A aquellas personas que siguen este fic... les pido perdón desde lo más profundo de mi ser...

Tuve unas semanas complicadas con los temas del trabajo y del inglés... Es más, hace dos fines de semana estuve durmiendo sólo dos horas u.u

Y toda esta semana decidí leer de nuevo este fic para no crearme incongruencias debido al tiempo transcurrido...

Espero que no le pierdan el gusto por esta falta de respeto, snif...

Antes de ir al capi, una mención más que especial a una de mis amigas más queridas en el mundo mundial... Yamuri (ya sabes que eres tú, no te hagas, sweet honey OwO), quien junto a mi es madre de la historia "oficial" de Kuroda, y autora original de su vida... Es algo así como su Nakamura-sensei, y es una de las personas más maravillosas del mundo. Gracias, amiga, por permitirme incluir a estos dos en esta historia.

Además de ello... ya que una de mis mejores amigas es chilena, quiero enviar un abrazo enorme a todo Chile. Parte de lo que se escribe al final de este capi es en parte una especie de, espero no ofensivo, sino mas bien cariñoso homenaje a las personas que sufrieron las consecuencias de los eventos que han venido sufriendo. Pienso que en este tipo de circunstancias el ser humano muestra lo más hermoso de su ser al ayudar a otros hermanos que han visto sus vidas afectadas, y las noticias que nos llegan a Perú sólo me llevan a admirarlos más... Espero que todo este mal trance pase rápido y que sean oportunidades para seguir brillando como lo hacen.

Bueno, ahora si, al capi n.n Espero les guste, y ya estoy preparando el siguiente, así que no tendrán que esperar más de una semana n.n

Los quiero!


Secretos

Lo recuerdo como si hubiera sido ayer…

Los detalles no con tanta claridad, porque en realidad, siendo honesto… sólo me dediqué a llorar...

Él vestía su gabardina plomiza… o celeste… Mis ojos verdes se centraron en llorar, porque por alguna razón aún no intuida yo ya lo amaba… Y saber que él sufría a causa de la decisión de niichan… era doblemente doloroso para mí.

Cuando me abrazó, luego de besarme…

Usagi-san… Usagi-san…

Sólo eso repetía mi mente… Una espalda ancha, que me hacía sentir pequeño y a la vez sumamente importante… Unos ojos imposibles de color violeta que cuando no están llenos de lujuria me derriten… con ternura.

Tardé muchos años en acostumbrarme a este tipo de relación pese a amarlo… Pero aun así… Aun así, cuando niichan nos quiso separar, no pude… Ni siquiera la perspectiva de tener una familia, la que siempre lloré, me sacó de su lado…

Por eso… cuando oí a esa mujer…

"Creemos que su comportamiento impropio frente a la niña, especialmente el de sus amistades, podría afectar su integridad mental y moral… De modo que…"

Yo siempre había creído… desde que me asignaron a su área… que Kirishima-san era un Adonis con categoría de dios griego… No es que me guste físicamente y menos de manera romántica, pero siempre lo he visto como perteneciente a la raza de Usagi-san… Alto, imponente, guapo, amable y entregado a su trabajo y a su hija…

Cuando me empecé a dar cuenta de sus sonrojos cada vez que veía al Jefe de Ventas con disimulo, al cruzarnos en los pasillos, me imaginé que tal vez habían tenido un altercado previo. Después de todo Yokozawa-san era temido creo que hasta por el mismo Presidente… No sabía que ellos se relacionaban hasta que un día, paseando con sempai, los vi, de lejos… Fuera de un bar... Kirishima-san lo besaba con tal pasión que me sonrojé, aunque no tanto como él. Luego vinieron los susurros sobre la foto del mandil de lunares, la ausencia del anillo, las corbatas a juego, o las corbatas que nunca Yokozawa-san usaba y que sorprendentemente empezaba a ponerse…

De mirarme como si fuese un chicle pegado a su zapato, con el tiempo me empezó a saludar, a preguntarme por mis progresos… Supongo que Kirishima-san le contaba que Ijuuin-sensei me tenía un especial capricho… porque no fueron una, sino varias, las ocasiones en que me bloqueó el paso, creo que adrede, hasta que sensei se hubo ido… Y luego reía divertido por su propia "torpeza", para pasar a enrojecer al notar que mi Jefe se acercaba, a despeinarlo… Como felicitándolo por su buen trabajo.

Así me di cuenta… que ambos mundos, microscópicos a comparación del Universo, se habían unido, como nosotros dos…

La tierna frialdad de Yokozawa-san con la espontánea dulzura de Kirishima-san… Muchos dirían que polos opuestos, pero yo creo que en realidad son los complementos perfectos…

Sólo me bastaron los cinco segundos que demoró en correr para sostenerlo cuando le entregaron el sobre de la citación del juzgado para comprender que estaban unidos como nadie en todo Marukawa… Ese hombre alto, imponente, tan parecido a un oso y tan letal como él a la hora de defender los presupuestos… corrió como si estuvieran a punto de matar al ser más importante de su mundo… Corrió a defenderlo.

Por eso lloré…

Como todo se volvió un infierno, llamé a Usagi-san para que me fuese a recoger. Estaba en una reunión, así que no me contestó a tiempo. Como pude, llegué a casa, y él me apretó con fuerza cuando nos encontramos en el elevador… Obviamente él, desesperado, estaba yendo a buscarme luego de leer mi texto…

Ese día ni siquiera su fórmula mágica para frenar llantos eternos sirvió de algo…

¿Cómo no ponerme así, Usagi-san…?, le dije, …si ambos se aman tanto como tú y yo… Y ahora les quieren quitar a su hija…

Si hubieran sido lágrimas por Haruhiko-san o Ijuuin-sensei, Usagi-san me habría amado toda la noche… Pero entendió que esto era diferente… Un amor/admiración por un amor nacido en medio de unas paredes llenas de papeles y tinta, de historias y regalos, que no llegaban a completar ni siquiera el uno por ciento de la maravillosa historia real de ellos…

Aún lloro, como ahora que peino a Alexander… Porque tiene el cabello tan suavecito como imagino lo tiene la niña…

A ti te separaron de tus papás, ¿verdad?, cuando eras cachorrito…

Yo sé lo que es vivir sin padres… Por eso me duele tanto… Por ella.

- Misaki… - se arrodilló delante suyo y le alzó la carita, para luego besar sus lágrimas – Amor…

- Gomen… - se acurrucó contra él – Es que…

- Sé por qué lloras. Y lamento mucho no tener el poder para ayudarles… ¿Me perdonas por eso…?

- Usagi-baka… ¿por qué tendría que perdonarte eso…? – le besó la mejilla, enrojeciendo sus cachetitos - …sólo debo perdonarte tus violaciones sistemáticas…

- Ni esas… porque las disfrutas… - Alexander fue alejándose, como entendiendo que empezaba a presenciar algo un poco… "adultezco".

- Jajaja… Usagi-san… ¿por qué las cosas malas les pasan a las personas buenas…?

- Pienso que es para que continúen su proceso de transformación… Ellos dos se aman y se han ayudado mucho a crecer… Como tú y yo… Yo te ayudé a tener una carrera, y descubrir tus talentos… mientras que tú me hiciste humano…

- Ya lo eras… - le acarició la nariz.

- Era una existencia solitaria y vacía… Tú me llenaste de luz… - Misaki se hizo bolita, completamente sonrojado.

- ¿Con… con quien hablabas ahora…? – el suspiro de su conejo lo obligó a olvidarse de su vergüenza. Lo miró, y reconoció la inseguridad de ese par de ojos violetas.

- Necesito tu consejo… Acaban de pedir mi ayuda para algo, y aunque me parece que la finalidad es justa… El proceso no me convence…

Misaki me miró a los ojos, como si me leyera la mente, o al menos lo intentara. Señal de que al menos me permitiría exponer aquello que me hacía dudar en esos minutos de incertidumbre creciente.

OwO

Henmi se estiró cual gatito, en la cama, bajo las cobijas, aún con los ojos cerrados, como si en efecto estuviese soñando que era un minino. Agitó las piernas, las elevó, lanzó al suelo la sábana y cuando decidió mirar a su alrededor…

- Tanaka-san… De nuevo lo hiciste…

El joven Asistente de Ventas era el prototipo ideal del uke: de fisonomía fina y facciones casi femeninas, desnudo como estaba en esos momentos, se veía en verdad apetecible… Sobretodo por los coquetos moretones que su piel lucía incluso en los lugares más inverosímiles.

- …voy a matarlo…

- ¿A quién? – Henmi tardó cinco milésimas de segundo en recoger la sábana y cubrirse con ella.

- A un viejo pervertido que me violó anoche sin mi consentimiento… - lo besó con amor, quitándole de raíz su molestia.

- Gomen… Pero te veías en verdad dulce y precioso…

- No soy precioso…

- ¿Guapo…? – alzó una ceja, divertido por su pucherito.

- …apuesto… - sonrieron.

- Bien, mi apuesto Asistente de Ventas… Es hora de ir a trabajar – arrancó de sus manos la sábana, dejándolo desnudo una vez más.

- ¡OI! ¡TANAKA-SAN, NO SEAS ABUSIVO!

- Jajaja, está bien… Toma – le alargó una yucata y él se la puso al instante – Henmi… - lo hizo detenerse a medio camino hacia el baño – Tú… ¿confías en mi…?

Tanaka-san era un hombre muy sabio, además de guapo, imponente y dulce con él. Se habían conocido en una noche de bar, en un establecimiento en el que el mayor solía apoyar a un amigo en sus días libres. Esa noche, recordaba, se juntaron el hambre y la necesidad: Henmi llevaba días pensando en cómo hacer que su Jefe confiara en él y le contara su alegría de sentirse amado… Y Tanaka llevaba meses deseando poder hacer un amigo al cual contarle su día a día, ya que estaba resignado a pasar el resto de sus días solo…

Tanaka sabía lo que era amar dándolo todo… De hecho, lo único que no había podido darle a la mujer de su vida… había sido precisamente eso… una nueva oportunidad para vivir… Viudo, aunque no se hubiesen casado, el corazón del mayor albergaba el infierno de haber perdido a su mujer durante el parto…

Y Henmi… Henmi guardaba bajo ochenta mil llaves un secreto que sólo unos cuántos conocían, y quienes a su vez eran desconocidos con el resto de amistades del joven… Y ese secreto lo había llevado a huir del amor en la misma medida en que lo anhelaba con todo su ser… Víctima de malas experiencias a causa de su enorme inocencia, había sido engañado muchas veces… Y resentido con la principal causante de su dolor, se había cerrado a la condición heterosexual… aunque debía aceptar que siempre le habían llamado la atención los hombres…

Y fue así que… entre risas, anécdotas, y una que otra micro etapa depresiva de minutos… la dulzura de los 23 años de Henmi… y la experiencia de los 45 de Tanaka habían llevado al par a admirarse de otra manera desde el primer momento.

Entre coqueteos inconscientes de un lado y otro, a una semana de conocerse, Henmi había sido pedido por Tanaka como novio, con amor, con ternura… Siempre, eso sí, el mayor se las ingeniaba para lograr amplias sesiones de amor entre semanas – casi a interdiario, y durante los fines, casi todo el día -, lo cual llevaba a Henmi continuamente a sospechar que tal vez no era tan mayor como decía, porque… ¡Ese cuerpo se movía como uno de treinta…!

Sin embargo… Tanaka tenía un pequeño defecto: la diferencia de edades lo volvía muy inseguro, y temeroso. Tenía terror a entregar su corazón por completo, pese a habérselo entregado en custodia desde la primera noche juntos como pareja. Y en parte, Henmi tenía la culpa: no solía hacer planes a futuro, aunque nunca le había dado un motivo para no confiar en él… Así que los continuos "Para siempre", "Eterno", "Nunca terminará" que las parejas normales se dedican, habían sido reemplazados por ellos con un "Hasta mañana"… Y, aunque no se lo dijera nunca… Tanaka le tenía terror a esa frase… Porque a los 45… más cercanos que 23 a la muerte… el mañana es una quimera… Una especie de promesa limitante… con mayor peso que un contrato… con la señora de la guadaña y la túnica negra.

- Totalmente… hasta que descubra una traición de tu parte… Y aún así, te otorgaré el beneficio de la duda. ¿Acaso no te entregué mi virginidad…? – el otro asintió, sonrojándolo más – Pues ahí tienes tu respuesta: confío tanto en ti que te abrí mi corazón y mis piernas… - lo hizo reír.

- Sin lugar a dudas… Ambas acciones fueron deliciosas… - empezó a cubrirlo con su cuerpo.

- Ahhh… Tanaka-san, no… Debemos ir a Marukawa… - se abrazó a su espalda ancha, gimiendo ante los besos repartidos en su cuello.

- Yokozawa-san no te citó tan temprano… y la mía es sólo una reunión simple e informativa…

- Pero… Ventas… - sus caderas lo traicionaron cuando acarició su entrepierna, moviéndose contra esa mano traviesa – Mmm… - sucumbió a sus besos, que lo dejaban sin aire, que le succionaban su autocontrol – Takeshi…

- Dilo de nuevo… - gruñó contra su pecho, sin dejar de masturbarlo – Dilo de nuevo, me excitas cuando mencionas mi nombre de esa manera… - forzó con suavidad un dedo en su interior. Tanaka lograba que su cuerpo se relajara con la primera caricia.

- Haaa… Takeshi… por favor… Ahhh… - el vaivén de los dedos y sus succiones en todo su cuerpo lo llevaron al límite...

OwO

Ryuu lo observaba comer. Llevaba aproximadamente unos quince días mostrando un cansancio atípico… y eso le preocupaba… Mucho.

Ryuutaro era un niño vivaracho, acostumbrado a saltar de arriba a abajo, de derecha a izquierda, hacer muchas preguntas, y sacar excelentes calificaciones… además de llenar de ternura todo lugar al que iba… Y dejar corazones rotos por doquier, aunque, obviamente, no se diera cuenta…

Pero… de la noche a la mañana… como en esa en particular…

- Ryuu… amor…

Se quedaba dormido en la mesa, mientras comía, o hacía las tareas… O veía su programa favorito de la televisión.

- ¿Mmm? Gomen, papi… Tengo mucho sueño…

- Amorcito, lo sé… Mejor llamo al colegio y digo que no irás… Puedes quedarte en casa, después de todo, lo de hoy es sólo una jornada extra de matemáticas… Te llamaré cada media hora…

…porque… Sólo vivían juntos los dos, y a diferencia de Kirishima, Kuroda Ryuu no tenía familiares para ayudarle, y menos una novia que lo apoyara… Su condición de padre soltero… abandonado por su mujer con un niño de nueve meses de nacido cuando le confesó su bisexualidad… lo sometía siempre a la cercanía de hombres y mujeres que sólo lo usaban para una cosa… mientras veían a Ryuutaro como un problema.

Solo… con un bebé… Ryuu nunca había pensado en escalar posiciones en Marukawa, autolimitándose a un nivel inferior dentro de ventas para no acceder a mayores responsabilidades que lo alejaran de casa tanto como, por ejemplo, solían alejar a Yokozawa-san de una vida tranquila.

Por eso… cuando conoció y vio el ímpetu de Iokawa Shiro…

- ¿Y si le pides a Io-chan que me acompañe…?

Una lucecita de esperanza se hizo presente…

No puedo aspirar a que me vea como alguien elegible… Al final de cuentas, dice amar a mi Jefe… Pero, si tan solo… yo… pudiese conservarlo como amigo… Me sentiría menos solo…

- Iokawa-kun probablemente tenga planes para esta tarde, amor… No podemos importunarlo…

- Oh… Es que… Io-chan… – el timbre sonó. Algo extraño, si se lo mencionaban, ya que nunca recibían visita. Despeinó al pequeño de manera cariñosa, y luego fue a abrir.

- Buenos di… ¿Iokawa-kun…? – no pudo ocultar su inmenso asombro.

- Buenos días, Kuroda-san… Me acordé que le había prometido a Ryuu-kun traerle el cuento de Yuuto sobre los extraterrestres amarillos… Gomen si – la energía que le quedaba al pequeño fue suficiente para lograr desestabilizarlo cuando corrió a abrazarlo con fuerza – Jajaja, hola…

- ¡Io-chan!

- ¡Ryuu, más respeto…!

- Descuide, Kuroda-san… Me encanta que me llame así… ¿Ya iba para Marukawa…?

- No, recién desayunábamos… ¿Y usted?

- Hem, no… Yo… Vine, porque… – ahora que lo veía, no había una razón de peso, ¿verdad?. Se sonrojó – yo… yo quería… ¿Interrumpo?

- Descuide – su corazón se ilusionó levemente. Podría haberle dado el libro en la oficina... – Aún es temprano, y aún si llegara tarde no tendría importancia por ser sábado… Me dirigía hacia el colegio de Ryuu para dejar una pequeña nota sobre su salud…

- ¿Te sigues sintiendo cansado…? – asintió – Estás pálido… ¿por qué mejor no se toma el día libre? Yo podría avanzar con sus pendientes – miró a Kuroda con preocupación.

- No puedo abusar de su gentileza… Además, lo de hoy es sólo una reunión de reporte entre Henmi, el Jefe y yo. Ryuu estará bien, no se preocupe…

- Hum… yo también fui solicitado mediante un mail… ¿Y si lo llevamos con nosotros…? – se sentía como su pareja, lo que lo llevó a sonrojarse.

- Es una alternativa… Consultaré con Yokozawa-san… - notó un deje de incomodidad que le estrujó el corazón – O… si gusta… usted…

- No, descuide – volvió a sonreír – Pienso que es lo mejor… pero me parece también que Japun es un ambiente mucho más tranquilo para que Ryuu-kun pueda descansar – le sonrió.

- ¿Tú trabajas ahí, Io-chan? – lo miró con ilusión.

- No, yo trabajo con tu papá… Pero subiré cada quince minutos, mientras esté en la oficina, para visitarte y llevarte un pastelito…

- ¡Hai! – volvió a abrazarlo. Los dos hombres se miraron, y aquella sensación extraña volvió a apoderarse de su interior, sonrojándolos.

¿Qué es esto…? Se supone que amo a Yokozawa-san… ¿Qué es esto que tiene Kuroda Ryuu que me hace sentir tan nervioso… qué es…?

Habiendo acordado ello, padre e hijo salieron del departamento, cogidos de la mano, mientras que Iokawa cerraba la puerta.

Oí como Yokozawa-san desestimaba tus sentimientos… Yo nunca he pasado por ello, por el dulce baño de un amor insistente… Shiro… si logras olvidarlo… si puedes darte un baño fresco de infantil compañía y madura experiencia… ¿me darías una oportunidad…?

Como esa tarde de helados… en la que te conté parte de mi vida…

¿Crees poder hacerlo…?

OwO

Se despertaron a las ocho de la mañana, calculando que los niños aún dormirían. Y los invitados también, por supuesto… Pero habían olvidado un pequeño detalle: los pediatras y los profesores de universidad están más acostumbrados a madrugar que los editores y los agentes de venta, y los niños que acaban de ser transformados en hermanitos tienen muuuchas ganas de contarse sus cosas y de interactuar. Así que, cuando Yokozawa logró dominar sus caderas, sonrojado, y aceptó bañarse con él… Cuando al fin lograron separar sus labios recordándose que ya no estaba permitido el dejarse llevar de esa manera, y salieron, vestidos y perfumados, de su habitación… Ya el comedor estaba terminando de llenarse con los olores característicos a una típica y deliciosa mañana de sábado…

- Buenos días – Nowaki les regaló una de sus sonrisas más tiernas.

- Buenos días… - respondieron en coro los dos, con los ojos muy abiertos y salivando.

- ¡Nicchan! ¡Papi! – dos cabecitas rubias estuvieron a punto de tumbarlos cuando sus cuerpos chocaron contra los suyos, apretándolos entre sí.

- Jajaja, cuidado, que los van a hacer caer – Hiroki terminó de colocar los cuencos con arroz en la mesa.

- ¿Durmieron bien? – Kirishima besó primero la cabecita de Mamoru y luego la de Hiyo, dejando la tarea de sonreírles a la "mamá", para luego dirigirse a Nowaki.

- Muy bien… salvo por un par de fantasmitas, ¿verdad, Mamoru? – los dos ukes se sonrojaron completamente. Y es que, en efecto, lamentablemente los ensayos de esto y aquello silencioso se habían ido al tacho: ni Hiroki ni Takafumi habían podido frenar sus gemidos.

- ¡Sí! Eran por momentos muy escandalosos, aunque la mayor parte del tiempo sonaban a que les faltaba el aire… Yo pens

- Ah, tendremos que espantarlos en la noche… - Kirishima decidió poner fin a los sonrojos crecientes de ambos ukes por el bienestar sexual suyo y de Nowaki – ¡Ahora a comer! Especialmente tú – miró a su novio, quien dejó de lado la molestia inicial para mirarlo con timidez.

- …hai…

- Hiyo-chan nos ha contado que usted no ha estado bien de salud… Yo soy Pediatra, pero algo sé de medicina general. Si lo desea, puede llamarme en cualquier momento en que se sienta mal…

- Yo me encargaré de que seas la primera opción en todo momento… - Kirishima le sonrió profundamente agradecido – Entre ustedes dos y mi nuevo vigilante espero lograr que este idiota se cuide como debe…

- ¡Oye! ¡No me llames así delante de los niños!

- Da igual, ya se dieron cuenta que en lo que respecta a tu salud eres eso y más… - empezaba a protestar, pero el otro alzó la voz - ¡Y punto final! No me hagas renegar y come todas las delicias que han preparado nuestros amigos… - Yokozawa lanzó un suspiro y empezó a comer, luego de agradecer.

- Esta parte de Tokio es verdaderamente tranquila… La conocíamos desde hace tiempo por traerlos para jugar, pero vivirlo en la noche…

- Jajaja, sí, es muy tranquila. En mi antiguo departamento no lograba conciliar el sueño por culpa de los carros – Yokozawa le sirvió a Mamoru un trocito de pollo al vapor.

- ¡Arigatou! – y luego a Hiyo, quien le regaló su hermosa y coqueta sonrisa de todos los días.

- Pero no puedes negar que te quedaba más cerca de Marukawa…

- Eso sí. Pero bueno, hay cosas que compensan… – se sonrieron. Los niños y los Kusama rieron divertidos al ver la miradita enamorada que no lograban ocultar.

- Mamoru nos contó temprano que están pensando trasladarlo al colegio de Hiyo-chan… - asintieron – Bueno, el lunes, Hiro-san y yo podemos acompañarlos para que inicien los trámites… luego de la entrevista – se pusieron serios – No creo que haya impedimento alguno para que ustedes empiecen a ocuparse de él…

- Tú crees… en base a su experiencia… - Yokozawa habló de manera calmada, ocultando su urgencia - …qué si nos ponen las cosas difíciles por ser hombres… Como soltero, ¿yo podría solicitarlo con mejores resultados…?

- Hum… - Hiroki se puso a analizar las cosas – Creo que sí. Ya posteriormente podrían legalizarlo como matrimonio, aunque recuerden que en Japón aún no hay leyes que lo permitan…

- Exactamente… Así que, amor, nuestro matrimonio dulce e íntimo tendrá que realizarse formalmente… - Kirishima le habló de manera tan tierna que hasta los niños se sonrojaron.

- Lo… lo sé…

- ¡Ah, soy tan feliz! – sonrió en toda su amplitud – Secretamente deseaba algo como eso… Ya sé lo especial que puede ser un matrimonio, y aunque soy viudo, quería que tú vivieras esa experiencia… ¿Estás contento…? – los Kusama se pusieron de pie, agradeciendo por la comida y fueron seguidos por los niños, dejándoles un espacio a solas para poder conversar con intimidad.

- …lo estoy… Aunque obviamente este matrimonio será muy diferente…

- Si te refieres a que no tendré una novia a mi lado, vestida de manera vaporosa… - Yokozawa bajó la mirada – sabes bien que eso no tiene nada que ver… Te quiero de pie, junto a mí, delante de todos… Quiero presumirte ante el mundo… No te puedo tomar como esposo bajo la bendición de Dios, porque la sociedad no lo quiere… Pero rogaré porque el oficiante y Él actúen en comunión y podamos dar el sí con la boca y el corazón sabiendo que seremos uno solo en la Tierra y en el Cielo… - su novio se hizo bolita.

- ¿Por qué eres tan cursi…?

- Por lo que no entiendes hasta ahora… Eres una maravilla de la naturaleza… - se atrevió a mirarlo a los ojos y vio que los miel estaban húmedos.

- Zen…

- Descuida… - se los limpió – Ya sabes que soy un seme sentimental y llorón… Takafumi, te amo… Te voy a regalar la ceremonia más hermosa del universo, te lo juro… ¿Me crees…?

¿Cómo no creerle…? Hasta el momento había cumplido todas y cada una de las promesas que le hizo para conquistarlo… para convertirse en su todo. Le sonrió, y poniendo la carita más dulce que Zen había visto hasta el momento, dio un si en forma de susurro. Pero él lo escuchó. Le acarició el rostro con amor, con devoción, como si fuese lo más frágil y hermoso que hubiese visto hasta ese momento… Y lo besó como sólo él solía hacerlo.

Los Kusama, Hiyo y Mamoru prometieron regresar en la noche, mas o menos cuando ya ellos hubiesen terminado la mudanza… Pero la llamada tímida de Kuroda para preguntar si podía llevar a Ryuu a la oficina y la desesperada de Henmi pidiendo clemencia por tardarse, les hicieron recordar que habían citado a sus subordinados, incluido Iokawa, a unas reuniones informativas, a causa de los acontecimientos de la semana.

- Después de todo aún tendremos la tarde para poder mudar lo más importante, como nuestra ropa, y las cosas de Hiyo, al menos… Mañana podemos ir con Mamoru para comprar lo que le falte…

- Pues si – terminó de cambiarse – Gracias por permitir que Kuroda deje a Ryuu-kun en tu oficina…

- No hay nada por agradecer… Estoy seguro de que él haría lo mismo por Hiyo o Mamoru… Pero me preocupa lo del pequeño – el hombre les había contado a ambos el problema de salud del niño a muy grandes rasgos. Abrió la puerta de calle y le cedió el paso – Deberías ordenarle que lo lleve al médico…

- Si… Lo haré ahora… Me avergüenza un poco no estar enterado de este tipo de cosas siendo su Jefe – bajó la mirada con culpa.

- Hey – acarició sus cabellos – No es tu culpa… Hemos estado metidos en nuestras cosas, que no son como para tomarlas a la ligera… Estoy seguro de que él entiende… Por cierto… - el ascensor los dejó en la planta baja – Iokawa… ¿se está portando bien…?

- Quiso no hacerlo, pero lo detuve… Espero que haya entendido porque estoy perdiendo la poca paciencia que me queda para él… - su voz asqueada fue música para sus oídos.

- Me alegra saberlo… Porque si siquiera te llega a mirar de más el trasero, lo mato…

- ¡Zen! – rieron.

OwO

- Buenos días, Yokozawa-san, Kirishima-san… Les… presento a mi hijo…

- Encantado de conocerlos – se inclinó, un tanto tambaleante, ante ellos – Kuroda Ryuutaro…

- Pero qué lindo jovencito – el instinto paternal de Kirishima parecía haberse duplicado con su nueva condición de padre de un niño – Yo soy Kirishima Zen… pero puedes llamarme de la manera en que gustes – le sonrió.

- Pues… ¿Zen-chan…?

- ¡Ryuu! – se escandalizó.

- Jajaja, ¡me encanta! Siempre había querido que me llamen así, el kun nunca me ha gustado… ¿Yo puedo llamarte Ryuu-chin?

- ¡Hai!

- Ah, me como a este niño… - rieron. Iokawa estaba alejado, mirándolos con disimulo.

- Yo soy

- ¡EL OSITO GRUÑÓN!

- ¡RYUU! – esta vez Kuroda se volvió un camaleón humano.

- Jajaja… Veo que tu padre te ha contado sobre mi… - no estaba molesto, por lo que Kuroda supo que conservaría su vida – Soy Yokozawa Takafumi…

- ¡TAKA-CHAN!

- Dios mío… - el pobre estaba al borde de un desmayo.

- No lo reprendas por ser espontáneo… ¿Te gustan los dulces? – asintió – Mira, te trajimos galletitas – el pequeño los apachurró con fuerza.

- ¡Ah! ¡RYUU-KUN! – la voz de Henmi hizo eco en todas las paredes de la oficina de Ventas. En cuanto lo escuchó, el pequeño corrió hacia él. Y cuando el joven lo imitó… Yokozawa y Kirishima se dieron cuenta que el despertador no era el culpable de su retraso… por la forma de correr que les recordaba a la de un patito…

- Lamento la demora, Kirishima-san… Nuestro desp

- Descuida, descuida… Si no hubiésemos tenido visitas estaríamos en la misma situación – Yokozawa se sonrojó – Adelántate con Ryuu-chin, por favor. Yo debo llevar un reporte que me entregará Takafumi, Ichi debe estar ya arriba… Y espero que ese holgazán de porquería también… - apretó los puños pensando en su mangaka depresivo.

- De acuerdo… Ryuu-kun, ¿vamos? Yo soy Tanaka Takeshi, el… - los observaron interactuar a los tres antes de que el mayor y el niño se subieran en el ascensor.

- Bueno, Kirishima-san… Este es el reporte del mes pasado… - Iokawa se acercó en silencio.

Ahora, observándolos, comprendía por qué su relación había sido secreta hasta hacía unas semanas. Kirishima, aunque no pudiese borrar el brillo de hombre enamorado cuando lo miraba, actuaba como si sólo tuviesen una relación laboral. Yokozawa por su parte explicaba el informe con una maestría que arrancaba suspiros de admiración en Henmi.

Y él… Él observaba a su Jefe con concentración, como intentando grabar cada una de sus expresiones para poder aplicarlas algún día… Sin embargo, sabía muy bien que su mente estaba en algún lugar lejano, en el otro piso… en el que su única razón de ser quizás ya se encontraría dormido…

Kuroda… lo turbaba… Le hacía desear conocer aspectos suyos que sólo había anhelado conocer de Yokozawa… ¿Por qué? ¿Por ser padre… por ser guapo… por ser amable…? ¿Porque sabía que ya no tenía oportunidad con ese morocho de ojos azules…?

- ¿Y bien?

- ¿Eh? – sus pensamientos se vieron interrumpidos por la voz cargada de molestia de Kirishima, quien lo observaba con rabia.

- ¿Cómo que eh? ¿Qué mierdas hacías mirándole el trasero a Takafumi?

- ¿Qu…qué? –miró hacia Kuroda, desesperado por disculparse, pero ya el hombre se alejaba hacia su sitio. Suspiró – No miraba a Yokozawa-san, estaba pensando…

- Pensando… ¿en cómo forzarlo, quizás? – estaba en verdad al límite de su estado mental y emocional, y ese sujeto sólo contribuía a exasperarlo.

- Iokawa, por favor, lleva estos reportes a Japun… - Henmi le extendió unas carpetas de color amarillo.

- Pero

- Kirishima-san… No ganamos nada con un altercado entre ustedes – Henmi habló con un tono adulto y responsable, sorprendiendo gratamente a su Jefe. Iokawa asintió y tomó el ascensor, sin apartar la vista de Kuroda – Debe controlarse… En verdad lo vi sumido en sus reflexiones…

- ¿Es que acaso están escritas en el poto de mi prometido? Mira, ¿las ves? – hizo girar a Yokozawa para mostrarle su retaguardia a Henmi, sonrojándolo completamente. Por su parte, los dos subordinados presentes rieron divertidos.

- Ciertamente no, Kirishima-san… Pero debe reconocer que hay límites… - Kuroda le sonrió – Centrémonos en acabar esto, por favor… Quisiera llevar a Ryuu a casa lo más rápido posible… - cualquier queja de parte de Yokozawa se desvaneció, mientras Kirishima bajaba la mirada, avergonzado.

- Luego te acercaremos a la clínica más cercana a Marukawa… Ocúpate de revisar estos… - le entregó cinco files, mientras Henmi capturaba quince.

- Pero…

- Es una orden de tu Jefe… - Iokawa regresó, evitando mirar incluso el piso por más de dos segundos – Así que acátala… Yo los llevaré a la clínica…

Kirishima se fue luego, aunque fue obvio para todos que no deseaba hacerlo. Llevaba una semana sin tener a Yokozawa cerca durante las horas de trabajo, y por lo tanto, tenerlo ahora era una verdadera bendición.

Fue y vino incluso después de tener un pie en el interior del ascensor, ocasionando el sonrojo total de Yokozawa, varias veces…, so pretexto de haber olvidado una estupidez "importante". Pero al final no se pudo contener más: tomó su barbilla y lo besó, dulcemente.

Henmi y un divertido Ijuuin que había bajado para comprarle un pastel a Ryuutaro aplaudieron con euforia esa demostración de amor, haciendo que Yokozawa huyese a los servicios luego de mandarlo bien lejos… Kirishima por su parte, se irguió, en toda su altura, presto a sonreírle de manera arrogante a Iokawa, pero… Sus ojos se abrieron con asombro al descubrirlo absorto… mirando a Kuroda, quien estaba concentrado en los informes.

OwO

- ¿No tuviste problemas para hallar el hospital?

- No, mi amor – lo sonrojó – Lamento que el carro sea tan pequeño… se llenó cuando subieron los Tanaka… ¿Estuviste bien sin mí? – lo hizo sonreír con timidez.

- Estuve mucho mejor sin ti…

- Ja, esa ni tú te la crees… - se detuvo en una luz roja – Los dejé primero a ellos. Están viviendo juntos en lo de Tanaka-san… Hacen una extraña y bonita pareja, ¿sabes?

- Lo sé… Henmi… me inspira mucha ternura… ahora que lo conozco mejor… - habló mirando al frente – A veces me es tan simple hablar con él, que me sorprendo a mí mismo a un paso de llevarlo a casa para cenar…

- ¿Y por qué no lo has hecho?

- Porque no es mi casa…

- Vuelve a repetir eso, y dormirás en la sala…

- …lo siento… En realidad… no lo hice porque antes creía que iba tras de mi puesto. Lo veía como a un espía… Pero, ahora…

- ¿…es como un hermanito…? – asintió – Es natural. Lo siento de la misma manera – Takafumi volteó a mirarlo, pero ya él miraba al frente, siguiendo el tráfico.

- ¿Tú…?

- Sí, yo. Después de todo, fue gracias a él que me atreví a crear oportunidades para acercarme a ti… Era como mi hada madrina…

- Que no te oiga llamarlo como si fuera una mujer… - rieron – Hum… ¿cómo es eso de que te creó oportunidades conmigo…?

- Ah, creí que ya te lo había contado… Pues, tu Asistente no es tan Asistonto como piensas… Aunque en un acuerdo tácito, cada vez que te veía medio meditabundo, me soltaba el comentario de "Ah, hoy ha sido otro día pesado para Yokozawa-san… Si tan sólo tuviera un amigo cercano…".

- Eso fue después de…

- No. Fue poco antes de que tú y yo nos encontrásemos en ese bar… - Yokozawa se sonrojó – Y lo hizo… por un pequeño error mío…

- ¿Error? – lo miró, y comprobó con asombro que esta vez el sonrojado era él.

- Habíamos tenido una Fiesta para los Autores… Yo llegué con Ijuuin antes que Esmeralda en su totalidad… Obviamente – habló con fastidio – ese idiota y yo acaparamos la atención de las mujeres, pero logré huir aduciendo que iría por un poco de comida y un trago para sensei… Y pues… Choqué contigo – lo escuchaba atento… pero no lograba recordar ello – Supongo que no lo recuerdas, porque ocurrió mientras hablabas con ese… - sus manos apretaron innecesariamente el volante – Pero no pude sacarme de la mente la sonrisa que me dirigiste… Te espiaba, te seguía sin que te dieras cuenta… todo para comprobar que estabas con ese imbécil incluso en el baño… ¿tanto te gustaba su

- Creo que te has desviado un poco del tema… Estábamos hablando de Henmi, de ti y de mi… - no tenía ganas de hablar de Takano cuando acababa de escuchar algo tan adorablemente vergonzoso.

- Cierto, cierto… Gomen… Estaba… pensando… hacerlo mi padrino… ¿Habías pensado en ello? Si sí, yo podría optar por Ijuuin. Ese bastardo me odiará si no lo llevo a nuestro matrimonio…

- Bu…bueno… - fue más que obvio para Kirishima que él había pensado en otro padrino…

- …no puedo impedirte que lo invites, pero quiero al frente a personas que nos hayan hecho felices…

- Siempre te estás quejando de Ijuuin-sensei… Eso significa que no te hace feliz a veces… –intentó bromear, sabiendo cuán sensible era Kirishima a ese tema. Pero no le respondió. Desde ese momento manejó en silencio.

Yokozawa odiaba que se pusiera así… porque sentía que no confiaba en él. Lo amaba, con un amor incomparable… con un amor completo…

Estaban cada vez más cerca y él no lograba encontrar un tema de conversación… hasta que…

- Espera… ¿Me acompañas a mi departamento…? Necesito llevar algunas cosas a casa…

- Por supuesto… ¿Estamos cer

- Aquí… Detente aquí, amor – se le salió desde el corazón, sonrojándose, y haciendo que Kirishima abriera los ojos completamente - …va…vamos…

Lo llevó por las escaleras, tomándolo de la mano. Zen estaba como hipnotizado, pero al mismo tiempo traumatizado por ese cambio… Pero no dijo nada hasta que hubieron llegado.

- Pasa… - le abrió la puerta y lo dejó entrar – Me sorprende que no recuerdes donde queda cuando hemos venido varias veces…

- Las veces en que hemos venido solos ha sido en la noche, que yo recuerde… Y la otra vez, pues… Estaba tan encabronado con mi madre que honestamente no me di cuenta… Pero ven… - lo atrajo por la cintura - ¿Qué pasa? ¿Por qué "amor" y el tomarme de la mano?

- ¿Acaso tengo prohibido hacer esas cosas con mi prometido…? – Kirishima sintió que su corazón se agitaba como nunca. Lo había dicho con una carita tan adorable, que le vino un impulso enorme por comérselo a besos – Si no te gusta, pues

- Lo adoro… Sólo quería saber si lo hacías porque me puso celoso el hablar de ese hijo de

- No lo hice por obligación… No pensaba hacerlo, en realidad, sólo… sólo fluyó… Y sí, en parte por tu culpa – frunció el ceño - ¿Por qué carajos tienes que ponerte así aún…? Yo te amo a ti…

- Lo sé – lo abrazó contra su pecho – Lo sé… Es sólo que recuerdo que lo amaste antes que a mi… que lo cuidabas antes que a mi… que lloraste por él hasta casi morirte… Y el muy bastardo…

- Pero ya no está… Ahora somos nosotros cinco… - Kirishima aspiró su perfume con amor.

- Somos cinco… ¿Te das cuenta de que tú sólo has sumado para más en mi vida…? – le alzó el mentón. Y lo besó. Fue un beso dulce, tierno, amoroso… que no los llevó a más – Tus papás deben estar usando el departamento en las noches, ¿no crees? No quiero amarte en una cama que no sea la nuestra o la de un hotel… - acarició sus labios.

- …yo menos… Mejor vamos a casa… - se dejó hacer, sonrojado - ¿Me esperas un instante? Voy a sacar un par de cosas de mi clóset…

- Ve… - besó su frente y lo dejó ir.

Luego empezó a pasearse por toda la sala, que aunque pequeña, estaba muy bien organizada. Sonrió al comprobar que hasta antes de conocerse, Yokozawa había adquirido rigurosamente los tomos de Za-Kan… en contraste con la ausencia total de los mangas editados por Takano. Aunque quizás en realidad por respeto a él, los hubiera botado o guardado fuera de su vista, el que se hubiera desecho de ellos de alguna manera, lo llevaba a comprobar que en verdad ya no sentía nada más que una profunda amistad por ese tipo.

Ya iba a ir por él, para al menos jugar un poco… cuando una fotografía enmarcada llamó su atención. No era Yokozawa… aunque se parecía muchísimo a él… de modo que supuso que se trataba de Kotaro-sama… Y de alguna manera incomprensible… podía apostar a que la mujer del lado izquierdo de la foto… era…

- Amor, ¿cuándo tomaron la foto de tu papá?

- ¿De mi papá? Yo no tengo fotos de ellos… - salió, con dos bolsas especiales para ternos y dos pijamas que parecían a juego, doblados pulcramente.

- Pues… ¿Y eso? – la visión de su novio lo llevó a olvidar lo reciente.

- Son dos de mis trajes… Me hiciste acordar que pronto tendremos una reunión de pre-publicación de Ijuuin-sensei… Uno de ellos me queda muy largo, te lo pruebas en casa…

- Está bien – los recibió - ¿Y eso otro…?

- Esto… pues… - se sonrojó brutalmente, intrigándolo. Le dio la espalda – Yo… Cuando empezamos a salir, tuve un impulso muy… Caminaba por el frente de una tienda de ofertas y… Creí que si alguna vez te quedabas aquí… podríamos usar esos pijamas a juego… - se hizo el silencio.

- Me retracto – Yokozawa sintió cómo lo abrazaba por detrás, de manera… traviesa. Pero no se soltó – Lo haremos en el cuarto de huéspedes…

- Pe… - sucumbió bajo un beso de aquellos que le robaban la voluntad - …pueden volver…

- Tienes razón… Vamos a casa… Quiero hacerlo… ya… - siguió jugando un poco más con su cuerpo, arrancándole vergonzosos gemidos.

OwO

- Me hubieras llamado. Tu padre y yo podríamos haber ido haciendo la mudanza – se los habían cruzado en el pasadizo y Saki había insistido en acompañarlos a casa para ayudar.

- Imposible… Ustedes ni Takafumi cargarán algo mientras yo viva…

- ¡Oi! ¡No decidas por mí!

- ¡Decido porque estás en falta conmigo! – Saki intentó no reír cuando el mayor señaló a su hijo de manera acusadora, reprendiéndolo – Demuéstrame que te sabes cuidar y evaluaré si te dejo ser hombrecito…

- ¡…yo soy hombre! – se cruzó de brazos.

- Eres el padre de mis dos hijos… Recuérdalo siempre – tanto Saki como Takafumi bajaron las caritas – Bueno, amor… Mientras Saki-sama nos ayuda con el almuerzo, ¿empezamos? Pienso que por ahora lo que podemos hacer es trasladar mi cama al cuarto de Hiyo… y la suya a la que era mi habitación. La que tú usabas puede ser desde hoy la de Mamoru, sólo debemos cambiar la ropa de cama…

- Pero…

- Me parece una excelente idea, hijo… ¿No te gusta? – su madre lo miró inquisitiva.

- ¿…no será un punto negativo el que compartamos la habitación estando Hiyo… y ahora que pasaremos por la entrevista…? Más con esta suerte de tregua que tenemos con tu madre… - Kirishima suspiró.

- Ciertamente no es el mejor escenario, pero… - evitó su mirada - …entiéndeme… Es mi hija, hasta cierto punto prefiero que choque con la realidad de saber que su padre y su novio tienen relaciones sexuales… a que se enfrente a convivir de manera tan cercana con Mamoru. Confío en que ha sido criado como un caballerito, pero… Mi Hiyo sólo ha convivido conmigo, y aunque sabe muy bien incluso que físicamente tiene diferencias con su hermano… yo…

Takafumi le dio la razón… pero tenía que reconocer que la cosa no terminaba de gustarle. Amaba compartir la cama con su novio, aun cuando no hiciesen nada… y ya Hiyo debía, la noche anterior, suponía, haber comprendido que su papá y niichan no habían dormido como ella y Mamoru, separados. Y el amor con que habían sido saludados temprano era una clara señal de que ellos no juzgaban nada. Lo veían como algo natural y lindo.

Pese a ello, tenía miedo. Ya se habían encariñado con el pequeño, Zen hasta lucía más joven con la perspectiva de ser papá una vez más. Pero estaban en verdad dentro de una tregua, o al menos así se sentían, ya que nadie les había informado que Chikako no llevaría el caso.

Con ese nubarrón sobre sus cabezas mas la entrevista del lunes…

- Aunque… si prefieres mantener las cosas así… podemos adaptarnos también… Mi habitación es ligeramente más grande, y por ende tendremos más espacio para meter sus dos camitas… Yo dormiré en la de Hiyo… - le sonrió dulcemente, aunque por dentro su ilusión de sentirse su esposo al fin se le estaba diluyendo.

- No. Lo que pensaste está muy bien… - Saki volvió a sonreír y luego de despeinarlos, se fue a la cocina - ¿Qué me dejarás mover…?

- Me ayudarás con todo – sonreía de nuevo de manera vivaz – Pero moveremos las cosas entre los dos, ¿te parece?

- Hai – le sonrió. Estaba sonrojado y tenía ganas de besarlo, pero prefirió bajar la mirada al cruzarla con sus ojos miel.

- No me prives de tus ojos… - pero él le alzó el mentón – No tienes idea de lo hermosos que se ven cuando me estás coqueteando…

- ¿…quién…?

- ¿Lo vas a negar…? – lo ocultó tras la pared, y besó sus labios con amor, suavemente – Te amo…

- …también te amo… - Kirishima lo apachurró con cuidado.

- Hoy definitivamente estrenaremos ese cuarto…

- ¿De verdad…? ¿Jugando ajedrez…? – esta vez sí le coqueteó, y Kirishima sólo se tuvo que conformar con volver a besar sus labios.

- Jugando, pero a otra cosa… Recuerda que queda bien lejos de aquí…

OwO

Domingo. Hora de almuerzo. Hora en la que los Kirishima, los cinco, ya que Sorata había exigido su lugar en la mesa, comían lo que Hiyori y Mamoru habían cocinado... Hora en la que Kuroda le daba de comer una papilla a su niño, que no había logrado despertarse del todo… Hora en la que los Kusama intentaban por enésima vez una prórroga…

Tantas personas en Japón y en el mundo compartiendo una mesa de a varios, o quizás simplemente para uno, pero sumidos en sus asuntos… Sin embargo, en un restaurante imposible de ser pagado por un obrero común, las partes de un rompecabezas que no tenía ni pies ni cabeza hasta ese momento estaban reunidas…

Para poner en práctica parte de un juego que probablemente condenaría a muerte no sólo a una persona…

- No sabía que conocías este restaurante… Sin lugar a dudas eres la última persona en el mundo que pensaría se podría permitir uno de estos...

- Pues, aunque no lo crea… también tengo mis ahorros, Usami-sensei. Y ya que me va a hacer un favor tan inmenso, pues… sería una grosería de mi parte no invitarlo a un lugar como este…

- Probablemente… Sin embargo, supongo que imaginas que sólo lo hago por Tanaka – el aludido se removió en su sitio, con incomodidad – y porque Kaoru-san, al que considero la persona más coherente del universo, dio su consentimiento…

- En estos momentos no me siento coherente para nada… Comenzando por el hecho de que en lugar de haber metido a la cárcel a este sujeto estoy aquí… "En una Capacitación en Administración Contable"… a punto de comer junto con él – podía imaginar la cara de su Ryuuichirou el día que se enterara de lo que estaba haciendo.

- Sé que merezco eso y mucho más… pero… Ya les dije. Todo habría estado muy bien, si no hubiese presenciado esa reunión a lo lejos…

- Él tiene razón – Tanaka habló, más serio de lo normal – Y tú más que nadie, Kaoru, lo sabes. Es una de las razones por las que estoy aquí… Por las que me uní a Henmi… - en la mesa de al lado, la persona que degustaba casi sin darse cuenta la comida más económica de ese lugar se irguió, abriendo la boca con asombro. Afortunadamente los ambientes estaban ocultos por una especie de cortina, y a él no lograrían verlo.

- Sabiendo la historia de las dos familias obviamente estabas obligado a cooperar, así es que no vengas con

- No te permito que me restriegues eso, Akihiko – habló con voz de trueno – Tú, que luchaste con tu familia para cumplir tus sueños, y para amar a Misaki-sama… no puedes hacer pasar mis sentimientos como algo estúpido o sin sentido…

- Dejemos de pretender que amas a ese mocoso… y pasemos a lo nuestro – la figura al lado rogó por escuchar una respuesta, pero sólo el silencio reinó en el ambiente.

- ¿Ya lo terminó, Usami-sensei?

- Hai – sacó una pequeña libreta de uno de los bolsillos de su saco y se la entregó a Tanaka – Hasta aquí mi colaboración… Del resto se encargarán ustedes…

- El martes… Ryuiichirou y Kirishima-san irán a una reunión con un inversionista extranjero que desea llevar Za-Kan al mercado latinoamericano… Es el momento perfecto. Asegúrate de que Yokozawa esté a las tres en punto en Ventas… - miró directamente a los ojos del joven que estaba sentado, cada vez más rígido.

- ¿De veras piensan que esto funcionará…?

- Iokawa – la figura sentada en el otro compartimiento confirmó sus peores sospechas – esta fue tu idea… Usami-sensei y Asahina-san tienen todo ya coordinado y aprobado por sus parejas, pero… Kirishima-san tiene mucho por perder – la otra persona salió directamente hacia la caja, aterrado por lo que acababa de oír. Deseaba pagar en ese mismo instante y luego llamar a las dos personas que debían enterarse de este terrible asunto - …y yo también.

OwO

- Hum… no sé… No le veo forma... – Mamoru inclinó la cabeza como perrito, evaluando el dibujo.

- Cierto… Aunque… Diría que es una cacatúa…

- ¿Cacatúa? Mocosa insolente, ¡Es Sora-chan! – hasta el gatito abrió los ojos como platos y le bufó, con indignación.

- Yo diría mas bien que es uno de los "regalos diurnos" de Sorata…

- ¿Ha? Ah, no, esta me la pagas, mamá osita – Kirishima se puso a perseguirlo, mientras los niños reían a carcajadas y Yokozawa intentaba ocultarse en la habitación. Mala idea – Ah… qué hermoso escondite…

- Oooi… están los – lo besó, de manera intensa, mientras oían cómo se encendía la televisión de la sala – Zen…

- Sólo besarnos… Por favor, no he podido hacerlo en todo el mandito domingo… - lo echó con suavidad en la cama. Y fundieron sus labios en un pasional beso que invitaba a sus cuerpos a chocar el uno contra el otro, moviendo la cama… agitando la habitación… hacien

- Oi… no te muevas tanto… - se miraron entre sí, porque definitivamente no se estaban moviendo ya. Y se pusieron de pie al instante al oír los gritos aterrados de los niños.

- ¡JUNTO AL MUEBLE, HACIÉNDOSE BOLITA! – Kirishima había pasado varios terremotos con Hiyo, pero temía que Mamoru tuviese otro tipo de reacciones que la contagiaran.

- ¡SORA-CHAN! – y en efecto, el niño intentaba alcanzar al gatito, que por primera vez experimentaba uno en esa casa.

- ¡ÉCHATE AHÍ! – Yokozawa los obligó a él y a Kirishima a tirarse junto a Hiyo, mientras se arrastraba debajo de la mesa para capturar a su gatito.

- ¡TAKAFUMI! – sin darse cuenta de que el pesado florero del mueble de al lado iba a caerle encima.

OwO

La improvisada reunión en ese restaurante de renombre había cesado mucho antes de que el terremoto iniciase… pero, al igual que con los Kirishima, las otras familias habían pasado por momentos traumáticos.

Los Kusama vieron con horror cómo el orfanato cedía completamente al peso, aunque ningún niño fue afectado. Hiroki y Nowaki se llevaron a los pequeños a su departamento, y durmieron como papá y mamá gallina en la sala, con los varoncitos, mientras los padres del menor lo hacían en la habitación del castaño y las niñas en la del morocho, temblando, temiendo que cualquiera de las fuertes réplicas fuese el inicio del final… Lo positivo de esto, fue que les fue ampliada la fecha de pago, pero… Ahora ni siquiera podían reconstruirlo.

Los Usami habían logrado escapar del último piso y Usagi-san no dejaba de abrazar a su pequeño novio, aterrado ante la idea de haber estado tan cerca de perderlo. Por primera vez en su vida Misaki no se quejó. Lo aferró igual de asustado, pidiéndole que lo llevara con su hermano… aunque eso suponía un viaje de más de cuatro horas en el ahora sucio deportivo rojo que no dejaba de sonar.

Takano y Onodera ayudaban en ese momento a salir a todos sus vecinos de mayor edad. Aunque el edificio, como todos, había resistido, era obvio que las grietas eran una señal de alerta… Así que a Ritsu poco le importó inventarse sus "noches de trabajo" para entretener a su anciana vecina, que le preguntaba una y mil veces por el nombre de su club.

Marukawa, imponente, se alzaba sin más señas que un par de lunas rotas que fueron corregidas en el acto… La calma de esa mole de concreto, metal y vidrio, ofendía… Sobretodo cuando se volteaba la vista hacia otra mole que sólo en ese tipo de situaciones se mostraba tan agitada…

- ¡VINIMOS CORRIENDO! – Henmi lucía sudoroso, igual que Tanaka, pero ambos se mostraban decididos – Hágannos los análisis, por favor…

- El señor es muy mayor, me temo que – el médico fue interrumpido por la voz ofendida de Tanaka.

- ¿Qué? Puedo tener más años que tú, mocoso, pero es un compañero de trabajo quien tiene una urgencia en estos momentos… ¡Y NO VOY A PERMITIR QUE ME DISCRIMINES CUANDO QUIZÁS PUEDO SER DE AYUDA!

- Calma… calma… - Kirishima, pálido, y acurrucando a Sorata contra su pecho, envuelto en la camisa ensangretada de Yokozawa, le puso la mano en el hombro – Todo va a ir bien…

- Gomen… ¿Cómo sigue Yokozawa-san…?

- Mucho mejor… Mamoru lo ha acompañado a los servicios, mientras Hiyo… Ah, así viene… - la niña llegó, con la carita congestionada. Se abrazó inmediatamente a su papá - …no puedo creer que esto esté pasando… pero hacía mucho que no había uno tan fuerte…

- ¿La casa…? – Henmi volteó a mirarlos.

- Bien, hijo, no te preocupes… Si no hubiera sido por ese jarrón de porquería no estaríamos aquí… Amor – sin soltarse de Hiyo, corrió a abrazarlo por los hombros. Yokozawa, quien tenía una venda en la cabeza, le sonrió, mientras recibía a Sorata y era apachurrado por sus dos hijos.

- Hola… Me alegra verlos bien, tenía miedo por ti… Esa vez en Marukawa te orinaste en los pantalones y no llegaste a salir… - bromeó, y fue abrazado, para su sorpresa, también por Henmi – Oi… ¿qué pasa?

- Cuando oímos que dos familias de Marukawa estaban aquí… Henmi se aterró al pensar que los donantes fuesen requeridos para alguno de ustedes… Lo quiere mucho, Yokozawa-san…

- …es mi hermano… - Yokozawa logró oírlo, sin poder dar crédito a lo que oía – Gomen, por ser, tan, insolente, pero…

- Lo soy… Así que obedece a tu niichan y deja de llorar. Estoy bien… - Henmi alzó la carita, y sus ojos azules, tan parecidos a los de Yokozawa, le sonrieron.

- Soy huérfano… - todos los presentes dejaron escapar una muda exclamación de sorpresa – Como Mamoru-kun… yo… No tuve familia – acarició la carita del pequeño – Por eso… por eso yo… Si Yokozawa-san puede confiar en mí, sería muy feliz…

- Confío. Claro que lo hago. Si no lo hiciera, no habrías sido el primero en quien deposité el secreto de mi relación… Así que descuida… - le sonrió – Aunque no por un papel… eres Yokozawa Henmi para nosotros… - la sonrisa que se dibujó en el rostro de su asistente contagió a los niños… por muy poco tiempo.

- ¡A POSITIVO! ¡POR FAVOR, SE LOS RUEGO, A POSITIVO!

- ¿Ese no es Kuroda, Takafumi? – corrieron hacia el hombre que estaba irreconocible. Lleno de polvo, con rastros de sangre seca en su mejilla, Kuroda iba de un lado para el otro pidiendo donantes… Si él estaba "bien…" entonces…

- ¡VINE EN CUANTO PU – Iokawa acababa de aparecer. Sus ojos se llenaron de lágrimas al verlo en ese estado. Importándole una mierda la cabeza vendada de Yokozawa, y las miradas aterradas del resto, se acercó a él. En cuanto lo vio, Kuroda se echó en sus brazos, llorando – Kuroda-san… ¿dónde está Ryuu-kun…?

- …se me muere… Shiro, Ryuu se me muere…