Con este capítulo, llegando a la punta del iceberg a partir del cual empezaremos a acercarnos a la etapa final del fic, me despido y le digo adiós a este 2016 cargado de muchos sentimientos.
Gracias a quiénes han seguido y siguen esta historia, considerándola merecedora de estar en sus listas de favoritas, un review, sus minutos de lectura o un pequeño vistazo. Crearla ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida como fanficker (de hecho, tiene más hojas que mis originales, jajaja), y todos y cada uno de los personajes, tanto tomados de sensei, como propios o asumidos bajo colaboración de amistades, tienen un lugar especial en mi corazón.
Debo aclarar que los personajes prestados de la hermosa obra Yuri on Ice, de Kubo-sensei, tampoco me pertenecen. Ella forma ahora parte de mi pequeño listado de musas inspiradoras, al lado de Nakamura-sensei, para todo lo referente a fics sobre mangas y animes. También pido disculpas a las seguidoras del MinoxYuu: no es mi intención romper esa pareja, que me parece muy linda, pero necesitaba un alma igual de especial que la de Mila para crear un nexo entre las dos historias. No sé aun qué tanto pintarán Yuuri y su pandilla aquí, pero...
Creo que es el lado refrescante que necesitarán los siguientes capis... (espero conserven su espíritu navideño y no me maten...).
Ahora sí.
Espero que el 2017 llegue cargado de maravillosas nuevas experiencias. Dejen atrás las partes tristes o difíciles del 2016, que sirvan de impulso para que logren alcanzar aquellas metas que no se pudieron lograr en este.
Nunca es tarde.
Jamás se rindan. Que los mensajes de superación de los animes y mangas los iluminen en esta noche para que todos sus propósitos caminen a puerto seguro desde el primer segundo del 2017.
Los quiero!
Respuestas
El muchacho llamado Altin había quedado a medio camino entre seguir a los niños, y pasar por detrás de Henmi, petrificado por la reacción furibunda de aquel que era considerado una leyenda por sus Jefes.
Y es que Kirishima estaba siendo, en esos momentos, detenido por Daiki y Haruto, a duras penas, como si se tratara de una versión apuesta de un Hulk a punto de hacer acto de presencia.
- ¿Qué pasa aquí, Henmi, trajiste a tu Jefe para cagarnos también este empleo? –Takafumi contenía a unos asustados Hiyo y Mamu, quienes no entendían por qué sus padres estaban reaccionando de esa manera.
- Si se calman, podremos conversar con tranquilidad, Yokozawa-san…
- ¡CON UNA MIERDA SI CREES QUE VOY A DEJAR QUE SIQUIERA MIRES A TAKAFUMI, HIJO DE PU
- ¡BASTA, KIRISHIMA ZEN, CIERRA LA BOCA EN ESTE INSTANTE SI NO QUIERES QUE TE LA CIERRE!
El mundo se había puesto patas arriba una vez más. Sí, eso era claro, porque no podría haber ocurrido de otra peor manera…
Siglos cuidándose de emplear palabrotas delante de su madre, y justo en ese momento…
- Pe
- ¡Calla he dicho! –Akane hizo el ademán de quitarse uno de sus zapatos de taco, haciendo retroceder a Zen, quien la miró horrorizado, con las mejillas coloradas.
- ¡Mamá, no soy un niño!
- ¿No te da vergüenza, hablando groserías delante de los niños y sus Jefes? –y se le unió Saki, jalando ella sí la mejilla de Takafumi hasta dejarle una linda marca escarlata.
- ¿YO QUÉ HICE? –un par de lágrimas se asomaron por la comisura de sus párpados. Pero un breve repaso mental lo llevó a recordar que sí, en efecto, se le había escapado una perlita.
Ahora sí que Hiyori y Mamu no entendían nada.
Y, vale decir, Altin mucho menos.
- Creo que deberían sinceramente hacer caso a las señoras –se atrevió a sugerir el joven- Están asustando a los niños…
- Viejos irresponsables –el rubio malhumorado había acudido, igual que los otros tres editores jóvenes, al oír el escándalo, y casi se los arrancó a Takafumi para acercarlos a sus abuelas- Por alguna razón la cosa se puso demasiado tensa aquí. Lo mejor es que ellos se vayan con ustedes.
- Pero… Yurio-chan… –Mamu logró sonrojarlo- dijiste que jugaríamos con Altin-kun también…
- Mamu, no los llames así… -Zen se atrevió a hablar bajito, temiendo un golpe.
- Son nuestros invitados de honor, pueden llamarnos como deseen, ¿verdad, Daiki-sama? –la pelirroja lo miró con ojitos de gatita.
- Ufff… claro que sí, Mila... Señoras, disculpen este comportamiento… Creo… -Daiki recién empezaba a medio aceptar lo que acababan de vivir, porque fue soltando de a pocos a Zen, igual que Haruto- que algún motivo han de tener sus… hijos adultos y mayores de edad –los dos se cohibieron por la mirada fría del mayor- para comportarse así. Y creo que lo mejor es que ustedes y los niños vayan a casa. Tuvieron una mañana muy dura, según sé –Mamu se abrazó a Hiyo, y ella lo cobijó con fuerza.
Ambas se relajaron, y asintieron.
- Si los viejos de sus padres no son echados por Daiki-sama, mañana vienen a jugar con nosotros luego del colegio, ¿qué les parece? –Mamu y Hiyo se abrazaron a un incómodo rubio, que les dio unas toscas palmadas en las espalditas- Sí, sí, y así podremos burlarnos juntos del Katsudon y el vejestorio…
- ¡Yurio! No les enseñes a hablar así a Yuuri… -el peli plateado de ojos celestes le pinchó sus mejillas, haciéndolo renegar.
- Eeetttooo… Estaremos en tu departamento, hijo –Saki le acarició las mejillas, llevándose de la mano a los pequeños, quienes se despidieron con las manitas alzadas de los más jóvenes, y con un fuerte abrazo de su tío Henmi.
Zen logró escuchar un suspiro resignado de parte del otro hombre cuando los pequeños lo ignoraron, pese a conocerlo.
- Y tú, escucha antes de gritar, y pobre de ti que digas más palabrotas. Que no se diga que Ken y yo te criamos mal, Zen –Akane lo miró severa, pero siguió su camino hacia la salida, ocasionando su propio suspiro.
Diligente como era, Henmi les abrió la puerta, sonriéndoles de manera dulce. Pudiendo tener a lo lejos un atisbo de la presencia de Cotarro.
Se miraron a los ojos, el joven sonrojándose y bajándola de inmediato, sin dejar de sonreírles a los pequeños. Mientras el padre de Takafumi relajaba el ceño.
Cuando se hubieron marchado, llegó a donde estaba el resto, decidiendo algo interesante.
- Tómense lo que resta de día, Yuuri.
- Pero, Daiki-sama, podemos continuar con las ediciones, prometemos no oír nada…
- No es desconfianza, hijo –le acarició el hombro derecho.
- Por medio día que no estén en ello no habrá pérdidas. Además, nosotros necesitamos solucionar un tema delicado… Viktor –miró al peli plateado, quien a su vez había estado mirando fijamente al hombre del cigarrillo en los labios, que parecía enamorado del jovencito castaño de ojos verdes que estaba a su lado, medio paliducho- llévalos a comer a un restaurante bonito. Pueden ir a donde deseen, siempre y cuando mañana estén a su hora aquí.
- Gracias, Haruto-sama. Vamos, chicos…
Esperaron a que los cinco muchachos desaparecieran tras la puerta. Y luego Daiki colocó el cartelito de "Cerrado". Se tomó un par de segundos para recuperar su respiración normal, y volteó.
- Bien, Takeshi, aunque no justifico el comportamiento anterior de los señores Kirishima –se hicieron media bolita- creo que merecido te lo tienes –pero se deshicieron al oírlo.
- ¿Lo conocen…? –Takeshi suspiró, dando un paso al frente con firmeza.
- Daiki es el amigo que me enseñó a editar, Kirishima-san, aunque al final no llegara él a desarrollarse en el ámbito de los mangas.
- …y Tanaka-san, la persona que les salvó la vida, Kirishima-san. Y no exagero.
Se miraron mutuamente, sin entender.
- No entiendo, ¿salvarnos la vida? ¡Fue él quien
- Bajando la voz, Kirishima-san –nada quedaba de la dulzura de Haruto, y menos la de Daiki. Takafumi se acercó a Zen, aun temiendo que hubiesen caído en una vil trampa.
- Los tengo en alta estima, así que voy a pedirles que no me decepcionen –esta vez fue Akihiko quien interrumpió cualquier intento de retomar la conversación- Sé que las formas empleadas hasta ahora no han sido las mejores, y por ello es que decidí renunciar a todo vínculo con Marukawa
- ¿Qué? ¡No! –fiel a su estilo, Yokozawa se adelantó, desesperado- Usami-sensei, no debió hacerlo, ¡de usted depende toda la editorial!
- …y luego me pregunta que qué le veo de tierno… -Zen se llevó una mano al rostro, suspirando.
- Lo había prometido a ustedes, y también a Isaka: no iba a seguir llenando las arcas de una editorial que no respetase a sus trabajadores. Además, tampoco es como si hubiese mandado al diablo todo vínculo con ellos…
- ¿De qué habla? –Zen se acercó, cauteloso, evitando mirar a Tanaka.
- Quizás –Misaki se atrevió a hablar bajito- quizás si me dejan hablar, yo pueda explicarlo mejor. Después de todo –miró a Henmi, quien asintió- parte de la culpa es mía, Yokozawa-san. Mía y de Tanaka-san, aunque nunca quisimos que usted fuese tratado de esa horripilante manera.
OwO
Ciertamente, Japón a esas horas era más tranquilo que a la salida habitual de la editorial, al menos para ese quinteto de jóvenes que eran tan diferentes entre sí.
La joven iba al medio, dando giros y giros. ¿Cómo se habían conocido? Era un misterio, incluso para Daiki y Haruto, pero recordaban muy bien la manera en que habían aparecido en su puerta…
¡Nadie en el mundo lo hará mejor que nosotros! Tengan la seguridad de que nosotros destacaremos sobre los demás editores de todo el mundo, incluso sobre Kirishima Zen.
Lamentablemente, lo último no lo habían podido lograr, hasta ese momento, porque no editaban manga, pero…
…era verdad que cada uno destacaba en un ámbito específico, habiéndose convertido por si mismos en los responsables del éxito de Dahari Shoten.
Viktor, el mayor de ellos, era el brazo derecho de Daiki, el más serio y formal de los Jefes… por lo mismo que era aun más inmaduro e informal que el propio "Yurio", el menor de los cinco. Ruso de nacimiento, pero japonés por amor, como solía bromear Haruto, había comentado que luego de conocer a Yuuri había caído enamorado al instante, tanto por el katsudon elaborado por su suegra, como por la maravilla que era Japón en sí mismo…
…y en medio de ese encandilamiento del amor a primera vista (o probadita), su "hermanito menor", Yurio, lo había seguido, cual perrito arisco que desea seguir al lado de su dueño, aunque lo odie. Arrastrando a su vez, sin premeditarlo (porque desconocía sus sentimientos), a un muy serio hijo de Kazajistán, llamado Altin, quien se le declaró en medio de la primera cena de Navidad que compartieron todos en Dahari Shoten.
Sin duda, amaban su empleo, muy al margen de haber consolidado sus respectivas relaciones, claro está, porque les permitía mantenerse unidos en un ambiente que carecía de la desafortunada actitud negativa del mundo hacia el tipo de relación que ellos mantenían, aunque Mila aun fuese reticente a mirar hacia otros rumbos, sin haberles mostrado si deseaba ser como ellos en cuanto a sus gustos por las personas de su mismo género. O si simplemente aun no había mirado al lugar correcto.
- ¡Wuaaa, no es justo! –Mila se estiró con gracia, y luego se agarró a los brazos libres de Viktor y Altin- Yo me quería enterar del origen del pleito…
Lo que no quitaba, claro está, que coquetease a su antojo con las dos personalidades más "masculinas" de ese quinteto.
- No tienes ni que decirlo. Eres una vieja chismosa –el rubio malhumorado con fastidio. Y luego la obligó a soltar a Altin- Y ya deja de toquetearlos, ve y búscate un hombre.
- Ay, celoso a extremo, ¿cómo lo soportas? Sólo quería que Altin me caliente… -le guiñó al joven de cabellos oscuros y peinado rebelde, quien solo le sonrió, divertido.
- Consíguete un calefactor de mano o algo de ropa abrigadora, Mila. No querrás que el gatito se enfade –Viktor por su parte le guiñó a su novio, sonrojándolo.
- Tórtolos de porquería –Yurio entrelazó dedos con su pareja- ¿Por qué no pueden ser como Altin y yo?
- Me parece que es la perversidad oculta de los japoneses con el espíritu libre de Nikiforov, Yuri. Una combinación bomba –Altin medio rió, al ver el sonrojo del joven de anteojos celestes.
- ¿Perversidad oculta? Me sorprendería que estos dos se hayan vuelto a besar luego de ese beso robado en medio del lanzamiento del libro de Matemáticas Superiores del año pasado…
- Hey, tampoco se la agarren con Yuuri. Miren que solo nosotros
- ¡Y yo! –relampagueó la jovencita.
- Y Mila, jajaja, sabemos hasta dónde hemos llegado… -el pobre casi se atora cuando lo miraron los otros cuatro, de manera burlona.
- ¿…por qué termino siendo siempre el punto de acuerdo de ustedes…? –intentó ocultarse tras Viktor, pero la mano larga y pícara de Mila le dio una palmada en el trasero- ¡MILA!
- Porque eres un perfecto idiota con cara de puberto. En fin, quiero comer pastas, luego podemos bajar el estómago un rato, yendo a pat
- ¡Vamos allá entonces! –Viktor no dejó que Yurio terminara de hablar, arrancándole un gruñido.
- ¿Babicheva-san…? –pero todos se detuvieron al oír una voz cantarina que los obligó a voltear.
- ¡Ah, Mino! –y ella corrió a abrazar al hombre que los miraba, sonriente, aunque… muy, pero muy… chino- ¿Cuántas veces debo repetirlo? Soy Mila, a secas, además de rusa- guiñó.
- Nadie es perfecto –bromeó el buen hombre, haciendo gruñir a Yurio, pero reír divertidos a Yuuri y Otabek. Viktor solo se cruzó de brazos, mirando con recelo al tipo que parecía tomarse muchas atribuciones con su "hija mayor".
- Bueeeno, no digo nada de tu cara de devorador de wasabi –esta vez solo ambos rieron. Pero luego recordaron al resto- Oh, mira, te presento a mis amigos- y los fue nombrando uno a uno.
- Es un gusto, Kanade-san. Gracias por cuidar de Mila, noso –la agradecida sonrisa de Yuuri para su compatriota se vio interrumpida por la voz profunda de su novio.
- ¿Qué edad tiene? –Viktor lo miraba con sospecha.
- ¿Eh? Perdón, no entiendo inglés… -cuando Yuuri le tradujo la pregunta, rió, diciéndosela.
- …muy viejo para ti, Mila.
- ¡Viktor! ¿Qué no sabes que para el amor no hay edad? –y con desvergüenza, infartando a los dos rusos, la pelirroja besó en los labios al sonriente japonés.
OwO
Respiró profundo, una vez Daiki y Haruto los guiaron a la sala de reuniones más amplia. Espero a que todos se hubiesen sentado, teniendo a Usagi-san a su lado, y a Tanaka del otro. Por voluntad propia, Henmi estaba lejos de Yokozawa, pero éste no dejaba de mirarlo, con resentimiento.
- Misaki-sensei, puedes empezar –Haruto le sonrió, intentando tranquilizarlo.
- ¿Eh, sensei…? –Zen miró a su antiguo subordinado con curiosidad, sonrojándolo.
- Esa última explicación vendrá luego, Kirishima-san. Escuchen primero a mi Misaki. Por favor- mordiéndose los labios por la necesidad de obtener respuestas, Zen asintió.
Misaki suspiró. Había llegado el momento, y aunque no se sentía seguro, no podía aplazarlo.
- El día en que todo empezó, Iokawa-san tuvo un acto de valentía en honor a su cariño particular por Yokozawa-san –Takafumi se tensó, ¿qué diablos tenía que ver en ello su antiguo pretendiente?- Hasta donde sé, Kuroda-san se enteró de lo que estaba ocurriendo al seguirlo, porque
- Debo –la vocecita de Henmi se dejó escuchar, en un tono culposo y como solicitando permiso- aclarar un punto, que es obvio que ustedes desconocen. El día en que ocurrió todo el desastre de la editorial, Ryuutaro llegó a conseguir el donante que necesitaba para su deficiencia renal.
- ¿En serio? –la alegría de ambos fue genuina, siendo la de Zen más blanca, en agradecimiento por todo lo que Henmi había apoyado a su causa en todos esos días interminables- Eso es maravilloso, me imagino que su padre debe estar muy feliz.
- Lo está. De hecho, fue Iokawa-san quien donó el riñón –la alegría se transformó en asombro- Sé que luego de oír a Misa-chan ustedes deben sentirse dudosos de sus buenas intenciones, yo mismo lo hice, pero… Ya Shiro había comentado con Tanaka-san lo que estaba ocurriendo.
- No conozco a Iokawa-san, y honestamente no tengo ganas de conocerlo –Misaki estaba muy serio- pero he ido atando cabos sueltos con las cosas que me han ido contando. Aparentemente, hasta hace unos meses atrás, antes de que su madre buscara desesperadamente un medio por el cual separarlos, él se alió con su amante de turno para poder alejarlo de Yokozawa-san –los ojos miel se abrieron por completo.
- …Haruka… ¿Ella e Iokawa…?
- En ese entonces, al menos, tenían una relación. Una que Iokawa ya había dado por terminada y que ella solía mantener solo a nivel físico –Takeshi se atrevió a hablar, y esta vez no fue interrumpido ni mirado de mala manera- No me gustaría desentrañar malos recuerdos, pero debo hacerlo, para que puedan al menos entender cómo es que sé esto…
- Hazlo, Tanaka –Kirishima medio sospechaba lo que vendría…
- Iokawa frecuentaba continuamente el bar al que yo iba desde antes de conocer a Henmi. Nunca tuvimos una relación ni siquiera amical, pero entre hombres, a veces las copas de alcohol desenredan la lengua –Yokozawa se sonrojó de manera involuntaria, cuando sintió la mano de su amor acariciando su rodilla- Y así, él fue el primero en saber de mi interés romántico por Henmi, y yo acerca de su relación informal con aquella mujer. El día en que la vieron en Marukawa y me eligió para llevarla a su oficina, pues
- Te había reconocido, supongo… -los celos de Henmi eran adorables.
- Sí. Tú frustraste en parte el plan que tenía originalmente, de pasarme información errónea para que Kirishima-san se alejara de Yokozawa-san.
- ¿Qué plan era ese?
- No lo sabe ni Shiro. Sólo sabía hasta ese momento que mostraba interés por usted, y consideraba a Yokozawa-san un estorbo, mientras que Shiro consideraba las cosas al revés. Eran una pareja inofensiva en términos laborales y legales
- Pero a nivel marital, la peor bomba que podría haberles caído –Usami fumaba, intentando sobrellevar la pesada carga de las respuestas.
- Todo eso me lo figuraba, aunque ahora aparentemente esa mujerzuela va tras mi novio… Pero, ¿esto qué tiene que ver con lo demás…?
- Pues, esa mujerzuela es ahora pareja de un delincuente –palidecieron- Un delincuente que aunque no la ha involucrado de manera directa en sus sucios planes, sí le comentó sobre ellos en su momento.
- Cosa que oyó Shiro, un día que compartieron habitación, sin que ella lo supiera –para Misaki fue un poco incómodo hablar sobre ello- Tengo… tengo entendido… que
- Sigo yo, Misaki-sama –Tanaka le sonrió, y Misaki le agradeció, sonrojado. Aun lo trataba como a su bochan, gracias a Akihiko- Llevaba una semana con esa información, según me dijo cuando me llamó, angustiado, para contarme lo que había oído.
- ¿Pero qué oyó? –la voz de Takafumi evidenció su temor.
- Aunque no mencionó nombres, Haruka-san felicitó al hombre por haber logrado ese contrato con la editorial extranjera que llevaría a la quiebra a Marukawa, robándonos Za-Kan, –Kirishima se puso de pie. Su indignación había hecho palidecer su piel- de la peor manera… -Takafumi se fue poniendo de pie, lentamente, mirándolo con horror.
- Esto lo supimos luego de que Shiro se lo comentara a Tanaka, incapaz de mantener por más tiempo ese secreto sabiendo que la mujer podía ser capaz de aliarse con ese tipo en lugar de proteger a Kirishima-san y su familia. Pedí ayuda a mi padre, y en honor al cariño que los Isaka y los Usami nos tenemos, logramos averiguar sus siguientes movimientos: sabían muy bien que la dupla Ijuuin-Kirishima era indestructible, que jamás Kirishima-san renunciaría a un proyecto que era su vida, y que si algo le pasaba a él, Ijuuin-sensei, pues
- No –Takafumi abrazó a su novio, aterrado- …no, eso no…
- Takafumi –lo hizo sentarse, preocupado por su creciente palidez- Daiki-sama, por favor, un vaso con agua… y un algodón con alcohol…
- Si –el hombre corrió a la pequeña cafetería, seguido de cerca por Haruto, regresando en menos de medio minuto.
- …gracias…
- ¿No saben de quién se trata, si sigue en Japón, si ya se ha olvidado de nosotros…? –le daba de beber, pero mirando horrorizado a Tanaka.
- Estamos haciendo hasta lo imposible por ubicarlo, pero pareciera que se lo ha comido la tierra. Y no ayuda el hecho de que esa mujer cortase todo vínculo con Iokawa al saber sobre su relación con Kuroda…
- ¿…relación…? –apoyado en Zen, lo miró, turbado. Henmi asintió, sonriéndole.
- Salvar a Ryuu-kun fue un acto de amor. Ya mi amigo lo quería, y sufría en silencio al saberlo interesado en usted, pero… Creo que ese pequeño angelito los terminó uniendo de alguna manera.
- Ese niño es un encanto, no lo dudo… Rayos, debo agradecerle a ese idiota que me haya salvado el pellejo, pero –suspiró- Sabiendo lo que ocurría, me imagino que planearon una manera de proteger a la empresa…
- Protegerlos a ustedes era nuestra prioridad, lo demás venía luego. Asahina-san decidió contarle parte de la verdad a Isaka-san, y, bueno, creo que ese fue el error que nos llevó a todo lo que vino luego…
- Decirles algo a ustedes, sobre la obra que Usami-sensei iba a "crear", era un riesgo. Solo Tanaka-san y Kuroda lo sabían –Henmi miró a su Jefe directamente a los ojos, intentando confirmarle su fidelidad- Si yo lo hubiera sabido, Yokozawa-san, no habría permitido eso, me habría inculpado a mí..
- ¿…y habrías expuesto a nuestro osito a vivir sin su sensual tigre? Siempre he dicho que me lo quieres quitar, gatito –Zen lo despeinó, haciendo que se quejara, mientras Takafumi le sonreía dulcemente.
- Lamento lo de esa obra… Fue mi idea –pero las quejas y las risas provocadas por Zen murieron de golpe al oír a Misaki.
- …el mundo se fue al carajo… ahora las vírgenes no solo lloran, también tienen orgasmos…
- ¡Kirishima-san!
- Es que… hasta podría pensarlo de Henmi, pero… De la persona que se desmayaba cuando Kyo le revolvía los cabellos, pues…
- ¡Kirishima-san, solo fue una vez, y porque estábamos en un momento muy comprometedor, planificando la escena de beso pa –Misaki calló al sentir el aura nociva tras su espalda.
- ¿…beso…? –el pobre ex universitario temió por su vida.
- El punto aquí es –Haruto los interrumpió- que aunque no justifico para nada la actitud demostrada por Ryuuichirou-kun, lo cierto es que su salida de Marukawa reviste un tema muy escabroso, que no iban a poder soportar teniendo a su madre sobre su relación, y unos niños por los cuáles dar la vida. Espero que puedan perdonar a mi torpe sobrino-nieto –él y Daiki se inclinaron con respeto, en señal de disculpa. Mientras los Kirishima parpadeaban, confundido.
- ¿…sobrino… nieto…?
- … -Takafumi empezó a enlazar recuerdos. Y luego volteó a verlo, colérico- ¡BAKA, ¿NO AVERIGUASTE SUS APELLIDOS?!
- ApellidO, en singular… Aunque Japón no lo acepte, soy un Isaka más –Daiki rió, divertido.
- ¡TE MATO, ZEN!
- Dahari Shoten… -parecía inmune a los golpes de su osito- La última de mi lista… -miró a Henmi, que jugueteaba con sus deditos con expresión culpable- ¿Lo sabías…?
- Tanaka-san me lo sugirió, y me pareció una buena idea…
- De hecho, quien lo sugirió, fue Ryuuichi, según me comentó Kaoru –Tanaka se acercó a ellos, y soltó un largo suspiro- Yo no puedo negar que en todo momento quise proteger a Henmi, y era mi única prioridad. Así que, considerando que él lo idolatra, Yokozawa-san, no podía permitirme verlo sufrir sin hacer nada, sabiendo que usted por Kirishima-san es capaz de dar la vida…
Era verdad, una verdad absoluta.
Y por lo mismo, a Zen le estremeció la sola idea de ese último comentario…
OwO
No sé cómo pudimos completar el día…
Mamá llamó, y le expliqué que ya todo se había solucionado, y que los Isaka menores (como les llamo cariñosamente) nos habían perdonado la barbaridad de espectáculo. Aunque volvió a regañarme, me dijo que lo mejor era que nos tomásemos nosotros también ese día para estar solos, después de mucho tiempo…
Hubiera querido que fuese una cita romántica, pero era imposible. Muchas cosas estaban aun presentes.
- ¿Podemos ir al bar donde nos conocimos, por favor…? –la voz contenida de Takafumi, quien no había soltado su mano ni un instante, lo hizo sonreír.
- ¿Seguro? No podremos hablar tranquilos.
- Oh, cierto… -calló un instante- Entonces, ¿podemos ir al… hotel donde me llevaste esa noche…?
Me dolía verlo así, asustado. Temblando. Y al mismo tiempo molesto consigo mismo por mostrarse así de vulnerable. Viéndose tan hermoso y perfecto.
- Sí, ahí podemos ir. Tienen una pequeña cafetería, podemos pedir algo a la habitación para compartir, ¿está bien?
- Está bien…
- ¡Kirishima-san, Yokozawa-san! –la voz de Mino llegó, eufórica, mientras se acercaba a ellos intentando hacer equilibrio sobre unos patines de color rosita- ¡Qué alegría, ¿cómo ha estado?! –casi se cae sobre el osito.
- Bi…bien… ¿Y eso? –fue inevitable preguntar, señalando los accesorios.
- ¿Verdad que Mino-chan se ve lindo? –Mila se acercó, sonriente, con los otros siguiéndolos, igualmente sobre rueditas- Tuve que convencerlo mucho, pero al final lo hice –se colgó del japonés, riendo, y besando su mejilla.
- Oh –fue lo único que comentaron ambos, entendiendo.
- ¿Todo bien, ya cerraron la editorial? –Viktor fue muy discreto, e incluso Mila se contuvo de comentar cualquier cosa sobre lo de esa mañana.
- Sí. Sus Jefes fueron los últimos en salir, nos dijeron que mañana fuésemos a primera hora.
- ¿Oh, no me digas que ellos son los apuestos gais japoneses que trabajarán con ustedes? –a Zen la mención le cayó como una patada en el hígado.
- Sí, Mino-chan. ¿Verdad que son muy gais y muy lindos?
- Creo que si tu novio con parálisis facial es amigo de ellos ya debe saber que son una PAREJA, Mila, no necesitas mencionar tantas veces esa palabra –Yurio habló con su tono agrio.
- Awww, el gatito aun no se acostumbra a la idea de ser el que reci
- ¡Nos vemos mañana! –Zen interrumpió cualquier futuro comentario sobre la vulnerabilidad pasiva del rubio, por temor a que luego les preguntasen a ellos sobre ese mismo asunto- Cuídense mucho. Gracias por todo, nos vemos pronto, Mino –caminaron de la mano, rumbo a la calle de los Hoteles del Amor.
- Se los ve tranquilos, pero hay algo en sus miradas que aun guarda cierto recelo, ¿no crees…? –Yuuri le susurró a Otabek, mientras los dos rusos hablaban con Mila y su novio.
- Sí. Solo espero que nada malo ocurra con su llegada a Dahari. Quizás es por esto que Daiki-sama puso ese anuncio para contratar un nuevo encargado de Sistemas.
- Que por cierto mañana llega, ¿verdad? Espero que no sea un monigote como el anterior.
Y siguieron su camino, compitiendo en velocidad, mientras Mila cargaba en su espalda a un divertido Mino.
OwO
- Gracias, Tanaka-san. Le comentaré –colgó.
- ¿Ya lo saben verdad? –Ryuu le colocó una manta en los hombros. Asintió.
- Era de esperarse, pasó mucho tiempo. Lo único que deseo en verdad es que no quieran tomar acciones contra mí. No quiero arrastrarlos a ti y a nuestro hijo en algo que fue mi error.
- Error que no concretaste, al contrario, intentaste evitar. Eso es algo que tienen que reconocerte, y si no lo haces, pelearé contigo. Pase lo que pase, estamos juntos en esto.
Se miraron a los ojos, y se besaron, Kuroda depositando con cuidado su cuerpo sobre sus piernas, sentado Shiro en la silla de ruedas, acariciando ese cuerpo que adoraba tanto como deseaba en la misma medida.
Mientras, en la misma habitación donde hacía un tiempo lo había tenido que desvestir para poder protegerlo del frío de la noche y el sudor alcoholizado, ahora Zen le estaba despojando de su miedo irracional a perderlo.
- Nada va a pasar. Te lo juro, Takafumi...
- No puedes asegurarlo, estoy seguro de que ese tipo va a buscarnos, nos va a querer dañar, los niños –lo silenció con un beso, y lo echó en la cama, con cuidado.
- Ya no estamos más solos. Marukawa y los Usami están de nuestro lado. Por cierto, debo ir a agradecer y a disculparme con Isaka-san… aunque, pues… De paso puedo darle un solo puñetazo, por las dudas…
- ¡Zen! –rieron- Es todo tan irreal. Me hace doler la cabeza…
- Lo sé –se acurrucó en su pecho- Takafumi, ellos se arriesgaron por nosotros, y aunque hemos vivido un terremoto existencial, tenemos que hacer algo, ¿no crees?
- …algo que no afecte a los niños…
- Ellos son los únicos que no saben a cuánto es capaz de llegar.
- No quiero tener contacto nuevamente…
- No lo tendrás. Yo seré la trampa –lo miró a los ojos. Los azules de Takafumi denotaban miedo, celos y molestia- No llegaré a nada, lo juro. Yo solo te amo a ti…
- Ella está interesada en mí. No la quiero cerca –le aterraba la idea de que esa maldita mujer soltase la lengua.
- Créeme cuán calculador puedo ser… Además, tú sabrás todo, todo. Te lo juro. Déjame vengarme –habló serio- Déjame hacerlo. Ella se atrevió a intentar separarme de ti, está enredada con el tipo que quiso destruir mi mundo. Los quiero tras las rejas, Takafumi. No los quiero libres un minuto más.
Aunque luego de un minuto entero de duda terminó aceptando, sé que ambos en ese mismo instante recordamos que éramos dos pequeñas hojas a merced del viento.
Y si era favorable o no, lo sabríamos recién en el camino.
- ¿Sabes que voy a sufrir mucho, verdad? –una lágrima surcó sus mejillas.
- No tienes por qué. Ella es un medio, tú mi existencia. Si yo pudiera crear un mundo para mí solo, tú, nuestras familias, nuestros bebés, nuestros amigos más cercanos, nuestros gatitos, y el aire que respiras, sería todo lo que me llevaría…
- ¿…no es mucho para un mundo en solitario…? –sonrieron.
- Es que si solo me llevo lo que necesito, te molestarás por abandonarlos…
- Tonto –miró sus labios.
- Te dije, cuando te volviste mío, que me gustaban los celos, propios y ajenos, porque determinan el interés por el ser amado. Y también que no tendrías que sentirlos si te sentías amado, ¿verdad?
- Sí…
- Entonces, bajo esa dulce premisa –acarició sus piernas- me voy a encargar de amarte todas las noches…
- Chst… ¿Solo piensas en eso, verdad? –separó sus piernas, para deleite de su amor.
- En eso y mil cosas más que pienso hacerte… Tu piel me enloquece –atacó su cuello con sus labios, haciéndolo suspirar.
- Zen…
- Como esa tal Mila te mire de más, la ahorco –metió su mano luego de abrir su cremallera.
- Ahhh… na… nadie va a tocarme…
- Eso espero… -se separó para contemplarlo- Tan hermoso… y solo mío…
Aun me hallaba turbado por todo lo vivido en el día.
Pero su sensualidad, una vez más… me ganó la partida.
OwO
- Escóndete…
- ¿Para qué? ¿No dices que es el tal Yokozawa? Mejor ahora que luego, para que sepa que yo existo –Oda se le acercó, mirándola con lujuria.
- O te escondes o te juro que te denuncio –a regañadientes, se metió en la habitación que ambos compartían.
La mujer suspiró. Y antes de abrir, se aseguró de que nada en el ambiente evidenciara la presencia del hombre.
- ¿…a qué debo este honor? –lo miró con frialdad.
- A un acuerdo- la miró con la misma expresión. Los ojos de la mujer se desviaron levemente hacia la izquierda.
- Tú dirás… -Zen se acercó a ella, mirándola a los ojos.
- Vuelve a ayudarnos con los niños. Y te daré aquello que más quieres…
