Honestamente se me cae la cara de vergüenza con todos los seguidores de este fic, con los que han empezado a leerlo, y principalmente con el propio fic y sus protagonistas. Lamento haber tardado tanto, pero el trabajo estuvo realmente pesado, además de otros temas personales que aparecieron en el camino, entre la publicación del Cap 16 e incluso ahora mismo (he borrado el anterior que hablaba sobre el tema del plagio, ya que prefiero dejarlo ahí).
Soy una sobreviviente actual de Yuri on Ice, y es gracias a ellos que he retomado el tema de mis fics. Quiénes me sigan, verán que publiqué uno de ellos... Y un poco para ayudarme a recuperar la inspi, las fans de YoI que lean este cap creo que identificarán algunas cosillas que he decidido meter en esta pequeña trama (fanservice a pedido n.n).
Tenía planeado terminar El Oso este año, pero no sé si me sea posible. Lo dudo, la trama aunque ya ha llegado al nivel crucial que desencadenará el final, aun tiene para más, creo. Pero quiero con este capítulo (perdonen si se escapan errores de ortografía, pero me moría por subirlo) darles la bienvenida nuevamente.
Y compartirles un tema personal, así que espero que disfruten de este nuevo capítulo y se tomen unos minutitos para leer el mensaje final n.n
¡Disfrútenlo!
Y avísenme si encuentran algún error, por favor.
Por cierto, ¡FELIZ NAVIDAD!
Maternidad
Había muchos adjetivos que las personas podían aplicar en él. Y aunque nunca antes hubiese siquiera dejado que "mentiroso" fuese terminado en una oración que lo tuviese a él como sujeto, esta vez no dejaba de repetírsela en la mente, frente al espejo, mientras miraba, con evidentes nervios y recatada timidez, aquella marca rojiza que Zen y sus hormonas alteradas le habían dejado en el cuello.
Tan visible a simple vista como evidente era que no le había creído del todo, y por ende, había continuado intentando desentrañar sus misterios.
- Júrame al menos que si llegas a sentirte mal otra vez, seré el primero en saberlo.
- ¡Deja de joder, maldición! Te he dicho mil veces que estoy bien…
- Takafumi… Si me dejas, yo
- Oh, gomen… -ambas miradas tan similares, aunque a varios centímetros de desnivel, se miraron, la de Takafumi desde el espejo, y la de Mamu por medio de este- No… no sabía que estaba ocupado…
- No hay problema alguno, mi amor -la dulce sonrisa de Takafumi no logró el efecto deseado y recibido desde que se habían conocido.
Mamoru bajó la mirada, como queriendo huir, y Yokozawa recién en ese momento recordó que estaba sólo con su pantalón de vestir. Asumiendo que el pequeño se había avergonzado por ello, agarró con rapidez su camisa, y se la puso.
- Yo ya terminé de usar el baño, quédate tú- dio un par de pasos, pero se detuvo, asombrado al notar que Mamu lo imitaba, pero en sentido opuesto.
Como si le temiese.
- Yo… Gracias, papi -el pequeño hizo un enorme esfuerzo por sonreír, y se obligó a mirarlo, asombrándose por el brillo triste de esos ojos que había aprendido a adorar- …pa
- No te demores demasiado, ¿sí? -Yokozawa hizo el ademán de alzar la mano para revolver sus cabellos claros, pero se detuvo. Su rostro mostró la misma sonrisa forzada del pequeño- Tu papá y yo los llevaremos al colegio antes de ir a conocer a nuestros jefes.
- Yo puedo ir solo, no hay problema- el ceño fruncido de Yokozawa incrementó su nerviosismo- Es… es que
- De acuerdo -fue su escueta respuesta, y pasó por su lado sin siquiera rozarlo con su ropa o la toalla que llevaba alrededor de los hombros- Haré tus panqueques favoritos -cerró la puerta, sin voltear.
Y por ende, perdiéndose el rostro cada vez más fruncido por el llanto de su pequeño.
OwO
Entró a la cocina bostezando a volumen alto, y lo abrazó por la cintura, para depositar luego un dulce beso en su mejilla.
- No te oí despertar. Pensé que seguías a mi lado, así que fue decepcionante no poder abrazarte…
- Lo siento, pero no podía seguir en cama sabiendo que hoy conoceré a nuestros ángeles -le sonrió, ruborizado, pero con una expresión que Kirishima no pasó por alto.
- ¿Qué ocurre…? Y no digas nada, porque sabes muy bien que te leo mejor que a un tomo de Za-Kan, Takafumi –en medio de su tristeza, fue inevitable sonrojarse.
- Lo sé -se apartó con delicadeza y dejó la bandeja de panqueques en la mesa- Yo… Yo creo que Mamoru no desea que yo lo adopte, Zen- Mamoru estaba a un paso de la puerta, pero se detuvo al escuchar su nombre, horrorizado por esas palabras- Quizás ha terminado dándose cuenta de que lo que desea es una familia… normal, y no a alguien como yo.
- Defíneme normal, porque a menos que hablemos de tu salud, yo no veo que a ti o a mí, y menos a Hiyo, Zenta-kun y Sora-chan, nos falten o sobren cosas -su voz sonaba seria, pesando por los años de diferencia cronológica entre ambos, y haciendo que Takafumi, como un niño, se abrazara a él, buscando protección. Asustándolo en el acto- Hey, ¿qué pasa…? Mamu se pasó todos estos días cuidando de ti, llamándote papi, mami, nuestro ángel, ¿por qué piensas eso…? ¿Tuviste una pesadilla…?- Takafumi se limitó a negar, sin apartarse, mostrando un lado tan vulnerable que al propio amor de su vida le empezó a dar muy mala espina
Zen lo abrazó fuerte, con suma preocupación. Pero permitiéndose por primera vez ser un mudo apoyo emocional, más que una metralleta de frases desatinadas, aunque siempre las usara para verlo reír.
- ¿Mamu? -la vocecita de Hiyo le hizo dar un respingo, sin darle tiempo a limpiar su rostro. Afortunadamente la pequeña había hablado bajito, intuyendo que su hermanito estaba escuchando a escondidas. Pero verlo así, la descolocó- ¿Eh, por
- Olvidé comprar las cajitas, ¿recuerdas? -sonrió, reprimiendo un sollozo- Iré ahora mismo, te veo en el colegio, ya le dije a papi que me iré solo -prácticamente arrancando su mochila del sillón, se lanzó hacia la puerta, huyendo.
OwO
Tenía que aceptar que esa dulce conversación, y todo lo que vino luego, lo había llenado de gozo. Así que cuando Akihiko se presentó en su despacho, Hiroki lo recibió sonriente, arrancando una sonrisa divertida en su amigo.
- Empiezo a cosechar los frutos de mi influencia amical sobre ese joven al que deberíamos darle un Premio Nobel de la Paz, por soportarte con tanta paciencia…
- Calla, baka…
- ¿Debo concluir que hay buenas noticias…? –sonrió, divertido por esa actitud.
- …hablamos de casarnos -parecía contárselo a la alfombra, ya que su sonrojo le impedía alzar el rostro. Sólo lo hizo cuando el abrazo de su mejor amigo le hizo crujir los huesos.
- Te dije que él era quien merecía estar a tu lado. Al fin puedo reconciliarme con mis muertos, Hiroki -ambas miradas se nublaron- No, recién no. Desde que te reclamó como suyo, he sabido que podía dejarte en buenas manos.
- Siempre diciendo cosas cursis e innecesarias. Espero que trates a mi alumno con la mis -al separarse, pudo ver a un tímido Misaki en la puerta, junto a otro jovencito de ojos tan verdes como los suyos, quien estaba de la mano con un hombre casi tan alto como su Nowaki, pero de facciones un poco más serias- Oh, Takahashi…
- Kamijou-sensei, buenas tardes. Disculpe que hayamos venido sin avisar, pero
- …Misaki suele recuperarse de nuestras sesiones de sexo a partir de las once de la mañana, y recordé que a esa hora ya estás libre. Así que lo dejé descansar un poco más para que no viniese caminando como pato.
Para horror de Takano y Onodera, un tomo especialmente grueso de "El Quijote de la Mancha", clásico de la literatura occidental, terminó convertido en un garrote contra la cabeza del escritor.
Cuando, media hora después, lograron reanimarlo, y diez minutos después, fue capaz de amenazar con denunciarlo, Akihiko se deshizo en acusarlo con infantil llanto fingido ante un asustado Nowaki, quien había sido notificado por el propio Hiroki. Su pobre Hiro-san, quien ya se veía tras las rejas por asesinar a su amigo, había acudido a él para que certificara "el accidente sin premeditación, pero con algo de ventaja".
- Hiro-san, te he dicho muchas veces que debes contener tus impulsos.
- ¡La culpa es suya! ¿Por qué avergüenza a mi ex alumno delante de desconocidos?
- Hem, la verdad, es que – Ritsu intentó expresarse, pero Masamune negó, con una sonrisa divertida en su rostro.
- Lo cierto, Hiro-san, es que Onodera-san y Takano-san son amigos de Takafumi y Zen -los ademanes bruscos de su novio se suavizaron. Los ojos cafés entonces se permitieron radiografiar con curiosa timidez a los "desconocidos conocidos" de sus amigos.
- ¿…son… esos…? –lejos de ofenderse por la palabra, ambos asintieron, entre divertidos e incómodos, desde detrás del ya no tan noqueado escritor.
- En serio, auch… -Akihiko se incorporó- Y por ende ya están acostumbrados a que mi relación con Misaki sea tan natural como la de los antiguos monjes homosexuales de Grecia…
- Usagi-san, aún puedo emparejarte el chichón -por respuesta, se puso a fumar, mirando con despreocupación por la ventana.
- …pago un fuerte karma contigo, lo juro, debe ser por las clases a las que no quise inscribirme pese a los deseos de mi madre -su ceño volvió a fruncirse. Pero luego de lanzar un suspiro, estiró la mano, sonriendo- Lamento que haya sido en estas circunstancias, pero… Es un gusto conocerlos, soy Kamijou Hiroki, novio de Nowaki…
- Lo sabemos -la sonrisa encantadora de Masamune terminó de calmarlo- Tanto Yokozawa como Zen nos han hablado mucho de ustedes, y sólo nos resta agradecer el inmenso apoyo que les brindaron en los peores momentos- Masamune se inclinó con respeto, igual que Ritsu, haciendo que las facciones de Hiroki se suavizaran al reconocer en ellos una familia en plena formación, tan hermosa como la suya y la de sus amigos.
- Nosotros tenemos mucho más por agradecer. Son padres también de todos nuestros hijos, y muy especialmente de nuestro Mamu. Nunca pagaremos todo su cariño.
- Yokozawa tiene el instinto maternal flor de piel -sonrió- La verdad es que no me sorprendió que ese angelito fuese su elegido, Ritsu y yo siempre lo hemos visto como un papá tsundere…
- Yokozawa-san es una buena persona, Takano-san… Por eso hemos decidido imitarlos -Ritsu habló bajito, pero sereno, dando a entender que estaban allí para tratar al fin el asunto que ya habían comentado con sus amigos.
- Hiro-san y yo estamos felices por ellos, y por ustedes -Nowaki sonrió dulcemente a Ritsu, siendo correspondido por el joven y por su novio.
- Ahhh, a este paso creo que mi Misaki y yo les seguiremos también los pasos -no hubo golpe de por medio. Los ojos verdes miraron a Usagi-san con amor, sin reprimirse.
- En ese caso, creo que Miyagi-sensei podrá suplirme en las siguientes horas. Denme unos minutos, por favor, ya regreso. Nowaki, quedas a cargo -salió, entusiasmado, arrancando un suspiro de su tifón.
- Bueno, pasemos a sentarnos. Hiro-san traerá algo para beber.
- Sí, porque sospecho que tratar este tema nos secará las gargantas, a no ser que nuestros ukecitos nos ayuden con la humectación -esta vez sí que Usagi se ganó sus buenos golpes.
- Jajaja, ¡ni te atrevas! -Onodera se adelantó a los hechos al ver a su amado abrir la boca.
- Descuida, mi amor, jamás compartiría una vista privilegiada de tus encantos ni con tu madre… Bueno, Nowaki -ignorando las quejas de su adorado tormento, sonrió- tratemos un poco más sobre este tema que nos han contagiado esos dos- miró a Ritsu, ya calmado, y él, aunque sonrojado, asintió, sonriente.
- Somos todo oídos -tanto Misaki como Usagi sonrieron también.
OwO
Dejaron a Hiyori en el colegio, los tres, en silencio. El ritual de bajarse todos del auto, para que los dos orgullosos papás se despidiesen de ella, fue pasado por alto, limitándose al interior de su transporte familiar. Sin embargo, todos los padres pasaban cerca, y se inclinaban a saludar, celebrando ver a ese hombre tan imponente como un oso pardo y más adorable que uno polar, ya recuperado, después de tantos días.
Y es que Takafumi, siempre que suplía a Zen en su labor de papá, solía ser afectuoso con los compañeros y compañeras de Hiyo, cuidándolos, e incluso consintiéndolos también a ellos con un dulce o un helado.
Pero ese día, Takafumi sólo contestaba con una sonrisa y un leve "Gracias", haciendo sentir a Zen cada vez más su tristeza, casi contagiándolo. Y cuando al fin vieron a su pequeña transponer la puerta, se miraron y asintieron. Habían acordado que Hiyo enviaría un mensaje para confirmar que Mamu estaba en la escuela, antes de avisar a sus familiares y amigos para iniciar su búsqueda.
Algo que los tenía aterrados a extremo.
Así que, con el corazón en la garganta, empezaron a avanzar con rumbo al Centro, casi sin recordar para qué se dirigían allí, con Zen mirando al frente, pero deseando llenarlo de besos y tranquilidad, y Takafumi, pu
- Detente –su voz autoritaria lo sacó de sus pensamientos, pero acató la orden. Y siguiendo su mirada, apretó con fuerza los puños contra el volante, al observar aquello que había ocasionado que su novio bajara del auto incluso antes de detenerse.
OwO
A unos cien metros de la entrada al colegio, había un pequeño callejón que servía para almacenar los residuos generados en la cocina y comedor. Un ambiente que los jóvenes procuraban eludir…
Bueno, no todos.
- Por favor, déjenme ir –Mamu intentaba no llorar, abrazado a su mochila, que presentaba las señales inequívocas de haber sido jalada con tanta fuerza, que ninguna de sus asas había resistido el arrebato de cobardía.
- Claro que te dejaremos ir… Una vez nos hayas satisfecho –el más grande de los delincuentes juveniles logró apresarlo contra la pared del fondo, y le alzó el rostro con rudeza- No puedo negarlo, amor. Es una belleza…
- Tanto como su hermana –el otro se acercó, con asquerosa malignidad, y dirigió sus manos a Mamu, arrebatándole la mochila para tirarla a una esquina, y sin compasión alguna ante su llanto, empezó a desabrocharle el cinturón- Ya sabes, cariñito, tranquilito y colaborando, si no quieres que le pase lo mismo. Aunque es una lástima para ti que a nosotros nos llame la atención otras cur
Sin embargo, no pudo completar su parlamento, y el otro concretar el asqueroso beso que pensaba robar de los tiernos labios de Mamu.
Con la fuerza en verdad atribuible a un oso pardo, Takafumi los había arrastrado hacia atrás, aplicando una llave muy parecida a la que en su momento el mismo Zen había aplicado en él cuando amanecieron juntos en la misma habitación de hotel, luego de aquella primera noche de sinceridad y dolor por desamor.
- ¡PAPI! –Mamu quiso correr hacia él, pero, conocedor de que en ese estado de ira Takafumi había dejado de lado su ternura característica, Zen lo alejó, aferrándolo contra su cuerpo, y temiendo por la vida de aquellos degenerados, aunque deseara en la misma medida destruirlos.
- …les dije… que lo protegieran… -habló apretando los dientes- Hijos de… Malna
- ¡SUÉLTENOS! -ambos lucharon en vano, ignorando las palabras de Zen, al ver el rostro iracundo de Takafumi a un milímetro de los suyos, casi escupiendo fuego.
- Les gusta asustar y abusar de niños pequeños, ¿eh? –una sonrisa retorcida iluminó su rostro, haciéndolos palidecer- Si tanto querían saber lo que se siente estar con alguien en medio de ese tipo de circunstancias, me habrían avisado… Pero aún estamos a tiempo… ¡ZEN! -alzó la voz, y miró a su novio, quien temblaba tanto como Mamu- Ve por la Directora, y llama a la policía y a los padres de estas escorias. Quiero ver personalmente que los expulsen por ir contra las reglas, y que los lleven a una Correccional donde les den lo que querían hacerle a MI hijo -Mamu soltó un sollozo, no por el futuro de sus agresores, sino porque ese hombre al que adoraba aun lo consideraba de esa manera.
- ¡No puede enviarnos a la cárcel, somos menores de edad!
- Aprende a escuchar, mocoso –incrementó el agarre de sus brazos, haciéndolos llorar.
- ¡Lo acusaremos de maltrato infantil!
- No me digas…
- ¡Y haremos que expulsen también a su bastardito y a la chillona!
- ¿…pero cómo te atreves a llamar de esa manera a mis hijos, mocoso de mierda…? –Zen no pudo contenerse, y se acercó, con Mamu aun aferrado a su cuerpo.
El más grande de los dos delincuentes escupió sus palabras con asco.
- Anduvieron vendiendo unas asquerosas galletas, sin autorización… ¡TODO PORQUE USTEDES SON UNOS POBRES INCOMPETENTES!
OwO
La Directora había llamado a Hiyo a su oficina, con suma discreción, y ahora la pequeña arrullaba al aun traumatizado Mamu, acariciando sus cabellos.
Si bien es cierto la primera impresión de ver llegar a Takafumi casi rompiéndoles el brazo a los dos "niños" había hecho que sus padres casi le echasen a él a los policías, la explicación apresurada de Zen logró lo impensable: que sus padres casi los molieran a golpes, pidieran perdón de todas las maneras posibles, y los llevaran ellos mismos a la dependencia, solicitando y logrando que pese a que fuera un trámite de rigor, a Mamu en ese momento no le hicieran más preguntas.
Salvo aquella que había quedado en el aire gracias al último comentario de esos tipejos.
- De modo que… vendían galletas para… ayudarnos… -Zen estaba rojo de la vergüenza y la frustración, sintiéndose en verdad un completo inútil que no solo no podía cubrir los gastos de su familia, sino que había expuesto por eso mismo a uno de sus pequeños a una bajeza inconcebible.
- Bajo mi consentimiento -la Directora dejó de lado cualquier precaución que pudiese salvarla a ella de una consecuencia negativa, porque no pensaba exponer aun más a esos pequeños- Yo asumiré ese incidente como prioridad en el siguiente consenso, Minami-san.
- …no encontramos culpa alguna sobre Hiyo-chan y Mamu-kun, Directora –la representante del Consejo Estudiantil los miró con cariño, luego de colgar su celular tras haber informado a los demás miembros sobre los dos asuntos que los tenían reunidos ahí. Sonrió al notar como sus pequeños hombros se relajaban- Hubiera sido mejor tratarlo en un Comité, pero yo que soy madre entiendo la posición de Kirishima-san al haberles ocultado también a ellos lo de su desempleo -el aludido miraba sus pies, aguantando las ganas de flagelarse por ser tan mal padre.
- …nunca terminaré de pagar la bondad de ustedes para con mi familia…
- ¿Esta era la razón por la cual no me mirabas a los ojos esta mañana, Mamu…? –pero una vez repuesta su ternura habitual, Takafumi no oía nada de lo otro. Incluso le importaba poco si lo metían a la cárcel: hubiera matado a esos hijos de…
Se hallaba ahora de cuclillas frente a su pequeño, buscando sus ojitos tan similares a los suyos, acariciando ya sin miedo alguno sus cabellos, tan parecidos a los de su novio.
- Dime, amor. Juro que no me voy a molestar ni resentir por lo que me digas…
Mamu seguía llorando, pero se tomó un par de segundos para limpiar sus lágrimas y, aclararse la garganta, antes de responder.
- Yo… amo tener dos papás. Siempre he creído que si los míos me abandonaron, fue porque no sabían ocuparse de mí -las mujeres mayores se miraron, intentando no llorar- Pero ustedes, siendo iguales, aman a Hiyori, y ahora me aman a mí, y se adoran -las mejillas de Takafumi se tiñeron de rubor- Me siento tan feliz de estar con ustedes…
- Y hemos fortalecido este lazo gracias a ti, Mamu…
- Lo sé, papi, pero -sollozó- ¿Cómo podía mirarte a los ojos… si por culpa de esos dos empezaba a sentir que ese amor era sucio…? -Takafumi y Zen lo miraron aterrados- ¡Yo no lo creo así! -se apresuró a aclarar, pero estaba ya en los brazos del Oso, quien tuvo la gentileza de sostenerlo, sin obligarlo a quedarse ahí.
Pero Mamu lo aferró fuerte, sabiendo que no había un lugar más seguro para él que aquel cuerpo hecho a base de cariño.
- Ya pasó. Nada tiene de sucio, y algún día tendrás la oportunidad de elegir a quien amar, mi amor –le susurró solo a él- Por ahora, papá y yo les enseñaremos cómo es el amor de verdad, ese que nos hace libres y acompaña en todo momento, enriqueciéndonos como personas mientras acompañamos al otro en este camino elegido juntos, ¿sí? –el pequeño asintió, acurrucándose mejor.
- Sí, papi…
Hiyo los miraba, sonriendo emocionada. Pero luego miró a su padre, quien la observaba en silencio, inexpresivo.
Sintió un dolor en su pecho. Lo había traicionado por primera vez al faltar a las reglas del colegio, y no cuidar a Mamu.
- Papá, yo –pero Zen imitó a su novio, acurrucando en su regazo a Hiyori.
- Fallé al no entender que nuestros problemas son familiares, y que nuestra relación de amor es inquebrantable, así que cualquier cosa que creas deba disculparte, no existe, mi vida... Nunca más. Ya Kamisama nos ha enviado un par de ángeles, además de papi –los niños y Takafumi sonrieron- para que todo mejore a partir de ahora, así que quiero que solo se dediquen a ser niños y a estudiar, además de alocarnos con sus travesuras. Yo cumpliré con mis obligaciones de papá, y
- Yo con las equivalentes a la de mamá… ¡pero pobre de ustedes que digan eso a sus compañeros, y menos a Masamune! –todos rieron, incluso la Directora y la mujer, que no sabían de quién hablaba, pero consideraban adorable esa hermosa escena familiar.
- Sí, menos a tío Masamune, porque no quiero que vuelva a estar cerca de mami más de lo necesario -infló sus mejillas como un niño resentido.
- Pese a que Kirishima-san y Yokozawa-san ya han conseguido empleo, creo que no debemos privar a sus compañeritos de esas deliciosas galletas… -sugirió de manera traviesa la señora del Consejo, haciéndolos sonreír- Hum, no sé, Directora… ¿No podríamos hacerlo pasar como un proyecto escolar?
- De hecho, había una motivación original, que yo recuerde -ambos niños sonrieron- Esos ahorros servirán para que Hiyo-chan y Mamoru-kun organicen el matrimonio de sus papis, ¿estaba pendiente, cierto? –los dos adultos se sonrojaron de manera intensa, mientras sus pequeños los apachurraban, riendo con ganas.
Dentro de su sonrojo, Takafumi asintió, mirando sus ojos miel.
OwO
- Y además de que estos dos granujas buenos para nada –Zen les arrancó un gritito cuando les dio una suave palmada en ambos traseros- se portan mal durante una semana entera a nuestras espaldas, amor… ¿Tenemos que llevarlos allá? No, no me parece. Que ellos trabajen por nosotros mientras yo te doy cariñitos…
- Cariñito te voy a dar yo, pero en la boca, ¡con mis puños! –el pobre Zen suspiró, desilusionado- Así que deja de decir estupideces, mira que
- ¡KYAAAA! –el pobre Oso de Marukawa se escondió por inercia tras Zen, arrastrando a sus polluelos, al oír el grito de Haruto, quien pareció teletransportarse y terminó alzando en brazos a los dos pequeños- ¡Tan lindos! ¡Son como ellos, mi amor, para mí que hicieron a este pequeñito entre los dos!
- No deberías actuar de esa manera, los vas a asustar y ya luego no querrán que sus padres vengan aquí. Es un honor verlo nuevamente, Yokozawa-san –Daiki se inclinó con excesiva cortesía, aunque su sinceridad era evidente. Takafumi miró sin comprender a su novio, pero él asintió, así que imitó el gesto, sonriendo con timidez.
- El honor y la gratitud son mías. Ustedes han salvado a nuestra familia.
- Nada, nada –Haruto se había ganado la confianza de los pequeños, quienes ya estaban revoloteando entre los estantes de los libros para niños- Solamente hemos hecho justicia.
- Aun así…
- Hemos acondicionado esa pequeña salita para que sus pequeños jueguen y se diviertan hasta que lleguen sus abuelos. Aunque –rieron al ver cómo los pocos editores de Dahari Shoten se acercaban a los pequeños, llenándolos de mimos que los hacían sonreír- creo que difícilmente los van a dejar ir, jóvenes.
- ¡Que vengan todos los días! –una pelirroja llena de pecas les acarició las caritas.
- Yo puedo enseñarles matemáticas –ofreció un jovencito regordete de anteojos celestes.
- Y yo letras –los cabellos grises de un muchachito de ojos celestes se agitaron cuando les mostró sus pulgares.
- Quizás hasta algo de música. Mi sensei tiene un manual muy instructivo –un rubio con rostro serio cedió a la tentación de guiñar un ojo, haciéndolos sonreír.
- ¡Y que nos enseñen a cocinar! –dieron un respingo al oír a la pelirroja- Soy muy intuitiva, y ellos tienen pinta de saber hacerlo.
- Eso, y que esta chiquilla metomentodo tiene una hermanita en su escuela, quien ubica perfectamente bien a Hiyori-chan y Mamoru-kun, ¿verdad? –la joven lo saludó con la mano a Takafumi, con una mueca traviesa, un tanto sonrojada por el comentario de Daiki, por lo que Zen mostró su lado posesivo y celoso en forma de un abrazo disimulado por la cintura.
- ¡Oi!
- Jajaja, descuide –Daiki besó a su amor en los labios, con cariño, sonrojando al osito- Aquí no hay ningún tipo de censura, a menos que ustedes descuiden sus obligaciones, cosa que dudo. Hiyori-chan, Mamoru-kun, ¿no quieren aprender el proceso de edición e imprenta?
- ¡SÍ!
- Bien, vayan con Altin-san –los dos se pegaron al jovencito que estaba cerca al rubio, como dos imanes, haciéndolo sonreír pese a su seriedad. Y marcharon con él luego de despedirse. Cuando estuvieron lejos, Daiki volvió a hablar, esta vez muy serio- No preguntaré qué pasó, pero espero de todo corazón que nada grave. Tienen unos niños hermosos, y se nota a la distancia que los aman.
Haruto asintió, igual de serio. La llamada un tanto apresurada y llorosa de Zen los había asustado, pero sabían respetar su privacidad. Y estaban dispuestos a ganarse su confianza a paso firme.
- Son nuestra luz –Takafumi sonrió- Gracias por recibirnos incluso con ellos.
- No hay algo por agradecer, somos fans suyos -rieron- Ya Kirishima-san debe haberle comentado nuestra reacción al saber su verdadera identidad, y la de su novio. Nosotros admiramos mucho su desempeño profesional –Haruto los guió hacia una salita de reuniones, un poco más grande que la que luego llegarían a ocupar los niños- Así que fue un shock que aun no procesamos del todo el saber cómo se había comportado su compañía.
- …en parte fue mi culpa, fue un error garrafal…
- Ni en parte ni por completo, todos cometemos errores, y para eso estaba la imprenta, para tomar la oportunidad y usarla a su favor sin cometer tamañas barbaridades. Nosotros mismos, una vez, entregamos con unos desastrosos errores de impresión una novela de Sumi Keichi. Estuvo a un paso de denunciarnos, pero empleamos ese error como un gancho positivo: pese a trabajar en beneficio cero, volvimos a imprimirlos, y le sugerimos a él donar los ejemplares del tiraje original a las bibliotecas públicas y escolares. En una semana tuvimos que volver a generar el doble del tiraje total, porque los propios usuarios de las librerías replicaron el gusto por el libro.
La mente de Yokozawa, tan acostumbrada a pensar en oportunidades de ganancia, tuvo que alabar esa mentalidad fría. Muy a lo Zen.
- Una vez ocurrió algo parecido con Za-Kan. Zen también lo tomó como un tema de marketing y nos benefició mucho.
- Es lo que dice Daiki-san, amor. Se trata de analizar y encontrar el lado positivo a las cosas.
- Todo ocurre por algo, y sí, el lado positivo de ese desastroso comportamiento es que ustedes son ahora parte de Dahari Shoten. Daiki y yo deseamos que su estadía aquí sea la más grata, porque también nos conviene mantenerlos a ustedes felices para que no nos abandonen.
- Nunca lo haremos –soltó con sinceridad.
- Le he tomado la palabra ya, Yokozawa-san, la grabaré aquí y aquí –sonrieron, cuando se señaló la cabeza y el pecho de Daiki- Pero bueno, a lo que íbamos, porque necesitamos desde ya sus artes para poder echar a andar aun más eficientemente esta empresa. Ambos, supongo, no han editado nunca literatura, ¿verdad?
- Yo en mis prácticas de Marukawa llegué a editar un cuento para niños –Zen se sintió ligeramente orgulloso de sí mismo, inflando el pecho hacia su novio.
- Yo toda mi vida me he dedicado a las ventas. Pero –miró de reojo a Zen, deseando no generar un atisbo de celos- mi mejor amigo empezó editando literatura, así que conozco algo del proceso…
Fue evidente para Daiki y Haruto que ese mejor amigo no era tan grato para su hermoso casi delincuente con pedigrí…
- ¿Y tiene experiencia en ventas, Kirishima-san?
- …ninguna… -sí, se había deprimido.
- Pero puede vender incluso una piedra si se lo propone. Sabe más de marketing y promociones que yo mismo, hasta el punto de que muchas veces le he consultado a él cómo organizar un evento. Así que con Zen no van a tener ningún problema, ¿verdad? –tomó su mano, permitiéndose por primera vez en lo que llevaban de relación en ser abiertamente su sostén emocional, sin fingir que lo hacía por cualquier otro motivo.
- …no es para tanto… -la depresión desapareció de golpe- Y Takafumi aprende muy rápido, una vez me ayudó con una composición que llevaba retraso. Solo tuve que indicarle dos veces un par de instrucciones y luego hasta empezó a guiar él a mis subalternos. Redacta tan bien que estoy seguro será más efectivo editando que yo mismo.
Los otros los habían observado en silencio. Sí, eran profesionales, y se adoraban, la mezcla perfecta que Daiki y Haruto sabían como base de todo éxito.
- Excelente. Justamente creo que podemos empezar ya con su primer proyecto… No es específicamente literatura, pero creo, no, estoy seguro, de que les va a gustar mucho trabajar en ello –ambos se sentaron al filo de sus sillas, para escuchar atentos.
- Así es. Daiki y yo seguimos encontrando en nuestro camino perfectas estrellas, unas en ascensión y otras ya en lo alto, pero con la humildad necesaria para mirar hacia nosotros… Como ustedes.
- No lo somos…
- Humilde y noble. Pero bueno, esta persona vino recomendada por un amigo personal mío
- Que yo odio, por cierto –Haruto se cruzó de brazos, exhibiendo un puchero de molestia que los divirtió a los tres.
- Solo porque sigues creyendo que tuvimos algo en mi pasado, amor. En fin, esta persona a su vez nos recomendó ante una persona especial para él.
- ¿Ambos son escritores entonces? Oh, con tal que no sean depresivos como Ijuuin o unos irresponsables como Usami-sensei…
- Vaya, vaya… Y yo que me creía amigo suyo, Kirishima-san…
- ¿Eh? –los Kirishima se pusieron de pie al oír esa profunda voz conocida.
Pero todo fue confirmado cuando vieron llegar a los niños, corriendo, con dos osos de felpa idénticos, aunque machito y hembrita, por los adornos, seguidos por dos personas que conocían muy bien.
- ¿…Misaki-kun…?
- …ho…hola…
- ¿Henmi…?
- Yokozawa-san… a los tiempos…
Usagi-san asintió a alguien, luego de aparecer en su campo visual, y ubicarse tras Misaki.
- Me parece que la hora de dar explicaciones ha llegado…
A Zen los puños se le volvieron blancos al verlo aparecer.
Mientras Takafumi miraba con dolor a Henmi, sintiéndose traicionado nuevamente.
OwO
- Me sorprendió mucho que me citaras hoy. No sueles estar dispuesta a que nos vean juntos, me figuraba que si volvía a ocurrir, me citarías de milagro en un bar.
Vestían abrigos, no tan largos, ni tampoco tan cortos. Y unos rostros que carecían de expresión, a pesar de que ese hombre y esa mujer solían emplear sus facciones muy bien, siempre en su beneficio.
- ¿Cómo va tu negocio en Marukawa?
- Eso es algo que no te incumbe. No al menos después de todo lo que me dijiste anoche –ella bajó la mirada, recordando- Ya hablaste, yo ya hablé… ¿Qué más quieres de mí? Sé cuándo una batalla está perdida, y no pienso buscarte más –le dio la espalda.
- No sigas trabajando en Marukawa…
- Ya no trabajo ahí, ¿me crees tan estúpido como para seguir habiendo ya concretado mi plan? Que esas mierdas lograsen revertir el desastre con artimañas no es mi asunto, y afortunadamente ellos lo entendieron así –se acercó peligrosamente a su rostro, pero ella no huyó- Ahora debo cubrir mis espaldas, porque Marukawa va detrás de mí… Por eso te busqué ayer, porque deseaba proponerte irnos de Japón ahora que ya soy libre, pero tú
- No hagas nada más en contra de los Kirishima. Me iré contigo si es necesario –Oda se alejó levemente, y fue enrojeciéndose.
- ¿…tengo cara de idiota? –con fuerza innecesaria, atenazó uno de sus brazos, arrancándole un quejido- Irte conmigo… irte conmigo cuando ayer olías a su perfume, lo supe porque era el mismo hedor de ese borracho de la cantina… ¡Me estuviste poniendo los cuernos con ese maldito Kirishima todo este tiempo!
- ¡Él no era Kirishima!
- ¿Ah, no? Y yo soy Papá Noel, ¿verdad? Ven acá, perra –fingiendo abrazarla por los hombros, la fue arrastrando hacia una de las calles más oscuras.
Haruka temblaba de pies a cabeza. Ese hombre era capaz de matarla y ella lo sabía, pero si gritaba, de seguro le iría peor.
Terminaron empotrados casi contra la pared fría y húmeda de uno de los callejones.
Él apropiándose sin piedad de su cuerpo, como tantas veces.
- Basta… por favor… Me duele, Oda…
- Me importa poco. No dudaste en abrirlas para ese borracho patético…
- ¡No lo hice, lo juro, Oda, no he estado con él!
- ¿Y por eso lo sacaste ese día sano y salvo del bar? –la miró de reojo, alzando lentamente su vestido- Compáranos, Haruka… Compáranos de una vez y decide quién es mejor hombre… ¿Sabías que desde mañana trabajaré muy cerca de él? –los ojos de la joven se abrieron con terror, no por la amenaza a su intimidad, sino por la desgraciada certeza de saber a Takafumi en peligro- Me va a encantar saber si gime tanto como una mujer...
- No, Oda… por favor… Déjalos en paz, está enfermo, tiene dos hijos… Ama mucho a su pareja, ¡por favor! –suplicó, sintiendo cómo la maltrataba con su cuerpo.
- ¡Cállate! –y el primer golpe cayó en su mejilla derecha. El primero de muchos en esa fría noche, donde nadie, por supuesto, acudió a ayudarla, creyendo que era una mujer de la mala vida obteniendo lo que había buscado.
Cuando hubo colmado su necesidad física, Oda la dejó caer, sin misericordia, mirándola con asco.
- Espero que esta despedida te haya gustado –por primera vez pareció humano, dejando caer una lágrima, que ella no supo interpretar- Quería empezar una nueva vida, pero es obvio que tú lo has elegido a él…
- No puedo negar que lo amo –se atrevió a desafiarlo- Pero por eso mismo deseo que sea feliz…
- No lo niegas –rió con tristeza- Todo lo que hice, fue pensando en ser alguien, para que no te faltara nada, ya que es evidente que actúas por codicia. Como cuando la madre de ese hombre acudió a ti para prostituirte con su hijo y así apartarlo del marica con el que está… Me has engañado todo este tiempo…
- No lo he hecho –empezó a llorar con rabia. Era todo, menos una mentirosa, y para su desgracia, algo la unía aun a ese hombre.
- Lo has hecho… comenzando porque ese no es Kirishima. Sino Yokozawa Takafumi, ex Jefe de Ventas de la Sección de Mangas de Marukawa Shoten –la hizo palidecer. Y sacó lentamente un revolver- Me pregunto qué hará mañana, cuando encuentren tu cuerpo y mi nota, explicando que entre otros delitos, querías destruir Marukawa…
- No, Oda…
- Sí, Haruka. Y luego iré por él… -elevó la mano, y ya estaba a un paso de apuntar, cuando la noche se llenó de la verdad que encerraba ahora la mujer.
No era la primera vez que me enfrentaba a Oda…
…pero por ti, estaba dispuesta a pasar cualquier penuria.
Hace unos meses atrás, compartí con ustedes la noticia de que pronto publicaría un libro original mío. Incluso les pasé, si la memoria no me falla, mi cuenta Wattpad donde estaba colgado. Bueno, quiero compartirles la alegría de saber que desde el 11 de noviembre ya ha sido lanzada oficialmente "La Edad Engañosa", novela BL n.n
Si alguien quiere conocer más sobre ella, me envían un PM.
Agradeceré mucho también si tienen la gentileza de compartir con sus amistades los links de acceso a mis fics, para poder disfrutar de más lectores y enriquecerme con sus reviews.
Los quiero mucho n.n
