Un poco más tarde de lo normal, y mucho más largo de lo esperado, pero... Necesitaba llegar ya a esta parte... para mostrar partes que serán en verdad muy tiernas y fuertes...

Espero les guste y me perdonen lo que hecho... Sólo les pido en verdad que recuerden que muchas veces las cosas no son como parecen...


Dolor

Años después… Kirishima Zen, antes de morir, recordaría este día, meciéndose en una hamaca con su esposo sobre su pecho, como el principio de todo lo que ocurrió después… Y al mismo tiempo, como la recuperación de un algo que creía perdido…

Recordaría… por ejemplo, que Kuroda se desmayó en brazos de Iokawa, y que éste lo elevó en brazos, preguntando histérico por Kuroda Ryuutaro… al que llamó, sin mayores ceremonias… "hijo".

Recordaría, también, que Haruka apareció, aterrada, pero tan hermosa como siempre, pese a los rasguños de su rostro, y a regañadientes fue encargada por él mismo para cuidar de sus hijos… aunque no mencionara que Mamoru lo era. Incluso Sorata, como podía recordar, había dejado que lo colocaran contra el pecho femenino, y tanto Mamoru como Hiyo la abrazaron, haciéndola lucir como una leona protegiendo a sus cachorros. Les sonrió a ambos, y juró que nada les pasaría, y él… luego de agradecerle, besó a su novio delante de ella… Sólo por si las dudas.

Sin embargo, lo que más recordaría… fue lo que pasó luego…

- ¡TAKAFUMI!

- ¡ZEN, HIYO!

Sí, lo recordaría como si fuera ayer… El pequeño secreto revelándose ante los ojos de su pequeña familia de cinco… Sus dos madres, las abuelas, corriendo delante de los abuelos y buscándolos con ojos desorbitados… Lo gracioso del caso es que, para su mayor asombro, fue Saki quien clamaba los nombres de los que no llevaban su sangre. Y Akane la que gritaba con el corazón el del hombre que adoraba a su hijo.

- ¡DIOS MÍO, ESTÁN BIEN! – Akane abrazó a Takafumi con fuerza y lo miró fijamente - ¿Qué te pasó?

- Me… me cayó un jarrón en la cabeza, pero estoy bien, Kirishima-sama…

- ¿Por qué no me llamaste para estar tranquila? – Saki le dio soberano coscorrón a Zen.

- ¡Auch! Es que… es que…

- Ya, dejen de regañarlos… Mamoru, Hiyo… Vengan… ¿Haruka, cierto?

- Sí, Yokozawa-sama – la joven se puso de pie, y respondió con timidez a la versión mayor de Takafumi.

- Usted también… Vamos a caminar… Ustedes encárguense de su amigo, oímos que está un poco afectado, ¿es cierto?

- S…si… - Zen no entendía ni mierda, y Takafumi menos, pero ya habría tiempo de responder. Los abuelos marcharon con los niños y la joven, dejándolos solos.

- Bueno… Supongo que debemos tomar esto como una ampliación de la tregua… - Yokozawa suspiró.

- ¡Kirishima-san! – la voz de Nowaki les llegó desde lejos, y ahí se dirigieron, con Henmi y Takeshi tras ellos. Se habían visto forzados a llamarlo, al ver que no había manera de encontrar una habitación para Ryuutaro y su padre – He logrado habilitar una habitación para Kuroda-san, pero… El niño está muy mal…

- ¿Qué fue lo que pasó…? Hem, perdone la descortesía… El joven es mi novio, Kurinawa Henmi… Y yo soy Tanaka Takeshi. Somos amigos de Kuroda-san…

- Encantados de conocerlos… Me basta con verlos con Zen y Takafumi para saber que son buenos… - hablaba apurado, tanto, que se le olvidó usar las formalidades, pero poco importaba – Ryuu-kun aparentemente dormía en su habitación mientras Ryuu-san estaba bañándose. No pudo hacer nada… El edificio era muy antiguo. Para cuando llegó, justo ese lado había colapsado. Su estante de cuentos le salvó la vida, pero si ya su salud estaba disminuida por su deficiencia renal, pues

- Un momento… ¿Cómo que deficiencia renal…?

- Pues sí, Takafumi. A eso se debían sus constantes ataques de sueño… Si no le hacemos un trasplante de riñón ahora, ni siquiera parando la hemorragia que tiene en estos momentos… lograremos salvarle la vida…

OwO

Lo tenía sostenido por los hombros, mientras ambos miraban el cuerpecito de Ryuutaro, a través de la pared de vidrio de Cuidados Intensivos. Conectado a todos esos aparatos, simplemente era doloroso verlo… inmóvil… sin su vocecita llamándolo "Io-chan", como si se tratara de la canción más linda del mundo…

Kuroda lloraba… Lloraba, aunque ya sin lágrimas, y por ende, con el rostro muy inflamado. Le partía el alma verlo así, y se sentía un perfecto inútil, pero… al menos lo estaba acompañando.

- …tu familia… debe estar preocupada… Deberías llamar.

- Estaba con mi hermana, ella se está encargando. No se preocupe, debemos estar atentos al progreso de Ryuu.

- …gracias. Yo… lamento que hayas tenido que ver mi peor versión…

- ¿La peor? Yo vi a un padre muriéndose al saber que su hijo estaba mal – Kuroda empezó a llorar nuevamente – No va a morirse. Le juro que no lo hará.

- ¿Cómo puede asegurarlo? Hay personas que tardan décadas esperando un riñón. Ryuu está en lista de espera. No lo va a lograr… Y el doctor no quiere que yo lo done por mi anterior vida – se mordió la mano – Maldita soledad de mierda… Si no hubiera abusado del alcohol y el cigarro, sería apto…

- Le juro que no va a morir… Se lo juro… - hablaba con calma, casi como si supiera el futuro.

- Deja de jugar conmigo, ¿quieres?

- No juego…

- ¿Ah sí? ¿Lo dices por lástima, entonces, o porque quieres refugiarte en mi desgracia para dejar de pensar en el hombre que deseas…? –se enfadó - ¡ES MI HIJO EL QUE SE ESTÁ MURIENDO, MALDITO BASTARDO! ¡NO UNO MÁS DEL MONTÓN!

- Qué bueno que lo encontré – un médico rubio se les acercó, simulando no haber escuchado la discusión – Positivo – el rostro inexpresivo de Iokawa se iluminó en una hermosa sonrisa – Vaya a la sala de allá – le señaló una etiquetada en color amarillo, cuyas letras no se distinguían – Voy en un momento – Iokawa se inclinó con respeto ante el sensei, y luego avanzó, sin mirar a Kuroda – Lamento haber interrumpido…

- No hay problema… - de pronto, se sintió muy solo, sin él, y profundamente culpable y arrepentido por haberlo tratado de esa manera. Pero no tuvo tiempo de asimilar esas sensaciones, porque aparecieron dos enfermeras para llevarse a Ryuutaro – Un… un momento, ¿qué…?

- Conseguimos un donante. Afortunadamente será en vida, así que hay muchas más oportunidades de que todo sea exitoso.

- ¿Qué? – vio cómo se lo llevaban – No… no bromee, ¿quién en su sano juicio dejaría que le quiten un riñón? Sólo un familiar, o un padre, y usted no me deja hacerlo – lo miró con reproche.

- Pues… me sorprende que me diga eso, porque… Tenía entendido que el donante lo era – Kuroda parpadeó confundido – Como sé que no le quitará a su hijo la posibilidad de volver a vivir iniciaré la operación. Le dejo esto para que lo firme… Me lo devuelve cuando todo termine - le entregó el tablero y corrió, curiosamente, hasta la sala amarilla, por la que Ryuu también acababa de desaparecer.

Más que nada para aliviar sus nervios, ni siquiera leyó las cinco hojas que estaban ahí, esperándolo. Firmó, y listo. Sin embargo, algo llamó su atención. Algo que tuvo que leer diez veces para poder convencerse de que era real…

En el cuadradito que pedía los datos del donante, ponían "Padre 2"

Y en el de los datos de Padre 2… un nombre parecía acusarlo por su comportamiento anterior.

No había dudas… Esa firma ya la conocía muy bien…

Iokawa Shiro.

OwO

La noche llegó. Tanaka y Henmi se ofrecieron a acompañar a Kuroda, y ellos marcharon, por increíble que pareciese, a la casa de los Kirishima. Haruka le entregó a Yokozawa el paquetito que parecía dormir tranquilo y se despidió, sin forzar las cosas.

- Creo que puedo llegar a soportarla…

- Al menos hoy se comportó como una buena mujer… - Saki suspiró – Hiciste una buena elección, Akane…

- No sé si buena o mala… Sólo sé que ella era la única dispuesta a… - movió la cabeza – En fin. Creo… que es hora de hacer las presentaciones adecuadas del caso… - se acercó a Mamoru, quien se pegó más a Zen, y se arrolló ante él – Sé que tuvimos un mal inicio, pero… me encantaría hacer las cosas bien… - su hijo la miró fijamente, con la boca entreabierta – Soy Kirishima Akane… ¿tú cómo te llamas…?

- Yoko… Soy Kusama Mamoru… - bajó la carita, sonrojado.

- Yokozawa Mamoru… Suena lindo… - miró hacia su amiga. Saki se acercó, y también se puso a su nivel.

- Muy lindo… Y si lo notas, esos ojos azules se parecen a los de Takafumi, pero estos cachetes… - se los estiró suavemente, arrancándole un pequeño chillido de ratoncito – son de Zen…

- ¡Mamá! No lo asustes… - Takafumi estaba igual de sorprendido que su novio.

- Sí, pero esta nariz… No se… - Akane se la pellizcó suavemente, haciéndolo sonreír – Creo que son del abuelo Yokozawa… Y… esta boquita de Ken…

- Pero no pueden negar que tiene el porte de Sora-chan… – el comentario de Hiyo los hizo reír a todos.

- Cierto… Es un pequeño gatito… ¿Por qué no van a jugar al patio? Sus abuelos los vigilarán… - los dos asintieron. Hiyo se despidió con sendos besos para ambas y sus padres y tomó de la mano a Kotaro, mientras que Mamoru se acercó tímidamente a sus abuelas, quiénes terminaron mareándolo de tantos besos y apachurramientos que le dieron. Ken se encargó de estabilizarlo y se lo llevó detrás de los otros, dejándolos solos.

- Para que Saki-sama conozca el patio… debe haber pasado mucho tiempo aquí…

- Así es, hijo.

- Lo que nos lleva a preguntar… ¿Por qué no nos lo dijeron? Meses en esta situación, mamá, y tú… tú… - Yokozawa intentaba frenar su mal carácter, principalmente por el creciente dolor de cabeza.

- Hicimos una apuesta.

La voz de Akane no estaba cargada de odio, ni amor, ni tristeza, ni alegría. Fue simplemente… su voz. Yokozawa la miró, y luego miró a su madre, quien se miraba las manos, y luego miró a Zen, quien devolvía la mirada a su madre, sin parpadear.

- Apostaste… que lograbas separarnos…

- No. Ella apostó que su amor sería tan fuerte que ni siquiera ella podría separarlos… Yo aposté que no durarían ni dos meses juntos…

Si Yokozawa no hubiese conocido tan bien esa voz… habría jurado que esa no pertenecía a su madre. Pero era la suya… La mujer que más había apoyado su relación…

- Por eso me entregó a Takafumi en bandeja… para cansarme… - ella asintió – ¿Y qué piensa ahora…? – habló con el ceño fruncido. Takafumi temió que su novio le gritara por primera vez a su madre, así que colocó sutilmente una mano sobre su pierna más cercana, para calmarlo.

- Pues… - pero Saki sonrió divertida, desbaratando la tensión en la pareja – Debo decir que me saliste muy caro con tantos juguetes sexuales, condones y lubricantes… aunque… Fue divertido probarlos antes con Kotaro…

- ¡MAMÁ!

- Jajaja, siempre fuiste una maldita calenturienta… - las amigas se pusieron a reír. El siempre pulcro cabello de Kirishima se cayó como si estuviese mojado.

- Tú… tú… mamá… tú…

- Tienes que entenderme… - suspiró. Ambas se miraron y asintieron – Creo que es hora de que les contemos algo… que ninguno sabe…

OwO

Llegó a su pequeña habitación rentada, y se echó en la cama. La información que había recogido en esa cafetería, mientras acompañaba a los niños y sus abuelos, había sido determinante: ese pequeño niño era el signo de unión entre esos dos hombres… y por ende… el fin de ese sueño de princesa de cuento de hadas.

No lloró, pero sonrió al recuerdo de esa sonrisa… de esos ojos dulces… Haruka en verdad estaba enamorada. De verdad amaba a ese hombre… Igual que Iokawa, sin embargo, estaba sumida en un amor infértil, vano, ridículo… Pero real.

- Si hubiera actuado antes así… tal vez te habrías enamorado de mí…

Soltó una risita triste, pero luego se sentó de golpe. Un sonido en su cocina le indicaba que no estaba sola. Avanzó, con una pistola en las manos, y ahogó un grito.

- Hola, princesa… Me alegra que conserves ese regalo…

Supo en ese instante, al ver al hombre que la observaba de manera burlona, mientras se aflojaba la corbata, que debía proteger a como diese lugar a la familia de su amor…

Después de todo… había mucho más que ese amor en juego…

OwO

- De modo que…

- Sí, Zen… Saki y yo fuimos engañadas por dos hombres que… se amaban en secreto.

- Pero eso no les daba derecho a dudar de nosotros, nosotros – pero la mano de Zen lo detuvo.

- Comprendo muy bien su miedo, y supongo que si Takafumi me rompiese el corazón yo no dejaría que ningún hombre de cabellos negros y ojos azules se acercara a mi hija de nuevo… Sin embargo… ¿tienes una idea del daño que nos hiciste…? – miró a su madre con evidente resentimiento.

- Lo tengo. Pero aunque suene estúpido… intentaba unirlos más. Sé que estuvo mal, pero… Cuando empecé a sospechar… estaba tan resentida contigo por no contarme… Todos esos meses con Takafumi, todos esos meses con Saki intentando idear la manera de hacer que los volviese a visitar para darles una sorpresa… y bendecirlos los cuatro. No creas que siendo mi amiga de niñez… no supe al igual que ella que esa alianza era un recuerdo Yokozawa – los ojos miel de su hijo empezaron a llorar – Cuando a tus catorce llegaste e intentaste ocultarla… llamé a Saki. Lo tomamos como una cosa de niños, bromeando con que si tu novio fuese una niña, Ken y yo habríamos ido llevándote, para pedir su mano…

- Mamá…

- No puedes imaginar lo que pasó por nuestra mente cuando… entraste a Marukawa… y Takafumi intentó dos años consecutivos hacer prácticas ahí. Decíamos "¡Es hora! Tal vez pueda ayudarle a entrar…" Pero tanto Kotaro como él mismo decían que no, que debía comenzar bien… sin recibir ayuda de nadie… Y para cuando Masamune fue trasladado, Takafumi ya estaba tan pendiente de él y tú pasando por esa terrible tristeza, que supusimos que el día en que mi hijo se casara con ese chico te podríamos conocer…

- …qué idiotez… - Yokozawa ya lloraba, intentando no sollozar.

- Cuando se fue Sakura… fue cuando Saki y yo pensamos que era el momento oportuno. Pero no contábamos con que coincidiera con un evento en la vida de Takano que lo convirtió en dependiente de Takafumi, y

- No mencionen eso… por favor… - se llevó la mano a la cabeza. Yokozawa se acercó a él, preocupado.

- Oi… ¿estás bien…? – por respuesta lo abrazó por la cintura.

- Sí, mi amor… Sigan…

- Pues… el día que vi la hoja de los posibles destinos para su matrimonio todo se me vino de golpe: el recuerdo de nuestra experiencia… y la felicidad de saberte de nuevo enamorado… Sin embargo, debo reconocer que opté por la peor, probablemente, de las alternativas, como me hizo ver Saki. Sin embargo, no podía dar marcha atrás… Así que…

- Pese a las opiniones dispares, ya que aún te creía enamorado de Masamune – Yokozawa se abrazó más a Zen – intercambiamos papeles: yo iba a hacer todo lo posible por unirlos más para que desde el amor se cansaran… Y ella iba a atacarlos sin piedad para que ustedes se volviesen más fuertes…

- Pero llegué a un punto de quiebre en el que ni yo misma podía pararme…

- El caso es que le pedí mil veces a tu madre que dejara esto en paz… pero no pudo… Sin embargo, cuando pasó lo del terremoto…

- Me aterró… la idea de perderlos… No me hubiera perdonado que algo te pasara estando peleados… y menos que Taka-kun… pues…

- Aunque no los vimos crecer en vivo y en directo como los amigos que éramos… a causa de nuestro trauma… siempre hemos considerado al otro como nuestro hijo mayor y menor, respectivamente…

- Quise tanto cargarte siendo un bebé, Takafumi… - se puso a llorar – Cuando supe que venías fue el momento más feliz de mi vida luego de Zen...

Pero ya esos dos hombres tallados en azúcar las tenían entre sus brazos. Sonriendo como nunca. Zen sintió que al fin podía volver a reír… No era que no lo hubiera hecho hasta ese momento, porque sólo Takafumi y sus hijos, además de Sorata, le lograban arrancar carcajadas de felicidad. Pero el dolor de creer a su madre odiándolos, había ahogado todo su ser.

Takafumi por su parte era nuevamente aceptado y eso lo redujo a su antiguo yo infantil tierno, acurrucándose cuando su suegra lo atrajo para besar su frente. ¿Podía sentirse más amado… más aceptado…? Su madre le debía muchas más explicaciones, pero pese a ello…

Eran de nuevo una familia.

OwO

- ¿De verdad puedo? – los ojitos azules de Mamoru se hicieron más grandes. Estaban ahora todos apretujados en la antigua habitación de Zen, con el antiguo dueño rojo como un tomate.

- Claro que sí. Todo lo de tu papá Zen es tuyo ahora… - el pequeño se puso a escoger entre la ropa que Akane había guardado por años.

- No puedo creer que me estés haciendo pasar por todo este suplicio torturante, mamá… Mira esto – todos rieron al ver un enterizo con orejitas de gato que debía haber usado a los cinco meses.

- Jajaja, siempre he dicho que eres un felino insoportable – Takafumi recibió un sonoro manotazo en el trasero – ¡OYE!

- Mamá Osita está muy graciosa últimamente…

- No le digas así… Bueno, lo mejor es que ya se vayan a dormir, es muy tarde. Como sus habitaciones dan al pasillo, les será fácil salir si es necesario… Ven, Mamu – sí, la abuelita Akane lo había bautizado de esa manera – Si hay una réplica, corres hacia el patio. Hiyo ya sabe dónde deben pararse hasta que pase, ¿de acuerdo?

- Pero… Sora-chan… - apretujó al gatito con fuerza.

- Sora-chan ya ha dormido aquí varias veces… - Hiyo lo tomó de la mano y lo llevó a su habitación - ¿Ves ese pequeño cubo de cemento de ahí…? Abuelito lo mandó instalar en todas las habitaciones para que él se esconda… No te preocupes.

- Ya veo… - pero aún se quedó con la carita proyectada a sus pies.

- ¿Qué pasa…? – Zen le alzó el mentón. Y se asustó al verlo llorar – Hey…

- Zenta-kun… De seguro no sobrevivió… Olvidé decirle que tenía que dormirse con Midori ahora que yo ya no iba a estar allá… - se abrazó a él. Sorata le besó toda la carita.

OwO

Lo tenía abrazado por los hombros, mientras velaban el sueño de Kuroda, quien por fin había quedado exhausto luego de cuatro horas de espera. No se hablaban, pero las caricias en su hombro lo tranquilizaban. Le daban paz… a pesar de…

- ¿No tienes sueño…?

- No, Tanaka-san… Quiero estar despierto cuando nos digan cómo salió todo.

- Está bien… Entonces ven, acuéstate más contra mí, la silla es muy dura – se dejó acomodar, suspirando ante el calorcito que su novio emanaba. Sin embargo, no se sentía del todo bien.

Lo conocía desde hacía muy poco, sí, pero lo suficiente como para saber que le ocultaba algo. Las miradas esquivas, la sonrisa a veces forzada… ¿Ya no lo amaba, era eso…?

- Te doy un beso por tus pensamientos… - pero cuando comentaba esas cosas, se sentía en verdad querido.

- Pues, me preguntaba si en realidad… ya no me quieres… - fue incorporado suavemente, y Tanaka se puso de rodillas, entre sus piernas, abrazándolo por la cintura. Sonrojándolo completamente.

- ¿Puedo saber qué te hace dudarlo…?

- ¿Me ocultas algo? – su pregunta directa lo llevó a esquivar involuntariamente la mirada. Pero prefirió no mentirle. Kuroda empezó a despertar, y al ver la escena prefirió no hacerse notar… parando las orejitas.

- Sí. Pero no es un engaño, no me gusta nadie más, no planeo dejarte, porque te adoro, pese a conocerte desde hace tan poco tiempo…

- Las personas quieren a otras en corto tiempo… aman a mediano… y adoran sólo cuando ya el amor se acaba… ¿Cómo puedes adorarme sin haberme dejado de querer…?

- Porque llegaste cuando te necesitaba – Kuroda apretó los puños – De ser una necesidad, sin darme cuenta, te convertiste en mi amor… Créeme – lo miró a los ojos – Te adoro. Desde donde esté, te adoraré siempre… - Henmi quedó hipnotizado por sus ojos oscuros y su brillo indescifrable, y asintió. Ya iban a besarse, pero Kuroda empezó a moverse.

- ¡Despertaste! ¿Te sientes bien, necesitas algo, tienes hambre…?

- Estoy bien… Pero creo que un café me vendría perfecto…

- Yo lo traigo. Necesito estirar mis piernas – Henmi se puso de pie y fue hacia la cafetería. Necesitaba relajarse, porque Tanaka siempre lo dejaba a un paso de… ejem… cierta… reacción "en cadena".

- Estoy seguro de que todo saldrá bien. No debe preocuparse más de la cuenta… - Kuroda se puso de pie y se paseó delante suyo.

- ¿Tiene hijos, Tanaka-san? – sin saberlo, había puesto el dedo en una herida sin cicatrizar.

- Tuve uno… Pero murió con su madre el día que debió nacer – el menor se detuvo y lo miró con culpabilidad.

- Lo siento… yo…

- Descuide. Sé muy bien que no confía en mí, y que quiere mucho a Henmi – los ojos verdes lo miraron con sorpresa – De modo que me toca decirle lo siguiente: preferiría morir antes de que a Henmi le pasara algo… en la misma medida en que Iokawa-san entregó parte de su cuerpo para salvar a su hijo…

Kuroda iba a replicar, pero justo Henmi regresó.

OwO

- De modo que mañana teóricamente es la entrevista…

- Sí, papá. Deberemos ir con ustedes…

- Pues por nosotros excelente – Ken y Kotaro sonrieron – Aunque pienso que antes debemos pasar por lo de los Kusama. Le comentaste a tu padre, Takafumi, que la situación de ellos es crítica…

- Así es. Pero no he querido mencionarlo delante de los niños… - Yokozawa bajó la voz – Toda la casa se cayó. El gatito logró salvarse, pero estaba delicado. Lo llevaron a la veterinaria…

- Mira que pese a todo lo que les ha pasado se tomaron la molestia de cuidarlo…

- Es que Mamoru le dio un hogar. Es como nuestro Sorata, parte de la familia…

- Tendremos que hablar con un veterinario para que nos diga cómo lograr que no se peleen… - Kirishima lo tenía abrazado por los hombros, acariciando de tanto en tanto su brazo.

- No creo que eso pase, hijo… Pero bueno, ese tema está solucionado… Con Saki estuvimos pensando que dado que estamos en etapa escolar los niños se puedan instalar aquí…

- Y en vacaciones ir a casa. Ya hemos iniciado la construcción del orfanato nuevo – la noticia dejó a Takafumi confundido.

- Bueno… - Zen habló de manera recelosa, como si temiera su reacción – No sabía si ibas a aceptar que tú y yo adoptásemos a Mamoru, así que… antes de ello, le pedí permiso a tus padres para financiar un nuevo edificio en un espacio que me dijeron corresponde a tu herencia… ¿Me perdonas…?

- … - lo miró, aún con los ojos abiertos completamente. Y luego rió – Te he perdonado peores cosas, baka… Estoy orgulloso de ti… - besó su mejilla, pero se sobresaltó cuando una luz los iluminó – ¿Pero qué…? - volteó, para descubrir cuatro celulares apuntándolos - ¡MAMÁ! ¡PAPÁ!

- Ay, Zen tiene todas las fotos vergonzosas, nosotros queremos también algunas para nuestro álbum, hijo… - Saki los miró con ojitos brillantes.

- Tu madre tiene razón… Por eso hemos instalado unas videocámaras, están escondidas en su habitación…

- ¡KIRISHIMA-SAMA!

- Como ya dijo Ken, nuestro centro de operaciones está en las dos habitaciones, las nuestras y la de tus padres… Kotaro, ¿les dejaste los juguetes…?

- Mas cuatro cajas de condones, Akane…

- ¡ARG! ¡SON IMPOSIBLES, ME VOY A CASA! – se puso de pie e intentó huir, pero…

- Hasta mañana… Debo regar mi plantita… - Kirishima lo capturó por la cintura y lo pegó a su cuerpo.

- ¡IMBÉCIL!

- ¡Awww! – sus madres les tomaron fotos.

- Jajaja… llévatelo, hijo, porque éstas fujoshis les van a pedir que hagan yaoi delante de nosotros – Kotaro lanzó una carcajada ante el comentario de su amigo.

Zen volteó hacia Takafumi y le lanzó una mirada pervertida del tipo hard que mandó a su novio de frente a su habitación, a mil por hora, dejando tras él un gran cúmulo de risas.

OwO

- ¿Puedo preguntar qué estás haciendo? – Zen entró, riendo al verlo cortar cada uno de los paquetitos de condones de las cajitas.

- Intento desfogar en estas cosas las ganas de matarte que me has generado… - terminó de cortar los últimos cinco. Y suspiró, para luego mirarlo con reproche - ¿Por qué eres así…? Me incomodas…

- Gomen… - se sentó a su lado y tomó su mano – Sé que te incomoda, pero… Estamos en casa, somos una familia completa ahora… No están los niños… ¿Tanto te cuesta demostrar tus sentimientos…? – Takafumi lo miró a los ojos – Sé que es cuestión de personalidades, y que no tienes que ser como yo, nunca te lo he exigido, ni lo haré. Pero… no tiene nada de malo jugar… coquetearnos… o incluso pasarnos un poquito de la raya, entre nosotros.

- ...es que…

- Esto jamás lo haría con otra persona, y tú tampoco… ¿Qué te molesta…?

- … - bajó la mirada – Yo… no me acostumbro aún… a que seas cariñoso conmigo. Es, como si… como si…

- ¿Jugara contigo sin sentir amor…?

- Sé que no es así – se apresuró a aclarar – Yo… yo sé que tú – pero él puso un dedo en sus labios.

- Lo oíste una vez de parte de Takahashi… Eres el soltero más codiciado de Marukawa. Y eso es sólo porque las personas se sienten atraídas por tu personalidad fuerte. Ninguna sabe como yo y Henmi, por ejemplo, que fuiste casi la madre de Takano… Nadie sabe que cuando Sorata estuvo enfermo, casi te mueres de dolor…

- Sí… pero…

- Nadie sabe… como yo… que cuando duermes sonríes, y a veces te ríes como un niño… - acarició su rostro – Sé que no puedes saber cuánto te amo, porque no eres yo, y yo tampoco, porque no soy tú… Pero, ¿sabes, mi amor? Me robas el aliento sólo con esos ojitos… - Yokozawa por poco y se hizo bolita. Kirishima suspiró - ¿Lo ves…? Eres tan hermoso…

- …está bien, ya entendí… - le sonrió – Sólo… no hagas cosas como pegarme a ti, o… o tocarme…

- Está bien… A mí también me excitan…

- …idiota… - se besaron, abrazándose – Aquí no, por favor…

- Lo sé. Mañana sí te amaré toda la noche… - asintió – Luego de la entrevista iremos donde los Kusama, ¿sí?

- Ok. Pero a primera hora tenemos que ir a Marukawa. No vaya a ser que no llegara tu correo…

- Podemos llamar, es mejor. Pero aún si no llega, estoy seguro de que Chizuku y Henmi nos apoyarán…

- De todas formas revisa tu correo… No quiero que tengamos más problemas con Isaka-san… - lo abrazó.

- Está bien… Pero ahora métete a la cama, deja todo esto – lo arropó. Y se echó a su lado revisando su mail a través del celular – Tengo una reunión luego de la entrevista…

- Iré yo entonces…

- Este mail está dirigido a los dos. Creo que tienes que ir a Marimo con Iokawa… ¿Crees que hayan encontrado un donante?

- Pues ni idea… Le llamaré, espera – marcó su celular, mientras Kirishima lo acomodaba sobre su pecho y apagaba la luz. Pero, obviamente, no respondió – Está apagado… Le dejaré un mensaje de texto…

- Sí – lo esperó y luego dejó su celular sobre la mesita de noche – Ahora si… A dormir, hoy ya hiciste suficientes travesuras, pequeñito…

- No podía dejar a Sorata en peligro… - se disculpó.

- Yo lo sé… pero la próxima vez, mira antes a tu alrededor… Te necesito vivo para mí… Para nosotros… - buscó su boca y lo besó, suspirando – Te amo…

- …yo te adoro… - Kirishima suspiró aún más fuerte.

- No me hagas esto… Semejante declaración te costaría unas caderas inutilizables hasta el lunes de la siguiente semana si estuviésemos en casa – Yokozawa rió. Y se acurrucó más.

- Mañana estaremos en casa… así que guarda energías, ¿sí?

- Hai… Hasta mañana, mi amor…

- Hasta mañana… amor…

OwO

La operación había durado más de lo debido a causa del estado de Ryuu, pero… luego de seis horas criminales desde la última vez que los vio… fueron trasladados ambos a Cuidados Intensivos, de nuevo, tras una exitosa faena. Tsumori, el doctor que los había atendido, lo tranquilizó, y recepcionó la hoja que él había firmado… dándole un pequeño papel escrito por Iokawa antes de que todo pasara.

Se acercó a la pared de vidrio en la que dormía su angelito, aún conectado a muchos equipos, pero ya con color, un color que mostraba salud, y ya no la cercanía de la muerte… Y luego marchó a la del costado, donde estaba él.

Él…

Mientras lo miraba… rogando porque ese color pálido se convirtiese en el habitual sonrojado que poblaba su rostro cuando estaban el uno al lado del otro… abrió el papel… y lo leyó.

"Kuroda-san:

No sé, si lo que intenté ha tenido éxito… pero ruego porque esté leyendo esto con el corazón cargado de felicidad al saber que Ryuu está a salvo, independientemente de mi destino...

Quisiera tanto poder, cuando despierte, o desde donde me encuentre, decirle "Se lo dije". De veras hoy más que nunca quisiera tener la razón…

¿Puede perdonarme por decidir por mí mismo…? Le pedí a sensei que no le dijera nada, mientras estuvo desmayado. Sabía que existía la posibilidad de que usted no quisiera que un ser tan insignificante y despreciable como yo le diese algo de sí mismo a su mayor tesoro, pero…

Amo a Ryuutaro. Si la vida algún día me deparaba… o depara… una familia… me habría encantado tener un hijo como él. Ya fuese mío, adoptivo… asumido… La ternura de ese pequeño angelito de ojos verdes, me llenó el corazón de lo que estuve intentando inútilmente alcanzar los últimos días…

Pero independientemente de ello… Kuroda-san…

Si estuve todo este tiempo a su lado, no fue porque mi anhelo infértil me llevara a buscar un consuelo. Nunca me ha gustado tratar a las personas de esa manera…

Desde que lo conozco, y me habló de su historia, una admiración enorme, gigantesca, nació en mí… por usted…

Por eso hice esto… Por eso…

Kuroda-san, estuve a su lado porque no soportaba la idea de que la persona más importante de mi nueva historia sufriera solo algo que me estaba matando también…

Kuroda-san…

Espero no estar cometiendo mi última canallada al decirlo, pero…

Me he enamorado de usted…"

OwO

Yokozawa, después de analizarlo muy bien, había optado por vestir unos pantalones negros de vestir, una camisa azul y un chaleco plomizo. No era su vestimenta habitual, y de haber estado solo probablemente habría usado alguno de sus trajes de trabajo. Pero Zen quería mostrar que eran una pareja responsable, pero juvenilmente equilibrada y divertida. Así que él, por su parte, se calzó en un pantalón de color marrón, una camisa blanca y una casaca color camello tipo cuero. Se veía en verdad muy apuesto, por lo que Yokozawa sospechó que esa elección buscaba reafirmar que pese a la diferencia de edades, sus personalidades eran marcada e irónicamente diferentes: Takafumi era la parte seria y dulce, pese a ser el menor, mientras que el otro la parte espontánea y sexy, pese a ser seis años mayor.

A los niños los dejaron vestir como deseaban… y sólo fue necesario peinarlos. Kirishima se encargó de hacerle a Mamoru una raya al costado, con lo que lucía más adorable que nunca ya que su cabello lacio era muy dócil. Yokozawa, por su parte, y según la costumbre, se encargó de hacer que los hermosos cabellos rubios de su niña se lucieran en un tierno peinado tipo princesa Leia, lleno de cintas. Le preocupó que quizás se viese muy infantil para sus quince años, pero ella misma le dijo que todas sus amiguitas habían adoptado esa moda gracias a él. Su sonrojo mostró la dimensión real y total de su alegría.

Cuando llegaron a la Institución… vieron fuera de esta a los Kusama abuelos. Mamoru y Hiyo corrieron hacia ellos, con la falda del vestidito de Hiyori ondeando como el vestido de una princesa de verdad. Los Kirishima y Yokozawa padres se presentaron, y de pronto fue como si los tres matrimonios se hubiesen conocido desde siglos antes. Nowaki y Hiroki, les dijeron, estaban compartiendo responsabilidades complementarias, de modo que irían a celebrar ya en la noche. Nadie mencionó la desgracia del orfanato para no poner triste al niño.

La recepcionista celebró el grado de responsabilidad de la pequeña familia de a cinco – aunque Sorata fue dejado con la servidumbre Kirishima, que estaba enamorada de él desde que apareció -, y les pidió esperar en una pequeña salita con un gran ventanal… que les mostró que parecía la preparación para una pequeña recepción. Mirando lo que ocurría, nadie hablaba, pero todos pensaban lo mismo…

- Buenos días… Perdonen la demora, pero debido a algunas pequeñas y dolorosas circunstancias haremos una mini recepción con algunos niños de los orfanatos afectados… - los Kusama le hicieron un gesto sutil – Esperamos contar con patrocinadores para que nos ayuden con las reconstrucciones parciales y totales…

- Estoy seguro de que será un éxito…

- Muchas gracias… Debo suponer que usted es el padre del señor…

- Yokozawa… Yokozawa Takafumi… - se alisó el chaleco – Muchas gracias… por darse un tiempo para recibirnos, pese a su actividad…

- La familia de un niño es prioridad en nuestro día a día… Si usted es el señor Takafumi… ¿Kirishima-san…?

- Mucho gusto… Kirishima Zen… Ellos son mis padres, Ken y Akane…

- Nosotros los Yokozawa, Kotaro y Saki – la dulzura de la madre de Takafumi arrancó una sonrisa en la mujer.

- Y aquí estamos los abuelitos originales de Mamoru… - era obvio que a ellos ya los conocía.

- Pues bien… Yo soy Takashiki Sayuri, la Asistenta Social que está viendo su caso… - hojeó un file, y luego los miró – Antes que nada… supongo que entenderán que deberé hacer más preguntas de las habituales. Es la primera vez que recibimos una solicitud como la de ustedes… de modo que no tenemos un referente sobre los resultados de una adopción en un hogar con dos padres… - se notaba que los estaba tratando con respeto.

- Pero… - Hiyo se atrevió a hablar – yo podría ser un antecedente…

- Ciertamente… ¿Hace cuánto vives con tus dos papás…? – miró dulcemente a la niña.

- Pues… ya vamos a cumplir dos años juntos… Papá trajo a mi papi como su mejor amigo, y poco a poco me fui enterando de las cosas… Niichan, que es como lo llamé la primera vez que lo vi, siempre fue muy tímido, y reservado – Takafumi bajó la mirada, cohibido por todas las miradas – Me enseñó sus mejores recetas de cocina, y yo le compartí las mías… Siempre que venía de visita, salíamos a caminar para hacer ejercicio… Pero tal vez, lo que más me gustó de él… fue su habilidad para peinarme. Papá siempre había intentado hacerlo, pero con él sólo lucía una cola de caballo todos los días…

- Su madre intentó enseñarme, pero soy muy torpe con las manos… - sonrió, orgulloso de su pequeñita.

- El día que niichan me peinó por primera vez… todas mis amiguitas se enamoraron de él. Me tomaron muchas fotos… y para la siguiente semana ya era una moda el ser peinada con lacitos y cintas, y muchos tipos diferentes de trencitas y coletas…

- ¿Tiene usted hermanitas menores…? – lo miró con curiosidad.

- No… Pero mamá siempre me dejaba jugar con mis vecinas, ya fuese a la comidita o a los carritos – Zen lo miró con interés. Esa parte no la recordaba – Y cuando solía tejer, yo me sentaba a su lado para aprender. Así, luego, entendí que los cabellos no son muy diferentes de la lana o el hilo… Cuando me independicé, tenía que pagar mis gastos personales mientras estudiaba y, pues… Entré de ayudante en una peluquería… y un restaurante…

- Ya veo… ¿Este adorable peinado te lo ha hecho tu niichan?

- Hai… Es el que más me gusta – sonrió, acariciando sus trenzas. Yokozawa suspiró: la sentía tan suya. Volteó hacia la ventana al percibir una disminución en la luz. Y vio a un grupo de niños observándolos por el cristal.

- Creo que tu peinado y el de… Mamoru-kun han sido un boom total… ¿Sería un atrevimiento de mi parte el pedirle que se encargue de sus peinados, Yokozawa-san…?

- ¿Eh? – la miró, sorprendido. Y luego resplandeció – Claro que no. Lo haré con mucho gusto.

- Perfecto – llamó por teléfono y dio las indicaciones – Bien, ¿pueden usted y Hiyo-chan ir al patio, por favor?

- Por supuesto – tomó de la mano a su niña y salieron. Mamoru los observó irse, con miedo.

- ¿Por qué quieres que ellos sean tu familia…? – la pregunta de Sayuri lo obligó a voltear. Zen se puso tenso. Era demasiado pronto para su gusto el que involucrara ya al niño.

- Pues… Pienso que una persona a la que un gatito le salta encima no puede ser mala bajo ningún concepto… Creo que, alguien que es capaz de trepar, con su ropa de trabajo, a un árbol, sin preocuparse por si se ensucia o no – el resto miraba a Yokozawa y Hiyo jugar y peinar a las niñas y niños que estaban en el patio, con enormes sonrisas y apachurrándolos con cariño -, sólo para sacar el juguete de un niño desconocido, tiene el instinto paternal a flor de piel…

- ¿Ellos te dijeron que me digas esto…?

- No. Yo… yo estuve investigando cómo decirlo – Zen lo miró, sorprendido – Mis palabras son muy simples… No quería decir algo mal y que usted creyera que ellos no me han enseñado a ser un niño de bien…

- ¿Y en tus palabras simples… qué me habrías dicho…? – se estrujó las manitas y luego alzó la mirada.

- Que siempre quise una mamá y un papá como ellos dos… No me importa que ambos sean hombres… - empezó a llorar – El día que Taka-chan me abrazó, y Zen-chichi me besó en la frente… Ese día supe que aunque ellos no me quisieran yo los iba a amar para siempre…

Kirishima dejó caer su llanto, mirándolo con amor. Esa carita… tan dulce… Tan parecida a su amor…

- Y usted, Kirishima-san… El sueldo que tengo anotado aquí cubre perfectamente las necesidades de su niña… y supongo que las de su pareja, pero… ¿cree que solventarán las de un niño adicional…? – Mamoru ya iba a intervenir, pero él le acarició la cabecita.

- Mi pareja y yo ya hemos conciliado al respecto. Takafumi se encargará de las necesidades de nuestro hijo, y yo de las de nuestra niña… El resto de gastos, los ocuparé yo, hasta donde pueda… y luego él me ayudará cuando sea necesario.

- Ya veo… ¿Por qué eligió a Mamoru-kun de entre todos los niños…? – Kirishima sonrió, y luego miró a su hijo.

- Nunca había conocido antes, además de mi Hiyo, a un niño tan espontáneo como él. Ese día en el parque, cuando se les atascó el avioncito, vino a nosotros como si nos conociese de siglos y pese a que Takafumi usualmente es visto en la oficina como un oso debido a su seriedad y profesionalismo – rieron todos –, Mamoru lo miró y le pidió a él, no a mí, que usualmente soy el "dulce", que los ayudara. Y luego, al igual que mi Hiyo… le dijo "niichan", sin conocerlo. Supe en ese momento que Mamu había visto el alma de la persona que amo… y me enamoró más su pureza y dulzura cuando se dio cuenta que éramos una pareja, sin importarle que fuésemos hombres. En ese momento, y más viendo la mirada tierna de Takafumi hacia él… supe que Mamoru iba a representar aquello que como hombres no podemos gozar de manera natural… Por eso estamos aquí… Porque quiero que Mamoru sea mi hijo y el de Takafumi, tanto como Hiyo lo es también de él.

La mujer le sonrió tiernamente y volteó hacia la ventana. Takafumi era una versión masculina de Blanca Nieves en ese momento, haciendo ronda con los niños.

- ¿Y los abuelos…? ¿Qué opinan sobre esto…? Son personas grandes ya, que tienen una visión muy diferente a la actual en lo que respecta al concepto de familia…

- Ciertamente… los vimos crecer anhelando que cada uno tuviese una familia… heterosexual…

- Sin embargo – Akane interrumpió a Saki -, saber que aman a un hombre como al que han elegido para formar su familia, nos deja a nosotras dos… absolutamente tranquilas… - Zen reprimió un sollozo.

- Takafumi es un joven dulce y responsable, que honra cada día a la memoria de nuestra nuera – Yokozawa y Hiyo ingresaban en ese momento, y la pequeña lo tomó de la mano con amor, mientras él se sonrojaba – Le ha inculcado a nuestra nieta valores que son maravillosos. Mi hijo había hecho un excelente trabajo, pero… Takafumi ha logrado moldear a esta belleza hasta hacerla más preciosa y femenina, sin rastro alguno de maldad o carencia de inocencia – Hiyo sonrió, orgullosa, estirando su cuellito.

- Y Zen… Nunca se lo dije a nadie, pero fui testigo de cómo cierta relación destruyó a mi hijo… - Takafumi bajó la mirada para mirar sus manos, pero su príncipe se las acarició, entrelazándolas con la suya – Sin embargo, a base de muchas situaciones, Zen no dejó que eso lo afectara más de lo necesario. De a poquitos, se fue metiendo en su corazón, incorporándolo a su vida, y dándole la oportunidad de dejar de estar solo… Por eso es mi hijo. Zen es el hijo mayor que no tuvimos, en la misma medida en que Takafumi es el retoño pequeñito de Akane y Ken…

- Por nuestra parte… aunque secretamente anhelábamos estar con él para toda la vida… - Mamoru saltó para abrazar a sus abuelitos Kusama, llorando – creemos que además de nosotros y de la familia de nuestro hijo adoptivo, no existe ninguna más capacitada que ésta para hacer de Mamoru un hombre de bien… Cualquier figura femenina que un niño pueda requerir, la tendrá en mí, en sus abuelitas, profesoras, y en su misma hermanita… Por eso se lo entregamos a ellos en cuanto fue pedido…

- Como dice mi esposa… siendo hombre, sé reconocer cuándo nosotros estamos enamorados… Y no he visto en toda mi vida hombres más enamorados que ellos…

Sayuri asintió, y los miró a todos. Y luego miró a Hiyo.

- ¿Tú qué puedes decirme…?

- Que quiero a Mamoru como mi hermanito.

La mujer la miró atentamente, y luego leyó una vez más la documentación. Había escuchado las versiones de todos, y también visto cómo esos pequeños interactuaban entre sí, y lo que opinaban sobre sus padres. Luego de un rato, sonrió.

- ¿Piensan casarse…?

- Sí. Lo más pronto posible. Pensamos viajar a Estados Unidos…

- De acuerdo… Voy a revisar las normas para verificar que sea posible que incluso sin ser casados, lo que como saben incluso cuando lo estén no será reconocido en Japón – asintieron – la adopción de Mamoru recaiga en ambos…

- Si… si no es posible… podría yo ocuparme de él… - Yokozawa se sentó bien al filo de su asiento, suplicante.

- Eso es lo más viable… pero antes de tomar una decisión final voy a verificarlo durante esta semana… Sin embargo – empezó a escribir en la computadora – voy a requerir que ambos me detallen su solvencia económica. Tanto cuentas independientes como mancomunadas, y el ingreso personal de ambos. Lo anexaré al expediente final. Por lo pronto – imprimió el documento – son oficialmente los apoderados de Mamoru – todos empezaron a reír – La siguiente semana los quiero aquí para la confirmación de que la adopción es posible.

- Gracias… muchas gracias… - Yokozawa se puso a llorar, ocultando el rostro entre sus manos. Recién en ese momento se abrazaron, demostrando su amor, felicidad y dicha con un dulce beso.

OwO

Henmi había marchado a casa antes, para poder asistir a Yokozawa en reemplazo de Iokawa durante la reunión en la Librería Marimo. Aún no le había avisado a su Jefe sobre el giro de los acontecimientos, ya que consideraba que esas cosas se dicen de frente. Por ello, cuando llegó a Marukawa, sumido en sus reflexiones, se sorprendió al ver a Usami Akihiko en Ventas, rodeado obviamente por todos los trabajadores del piso, quienes murmuraban y de tanto en tanto lanzaban risitas nerviosas y exageradamente… "gays".

- ¿U…Usami…sensei…?

- Ah, ¿es él, Tanaka? – para mayor incomprensión de Henmi, su novio estaba a espaldas del escritor, riendo como nunca. Lo miró con el ceño fruncido.

- Pero… yo te dejé en el

- Akihiko-sama me trajo en su deportivo, fue todo tan rápido que ya no pude avisarte, ¿…me perdonas? Está aquí para enseñarles a los Jefes su nueva producción – le contestó en un tono extraño, demasiado cariñoso para la oficina.

- Takeshi me ha hablado mucho sobre ti… Y sí, tienes toda la razón… Es muy lindo, y apetecible… - Henmi se puso rojo y bajó la mirada ante semejantes palabras. Tanaka sólo se puso a reír.

- Jajaja, por favor, Akihiko-sama… Se trata de mi novio… - era todo tan extraño.

- ¿…de qué nuevo trabajo hablan, Usami-sensei? – por respuesta, una chica que parecía casi tener una hemorragia le alcanzó un pequeño cuadernito que luego vio se trataba de un manuscrito. Y cuando lo leyó… y sobretodo… vio las imágenes de una pareja homosexual teniendo relaciones en mil posturas diferentes… - Pe… pe… pe…

- No son ellos, ¿eh? Tomamos las imágenes de una novela porno y les pusimos sus rostros… ¿no quedó lindo?

- Con el debido respeto que se merece… creo yo que esto es en definitiva la peor broma de mal gusto que han podido hacerles… - todos protestaron.

- Ay, tú siempre con tu rectitud, Henmi – se quejó una de sus compañeras.

- Sí, de vez en cuando hay que reír un poco, por Kami…

- Con todo lo que están pasando… Un poco de humor no es mala idea…

- Humor, pero ya todos conocemos a Yokozawa-san… - se limpió el sudor – Como sea, está bien mostrárselo, pero sólo a Kirishima-san… En estos mo

- ¡HOLA! – los dos estrenados tutores de Mamoru hicieron su aparición abrazados, riendo como nunca - ¡…FUE UN SI! ¡MAMORU ES NUESTRO! – los pocos que conocían la historia corrieron a abrazarlos.

Al cabo de cinco minutos, ya todo Marukawa sabía que los Kirishima tenían un nuevo hijito, precioso, dulce y altamente adorable.

Sólo Usami y Tanaka los miraban un poco serios, y mirando de manera constante hacia la puerta.

- ¿Pasa algo, amor…? – Henmi se atrevió a llamarlo así, susurrando. Pero Tanaka simplemente lo abrazó.

- Nada… Sólo que te adoro… Y que todo lo que hago lo hago sólo por ti… - esas palabras lo hicieron estremecerse, pero no de la emoción.

- ¡Ah, ahí estás…! Vamos, ya es hora – la presencia de Isaka, quien agarró del brazo a Kirishima, complementó el aura de mal presentimiento que Henmi estaba experimentando.

- Kirishima-san…

- Dime, chibi – Zen le sonrió, y ya iba a acercarse, pero fue nuevamente jalado del brazo.

- Luego, Kurinawa. Ahora Zen y yo debemos ir a concertar ese contrato…

- ¡Cuando lo hagamos me deberá un aumento, Isaka-san! – Zen estaba irreconocible. Resplandecía, y Takafumi lo miraba sin poder ocultar sus sentimientos – Después tú, Tanaka, Takafumi y yo nos iremos a beber, Henmi… Amor, ya vuelvo…

- Vete, baka… No hagas esperar a los ejecutivos… - todos los presentes chillaron cuando Kirishima le lanzó un beso.

- Bueno, a regresar a las labores… ¿Dónde está Iokawa…? Tenemos que irnos ya a Marimo…

- Pues, Yokoz

- Nah, de seguro se quedó a acompañar a Kuroda… Ah, Usami-sensei, perdone que no lo haya saludado, pero con todo este alboroto...

- Descuida. Los llevo en mi deportivo…

- Yokozawa-san… – la voz de su novio la oyó en cámara lenta, y para cuando volteó, Henmi podría haber jurado que vio a Tanaka haciendo un movimiento sospechoso con las manos, pero no logró identificar cuál – Kirishima-san iba a entregar este manuscrito en la imprenta cercana a Marimo, pero olvidó llevarlo… ¿usted cree que ya que estarán cerca…?

- Por supuesto. Estamos tan metidos en los últimos acontecimientos que debe haber olvidado comentármelo incluso… En fin, vamos, Henmi – lo precedió.

- Amor… - esperó a que Usami hubiese caminado después de Yokozawa para detenerlo – Ve con cuidado, ¿sí? – Henmi lo miró fijamente y luego asintió.

OwO

Abrió los ojos… y comprobó dolorosamente que la luz del sol era letal luego de estar dormido por varias horas. Se quejó, pero afortunadamente la visión recobrada le mostró el rostro de la persona que había velado su sueño desde la primera hora de la mañana.

- ¿Te sientes adolorido…?

- Un poco… Yo

- Hey, no – Kuroda le impidió moverse.

- ¿Ryuu-kun cómo está? – cerró los ojos con fuerza debido a un mareo.

- Muy bien… Tú y él están en verdad en su peor fase impulsiva, acaban de salir de una operación, por Dios… No me hagan preocuparme nuevamente…

- …gomen… - ladeó el rostro. La seriedad del hombre sólo podía deberse a que había leído su carta… y ahora lo odiaba.

- Nunca voy a poder agradecerte adecuadamente lo que has hecho por mí… - volteó lentamente. Kuroda lloraba, sonriendo – Ciertamente si me hubieras dicho tus intenciones, te habría detenido, pero no porque considerase lo que suponías…

- Kuroda-san…

- ¿Recuerdas el día en que nos invitaste a comer helados…? Lo que ahora te pasa a ti… ya me pasaba a mí, Shiro – los ojos verdes se abrieron completamente – Así que… Hiciste muy bien en colocar "Padre 2"… Por favor, recupérate pronto…

- … - una lágrima cayó lentamente – No… no tiene que hacer esto por lo que hice, yo – pero fue callado con un dulce beso en los labios - …Ryuu…

- Así está mejor… - sonrieron – Ahora, respecto a lo que me contaste en confidencia… Henmi irá con Yokozawa-san. ¿Qué debo hacer? ¿Quieres que impida todo…? – ambos rostros mostraron una seriedad absoluta.

- No. Yo le diré todo en su momento… pero es mejor no detener las cosas. Mas bien, ayuda a Henmi. Tanaka sabía los riesgos, pero aceptó para impedir que la persona que más le importa en el mundo después de él se vea afectada.

- De acuerdo… Iré a Marukawa entonces… Aún no son las tres… - se inclinó para darle un beso en la frente y luego caminó hacia la puerta.

- ¿Cómo sabías lo de esa hora…? – volteó sonriendo.

- Pues… soy muy celoso, Shiro, y al mismo tiempo quiero mucho a Henmi. Te vi con Tanaka el día del terremoto, sospechosamente juntos y sonrientes… Me debes lo que gasté en esa tonta ensalada por ir a vigilarte… - salió, riendo.

OwO

Todo había salido de bien a excelente.

Habían firmado un contrato millonario por el que Ijuuin sería conocido en Latinoamérica, un mercado que en otro momento habría sonado tan exótico como a ellos debía sonarles Japón, lo cual implicaba un mayor estrés para el mangaka, pero había prometido dar todo de sí… Sin embargo, lo extraño del caso es que, por lo que había entendido, pese a la reunión pactada desde el domingo por Isaka-san, los esperaban recién el martes… Isaka había dicho entre broma y broma que cierta amenaza del extranjero lo había llevado a adelantar las cosas, y el inversionista había palidecido, pero aceptado de inmediato. Sin embargo, no pasó de ser un simple comentario con repercusiones tan insignificantes como un estornudo, así que… De pronto se sintió obligado a atender toda la propuesta, y ofertar las mejores opciones… anhelando la presencia de su novio. Después de todo, Yokozawa era el mejor vendedor del Universo, y le habría sido de mucha ayuda.

Por su parte, Yokozawa había concretado sus pequeños pero no por ello poco significativos licencias y convenios con Marimo. Considerando que pronto estarían nuevamente inmersos en fines de ciclo, era lo mejor ir adelantando ese tipo de negociaciones, mencionando las potencialidades de contar con una publicidad adicional de parte de la librería… con el subsecuente incremento de su porcentaje de ganancia. Ya contaba con la venia del Gerente, así que… Estaba en verdad contento.

- Ah, debemos dejar esto en la imprenta… Espérame aquí, ve llamando un taxi, no tardo.

- ¿No sería mejor que llame a Kirishima-san para verificar que sea el sobre correcto?

- Se lo dio a Tanaka, claro que lo es… Además, falta media hora para las tres. Ellos usualmente aperturan las impresiones a esa hora… No te preocupes, has lo que te dije – dejó a Henmi en el paradero y corrió hacia la imprenta.

Henmi alzó la mano, e indicó al taxista que debían esperar a una persona. Entró, y se acomodó en la parte de atrás… pero… ¿Por qué estaba tan incómodo… por qué tenía esa sensación espantosa de que debía impedir esa impresión…? Pensó en llamar a Tanaka o al mismo Kirishima, pero cuando fue a sacar el celular, este no estaba… "Juraría que lo tenía en mi bolsillo…".

Yokozawa corrió al taxi, feliz ya que los de la imprenta dijeron estar preocupados por el retraso… pero extrañado porque ni siquiera se tomaron la molestia de revisar de qué se trataba.

- Los de las imprentas son cada vez menos eficientes, pero bueno… Debe ser un nuevo y pequeño proyecto de Ijuuin-sensei… En fin, vamos, que me quiero ir temprano a casa – le sonrió, y partieron raudos a la Editorial.

El taxi corrió. Por alguna razón llegaron casi cronometrados a las tres de la tarde, en paralelo con Tanaka-san, quien dijo haber tenido que ir a comprar una pastilla para su dolor de cabeza.

- Creo que ando con una hipertensión…

- Esas cosas no se dicen por decir… Mañana mismo vas al médico, le diré a Zen que firme tu permiso…

- Arigatou, Yokozawa-san… - las puertas se abrieron en el piso de Ventas, y ya iban a bajar, cuando escucharon el bullicio.

- ¿Y ahora qué…? – caminó a la cabeza, a paso apurado – Oi, ¿qué diablos pasa aquí?

- ¡Ah, Yokozawa-san! – todo el mundo quedó en silencio en cuanto él apareció.

- Me voy y ustedes se desbandan… ¿Qué ha pasado?

- Ah, nada… es que… Usami-sensei llamó para pedirle a Henmi-san que no olvidara mostrarle a usted su obra de arte…

- ¿Obra de arte…? – tanto él como Henmi fruncieron el entrecejo – ¿Sabes a lo que se refieren…?

- Pues n… Ah… - su rostro se sonrojó – Es que… pues… Sensei ha creado una novela en "honor" a ustedes dos…

- ¿Cómo? – por alguna razón se sonrojó antes de tiempo.

- Estábamos intentando encontrarla, Yokozawa-san, ¡no se vaya a molestar! Yo llegué tarde y no llegué a verla, pero… Considerando lo que me han contado, pues… Me dio curiosidad… - su subordinada sonrió de manera pervertida, sonrojándolo más.

- ¿De qué diablos trata ese libro?

- Ah, es una novela erótica… Creo que Tanaka-san la tenía en las manos antes de que ustedes salieran – poco a poco… en la mente de Henmi se fue formando una imagen aterradora.

- Sí, pero la dejé encima del escritorio. Ah, ese de ahí, ese es. Estaba en un sobre manila, igual que – Tanaka palideció… aunque no lo suficiente.

- No… - Henmi corrió y rompió completamente el sobre en su desesperación – Yo…kozawa-san…

- ¿…QUÉ? – un escalofrío lo recorrió al ver a Henmi mirándolo con ojos desorbitados.

- …esta es la impresión de Kirishima-san… Dice Japun…

OwO

- ¡Jajaja, ¿y viste su cara?! Era como que un… ¿demoran tan poco en producirlo?

- No es por ser petulante, Ijuuin, pero… Pese a tus arranques de cojudez, eres de los más rápidos mangakas shounen, así que

- ¿Oi… Ese que va allá no era Yokozawa…? – Kirishima alzó la vista pero ya un taxi partía a gran velocidad.

- No lo creo… Me hubiera llamado si algo hubiese ocurrido… - revisó su celular – Limpio… Mas bien, debo apresurarme… Isaka-san, fuera de bromas. Ahora más que nunca necesito ese aumento…

- Lo sé, lo sé. Y ahora que la cosa se ha calmado, y que toda la editorial hizo causa común con ustedes para que mi padre no se entere de su relación, Yokozawa puede regresar a trabajar con nosotros. Así que descuida – le apretó el hombro – Su trabajo habla por ambos… Nunca, jamás – Yokozawa llegaba en ese instante a la imprenta, como poseído por el demonio – he recibido una sola queja contra él. Es el trabajo de casi cinco perfectos y eficientes años. Sé que él se irá el día que considere que ha cometido una falta completamente grave…

- ¡POR FAVOR, NO IMPRIMAN NADA, FUE UN ERROR!

- ¿Error? Jajaja, no hay problema, Yokozawa-san… Enviamos una muestra a todas las librerías… ¡Mañana mismo venderemos los mil ejemplares solicitados por Kirishima-san…

- No… - tuvo que agarrarse de la mesa.

- Hai, hai… ¡Vamos, hombre! No tiene nada de malo formar parte de una novela erótica…

- Así es… Y el que sean gays, al menos a nosotros, no nos molesta…

- Vamos a firmar ese aumento de sueldo… - se los llevó por el ascensor de Gerencia, mientras Henmi salía por el otro, aterrado, sin comprender cómo podía haber pasado semejante desgracia.

OwO

Kirishima tardó veinte minutos en obtener su aumento… y llegó a Ventas junto con su novio… por direcciones contrarias… Yokozawa estaba más cerca de la oficina, pero aún desde lejos, Zen supo que algo no estaba bien… El porte soberbio de su novio ahora era inexistente, y aún en la distancia logró vislumbrar su palidez. Aceleró el paso con el corazón en la mano.

- ¡YOKOZAWA-SAN! ¿PUDO IMPEDIRLO? – Henmi lo zarandeó, pero no obtuvo respuesta. Estaba como sonámbulo.

- ¿Qué pasa…? – una vez lo tuvo a su alcance, Kirishima buscó sus ojos azules, tomando su rostro entre sus manos, pero ni por eso reaccionó – Amor… Takafumi, ¿qué pasa?

- …yo… cometí un error…

- ¿Error?

- ¡YOKOZAWA! – la voz iracunda de Isaka se dejó oír. Avanzaba con pinta de poder matar al primero que se cruzara por su camino si le hablaba. Asahina iba detrás, siendo el que mejor desempañaba su papel: sudaba, y respiraba con dificultad - ¿EN QUÉ CARAJOS ESTABAS PENSANDO, MALDITO BASTARDO? – la gente empezaba a aglomerarse alrededor de ellos, aterrados ante la idea de que el Gerente le estuviera gritando de esa manera al trabajador más eficiente de Marukawa.

- Isaka-san…

- ¡POR FAVOR, ESCUCHEME! – Henmi intentó detener la situación – Por favor, no le grite… Fue un error involuntario, agarramos el sobre equivocado pensando que era el manuscrito que Kirishima-san deseaba imprimir, y

- ¿Manuscrito para imprimir…? ¿Mío…? ¿Qué diablos pasa? – Yokozawa lo abrazó con fuerza y él lo aferró, cada vez más aterrado y confundido – ¡Yo no ordené nada sobre un manuscrito!

- Claro que lo hizo… - la voz serena de Tanaka pareció venir de un espectro maligno – Por eso envié el borrador para una firma de mil ejemplares, como usted mismo solicitó…

- ¿…que yo qué? ¿Tanaka estás loco o fumado?

- Aquí está – ni siquiera buscó entre los papeles que tenía a mano. Parecía haber esperado esa situación, porque sacó un mail impreso, que efectivamente provenía de la cuenta de Kirishima. Ahí, indicaba lo que Tanaka acababa de decir.

- Yo… no digité este mail…

- Lo que haya sido… - Isaka habló apretando los dientes – nos ha jodido todo… Tu maldita obra de arte en la que haces el amor de mil maneras diferentes ha terminado de imprimirse…

- ¿Qu… QUÉ? – Kirishima miró horrorizado a Henmi, pero él estaba aterrado, llorando, sin apartar la mirada de Isaka.

- …y ahora las están entregando a las instituciones que tú indicaste como las idóneas… Librerías especializadas en porno, por cierto…

- ¡…YO NI SIQUIERA MANEJO LOS DATOS DE ESE TIPO DE LIBRERÍAS…!

- Marukawa ha construido en muchos años la imagen de una institución seria, y ahora esa porquería está a un paso de convertirnos en la librería más asquerosa y despreciable de Japón… ¡SE LO LLEVARON A MI PADRE, SABES LO QUE ESO SIGNIFICA! – Kirishima lo miró aterrado.

- Fue… fue un accidente de parte de Takafumi… ¡PERO ESTO LO PLANEARON, DESE CUENTA, INVESTIGUEN MI CORREO! – luego de oír a Zen, Henmi terminó de entender todo… Y recordó lo que no hubiese querido ver.

- Tu correo no prueba nada, idiota… Pero sí, fue un error… Pensar que Yokozawa Takafumi merecía volver fue mi error… Pero no más… - apuntó a Yokozawa con la mano y habló con voz de trueno – Estás despedido, Yokozawa… Y me encargaré de que no vuelvas a trabajar en editoriales…

El mundo había desaparecido. Se había puesto de cabeza. Su mente quedó en blanco, pero sólo una cosa la ocupó luego de manera completa, enorme, concluyente y dolorosa: Mamoru. Mamoru, quien se suponía dependería de él… De ese empleo…

- Isaka-san… - suplicó – Le juro que no lo hice adrede…

- Tuviste tiempo de sobra para fijarte si era o no…

- ¡Estaba con Usami-sensei, conversábamos…! ¡No podía hacerle un desaire revisando algo que me había entregado un miembro del equipo de Zen!

- Era tu responsabilidad como Jefe de Ventas… Era incluso tu responsabilidad como pareja, ¿así dices amarlo? ¡Incluso su idoneidad como Jefe de Japun está en juego ahora por culpa de tu irresponsabilidad!

- No, por favor… a él no… - juntó sus manos. Kirishima estaba tan desorientado que lo soltó.

- …sólo lo dejo trabajando aquí porque lo necesito… Pero a ti no. Henmi ocupará tu puesto…

- ¡NO, YO NO LO OCUPARÉ, YOKOZAW

- Si tú eres lo suficientemente incompetente como tu ex Jefe entonces será Tanaka – el aludido bajó la mirada, mientras que Zen y Henmi lo miraban, medio asociando las cosas – Queda decidido… A ti no te quiero ver más…

- Isaka-san, por favor…

- Te metería a la cárcel… ¿CÓMO MIERDAS JUSTIFICO ESTE DESASTRE ANTE MI PADRE?

Yokozawa se tiró a sus pies, llorando, suplicando… pero Isaka no dejaba de insultarlo…

Odiaba verlo así, y mucho más al maldito hombre que no dejaba de humillarlo, pero… Sabía que si su Takafumi estaba humillándose de esa manera delante de todos, era porque intentaba no perder a Mamoru.

Y por ello, sintiéndose un completo traidor, se limitó a abrazarlo, susurrarle que se calmara… Pudo más el miedo a no poder adoptar a Mamoru si se quedaba sin empleo él también lo que lo llevó a morderse la lengua para no matar a Isaka. Se limitó a escuchar todo lo que le decían, apretando los puños. Sabiendo que esta experiencia marcaría a su novio para siempre.

- Llama a Seguridad, Kaoru… Quiero que lo saquen a patadas…

- Ryuuichirou-sama… basta…

- Pero… cómo… ¿EN QUÉ MIERDA PENSABAS, MALDITO ZOPENCO? – alzó la mano, a un paso de golpearlo, pero ya Zen la tenía bien sujeta - ¡Oye!

- Ya fue suficiente… - lo miraba con rabia, abrazando a Yokozawa por la cintura, quien se ocultaba del mundo pegando el rostro lloroso en su pecho – No le permito que siga hiriéndolo...

- Deberías sentirte agradecido… ¡Podría estarlo encerrando tras las rejas por haber mandado a la mierda años de esfuerzo de mi familia! – Yokozawa sollozó fuerte y Kirishima soltó a Isaka para apachurrarlo contra su cuerpo.

- ¿Por qué considera que todo es un desastre…? Tal vez esto abre mejores y mayores oportunidades a Marukawa, deje de hacerse el mojigato… ¿U olvida que tiene una sección yaoi?

- ¿Cómo te atreves a llamarme de esa manera? – sus parecieron salirse de sus órbitas.

- ¡POR QUE SE HA METIDO CON LO MÁS VALIOSO PARA MÍ! – bramó. Isaka lo miró aún colérico, no se atrevió a refutarle. Sin embargo, cuando habló, lo hizo apretando los dientes.

- …en ese caso quédate con lo más valioso que tienes…

- ¿…cómo? – palideció.

- Si lo que le ocurra a la empresa te vale mierda… quedas

- ¡SUFICIENTE! – la voz de Asahina logró que incluso las personas se fueran alejando. Isaka también se limitó a apretar los puños – Yo personalmente haré las investigaciones del caso, Kirishima-san. Lamentablemente… lo otro…

- No se preocupe… Takafumi y yo hemos pasado por cosas peores. Todo va a estar bien… ¿me oyes…? – intentó separarlo de su cuerpo, pero no pudo. Eso lo preocupó. Sentía que esta vez el daño podía ser irreparable – Amor…

- Es hora de que te vayas, Yokozawa… Entrega el cargo a Tanaka, ahora.

- Ryuuichi

- He dicho, Asahina – lo miró enfadado. En ese momento no hablaba su pareja, y Asahina supo que ya no podía intervenir – Si mi padre viene ahora y ve que no he tomado acciones es capaz de demoler Marukawa con todos dentro…

- Danna-sama no

- Está bien… - se soltó de Zen, y sin mirar a nadie fue a su escritorio. Redactó un Word rápido, lo imprimió, y luego caminó hacia Henmi, sin mirarlo – Tú sabes dónde está todo…

- Yokozawa-san… - también lloraba.

- Por favor, ayuda mucho a tu novio…

- Le juro que no quiero esto… - Takafumi reunió los últimos pedazos de corazón que le quedaban para alzar la mano y acariciarle la cabeza.

- Yo lo sé. Siempre has sido el mejor, Henmi… - agarró su saco, la fotografía familiar que al fin había llevado para adornar su escritorio luego de todo el desastre, y avanzó, derrotado, hacia la puerta de salida.

- Espera, yo te llevaré a casa… - Kirishima intentó seguirlo, pero Isaka lo agarró del brazo.

- NADIE irá con él… - a esas horas ya todos estarían enterados de lo que había pasado en la editorial, era obvio… Era su venganza… la manera de darle la estocada final… Y Yokozawa era muy orgulloso, siempre había alzado la cabeza porque se consideraba el mejor. Corrió a las escaleras y se fue, dejando en el aire su llanto.

- ¡TAKAFUMI!

- Yo iré – fue también detenido – Ryuuichirou…

- He dicho que no. Deseo todos los reportes de Yokozawa y Japun en mi oficina, en menos de cinco minutos, así que les aconsejo que se pongan a ello en este momento… especialmente tú, Kirishima – lo señaló con el dedo, desde sus veinte centímetros por debajo de él – Quiero saber de qué trata ese maldito manuscrito que mandaste a imprimir… Y tú me vas a explicar de qué mierda trataba el otro, Tanaka.

- Yo también quiero saberlo… - miró con rabia a Tanaka, quien le devolvió la mirada sin pestañear.

- Perfecto… ¡MUÉVANSE!

El grito del Gerente se dejó oír incluso fuera del edificio, alcanzado a Yokozawa como las esquirlas de una explosión.

Nadie entendía nada en ese momento, nadie. Los de Seguridad, preocupados, lo miraron desde lejos hasta que se perdió por una esquina.

Kirishima tecleó un mensaje apurado que no llegó a los destinatarios por culpa de su maldita batería y la mala señal de internet, de modo que se quedó sumido en la desesperación durante las siguientes horas a causa de la tonelada de cosas que Isaka en persona se puso a exigir y supervisar en Japun.

Mientras tanto, en Ventas…

- Henmi…

- En dos minutos le tendré el reporte, Tanaka-san.

- Henmi, déjame hablar, dijist

- No dije nada – los ojos azules del joven taladraron los oscuros, y el mayor supo que aquello que más había temido acababa de ocurrir – Descuide… A partir de hoy seremos absolutamente profesionales. Después de todo… ¿ya alcanzó lo que quería, cierto…?

Tanaka lo miró fijamente y luego…

- Así es…