.

.

.

Primera vacante.

.

.

Por: Xeina Phi.

.

.

.

—Naruto, ¿estás seguro de que es una buena idea?

—Claro que sí, Iruka. —El aludido estaba frente al espejo intentando vanamente acomodar su cabello.

—Pero si toda la información en tu currículum es falsa —reprobó con el ceño fruncido mientras pasaba la siguiente página—. ¿Experiencia en el área contable de Microsoft? ¡Pero si ni siquiera te volvieron a llamar!

—Oye, pero pedí el trabajo y eso tiene que contar de algo —rebatió arrojando el fijador y el peine frustrado—. Ni hablar, es lo mejor que pude hacer.

—Creo que si fueras más honesto conseguirías un mejor empleo. Solo acuérdate de lo que pasó cuando trabajaste de asistente de veterinario —dijo rememorando el desvarío del rubio y el termómetro rectal.

—Y aprendí la lección, está vez no trabajaré con nada que involucre seres vivos u otras cavidades. —Tomó su saco y su folder—. Además, ya no quiero vivir con el viejo pervertido. Nos vemos.

De alguna forma, ese día los astros se alinearon a favor de Naruto, ya que no solo pasó satisfactoriamente los primeros filtros y los psicométricos, sino que lo iba a entrevistar el jefe de recursos humanos, y si todo salía bien, después hablaría con la presidenta de la empresa en persona. Solo había una vacante disponible y sería suya, estaba determinado a hacer a la competencia papilla o lo que hiciera falta.

Cuando llegó a la oficina de personal, casi alardeó sobre su victoria al no encontrar más aspirantes. Un hombre que rondaba en la treintena, cabellos platinados y una singular mascarilla que cubría casi en su totalidad el rostro, le dio la bienvenida.

—Ah, señor Uzumaki. Lo estábamos esperando —expresó con parsimonia señalándole el lugar disponible frente a él.

Naruto tragó grueso y tomó asiento.

—Lo siento, ¿llego tarde? —inquirió observando de reojo la hora en su reloj de muñeca.

—No fueron más que un par de minutos —dijo restándole importancia al asunto—. El señor Uchiha Sasuke, en cambio, lleva aquí poco más de diez minutos.

Naruto sintió como las mandíbulas se le iban al suelo. ¿Qué clase de bastardo estirado llegaba con tanta antelación a una cita? Desvió la mirada solo unos milímetros y observó a su lado un rostro de estreñimiento de dos semanas, cejas fruncidas, postura perfecta y un traje impoluto a la medida de dos piezas.

«Maldito» rezongó para sus adentros. Ese estúpido podría arruinarle todo.

—Bien, mi nombre es Kakashi Hatake y como sabrán soy el jefe de recursos humanos de EcoNoha... —Y ahí empezaba la letanía pomposa de siempre. De haber podido, Naruto habría bostezado, pero necesitaba el empleo desesperadamente, así que le tocaba jugar al adulador unos minutos—. Supongo que no hace falta que les explique en detalle las que serán sus funciones dentro de la compañía; análisis de negocios, proyecciones de ventas…

El rubio se petrificó, no supo en qué momento el hombre frente a él empezó a hablar en otro idioma, menos supo en qué momento el sujeto a su lado empezó a participar de forma activa en la conversación.

—¿Señor Uzumaki?

—¿Eh?

Las facciones de Kakashi se endurecieron.

—¿Qué tanto conoce la empresa?

—Ah, pues sé que el año pasado vendieron más que el anterior —dijo por decir algo, deseando que fuera cierto. Y aunque trató de sonar seguro, retuvo el aire en sus pulmones esperando lo peor.

—Muy bien —concedió Kakashi afable—. Mañana en punto de las nueve, la señora Haruno los entrevistará en persona, ella decidirá quién se queda con el puesto.

Una vez en el pasillo, Naruto suspiró sonoramente mientras una gota de sudor le resbalaba por la sien. Ni bien hubo recuperado el aliento cuando Sasuke pasó a su lado a toda prisa empujándolo por el costado.

—¡Hey! —le increpó, pero el otro ni siquiera se dignó a verlo y siguió con su camino sacando el móvil de su saco.

—¿Qué tal estuvo la entrevista?

—Bien, Itachi. Podría decirse que el puesto es prácticamente mío, el otro candidato es un pelmazo bueno para nada.

—Sabes bien que no tendrías necesidad de todo esto cuando tienes un lugar asegurado en la compañía de nuestros padres. No tendrías que estarte quebrando la cabeza para que no te embarguen el Mercedes, para que no te quiten la acción en el club, y ni hablar de tu deuda en la tarjeta de crédito —puntualizó Itachi con dureza del otro lado del auricular.

—Ese es asunto mío —resopló al tiempo que una vena se tensaba peligrosamente entre sus cejas. Miró por sobre su hombro para observar como Naruto lo seguía de cerca, tenía el ceño fruncido y los labios apretados, se veía realmente molesto, y no pudo importarle menos—. Tengo que irme. Ah, y por cierto, no creas que no me enteré de que usaste tus influencias con los Hyūga para conseguirme esta entrevista —acotó finalizando la llamada.

Cuando Sasuke sacó las llaves de su ostentoso Mercedes descapotable, se giró para enfrentar a su acosador.

—¿Qué es lo que quieres, idiota?

—¿A quién le llamas idiota, maldito bastardo? —farfulló indignado. En tan solo unos minutos, ese amargado con aires de grandeza se había convertido en su más acérrimo enemigo.

—No veo más idiotas aquí —señaló sardónico.

—Escúchame bien bastardo de mierda. —Naruto lo tomó por las solapas del saco, observando de reojo el lujoso automóvil—. Es evidente que tú no necesitas el puesto, así que te aconsejo que desistas ahora, porque no retrocederé.

Sasuke no se inmutó ante la mirada fiera de Naruto.

—Perdedor —siseó antes de darle un golpe en el estómago que le sacó el aire.

Naruto observó el Mercedes alejarse todavía doblado por el dolor. Eso no se lo perdonaría, pronto el estirado ese sabría hasta que punto podría llegar Naruto Uzumaki por esa vacante.

Al día siguiente, Naruto hizo algo de lo que no se sentía orgulloso particularmente, pero casos desesperados como el suyo, precisaban medidas desesperadas. Se despertó dos horas antes de la cita, se aseó y se enfundó el traje más refinado del armario de su padrino. Llegó a EcoNoha con treinta minutos de antelación, más no ingresó al edificio. El Mercedes aún no estaba en el parqueadero, lo que le indicó que el bastardo ese aún no había llegado. Cinco minutos después lo observó salir de su auto con aires de suficiencia, como si fuese el maldito dueño de la empresa, y Naruto se preguntó nuevamente; por qué un sujeto que a todas luces era adinerado querría trabajar en un lugar como ese.

Lo siguió disimuladamente al interior tratando de parecer casual, aunque sus ojos desorbitados, las venas saltonas en su frente y las manos hechas puños, lo hacían ver como un psicópata en serie. Desde luego, aquello no pasó desapercibido por la recepcionista y el mensajero, que lejos de preocuparse, rompieron en carcajadas una vez que las puertas del elevador cerraron.

Ciertamente, era una lástima que se fueran a perder de semejante espectáculo.

Una vez que estuvo en el lobby de presidencia, Naruto espero paciente su oportunidad. Claro que en su cabeza el plan parecía mucho más sencillo de ejecutar, tomando en cuenta que usó como referencia la serie de televisión MacGyver. Vamos, el tipo era capaz de lograr todas sus misiones con un bolígrafo y un mondadientes, y pensando en ello, Naruto asió con fuerza el rollo de cinta adhesiva gris al interior de su pantalón.

Observó a su víctima dirigirse al sanitario y se levantó de un salto. El plan era simple, lo iba a amordazar y dejar adentro de uno de los cubículos, de esa forma, él sería el único en presentarse y por ende sería contratado.

Cuando sacó la cinta, no se creyó su buena suerte; el lugar estaba desierto, dejando al bastardo a su merced. Se frotó las manos y esbozó una sonrisa maquiavélica. Sasuke estaba a punto de ingresar cuando se giró inesperadamente, observándolo con desprecio.

—Eres más idiota de lo que creí si en verdad piensas hacer eso —dijo señalando la cinta en sus manos.

Naruto retrocedió un par de pasos, aturdido, con la mandíbula desencajada al saberse sorprendido en el acto, e intentó ocultar la cinta atrás de su espalda.

—¿De, de qué estás hablando, teme?

Sasuke esbozó una fina línea en una sonrisa arrogante y se acercó lentamente.

—Pues de qué más, zopenco —susurró cerca de su rostro—. ¿Es que piensas secuestrarme? Te recuerdo que eso es ilegal.

Naruto tragó grueso y sintió como las orejas se le ponían rojas. ¿En qué momento perdió el control de la situación?

Sasuke en cambio, retrocedió un paso y lo barrió de arriba abajo.

—¿Acaso pensabas que esa sucia jugarreta te aseguraría el puesto? —Soltó una risita desdeñosa—. ¿Es que no te has visto en un espejo? ¡Mírate! —señaló malicioso—. Ese traje barato que traes es por lo menos tres tallas más grande, además de que parece sacado de un anticuario y huele a polillas, seguramente te lo dio tu abuelo. Y por increíble que parezca, es menos peor que lo que te pusiste ayer. Es evidente que estás haciendo tu mayor esfuerzo, pero eso es demasiado pedir. Así que, por qué no te das la vuelta y regresas al chiquero de donde saliste.

Aquello detonó la ira de Naruto. Ningún bastardo lo insultaría de esa forma sin salir ileso. Si antes había sentido remordimiento, este se esfumó instantáneamente. Apretó los puños y sacó la cinta, el pasillo seguía desierto, era ahora o nunca.

Fue una lucha sin tregua, ambos forcejearon hasta terminar adentro de los sanitarios, la cinta había quedado relegada en el suelo, Sasuke estaba contra la pared intentando quitarse de encima a Naruto, que parecía un loco, queriendo asestarle un buen golpe. Sus rostros estaban muy cerca, los pares de ojos eran tan desafiantes que casi se podían percibir chispazos en el aire. Sin embargo, ninguno de ellos esperó que una persona fuera a entrar inesperadamente al baño, empujándolos en el proceso.

—Perdón —dijo sin voltear a ver y encerrándose en uno de los cubículos.

Todo movimiento cesó una vez que sus bocas se encontraron accidentalmente, sus alientos chocaron, sus miradas se cruzaron incrédulas, como en una especie de reconocimiento. Unos segundos después, ambos se separaron y tosieron erráticamente, más ninguno hizo nada por borrar el registro del sabor del otro en sus labios.

Minutos después, ambos se encontraban junto al otro en la sala de juntas.

Sakura y su prometido Neji, fruncieron el entrecejo al encontrarlos tan desaliñados.

—¿Y bien? ¿Qué me dicen? —inquirió la presidenta un tanto divertida con sus hojas de vida en las manos.

—Acepto —dijeron al unísono.

La decisión de Sakura de contratar a ambos jóvenes cabreó a Neji, pero estaba dispuesta a soportarlo si con eso podía evitar que el radar de su prometido le siguiera los pasos.

Fin.

.

.

.


Notas.

Bueno, esta es mi adaptación de Betty la fea a Naruto. Como verán no se parece mucho, tomé como base ambas historias y al final salió este relato. Quise apegarme a las personalidades canon de Naruto y Sasuke, aunque también jugué con otros personajes a conveniencia. Por cierto, Neji y Sakura, jamás se me habría ocurrido jejeje.

Este relato fue para una dinámica del CDLF, si te gustó o tienes una opinión, no dudes en compartirla.