Hola! *sonríe nerviosa*

Lo siento, de veras, no pude actualizar pronto, pese a que tenía más de la mitad de este capi, pero estuve metida en algunos temas urgentes del trabajo...

...y atendiendo un temita de vital importancia para mi...

Les cuento que recibí los derechos de autor de una novela original, y por ende, podré publicarla por cualquier medio. Es uno de mis sueños más importantes, así es que estoy muy entusiasmada. Voy a procurar no dejar de lado los fics, sólo ténganme paciencia n.n

Dado que no puedo pegar el link, por favor, ingresen a la página de Wattpad y busquen la novela "La Edad Engañosa". Apreciaría mucho que pudiesen darse una vuelta, leerla, y dejarme sus comentarios, por favor.

Les agradezco mucho a las que puedan darse un saltito y dejarme sus impresiones.

Los quiero!


Felicidad

Sus ojos se pasearon por la habitación, concretamente, a la sala de uno de los departamentos del edificio donde vivía Shiro. Ryuutaro cruzó miradas con él, sonrojándolo, y haciendo que Iokawa sonriera satisfecho. Ah, esos dos odiosos. Ahora que eran en verdad padre e hijo "de riñón", como se decían, aprovechaban cualquier ocasión para avergonzarlo en conjunto.

Shiro estaba feliz, aunque mitad emocionado, mitad avergonzado: aún no podía llevarlo de la mano, hacerlo cruzar por el umbral de su puerta, porque seguía convaleciente, pero… Le ilusionaba mostrarle su hogar, que era muy humilde, muy simple. Había pasado tanto tiempo siendo soltero, que los detalles de decoración, orden, limpieza, aunque estaban, eran a veces un poco deficientes. Pero bueno, ya lo arreglarían todo, juntos, como familia.

- El baño a veces se atora, pero estos días estaba funcionando bien, según le dijeron a mi hermana.

Los dos enfermitos estaban en silla de ruedas. Habían logrado que la casera de Iokawa les permitiese quedarse por un par de meses en el departamento del primer piso, que gracias a Dios estaba libre, para poder movilizarse apropiadamente. Sobre todo porque, sin mayores ceremonias, gracias al terremoto, vivirían juntos, incluso luego de que pudieran reunir el dinero suficiente para arreglar el departamento de los Kuroda. Temita que había casi hecho firmarles delante de un notario el pequeño Ryuutaro, quien había asumido con madurez e ilusión a su "papá" nuevo, incrementando su amor filial hacia él luego de enterarse de que aún estaba vivo gracias a Shiro.

- Por eso no te preocupes, yo sé arreglarlo. Debemos pensar únicamente en tu recuperación y la de Ryuutaro…

- Eso es cierto, Io-chan. Si no te recuperas pronto, no podrás cargar a papi hasta su habitación…

- ¡Ryuutaro!

Sí, se podían dar el lujo de bromear de esa manera. Ryuu se lo reprocharía siempre, pero, había criado a Ryuutaro en un ambiente tan atípico, aunque cargado de amor, que el pequeño sabía muy bien que sus padres no se tomarían sólo de las manos o se besarían en las mejillas, cerca de sus labios, eternamente. Pero eso no le había quitado la inocencia: sabía también que sus padres se amaban, y que por ese amor, sus caricias se extenderían algún día a un nivel al que él no tendría acceso, porque eran momentos sólo de ellos, así como él tenía momentos solo para sí, mirando sus dibujitos o dibujando.

- ¡Jajaja…! –Shiro no pudo evitar reír con ganas, avergonzando más al otro – Auch, auch… - y se quejó tanto por el dolor en su cintura, como por el jaloncito de cabello de Ryuu – Jajaja, está bien, está bien, mi amor… Descuida, amor chiquito. Me encargaré de que papi no se esfuerce de más. Yo lo haré todo por él… - le lanzó una mirada evidentemente pícara que llevó al pobre Kuroda hacia la cocina, so pretexto de buscar algo de agua – Uy, creo que se avergonzó más…

- Yo creo que está pensando en todo lo que harás con él… - oyeron cómo el grifo era abierto hasta su máximo volumen.

Shiro estaba de acuerdo con que serían sinceros siempre con él, sin ocultarle nada.

Antes, mientras el hombre o mujer de turno estaba con su papi en la cama, "para jugar a ponerse calientes", el pequeño debía meterse a su cuarto y encerrarse con llave, como una mascotita molesta, intentando no prestar demasiada atención a los sonidos amortiguados de su padre con esos bastardos que abusaban de los sentimientos sinceros de Ryuu luego de alejar al niño con esas palabras obscenas.

No, Shiro jamás haría eso. Antes prefería la abstinencia eterna a tener que hacer sentir como un animalito o un estorbo a ese hermoso angelito que le llenaba de calidez su corazón. Por eso, cuando Ryuu le contó aquello, aparte de los celos instantáneos, Shiro deseó encontrarlos para darles su merecido.

- ¡Cállense! – los dos rieron a carcajadas. Y cerraron las boquitas para no hacerlo renegar de más.

Una vez regresó con dos vasos con agua para ellos, y hubieron apurado el contenido, le tocó la tarea a papi el llevarlos a dormir.

Con cuidado, Ryuu ayudó al pequeño a echarse en la camita que Takeshi y Henmi habían armado para ellos.

Henmi aún no confiaba en Shiro, pero… Como mejor amigo de Ryuu, estaba comprometido también con su felicidad, y veía en ambas miradas, además de la de su pequeño sobrino, un brillo que nunca había visto, además de sus propios ojos, los de Takeshi, y los de los Kirishima.

- Trata de dormir, ¿sí? Estaré en la habitación de al lado…

- Si me dejas agua para beber, estaré bien y podrás estar con papi.

- Quisiera, mi amor, pero sabes que no podemos. Debes estar aún en revisión, lo de hace un rato es una travesura que no puedo repetir tan seguido – asintió, haciendo puchero – Pero vendré cada hora para hacerte beber, te lo prometo, ¿sí? – asintió – Bien, ahora iré con papá… - se sonrojó bajo la sonrisa pícara de su hijo – Tú…

- Jajaja, está bien, lo siento. Pero te ves adorable sonrojado… - su pobre papi se sonrojó aún más. Ryuutaro cada que veía ese color en sus mejillas terminaba de convencerse de que esta vez sí era amor.

- Ryuutaro… - bajó la mirada – Amor, ¿en verdad estás bien con esto…? – el pequeño le sonrió. Su papito en verdad lo adoraba, y él respiraba por él.

- Estoy dichoso por ti. Por nosotros - acarició su rostro – Papi, ¿cuántos me hicieron a un lado…? – los dos estaban con el corazón en la garganta – Todos. Sin embargo él, desde que te conoce, sólo ha buscado lo mejor para nosotros dos. ¿Cómo podría no estar bien, si al fin hay una persona que te ama y ama aquello por lo que tú siempre has luchado? Sé que me ama como a un hijo, y que por eso dio parte de si para curarme, pero sé también que lo hizo porque sabía que sin mí, tú no ibas a poder seguir – Shiro besó sus manitas, y las acurrucó contra su rostro.

- …a veces, pareces un adulto pequeñito…

- Mi papi me crió bien - sollozaron – Papi, Io-chan es la persona que yo siempre deseé tener para ti.

Los pocos escrúpulos que tenía, desaparecieron. Besó la frente de su niño, y se echó a su lado, acunándolo como podía para no dañarlo. Pequeño granujita: por su culpa ahora su corazón ya no le permitiría tener reservas para sus hermosos sentimientos.

El cansancio y las medicinas hicieron que Ryuutaro se durmiese en cinco minutos, por lo que él regresó a la sala, deteniéndose en la puerta, y sorprendiéndose al ver que su novio dormía. En silencio, lo observó. Shiro en ese momento tenía el rostro ligeramente fruncido, porque probablemente sufría del dolor fantasma que le acompañaría siempre. ¿Lo habría sabido, se lo habrían dicho, antes de tomar la decisión? ¿Había firmado esa autorización, sabiéndolo?

Con los ojos cerrados, se veía incluso más apuesto, pese a esa expresión. Y si se veía así, adolorido, cuando despertaran cada mañana, luego de hacerse el amor, ¿podría levantarse de la cama para separarse de él e ir a trabajar?

Esa sería su primera noche juntos, completamente solos, en una habitación que no era del hospital. De modo que era la primera vez que podría observarlo dormir, así… Tan a su disposición para amarlo con su cuerpo, aunque por el momento sólo pudiesen permitirse caricias y besos.

Procurando no despertarlo, se acercó, para guiar la silla hasta la habitación. Eligió la del fondo del pasillo, porque deseaba algo de intimidad para ambos. Dormiría una vez Shiro se quedara completamente dormido, en la del medio, para estar atento a lo que ambos necesitasen. Y es que, de ser sólo un padre soltero y abandonado por su mujer, era ahora un novio y padre que adoraba a sus dos tesoros…

- Shiro… - cuando llegaron a la habitación, le acarició los cabellos.

- ¿Hum? Gomen, me quedé dormido… - capturó su mano libre, y la besó, sonrojándolo. Era el menor, pero, ¡demonios! Lograba hacerlo sentir pequeñito, y no precisamente por su estatura.

- Debo echarte en la cama. Apóyate en mí…

- Está bien. Sólo por esta vez te permitiré recibir todo mi peso.

Tuvo que mirar a otro lado. Y en ese momento, su corazón se desbocó. ¿Shiro, habría sido de otro hombre, qué lugar había ocupado? Y en caso contrario, ¿qué rol desearía tener…?

Le ayudó, intentando no imaginarlo con otro, y por ende poniéndose muy serio, hasta lograr echarlo. Pero cuando iba a incorporarse, él no se lo permitió. Tomó su rostro en sus manos, y le sonrió.

- Eres el primero – eso ya era una costumbre. Empezaba a creer que su novio era un telépata, siempre sabía sus pensamientos de manera fiel – En muchos aspectos. Te mentiría si te digo que eres la primera experiencia amorosa y sexual de mi vida, porque tuve novias antes. Sin embargo, nadie me ha conocido como tú me vas a conocer…

- Yo…

- Sé cuánto te hicieron sufrir - limpió las lágrimas que empezaban a caer – Y sé que yo mismo, por mi estúpido encaprichamiento, al menos debo haberte quitado el sueño alguna vez. Pero te amo. El día que supe que podía devolverte a Ryuutaro, y las consecuencias, supe que era lo que quería para mí: independientemente de si me aceptabas algún día o no, este dolor vale la pena vivirlo, porque me une a él, la personita que es tu todo desde que nació. Amo a tu hijo como si fuera mío - el otro sollozó con fuerza y apoyó su frente en su pecho – Lo amo, Ryuu, ¿entiendes? Quiero pasar tiempo con ustedes dos, desde el día de la heladería, hasta el día en que me muera…

- No te puedes morir, ¿entiendes…? – le alzó el mentón.

- No moriré. Sólo cuando me des permiso, lo haré. Necesito urgentemente entregarte todo mi amor, todos los días… – se sonrieron, su novio muy sonrojado – Kuroda Ryuu… Algún día me casaré contigo. Nos recuperaremos pronto de este gasto, y – pero él lo calló con un beso.

- Si tenemos que hacerlo algún día para que Ryuutaro lleve tu apellido, lo haremos. Pero no lo necesito. Es la primera vez en toda mi vida que sé que cuando despierte, esa persona aún estará aquí…

- Bueno, después de todo no puedo huir… - bromeó, haciéndolo reír.

- Idiota. Sabes de qué hablo - con cuidado, Shiro lo hizo acostarse a su lado, acurrucándolo en su pecho.

- Me quitan los puntos en dos semanas. Te haré el amor ese día de manera completa, para demostrarte que hasta ahora no has vivido una experiencia plena… - se estremecieron, pero Ryuu tuvo que morderse el labio para no gemir ante esa idea – Sin embargo, quiero que sepas que no quiero roles marcados. Enséñame a amarte, y ámame. No hay en la vida algo que desee más en este mundo que existir sola y totalmente para ti…

Eso fue el límite. ¿Dónde había estado todo ese tiempo, por qué no lo buscó? Se molestó unos instante con él, por haber aparecido recién, pero esa era una de las más adorables reacciones de su corazón enamorado.

Se incorporó, y lo miró a los ojos, fijamente. Shiro pudo reconocer algo que había visto asomar en esos días. Y sabía muy bien que lo llevaba en los suyos desde el momento en que acordaron vivir juntos.

Así que, cuando Ryuu apoyó sus piernas alrededor de su cintura, cuando él acarició su espalda mientras se besaban en medio de tenues jadeos… el dolor fantasma se le fue al demonio.

- Shiro…

No podía colocarlo bajo su cuerpo, para pasear sus labios por su piel, pero en esa posición, su humanidad era en verdad provocativa, erótica, sensual… Coló sus manos debajo de su camisa, jadeando ligeramente, y lo empujó hacia su rostro, para lamer sus pezones.

- Esp…

- Al diablo ese día, no puedo esperar. Te vengo deseando desde hace mucho tiempo… - le arrancó un gemido al succionarlo de forma posesiva.

- Dios… Basta, estás convaleci… mmm… - se estremeció cuando una de las manos traviesas lo tocó de forma directa en su intimidad, despertando su cuerpo de golpe – Shiro… Shiro…

- No voy a detenerme así supliques. Así me parta en dos, quiero meterme en ti… - susurró en su oreja, marcándole luego el cuello. El pobre estaba ya al límite por culpa de esos comentarios eróticos y esas caricias majaderas.

- N…no… Lo verán en… Me van a

- Nadie puede hacerte nada, sólo yo… Dámelo, Ryuu. Tráemelo a mi rostro…

Nadie, nadie en toda mi vida me hizo el amor de esa manera. Lujuriosa, erótica y románticamente, desde su mirada penetrante me había ya empezado a masturbar, a penetrar… A enloquecer.

No hizo falta siquiera que me preparara con caricias subidas de tono en esa parte de mi cuerpo. Dios mío… Su sola voz me había preparado ya tan bien, que lo sentí por completo en mi interior cuando con firme delicadeza me hizo sentarme sobre el.

Y aunque se quedó dormido en cuando llegamos al clímax, me siguió haciendo el amor, llevándome al orgasmo más de una vez. ¿Cómo, cómo diablos lo hizo…?

Incluso ahora, en la habitación del medio, sigo sintiéndolo. Y no puedo evitar sonreír como idiota al tomar consciencia de que soy pareja del hombre más ardiente del mundo.

Pero, eso es lo menos importante…

- …gracias, Kamisama…

Sé, que aún si pudieras levantarte, no te irías…

Sé que, al fin, alguien me ama.

Y eso es algo que creí nunca ocurriría.

OwO

- Lo siento... – Nowaki le sonrió. Hiroki acababa de despertar, luego de quedarse dormido, apoyado en la mesa de la cocina, por lo que tenía la mejilla derecha roja debido al contacto con la madera.

- No te preocupes, Hiro-san – se sentó a su lado, y acarició su rostro, sonriendo ambos – Te hubiera llevado al mueble, pero aún no consigo ordenar nuestros libros. Y quería seguirte viendo dormir.

Aunque ya no estaban los niños, ellos almacenaban los objetos de valor y muebles del orfanato de los Kusama; Kotaro y Saki se habían hecho cargo de los varoncitos, para evitar cualquier tipo de problema con la asociación de protección a menores, si es que decidían visitarlos para saber del estado de los huerfanitos luego del terremoto, y consideraban que "dos homosexuales activos" no eran lo más indicado para cuidarlos; por último, las niñas se estaban hospedando en casa de los Kirishima padres, y estaban radiantes de felicidad: Akane en verdad era un ángel con ellas, y las niñas la adoraban, además de estar en permanente sonrojo cuando Ken les sonreía: ya sabían ahora a quién le había heredado "Tío Zen" eso de ser tan pícaro.

- No hay problema, después de todo no recibimos visitas…

- Así es… - besó su mano, y él se acurrucó en su hombro – Los extraño… - se permitió comentar, bajando la carita, mientras lo rodeaba con sus brazos.

- Yo también. Pero están mejor con ellos. No porque no les hallamos dado lo mejor – se apresuró a acariciar su rostro, temiendo que se sintiera poca cosa para los niños, como siempre –, sino porque ya sabes que los del ministerio andan revisando la situación actual post terremoto, con ayuda de esos ogros…

- …quienes aún no tienen la inteligencia suficiente para entender que nuestro amor es puro. Lo sé – suspiró – Lamento que no lo entiendan…

- No debe importarnos que no lo hagan. Amamos a esos niños como si fueran nuestros, hemos ayudado a que crezcan sanos y fuertes, y sin prejuicios estúpidos. Eso es lo único importante. Ellos nos adoran - le sonrió de forma dulce – Te aman como a un hermano-papá…

- Y a ti como a su papi – rieron. Hiroki ni había tenido que renegar por ser llamado "mamá": los niños, sabios como ningún adulto, habían dicho siempre que "Tener dos papás era lo mejor del mundo" - …esos burócratas se lo tienen merecido…

- ¿Qué cosa?

- Su mala fama y el que ningún niño los quiera. Así me lo pidan, no renunciaré a ser su tutor contigo, así me pongan condiciones como las que les pusieron a los Takano… - frunció el ceño, molesto – Al igual que Takano-san, yo no podría dejarte. Hiro-san es mi todo, y yo lo soy de ti…

Y ahí estaba de nuevo, su tendencia a ponerlo nervioso.

- …co…como si fuera a pedirte que no me dejes… - miró a otro lado. Nowaki simplemente sonrió, divertido. Ah, no valía la pena molestarse con esos imbéciles cuando tenía a su razón de vivir así de cerquita.

- Debo decir que agradezco, sin embargo, que no lo entiendan…

- ¿Eh, y eso? – lo miró, sorprendido.

- Pues… A raíz de que cuidamos las cosas de papá y mamá, al fin accediste a mudarte a mi cuarto… - lo atrajo por la cintura, de frente, mirando sus labios – Y gracias a eso, puedo tener tu cuerpo para mi todas las noches, incluso cuando duermes…

- Mo… ¡mocoso hentai! – intentó alejarlo, rojo como un tomate – Me mudaré de regreso a la mía, ¡yo que creía que habías dejado de pensar esas cosas impropias!

- ¿Dejar de hacerlo, es en serio? – de un tiempo a esa parte, el nuevo cargo y la madurez lo habían convertido en un hombre aún más seductor. Hiroki lo miró, sumiso, y temblando – Como si pudiera. Pareciera que olvidas que eres el hombre con el que pienso hacer el amor incluso cuando tenga cien años encima.

- No…Nowaki…

- Amar y desear van de la mano. El que respetara la presencia de los niños para no incomodarte, no quiere decir que haya dejado de desearte. Eres lo más hermoso y preciado para mí.

Soltó un pequeño ruidito, como de ratoncito, y terminó acurrucándose en su pecho.

- ¿…los vamos a recuperar, verdad…? – habló muy bajito, casi susurrando a su corazón. Y Nowaki, quien en otra ocasión lo habría besado, se contentó con acariciar sus cabellos y espalda.

- Te lo prometo. Aunque deba trabajar una vez más en varios lugares a la vez, voy a conseguir el dinero para regresar todo a la normalidad…

- No permitiré eso – lo miró, asustado – En la época en que lo hacías, terminabas como un moribundo… Además, los Yokozawa y los Kirishima nos están ayudando…

- Pero eso me corresponde a mí – una vez más, su terquedad de querer no quedarse atrás – En esta familia acordamos que aunque compartiremos siempre los gastos y las responsabilidades, soy yo el que debe protegerte…

- Y lo haces, y yo estoy feliz con eso, pero

- Además, Hiro-san, yo soy el hijo de mis padres…

- Vaya, si no me lo dices no me entero… - bromeó, rompiendo la tensión, y haciéndolo sonreír – Vamos… - lo miró a los ojos – Esta vez no seas terco como una mula. Yo no seré hijo de sangre de tus padres, pero soy su yerno… - se sonrojó – Por ende, debo también ser parte de la solución. Desde el inicio siempre has intentado darlo todo para mí. ¿No crees que es justo que yo también haga algo por ti…?

- El que estés a mi lado es todo lo que necesito.

- Lo sé, mocoso hentai… - Nowaki soltó una risita, contagiándolo – Pero – decidió jugársela, renunciando a su orgullo – recuerda que prometiste comprarme mi anillo de compromiso… - los ojos azules se abrieron por completo. Hiroki bajó la mirada, tímido – Yo… yo quiero usarlo… Quizás, por mi propio encaprichamiento no te luzco aún en mi universidad, y a veces ni te dejo besarme en la calle, pero… Cuando te elegí por encima de mi familia supe que lo hacía porque eres la persona con la que quiero vivir siempre. Te he esperado dos veces, por mucho tiempo - sollozó – algo que ni siquiera hice en su momento por Akihiko – Nowaki ya no sentía celos. Sólo fría indiferencia por ese "mal tipo" – Yo quier

- Shhh – lo calló, acariciando su mentón – Sólo porque no quieres una boda de ensueño y yo sí, no me caso contigo en el acto…

- ¿Eh?

- Voy a ignorar tu encaprichamiento egoísta, y armaré la más hermosa de todas. De modo que, amor – juntaron frentes - …ayúdame con estos gastos…

- ¿…de verdad me dejarás…? – sus facciones aún jóvenes se iluminaron. Nowaki asintió.

- De verdad. Quiero que Miyagi-sensei y Usami-sensei vean que ya tienes dueño…

- Lo saben desde el inicio, baka…

- Lo sé. Pero saben que tenemos una relación. No que estás comprometido conmigo para toda la vida, y que el aire que respiro es simplemente tu aliento…

Hiroki se sonrojó por entero. Habían pasado tantos años, pero ni aún así lograba soportar la mirada del Nowaki cursi y seductor. Se puso de pie, caminó hacia la sala, y quedándose de pie, al medio, habló, mirando al piso.

- Nowaki… Tengo frío…

Pequeño demonio… ¿Tienes una idea de lo que ocasionas en mi organismo al decir esas tres palabras simples…?

- Qué coincidencia… - se acercó, acariciando sus brazos por detrás, y luego rodeándolo con los suyos mientras apoyaba su mentón en su hombro – Yo también…

- Yo… - temblaba. Tenerlo así de cerca lo ponía nervioso, emocionado, y anhelante por ese cuerpo.

- Descuida… Me voy a encargar de calentarte… - empezó besando su cuello, aprovechando que Hiroki siempre se lo exponía, cerrando los ojos y gimiendo desde el primer contacto.

Hiroki lo dejó hacer. Esos labios carnosos siempre eran su perdición. Seguía sin entender cómo ese hombre, que a simple vista podía perfectamente confundirse como el más tierno y dulce del universo, incluso pasando por inocente, se transformaba en este experto total en su cuerpo con la facilidad de un pestañeo.

Las manos de Nowaki ya se encontraban acariciando sus botones de carne, y él ya no podía contener sus gemidos y jadeos. Los dedos que los estimulaban eran delicados, pero por momentos lo apretaban hasta dejarlo sin aire. Y eso que aún no llegaban a esa parte que significaba su entrega total. Aquella que lo obligaba de manera automática a abrirse por completo.

Se tambaleó cuando su amado lo soltó, arrancándole un gruñido de reclamo. Volteó, frunciendo el ceño, para hacerle saber su frustración, pero tembló al verlo. No sabía cómo, pero Nowaki estaba ahora sin sus pantalones, sólo con su camiseta y su bóxer, el cual lucía más apretado de lo habitual. Retrocedió, cada paso que su amante avanzaba hacia él, acorralándolo como a un animalito asustado.

- Espera… Nowaki…

- ¿Espera? ¿Qué…? – colocó sus manos a ambos lados de su cabeza, apoyándose en la pared donde lo había aprisionado, y lo miró de forma intensa a los ojos – Tú eliges. Te desnudo yo o te desnudas tú mismo mientras te voy haciendo el oral.

- ¡Mocoso impertinente! – alzó una mano para golpearlo, pero él se la detuvo. Y de inmediato la inmovilizó, llevándola al trasero del propio Hiroki para empujarlo hacia sí – No, Nowa…Nowaki – pero ya el morocho estaba de rodillas ante él, capturando con su boca el bulto evidente por encima de la tela.

Lo odio… con toda mi alma… Porque cada vez que hace estas cosas, mi mente llena de información se pone en blanco, y el único color que la ocupa es el azul, un azul tormenta que lejos de aterrarme con su electricidad me hace sentir vivo.

Tengo tantas ganas de llorar… ¿qué hice para merecerte? Lejos de que eres el amante ideal, el cuerpo soñado, eres el hombre más perfecto. Cuántas veces te has confesado celoso de que hable sonriendo a Zen cuando tratamos el tema de los niños, o cuando las dulces casualidades de la vida nos llevaron a conocer a Takano-san, el mejor amigo de Takafumi, en esa pequeña cruzada suya por crear una linda familia con su amor. Si supieras que puedo sonreír porque en mi interior me parecen tan normales y comunes junto a mi imagen permanente de ti en mi mente…

Placer… Orgasmo… Placer… Eres un tifón que me eleva y me baja con una facilidad casi asesina. Si pudieras, arrancarías mi corazón con un solo gesto cruel, y sin embargo, cuando creo que ya llegaste al límite de tu paciencia con este viejo amargado, sales con alguna cosa que termina enamorándome más. Tan bueno, tan dulce, tan lindo, que cada día agradezco que me rompieran el corazón, porque de seguro de que si no hubiera sido así, no habrías aparecido para rescatarme, mi amor… Mi mundo era un infierno, hasta que agitaste tus alitas hacia aquí, para elevarme.

Y ya ves, jajaja, mocoso pervertido… Una vez más me reduces a un protagonista de novela romántica.

- No…Nowaki – mordió el dorso de su mano cuando sufrió una fuerte succión. Pero la segunda lo inclinó hacia delante, cayendo casi sobre la cabeza de Nowaki, quien seguía, ajeno en apariencia a sus reacciones, hasta que el mayor alcanzó el final, llenando la boca de su novio con su esencia.

Me pregunto si es mi idea, pero en todo este tiempo de relación, ninguno ha subido o bajado de peso. Sigues siendo esa calidez justa y precisa para que mis brazos cansados de tanta actividad en el hospital, con los niños, no se resientan y puedan cargarte así, como ahora, mientras nos besamos y te llevo casi tropezando con los muebles, hacia nuestra habitación.

Y yo, por tu expresión, sigo siendo de la medida justa y precisa para que no sufras al estar encima de ti, amándote, haciéndote mío con este amor y este deseo que siempre son mayores. Porque aunque a veces no pueda estar en casa, y por ende no podemos hablar, siempre sé que eres mi mejor compañía, mi único y especial amante, mi mejor amigo. Luego de hacer el amor después de días de no poder tocarnos, en lugar de caer dormidos nos hablamos. Nos contamos todo. Y muchas veces hasta pierdo el hilo de la conversación por culpa de tus ojos, de tus labios… ¿Qué hice para que me aceptaras, Hiro-san…? ¿Qué pudo tener mi yo estudiante para que un profesor exitoso como tú le entregara este tesoro que es toda tu existencia…?

- Ahhh… es aquí, ¿verdad…? – Hiroki estaba abrazado a él, con el rostro jadeante oculto en su cuello, mientras Nowaki, flexionando una de sus piernas, y con su espalda apoyada en su propio pecho, lo exploraba, conociendo de antemano el lugar correcto.

- Ahí… - logró susurrar con un hilo de voz – Di…ahhh… Nowaki, otro… - sí, ya no se contenía. Tantos años juntos, ahora comprometidos, aunque aún no hubiese un anillo que lo atestiguara, esa complicidad de padres adoptivos que ejercían sobre los niños, con amor. Todo eso había logrado derretir las barreras del mayor, porque sabía que Nowaki nunca le iba a hacer daño.

- ¿Sólo otro dedo…? – susurró, seductor, en su cuello.

- …por favor… - suplicó. Y el joven sacó su dedo, para buscar su entrada con esa parte de su anatomía que sólo Hiroki le conocía, estremeciéndolo, invadiéndolo, y excitándolo aún más.

- Me encanta cuando entra así… suave. Es como si Hiro-san me hubiera estado esperando incluso desde mucho antes…

- Calla… - su cuerpo lo aprisionó, voluntariamente, haciéndolo sonreír triunfal al escucharlo gemir.

- ¿Te estuviste tocando imaginándome…? – pero salvo ese gemido, el otro retomó su rol, masturbándolo, y relajándolo de esa manera para proceder a embestirlo.

- …mucho… - gimoteó. El otro lo premió con un fuerte embiste – Ahhh… Cada que llamas, yo… No estoy durmiendo. Empiezo a tocarme al oír tu voz…

- … - Nowaki perdió su voz. Demonios, ese hombre sabía cómo llevarlo al límite – Entonces cierra los ojos e imagina que te estoy llamando… Digamos que en mi cambio de turno, ese que dura tres horas, los miércoles…

Si la noche anterior había logrado desmayarme, esta vez se las aseguró para mantenerme despierto en todo ese tiempo. ¿Cuántas veces alcancé el cielo…?

No lo recuerdo… Sólo sé que este tifón derrumbó todo a su paso, llenándome hasta el último jadeo.

OwO

Le sonrió, mientras lo veía cocinar, desde la puerta de la cocina. Estaba sonrojado, sí, y nervioso, pero… Era consciente de que esta vez no volvería a huir, ni esta ni nunca más. Porque luego de ese incidente con la que ahora era su suegra oficial, los había marcado.

Era un nuevo inicio, y él, para fortuna de ambos, ya no era Oda Ritsu. Ni Takano su senpai. Aunque a veces en la intimidad esos nombres se escapasen de manera traviesa, para estimularse mutuamente.

- ¿No quieres ayudarme? Creía que temías que te incendie la cocina…

- Eso era porque no la uso casi nunca y creí que ya no serviría…

- Antes no dijiste eso. Decías que el problema era yo – Takano tentó una adorable mueca con sus labios, haciéndolo sonreír.

- Pero ya sabes la verdad – se acercó, y buscó sus brazos, los cuáles lo acurrucaron – El problema era yo.

- No, tú tampoco. La falta de sinceridad sí, y eso era responsabilidad de ambos – le alzó el mentón, y se besaron. El Saga durmiente sonrió de forma tímida, sonrojándose, recordando su primer beso de amor.

- …te amo – y Takano lo hizo de manera franca y emocionada, sonrojando a su Ritsu – De verdad, ¿no te sientes incómodo con esta versión de mí…?

- Mientras sigamos igual de jodidos en el trabajo, mutuamente, no extrañaré a mi Ritsu de diez años después – rieron – Pero debo reconocer que esta versión, tan parecida a mi Oda, me enamora cada segundo más y más…

- Creía que no amabas mi pasado…

- Imposible. Me refería a que no estaba buscando una reivindicación solamente. Como con mamá: la necesité toda mi vida antes de ti, pero ahora yo quería que fuese mi amiga. Que me ayudara a salvar al mío.

- Y lo lograste, con ambos. Ahora puedo entender a quién le sacaste esta bonita personalidad tuya, Takano-san…

La carcajada contagiosa de su novio llenó toda la estancia, contagiándolo. Masamune apagó la cocina, y lo abrazó, siendo correspondido.

- ¿De verdad ibas a renunciar a mí…? – Ritsu se tomó su tiempo, y él lo respetó.

- Cuando… te dije que te amaba, pero no me oíste a causa de la lluvia, al día siguiente me encontré con Yokozawa-san en el ascensor. Siempre me odié por esas ojeras, y el aire de derrota en su mirada. Ahora ciertamente es feliz, y no puedo imaginar a nadie que merezca más que él esta dicha de saberse correspondido por quien amas… Yo te había hecho ya tanto daño

- Pero yo entendía…

- Pero lo hice. Te hice mucho daño, Takano-san. Cada día, en que hacíamos el amor, y me tratabas con tanto cariño, yo – sollozó, recibiendo caricias dulces en su espalda y cabellos – intentaba convencerme de que no era amor, de que era solamente usado. ¿Acaso después de diez años se podía seguir amando a alguien que ya no se conocía? Quería creer que no, pero… Si yo lo había hecho, ¿no era lógico que tú también…?

- Nunca dejé de hacerlo… - su voz sonaba contenida, y Ritsu sentía cierta humedad en sus cabellos.

- Por eso… por eso estaba dispuesto a hacerlo – lo apretó con fuerza – Pero lo que le dije a tu madre fue verdad: me iba a ir, pero iba a estar dispuesto en todo momento para ti. Así me hubiese tenido que volver un indigente, habría estado ahí… para ti…

- Casi como hasta ese día, baka – rieron.

- Tú tienes la culpa, bastardo. Mi inteligencia desaparece cuando estás cerca – se miraron a los ojos.

- Nunca más vuelvas siquiera a imaginarlo, ¿entiendes? No necesito nada, ni siquiera a Marukawa. Entré para tener una carrera, y ser el mejor, sabes que siempre he sido perseverante, responsable y terco. Pero desde que apareciste, mis prioridades cambiaron. Quiero que mejores cada día, que seas el mejor. Quiero que tomes esa editorial que es tuya, y le quites todo a Marukawa – Ritsu rió, y luego de unos minutos también lo hizo él – Ok, eso fue un poco psicópata…

- No. Fue honestidad, y yo siento lo mismo. Lamento no haber podido convencer a mi padre, pero… Ya somos una pareja consolidada – estrecharon manos – Nada puede condicionar eso, y me temo que dentro de ello estaba esa familia…

- Algún día podrás decírselo tú mismo. Me dijo que podías pedirle ayuda por mail…

- No lo he hecho, pese a desearlo, porque quiero que esté bien. Yo, quiero hablar con Yokozawa-san personalmente – asintieron – Quiero ser cercano, que pueda confiar en mí. Si bien es cierto no cumplí mi promesa en muchos aspectos, quiero hacerlo ahora, quie

- Quieres hacerlo ahora, ¿eh? – tarde, muy tarde, se dio cuenta de su error. A Takano Masamune había ciertas frases que JAMAS debía decírsele en ningún contexto.

¡MIERDA!

- Eeettto, comida, tenemos que comer, jajaja, Takano-san, comida… ¡LA CENA! – pero ya se encontraba sobre el hombro del hombre, siendo transportado hacia la habitación.

Pero aunque este latido constante, que asemeja a una imprenta, me hace doler el pecho… Aunque hay ocasiones en las que el "Esto no es amor", regresa, sobre todo cuando me domina de esta manera…

- Era a la derecha, lo rec… Ah, ¿lo ves…? Esa carita sonrojada y ese jadeo me lo confiesan…

…no podría irme de nuevo. No puedo.

Tus ojos gatunos, tu sonrisa… ¿Por qué me perdí el momento el que tus facciones finas se volvieron así, las de un adulto? ¿El desarrollo te sentó mal? ¿Tuviste problemas para enfrentar tu ingreso a la universidad…?

Son diez años que deberemos poner al día de uno y de otro, no sólo cosas de la vida que empezamos a compartir en cuanto empecé a trabajar para ti…

- Ta…Takano-san… Senpai…

- Agárrate fuerte… No te dejaré caer…

Pero quedan más años disponibles. Para que aprendas sobre mi nuevo yo del pasado inmediato, y te acostumbres a este, que se entrega a ti con leves minutos de negación…

Porque te amo, imbécil…

El orgasmo los alcanzó al mismo tiempo, pero no les importó. Húmedos, pegajosos, respirando con dificultad, y ordenando a su mente a estar presente para poder idear nuevas estrategias de seducción, siguieron tocándose, bromeando, provocándose, pronto empezaron nuevamente con los jadeos y estremecimientos.

A Ritsu no le interesó mostrarse así, guiñando los ojos, mordiéndose los labios, acariciando los suyos, o mirándoselos, en una clara invitación. Lo torturó en igualdad de condiciones con cada apretón, con cada movimiento de cadera. Takano estaba idiotizado, sintiéndolo así, entregado a la tarea de excitarlo, de despertar sus instintos felinos carnales, esos que habían despertado en todo su esplendor bajo esa lluvia de pétalos de cerezos, cuando él se había creído como un perfecto idiota un adolescente avanzado en el terreno del sexo.

No, jajaja, rió, para sí. Nada se había comparado a ese momento. Los besos y caricias lascivos con compañeras de colegio, su primera experiencia en eso de unir los cuerpos por placer, nada, nada de eso había sido tan especial como desnudarlo con manos temblorosas, echarlo con cuidado en la cama, cubrir a ambos con el cobertor. Nadie lo buscaría en su habitación, pero recordaba siempre que en ese momento estaba celoso del aire inclusive. Porque esa molesta presencia inicial era ahora la más hermosa de sus experiencias, la más tierna de sus necesidades, la más suave de sus texturas favoritas.

Se habían besado, así como ahora, con amor. Masamune no comprendía, pero esos labios llenaban su pecho de una manera incomparable. Y no porque Ritsu fuese un buen besador, porque, era más que evidente que nunca había besado más que a su madre, de seguro, en la mejilla. Lo era porque se sentían como pétalos, pétalos de una flor bendita. Pétalos llenos del rocío que él siempre necesitaba.

Los brazos de su pequeño lo habían rodeado, y supo en ese instante que el naufragio había acabado. Supo que aunque Sorata fuese el único en alegrarse de su llegada cada noche, habría al mismo tiempo un ser que lo pensara antes de irse a dormir. Pensó tantas veces en colarse en su habitación, y con traviesa complicidad volverse a robar su inocencia en esas sábanas vírgenes. Pero no. Ritsu no había podido llevarlo nunca, y estaban tan empecinados en disfrutarse que ni su dirección sabía.

Cerró los ojos, luego de que la tercera ronda los dejó exhaustos, pero felices. Ritsu lo miró a los ojos, muy sonrojado, pero le dio un beso. Y Takano sintió cómo pequeñas lágrimas rodaban por sus propias mejillas.

- Takano-san… - se preocupó - ¿Qué pasa, hice algo malo…?

- Siempre pensando esas cosas… - le acarició la nariz – Recordaba… esa noche, la última – Ritsu frunció el ceño con dolor – Recuerdo que en ese entonces éramos inocentes, casi en la misma medida. Así que sólo lo hacíamos una vez, ¿recuerdas?

- Una vez cada que estábamos a solas… Incluso en la biblioteca – sonrieron, tímidos – Y recuerdo que era agradable sentir cómo nos entendíamos así, estando de esa manera…

- ¿Te sentiste usado alguna vez…?

- Nunca – fue firme y sincero – Yo sentía tu amor – el mayor bajó la mirada. Eso era exponerse, y él era un poco introvertido, aunque no lo pareciera – Cerraba los ojos, y oía sólo tu voz, y sabía muy bien que eras sincero…

- ¿Entonces… por qué…? – se miraron nuevamente a los ojos. Ritsu dejó escapar un sollozo.

- …se me vinieron muchas cosas a la cabeza – y todo el dolor de ese instante explotó en sus labios de manera brutal, aunque no alzó la voz – Recordé que habías dicho que era repugnante, que solías enfadarte al inicio, cuando insistía… Que sólo habías aceptado el paraguas porque llovía… Que nunca habías dicho te amo…

- Lo dije – alzó su mentón. Y no lo dejó huir de su mirada felina – Lo hice. La primera vez. ¿Cómo no hacerlo, Ritsu? Fue mi culpa no decirte cuando me conociste que estaba roto en mil pedazos por culpa de ellos – se habían contagiado. Era innegable –, y que eras la causa de que todas las piezas se estuviesen uniendo. No sabes cómo me odié y me odio por no haberlo dicho…

- Takano-san…

- Pero era la verdad. ¿Sabes por qué no recuerdo esa sonrisa que malinterpretaste? – sollozaron con fuerza – Porque la odio también. La odio. Juraría por mi propia vida que pensé lo que te dije, pero me imagino también que reí porque siempre me pareciste adorable. Perfecto. Tierno. Puro. Y estaba tan emocionado por tenerte para mí, que reí de felicidad. Yo nunca lo hacía con mis padres… Cada risa hacia ti era mi muestra de amor…

Se abrazaron con fuerza, llorando todo lo que habían llorado en soledad esos diez años. Porque aunque los estudios habían sido el desahogo de Ritsu, y Yokozawa el de Masamune, nada había sido igual que ese cuerpo cálido rodeándolos. Que ese amor inundándolo todo.

- Te amo… ¡Takano-san, no me dejes ir de nuevo…! – lo estrujó contra su pecho, fuerte, casi ahogándose ambos por el llanto.

- Como si pudiera siquiera existir un motivo para que lo pienses. No te daré ni uno… Haré todo lo que me pidas, a cambio de algo…

- ¿Qué…? – se fueron calmando. Cuando ya era posible hablar de nuevo, Masamune suspiró.

- Cásate conmigo… - fue casi una súplica, pero parecía más una promesa que al fin se cumpliría. Ritsu, sonrió, pegándose a su pecho – Y seamos una familia… He visto cómo eres de dulce… Quiero tener niños – sollozaron – Quiero que aunque no seamos el prospecto esperado de cabezas de familia, que aunque no puedan ser nuestros, lo que sentimos se reparta también a ellos. Quiero retribuirte todo lo que hiciste por mí…

- …quiero primero una niña… - susurró. Y Masamune buscó sus labios, sintiendo un calor nuevo en su pecho.

- Eso es un sí, mi amor…

OwO

Misaki miró por quinta vez el reloj de pared de la sala. Y volvió a marcar.

Nada. Sólo el sonido de marcar, y la contestadora. Dejó el veinteavo mensaje de voz, y digitó uno normal. Incluso el Whatsapp se había quedado con el registro de la última conversación entre ellos.

¿Habría salido todo bien? ¿Habría logrado hacerlo? La verdad, le incomodaba que hubiesen tenido que tomar esa decisión, pero… Más adelante podría convencer a Usagi-san de conversar las cosas. Ahora habían temas más importantes.

La puerta se abrió, y él se puso de pie, acercándose con rapidez hacia su amor, quien venía casi cargado por Haruhiko.

- ¿Pero…?

- Si estás con esa cara de incomprensión, entonces debo eliminar mis pasajeras ilusiones… Lo encontré bebiendo, como puedes ver. Fue un tal Ijuuin el que me llamó – palideció – Misaki, no sé qué haya pasado, pero… Si está así de bebido, es porque debe estar creyendo que te perderá.

- ¿Es que es un idiota, o qué? – empezó a quitarle el saco a su amor – Baka Usagi… Si esto lo hacíamos por nosotros también…

- Si fue idea suya alguna cosa, deberías recordar que él es muchas veces un verdadero cero a la izquierda. Si estás al medio, definitivamente llegará a la conclusión de que lo correcto lo llevará a lo incorrecto, esto es, a pelearse por ti – Misaki renegó – Pero bueno, esas son cosas de pareja. Debo irme, pero si gustas lo llevaré a su habitación.

- No, gracias. Yo me encargaré, no se preocupe.

- …no es molestia. Haría cualquier cosa por verte feliz…

En esos momentos deseaba sacarlo a patadas. Siempre intentando aprovechar la más mínima ocasión. Estaba más que seguro de que sensei le había dicho algo.

Baka… como si fuera a importarme algo del resto de personas cuando estoy contigo…

Le quitó también los pantalones, y las medias, y lo echó en el sillón. Luego fue corriendo a bajar un futón, cobijas, almohadones y todo lo necesario.

- Hey, Usagi-san… Vamos a dormir…

- ¿Hum…? – había apagado la luz, por lo que sólo la proveniente de la calle los iluminaba en ese momento – Misaki… yo… - lo notó bajar la mirada.

- Lo que hayas hecho, para mi está bien. No puedo confiar en nadie más aparte de nicchan. Y sé que tus decisiones siempre nos llevan a algo bueno.

- …pero me vas a dejar… - empezó a llorar como un niño. Misaki lo echó completamente y se colocó sobre él, deteniendo el llanto en el acto - …Misaki…

- Te pedí hacer esto porque no soportaba más estar cerca de él. Se supone que eres mi novio, pero lo veía más tiempo, ¿crees que eso era agradable? Quiero valerme por mi mismo, sí, y quiero que seas menos intenso con tus demostraciones de afecto, sí… Pero quiero tener tiempo para nosotros, y eso sólo lo podré tener haciendo lo que hemos ideado.

- Pero

- Pero nada… - acarició sus labios con los suyos, inmovilizándolo – Ahora que lo has hecho, mereces un premio… - aumentó la intensidad del beso, haciendo que Usagi lo acariciara a su antojo, mientras suspiros bajitos se dejaban oír – Mmm, Usagi-san...

- Quiero hacerte el amor… - susurró contra su boca, turbándolo.

- Está bien, pero… Quiero hacerlo a mi manera ahora – el mayor lo miró, confundido.

Por respuesta, Misaki sacó un pequeño libro de dentro de uno de los amohadones y se lo mostró.

- ¿Quieres que me excite viendo a esos dos representando todo ese compendio de Kamasutra?

- No – abrió el libro, y fue a la primera fotografía. Con cuidado, retiró el rostro del hombre que en esa escena estaba en su misma posición, y la del otro que estaba echado, como Usagi – Quiero que me leas ese cuento…

La borrachera se me fue de golpe. Ese maldito tomo que tenía en las manos… Aún no comprendo cómo es que se me ocurrió esa idea.

Inicié la lectura, y Misaki empezó a hacer todo lo que yo decía, por lo que seguí, con voz ahogada, cada movimiento suyo, aguantando las ganas de hacerle el amor.

Pero no era mi esclavo… Era el amor de mi vida…

- Usagi… - jadeó, sintiendo sus embestidas desde abajo, ingresando con tanta facilidad y de manera completa a su cuerpo.

- Me gustas así… - lo masturbaba – entregado. Te quiero aquí para celebrarte cada noche, Misaki…

Está de más contar cómo terminamos.

Pero basta decir que ese baka terminó convencido de mi amor.

OwO

Esperó a que se marchara, mirando a Takafumi fijamente, sintiendo que su corazón era perforado por esas mejillas sonrojadas que evidenciaban que, en efecto, los había sorprendido a punto de besarse.

Hiyo y Mamu se disculparon, y corrieron hacia sus habitaciones para hacer su tarea, en un intento por darles privacidad. Esas cositas hermosas adoraban esos sonrojos de "mamá", así que era mejor que los tuviese a solas con papá. Para que él pudiese avergonzarlo con amor, y luego volvieran a verlos como tres horas después, según Hiyo le había contado a Mamu en una de las charlas sobre su nueva familia y las costumbres de sus papás.

Sin embargo, en ese momento no podían estar más alejados de la realidad. Tanto que, incluso Sorata, lanzó una última mirada preocupada hacia su Takafumi, antes de que Mamu cerrara la puerta.

No podía creerlo. Sin poder evitarlo, se sintió víctima de una traición vil, de una forma casi cruel e irremediable de mandar todo lo que habían vivido juntos a la mierda, por una maldita convivencia obligada de menos de una semana a causa de un malnacido que los había dejado a los dos sin empleo, pero…

Claro.

Takafumi no lo sabía, no sabía que estaba sin empleo. Y esa mujer, había insistido tanto en cuidar de él que… Maldita, mil veces maldita. Había logrado sacarlo de su casa y de su corazón.

Con lo ingenuo que era su amor, de seguro lo había engatusado con sentimentalismos. Quizás hasta era su primer beso, porque estaban en un lugar de la casa donde cualquiera podía verlos. Pero claro, Takafumi no sabía que estaba desempleado, y por ende no había podido prever que volvería temprano.

Y feliz. Feliz de poder decirle que aunque los habían calumniado y humillado, él, en base a su talento, había logrado una oportunidad. Y que ésta los llevaría a trabajar juntos, como le había prometido.

Pero no. Ahora la felicidad se le había ido por el desagüe de la mierda que era últimamente su vida. Ahora sí, honestamente, se quedaría él en esa maldita cama, sin salir hasta la siguiente ocasión en que el amor deseara tocar a su puerta. Aunque era imposible que se volviese a enamorar: después de Takafumi, ahora sí, no habría nadie más.

Y perdería ese empleo, porque… Después de haber soñado tanto con ellos dos juntos, en esa oficinita, ya no había manera de que se quedara solo en medio de ella.

- La despedí dos segundos antes de que llegaras, y no pienso bajo ningún concepto pagarle indemnización alguna… - su voz sonó temblorosa, y por ende bajó su ira al nivel de la desaparición – He cometido un montón de idioteces pensando en que actuaba de buena fe, como una enfermera… - prefirió no enterarse de qué cosas, aunque las imaginaba, y su sangre volvió a hervir – Pero hoy me sorprendió muchísimo, y lo que intentó hacer es imperdonable…

- ¿…fue la primera vez…?

- Sí. Pero ahora que lo veo, hubo otras ocasiones sutiles en las que pudo dañarme, haciendo cosas que no me di cuenta en ese momento…

- ¿Intentó herirte? – le alzó el mentón, aterrado, y con ganas de ir corriendo para darle alcance y despellejarla – Takafumi, dime… - los ojos azules empezaron a llorar.

- No. Es imposible que una mujer tan delicada pueda hacerle daño a un hombre como yo, ¿no crees? Digo que intentó dañarme, porque yo no quiero ser besado y menos tocado por alguien que no seas tú - Kirishima abrió los ojos, sintiendo la humedad acudir una vez más, pero esta vez, por amor - ¿Cómo… cómo pudiste pensar que yo…? Sé que soy el peor tipo de persona, la persona más imposible del mundo, pero… aprendí a ser tuyo…

- Takafumi…

- Yo era un ser roto en mil pedazos… Como un recipiente de porcelana fina que la persona más importante de mi mundo tiró al suelo… Cada día, cada hora, a cada instante, yo intentaba, una y otra vez, huir, pero no me dejaste… Y me fuiste curando, me diste fuerzas para vivir… ¿Cómo carajos puedes creer que yo podría traicionarte siquiera con el pensamiento? – Zen lo abrazó con fuerza, intentando meterlo en su corazón.

- Gomen… - ¿cómo justificar su estupidez nivel dios? – Gomen, yo, tuve un día horrible en la oficina, y

- No sigas mintiendo por no herirme… - alzó la mirada hacia él. A Zen se le aceleró el corazón. Por alguna razón, esos ojos azules estaban aún más cautivadores que nunca. Pero cuando procesó sus palabras, se puso pálido.

- ¿…quién… - Takafumi suspiró.

- Hace tres días… llamé a la imprenta para saber si te habías atrasado con las entregas, porque… - sí, mejor echarse la culpa. Aún debía tratar directamente con esa chantajista lo otro, no debía ponerla contra Zen bajo ningún concepto – Ya estamos a fin de ciclo, y sigues llegando a la misma hora – su novio deseó golpearse contra la pared.

- …esto es obra de Isaka, de seguro además de joderme el trabajo, me ha hecho una brujería… - Takafumi rió.

- No, esto es parte de tu yo tarado que cree que voy a deshacerme con cosas como aquella. Pero en parte es mi culpa también: no debí dejarte solo… - entrelazó los dedos de su mano derecha con los suyos, sorprendiéndolo.

- ¿…amor…?

- Puede que no sea la persona más dulce del mundo… Puede que haya tardado años en decirte las cosas como las siento, sin ocultarme. Y puede que yo no sea suficiente en realidad para alguien como tú, pero… Soy tuyo, Zen…

Kirishima no necesitaba nada más en ese momento, salvo un beso de esa boca, de esos labios de caramelo.

¿Cómo carajos podía decirle con esa expresión que no era un ser dulce, que no le decía las cosas como eran, que no lo merecía…? Si él cada vez que miraba su lado de la cama al despertar agradecía a Dios que estuviese aún ahí, iluminando su vida.

- La próxima vez que alguien esté tan cerca de ti, le partiré la boca a puñetazos.

- Idiota… - bajó la cabeza. La mirada miel estaba ahora cargada de todo lo que ese hombre sentía por él.

- Perdóname no por ocultártelo. Perdóname por creer que no lo podrías tolerar. Tenía miedo a que huyeras de mí, que me dejaras creyendo que era lo mejor, culpándote de lo que había ocurrido como siempre haces cuando algo nos sale mal… - lo abrazó de nuevo.

- No me iré. Nunca… - lo dijo casi suplicando – Formamos esta familia, ¿verdad? Tú y yo lo decidimos juntos desde el momento en que vencí mis miedos y tú triunfaste… - sonrieron – Ambos somos responsables de sostenerla. No bromeaba cuando dije que, si no encontramos empleo, yo

- Shhh… - lo calló con un beso – Ya tenemos uno…

- ¿Eh? -se sorprendió - ¿Los dos…? – asintió – Pero, ¿cómo…?

- Fue, mágico, y dulce – se sentaron, y él le contó todo – Estaremos juntos, en una misma oficina, y así podré acosarte a mi antojo porque es un ambiente oculto e íntimo - Takafumi sonrió, sonrojado y sintiéndose tímido – Hemos pasado muchas cosas, Takafumi, muchas, y aunque me sentí hecho añicos estos días… - empezó a llorar como un niño, por lo que fue su turno de acunarlo – fui fuerte porque… Porque aún estás en mi vida. Y te quiero ahí para siempre.

Takafumi lo estrechó con fuerza, llorando en la misma medida.

- No vuelvas a ocultarme las cosas… - asintió – Yo… yo también seré sincero contigo…

- Tu salud es un tema que me preocupa – lo hizo palidecer – pero confío en ti. No te permitirías perderme simplemente por ser un terco idiota que no se cuida de manera apropiada…

- Oye, ¿quién es idiota? -

Odiándose… porque…

Zen… hay un dolor más grande que nos espera…