le interesa la Literatura de ese tipo?
- No ese autor en particular, pero sí a uno de mis mejores amigos. Y como se acerca su cumpleaños, su novio me pidió ese favor…
- Ah… - era curioso, pero pese a parecer un hombre incluso más serio que él a veces, Kamijou-san hablaba con total naturalidad – Hum… ¿dije algo malo?
- ¿Eh? – recién notaba que de seguro había puesto su típica cara de incomprensión – No, es que… Aún me cuesta un poco… esto de hablar abiertamente sobre…
- Su relación, ¿verdad? – asintió – Lo entiendo. Nosotros no tuvimos problemas con su familia, como ya debe haber notado, la familia de Nowaki y él mismo son una especie de sucursal del Cielo – se sonrojó al mirar a su novio – Pero…
- ¿Sí con la suya…? – Kirishima los volteó a ver. De lejos inclusive, Yokozawa parecía rodeado de tristeza. Del tipo de tristeza que incluso notaba en la mirada de Hiyo.
- Así es… Mi madre, lo llamó de todo, menos cosas lindas… Le valió poco que Nowaki y yo en ese entonces tuviésemos ya más de seis años de relación… Sé… que fue un acto condenable para todo aquel que no haya estado en esa noche, pero… Rompí relaciones con mi familia en ese preciso momento…
Una fresca brisa meció sus cabellos y los pétalos de sakura los cubrieron parcialmente.
- Debe ser duro…
- No es como si hubieran cambiado muchas cosas… no soy del tipo de hombre que visite a sus amistades o familia de manera regular. Me enfrasco en mi trabajo, y en atender a Nowaki para que conserve su salud, ya que suele amanecerse por culpa de su empleo… Pero ciertamente extraño a mi familia…
- Lo entiendo…
- …pero no dejaría nunca a Nowaki. Hemos pasado por muchas cosas que pudieron habernos separado, y seguimos juntos… Me acuna en las noches de frío, y es la compañía más inteligente que podría esperar… Y es un ángel… Espero que nunca pase una situación de este tipo, pero si lo hace, no se rinda… Luche hasta el final… Si eligió a esa persona, es porque vale la pena, y si vale la pena, no debe renunciar. Se nota que es amado de manera honesta…
OwO
- ¿Ya se durmió? – le preguntó en cuanto lo vio entrar. Él llevaba ya unos treinta minutos echado y arropado, según órdenes de su amor.
- Sí – se metió, apagó la luz y lo abrazó, apoyando la carita en su pecho – Estoy muy cansado…
- Estuviste de un lado para el otro como un saltamontes…
- …no de eso…
Quedaron en silencio. Yokozawa le acarició los cabellos cerrando los ojos, disfrutando de su sedosidad, y olor. Solían usar el mismo shampoo, pero en Kirishima todo parecía más dulce. Era como si se tratara de un hombre moldeado en miel.
- Zen…
- ¿Hum?
- Estuve pensando mucho… y aunque no me agrada la idea
- Ni loco te irás – se incorporó de golpe y lo miró fijamente, aterrado – ¡Ella entenderá, te lo juro!
- Oi, déjame hablar…
- ¡POR FAVOR! – empezó a llorar como un niño y Yokozawa se sentó para acunarlo en su regazo. Hiyo asomó la cabecita, preocupada, pero él le hizo un ademán para que los dejara solos. Y ella obedeció.
- A veces no sé si lo haces a propósito para que yo te consienta, si porque eres idiota, o si en verdad tienes tanto miedo que te vuelves un tonto – besó su frente. El otro se había agarrado a él con fuerza – Por supuesto que no me voy a ir… Hasta pareciera que todo lo que le dije a tu madre te entró por un oído y te salió por el otro…
- …es que estoy cansado de tener miedo… - él se sentía igual.
- Lo sé… Ha pasado un solo día, bueno, técnicamente ni siquiera se cumplen veinticuatro horas y ya estamos muriendo… Pero estamos juntos en esto, Zen. No me he ido… ni tú me echaste… ¿Y sabes por qué? – el otro susurró un "te amo" bajito – Yo también… Pero también adoro a Hiyo… Quiero una familia para ella, y lo siento por tu madre, pero yo quiero ser la suya…
- Y ella quiere que lo seas…
- ¿Entonces? Me pediste que no me rinda, y te dije que no lo haría…
- No lo dijiste. Nos besamos y ya todo quedó olvidado – lo sonrojó.
- Pues, para que infles tu maldito ego de porquería… Soy adicto a tu boca… Creo que la amo más que a ti… - lo hizo reír.
- Lo sé…
- Idiota… - Kirishima intercambió posiciones con él, colocándolo entre sus piernas con la espalda de Yokozawa apoyada en su pecho. Sabían ambos que esa noche sólo deseaban estar juntos.
- ¿Sabes? Nowaki me habló del lugar en el que se casaron… Mañana lo buscaremos en Internet, si es que Hiyo ya no lo hizo. Lo describió como un lugar lleno de naturaleza, ¿te gustaría uno así?
- Me encanta… Donde fui a vivir luego de conocerte también estaba rodeado de árboles…
- ¿Ahí aprendiste a trepar…? – Yokozawa sonrió.
- Sí. Un gatito de la casa vecina se había quedado atrapado… Ni siquiera sé cómo lo hice, pero para cuando mis padres llegaron, tuvieron que rescatarnos a mí y al pequeño – rieron.
- Pudiste caer, irresponsable… Ah, entonces tu amor por los gatos es de siempre…
- Sí. Desde que el mío falleció a los dos días de habérmelo comprado… por mi culpa… - Kirishima lo abrazó más fuerte.
- No creo que haya sido tu culpa… Y aún si tuviste una muy leve responsabilidad, eras un niño.
- Lo sé… Por eso me prometí cuidar de todo gatito que se acercara a mí el resto de mis días, ya que mis padres no quisieron comprarme otro.
- Estoy seguro de que tu bebé está orgulloso de ti… - besó dulcemente su cuello – Yokozawa Takafumi, ¿por qué eres tan lindo?
- Porque necesitas anteojos – rieron – Jajaja… Supongo que debo ser lindo para ser el digno novio de Kirishima Zen, el galán del momento…
- Awww… eso sonó tan kawaii… - suspiró – Amor, antes de que empiece a desnudarte…
- Como si te fuese a dejar – volvieron a reír.
- Aich, ya… Pero sólo porque me duele hasta el miembro de tanto correr… - Yokozawa le dio un leve masajito, sin dejar de reír, sobresaltándolo – Como sigas haciendo eso…
- Ya, ya… ¿Qué ibas a decirme…?
- Eso mismo. Me estabas diciendo algo hace un rato…
Fuera, los sonidos de los coches indicaban que aquellos que habían pasado fuera de casa todo el sábado empezaban a regresar, algunos tomados, otros riendo, uno que otro maldiciendo el tráfico o conversando a gritos por teléfono.
Yokozawa se volteó, y pese a la oscuridad, los ojos azules del oso se encontraron con los miel de su novio, destellando, y confirmando una vez más que ambas miradas eran transparentes… genuinas… sinceras.
Kirishima acarició su carita, esperando con paciencia a que hablara y sonriendo divertido al verlo examinarlo. Quizás era vanidad masculina, pero sabía muy bien que no sólo su personalidad lo había conquistado… Yokozawa estaba también enamorado de su belleza física, como él, quien no podía dejar un solo segundo de mirarlo, aunque fuese con disimulo, ya que lo consideraba el hombre más apuesto de Marukawa. El más noble, el más tierno, el más
- Pedí una cita a mis padres para mañana… Les dije que les presentaría a mi pareja.
Fuera, los sonidos de los búhos y los autos circulando indicaban que ya se acercaba la calma, pero Kirishima sintió aún más miedo. Miedo a volver a pasar por lo mismo… miedo a que esta vez el trato fuese peor.
Bajó la mirada un segundo, pero las manos del vendedor alzaron su mentón y sus labios depositaron un beso que fue haciéndose más y más sugestivo.
Para cuando se dio cuenta, ya no importaba si los intentaban separar de nuevo…
La fusión de sus cuerpos le indicó que se pertenecían… porque eran uno solo en un medio al que ningún otro, además de Hiyo y Sorata, tenía acceso.
