Y SÍ PUDE AL FIN!

Anoche o Fanfition presentó errores o fueron mis dos máquinas, pero... no pude editarlo...

Pero bue, aquí lo tienen n.n

Aclaro y pido perdones si las menciones a palabras japonesas están mal aplicadas, no manejo el idioma, pero me encanta la idea de que Hiyo las emplee, jejeje.

Y bueno, este Capi va dedicado a dos personitas muy especiales: Ootori Hika-chan y kato kato. Espero les guste...


Tormenta

El calor del rayito de sol que se coló por la esquina de la cortina logró despertarlo. No recordaba afortunadamente por qué tenía un extraño desazón en el pecho, pero… Sí fue consciente del miedo que le generó la ausencia de cierto cálido peso sobre su cuerpo...

Como pudo, se puso de pie, y sus mejillas se sonrojaron al comprobar que estaba desnudo. Y sonrió, un poco avergonzado, al recordar lo último: el beso de Takafumi apoderándose poco a poco de su mente y cuerpo… y luego los suyos reclamando posesión absoluta de cada rincón de su cuerpo.

Mientras se vestía… recordó cada sonido emitido por el amor de su vida mientras le hacía el amor… Cada palabra dulce arrancada de su cuerpo al ingresar y salir tiernamente de él, y cada pervertida expresión cuando amenazaba con alejarlo si seguía succionando, marcando… manoseando aquello que era suyo.

Yokozawa lo volvía loco… Había hasta llegado a pensar que cuando él caía dormido, el osito se echaba a reír por cómo lograba ponerlo… Porque era endemoniadamente sexy, erótico, sensual, incluso pervertido, en la intimidad… Y lo maravilloso y excitante del caso es que eso sólo lo sabía él… Ni siquiera Masamune, sólo él… Sólo él tenía el privilegio de verlo desnudarse, de ser desnudado… tocado, besado… Sólo a él le había confiado la virginidad de su cuerpo…

Recordó entonces su primera vez, y el clásico nudito en la garganta que ese momento le generaba apareció. Yokozawa aún era muy tsundere en esa época… tan distante del osito yandere que ahora compartía sus días con ellos… Sonrió y lanzó un suspiro. Nunca lo diría en voz alta, por Hiyo, pero… En esta ocasión su enamoramiento era el triple de intenso y por eso no estaba dispuesto a dejarlo ir…

El pantalón tuvo que atárselo bien a la cintura, porque no halló por ningún lado sus boxers… y dado que Hiyo estaba en casa, no podía arriesgarse a que se le cayeran… Si hubieran estado solos habría sido parte de un juego sexual, pero no. Esta vez eran papá, mamá e hija, y

De pronto… recordó el motivo.

- Ya venía a despertarte... – Yokozawa ingresó, sonrojándose al verlo desnudo de la parte de arriba – Hiyo y yo hemos preparado una tarta de manzanas para llevarles, y ya desayunamos… Mejor báñate, ya es muy tarde para que comas algo...

- Así fuera temprano… ¿Y si les dices que te pusiste mal del estómago?

- Saben muy bien que yo cumplo mis compromisos incluso estando en estado de coma…

- Cuando te pusiste mal no hiciste nada…

- Cumplí mi compromiso de convertirte en un hombre de bien… Al fin pudiste atender a Hiyo, a Sorata y a mí…

- …ok… Pero es diferente…

- ¿Qué es diferente?

- Tú trataste a mis padres desde incluso antes de que empezáramos a salir… Yo sólo los conozco por una foto que incluso me quitaste de las manos la primera vez que rebusqué tu billetera…

- Porque odio que cojas mis cosas sin permiso…

- No van a quererme… - al fin lo expresó en voz alta – Soy mucho mayor que tú, tengo una hija, ni siquiera sé pelar una manzana, en los fines de ciclo, aunque estés muriendo de cansancio, me atiendes primero a mí, te obligué a estar conmigo mediante un chantaje, yo

- Zen… Calma – lo sentó en la cama. Y lo miró a los ojos, arrodillándose frente a él – No puedo jurarte que todo saldrá a pedir de boca, pero sé que no será como ayer…

- Me van a odiar… - bajó la mirada pero él le alzó el mentón.

- Del odio al amor un paso hay… ¿O ya olvidaste lo mucho que deseaba matarte al inicio…?

- Fue diferente… pude conquistarte, pero lo que hice contigo no podré hacerlo con ellos… - estaba en pánico. Yokozawa lo miró con preocupación - …dejemos a Hiyo con Yuuki-chan, por favor… - suplicó – No quiero que oiga todo lo que me van a decir, que la ofendan, a ella, a su madre… A ti… Y le pedimos que si mamá viene, no le

- Amor… – lo besó. Pero Kirishima se quedó mudo y quieto más por la palabra que le dedicó que por otra cosa - ¿Confías en mí…?

- Si…

- Bien, entonces escúchame… No eres mucho mayor que yo, me llevas solamente seis años que los he logrado cubrir siendo más maduro que tú la mayor parte del día, y aún si no fuera así, esos cuatro años te convierten en mi mejor amigo y consejero así es que es una diferencia muy positiva… AMO a tu hija como si hubiera nacido de mí… Ya has aprendido a pelar manzanas, y se te empiezan a dar mejor las patatas… Te atiendo porque te amo, y porque aunque sea también muy duro, el fin de ciclo de los editores es mil veces más horrible… Y no, imbécil… - le sonrió – Me chantajeaste, sí… pero al final decidí estar contigo porque ya me era insoportable ser sólo tu amigo…

- Takafumi…

- No puedo prometerte que todo irá bien… Para empezar, no los veo desde el almuerzo que me organizaron cuando entré a trabajar a Marukawa. Pero estoy tranquilo porque iré contigo… Estoy harto de decir cada vez que hablo con mi madre que aún no encuentro una pareja… Estoy harto de no poder compartirle a mi madre los pequeños grandes logros de Hiyo… Estoy harto… de no poder mostrarles que al fin tengo lo que siempre quise… - Kirishima se fue calmando – Me pediste que no me rinda, y no lo voy a hacer… Tú no huyas. Aún si nos maldicen, seamos cuatro veces más fuertes. Digan lo que digan, Zen, yo no voy a dejarte…

- …a veces pareces ser tú el mayor… - luego de un instante de silencio, le sonrió, sonrojándolo – Lo siento… Es que… como que enfrentarme a los padres del Oso de Marukawa me asusta en nivel pánico…

- Idiota – rió divertido – Ellos están más domesticados… Bueno, a su manera… - había algo sospechoso en esa expresión, pero Kirishima prefirió no preguntar – Sólo te pido que no hagas bromas en doble sentido, sólo eso…

- Está bien… Te prometo no avergonzarte…

- Nunca lo haces… Cuando los conozcas entenderás… Bueno, ya… Báñate… Y usemos los regalos de Hiyo, quiero que nos veamos guapos hoy…

- ¿Te refieres a los de tu cumpleaños?

- Si… Están aquí, espera… - se acercó a la cómoda, pero se detuvo de golpe – Hem… Go… gomen… - y volteó rojo como un tomate maduro y le entregó sin mirarlo sus boxers.

- ¡Los estuve buscando cinco minutos! Ah… ya me acordé… - se pegó a él hasta atraparlo contra la cómoda – Me los quitaste desesperado y los lanzaste a alguna parte del Universo porque ya querías sentirme…

- ¿Qu…uién dijo eso…? – gimió al sentir la desnudez del otro bajo la delgada tela del pantalón – Ya… báñate…

- Báñate conmigo… - susurró con seriedad contra su cuello, besándolo – No podré ni mirarte cuando estemos allá, quiero hacerte el amor…

- Ahhh… anoche lo hicimos varias veces…

- ¿Y…? Tú nunca vas a cansarme… - se besaron. Yokozawa se dejó llevar pese a sus ruegos.

- N…no… Hiyo…

- Sólo besos… y tocarte… Lo juro… - se separó para mirarlo – Takafumi, no seas cruel… Eres demasiado hermoso – el menor sucumbió bajo los ojos miel que lo desnudaban. Con el corazón latiéndole, asintió, el otro lo alzó en brazos… y…

- ¡PAPÁ, YA SON LAS ONCE!

- …tú y nuestra hija me odian… - riendo divertido lo besó en la mejilla.

OwO

- …wau…

- Es… sencillamente…

- No es nada. El de mi abuelo es más grande… - Yokozawa siguió avanzando mientras los otros intentaban no tropezar con sus mandíbulas.

La propiedad Yokozawa, aunque no ostentosa, era imponente. Ubicada en una prefectura rural, se componía de la residencia, precedida por una extensión de terreno agrícola y ornamental que a todas luces era mantenida de manera manual, y un pequeño establo, por el que acababan de pasar, compuesto por una vaca, un caballo y un toro que parecía querer competir con Kirishima por el título de semental…

- ¿Tu abuelo también tiene una granja?

- Sí… No sé si logran ver al fooondo esa casa de techo rojizo – asintieron – Pues, marca el límite de la propiedad familiar… - ambos rubios tragaron saliva.

- …me siento un dalit…

- ¿Un qué? – preguntaron divertidos Hiyori y Yokozawa al verlo claramente derrotado.

- Dalit… Es una especie de casta u orden social de la India… La más baja… como los sin techo de Estados Unidos…

- Tonto… - le dio un golpecito en la cabeza – En Japón eso no existe…

- Lo sé… Pero si mi memoria no me falla acá también aplicaban las dotes en las épocas feudales… Si viviésemos en ese tiempo yo habría sido "harakiriado" por tu familia al osar querer casarme contigo siendo pobre… - Hiyo lanzó una carcajada.

- No. Porque recién te enteras de esto, y es una de las razones por las que no quería pasar por este trance…

- ¿No querías presentarme como tu novio pobre…? – lo miró triste.

- No. No quería oírte decir más idioteces de las habituales… En verdad puedes ser tan tonto… ¿harakiriarte? – rió exasperado y divertido, en la misma medida – Bueno… - llegaron a la casa y él se detuvo. Y lanzó un enorme suspiro.

- …sabes, eso me asusta… Generalmente suspiras de esa manera cuando hay un retraso en las entregas que mandará al infierno toda la producción mensual…

- Niichan… - la pequeña se abrazó a su padre. Yokozawa se adelantó y subió los dos peldaños que los separaban de la puerta. Y volteó, pálido y sudoroso.

- Por nada del mundo hablen hasta que yo lo diga, ¿de acuerdo?

- Hem… pues… - Yokozawa alzó una ceja en señal de advertencia – Ok, ok, no diremos nada, Takafumi, pero – Kirishima calló cuando su novio tocó el timbre, ignorándolo por completo.

El paisaje era en verdad hermoso, verde y colorido por donde se mirase, y con ese olor a tierra y hierba al que una niña de ciudad no estaba acostumbrada… Pero Hiyo amaba ese lugar, y pensó, en su inocencia, que eso confirmaba que su niichan era un angelito venido del cielo. Y que, aunque sonara tal vez un poco materialista de su parte, la propiedad familiar era un motivo más para desear ser su hija…

El contacto con la naturaleza, el saberse parte del mundo, la atmósfera que aunque por ser desconocida mantenían a ella y a su padre biológico en un estado de tensión insoportable, era muy íntima, muy… muy… Muy a lo que ella guardaba en lo más profundo de su mente y que venía acompañado de un hermoso recuerdo con aroma femenino a mamá…

Sólo que Yokozawa era hombre… Era un hermoso hombre casi tan alto como papá, y con unos ojos que evidenciaban un alma pura e inocente… El alma que había enamorado a Zen…

El alma que se sentía una con la del mayor, ese hombre que lo había sacado del abismo y al que le debía la vi

- Yokozawa Takafumi... – una voz llamó la atención de los tres desde sus espaldas, eliminando los pensamientos recientes…

La autoritaria voz de un hombre, mientras la puerta se abría y dejaba a la vista a una mujer mayor bellísima, de unos penetrantes ojos grises y cabellera que en su juventud debió ser completamente azabache, y que miró seria a su hijo y a los dos desconocidos.

- O…okasan… - se inclinó hacia su madre y luego volteó lentamente hacia ellos, quienes tenían el terror transfigurando sus rostros. Bajó los peldaños y avanzó unos cuantos metros, visiblemente nervioso y sin mirarlos. Sólo cuando lo oyeron detenerse, voltearon… Descubriendo una versión ligeramente más musculosa y alta de Yokozawa, canoso, y con unos impresionantes ojos azules… Una visión digna de cualquier película de vaqueros norteamericanos – O…otousan… Yo

Un gallo aprovechó ese momento para cantar. Hiyo iba a reír, pero su papá le apretó el hombro ligeramente.

- Tu llamada indicaba algo que no estoy viendo delante de mis ojos… a no ser que hayas decidido unirte a una niña…

- C…claro que no… - Hiyo se sonrojó y buscó los ojos de su papá. Zen la miró, e intentó sonreír, pero no pudo – Yo… yo… - respiró profundamente y luego se irguió – Lo que ves, papá, es exactamente lo que vine a compartirles…

OwO

- Nos arriesgamos a que estén fuera de casa… Quizás decidieron compartir el domingo con los abuelitos Kirishima o los Yokozawa, Mamoru…

- Quizás… Pero si están en casa supongo que a estas horas están preparando los bocadillos para traerlos al parque, Nowa-chan – el pequeñito casi corría, jalándolos de las manos.

- Pero…

- Ya, Nowaki, sabes lo terco que es… Y ellos le han caído muy bien… Déjalo, no perdemos nada con hacer una visita de cortesía, aunque… - Hiroki miró a Mamoru a los ojos – Debimos traer algo…

- ¡Ah! Cierto… Hiro-chan, ¿puedo comprarles unos caramelitos con mis propinas? –al castaño los ojitos se le hicieron agua.

- Puedes… Mira, ahí hay un conbini, te esperamos aquí, ¿si? – el pequeño salió corriendo hacia ese lugar, bajo la atenta mirada de la pareja.

- A veces tengo miedo…

- ¿A que se encariñe más de la cuenta? – Nowaki asintió – Yo también… pero debes reconocer que desde que los conoció ha mejorado su aprendizaje, se ha vuelvo más obediente y…

- Sus esperanzas de tener un hogar han crecido… - unos tacones de mujer se acercaban por el sendero del parque, donde estaban ahora sentados, esperándolo – Tengo miedo a que algún día lleguemos al Parque y ahora a su departamento y resulte que ya no están aquí… Mamoru ya pasó por un "casi" del que mis padres tuvieron que arrancarlo, antes de que se convirtiese en un momento terrible y traumático…

- No va a pasar… - lo agarró de las manos y le dio un beso – No va a pasar porque

- Ja… Lo que hay que ver… Descarados – se separaron y pusieron de pie de golpe al oír las palabras cargadas de rabia y asco. Los pasitos de Mamoru se oían cerca ya, por lo que Nowaki y Hiroki se controlaron para no mandar a la mierda a la mujer que los miraba como si fueran una blasfemia.

- No somos descarados… Lamentamos haber importunado a la señora… Mamoru, ven, vamos a bus

- ¿Y encima están a cargo de un niño? Son unos descarados… – el rubio frunció el ceño y dirigió sus ojitos azules a los de color miel de la mujer, y le habló empleando el tono de un adulto.

- No están a cargo de mí… SON RESPONSABLES DE MI FELICIDAD… ¿usted sabe lo que es eso? Hiro-chan, Nowa-chan… Vamos…

- ¿No le

- Le aconsejo que no abra la boca… - Hiroki, como el mayor, tomó la palabra – Lamento si no es tolerante, y aunque me importa poco su opinión, no voy a permitir que le hable mal a nuestro hijo… Así que adiós, y ojalá pueda disfrutar la belleza de este día… Ven, vamos, los Kirishima deben estar esperando esos ricos caramelos – la mujer abrió los ojos como platos cuando oyó el apellido.

Y se quedó en su mismo lugar, viéndolos acercarse cada vez más al edificio, Mamoru cargado en los hombros de Nowaki y Hiroki aferrado al brazo de este… Caminaban riendo hacia el lugar donde, estaba segura, Hiyori estaría expuesta continuamente a semejantes muestras de afecto entre hombres… Y a la mala influencia de ese mocoso impertinente…

Esa situación le confirmó que andaba en el camino correcto…

OwO

La vaca mugía… el toro bramaba… El gallo del mal seguía cantando y… Yokozawa seguía quieto, tragando saliva, intentando no alzar la vista de más o siquiera demostrar que estaba respirando.

Cuando ya pensaba que lo mejor sería abrir un hueco en la parcela de al lado y enterrarse voluntariamente, su padre les dio la espalda… Haciéndolos palidecer.

- ¿Có…cómo pudiste…?

- Papá yo…

- Todos estos años… - la voz dulce de la mujer les llegó desde la casa, contenida, y medio congestionada. Hiyori quería hablar, pero recordó lo que niichan había pedido y se mordió el labio inferior, sollozando.

- Sé que es un shock, pero… pero… ¡Pero nunca antes había estado tan seguro de ser lo que soy! – Kirishima abrió los ojos por completo.

- ¿Y el tal Masamune? – la voz sonó fría, casi cruel. Yokozawa se mantuvo impávido pero Zen bajó la mirada. Con que ellos sí habían sabido sobre ese sentimiento trunco…

- Masamune fue mi mejor amigo y una obsesión tonta… Este hombre y su niña son mi presente…

- ¿Qué te hace pensar que eres correspondido? – la mujer sollozó. Y Kirishima alzó la vista, esta vez completamente indignado. Abrió la boca, pero… No iba a desobedecer a su osito.

- Las pantuflas que aparecieron de la noche a la mañana a la entrada de su hogar… Sabes muy bien… que ese gesto, para nosotros… es trascendental, mamá… - oyeron un gimoteo fuerte. Y luego vieron al hombre voltear, con el rostro rojo.

Lo vieron acercarse a Yokozawa alzando una mano y Zen, por instinto, abrazó a Hiyori, para ocultarle la escena.

Pero…

El golpe nunca se oyó.

- ¡IMBÉCIL! ¡TANTOS AÑOS GUARDÁNDOTELO PARA TI! ¿Tan poco confías en tus padres…? – cuando los rubios volvieron a mirar, vieron a padre e hijo abrazándose. El hombre lloraba como si acabara de recuperar a su hijo, pero no lograban ver el rostro de Takafumi.

- Siempre ha sido así… Y en parte es mi culpa… Mientras su padre cuidaba de esta propiedad yo tenía que trabajar en la ciudad, o viceversa… ¿Cómo te llamas, hermosa…? – la madre de Yokozawa estaba ya cerca a ellos y se puso de cuclillas delante de Hiyo, quien no pudo evitar sollozar cuando la atrajo a su cuerpo para abrazarla como si se tratara de su propia nieta.

- Hi… Hiyori… Kirishima Hiyori… Yokozawa-sama…

- Nada de Yokozawa-sama… Dime obaasan… - Zen se puso a llorar en cuanto la oyó. Y la mujer se incorporó, sin soltar a la niña y lo abrazó.

- Cálmate… Por la niña, cálmate… - él asintió y les sonrió.

- Gracias…

- Bueno… Debo decir que aunque torcido, tienes buen gusto… Es un hombre apuesto, y con una estructura ósea digna de cualquier toro… ¿Supongo que él… es… el…?

Semejante pregunta elaborada por su suegro hizo enrojecer a Kirishima, pero no tanto como el rojo adquirido por la carita ahora indignada de su novio.

- ¡PAPÁ!

- Ah, si te pones de esa manera es porque en verdad eres el que recibe…

- ¡SILENCIO!

- Pero es lo más natural del mundo, es obvio, se nota a leguas que es él quien te pone…

- ¡MAMÁ!

- …las máximas comodidades en el día a día… Amor, ¿en qué rayos pensabas? – su madre lo abrazó, riendo con burla, al igual que su padre. Kirishima, aún sin comprender muy bien cómo demonios habían pasado de una situación traumatizante a una en la que sus suegros le hacían bullying psicológico a su novio (en lo que él mismo era experto), sólo se limitó a reír, abrazando a su hija… y tentando un poco a su suerte.

- Debo decir, sin embargo, que Takafumi también me pone feliz en muchos sentidos… Es experto en alegrarme los días, las tardes y sobretodo las noches…

Yokozawa por poco y se desmaya. ¡MALDITA SEA, ESTABA LA NIÑA PRESENTE! Pero a Dios gracias, o Hiyo siempre lo defendería, o era tan inocente que no había captado la bestialidad de su padre.

- Eso es cierto… Papá y niichan aunque regresen tarde del trabajo suelen cocinar conmigo… O vemos tele… O leemos algo… Ah, y Sora-chan siempre quiere que seamos él o yo quien lo peinemos, porque papá le hace doler… Es un poco torpe con sus manos, pero cada vez que niichan y él se toman de ellas o me cogen, suelen ponerse calentitas…

Los padres de Yokozawa la miraron con dulzura. El hombre se acercó a ella e imitando a su esposa, bajó a su nivel, sonriéndole.

- ¿Niichan no es muy renegón…?

- ¡Oh, no, ojiisan! Niichan es muy tierno… - Kirishima no dejaba de sonreír – Bueno, suele renegar con papá, ¡pero es porque él es muy odioso! – lo reprendió, haciéndolos reír, incluso a Takafumi.

- Ya veo… Pues, ¿qué te puedo decir? Niichan a veces se desespera por tonterías, pero cuando está convencido de algo que de veras le importa es capaz de darme la contra… Y esta vez, te lo juro, estoy completamente satisfecho de saber que al fin consiguió su par de pantuflas en el hogar Kirishima… ¿Entiendes qué significa eso…?

- No… - contestó con tierna confusión. Yokozawa se acercó a Zen y sin temor, recato o miedo, lo tomó de la mano, sin mirarlo. El mayor tuvo el impulso de sacar el celular para llamar a Marukawa y renunciar, para quedarse ahí para siempre.

- Significa que fue recibido como parte de la familia… Y eso basta y sobra para convencernos de aceptar a Zen-kun como hijo… - la mujer le sonrió dulcemente al mayor quien la miró confundido.

- ¿Có

- Pero bueno – el abuelo lo interrumpió y alzó en sus hombros a Hiyo – Vamos a la casa, es hora de comer, y obaasan cocinó un banquete que ya quiero disfrutar – los mayores se adelantaron, riendo con la pequeña, y los dejaron solos. Kirishima bajó la mirada al suelo, asustándolo.

- No le harán nada, lo juro, pero si quieres la traigo y nos vamos…

- ¿Cómo podría desear eso? Me… me da mucha vergüenza… - apretó los puños – No llevan ni una hora de conocernos y ya permiten a Hiyo llamarlos abuelos, la han tratado como si tuviera su sangre y me llamaron hijo… Mientras… mientras mi madre…

- Ven acá – lo abrazó. Y recibió contra su hombro sus sollozos – Cada persona es libre de decidir lo que desea para sí misma… Odio decir esto, pero ella solo está minando su relación con Hiyo, y fortaleciendo la nuestra… Sé que te duele, y a mí también… pero no podemos hacer nada…

- No la entiendo… Tu madre es un ángel, no puedo creer que algún día pensara que la mía lo era…

- Lo es… Sólo que es un ángel vengador… - intentó hacerlo reír – Yo la entiendo – el otro se separó para mirarlo y Yokozawa aprovechó para limpiar su rostro – Te ama… Piensa que te mereces todo, y quizás yo no entro en su ideal…

- ¿Cómo puedes no hacerlo…?

- …pero eso no me importa… Si no basta ser como he sido, mejoraré aún más… No es un sacrificio…

Zen lo miró a los ojos, y luego a los labios. Cuando Yokozawa era así de honesto, era inevitable no desear besarlo, y amarlo, demostrarle la emoción que despertaba en él el saberse amado por alguien tan completo. Acarició su mentón con delicadeza y luego su carita, antes de darle un dulce beso en la mejilla…

- ¡Oigan, eso no es un beso! - …que fue interrumpido por el grito de tres vocecitas que pertenecían a las tres personas que los espiaban desde la ventana de la que suponía Kirishima era la sala.

- Debe ser con intercambio bucal completo…

- ¡PAPÁ, ESTÁ HIYORI PRESENTE!

- ¡NIICHAN, TE RECUERDO QUE LA OTRA VEZ PAPÁ TE BESÓ ASÍ DELANTE DE MÍ!

- Ella tiene razón…

- ¡P…pe…

- Yokozawa Takafumi… - lo miró a los ojos – Sé una buena madre y atiende el pedido de tu hija… - los aplausos que siguieron agitaron a las gallinas.

OwO

Hiyo no podía dejar de comer. Ahora entendía de dónde niichan había heredado su talento para la cocina. Yokozawa-obaasan era una experta en la cocina, y esa mezcla de bocadillos citadinos y rurales era en verdad un banquete celestial.

- …y eso es todo. La verdad... me siento terrible al contarlo…

- No hay motivo alguno para que te sientas así. No es tu culpa, y como bien debe habértelo dado a entender el comportamiento de nuestro hijo, él sabe perfectamente bien que esta relación es seria, y por ende no debe existir el más mínimo atisbo de duda, o flaqueo en ambos. A veces los padres somos muy complicados e influimos negativamente en las decisiones de nuestros hijos – observó sonriendo a su esposa servirle más trocitos de carne asada a la niña – Pero aunque no lo creas, es por amor. Tu mamá debe haber sido criada en un ambiente cargado de prejuicios, eso también se aprende… No es su culpa.

- Lo sé… Pero, de ahí a ofender… Tuve mucho miedo a que espantara a Takafumi con sus comentarios estúpidos...

- Eso jamás sucederá… Cuando él elige algo que en verdad le gusta y apasiona – el aludido se sonrojó completamente y empezó a comer rápido -, no lo suelta por nada en el mundo…

- Eso me tranquiliza, Yoko

- Okaasan… Y a él otousan. Eres nuestro hijo, creo que quedó muy claro…

- Sí, mucho… - sonrió con timidez. Yokozawa volvió a enamorarse al verlo tan tierno.

- Y bueno… ¿Se quedarán a dormir con nosotros?

- Mamá, mañana es lunes y

- Podemos hablar con Henmi… Y yo dejarle encargado todo a Chizuku… Después de todo recién salimos del fin de ciclo, y tú estás convaleciente, Takafumi… - por más que el otro había hecho señas para que no hablase, acababan de delatarlo.

- ¿Cómo es eso de convaleciente? – el hombre dejó caer su tenedor - ¿Qué te pasó?

- ¿Te atropellaron?

- ¿Comiste algo malo?

- ¿Te excediste haciendo el

- ¡MAMÁ!

OwO

Entró en la habitación… aún sumido en sus pensamientos…

Okaasan lo había llamado por su nombre… En la entrada, los esperaban dos pares de pantuflas, además de la de Takafumi, de la talla precisa para sus pies… No habían mostrado el más mínimo asombro cuando mencionaron lo del fin de ciclo… Y, lo más importante… ¿por qué aún tenía esa extraña sensación de que ellos ya sabían sobre su relación… y del motivo por el que estaban ahí…?

- ¿Se durmió? – Yokozawa salió del baño privado, secándose el cabello. Kirishima le sonrió…

- Sí, amor… - y lo sonrojó – Quedó como un angelito, abrazando a su nuevo Teddy… Dijo que era como abrazar a su niichan – rieron.

- Ese juguete fue el único que no me llevé cuando regresé a la Capital… Me alegra que no lo botaran, ahora su nueva dueña lo cuidará mejor que yo – se metieron bajo las cobijas – ¿Ves? No había razón para estar tenso en la mañana…

- Si me hubieras dicho que eran tan lindos no me habría puesto así…

- Ni yo los sabía tan open mind, créeme… Pero sí jodidos como tú… - le dio la espalda – Empiezo a arrepentirme de haberlos presentado…

- Jajaja… ¿Por qué…? – lo acarició suavemente en la cintura, estremeciéndolo.

- Po… po…

- ¿Hum…? – besó su cuello casi lamiéndolo, arrancándole suspiros.

- Aaahhh… Kirishima, estamos en casa de mis padres…

- ¿Y? Tu papá me dejó una caja de condones…

- ¿Qué? – volteó aterrado. Y sí, en efecto, pese a la oscuridad podía ver claramente una pequeña cajita que casi brillaba en neón su contenido – Yo debo ser adoptado…

- ¡Jajaja! Lo dudo… Eres una hermosa fusión de ambos – lo besó suavemente, para ir aumentando la intensidad mientras acariciaba su cuerpo por encima de la ropa de dormir – Mmm… te haré dormir en yucata todas las noches…

- No te atrevas… - lo sintió meter la mano por debajo del dobladillo – Ahhh, Zen… no…

- ¿Estás seguro…? En la mañana me sedujiste vilmente… entenderás que tengo ganas de hacerte el amor…

- Es que… - jadeó cuando empezó a acariciar su miembro. Y buscó su boca por voluntad propia, por lo que el otro lo terminó de cubrir con su cuerpo, desatando ambas yucatas hasta quedar completamente expuestos, rozándose entre sí – Haaa…

- Shhh… No será salvaje como siempre… Quiero que sea suavecito… como una travesura de niños… - rieron.

- …ya estás grande… para travesuras… haaa… - separó más las piernas para dejarlo explorar con libertad.

- Muy grande… como esto de aquí… - empezó a masturbarlo. Yokozawa empezó a gemir, por lo que tuvo que besarlo para silenciarlo. Luego de un rato de tocamientos, el orgasmo llegó, haciendo que el menor se corriese contra su mano.

Pero ya iniciada la sesión amatoria, no les importó el lugar ni nada…

Kirishima volvió a besarlo, distribuyendo sus labios alrededor de todo su cuello, alcanzando sus pezones y provocándolo con el choque continuo de sus miembros. Yokozawa le mordió la piel del hombro, y el cuello, jadeando al sentirlo tan cerca de su entrada, ya completamente duro, preparándose para llevarlo al clímax.

- Haaa… - se besaron, intentando no jadear en alto, pero era imposible.

- ¿Y si vamos al granero… o a la parcela…?

- ¿Quieres terminar cubierto de lodo…? – susurraban, intercambiando caricias.

- Sería demasiado erótico… y me haría poseerte de manera salvaje, mejor no…

- Idiota… ¿Y qué si yo quisiera eso…? – metió sus dedos entre las nalgas de su novio, haciéndolo gemir.

- Yokozawa Takafumi… no me provoques… - le separó las piernas, y sin penetrarlo, simuló embistes – Haaa…. Te sientes bien incluso por fuera – el otro mordió el cubrecama, alcanzando de nuevo el orgasmo con ese solo contacto.

- Dios… Zen… C…con… tu… tu boca… - suplicó, al límite.

- ¿Estás seguro…? Sueles gritar… - lo masturbó, haciendo que se retorciese de placer bajo su cuerpo. Yokozawa jadeó de manera prolongada.

- In…intent… Haaa… necesito tu…boca… ahí… - Kirishima alcanzó sus labios y los besó.

- ¿Te das cuenta de que eres un seductor de mayores…? Takafumi… como alguna vez te vea mirando de esta manera a otro hombre, te haré el amor en su delante….

- Haaa… ¿Cuándo he coqueteado…?

- Mas vale prevenir… - se escondió bajo las cobijas para luego empezar a aplicarle el oral. Yokozawa no dejaba de gemir, aunque había mordido el cubrecama, Zen podía oírlo perfectamente bien. Pronto, las succiones lograron su cometido, y el pobre osito quedó sin fuerzas, con el cuerpo completamente relajado – Verte así es tan erótico…

- Yo… - ni siquiera podía hablar – Ven… - el otro lo cubrió dulcemente y le sonrió, para luego volver a besarlo. Para cuando Yokozawa se dio cuenta, ya estaban fusionados… con Zen llenando su interior completamente.

- …eres tan lindo…

- …no lo digas… - ladeó el rostro, pero fue obligado a mirarlo con un beso.

- Takafumi… Te amo…

- Yo… también… - sonrió y luego gimió de manera tierna cuando empezó a moverse – Z…en…

- Shhh… No puedo moverme mucho… no quiero romper la cama – rieron – Amor… no me dejes nunca, por favor… - se echó totalmente sobre él.

Y Yokozawa, en medio de las descargas de placer generadas por el cuerpo amado, le juró en su mente que siempre estarían así… juntos y unidos….