*Se acerca con una banderita blanca, por si acaso*

¡...lo siento, me tardé demasiado! Muchas cosas pasaron y simplemente me fue casi imposible actualizar... Espero que este nuevo capítulo les agrade. Aunque parezca que la cosa se complica... en realidad nos vamos acercando ya al final...

Espero perdonen si hay errores de puntuación, principalmente por las viñetas, pero Fanfiction lo ha vuelto a hacer: no logran copiarse como mi documento original...

En fin... Que lo disfruten, los quiero n.n


Chantajes

Bitácora del capitán…

Miércoles… Cero noticias positivas. Oni no Haruka nos ayuda con los quehaceres de la casa, porque le he dado órdenes estrictas a "mamá" de no levantarse de la cama hasta que se sienta fuerte.

Hoy iré a la editorial que está cerca al restaurante italiano, quizás

- ¿Qué escribes, papá? – Kirishima dio un respingo al oír la vocecita de Mamoru detrás suyo. Había estado revisando su agenda del día para poder organizar su, hasta ahora, fallida busca de empleo, en la mesita de la cocina, por si Takafumi salía y lo descubría en medio de ese secreto. Y para darse ánimos, pues… Estaba inventando que era el Capitán de un naufragio de a uno…

- Ah, intento hacer un dibujo de ti… pero… - cubrió teatralmente la libreta, e hizo el ademán de dibujar algo en ella, mirándolo de rato en rato – Hum… nunca me han salido las palmeras cresponas…

- ¡Papi! – riendo, Kirishima lo cargó en sus piernas, cerrando el cuadernito.

- ¿Tuviste una noche tranquila…? – asintió - ¿Zenta-kun durmió contigo…?

- No. Se quedó con Sora-chan… Se han hecho muy amigos…

- Me alegra oír eso, mi amor… - Hiyo entró, soñolienta – Oi, cosita… ¿no hay beso para papá…? – Hiyo despertó de golpe y corrió hacia ellos. Su padre los acomodó a los dos sobre cada una de sus piernas, irradiando amor, y recibiendo un beso en cada mejilla – ¡Ohhh, qué delicioso amanecer! Sólo falta el beso de mamá… – voltearon los tres con ilusión hacia la puerta. Takafumi, sin embargo, no apareció. Los tres suspiraron.

- Tal vez… deberíamos quedarnos en casa al menos hasta que se recupere…

- La escuela es lo menos importante en este momento…

- Sé que deberíamos acompañarlo, Hiyo, y sé que mamá es más importante que la escuela, Mamu… pero… Él no estaría feliz al saber que a causa de su estado de ánimo ustedes no atienden sus responsabilidades como deberían. Debemos hacerle sentir que lo necesitamos como antes, activo y organizándonos a todos, pero sin forzarlo… Por eso… Hum – los miró fijamente, con sus ojos miel cargados del signo inequívoco de que haría una travesura – Sería bueno si te despeinas – le deshizo la trenza a su hija – y tú te dejas caer un par de mocos – le lamió la naricita a su hijo y luego le aplicó un poco del café que había estado tomando.

- ¡PAPÁ! – los dos se quejaron, aguantando la risa, y rojos como tomates.

- Jajaja, ya, vayan a arreglarse, desastres humanos… - los dos fueron corriendo hasta la sala, y luego entraron despacito a la habitación. Zen pudo oír la voz enternecida y adormilada de Takafumi preguntando por la razón del estado lamentable en el que estaban a esas alturas de la mañana, y las risas infantiles cuando éste hizo un amago de gruñido al escuchar que su padre los había despeinado y ensuciado. Zen suspiró - …un poco más, cielo… Un poco más, y te tendremos de regreso… - se puso de pie, y abrió la refri para sacar los ingredientes necesarios para tentar hacer panqueques, que aparentemente era lo único que podía hacer, pero – Qué raro… Juraría que compré una caja nueva de harina ayer… - siguió buscando, pero no encontró nada más que la que estaba a medio consumir.

En esas estaba, auto convenciéndose de que probablemente no había llegado a comprar la caja pese a mirarla, separarla e incluso sacudirla en el supermercado, cuando tocaron el timbre. Oyó a su amor pedirle que por favor abriera ya que Hiyo y Mamu estaban ocupados, así que se apresuró a hacerlo.

- Buenos días, Kirishima-san… - una sonriente y siempre hermosa Haruka le saludó desde el umbral, y pasó como si fuese un miembro más de la familia, sin esperar a que le diesen permiso y por ende arrancándole un gruñido.

- ¡HARU-CHAN! – y los niños corrieron a recibirla. Hiyo con una trenza a medio hacer, y Mamu con la carita llena de jabón.

- Jajaja, ¿qué les pasó…?

- Papi nos está alistando… Y papá intenta hacernos el desayuno…

- Oi, Mamu… - gruñó, mientras cerraba la puerta del cuarto de Takafumi luego de hacerlo sonrojar con un guiño pícaro, para evitar que la mujer mirara a su novio - ¿Cómo que intento? He mejorado mucho, no puedes negarlo…

- Eso es cierto… Aunque te falta afinar ciertos detallitos, papá – Hiyo le sonrió con cierta malicia.

- Así es… Papi aún tiene ese trocito de cáscara de huevo entre sus dientes luego de que intentaras hacerle un omelet anoche…

- Traidores… - los miró fingiendo resentimiento, y ellos huyeron donde su papi, riendo - ¡Ya los quiero ver suplicando por mi omelet casero! – elevó la voz, haciéndose el resentido.

- Jajaja, me han comentado que les encanta… Sólo están bromeando, no les haga caso.

- Lo sé. Conozco muy bien a mis hijos, gracias – contestó de forma cortante, y ella suspiró. Kirishima aún la trataba de manera casi grosera cuando los niños no estaban cerca – Por cierto, ¿habrá visto usted la caja de la harina preparada que compré ayer? No la encuentro… - pero, como siempre, intentaba retractarse inmediatamente después, aunque eso no implicara pedirle las disculpas del caso.

- Oh… esa… caja… - Zen frunció el ceño al ver que miró sospechosamente hacia abajo – Lo… siento, verifiqué que la fecha de vencimiento ya estaba pasada con mucho, así que tuve que llevarla de nuevo a la conbini. Me darán una nueva cuando les lleven un nuevo lote… probablemente la próxima semana…

- Oh… - no recordaba haber verificado ese detalle importante cuando la compró, pese a que siempre era muy cuidadoso con respecto a ello, pero como los últimos días había tenido la cabeza en cualquier parte menos en la salud de la familia, le creyó – Muchas gracias, Haruka-san. Le agradeceré en ese caso que me ayude con las compras, ando un poco… cargado de… trabajo… - desvió la mirada y se dirigió a la cocina.

Pero Haruka sabía que mentía… Le agradaba ser útil a la familia de Yokozawa Takafumi, pero… Por Oda, sabía muy bien que Kirishima estaba mintiendo…

El celular de Zen vibró de modo que lo miró. Un mail, bajo el nombre de Takashiki Sayuri acababa de llegar. Perdió por un instante su calor corporal, y se quedó quieto. Con temor, presionó el link de acceso y lo leyó…

Tal vez, después de todo, Kamisama no los había abandonado del todo, ya que… Tenían una semana más de plazo para sustentar sus ingresos debido a que estaban aún inmersos en las reconstrucciones de los orfanatos… Y la buena mujer consideraba, ya que les habían otorgado la tutela, que unos días más sin ser sus papás oficiales no podían generarles much más angustia.

- Le compraremos algo muy lindo, Sayuri-san… Una semana más, Mamu… - reprimió un sollozo – Te juro que reviviré a mamá y conseguiré un empleo… Lo juro, hijito. No te va a faltar nada, y amor será lo que tendrás de sobra, cosita hermosa…

OwO

- Buenos días, ¿se encuentra Takano-san…? – Tanaka tenía que admitir que en esos momentos se sentía como un reo acusado de violación que acababa de ingresar a una cárcel de máxima seguridad.

No, no esperaba que le partieran el trasero para hacer cumplir la ley del "ojo por ojo", que en su caso sería "hueco por hueco", pero… Sin lugar a dudas, Yokozawa-san no era tan odiado como la gente suponía, ya que el propio Ritsu lo miraba con algo parecido al asco y a un "Si te me acercas, te mato".

- No, salió a una reunión… ¿Es urgente? - el Sub Jefe se irguió en sus, para él, casi tres metros de altura, con una pinta de poder ser capaz de sacarlo a patadas si lo sorprendía respirando sin su permiso – Dijo que

- Descuida, Hatori. Ya vine… Ven conmigo, Tanaka – el aludido pasó de largo luego de recoger unos documentos, sin mirarlo. Era obvio para todos que Masamune no perdonaría lo que le habían hecho a su amigo en ninguna de sus reencarnaciones futuras. Ahora que con Ritsu las cosas estaban en calma… el joven Onodera le sonrió dulcemente cuando cruzaron miradas, antes de sonrojarse por ser correspondido y guiñado, sin disimulo alguno.

Entraron a una pequeña sala, y Masamune le señaló la silla frente a él, en una clara invitación a tomar asiento, mientras se encargaba de poner seguro a la puerta. Luego de sentarse, el editor lo miró a los ojos, expectante.

- …logré que aprobaran, después de muchos conflictos internos, las doscientas mil copias que Kisa Shouta solicitó para su manga…

- Excelente.

- Y las correspondientes a Ichinose-sensei…

- No esperaba menos…

- Sin embargo – Takano alzó una ceja – Seiscientas mil no es una cifra negociable para el nuevo trabajo de Yoshikawa-sensei… - el otro lo miró fijamente.

- ¿…sabes muy bien que estás en mis manos, verdad…?

- Lo sé… Y dado que yo me puse en ellas por voluntad propia, aquí tengo mi confesión firmada… – le alcanzó una carpeta que el otro leyó, con sorpresa – Le dije que no iba a huir, y por eso mismo he venido yo mismo, de frente… Sólo le pido no involucrar a Henmi… - Masamune leyó atentamente el contenido de la confesión. Y luego suspiró.

- …bah, sabía que lo de Yoshikawa-sensei era imposible. Pero no perdía nada con intentarlo – Tanaka lo miró en shock… ¡Con todo lo que había tenido que pasar… y no era obligatorio por culpa de su maldito acuerdo-chantaje! – En fin, te agradezco mucho tu colaboración desinteresada…

- Tiene de todo menos de desinteresada… Takano-san es bueno colocando trampas…

- Debo admitirlo, y tú también… Después de todo, estoy enamorado de un pequeño ratoncito… como tú. Pero, bueno… – suspiró - ¿Cómo va la investigación interna, tienes algo nuevo para contarme…?

- Con cero de avance; Kaoru y yo no logramos dar con un culpable, todos son colaboradores leales y con años de experiencia… a excepción de tres personas que renunciaron hace un par de días…

- ¿Hace…? – frunció el ceño – De seguro alguno de ellos pudo ser…

- Más que probable, porque los tres estaban en el Departamento de Sistemas. Pero, sin pruebas, no podemos hacer nada. Recursos Humanos está abriendo una investigación a profundidad…

- Ya veo… Y con lo incompetentes que son esos idiotas… - gruñó.

- Lo sé… Ryuuichirou quiere echarlos, pero tomemos en cuenta que necesitamos en estos momentos a todos ellos porque conocen a los trabajadores, sus vidas y antecedentes… - suspiró – A esperar…

- Ha pasado mucho tiempo. Si dependiésemos de ellos, probablemente Yokozawa ya habría echado raíces desde hace dos días – ambos se estremecieron.

- No hablemos de lo que pudo haber pasado. Yokozawa-san está tranquilo y feliz con su familia…

- Pero

- He estado pensando – lo interrumpió. A él no le agradaba repetir el mismo tema más dos veces si es que no era necesario - que tal vez usted y yo podríamos hacer una dupla interesante… - Masamune lo evaluó unos segundos.

- ¿Una dupla…? No me digas que tienes un plan porque sospechas de alguien…

- No con nombre y apellido, pero sí, tengo un plan que necesita una carnada… Necesito el apoyo de personas que sepan que están poniendo sus cuellos en la guillotina por una razón que nos beneficiará a todos, para que no volvamos a tener el tipo de desastres que ya tuvimos… - esa expresión no le gustó para nada. Pero si debía ser honesto, estaba tan ansioso por limpiar el nombre de su mejor amigo que no le importaban ya los medios.

- ¿Ritsu estará en riesgo si me involucro contigo…?

- No. Lo juro por mi propia vida. Los voy a proteger a él y a Henmi, esta vez poniéndolo al tanto de todo. Y le sugiero hacer lo mismo con Onodera-san. Es muy inteligente, y creo que podría darle a usted muchas más ideas…

- Es lo más inteligente que me has dicho en días...

- Lo sé… Principalmente porque también esta vez nos ayudará Akihiko-sama…

- ¡Pero ese maldito cerdo fue el que trajo ese puto manga erótico! – se puso de pie, iracundo.

- …creo que debo contarle algunas cosas sobre "ese manga erótico", Takano-san… - algo en su tono de voz y expresión hizo que las dudas se despejaran. Se sentó una vez más y, con el ceño fruncido, se acercó a él.

- …soy todo oído…

OwO

- Lo lamento muchísimo, pero… ya estamos cubiertos. Incluso estábamos pensando tener una reducción de personal la próxima semana porque tres de nuestros mangas ya han culminado…

- …ya veo. Bueno, no importa. Gracias por recibirme…

Tachó el nombre número treinta de su lista de treinta y cinco editoriales. Todas las que Henmi había recomendado se habían ido a la mierda en dos días, y ahora sólo le quedaban las cinco opciones menos probables e interesantes.

Fue, un tanto inseguro, a la primera, y fue rechazado incluso antes de entrar…

- Pero…

- Sin convocatoria oficial, no recibimos. Buenas tardes.

Salió arrastrando los pies, justo cuando sonaban las doce del día. Se restregó la frente con su pañuelo, para limpiar el sudor, y al alzar la vista recordó que ese día debía cancelar la pensión del colegio, incluso la de Mamoru, quien había ingresado faltando una semana para que terminara ese mes...

Maldiciendo por lo bajo a Isaka, recordó que no había llevado su billetera, y menos su tarjeta de débito, y ni mencionar la de crédito que pronto debería cancelar… Mierda, mierda y más mierda… ¿Por qué le sucedían una cosa tras otra…?

Decidió ir a entrevistarse con la directora, con quien tenía una buena interacción a causa de las perfectas calificaciones de Hiyo, con la finalidad de sincerarse con ella y solicitar que, basados en su impecable historial de padre cumplidor, le diesen chance de pagar el día de mañana, sin afectar a sus hijos…

¿Y si no se podía…? Le constaba que por la directora no habría inconvenientes, pero a veces los padres de familia y los mismos niños y adolescentes podían llegar a ser muy crueles…

Ahora que lo recordaba, Ijuuin le tenía una pequeña deuda de hacía un mes… Si le pedía ese dinero, probablemente podría al menos pagar las mistades de las dos pensiones…

Sacó el celular, para marcar su número y avisarle, y ya pensaba en tomar el autobús, para no gastar tanto en taxis, cuando algo llamó su atención…

Era una librería pequeña que a todas luces estaba especializada en un tipo… hem… particular de literatura, ya que todos o casi todos los libros tenían un contenido más que explícito de temas XXX. Pero, en medio de todos ellos, en los aparadores de exhibición cargados de imágenes que de seguro les hacían el día a los adolescentes hormonales que pasaban por ahí, uno en particular era anunciado como una nueva novela erótica.

No, no es que a él le gustara leer ese tipo de obras, aunque de vez en cuando, tenía que admitir, se empapaba de nuevas ideas para hacer gozar a su Takafumi…

…lo que lo había petrificado era que, para su horror, el logo de Marukawa Shoten y, más específicamente, el de Japun, figuraba debajo del título… "El oso bebedor de miel"… Original de… Akikawa Yayoi.

- ¿Pero qué caraj…? – se le subió el rubor al rostro - ¿Esa es la cosa que…? – pálido como un fantasma, e intentando pasar desapercibido, ingresó… y se acercó a la sección de novedades. Y ahí estaba, la dichosa novela no más gruesa que su dedo medio, en un rosa chicle cegador, pero… Sin imagen de cubierta – Al menos – suspiró con alivio. Y rezando todas las oraciones que se sabía, la abrió a la altura de una página que parecía traer una ilustración. Y…

…nada.

…no, de verdad.

Nada.

No era el rostro de Takafumi, menos el suyo… Sin embargo, debía admitir que era una escena muy… MUY HARD, tanto que, imaginarla entre ambos, le dio un leve mareo, así que cerró el libro.

- Pero Henmi… dijo que éramos nosotros… que eran nuestros rostros… Quizás no fue ésta, pero… yo jamás habría autorizado algo como esto… Y considerando el nombre, obviamente está inspirada en nosotros, pero… ¿Qué rayos está pasando…? - el precio era tan ridículo que incluso se ofendió un poco, ya que por lo general, Akikawa Yayoi solía venderlos por el triple de ese monto, y más Zakan o cualquier otro manga editado por él.

Y ahora que lo pensaba… ¿Akikawa Yayoi? ¿Ese no era un autor de Zaphiro, la sección BL de Marukawa? ¿Por qué carajos figuraba como suyo ese material?

Sin leer nada del contenido, pagó la cantidad, sonrojado, y sin mirar a nadie, para evitar las miradas acusadoras, curiosas… o pícaras del resto de clientes, salió de nuevo hacia la calle, prometiéndose enseñarle esa novela a Henmi para que le confirmara si se trataba de lo mismo.

Y exigirle, a la buena, obviamente, que le ayudara a descubrir qué mierdas había pasado…

- Hey, caballero… - medio aturdido por el sol y por esos pensamientos, dio un respingo al escuchar que aparentemente alguien le estaba hablando – Aquí – volteó hacia un área del Centro Empresarial en el que se encontraba, y notó que estaba repleto de imprentas, una de las cuales, por cierto, era la que había impreso supuestamente ese trabajo, pero…

Desde un establecimiento que no parecía una imprenta, un hombre maduro, vestido con un sastre de color verde limón, le sonreía, de manera… demasiado… gentil… Haciéndole sospechar sobre sus intenciones verdaderas, por lo que se aferró fuerte a su maleta, evitando mostrar de más ciertas partes de su anatomía…

- ¿Me habla a mí…?

- Así es… Disculpe que lo abstraiga de sus meditaciones, pero no pude evitar verlo estos tres días merodeando por aquí… ¿Es usted un delincuente…?

- ¿Eh? – lejos de indignarse, se reprochó a sí mismo por haber desistido de colocarse ese día el gel para el cabello, por economizar, sospechando que debía estar además de sudado, muy despeinado por tanto trajín, dando por ello una imagen que distaba mucho de la realidad – No, por favor, no piense ello. Soy… un editor desempleado. Estaba viendo opciones de empleo en las editoriales de por aquí, ya que tengo dos niños por mantener además de mi pareja, y no puedo trasladarme a otra Prefectura – el compartir su drama con ese hombre tan… ¿excéntrico…? le brotó de manera tan natural, que se sorprendió a sí mismo.

- Oh, ya veo… Lamento haber sido grosero, pero últimamente estamos todos en estado de alerta por

- Hey, amor – pero si su propio comportamiento lo había sorprendido, Kirishima en ese momento pensó que estaba soñando, ya que este tipo de espectáculos no eran nada comunes a esa hora del día.

Un hombre ligeramente más alto, y contemporáneo en apariencia con el anterior, aunque vestido con un conjunto elegante y discreto de color granate, acababa de asomarse también, para besar la frente del primero, con una dulce mirada en el rostro, que no varió significativamente al voltear hacia él.

- Oh… ¿me estás engañando con este lindo jovencito…? Debo reconocer que es un manjar, pero…

- ¡Mi amor, ¿me crees capaz?! Sí, es precioso, pero yo sólo te amo a ti…

- Eso espero, porque parece un niño... Te podrían acusar de pederasta… – lo hicieron sonrojarse.

- Jajaja, claro que no, Daiki… Conversaba con nuestro terrorista en potencia, ¿recuerdas que te platiqué sobre él…?

- Oh, claro… Debí reconocerlo. Dijiste que parecía un algodón de azúcar morena, y no exagerabas, ¿eh? – Zen no pudo evitar sonreír, cohibido, al igual que el otro hombre, que ensanchaba cada vez más su sonrisa.

- Lamento haberlos asustado… Soy Kirishima Zen… - se inclinó con respeto – Es un ho

- ¿Kirishima Zen? – Daiki abrió los ojos como platos, y luego miró a su pareja con expresión shockeada – A…a… - pero el otro estaba igual de impactado.

- ¡Usted es el editor de Zakan! – Zen se sonrojó por completo bajo esas dos miradas verdes que parecían idealizarlo. Por lo visto había ascendido de terrorista potencial a adonis con pedigrí - ¡EL HACEDOR DE MILAGROS DE MARUKAWA!

- Hem… Sí, soy el Editor de Zakan… pero… me temo, que lo último aplica más a Takano Masamune…

- Nah, comparado con usted él se queda en pañales…

- Haruto y yo admiramos tanto su trabajo, Kirishima-san… - le estrechó las manos, sacudiéndolas tanto entre las suyas, que pensó que lo despeinaría aún más – Cada uno de los tomos… es simplemente… - sollozó.

- Nos… nos arranca tantas sonrisas, lágrimas… Sentimientos… - en verdad, o estaban locos, o eran el peor caso de gays ultra sensibles del mundo.

- No es para tanto…

- Claro que lo es… Dahari Shoten – Daiki le señaló el casi minúsculo cartel, que no destacaba para nada, pese a sus tonos rositas y platinados – se especializa en la edición de libros con temática científica, gastronómica, ingenieril, entre otras. No solemos editar manga porque no tenemos un área especializada y menos especialistas, de modo que, cuando Ijuuin-sensei – se sorprendió – vino trayendo su proyecto, nos vimos en la triste obligación de recomendarle que fuera a Marukawa… Era lo mejor para él, y para el mundo, como luego comprobamos.

- Oh, y no sólo porque ustedes podían darle un excelente acabado a su obra de arte… Los mangas mejor vendidos y mejor cotizados de ese micro mundo provienen de ustedes, por el excelente trabajo que desempeñan sus especialistas en ventas… ¿Recuerdas el nombre de ese agradable niño que estaba con ese hombre tan parecido a un oso en esa convención del año pasado, Daiki? – su corazón dio un saltito al oír a Haruto. Kirishima sabía muy bien de quiénes estaba hablando.

- ¡Ohhh, sí! Terminamos comprando todos los estrenos para nuestra colección personal porque el pequeñito y su hermano nos convencieron.

- No, no son hermanos… – sonrió divertido.

- ¿Son amantes? – ambos hombres se pudieron en actitud fundashi de inmediato.

- ¡No! – no pudo evitar indignarse y ponerse levemente celoso – Yo…Yokozawa-san, el que se parecía a un oso, era el Jefe del Departamento de Ventas de Manga… Kurinawa-san, el que parecía un niño, era su brazo derecho…

- Oh, ya veo… Ambos eran realmente amables… No he vuelto a hallar un hombre más entregado a su trabajo, que pese a tener una personalidad tan fuerte era capaz de sonreír de manera tan honesta y transparente – un calorcito lo recorrió por entero. Que terceros hablaran así de la razón de su existencia… lo llenaba de una infinita ternura y amor.

- …sí. Yokozawa-san es el mejor vendedor del mundo… y Henmi el empleado más fiel del universo…

- Oh, sería tan maravilloso el podernos robar a los tres – Daiki sonrió de lado a su novio.

- Pues, podemos tomar a Kirishima-san para nosotros, amor… Los de Marukawa me han decepcionado… ¡Figúrate que lo dejaron sin empleo! – Kirishima los escuchó lanzar exclamaciones y comentarios indignados sobre la falta de criterio de los gerentes de la editorial más importante de Japón, sintiéndose arrullado por su admiración.

- Es increíble… ¿En qué cabeza despeinada y llena de liendres puede caber semejante falta de visión y criterio?

- Es… es una historia larga de contar, Daiki-san…

- Pues tenemos todo el tiempo del mundo, de paso que nos ayuda a revisar unos nuevos tomos que estaremos empezando a editar el día de mañana… Así le tomamos los datos y se instala en su oficina… - Zen lo miró boquiabierto.

- Enton… - los miró, ilusionado, con una creciente sonrisa en su rostro, que pareció rejuvenecer de golpe.

- ¿Cree que dejaríamos pasar esta oportunidad? ¡Nunca! Son materiales pequeños, así que estoy seguro de que podrán servirle de entrenamiento, ya que usted se maneja más con mangas, ¿verdad?

- Hai… Pero… Yo… yo aprendo rápido, Haruto-sama… - su corazón saltaba a mil.

- No se diga más entonces… Ah, cuando los de Marukawa sepan el error que cometieron…

En realidad, no fue el único error… - captó su atención. Y decidió tentar a su suerte – También… botaron a Yokozawa-san… - con ese comentario el diálogo entre los otros se volvió más cruel e incisivo.

OwO

Desde el primer día de clases de Mamoru, Hiyo y él huían a la azotea en el primer receso. La razón: preparar unas cajitas de cartón que Haruka les había comprado en secreto…

…para embalar las galletitas que la niña y él habían por fin cocinado la noche anterior con mucho cuidado, bajo su supervisión, mientras los adultos dormían abrazados en el cuarto principal. Un dulce y tierno secreto de a tres.

Sí, pese a todo el desastre inicial, Haruka se estaba convirtiendo en una especie de mamá para ellos dos. Desde esa noche infernal del terremoto, en el que junto a sus abuelos los cuidó como a sus propios hijos, Hiyo había perdonado su empecinamiento inicial en separar a sus papás, y Mamoru había consentido internamente en que ella encajaba en la imagen ideal que él había alguna vez tenido sobre su mamá…

Y lo lindo del caso era que, por primera vez en toda su vida… Haruka estaba actuando de corazón, sintiéndose mujer al fin. Porque, pese a Oda, pese a su misión inicial, pese a que amaba a Takafumi… ese amor la obligaba dulcemente a buscar su felicidad. Aunque ésta tuviese cabellos y ojos miel, y partes del cuerpo que ella no podía ponerse, el corazón de la chica, que sí era bueno, se agitaba con cada manifestación de amor entre ellos dos.

- ¿Serán suficientes…? – Mamoru colocó tres de chocolate intercaladas con tres de vainilla en la cajita que tenía en sus manos en ese momento.

- Creo que sí… Al menos hoy… Le dije a Yuuto que les comentara a sus amigos de años superiores que papi se había quedado sin empleo y que necesitábamos ayudar en casa… Y él se puso feliz de poder ser útil…

Hiyo nunca de los nuncas había fallado en su cumplimiento de las normas del colegio, que prohibían ese comportamiento, y Mamoru se sentía como un pequeño delincuente en ese momento ya que, pese a ser muy travieso, era muy obediente, pero… Lo habían decidido.

Habían decidido que venderían esas galletas a escondidas para poder darle una linda Luna de Miel a mamá y papá, cuando mamá se recuperara.

- Lo hace sólo porque le gustas… - Mamu susurró, con una voz un poco extraña. Y terminó de colocar el último papel de seda dentro de la última cajita adornada con un moño elaborado por Hiyo.

- Ay, no empieces tú también… Papá y papi siempre me están molestando con ello… A veces son realmente aterradores…

- Jajaja, ok, ok… Entonces… ¿las venderemos al costo acordado, cierto…? – Hiyo asintió, mostrándole el pequeño letrerito que habían hecho a mano.

- ¿Y hay descuento por compras al por mayor…?

Se pusieron de pie, pálidos, al escuchar la voz de la Directora. La mujer los miraba con los brazos cruzados, y una ceja alzada, sin mostrar expresión alguna en su rostro.

- Sen…sensei…

- Hiyori-chan. Tenía entendido que habías tomado la responsabilidad de tu hermano…

- Ha…hai, sensei, pe

- Hiyo-chan no tiene la culpa, sensei… Fui yo el que

- No te he pedido hablar, Mamoru-kun – el pequeño bajó la carita, aguantando las ganas de llorar – Si estás haciendo esto… supongo que ha pasado algo muy grave en casa, ¿verdad? Porque Mamoru-kun debe saber ya que eres la mejor alumna de toda la escuela… - la pequeña no pudo controlarse. Corrió hacia ella y la abrazó fuerte, muy fuerte, llorando a mares y contagiando a su hermano. Y la mujer lo atrajo también, sintiendo que su corazón se le hacía pasita.

Los dejó fluir, abrazándolos como una abuelita gallina, y cuando dejaron de gimotear, mucho después del timbre de retorno, los hizo sentarse en las banquitas delante de ella.

- Lo que piensan hacer me llena de orgullo. No podrías haber conseguido un hermanito tan parecido a ti, preciosa – se sonrojaron – Pero entenderás que si me hago de la vista gorda, los demás alumnos se quejarán con sus padres, y no podré hacer nada más que amonestarlos…

- …hai…

- Sin embargo… - tomó todas las cajitas, para sorpresa de ellos – sí puedo hacer que las vendan en la cafetería. Con una pequeña ganancia del cinco por ciento del valor de cada paquetito para Kaoruko-chan, ella estará más que complacida de ayudarnos… - los dos volvieron a abrazarla – Jajaja, no lloren de nuevo, ¿eh? Oh, en verdad esto me alegra tanto… Siempre sospeché que ese extraño hombre con apariencia de oso era alguien muy importante para tu padre… - los dos rieron – Porque nunca antes te había dejado a cargo de un desconocido.

- Es que niichan es en verdad muy lindo… Y bueno… Se ganó el corazón de papá en un dos por tres…

- ¡Y el mío también! – rieron ante el comentario de Mamu – Es que… Yokozawa-san tiene una mirada tan linda… tan dulce… Me encantaría tanto ser como él cuando tenga su edad…

- Pues ahora que es tu papá, imítalo. Recuerdo que soportó pacientemente todas y cada una de las preguntas, incluso impertinentes, que le hice la primera vez que vino a recoger a Hiyo, sin inmutarse, sin renegar… Es un buen hombre. Personas así, valen oro… Y merecen ser felices por siempre…

Hiyo y él asintieron… Recordando ese abrazo cálido de la mañana entre los seis…

OwO

Akihiko llevaba cinco minutos delante de la puerta de Gerencia. No estaba convencido del todo, pero… Sabía muy bien por boca de Misaki que él estaba decidido. Y si él lo estaba, no había lugar a más dudas. Ya todos lo sabían, después de todo.

Sin embargo, temía la reacción de Ijuuin. ¿Y si decidía perseguirlo…? ¿Era moralmente válido mentirle a Misaki, decirle que no había podido hacerlo, que lo habían convencido, con tal de que no le robaran a su amor…?

- El amor es ciego – dio un respingo cuando oyó la voz de Ijuuin a su lado. Frunció el ceño – Misaki habló conmigo, no por voluntad propia – se adelantó a su indignación – Yo le pedí hablar para informarle que renuncio a él para dejarle el camino libre, sensei…

- ¿Pero qué…? – se puso rojo de la furia - ¡Yo soy su novio!

- Como sea – lo ignoró. Lo miró directamente a sus ojos violetas – Ayúdelos – fue una orden. Una orden que pareció dicha por el mismo Misaki, así que sólo se limitó a asentir.

Dentro, Kaoru miraba de reojo a su amor. Estaba cada vez más pálido, ojeroso y flaco. En verdad se estaba esforzando al máximo por descubrir al culpable, lo había tomado como algo muy personal ya que quería limpiar su conciencia…

Se puso de pie, y se acercó a él. En ese momento Ryuuichi revisaba unos reportes de Recursos Humanos, junto a su escritorio, con ojos enrojecidos. Se los quitó de las manos, sorprendiéndolo, y ya iba a replicar, cuando fue atraído con amor, para unir sus labios a los suyos en un beso dulce que por un momento eliminó todo el distrés acumulado.

Sollozó, pegándose a él, quien era el refugio cálido al que todas las noches acudía para perderse en ese ensueño llamado amor. En esa fuerza que era más contundente que todos los problemas que los rodeaban en ese momento.

- Y pensar que es el mismo hombre que tuvo la osadía de intentar alejar a mi Misaki para que no me "apartara del trabajo", Isaka-san… - la magia fue rota por la voz grave de Akihiko. Kaoru tuvo que sostenerlo para que no cayese cuando se separaron de la impresión. Ambos empezaron a sudar frío.

- …te esperaba desde hace días, Akihiko… Solamente le comunicaste a Kaoru tus disculpas acerca de esa mierda de novela que causó todo este desastre… - estaba temblando. Medio intuía lo que iba a ocurrir y las ganas de salir corriendo y tirarse a los rieles del tren crecían a cada segundo.

- No creí que te merecieras que yo venga… Sin embargo, pese a que aún pienso lo mismo, he venido porque al fin Misaki se recuperó lo suficiente como para contarme después de tanta insistencia la razón de su depresión… Así que despediste a Kirishima, y te atreviste a botar a Yokozawa como si fuera un perro sarnoso…

- No… no tengo por qué darte explicaciones… – se hizo el valiente.

- Yo prometí algo hace mucho, a ambos, cuando la madre de Kirishima los tuvo en tensión extrema las veinticuatro horas del día al no entender sus hermosos sentimientos… de modo que cumpliré mi palabra ahora que te has atrevido a cuestionarlos tú también, jodiéndoles el mejor momento de su relación – se irguió por completo, y le habló, sólo moviendo sus ojos hacia abajo, como una estatua imponente – Renuncio a cualquier beneficio y contrato con Marukawa – Isaka se apoyó en el escritorio, mirándolo horrorizado, mientras Kaoru parecía a punto de caer de rodillas – Y me llevo a Misaki conmigo.

- Usami-sensei… Usted…

- Akihiko… No… no me hagas esto…

- Te metiste con mis amigos. Con una familia de seis, según sé, que lo único que ha venido haciendo es hacerse cada vez más fuerte para soportar los tifones y terremotos que intentaban traérsela abajo… Zakan es el mejor manga de la industria Shounen, y pese a la personalidad de Ijuuin-sensei, Kirishima Zen siempre supo mantenerlo ahí… - él mismo se sorprendió al defenderlo, y que todo fuera natural, por cierto – Y Yokozawa…

- Usami-sensei… Nosotros…

- Akihiko… - empezó a llorar.

- Sí, Kaoru. Nosotros actuamos juntos con la finalidad de salvarle el pellejo a este idiota… Pero ni siquiera tú mismo fuiste capaz de preveer que acabaría haciendo lo que hizo, y este desenlace no estaba en el acuerdo… - alzó la voz – Lanzaste a un suicidio seguro a un hombre que es capaz de darle a un necesitado su bento completo… Eso no me lo dijo nadie, lo vi yo mismo… - ambos ni respiraban - Puede que asustara, puede que a veces fuera un antisocial sin remedio, pero era un ser humano muy sensible. Y si te soy sincero, sin ser un chismoso, la mitad de todas mis ventas se lograron porque él estuvo detrás… Mano a mano con los incompetentes vendedores de Literatura, como me contó Aikawa una vez, en medio de sus borracheras de fin de ciclo…

- …estaba en una maldita encrucijada, mi padre me iba a matar…

- Hubiera sido lo correcto… ¿no se supone que eres el capitán del barco…? ¿O es que te volviste pirata? – Kaoru tuvo que admitir dentro de sí que Akihiko tenía razón. ¿Por qué su amor era tan impulsivo, maldita sea? – Lo lamento, de veras, porque esperaba algún día volver a apoderarme de Onodera, pero… Tanto Misaki como yo estaremos mejor en otra editorial. Que tengan un lindo día…

Se dio la vuelta. Ryuuichirou iba ya a lanzarse a sus pies, suplicando que no se fuera, pero Kaoru lo abrazó.

Pese a que todo lo dicho era verdad… no iba a permitir que el karma se hiciera presente. No iba a dejar que humillaran a su pequeño.

OwO

Los dos niños y la Directora tenían entonces un pacto. Y los pactos se cumplen siempre. Por ello, cuando Zen fue a recogerlos, con una sonrisa de oreja a oreja, pero de todas maneras a hablar con la Directora sobre el retraso del pago, la buena mujer no le comentó nada sobre el incidente, y cruzó deditos detrás de su espalda, mientras se hacía la sorprendida.

Los pequeños fueron llamados a su oficina, cuando terminó la reunión, y apachurraron a su papá tan fuerte, y con tanto amor, que a Zen se le escaparon algunas lagrimitas, que pudo perfectamente limpiarse mientras no lo veían. La mujer los dejó solos para que pudiesen disfrutar su dulce intimidad.

- ¿Te gusta la escuela, amorcito? – Mamu asintió – Me alegra mucho… Princesa, ve por tus cositas, sensei me dio permiso para llevármelos a nuestra madriguerita – Hiyo lanzó un gritito emocionado, y salió corriendo – Tú también ve, amor… Hoy comeremos algo realmente delicioso, voy a obligar a papi a acompañarnos en la mesa.

- ¿De verdad? – sus ojazos azules se abrieron por completo. Y él suspiró – ¡Oh, maravilloso! Ya quiero que me abrace fuerte estando de pie… - besó su mejilla y también se fue corriendo.

Antes de ir a su salón, entró al baño. Llevaba horas aguantando, así que prefirió apurarse antes de ir por sus útiles. Le sorprendió, eso sí, que pese a que aún quedaban treinta minutos para que las clases terminaran, dos chicos de su grado, los más altos, estuviesen solos en el pasadizo.

Les sonrió, de forma amable, y entró. Luego de meterse al cubículo, suspiró aliviado cuando su urgencia fue cubierta. Y al salir, volvió a sorprenderse cuando los vio cerca de los lavados, mirándolo… Más específicamente, barriéndolo con la mirada, y por ende, poniéndolo muy nervioso.

- ¿Ne…necesitan algo? – preguntó, con voz dudosa.

- Nosotros no. Pero sabiendo que eres hijo recogido del mariquita novio del padre de Kirishima, pues… Nos preguntábamos si eres también una mariposita ya salida de su crisálida… - las palabras del más alto lo dejaron con la mente en blanco.

- O tal vez aún no… Así que… - avanzaron hacia él - ¿…te gustamos? Supongo que ya lo has notado, pero… - cuidando que los viera en todo su "esplendor", empezaron a besarse y tocarse de forma grotezca, sonrojándolo completamente y generándole unas náuseas casi insoportables - Jajaja, mira… Se ha puesto colorado… - el más bajo se separó del otro, y bajó su cierre – No te asustes… Si eres virgen, seremos gentiles…

- ¿Qué? – esta vez sí reaccionó. Se pegó a la pared, intentando alejarse lo más posible – No… no hagan bromas de mal gusto. Si quieren estar a solas, puedo irme…

- Oh, pero perdería el encanto… Te necesitamos a ti para jugar, después de todo… - el más alto se acercó a la puerta, con intenciones de ponerle seguro, mientras su cómplice se acercaba peligrosamente a un Mamu a punto de llorar.

- Amorcito, ¿estás a – pero los tres se quedaron estáticos cuando la puerta se abrió de golpe y entró Zen, sonriente, y mirando a todos lados, menos a ese lugar. Cosa que aprovechó el abusador para simular estar ocupándose en el urinario, y el otro para salir - ¿Hijo? ¿Te ocurre algo…?

Pero Kirishima los ignoró. El rubor en las mejillas de su niño, y esos ojos azules llenos de miedo, eran atípicos en su carita. Así que se acercó, preocupado, y colocó una mano en su frente.

- No es nada, papá…

- Tienes fiebre… Ve por tus cosas, nos iremos en cinco minutos, me esperas con tu hermana en la entrada, ¿sí? Voy a desalojar la vejiga, y no vas a querer verme hacerlo…

- ¡Papá! – el pequeño se sonrojó más, y lo abrazó, fuerte, muy fuerte. Deseaba irse de ahí… No quería terminar odiando aquello que…

- Ya, ya… Ve, Mamu, yo los alcanzo… - lo despeinó antes de soltarlo. Y lo observó irse corriendo – Tú estás en el grado de Hiyo, ¿verdad? – su voz grave hizo dar un respingo al muchacho.

- Sí… Kirishima-san… Soy

- Un amigo de mis hijos, espero… Yo no puedo estar aquí para cuidarlos, pero espero puedas ayudarme a velar por su seguridad – los ojos miel en esos momentos no tenían nada de amables, y el chico retrocedió imperceptiblemente – Porque si algo le llega a pasar a alguno de los dos, llegaré hasta las últimas consecuencias…

- Des…cuide, Kirishima-san… Hiyo-chan y Mamoru-kun son queridos y respetados aquí…

- Me alegra oírlo. Mi hijo

- ¿A dónde vas…? – apenas salir, había sido interceptado por el otro tipo.

- No, por favor… - suplicó cuando se vio arrastrado a uno de los almacenes.

- …es tan importante para mí como Hiyo. Y no voy a permitir que nadie lo dañe…

- Papá no te va a ayudar aquí… Además, sólo quiero hacerte cariñitos… - lo acorraló contra la puerta, y ya iba a besarlo, pero Mamu logró golpearlo en la entrepierna y se escabulló con rapidez.

- ¡Te acusaré con sensei! – una lágrima cayó, muestra del miedo que tenía.

- …acúsanos… Y la siguiente será tu hermana…

- Me alegra que me prometas que los cuidarás, pequeño – Zen estrechó la mano del chico, quien sonreía intentando ocultar cualquier signo de cinismo – Ahora me quedo más tranquilo…

OwO

Reían. Sentados en el mueble, hombro con hombro, reían, mientras Takafumi le contaba la historia de esa cáscara de huevo que estaba aún en alguna parte entre su molar y premolar.

- Pero lo hizo con todo su amor…

- Lo sé. Por eso… por eso yo he logrado esto hoy día…

Deseaba con todo su ser darle esa sorpresa, desde hacía días…

Concretamente, desde que Masamune apareció en su casa, se metió a su dormitorio, y le hizo ver que estaba denigrándose a si mismo…

Zen y sus niños no merecían que él se tirara al abandono… Y tampoco Sorata y Zenta-kun.

Así que, cada día, ella le había ayudado. El primer día a girar en la cama… el segundo a levantarse… el tercero a ir al baño… el cuarto a bañarse…

Sabía que su amor se iba a molestar al saber ello, pero ya tenía la manera más idónea de pedirle perdón. Y hacerle disfrutar esos nuevos y recargados ánimos de desear ser una vez más la familia hermosa que eran.

- ¿Lo ama, verdad…? – de repente, las risas habían cesado y la incomodidad de antes regresó. Takafumi se alejó ligeramente y tomó su taza entre sus manos, para calentarlas con el calorcito que emanaba a causa del chocolate caliente.

- Con todo mi ser… Por él sería capaz de todo…

- Sin embargo le miente… - la miró, ofendido. Pero ella sonreía – O bueno, no le miente. Le oculta que está muriendo…

Su mente se puso en blanco y el corazón dejó de latirle. ¿Cómo… cómo esa mujer…?

- El día que se emborrachó hasta la muerte… me encargué de traerlo. Supongo… que aún no había ido a su chequeo, por la fecha, pero… Hallé entre sus cosas, buscando sus llaves, la receta y prescripción. Lo demás lo pude averiguar con mis amigos médicos… - Takafumi no hablaba. La miraba con terror – Lo ama, pero le oculta esto… ¿Qué cree que pasará cuando se entere…? – los ojos azules se humedecieron.

- ¿…qué quieres a cambio de tu silencio…? – claro. Había representado un buen papel y ahora sacaba al fin las garras. Se sentía solo, desprotegido, sin esos brazos abrazándolo.

- Una noche a solas… Una noche total…

Fue directa. Brutal. Y lo paró de golpe, sin un atisbo de debilidad ni de miedo. Sólo celos y su enorme instinto de sobreprotección hacia lo que era sólo suyo.

- No hay manera de que yo te permita eso… Zen es mío. Yo mismo le diré cuál es mi problema, aumiré las consecuencias que vengan… Pero no vas a tocar uno solo de sus cabellos. Vete, porque soy capaz de sacarte a patadas… - caminó hecho una furia hacia la cocina. Pero…

- Están a mano… Hace días que lo echaron de Marukawa, y él sí te ha estado mintiendo… - lo detuvo en seco. Pero ella no podía verle el rostro – Debo reconocer que ha estado todo este tiempo yendo de un lugar a otro, pasando humillaciones, e intentando que todo concuerde para que tú estés tranquilo… Pero te ha engañado… ¿Lo perdonarás…? – se odiaba por ser así, pero al menos esa noche… Al menos esa deseaba ser un poco egoísta… - Y no… - se acercó, moviéndose con naturalidad, hasta quedar frente a él, quien tenía el rostro indescifrable. Desde la sala, cualquiera podía verlos – No quiero una noche con él… - acarició su rostro, y se atrevió a tocar sus labios con la yema de su dedo índice – Quiero hacerte el amor a ti… - se puso de puntitas, ya que quedaba muy por debajo de su estatura, y acercó su rostro.

- Tadaima! – la puerta de calle se abrió, y luego de los niños, quienes entraron tirando todo a su paso, ingresó Zen.

Sus ojos habían estado mirando hacia su propia horizontal, por lo que los vio, a diferencia de los niños que habían centrado su atención en los gatitos.

Y el corazón se le bajó hasta el estómago…

Pero no dijo nada. Nada.

No era el momento.

OwO

Entró al departamento, sonriendo feliz. Todo estaba marchando a la perfección en esos dos mundos paralelos que había tenido que crear para que la persona que había aprendido a amar como a un hermano mayor pudiera tener calma, para que pudiera gozar, sin nubarrones, del sol maravilloso de tener una familia bien y dulcemente constituida.

Por eso, por eso se estaba atreviendo a volver a creer… Por eso estaba intentando darle un nuevo y maravilloso "Puedo creer en ti" a esa persona que lo había herido tanto… Tanto… Tanto…

Y es que… estaba enamorado. No era ese infantil y casi idealizado sentimiento por su hermano mayor del orfanato, quien aunque era un maldito Adonis casi promiscuo, tenía el corazón más puro y amoroso del universo. Por Tanaka sentía amor, pasión, cariño, deseo, dependencia… Una sana, porque no había muerto al perderlo en ese corto tiempo, pero la necesaria para buscar sus brazos, pese a todo, cuando los mensajes de "Hoy tampoco" provenientes del celular de Kirishima le anudaban el corazón al comprobar que no había encontrado empleo.

Era por Takeshi, y no por Shinoda… su hermano mayor del orfanato… que esa noche deseaba ser amado de manera integral, holística, completa…

- Okaeri… - Henmi dio un respingo al oír su voz, desde el umbral de la puerta de la cocina. Takeshi estaba ahí, con su mandil impecable, con una expresión que aún conservaba el miedo a que un día Henmi no regresara con él. Que viniera y le dijera que de plano había decidido no confiar en él nunca más, nunca. Que lo privara de esos hermosos ojos de color indescriptible porque también llevaban el color de su alma tatuado en ellos.

- Tadaima… - colgó su saco, y avanzó hacia él – Hoy… hoy ocurrió el milagro… Estoy tan feliz.

- Me alegra oírlo. Casi derramé la tinta en el manuscrito de Ijuuin-sensei cuando leí tu mensaje… - se acercó, con miedo – Lamento tanto que

- Shhh – le puso un dedo en los labios – No hablemos de ellos hoy… Dijiste que tenías una sorpresa para mí, así que quiero que me la muestres…

Takeshi lo besó, y agradeció a Kamisama el que Henmi correspondiera con la misma intensidad. Dios, ¿cómo podía poner tan loco su corazón con un simple y casi casto beso…?

- Pues sí… Tengo una sorpresa para ti… - se quitó el mandil, y lo dejó en el pequeño perchero que tenían al costado de la puerta. Y lo jaló con suavidad hacia la cocina.

- ¿Qué…? ¡Ah! – la mesita circular que tenían al medio, tenía un pequeño florero central con hermosas y fragantes rosas de tonos pastel - …Takeshi…

- No sé si lo hayas recordado, pero… Hace un año, me dijiste que sí… - Henmi lo miró a los ojos, con los suyos humedeciéndose. Maldito cerebro suyo… con todo lo de los Kirishima, lo había olvidado…

- Yo

- No digas nada… - lo sentó en la sillita más cercana, y se puso de rodillas frente a él – Sería un idiota si te reprochara eso… cuando tú no sólo me diste la oportunidad de saberme amado por ti, sino que también le diste sentido a la vida de un hombre que te doblaba la edad, a un hombre que aunque no lo creas, daría su vida por ti…

- Takeshi…

- Te amo… Si te pierdo… simplemente no podré vivir… -una lágrima cayó, siendo limpiada por Henmi, quien ya estaba lagrimeando desde hacía rato – Con eso no quiero atarte a mí. Eres demasiado preciado para mí como para cometer la canallada de forzar tus decisiones influenciando tu corazón…

- …no lo influencias… Si volví es porque quiero estar contigo – ambos sollozaron.

- ¿Has escuchado alguna vez a The Script…? – Henmi negó, de manera suave, en medio de sus gimoteos – En la mañana… luego de que me informaste… decidí arriesgarme. Decidí hacerle caso a mi corazón, porque aunque mi cerebro haya metido la pata como un pendejo al tomar decisiones sin tener tu consentimiento, mi corazón siempre te ha sido fiel… Así que, busqué una canción que resumiera lo que siento por ti… Todas las que escogí eran preciosas, en verdad lindas… pero sólo una resumió mejor lo que siento…

- …no sé inglés… - susurró, sonrojado. Takeshi lo besó.

- No importa… La traduje para ti… - sacó un pequeño papelito de color coral, y tomó su mano izquierda.

- Takeshi… - Henmi dejó que besara su mano, y esperó. Luego de mirarlo a los ojos, el hombre empezó a recitar, en un ritmo lento, con una voz temblorosa, pero cargada de sentimiento.

- Tú tocaste estos ojos cansados míos… y marcaste mi rostro línea por línea… Y de alguna manera, envejecer se siente bien… - respiró profundamente, ya que la garganta dolía - Escucho de cerca porque no soy tan inteligente… Tú colocas tus pensamientos en obras de arte… que ahora cuelgan en las paredes de mi corazón…

Henmi sollozó aún más fuerte cuando Takeshi sacó un pequeño cofrecito de su bolsillo, y dejando la hojita de papel, tomó su otra mano para que las cuatro juntas lo atesoraran como un pequeño botón de rosa sin reventar.

- Quizás no tenga el toque más suave, puede que no diga las palabras como tales… y aunque puede que no sea gran cosa… Soy tuyo – separó las cuatro manos entre sí, dejando la cajita en la palma derecha de Henmi, y la abrió, dejando a la vista un precioso anillo de compromiso, sutil, delicado - Aunque mis bordes pueden ser ásperos, nunca siento que soy suficiente, y puede que no parezca mucho, pero… soy tuyo… - tomó su mano izquierda y la puso sobre su pecho - ¿Me aceptas… mi amor…?

Henmi siempre había soñado de niño y adolescente pedirle la mano a su novia algún día, en un restaurante fino, a los acordes de un violín o un piano tocado por un maestro…

Pero en ese momento, en ese instante en el que Takeshi sostenía la suya con tanta delicadeza, como si el apretarla de más la fuera a romper, agradeció ser de esa minoría de personas que amaban a seres de su mismo sexo… Agradeció tenerlo a él…

Sólo una respuesta era posible en esos momentos…

- …si quiero…