Lamento si hay horrores ortográficos, pero no puedo hacer una revisión adecuada, gomen... Prometo leerlo con calma y editarlo mucho más luego...

Debo confesarles que me duele muchísimo estar dando vida de esta manera a la madre de Kirishima, pero espero que luego las cosas mejoren...

Este capi va dedicado a mis amadas Ootori Hika-chan y kato kato, sin quienes no habría logrado recalcular la diferencia de edades entre nuestro osito y su miel (antes eran 4, pero ahora son seis y están mencionados con un *), ni podría estar a punto de incluir un personaje nuevo nuevito de la novela XD

Bueno... Espero que no me maten...

Quizás el siguiente tarde, paciencia, please!

Los recompensaré con un capi más largo, lo prometo!

Ah, y una pequeña encuesta, jajaja... Este fic creo que es el más largo que he escrito. Ya me acerco a las 100 páginas de word... así que... Creen que podría convertirlo en una novela basada en la historia de las sensei? Ya tengo una original BL, pero...

A ver qué opinan, así cuando sea una escritora famosa se las envío gratis n.n

Los quello!


Risas

El primer pensamiento que le vino a la mente a Yokozawa al despertar… fue que, en verdad, era adoptado… Definitivamente, aunque hasta un miope se habría dado cuenta de que era el vivo retrato de su padre. Pero, es que, el nivel de fundashismo y fujoshismo de sus padres… era alarmante…

¿Qué por qué creía y decía eso…?

*suspiro*

Habría que remontarnos un poquito a ese último escenario… el de la noche anterior… donde Kirishima se la metió hasta el fondo y le arrancó tal gemido que Hiyori, asustada, corrió hacia la afortunadamente bien cerrada puerta de la habitación… y empezó a tocarla con el susto reflejado en sus hermosas e inocentes facciones… mientras el pobre Yokozawa…

- ¡Niichan! ¿Estás bien? Abran… ¡quiero ayudar!

- Mierda… - Kirishima había renegado por lo bajo, colocando una mano contra la boca de su amor, que estaba tan excitado, metido por completo en el multiorgasmo generado, que se retorcía, sudando, jadeando y pidiendo más con sus caderas enloquecidas – S…sí, mi amor, estamos bien… muuuahhhhy bien, ¡jajaja…! No te muevas o te violo, Takafumi… - lo reprendió, pero se excitó más al verlo tan… tan…

- ¿Seguro? Suenas como si no pudieras respirar… Iré por abuelita, ella sabrá qué

- ¿Qué ocurre preciosa? – la situación había empeorado cuando Yokozawa eligió ese preciso momento para mover como nunca las caderas, al correrse por tercera vez en menos de cinco minutos, llevándolo a él también al orgasmo.

- Papá y niichan creo que se sienten mal y no me quieren abrir… Mi papá acaba de jadear como si le doliera algo, y niichan gritó como si algo muy impactante le hubiera pasado… – oyeron perfectamente la risa divertida de la mujer, seguida por una carcajada de parte del abuelo. Desearon que se los tragase la tierra.

- Nah, corazón, no están mal… Me atrevería a decir que niichan se la está pasando en grande… - Yokozawa se puso aún más rojo, por la excitación, por las palabras de su padre, y por estar aguantando la respiración – Le encanta comer yogurt bien entrada la noche…

- No lo he visto hacer eso en nuestra casa…

- Es que suele comerlo echado en la cama… viendo cosas interesantes…

- Y en cuanto a Zen-kun, me atrevería a decir que intentó quitarle la botellita para poder comer un poco también, y probablemente se ganó una mordida, un empujón, o un golpe muy fuerte… Mi hijo puede llegar a ser muy intenso cuando le quieren quitar lo que le vuelve loco… - el pobre Zen ocultó el rostro tras el cuello de Takafumi, mientras que el pobre se cubría la cara casi con el colchón – Ah, esos dos… Deben estarse comiendo el yogurt mutuamente, quizás tomaron dos botellitas pequeñas de diferente sabor… Las preparamos hoy, mañana te daré una botella extra grande para que la lleves a casa, y una de leche para Sora-chan…

- ¡Sí! – la voz alegre de la niña no logró tranquilizar a sus avergonzados padres.

- Jajaja, excelente. Ahora vamos a tu cuarto, te acompañaré hasta que te quedes dormida…

- Sí, abuelita… Hasta mañana, papi, niichan… No coman hasta tan tarde…

- …no… Hast…a… maña…na… - hicieron el esfuerzo sobrehumano de responder sin dejar fluir sus jadeos y gemidos.

- Vayan, ya las alcanzo – oyeron cómo el hombre se acercaba a la puerta – Segundo cajón a la izquierda, Zen-kun… Con un lubricante dolerá menos…

Luego de recordar ese penoso incidente… amó más a Zen. Contrario a todo lo que podría haber imaginado luego de semejante propuesta de su padre, le había sonreído, igual de avergonzado que él, y tras terminar de manera dulce, lo había aseado y arropado con una ternura inmensa.

- Supongo que a veces puede ser racional…

Suspiró, y se echó de lado, sonriendo con timidez. Recordar esos momentos de intimidad le eran vergonzosos, pero también lo suficientemente saludables como para hacerle recordar que era amado por, y amaba a una persona maravillosa. A un hombre precioso que le había dado amor desde el primer instante, a alguien que con su calidez…

…un momento…

Hablando de calidez… ¿y Zen?

- Y… ¿y si se fue por lo de anoche…? – palideció. Se puso de pie y empezó a vestirse, asustado. Si el comportamiento de sus padres lo alejaba de él… iba a morirse.

OwO

- Buenos días, niichan – Hiyo le sonrió, desde la mesa del comedor, comiendo unas galletitas que a todas luces estaban deliciosas.

- Buenos días… ¿Dormiste bien? – besó su frente.

- Sí, aunque quedé muy preocupada por ti, ¿papá se comió todo tu yogurt? – el pobre se puso rojo, pero intentó no verse demasiado sospechoso.

- No… no, yo… Yo le invité sólo un poquito…

- La puntita… de la cuchara, ¿cierto, hijo? – Yokozawa-san padre entró, sonriendo divertido al recibir la mirada asesina del osito – Jajaja, ¿dormiste bien?

- Sí, papá… pero… creo que… Kirishima-san no… - no pudo evitar ponerse triste. Su padre acarició su rostro y Hiyo habló dulcemente.

- Papi se levantó temprano… hace como dos horas, para hacerte el desayuno… - Takafumi se asombró.

- Hem… dirás que intentó y no estamos carbonizados de milagro…

- ¡Niichan…! - rió divertida.

- No seas malo… Aprendió en menos de cinco segundos cómo pelar bien las patatas, las zanahorias y todo lo que sea necesario comer sin cascarita. Y luego pidió a tu madre que le enseñara a hornear galletas con chocochips… para ti – lo sonrojó la mirada tierna de su padre. Con sigilo, caminó hacia la puerta de la cocina y los vio. Su madre dándole indicaciones y él concentrado en seguir todos los pasos requeridos, con algo de harina en la nariz… E irónicamente con un delantal rojo de lunares blancos bien atado a su cintura varonil.

- Abuelito, ¿puedo salir a ver a las gallinas? – Hiyo entendió que lo mejor era dejar a los adultos solos. Por respuesta, el hombre le sonrió, y llamó a su esposa. La mujer salió al comedor y al ver a Takafumi le acarició el rostro, y salió en silencio con la niña.

- ¿Sabes algo? Puedo haberte hecho pasar un mal rato anoche, y te pido perdón… Pero, si se hubiera tratado de otro hombre, el tal Masamune, por ejemplo, lo habría sacado a patadas, ni siquiera le habría permitido tomarte de las manos…

- Nunca te cayó bien Masamune, ¿cierto?

- Cierto. Porque aunque tus ojos parecían dos faroles al mirarlo, su mirada nunca mostraba lo mismo – Yokozawa bajó la mirada. Era triste saber que hasta sus padres lo habían notado – Abusó de tus sentimientos aunque quizás no lo haya querido hacer… Por eso no me gusta que sea ni siquiera tu amigo…

- Recuperó a su amor – el mayor se sorprendió – Lo recuperó, creo, el mismo día que yo encontré el mío…

- Pero te rompió el corazón… Lo sé. Estoy seguro de eso por la manera en que Zen-kun frunció el entrecejo en la mañana cuando le pregunté por él – Yokozawa bajó la mirada… Y una vez más la sensación de tiempo perdido inútilmente se le vino a la cabeza.

- …sí, lo hizo, pero este hombre se encargó de restaurarlo…

- Lo sé… Te ama… Te adora… - susurraba.

- Yo quisiera… dejar de ser como soy… para ser lo que Zen merece…

- Si no lo fueras, no te habría elegido…

- Lo sé, pero… Tengo miedo…

- ¿A qué?

- A que un buen día termine… Que se acabe este sueño…

- ¿Y crees que él no? El amor de tu vida, por ser el que te quebró el alma, será siempre ese tipo arrogante… Y el suyo la madre de su hija – le alzó el mentón. El azul de ambas miradas se fundió como si se tratara de un río desembocando en el mar… aguas transparentes llenas de vida y esperanza – Pero… tu amor verdadero es él… y el suyo tú… Míralo – Takafumi volteó nuevamente – Es el hombre que mueve todo Japun, ya lo investigué… Y sin él, Ijuuin-sensei no crearía maravillas… Un hombre de éxito como él podría tener no solo una pareja… Podría tener mil y delegarle el cuidado de su hija a su familia o a una niñera… Pero ahí lo tienes, con la nariz manchada de harina y las manos embarradas en clara de huevo y mantequilla… por ti. Estoy seguro que el último pensamiento cada noche… es el infinito agradecimiento a su mujer por haberle regalado ese angelito… Y a Kamisama por haberte enviado a sus vidas – los ojos que ahora no dejaban de observar al rubio se llenaron de lágrimas – Ya ha perdido a un amor, hijo. Cuídate para él, no te expongas a peligros… Si te es difícil dejar de ser el Oso de Marukawa para que los de las imprentas, los editores y los mismos autores sean eficientes, no lo hagas… Pero sé el oso amante de la miel que ese hombre te ofrece…

El oso amante de la miel… El oso que bramaba cuando le robaba besos a diestra y siniestra, amenazando con mostrar fotos que ni existían… La miel que se derramó ese día en que estúpidamente lo quiso alejar, hablando de manera arrogante y desagradecida…

Sí… Él lo era… Sí que lo era…

Era el oso que amaba la miel más hermosa de Marukawa Shoten…

- Nunca en toda mi vida, habría podido imaginar siquiera que podrías haber encontrado a alguien que te amara tanto como él… - la voz quebrada de su padre lo hizo voltear. Y ahí estaba, ese hombre de prefectura rural, tosco físicamente, pero con el alma tan clara como la de ambos… Llorando de felicidad.

- Pues… si te consuela en algo, papá… yo tampoco creí ver a un hombre tan enamorado… de mi… Ni a mí mismo de esta manera tan vergonzosa… – su padre le sonrió – Es un bastardo… El muy hijo de… me sedujo…

- Jajaja, en verdad te mueres por él, y apostaría que eso no es su culpa, Takafumi… ¡Deja de ser tan terco, demonios! Sé cariñoso y apasionado con él en la intimidad – lo sonrojó – Y cuando estén aquí, ¡muéstrate dulce! Hiyo es una niña que si crece asumiendo ciertas cosas como naturales, no tendrá prejuicios cuando sea grande, y aún si los tuviese… ¿crees que verlos amarse de manera tan dulce la va a traumar? No. Te ama. Se lo ha dicho a tu madre: eres la mamá que siempre soñó tener cuando perdió a Sakura-san… y le vale muy poco que seas hombre porque está enamorada de tu corazón y tu alma… No me decepciones, Takafumi. Ni siquiera pienses en irte…

Kirishima se había quedado solo en la cocina y se sintió repentinamente de nuevo muy torpe. Pero recordó que estaba ahí para hornear unas galletitas para Takafumi, y logró relajarse. Era como su primer día de escuela, estaba tocado de nervios, y al mismo tiempo, como la prueba final que decidiría un aprobado… Quería que las galletitas fuesen tan deliciosas que su amor terminara de convencerse de que lo amaba por encima de todo…

Empezaba ya a agregar los últimos ingredientes, imaginando qué cara pondría si le daba a alguna una forma un tanto pervertida, cuando alguien le limpió la nariz. Dio un respingo y luego se asombró.

- Pero… no te vi entrar…

- Hay otra puerta, ¿ves? – señaló a su espalda.

- Ah… Oh, se suponía que era una sorpresa… - bajó la carita. Pero la alzó al sentir cómo se acurrucaba, rojo como un tomate, contra su pecho. En ese momento pensó que estaba enfermo, pero frenó el impulso de llevárselo en brazos al hospital cuando empezó a hablarle.

- Es la más linda que me has podido regalar hasta ahora… y la más valiosa de toda mi vida, junto con nuestra familia…

- Pero… no están terminadas…

- Eso no importa… Está quedando muy bien… - fijó sus ojos azules en el recipiente donde la masa empezaba a elevarse.

- ¿De verdad te gusta…? – lo miró con ilusión… y devoción. Takafumi se veía en verdad hermoso con esa dulce expresión en su carita.

- Mucho… El que hayas pedido aprender a cocinar, por mí, me halaga mucho… aunque, preferiría seguir ocupándome de ti…

- Lo sé… Pero quiero dejar de ser un estorbo para ti. Así – lo abrazó por la espalda y besó su cuello – ya no tendrás que cocinar cuando llegues después que yo…

- Y habrá más tiempo para tus perversidades, ¿no? – los otros los miraban divertidos desde el establo, a través de la ventana. A Hiyo le brincaba el corazón al ver a su papá tan feliz.

- Mira que no lo había pensado…

- Claro, y yo suelo vestir de rosado y me transformo en marinerita…

- Jajaja… Sabes, esa es una excelente idea para un cosplay erótico…

- Idiota… - lo hizo voltear.

- Takafumi… me quiero casar aquí contigo… - se sonrojaron. Y sonrieron.

- Yo también… Pero quiero que tu familia esté presente, así que… Demos todo de nosotros, ¿sí? – se tomaron de las manos.

- Sabes muy bien que pueden pasar años hasta que ella y él entiendan…

- ¿Y? ¿Acaso no estaremos juntos hasta que Kamisama decida destruir nuestras almas…? – Kirishima le acarició la mejilla derecha, a punto de llorar, y asintió, sellando el pacto con un beso.

OwO

- ¡Ah! ¡MAMORU-KUN! – Hiyo corrió hacia el niño que estaba sentado entre los dos adultos con la carita apoyada en sus dos manos, triste. Pero en cuanto la oyó, pareció revivir, y corrió a darle el alcance, riendo.

- ¿No me digan que vinieron ayer también…? – Kirishima se preocupó.

- Sí… Lamentamos la insistencia, pero Mamoru quería verlos… - Hiroki lucía incómodo.

- Pero… - Yokozawa se tambaleó ante el abrazo comunal de los dos niños – nos hubieran llamado…

- Lo sé… Lo íbamos a hacer ayer en la tarde, pero cuando llegamos aquí… pues… - Hiroki definitivamente tenía algo, y a Kirishima por alguna razón la cólera empezó a hervirle en las venas.

- ¡Una mujer muy guapa pero mala le quitó a Nowa-chan tu tarjeta, niichan! – Mamoru empezó a llorar – No es justo… Yo no había copiado tus datos aún en mi libretita…

- Fue un poco… bastante… humillante… Por eso decidimos esperar aquí. Nos prohibieron el ingreso al edificio… - Nowaki no hablaba, pero se estrujaba las manos con rabia contenida, aún sentado en el mismo lugar.

- Permítanme un instante… - sin mirar a nadie, Kirishima caminó hacia el complejo departamental hecho una furia. Yokozawa también se imaginaba el escenario y se sintió completamente inútil sólo abrazando a la criatura, mientras Hiyo miraba el piso intentando no contagiarse.

En menos de cinco minutos el rubio estuvo de vuelta, con el rostro completamente rojo pero por algo muy diferente al inmenso amor que le tenía a su pareja.

- Yo… ¡LO SIENTO! – esta vez Nowaki alzó la mirada, aterrado ante la visión de ese padre de familia con poder adquisitivo superior al suyo, de rodillas ante él, con la frente apoyada en el piso – Lo siento… No… no…

- Dejémoslo pasar… - le habló dulcemente, y susurrando – Ni Hiyo ni Mamoru deben verlo así… Yo… estaba en verdad decepcionado de ustedes… pero… Ya veo que fui un estúpido… - sus ojos azules le sonrieron, pero él sólo lloraba.

- Zen-chichi… - se dejó caer de trasero para sentar a Mamoru en su regazo, apoyando el rostro en su cuerpecito.

- Vamos a la casa…

- No, no quere

- Hiroki-san… Esta es la casa de Mamoru y de todos los niños tanto como lo es de Hiyo, Takafumi, Sorata y yo. Quien se joda con eso puede irse a la reverenda mierda…

- ¡ZEN!

- Ay, gomen… - todos rieron por su ocurrencia.

OwO

- No te creo… no puede haberlas hecho Zen-chichi… Están muy ricas…

- Y es así como Mamoru termina de destruir mi corazón… ¿Tan mal cocino? – Hiyo y el pequeño lo besaron en ambas mejillas.

- Para que veas. Te tardaste casi cuarenta años en aprender a cocinar…

- ¿Cuarenta? ¡Mocoso atrevido, sólo te llevo seis* años y no tienes precisamente quince!

- ¡JAJAJA! – los tres rieron.

- No la entiendo… Se les ve tan bien juntos… Y a diferencia nuestra no son egoístas para nada… - Hiroki le susurró. Ambos estaban sentados en la Sala, sin tocarse, observando cómo los Kirishima interactuaban entre sí y con los niños.

- Lo son en menor medida porque tienen circunstancias diferentes, Hiro-san… Pero eso no los define como mejores que nosotros…

- Lo sé… De veras… creí…

- ¿Que se habían arrepentido…? Yo también. Pero dudo que eso suceda… ¿Notaste algo?

- ¿Qué?

- "Zen-chichi…" ya no "Kiri-chichi…" Creo… que deberíamos hablar con

- Lamento el escándalo… pero… ¿De verdad cocino tan mal? – casi lloró, haciéndolos reír. Pero luego se sentó en el sillón que daba directamente a la puerta y enterneció sus facciones al verlos interactuar – Hay algo que quiero pedirles…

OwO

Y el siguiente día llegó. Se les había hecho tan tarde que los Kusama y Mamoru dormían en el cuarto de Yokozawa mientras él compartía dulcemente la cama con su amor. No se habían amado por la presencia de la visita, pero los susurros subidos de tono y los sonrojos del menor habían acompañado su sueño. El incidente que había casi ensombrecido su maravilloso retorno prefirieron tácitamente no tratarlo, así que…

- ¿Tenemos que ir hoy…? – se acurrucó en su pecho.

- Sí, Mr. Japun… Tenemos que y vamos a ir, levántate…

- No… se siente rico estar así…

- Jajaja… Lo sé… pero debemos ir…

- Déjame meterte la puntita y me levanto… - lo cubrió en un abrir y cerrar de ojos – Lo prometo…

- ¡Idiota! – lo empujó – Compórtate o te dejaré en abstinencia…

- Awww, eres tan malo conmigo… - lo besó dulcemente, sorprendiéndolo.

- Sé un buen padre… Y en la noche… quizás… - le estaba costando demasiado hacer lo que su padre le había pedido, pero, rojo como un tomate, se separó, envolvió su cuerpo en la sábana y, lanzándole una mirada por encima del hombro, se metió al baño, mostrándole la mitad de su desnudez. A Kirishima se le produjo una erección instantánea, y ya iba a meterse al baño para tomarlo, cuando la puerta fue tocada insistentemente por Mamoru.

- Snif… Ya voy, pequeño…

OwO

Llegaron a Marukawa, y aunque ninguno habló, tenían el mismo pensamiento…

Trabajaban en la misma editorial, y pese a que lo hacían en Departamentos diferentes, el poder llamar al otro para almorzar, acompañarse a casa… visitarlo en los descansos, o juguetear por el teléfono, fortalecía de alguna manera su relación…

Cuando ocurrió el problema con Japun, Kirishima pudo protegerlo… así como era usual que Yokozawa se las ingeniara para favorecer levemente a Japun con los plazos…

Estar cerca el uno del otro, había favorecido al encuentro de sus dos existencias…

Pero…

- Que tenga un buen día, Kirishima-san…

- Lo mismo para ti, Yokozawa. Gracias por acompañarme…

En Marukawa… eran dos entes conocidos mutuamente sin ninguna relación más que la profesional… Dos máscaras de lo que en realidad pasaba en su habitación.

Y Henmi lo notaba… lo sabía. Sabía muy bien que cada mañana, Yokozawa no llegaba con la vejiga reventando… ni era alérgico al ambientador en spray que irritaba sus ojos… Pero aunque ya sabía su secreto, estaba convencido de que nunca le diría que odiaba no poder besarlo antes de trabajar…

E Ijuuin también lo intuía… No era experto en Manga Shoujo, pero sabía muy bien que Kirishima estaba enamorado, pero no de su billetera… Amaba a la persona que se la había regalado, la misma que solía lucir siempre muchas cosas a juego con él… Especialmente esa hermosa alianza…

Pero probablemente quien más podía entenderlos… era el hombre que acababa de ingresar sin ser visto a Japun… Un hombre alto de ojos gatunos y anteojos de carey oscuro. Un hombre que… El hombre a quien odiaba más Kirishima.

- Estoy aquí – alzó la vista. Y Takano se sorprendió al ver esa inmensidad miel llena de tristeza.

- Ishi… encárgate de todo, me demoraré un par de horas… Vamos... – lo precedió, y ya iban a salir, cuando dos personas los interceptaron.

En Ventas, Henmi contestó el teléfono, y estuvo a un paso de desmayarse al oír lo que Chizuku le decía… Dejó caer el auricular, y corrió hacia los servicios, desesperado. Y lo encontró… Y escupió la información que a Yokozawa le pareció una bomba nuclear. Como si se tratara de una película en cámara lenta corrió por las escaleras hasta alcanzar el piso, y desde ahí intentó teletransportarse hasta Japun… Hasta él…

- Buenos días, Kirishima-san… Estoy aquí a petición de Kirishima Akane… para atender el caso de tenencia de Kirishima Hiyori… - Yokozawa lo había oído todo, y avanzaba a ellos como en medio de una bruma.

- ¿Qué significa esto, mamá…? – Kirishima lloraba, pero Takano miraba a la mujer con los ojos desorbitados.

- Creemos que su comportamiento impropio frente a la niña, especialmente el de sus amistades, podría afectar su integridad mental y moral… De modo que… - le entregó un sobre con un sello que ni siquiera miró. Yokozawa alcanzó a sostenerlo en el minuto previo a su desestabilización. La madre de Kirishima lo miró casi con asco, pero a él le valió mierda.

- ¿Qué comportamiento? ¡Pruebas!

- No me haga mencionarlas, Yokozawa Takafumi… A no ser que desee que sus superiores se enteren del tipo de relación que ustedes mantienen…

- ¿Relación? – para empeorar la situación, Isaka-san y Asahina-san se acercaron. El ojivioleta los miró con una expresión de incredulidad genuina – Kirishima… Yokozawa… ¿qué ocurre?

- Isaka-san…

- ¿Quiere saberlo…? Son amantes… - se oyeron cuchicheos. Y la madre de Kirishima bufó, apartándose.

- ¿Có…

- Lo que oye. Estos hombres han estado

- ¡BASTA! – fue Takano quien gritó, asustando a todos – ¿Cómo… cómo fuiste capaz…?

- ¿De qué, Masamune…?

- ¿Conoces a esta mujer…? – Yokozawa le preguntó con un hilo de voz.

- Claro que sí… - extendió una tarjeta.

Y aunque Kirishima Zen odiaba a muerte a Takano por haber herido de muerte a su amado osito… en esos momentos deseó de todo corazón tirarse a sus pies para poder suplicar que intercediese por ambos…

- ¿Masamune…? – al leer la tarjeta, Yokozawa sintió que el suelo se hundía.

- Supongo que ya lo saben… Takano Chikako nunca falla un caso…

Las dos mujeres se fueron, en silencio. Dejando a dos hombres abrazados sumidos en la desesperanza y el miedo.


Obviamente no estoy segura de los nombres, pero... Según Google-sama son muy apropiados para ellas...