Una vez más les ofrezco un millón de disculpas, porque este capítulo no ha sido editado... y encontrarán por ende muchos errores... Por favor, me los hacen saber!

Este capítulo va dedicado a kato kato y Ootori Hika-chan, quienes me dan ideas gracias a sus propias historias, jajaja!

Y, principalmente a unas personitas muy especiales: Chiye-chan, quien me hace el honor de leerme pese a no ser su lengua materna; desam13noaynessie, quien espero reciba algunas respuestas con este capi...; hondakana, quien reconoce que el drama es necesario u.u; Andrea-chan, quien no comentó con usuario y por ende no pude responderle por inbox u.u; Yami-00, quien comparte conmigo el amor por los Mistake, jajaja; y a todo aquel que haya comentado en los capis anteriores, los quiero! 3

Bueno... la razón para publicar tan irresponablemente es porque quiero leer su opinión, así que dejen reviews, please! ...y porque estoy al final de mi Maestría y ya no tendré más tiempo durante la semana...

Bien, los dejo con este capi... espero les guste...

Y... pues... No sé si lo habrán notado, pero los nombres de los capis son totalmente lo contrario a lo que va a ocurrir...

Así que... estén atentos...


Amor

- ¿Estás completamente seguro de que tus padres no se molestarán contigo…?

- ¡Que no, pequeñito! Suelen dejarme recorrer la ciudad, recuerda que tengo catorce años y

- ¿Catorce… no dijiste doce? – Takafumi lo miró con recelo.

- …me descubriste… - suspiró con resignación – Lamento haberte mentido, pero… Estaba seguro de que si te decía mi edad tú ibas a rechazarme…

- ¡Jamás! Digo… – se sonrojó, arrancando una sonrisa dulce en el otro niño - …no después de haberme cuidado tanto… Gracias…

- Eso no se agradece… Quisiera que el día no acabara nunca, me divertí mucho estando contigo…

- Lo vuelvo a repetir… ¿Cómo es que esto sucedía entre las cuatro paredes de Marukawa y ustedes no me lo dijeron nunca…? ¡HABLEN! – Isaka lo sustrajo de sus preciados recuerdos independientes, con una voz de trueno. Pero Takano acudió en su ayuda…

- Cierto… Total, habría sonado muy normal el decir "Isaka-san, ya que me acuesto con el Jefe de Japun de la misma manera en que usted lo hace con su Secretario, ¿hacemos una orgía?"

- ¿CÓMO TE ATREVES, TAKANO, QUIERES QUE TE DESPIDA?

- ¡ME ATREVO PORQUE ES UN DOBLE MORALISTA! ¿CÓMO PUEDE REPROCHARLES SUS SENTIMIENTOS SI ESTÁ EN LAS MISMAS CONDICIONES?

- ¿QUÉ DIJISTE…?

- ¡SUFICIENTE! – la voz de Asahina los calló a todos, incluso los serenos sollozos de Kirishima, quien era acunado por Yokozawa – Ryuuichirou-sama, no creo que sea el mejor momento para preguntar, debemos actuar…

- Pero es que

- Takano-san tiene razón. Somos los que primero transgredimos el código de conducta al iniciar una relación… Y si ellos lo saben es porque lo intuyen, más que porque nosotros hayamos ido de cubículo en cubículo a contarlo… Si piensas despedir a alguno, el primero que se irá seré yo…

- Y yo – Takano habló con firmeza.

- ¡Nadie va a ser despedido, maldita sea! Sólo… sólo… ¡ARGGGG! – golpeó sus palmas en el escritorio – ¡ESAS MUJERES LO DIVULGARON, LLEGARÁ A OÍDOS DEL PRESIDENTE TARDE O TEMPRANO!

- Podremos justificarlo con – Asahina calló. Isaka había alzado la mano y ahora hablaba completamente serio.

- Por el bien de ustedes… principalmente… creo que uno debería trabajar desde casa… - se abrazaron aún más fuerte – Y aunque me duela decir esto, Kirishima es más útil en Japun de lo que Yokozawa lo es en Ventas. No puedo arriesgarme a que uno de los ataques de inseguridad de sensei eche a perder todo el proyecto…

- Yo… - Ijuuin bajó la mirada – Lo lamento, Zen, pero dudo que logre controlarme…

- Des… descuida…

- Entonces queda decidido… Yokozawa, trabajarás desde casa…

- ¡NO! – Henmi se rebeló - ¡NO, ES IMPOSIBLE… VENTAS NO FUNCIONA SIN ÉL!

- Henmi-san…

- ¡Asahina-san…! - el joven se aferró a la solapa de su traje – Yokozawa-san nos mueve a todos con su forma de ser… - al aludido el corazón se le estrujó aún más – Además, nunca han hecho algo indebido, lo juro… ¡LO DIRÉ DONDE SEA NECESARIO!

- Cálmate… Cálmate, Henmi… Si no hacemos esto, el Presidente es capaz de despedirlos y los accionistas pedirán algún tipo de compensación por la transgresión del código de conducta…

- Asahina tiene razón. Sólo así puedo asegurarme de que lo mantengan como parte de Marukawa… Por cierto, hace poco recibí un currículum nuevo… Tú subirás al puesto de Yokozawa y el novato, un tal Iokawa Shiro – el rubio apretó a su novio más de la cuenta – quien tiene experiencia, será el nexo entre tú y él.

- No – Kirishima se incorporó – No, eso no… Henmi es el único que puede tener contacto con Takafumi…

- Zen…

- ¡Me niego…! Ese sujeto… Ese tipo… él… - estaba muy rojo. Todos temieron que le diese un infarto o algo parecido.

- Zen – lo obligó a mirarlo a los ojos – Iokawa-san es un trabajador más…

- Te tiene ganas – lo dijo con rabia. Isaka no pudo reprochárselo: si alguien así hubiese entrado, mostrando interés por su Kaoru, lo habría puesto a trabajar lo más lejos posible.

- ¿Y? ¿De quién es esto? – le mostró su alianza. Y el otro se relajó. Yokozawa volteó hacia el Gerente – Estoy de acuerdo, con una única condición…

- ¿Cuál?

- Que contrate un nuevo Editor para Japun… Conozco a Zen… En estos momentos la presión es muy fuerte, necesita mayor apoyo… - su novio iba a quejarse, pero le lanzó una mirada asesina que logró callarlo.

- ¡YO TENGO LA PERSONA IDEAL! – Henmi se sonrojó cuando todas las miradas fueron dirigidas hacia él luego de oírlo – Mi… mi… mi novio…

- Pero Henmi, sería lo mismo…

- No. Porque sólo nosotros lo sabríamos… Tanaka-san es muy reservado – el rostro de Asahina mostró una expresión de sorpresa – y nadie podría asociarlo a mí, créame, Kirishima-san…

- ¿Qué opinas…? – miró a Asahina. Y él, leyendo la determinación en el rostro de Henmi, le sonrió, divertido.

- De modo que eres tú… Sí, definitivamente nadie lo podría asociar contigo… - todos lo miraron perplejos.

- ¿Eh? Es…espera un momento… - abrió los ojos como platos – Hablas de… ¿Tanaka Takeshi?

- ¿Lo conocen? – parpadeó confundido.

- Digamos que dado que Ryuuichirou-sama es amigo de infancia de Haruhiko-sama… somos algo así como los hijos postizos de Tanaka-san…

- ¿Pero quién es ese hombre? – Yokozawa seguía sin entender, y menos Kirishima.

- La mano derecha de Usami Fuyuhiko…

- Pero… Tanaka-san es su Mayordomo y Asistente en las empresas… ¿Qué puede saber de mangas…?

- Puede que parezca incongruente, pero sabe, y mucho…Me contó que cuando Usami-sensei era un niño, él fue el primero en darse cuenta de su talento, y siempre le proveía de los cuadernillos para que escribiese, aunque sensei no lo supiera. De esa manera, pues… también empezó a investigar las maneras de hacer que las obras no se perdiesen, y contactó en secreto con editoriales, imprentas, incluso mangakas… Como nadie parecía interesado, pues… En sus ratos libres empezó a estudiar con un amigo de infancia que era editor… Y aunque al final Usami-sama no dio su conformidad, Tanaka-san terminó siendo aún más eficiente que su amigo…

- Hum… - Kirishima lanzó un suspiro – Supongo… que puedo arriesgarme… siempre y cuando

- Ja, no estás en posición de darme condiciones, Kirishima. Tú eres mayor que Yokozawa… tienes más tiempo trabajando aquí – las palabras del Gerente lo sumieron nuevamente en la desesperanza – Debiste aguantar la calentura…

- Él no me obligó… Fui yo quien lo… lo… - ni él mismo se creyó la triste posibilidad de haber sido el seductor en esa relación.

- No me arrepentiré nunca de tener una relación con Takafumi. Y asumo mi responsabilidad en todo. Como usted dice, no pude aguantar la calidez que él generó en mi pecho, y tampoco el calor en mi cuerpo, porque me enamoré. Si usted se siente igual con respecto a Asahina-san, debería entenderme… - Isaka iba a replicar, pero cerró su boca. Y asintió – Henmi… Dile a tu novio que venga mañana mismo… Lo entrevistaré.

- Y también a Iokawa – Kirishima se tensó – Zen y yo hablaremos con él mañana en la tarde – pero se relajó al ser incluido.

OwO

Los dejaron salir temprano, luego de que la maestra de Hiyori llamara para confirmar si la abuela estaba autorizada para retirarla, pese a que era conocida en el colegio. En silencio, y concentrado sólo en el horizonte, Kirishima había conducido el auto hasta la escuela, y había tenido que soportar a la mujer en el viaje rumbo al departamento.

Era pecado, lo sabía, pero… La odiaba. La odiaba por estar destruyendo lo más valioso que tenía… La odiaba por esas lágrimas que estaban acumulándose en los ojos miel de su hija, y por los puños cerrados de su amor.

La odiaba… porque sospechaba que Hiyori se haría una vez más la valiente y se callaría todo su dolor para no hacerlo sufrir… mientras que Yokozawa… quizás…

- Pondrás sólo lo necesario… Aquello que necesites con más urgencia, como tus libros, cuadernos y ropa… Lo demás lo llevaremos cuando ya sea definitivo.

Yokozawa quería despellejarla, pero se contuvo. ¿Por qué… por qué…? La única cosa que se le ocurrió, fue escribirle a su madre un mensaje de texto contándole lo que pasaba, en busca de consuelo, pero aparentemente estaban en medio de la misa de mediodía, porque no le respondió. Se sintió solo, incapaz de mirar a Kirishima, sintiéndose culpable… Se amaban con todo su ser, pero ese amor estaba destruyendo una parte de su corazón…

Por ello, cuando llegaron, se quedó atrás, incapaz de sentirse como siempre parte de la familia… Tenía tanto miedo a perderla… y a él… Pero era consciente de que no podía competir con Hiyo: era el amor más importante de Kirishima, mientras que él sólo era

- Takafumi… Por favor… - oyó su voz suplicante, y lo vio frente a él, con la mano extendida.

Y aunque sabía que eso aumentaría la crueldad de la mujer, lo tomó de la mano, sonriéndole con amor. Y de repente la angustia se hizo menos pesada…

Y para cuando Hiyo entró a su habitación, pese al reclamo de la mujer, ambos le ayudaron a meter sus cositas en sus dos maletas de viaje… Sin llorar, pero con Zen haciéndose cada vez más pequeñito.

- Ya puse tu pasta de dientes… La de fresita, la de menta la dejo aquí porque es tu favorita…

- Está bien, papi… Niichan, te dejo mis cuentos para que me los leas por el Skype…

- Hiyo, eso lo coordinaremos luego, ya que – las tres miradas la silenciaron.

- Hoy mismo me crearé una nueva cuenta… Nunca pude recordar la contraseña…

- La mía es "traserín34" y mi usuario PapiYokoyatusa' – los hizo reír.

- ¿Es broma, verdad?

- No, amor… no es broma – su madre ladeó la cara con incomodidad al oírlo hablarle de esa manera – Ambos están inspirados en ti…

- Tú realmente estás loco…

- Por ustedes dos… los amores de mi vida… - ambos se sonrojaron – Hiyo, no te vayas a asustar con la cara de demonio que tiene tu niichan en mi imagen de perfil…

- ¿Cuál colocaste? – de alguna manera estaban disfrutando ese último momento de intimidad presencial, pese a la presencia desagradable. Así que decidió dejarse llevar… coquetéandole inclusive.

- Esa que te tomé cuando te quité tu pastelito de chocolate cuando fuimos al cine…

- …nunca te perdonaré eso… era mi favorito… - cruzó los brazos, haciendo pucherito. Kirishima casi lo besó, tentado por esa trompita.

- Estaba rico… no es mi culpa, lo comías de manera tan extasiada que me tenté…

- Jajaja… Ese tipo de tentación te pondrá gordito… - punzó con su dedo su vientre.

- Awww… Hiyo, mamá me hizo doler… - abrazó a su niña fingiendo llorar.

- Jajaja, ustedes son un caso… ¡Ah, este martes que viene se estrena la de "Juegos del Hambre", VAMOS!

- Por supuesto que sí. Iremos LOS TRES – miró desafiante a su madre, quien miró a otro lado con molestia. Harta de ser testigo de semejantes descaros, decidió que era hora.

- Bueno, Hiyori. Es hora de irnos. No es necesario que usted lleve esto… – la mujer le arrebató la maleta de la niña a Yokozawa, haciéndole una pequeña herida en la mano con la hebilla. Ambos Kirishimas se indignaron.

- ¡Niichan, ¿estás bien?! ¡Abuela!

- No hay problema – intentó ocultársela, pero ya padre e hija habían visto, y Zen lo tomó de la mano para mirar la herida, con los ojos cargados de rabia.

- ¡No fue mi intención! ¿Por qué no la soltó a tiempo?

- ¿Ahora vas a decir que se la quiso robar? Intenta empeorar la situación, y te juro que te denuncio por agresión física…

- Zen…

- No, Takafumi. Tú hasta eres capaz de venirte del trabajo cuando sabes que cometí una burrada en la cocina y me hice un corte… La otra vez te desesperaste tanto al ver que estaba caído sobre los vidrios de un vaso que te hiciste daño intentando protegerme…

- Es lo justo, hijo. Vive gratis en este departamento y – hasta la niña la miró feo.

- Niichan… niichan… es… - su molestia era tan grande que no lograba hablar. Yokozawa se puso de rodillas ante ella y la obligó a mirarlo.

- Nunca… nunca, ¿me oyes?, estaremos lejos de manera definitiva. Esto es sólo una especie de excursión de las de la escuela… Así que, pórtate muy bien… - al fin, los ojitos de la pequeña empezaron a llorar. Y se abrazó a él como si fuera un salvavidas.

- ¿Estás feliz? – Zen por su parte miraba a su madre con ira creciente – Pues sólo va a durarte el tiempo que necesitemos ambos para regresar a Hiyo a su hogar.

- Este no es un hogar ya, dejó de serlo cuando

- ¡BASTA! – la calló. Imitó a Takafumi y los apachurró a ambos – Llévate a Sorata… Si no te ve, no comerá… - Yokozawa lo conocía muy bien. Estaba a un paso de quebrarse, pero ponía el máximo de sus energías para mostrarse fuerte.

- En casa no se admiten animales… son sucios y

- Sorata es mío porque es de mi niichan… De modo que si él no va conmigo yo no voy… Y quiero ver que alguien me obligue, abuela – se irguió en su metro cuarenta y caminó hacia el minino, que ya lucía deprimido – Vamos a otra casita… pero cuando venga a visitar a niichan y papá vendremos, ¿sí? – el gatito lamió su carita, pero buscó con sus patitas a Yokozawa. Los ojos casi azules lo recorrieron por completo cuando le acarició la cabecita, intentando no llorar.

- …sé un buen guardián… Confío en ti…

Hiyori no les permitió ir hasta el taxi. Sonrió como nunca y los llenó de besos en la entrada. Yokozawa tuvo que separarlo de ella sutilmente, pero cuando el ascensor se cerró, los cuatro pudieron ver las lágrimas del otro… pese a sonreírse.

Lo sostuvo… cuando fue cayendo suavemente, llorando como si se le hubiera muerto la persona más importante de su vida, llamándola… por momentos también a Sakura. Pero no le dolió. No le dolió porque era a él a quien estaba buscando con todo su cuerpo.

Aunque no gritaba como él… Yokozawa estaba destruido… Sentados solos en medio de la sala, en el futón… se sentían como un matrimonio abandonado por su única hija… Sólo que a ellos no los habían dejado… A ellos les habían quitado lo más importante del mundo… su luz…

Y muy en el fondo, aunque no lo dijeran… tenían el mismo miedo…

- ¿…ahora me dejarás, verdad...? – su voz fue un susurro, cuando por fin dejó de llorar, pero Yokozawa lo oyó. Lo tenía con el torso apoyado en sus piernas, de modo que se inclinó para mirarlo a los ojos.

- Tuve muchos momentos clave para irme… y sigo aquí… Soy yo quien debería preguntar… si deseas que me vaya… Soy yo quien… - empezó a llorar – entendería muy bien si decides golpearme… dañarme… echarme como un perro… Si yo no hubiera bebido tanto ese día no me habrías conocido, y entonces

- Si eso no hubiera pasado… Hiyo no habría tenido de nuevo el hogar que tiene… Así que deja de decir cojudeces… - se incorporó. Y fue su turno de sostenerlo – Perdona… Me dejé llevar por la desesperación, cuando deberíamos estar apoyándonos mutuamente – besó su nariz – Takafumi, si te vas… me voy a morir… - empezó a llorar nuevamente.

- Entonces no me iré… La vida sería muy aburrida sin tus cojudeces revoloteando a mí alrededor… - limpió sus lágrimas – Se lo dije a Hiyo: esto es temporal… Así deba trabajar en muchos sitios a la vez reuniré el dinero necesario para pagar el mejor abogado…

- Dijiste que la madre de Takano era la mejor…

- Siempre hay una primera vez para todo… incluso para perder. Y mis padres no nos dejarán solos, ellos – Kirishima había tomado su mano herida y se acurrucó contra ella, luego de besarla.

- Te amo… Te amo… Jajaja… - rió de manera nerviosa – No… no puedo creerlo… Yo sabía muy bien que eras especial para mí… pero… Cuando vi esta herida… la odié tanto…

- No debes, fue un accidente…

- Accidente es que te cortes la rodilla con un trocito de vidrio del vaso que se me rompió… Accidente es que en mi desesperación por demostrarte todo mi amor te dañe las caderas o un poquito dentro de tu cuerpo… Esos son accidentes… Si algún día llego a dañarte físicamente, me mataré…

- Oi, deja de decir idioteces… Si algún día me pongo histérico por alguna noticia rara… como un embarazo, por ejemplo – Kirishima rió – me pegarás una bofetada obviamente, ¿y qué, luego me dejarás preñado y te harakiririarás?

- …está bien, tú ganas… Pero… ya que hablamos de embarazos… - empezó a echarlo en el piso.

- ¡Oi! – se puso nervioso.

- Estamos solos… Esto es lo positivo del caso… podemos darle un hermanito a Hiyo…

- Ahhh… - jadeó cuando acarició su entrepierna – No… ahora no…

- ¿Más tarde…? – besó su cuello.

- Haaa… - cerró los ojos y enredó sus dedos en su cabellera dorada – Zen…

- Amor… - le susurró – Te amo tanto… Quiero sentirme amado, y eso sólo lo consigo contigo… ¿Puedo ser tan egoísta… al pedirte hacer el amor para liberar el dolor que siento, me dejas hacerlo…?

- Yo… - gimoteó y lo besó con suavidad – Claro que sí… - el beso fue haciéndose más intenso.

OwO

En la mesa de centro habían colocadas dos latas de cerveza… abiertas… y dos cerradas. Y en el cenicero, los restos de toda la cajetilla que ahora estaba vacía, sin contenido. Una más, a medio consumir, evidenciaba que era la dueña del cigarrillo que sostenía entre sus dedos. Pero por más que estaba llenando su organismo de tanto alcohol y tabaco, Takano seguía impávido, como una estatua, sin moverse…

El timbre sonó, y el rostro igual de afectado y serio de Ritsu se hizo presente después de cinco minutos. Pese a que el menor aceptaba ya su relación, aún no había accedido a compartir sus días y noches con él. Pero se amaban, y el chico de los ojos verdes no podía permitirse dejarlo solo… No esta vez al menos… ni las que vendrían…

- Deja eso… - le quitó el cigarro y la cajetilla, pero ni por eso hubo reacción. Ritsu lanzó un suspiro y se sentó a su lado, y con timidez se acurrucó en su hombro.

- Tienes razón… No tiene sentido matarme en una sola noche cuando tengo mi medicina a la mano… - el joven creyó que lo violaría, pero no. Masamune lo acomodó entre sus piernas, con su espalda pegada a su pecho y lo abrazó, dulcemente.

- …no me gusta que fumes…

- Lo sé… Perdona por romper mi promesa… Pero… - Ritsu sintió una húmeda calidez contra su cuello. Y sus propios ojos se nublaron - …Takafumi me odia… Mi mejor amigo me mira con odio…

- No. No fue odio… Obviamente está resentido y tiene miedo a lo que pueda suceder… Takano-san… - buscó su mirada – Yokozawa-san te quiere mucho…

- Quisiera no sentirme culpable, pero… pero… - sus hombros se agitaron. Y a él se le rompió el alma. Como pudo, volteó, y lo besó por voluntad propia, haciendo que las lágrimas de ambos se mezclaran en sus bocas.

- De modo que tú también… Siempre supe que ese chico era una mala influencia… - abrieron los ojos por completo al oírla. Y la indignación se apoderó del Editor Jefe.

OwO

Terminó de comer la cena en medio de un silencio opresor, roto únicamente por las preguntas tiernas de su abuelo. Era un hombre alto, canoso, de facciones muy similares a las de Zen, aunque un poco más toscas. Sin embargo, la dulzura de los ojos miel del Editor parecía ser herencia de esos ojos verdes…

- Si ya terminaste, ve a dormir…

- Gracias, abuelito… Buenas noches… - se inclinó con respeto, y luego agregó – si no te importa, quisiera llamar a mi casa…

- Llama, mi amor…

- Desde aquí… - la mujer lo interrumpió. A Hiyo los ojitos se le nublaron, mientras que el hombre agudizaba la vista – Si no tienes nada que ocultar deberías poder hablarles delante nuestro.

- Akane…

- Está bien… Me lavaré los dientes y vendré a hacer la llamada desde aquí… - se dio la vuelta e intentó no llorar. Paciencia… Tendría paciencia…

OwO

Ropa regada por el piso… Sonidos de succión… Risitas disimuladas y uno que otro jadeo… Kirishima sobre él… Y él al límite… al borde… A un paso de alcanzar…

- ¡TE GANÉ! ¡ME COMÍ MÁS RÁPIDO LA PALETA! – Yokozawa rió divertido y agitando los brazos.

- No es justo… Yo soy el seme, ¡debería estar vestido!

- ¡Jajaja! ¿Acaso no te parece divertido…? Mírame… - se puso de rodillas sobre la cama. Vestía únicamente su camisa, por lo que ciertas partes de su anatomía colgaban con timidez por debajo del borde de la misma - ¿…no me veo apetecible…?

- Más que el helado que acabamos de comer, sin duda… - se quitó lentamente su camisa y quedó completamente desnudo ante él. La risa del menor fue muriendo bajo la mirada lujuriosa del otro… y más cuando lo volvió a cubrir con su cuerpo, recostándolo suavemente, tocándolo todo por debajo de su prenda mientras le succionaba cualquier pensamiento con su beso - …supongo que esto se debe a la influencia de otousan… Dios mío… Takafumi, eres demasiado sensual y provocativo – sus labios se deleitaron con la suave piel de su cuello.

- No… lo soy… Zen…

- Dime… - jugueteó con uno de sus botoncitos rosados.

- Debe…ríamos no hacer nada… hasta que llame Hiyo… - el mayor se detuvo. Y lo miró a los ojos, acariciando su carita.

- De cualquier manera… encárgate… Mira cómo me has puesto… - llevó la mano de Takafumi a su entrepierna.

- …estás… húmedo… y…

- Cómete mi yogurt… sé un buen niño… - empezó a flotarse contra su cuerpo.

- Haaa… Zen… no… no… !Nghnnnn… ahhh!

- Algún día me desangraré por tu culpa… Eres tan hermoso… - recorrió su cuerpo con una mirada que lo intimidaba hasta el éxtasis.

- Pervertido de porq… - fue callado con un beso certero.

OwO

Silencio… Total… Abrumador… Ritsu se debatió entre tomarlo de la mano o irse, pero Masamune fue más rápido. Ayudándole a ponerse de pie, lo abrazó por la cintura y empleando el tono que usaba con los mangakas cuando se atrasaban en una entrega, la encaró.

- Ser lo que soy no me vuelve un enfermo… o especial… Soy especial porque soy amado por la persona que amo… Pero supongo que eso no lo puedes entender ni lo entenderás nunca…

- Así es. Sabes muy bien que no me ha ido muy bien en el amor…

- Obvio. Si te metiste en la cama de otro hombre teniendo esposo, dudo que hayas sido experta… - Ritsu lo miró escandalizado, mientras la mujer enrojecía.

- No eres nadie para juzgarme, Masamune…

- Sólo el fruto de un adulterio… ¿Por eso me trataste como a una mierda…? – soltó a Onodera. Y el ojiverde se alejó un poco. Al fin iba a saber esa parte de su vida que había decidido no preguntar, por temor a herirlo.

- Nunca te traté de esa manera…

- ¿Ah, no? Cierto… Las mierdas eran tratadas por ti con amor… Solías asear cada día el baño y ponerles un aromatizador, mientras que te importaba poco si yo había comido o no algo decente…

- ¡Te daba tu mesada!

- ¡NO ERA SUFICIENTE! ¡ESTE CHICO ME HACÍA COMPAÑÍA LAS VECES EN QUE TÚ DEBISTE ESTAR A MI LADO! ¿Recuerdas alguna ocasión en la que hayas asistido a la entrega de algún reconocimiento? Era Ritsu quien me acompañaba a celebrar, quien me entregaba una tarjeta de felicitaciones, quien me daba cariño, quien

- ¿Tenías relaciones en el colegio? – lo miró aterrada – Pero… ¿cómo pudiste? ¿Tienes una idea de lo que habría ocasionado que eso saliera en los medios? – Ritsu bajó la mirada, frunciendo el ceño.

De pronto… su amor se veía demasiado sublime e inocente. Él había luchado por borrar de su mente todo lo relacionado con Saga-sempai… para no sufrir. Había olvidado cada sonrisa, caricia, detalle, momento en común, para no vivir anhelando algo que pensaba no volvería a tener… y menos vivir.

Y cuando la vida le colocó el amor de nuevo… ¡Estúpido! Como un animal salvaje frente a una amenaza había huido una y otra vez… De esos brazos fuertes que solían darle coscorrones, pero más abrazos y la certeza de que lo sostendrían siempre antes de caer, como en las gradas de la Biblioteca…

El recuerdo de un niño tan sólo un año mayor que él… sosteniendo un gatito…

El recuerdo de un niño solitario, llevando té frío a su habitación…

El recuerdo de un niño amoroso y tierno… que le pidió su inocencia…

El recuerdo de un hombre adulto… suplicando un tal vez… rogando ser aceptado…

¿Por qué…? ¿Por qué la vida le ponía a Takano Masamune sólo ocasiones de limosnas… si él era tan hermoso y puro…? Si… en lugar de mantener la esperanza perdida… había decidido no seguir hiriendo a su mejor amigo… cortándola de raíz para dejar el campo libre al amor de su vida…

- Es lo único que importa, ¿verdad…? Lo que pudieron decir…

- En ese entonces me dedicaba a los casos de abuso infantil… ¿Cómo crees que se habría visto que mi propio hijo violara a otro niño?

- ¡No lo violé! ¡Le di mi inocencia y él también! – Ritsu se sonrojó, pero el corazón se le hizo pasita al verlo llorar.

- Esas son estupideces… Ahora termino de comprobar que los hombres sólo piensan con "esa" cabeza… - Takano-san dejó su llanto fluir, con un dolor inmenso golpeándolo una y otra vez, como las ráfagas de un huracán.

- Si soy incluido en el mismo saco que los violadores de niños, los padres que abusan de sus hijas, los hombres adúlteros… compruebo que para ti nunca fui especial… - los ojos marrones de la mujer se nublaron al oírlo. E iba a contestarle, pero su hijo prosiguió – Chikako-san… Sé que nunca fui un buen hijo… porque nunca estuve de acuerdo en que te divorciaras de él… Quizás debí decirlo, pero supongo que en esa época estaba acostumbrado a comérmelo todo para no herirme más… Supongo también… que sólo un niño como yo podría haber entendido mi dolor… Tal vez… fui un algo que no planificaste, pero que asumiste con valentía aunque no con amor… no te lo reprocho… - bajó la mirada – Pero… - apretó los puños con rabia – Por favor… Te lo ruego… No tomes este caso…

- Ya me han pagado, Masamune… Y sabes muy bien que no puedo hacer eso…

- Te daré el dinero… - apretó los dientes. Ritsu lo conocía muy bien: sólo le suplicaba a él. Si estaba haciendo esto… debía sentirse humillado y pisoteado – Dime cuánto es…

- Dudo que puedas cubrir esa deuda con tu sueldo… - un sonoro sollozo se escapó de su garganta. Se inclinó por completo y volvió a suplicar.

- Te daré todos mis ahorros… Venderé el departamento… Haré lo que quieras… ¡pero no lo hagas! ¡Se trata de mi mejor amigo!

- Kirishima no es tu amigo…

- ¡ES COMO SI LO FUERA PORQUE ES LA PERSONA ESPECIAL DE MI HERMANO! – gritó con todas sus fuerzas, contagiando a Ritsu – Yokozawa… Yo usé a Yokozawa de tantas maneras que me avergüenzo… Estaba enamorado de Ritsu… y aún así lo usé… Le fallé a los dos… Yo no tuve que ver en esto, pero aún así siento que es mi culpa… Si quieres dejaré de ser un Takano – una lágrima solitaria rodó por el bello rostro de la mujer – Haré lo que quieras, pero no tomes el caso… Por favor… - cayó de rodillas.

- Déjalo… - fue un susurro, pero la oyeron. Se miraron entre sí, una vez asimilaron su pedido, el cual estaba muy claro ya que había sido formulado con la mirada dirigida al menor – Déjalo, Masamune, y yo dejaré el caso…

OwO

El teléfono empezó a sonar, pero por fortuna lo tenían al lado, y Yokozawa había convencido a las hormonas alteradas de su amor de que se quedasen quietas. Se miraron y sonrieron, nerviosos. Pese a no estar haciendo el amor, su desnudez era motivo suficiente para saberse un poquito en falta… Zen lanzó un suspiro, y contestó, con una voz de seda.

- Aló, buenas noches…

- Papi… - la voz de Hiyo sonaba mil veces más dulce. Desearon estar allá, para besar su carita y arrullarla entre los dos hasta el amanecer.

- Mi amor… ¿Legaron bien Sora-chan y tú?

- Pon el altavoz, Hiyori. Tenemos que oír también… - la odiosa voz de su madre les borró las sonrisas.

- Sí, abuelita… Papi, ¿niichan ya está comiendo su yogurt…? – ambos soltaron una risita divertida, mientras la mujer bufaba.

- ¡Hiyori, cuelga inmediatamente!

- ¿Por qué debería hacerlo…? – la voz de su padre se dejó oír. Zen relajó el rostro – Pienso que deben haber estado esperando tu llamada, princesita…

- Así es… Buenas noches, padre…

- Buenas noches, Yokozawa Zen… - los hizo reír, pero…

- ¡QUÉ ES ESA BROMA, KEN!

- No es una broma… Me imagino que deben estar pensando quién perderá el apellido y quién lo conservará…

- En… en realidad… - Yokozawa se puso rojo como un tomate.

- Mi novio será un hermoso Kirishima, papá… ¿Recuerdas que dijiste que el color de ojos de Takafumi te hacía recordar a los de tu mejor amigo?

- ¡Jajaja, cierto! Y recuerdo que se puso completamente rojo, como está ahorita mismo, de seguro…

- ¡Kirishima-sama! – Hiyori, Ken y Zen rieron con ganas, menos la mujer.

- No entiendo cómo puedes bromear con esto… Tú mismo dijiste que debía agradecer que no tuviésemos un hijo gay – el silencio se hijo por completo en la sala. El rubio bajó la mirada y se puso muy triste.

- Lo dije, sí… Por una razón… o bueno, dos… La primera, que me tenías harto con tu discursete doble moralista, y la segunda… porque creía a Takafumi-kun heterosexual… Si mi hijo hubiese sido gay y se hubiese enamorado de él, mi Zen habría sufrido por un amor imposible… ¿Cómo podría no estar feliz al verlo así, enamorado como un idiota y totalmente correspondido? – su hijo sonrió, sonrojándose, y Yokozawa se pegó a él para abrazarlo.

- Doble moralista… Ja, eres de lo peor… tú

- Akane, basta – su voz sonó firme y autoritaria – Hiyori no merece ser testigo de una estúpida pelea que no tiene pies ni cabeza, quiere conversar con sus padres, y es lo que va a hacer… ¡Ya deja en paz a la niña…! Si quieres después conversamos nosotros… - oyeron una silla moverse, y luego una reprimida maldición masculina seguida de pasos alejándose.

- Hem… pues… - la vocecita de Hiyo denotaba incomodidad.

- ¿Llegaron bien… estás abrigada…? – Yokozawa tomó la batuta.

- Hace mucho calor aquí… pero estaré bien… No se preocupen, ¿sí?

- Está bien, princesa…

- Papi… vi un McDonald cerca… ¿Puedo comer…? – Zen reprimió un sollozo. Nunca le dejaba comer comida chatarra, principalmente porque Yokozawa los mantenía saludables, pero esta vez…

- Claro que puedes… para probar… Niichan te preparará banquetes cuando estés con nosotros…

- ¡Siii…! Niichan, ¿puedes hacer tutoriales para aprender a peinarme…?

- …eso me suena a Youtube… ¿Me has visto pinta de blogger?

- ¡SÍ! – padre e hija rieron divertidos. Y luego siguieron hablando por casi sesenta minutos, sin importarles los bufidos de la suegra.

OwO

- … no te conocía la vena artística de payasa…

- Ese es un muy mal comienzo… Si necesitas tiempo para pensarlo, lo entenderé… Después de todo aún no empiezan las audiencias y todo lo demás, así que

- No hay nada que pensar – la voz de Ritsu se dejó oír con mucha dificultad, pero se oyó. Takano-san volteó a verlo, asombrado, mientras ella tenía una expresión de incredulidad única – Takano-san hará lo que le pide…

- ¿QUÉ? Onodera, ¿te volviste loco?

- …pero yo no dejaré de perseguirlo – alzó el mentón con orgullo, pese a que estaba llorando – Ese será mi pago por haberle hecho daño hace más de diez años… A donde usted le pida ir, yo iré… yo estaré con él… Si él me pide que sirva de consuelo a su alma y cuerpo, lo seré… Si él me pide que me vaya, me iré, y regresaré como ese día de tormenta en el colegio, cada hora, para ver si cambió de opinión…

- Ritsu…

- Durante años… creí que tal vez usted trabajaba para darle lo mejor… aunque no fuera eso lo que estuviese logrando… Años creyendo que quizás él exageraba… No merecemos a Takano-san… - lloriqueó, contagiándola - ¿Có…cómo… cómo puede quitársele a un ser humano como él el amor al que tiene derecho…? ¿Cómo…? ¡¿CÓMO PUEDE SER TAN CRUEL?!

El silencio se apoderó de la habitación. Sólo los sollozos del joven se dejaban oír.

- Yo… yo le hice mucho daño y por mi culpa él dañó a Yokozawa-san… A Dios gracias ya todo se solucionó para él, y nosotros estamos construyendo algo fuerte… Yokozawa-san y Kirishima-san estoy seguro de que entenderán que él estuvo a punto de ofrecer aquello que más ama a cambio de su felicidad… Pero… ¿y usted? ¿Qué ha hecho por él…? Además de dejar que se hiciera solo no le veo que haya hecho algo que merezca la pena recordar y menos reconocerle…

Chikako miró sus ojos fijamente y luego los de su hijo, antes de mirar el piso.

- Ciertamente… tienes toda la razón… aunque sólo hayas expuesto tu punto de vista… Tus sentimientos deben ser inmensos como para haberle hablado así a una Fiscal que podría acusarte de difamación – Takano lo abrazó, con miedo, mientras Ritsu intentaba no desesperarse – Masamune… Aunque no lo creas… la única razón por la cual nunca estuve para ti… fue porque la culpa era muy grande. Quería que te acercaras más a Soma para que él llegara a quererte y que cuando se supiese mi bajeza… – empezó a llorar – al menos tú no sufrieras… porque serías su hijo. Soy un monstruo en muchos aspectos, pero… Tu padre verdadero me abandonó en lugar de hacerse cargo de nosotros cuando decidí dejarlo todo por él, incluyendo mi carrera… Yo te he amado desde el día en que supe que venías… Pero… el ser abandonada…

- Chikako-sam

- Me hizo odiar a los hombres… Pensé que tampoco me querrías y me refugié en mi carrera... No tengo perdón… lo sé… Pero quiero que sepas que jamás me habría opuesto como Kirishima-sama a tu relación… porque sé que eres feliz en ella… Lo he sabido siempre…

Silencio. Ninguno de ellos le preguntó como lo había sabido si nunca se había preocupado por él… en apariencia… Pero Ritsu lo intuyó: en el colegio, luego de que ellos iniciaron su romance, la gente mencionaba que Saga-kun había cambiado, que lo veían reír. Se sonrojó involuntariamente… Quizás, sólo quizás… él sí era observado por su madre… Y quizás, sólo quizás, informada por Yokozawa sobre su estado depresivo…

- Onodera… Cuida a mi hijo, por favor… Cualquier cosa que haya pasado entre ustedes y que te hizo huir, olvídala. Masamune nunca ha sido tan firme en sus decisiones como en el momento de elegirte… - los ojos gatunos la miraron fijamente – Deseo de todo corazón que no lo dejes nunca… No hagas lo mismo que hice yo por estúpida, no lo alejes… - casi corrió hacia la puerta, pero no logró salir…

Los amorosos e inocentes brazos de su único hijo la atraparon por la espalda, mientras su rostro se ocultaba entre sus cabellos.

Onodera sonrió enternecido, y salió, haciendo una pequeña reverencia.

OwO

- Mañana llamaré a esta misma hora… Te amo, papi… Niichan… - se le escapó un sollozo – tomas tu yogurt, ¿sí?

- Si… - la voz de Yokozawa sonaba contenida – Tú duerme ya. Es muy tarde. Mañana te leeré el cuento, haré todo lo posible por llegar a tiempo…

- Está bien. No te vayas a sobre esforzar, no quiero que enfermes…

- Yo te lo cuido… Te prometo que cuando regreses estará tan hermoso como lo dejaste, adem

- Tiempo cumplido – la mujer regresó y habló con voz gélida – Hiyori, despídete. Ya es muy tarde, te excediste.

- Si se trata del costo de la llamada, no te preocupes. Nosotros la pagaremos, y llamaremos desde aquí – Kirishima habló apretando los dientes.

- Me parece

- …una broma de mal gusto de tu madre, no le hagas caso. Hiyo puede llamar en el momento que desee y por el tiempo que quiera con cualquiera de ustedes… Takafumi-kun, por favor… No pienses mal de nosotros, no somos ridículos ni cretinos…

- Kirishima-sama… Jamás lo pensaría… de usted… - sonaba muy insolente para con la mujer, pero le valió poco. Esa vieja del demonio…

- Mándales besitos a ambos… Mañana te llevaré al departamento para que niichan te lea tu cuento y te traeré cargadita para que duermas aquí, ¿quieres?

- ¡SÍ, ABUELITO! – lo abrazó con amor, y dejando caer sus lagrimitas de felicidad, les habló, alzando la voz – Papi… Niichan… Hasta mañana… Los amo mucho… - mandó besitos volados sonoros que indignaron a su abuela.

- Nosotros también, mi amor… Maña – pero no pudieron escucharlo. La mujer colgó y la miró con molestia.

- Ve a dormir, ya es tarde… Tienes escuela… - Hiyo intentó tragarse sus lágrimas, pero no pudo. Sin embargo, algo de Yokozawa ya había en ella, porque, se inclinó ante su abuela y al incorporarse, le sonrió.

- Tienes razón. Además, niichan se preocuparía mucho si mañana me ve ojerosa… Él siempre está pendiente de mi salud… Y aunque colgaste antes de que mi papá me dijera lo que tenía que decirme, estoy segura de que seré gratamente sorprendida. Y como sé que iban a hacer esto… lo hago en su nombre – se puso de puntitas y besó sus dos mejillas, enrojeciéndola. Y luego repitió la acción con su abuelito, quien la apachurró y la hizo reír, mirándola con la actitud dulce de Zen. Luego se fue corriendo, llevando a Sorata en sus brazos, dejándolos solos y en silencio.

Kirishima Ken era tan alto como su hijo, pero mucho más corpulento que él. Y mayor que el padre de Yokozawa. Sin embargo, pese a su apariencia de osito polar – era muy blanco y canoso a extremo, pero las fotografías familiares que adornaban la sala mostraban a un Ken con la apariencia de un galán de cine anglosajón –, sus facciones en ese momento no mostraban ternura. Una fría decepción estaba siendo dirigida hacia su mujer, quién apartó la mirada en el acto.

- No puedo creer que bromearas sobre esas cosas…

- No puedo creer que seas la mujer que se molestó con una niña de cinco años por quitarle a Zen un caramelo en su cumpleaños siete… Recuerdo, porque fue la ocasión en la que me sentí más orgulloso de ti, que la reprendiste, y luego abrazaste a nuestro hijo, sentada en el césped, sin interesarte en que tu vestido se echó a perder por la humedad… Esa noche Zen no se quiso apartar de ti, y fue la primera vez en toda su vida que pidió dormir con nosotros…

- Era un niño… Ahora es

- Akane… Sigo siendo el bebé que esperamos con ilusión por nueve largos meses… - sus ojos se nublaron, pero ella permaneció impasible – El niño que obtuvo el primer lugar de su promoción durante toda su vida escolar… El joven que respetó a su novia, porque sé que lo hizo, hasta su boda, como todo un caballero…

- Y ahora es el caballero que ha sido retorcido por un

- ¡Basta! – la calló alzando la voz – Basta… ¿Ya olvidaste cómo estuvo cuando perdió a Sakura? ¿Ya olvidaste cuánto tardamos en lograr que recuperara su vida, que aceptara con el corazón abierto las caricias de Hiyo…?

- No, no lo he olvidado… Siempre tengo en mi mente cómo le profesaba su amor a Sakura… Por eso me da asco lo de ahora… Ese tipo ha enfermado a mi hijo… ¡Y TÚ LO APOYAS! – lo señaló de manera acusadora con el dedo. Ken la miró fijamente y luego suspiró. El timbre sonó, y la mucama fue a abrir.

- Soy hombre… Sólo he mantenido relaciones contigo y mis ex novias… Jamás podría siquiera pensar en estar con alguien de mi mismo sexo, pero… Eso no quiere decir que no pueda comprender a mi hijo… Dudo, que lo hayan inducido a esto… porque sé muy bien que cuando él se siente incómodo con algo, se aleja… Y al ver la manera en que Takafumi reacciona ante sus bromas, deduzco sin equivocarme… que Zen tuvo que luchar contra la Akane interna de ese chico… ¿O es que ya olvidaste lo pálido que se puso un día cuando pusimos una película que tenía escenas fuertes de violencia, y se la llevó corriendo a jugar con el gatito…?

- …no lo olvido… Pero

- Pero… tú estás trasladando tu historia sobre los hombros de ellos dos, y no es justo… - el sonido de unos tacones avanzaba desde la entrada hacia la sala – Mi amor, no es justo… Te juro que no pasará lo mismo…

- No puedes jurarlo porque no pasaste por eso…

- Pero yo si… - la voz de una mujer los hizo voltear. Y ambos abrieron los ojos con asombro.

- …Saki… - Akane no podía creerlo. Y mantuvo la misma expresión de sorpresa cuando la visitante la abrazó, poniéndose ligeramente de puntitas para alcanzar su mejilla y plantarle un beso.

- Ha pasado… mucho… tiempo…

- Mucho en verdad… contigo. Entre nosotras en realidad sólo una semana, ¿verdad, amiga…? – también lo abrazó – Kotaro te manda saludos, le habría encantado visitar a su mejor amigo, pero ya ves… Los negocios son cada vez más exigentes, y yo misma tendré que quedarme un tiempo aquí…

- Hum… no sé si creerte… Solías visitarme a escondidas para beber un buen sake mientras veíamos películas de vaqueros, no te hagas, viniste por mí – rieron divertidos al ver la reacción de molestia de Akane – Pero ya te lo dije… Pese a todo, amo a esta mujer… Con toda mi alma, y por ende ciertas decisiones me duelen…

- A eso he venido… Querido amigo, te prometo intentar… que su corazón sane o que al menos no siga dañando… Por su propio bien…

Se sentaron, y esperaron a que la mucama sirviese el té para poder conversar. La casa quedó en completo silencio una vez la chiquilla hubo cerrado la puerta de su habitación. Saki echó dos cucharaditas de azúcar, y movió el contenido esperando que se disolviese, sin dejar de mirar a su alrededor.

- Sigo admirando la exquisitez de tu gusto para la decoración…

- Muchas gracias – fue su respuesta fría.

- Recuerdo… cuando veníamos a hacer aquí las tareas de la Universidad… y te ayudé a colgar ese cuadrito… Por esa época estaba muy interesada en las leyes, ¿recuerdas…?

- Como todos… A… a causa de los ojos del profesor de Derecho Civil – esbozó una sonrisa, que la hizo lucir tan hermosa como su hijo.

- Eran en verdad hermosos… Una suerte de… mixtura entre el marrón y el verde… Recuerdo que años después, cuando visité Suiza por mi Luna de Miel… lo volví a recordar… Claro que no se lo dije a Kotaro, pero…

- Jajaja, se habría visto muy gracioso celoso…

- ¿Verdad que sí? Ah, ese hombre es a veces tan inseguro…

- ¿Aún te cela?

- Tanto como Ken a ti, ¿o me lo vas a negar? Aunque nadie puede reprocharles eso, ¡míranos! Dos preciosas mujeres en la mitad de sus cincuentas, aún atraemos miradas por la calle, especialmente la de muchachos jóvenes… – rieron.

- Tú… estás casi igual que la última vez que te vi en persona…

- Tú también, aunque haya sido hace treinta y siete años… Luego… sólo permitiste que te enviara fotos o que hablásemos por teléfono…

- Si intentas llamarme ingrata, serías injusta… Fuiste la única persona que rescaté de ese nefasto año…

- Lo sé… Siempre fuiste mi mejor amiga… Por eso… en verdad… me habría encantado compartir el día de mi boda contigo… Y la tuya también…

- Lo sé… - miró su taza – Yo… lamento mucho que incluso nuestra amistad se viera trunca en parte… por ese motivo…

- Pero yo te entendí muy bien… Incluso aun te entiendo, Akane… como te dije hace una semana… cuando empezaste a sospechar sobre Zen…

- Y tú no me creíste… - una lágrima rodó por su mejilla.

- Sí te creí – la mujer la miró con incredulidad – Pero si te soy sincera, tenía un pequeño plan… Un pequeño plan para que las cosas no marchasen así…

- Dudo mucho que hubieses logrado algo… Ese chico… ha torcido a mi hijo… - sus hombros se agitaron con dolor. Akane se contagió, pero aferró más su taza, sin intenciones de hacer algo por consolarla.

- ¿Sabes qué día es hoy…? – Akane sollozó con fuerza – Teníamos dieciocho años…

- Cállate… por favor…

- Yo… acababa de guardar mi vestido de novia cuando decidí entrar al vagón… ¿recuerdas? – su amiga lloraba con verdadero sentimiento mientras ella hablaba con una expresión vacía de cualquier emoción – Recuerdo que te vi, y te hice señas para que entraras… Creíamos que tal vez estaban viendo alguna película pornográfica, y nos reímos, porque ya tú y yo habíamos pasado por esa etapa…

- …Saki, no sigas… No quiero recordar…

- Y sí… fue algo muy pornográfico… Y cruel… Porque – empezó a llorar de manera serena – Desde ese día no he vuelto a emocionarme con un eclipse… Ese es el efecto secundario de haber visto aquello… - apretó los puños - Pensar… que le entregaría mi cuerpo esa misma noche…

- ¿Ahora entiendes….? – la zarandeó por los hombros – Ahora… ¿ahora comprendes por qué quiero alejar a ese monstruo de mi hijo…?

- Nunca… vi nuevamente un eclipse… porque para mí es un símbolo de amor… Amo con todo mi ser a Kotaro… pero… - las lágrimas caían caprichosas por sus mejillas - …Ver al que creí por todo un año mi sol… con quien se suponía tu luna…

- ¡BASTA! – gritó. Y en su dolor, vació el contenido humeante de la taza de Saki sobre su falta blanca – Ah, Dios, perdona, yo…

- Descuida… - parecía inmune al dolor – Akane… Taiyou y Tsuki hicieron algo terrible con nosotras… Nos usaron para pasar como varones normales y rectos bajo la vista de la sociedad que les exigía ser los líderes de sus dos compañías… Nos eligieron, porque éramos las únicas personas en su mundo… que nunca dimos crédito a los rumores sobre su homosexualidad… Éramos perfectas para ellos… No preguntas, no sospechas… Y ellos, los amantes eternos…

- …por eso no quiero lo mismo para mi hijo…

- Ken… no tiene problema con que Zen haya elegido como pareja a un hombre… Me lo dijiste en confidencia el día que lo confirmaste…

- Pero…

- Eres la única que puede decidir qué hacer… Tú y yo fuimos engañadas por dos hombres que se amaban con pasión y que murieron tiempo después por ser clandestinos… por no tener el valor de Zen al defender su amor… Fueron egoístas, eran enfermos… pero no por ser homosexuales… Sólo una persona enferma habría usado a otra persona como escudo, sin importarle sus sentimientos… Por lo que me has contado, ya que lo has vivido día a día… ellos dos se desviven por Hiyo… Decide, Akane… - tomó su cartera y se puso de pie. Su falda exhibía la mancha café, pero no le importó – A quienes perdimos no debemos ni llorarlos… Ya tenemos dos amores por los que mataríamos… Deja que Zen viva su propia historia… Ellos quieren que sea eterna, ¿o no? Si lo logran, la vida de ustedes habrá valido la pena… Y si no… al menos Zen sabrá que su madre lo ama lo suficiente como para haber dejado de lado sus prejuicios e historia… para apoyarlo en la vivencia de un amor verdadero… - se inclinó y besó su cabellera parcialmente cana, y la dejó sola, en silencio.

Los recuerdos la golpeaban con fuerza y sin misericordia… momentos cargados de dolor que había intentado sepultar en su mente y corazón… Tsuki… tantas promesas, tantos gestos… Debía reconocer que se había burlado de su inteligencia, y la de Saki, porque nunca habían sospechado de las muchas ocasiones en que, pese a estar solos los cuatro, preferían que las chicas durmiesen solas y ellos en otra habitación…

Morir, sin embargo, bajo las ruedas del mismo tren en que habían sido descubiertos por ellas haciendo el amor, era una muerte que no les habría deseado nunca… Pese a ser enfermos… unos malnacidos… y desgraciados… merecían un amor puro. Sollozó.

Taiyou… tenía los ojos miel… y Tsuki de un azul profundo… Lo poco que recordaba de ellos, era la razón de su miedo… En altura, contextura, y personalidad, eran tan similares a ellos… Taiyou era una especie de Yokozawa versión seme mientras que Tsuki era un tipo extraño de Zen uke… Al menos así los recordaba… en esa imagen de horror… El día que

- Okasan… – la mucama la sacó de sus pensamientos – Takano-sama la visita… - se puso de pie en el acto, sin importarle mostrar su rostro lloroso.

- Me retracto… Aquí está todo… - la mujer le extendió un paquetito – Es libre de pedir una indemnización, no me importa… Sólo vine a decirle eso… - se dio la vuelta para retirarse.

- ¿Qué le hizo decidir esto…? – Chikako suspiró, deteniéndose. Y volteó, sonriendo, con lágrimas en los ojos.

- Las lágrimas de mi hijo en mi cuello… Tal vez… usted que tiene un ángel amoroso por hijo no me entienda, pero…. Yo le hice mucho daño a Masamune… porque precisamente nunca hice algo por él… Me llevé el apellido del que estuvo orgulloso en silencio por muchos años… más de la mitad de su vida. Pero, algo bueno debe tener Yokozawa Takafumi… porque no contribuyó con su resentimiento… Y hoy... desde hoy… seré primero su madre…

- Bien… Nos veremos en el Tribunal, entonces… - la mujer la miró con tristeza y luego se inclinó respetuosamente antes de irse.

OwO

- Quince minutos esperando… ¿No se cansan de hacer el

- ¡MAMÁ! – Takafumi la jaló y cerró la puerta, aterrado.

- ¿Qué? Con esto del juicio ten por seguro que pronto sabrán que ustedes hacen cositas todas las noches… ¡Zen-kun! ¿Usaste ya todos los condones? Te traje otra cajita – lo besó, mientras el pobre se ponía de mil colores.

- No… Okasan… La verdad es que no solemos usarlos… Takafumi prefiere sentirme piel con piel…

- ¡ZEN! ¡ARGGG, ME VOY A DORMIR, HASTA MAÑANA! – se fue directo a la habitación de huéspedes… olvidando que vestía tan solo su delantal de lunares y por ende dándole un espectáculo alucinante a su madre y pareja.

- Hum… Tres…

- Dos…

- Uno… - ambos cerraron los ojos y se taparon los oídos.

- ¡ZEN, ERES UN BASTARDO!

- Ay, es taaan predecible… - rieron divertidos – Nos debió avisar… La verdad es que…

- No tienes que explicarme nada… Suponía que ustedes se estaban acompañando, y ya sabes que no me afecta la manera… ¿Estás bien? – acarició su carita – Takafumi me escribió, pero no pude leerlo pronto…

- Sí. Hablamos con Hiyo… pero… mi madre…

- No te pongas triste – le acarició la nariz – Las cosas pasan por algo, aunque parezcan una maldición… Y cuando se componen, todo es más maravilloso – el joven le sonrió.

- Sí… Tiene razón… Ya es muy tarde, ¿recién llegó? ¿Quiere tomar algo?

- No, estoy cansada, gracias. Y sí, llegué hace poco… Preferiría irme a dormir… ¿Tendrás una yucata extra?

- Sí… ¿Pero no sentirá frío?

- Me abrigaré con este abrigo – se acurrucó contra la prenda que a todas luces era muy abrigadora. Zen le sonrió tiernamente y luego trajo desde su habitación una yucata amarilla.

- Aquí tiene… Por favor, use la habitación de Hiyo… Perdone si la cama es muy pequeña…

- Nah, no hay problema… Me sentiré acompañada ahí… Ve a dormir… A las doce se queda profundamente dormido, entra, que no se te escape… - le guiñó el ojo – Yo no escucharé nada…

- ¡Okasan! – se sonrojó por completo.

La mujer entró, dejó la cartera en el mueblecito rosado de la niña y miró enternecida todo. Podía reconocer algunas cositas como el gusto personal de su hijo y sintió su corazón encogerse… Los amaba… Su Takafumi estaba enamorado al fin. Y lo amaban… como la joya más hermosa y perfecta. Lanzando un suspiro al admirar la fotografía de los cuatro que adornaba la mesita de noche, salió hacia el servicio con la yucata en sus brazos. Entró, encendió la luz… y se quitó el abrigo.

- Es una pena… Espero que no quede muy manchado… - susurró… ante la imagen de color café de su dobladillo.