Para aquellos que aun siguen el fic: Me harían un favor enorme si me dejan sus reviews, incluso si vienen acompañados de tomatazos...
Espero que les agrade. En el siguiente concluiré la historia de este quinteto que se coló sin querer queriendo, pero que me está regalando hermosos y cálidos momentos.
Besos!
Convivencia
Había llegado cinco minutos antes de la llamada de Masamune, así que Saki se había trasladado sutilmente hacia el pasadizo fuera del departamento, para tratar de entender aquella locura.
- Solo sé lo que me dijo Yokozawa, Saki-haha. Aparentemente esos dos idiot –la mujer sonrió divertida al oír otra voz, más suave, reprendiéndolo- Gomen…
- Descuida, Masa-chan, en estos momentos pienso igual que tú. Mi hijo ha perdido la cabeza, pero Zen me va a oír, siempre y cuando Akane no lo mate antes –miró con disimulo por la puerta entreabierta, para luego suspirar.
Cual perro vigía, su mejor amiga miraba con los brazos en jarras y una ceja levantada a Haruka, quien a su vez interactuaba, fresca como una lechuga, con los risueños polluelos y sus gatitos.
- Deben tener un motivo muy fuerte… -se abstuvo de comentar algo, por si ellos no las habían puesto al tanto.
- Y muy grave, cuando no nos contaron nada. Eso en verdad me preo –se interrumpió, al ver que el ascensor se detenía y una silla de ruedas hacía acto de presencia, precediendo al resto del cuerpo de su propietario, al pequeño sentado en sus piernas, y al hombre que la dirigía, curiosamente, rumbo hacia el departamento de los Kirishima- …Masa-chan…
- Dígame –le había preocupado su silencio, y ya estaba medio evaluando avisarles a los tórtolos.
- Acaban de llegar a nuestro piso un hombre en silla de ruedas, con un niño pequeño y otro señor que parece padre de la criatura. Me son familiares, pero no termino de ubicarlos…
- Hum… -su cerebro funcionó a mil, y luego abrió los ojos como platos- Deben ser los –pero las risas estridentes de los editores más jóvenes de Dahari le cortaron la ilación.
Medio conocía el embrollo en el que estaba metida esa peculiar familia, pero también sabía que, debido al anterior vínculo de Shiro con la mujer de la que estaban hablando, ahora más que nunca era imperativo que los tuviesen vigilados por todos los ángulos.
Sin ponerlos en alerta…
- Descuide, son antiguos compañeros de trabajo de Yokozawa y su dolor de cabeza –ella rió divertida- De seguro quieren saber cómo les está yendo, no los ven, creo, desde el evento desafortunado del hospital, luego del terremoto…
- ¡Oh, cierto, ya los recuerdo! Claro, incluso el tal Ioka
- Buenas noches –esbozando una sonrisa que bailaba entre la dulzura y la discreción, Kuroda se inclinó con respeto, mientras Ryuutaro se bajaba de las piernas de su nuevo papá, con cuidado, apoyándose en un pequeño bastoncito.
- Buenas noches. ¿Me permiten un segundo, por favor? –les sonrió de la misma manera, y luego le habló a su hijo por afinidad- Masa-chan, hablamos luego. Diles que les espera una laaarga conversación después.
- Yo les digo. Ya luego me cuenta cómo les fue…
- Hai… -una vez colgó, se volvió a los Iokawa, inclinándose hacia el pequeño –Aunque no por haberte visto en una ocasión afortunada, reconocería tu carita aquí o en la Luna. Encantada de volver a verte, Ryuu-kun –le acarició los cabellos.
- ¿Me conoce…? –miró a sus papás, sorprendido, siendo imitado por Shiro, quien parpadeó confundido.
- Yokozawa-sama me ayudó con algunos temas de tu operación, mi amor, junto a tío Henmi, tío Takeshi, y Kotaro-sama. Aunque es un pequeño secreto –ambos sonrieron cómplices.
- Oh, entonces, en verdad estoy inmensamente agradecido por ello. Nunca podré pagarle el que ayudara a Ryuu mientras yo tuve que dejarlo solo –Shiro la miró, como si estuviese viendo a su propia madre: con gratitud y devoción. Y ella le correspondió.
- No hay algo por agradecer. Takafumi me contó en alguna oportunidad sobre Ryuu-kun, y ese desafortunado día dio la casualidad de estar también en el mismo hospital. Era lo menos que podíamos hacer -acarició la carita del pequeño- Mis hijos te quieren mucho, estarán encantados de saber que ya estás bien.
- ¿Zen-chan y Taka-chan están en casa? –sus ojitos se iluminaron con ilusión.
- Pues
- ¿Abuelita…?
- ¡Tío Shiro!
Las voces de Mamu y Yuuto, el sobrino de Shiro, se dejaron oír al mismo tiempo que sus miradas se unían, al descubrirse ya junto a los adultos, en el pasadizo…
…igual que las de Hiyori y Ryuutaro, quiénes se observaron con curiosidad.
OwO
Decir que estaba tranquilo era mentirse a sí mismo. Nunca se había considerado un hombre de debilidades, pero era más que obvio que en esta ocasión, tenía miedo. Miedo a perderla…
…y eso lo asqueaba.
Tanto, como recordar que no había sido capaz de activar el gatillo aquella noche, acto que podría haberlo liberado no solo de la única testigo de todas sus fechorías con respecto a Marukawa, sino también…
- ¿…qué dijiste, perra…?
- ¡Lo que oíste!
- ¿Y esperas que crea que eso es
- ¡Sabes bien que con él no ha pasado ni pasará nunca nada!
Rió, apretando la quinta botella de cerveza que estaba bebiendo, increíblemente, en ese departamento malsanamente compartido con aquella pe
Sus pensamientos se detuvieron.
"Perra" era una forma despectiva de llamar a las mujeres que buscan hombres para satisfacer el ardor de sus partes íntimas, o mujeres que no tienen una necesidad particular por hacer el bien al mundo. Perra era también la madre de los cachorros de todas las razas caninas domésticas, y como tales, cuidaban de sus cachorros con uñas y dientes…
- ¿Y aceptaste, sin consultarme?
- No lo he hecho aun, Oda. Pero no puedo negarte que los extraño. Es la primera vez que ser madre postiza, me supo dulce.
Y sí, le creía.
Después de todo, la había conocido de casualidad, en un bar, cuando la mujer que aun salía con un estúpido de apariencia nerd había ido a desahogar su cada vez más inmenso aburrimiento a causa de ese tipo. Y tenía que admitir, que ni siquiera porque ella no amaba a ese sujeto, como le confió una vez terminó con esa locura, le había sido infiel.
Ni siquiera con él, que no dejaba de intentar seducirla.
- Shiro no es malo en la cama, tiene algo de pinta, pero creo que lo que me impedía separarme de él era esa permanente obsesión por aquel hombre. Yoko… algo. Cuando habla de él, es como si sus facciones se transmutaran en un ser diferente, como si se llenara de luz, y en esos momentos sí se ve lindo, ¿qué puede tener un hombre que no tenga yo…?
- Un pene… Jajaja, ¿estuviste con un marica pervertido?
- ¿Nunca has gozado de un buen trozo de carne en tu trasero, Oda?
- Sin comentarios…
- …jajaja, si callas, voy a pensar que sí.
- No soy marica al cien por ciento. Pero debo confesar que prefiero dar, y no favores, muñeca…
- Eso te hace mitad "marica".
- Bueno, está en tus manos enderezarme, no solo la vida…
- ¡Deja de molestar! Además, no lo dejé por eso…
- ¿Entonces?
- Las personas deben ser libres de amar a quien sea. Creo, que Shiro necesita al fin estar libre para amar a alguien, para hacerle el amor a alguien que lo ame solo a él.
- Lo mismo dijiste hace un mes, cuando volvieron a terminar…
- Lo sé. Pero esta vez es la definitiva. Yo también quiero ser libre, para al fin entregarme a alguien que pueda llamar mío.
- Ni que fueras virgen, preciosa.
- No lo soy, cierto. Pero esa nueva persona sería mi primero nuevamente.
Por lo tanto, no. Ella no era una perra.
Llevó una mano a su mejilla, donde podía aun sentir esa caricia de su delicada mano de uñas trabajadas, deslizándose con suavidad antes de que unieran sus labios en un beso que no había sido demandante, sino casi tierno.
Esa noche, no la había podido olvidar. Tantas otras soñando de manera indecorosa con recorrer esas curvas, con tallarlas con sus dedos llenos de cicatrices.
Cicatrices que había logrado, ella, curar, a base de cuidados y cariño. Había sido una primera vez casi en todas sus letras, haciéndole olvidar esa vida que él llevaba y que a cualquiera le daría asco. Pero a ella no: había acabado la falsedad con Shiro, para al fin entregarse por amor a alguien más.
A él.
Noches como esa se habían repetido, hasta que el pasado tocó a su puerta una vez más, regresándolo a su origen durante un mes. Un maldito mes, en el que aun los mensajes de voz y texto habían demostrado amor, mientras él regresaba indecorosa y desagradablemente a ese maldito mundo del que había querido huir, obligado por ese desafortunado incidente...
Pero tenerla a ella había sido un salvavidas, para recordar que en Japón lo esperaba un ser hermoso, que solo tenía ojos para él.
Entonces, ¿en qué momento todo ese espejismo de idilio se rompió…?
- El día que conoció a Kirishima… ese día… -miró con furia la cerveza y pensó en estrellarla contra la esquina de esa habitación. Pero se detuvo.
Después de todo, esa esquina, dentro de unos meses, tendría un nuevo dueño…
¡Sabes bien que con él no ha pasado ni pasará nunca nada! ¡Es tuyo!
Cerró los ojos, y dejó que una nueva primera vez motivada por Haruka se escurriese por sus mejillas…
…mientras en el piso, un contrato bajo el sello Dahari Shoten, indicando la fecha de inicio para el lunes siguiente, lo esperaba. Igual que la Oficina de Sistemas en la editorial que estaba alistándose a recibirlo.
Volvió a dirigir sus ojos grises a aquella esquina, y estiró la mano libre, como intentando alcanzar a aquel pequeño ser…
- Espero que al menos heredes su piel… -susurró, mirando de manera inexpresiva su horrenda marca de nacimiento.
Dos intentos burdos de alas, en un ser que era diabólico…
¿…porque lo soy, cierto?
Aquella mano acomodó sus rizos negros, con rabia, mostrando por un instante las incipientes raíces rubias que sugerían una nueva aplicación de tinte.
OwO
Y ya definidos los roles, que ellos mismos habían asumido, ¿alguien los podía acusar por ser un poco infantiles y abusivos…?
- Oi, anciano, cuidado con mi escritorio, ese pisa papeles de ahí es valioso, lo rompes, y me comprarás otros diez, en la misma Rusia.
- Hai, Yurio-sama…
- Y tú, Osito-chan, que la pizarra quede muy limpia…
- Ha…hai, Mila-dono…
- Esto tengo que colgarlo en mi Youtube –Usami y Masamune, pese a las protestas de sus novios, filmaban la situación inverosímil: Takafumi y Zen, con mandiles de limpieza, dejando en orden las oficinas mellizas de Yurio y Mila, antes de salir de copas.
Su "bautizo", regalo de sus nuevos senpai.
- Esperen a que el lunes los hagan limpiar los baños –Vitya se sentía un poco culpable, pero no por ello dejaba de parecerle divertido, sobre todo porque Daiki y Haruto parecían estar interesados en todo, menos en ese "abuso de poder".
- Viktoru, eso es muy cruel, debemos ayudarlos…
- ¡Ni lo pienses, cerdo! El anciano se lo merece por haber hecho llorar al no tan anciano…
- ¡Yurio, no soy tan viejo como Kirishima-san! –al mencionado le dio un tic en el ojo.
- ¿Y yo por qué tengo que pagar la torpeza de Zen? –además de sentirse vilmente traicionado por su novio.
- Gracias, Takafumi…
- Tú, Osito-chan, por preocuparme indirectamente…
- Y por meterme en tus líos maritales -¿alguien extrañaría al estúpido de su mejor amigo si lo mataba ahí mismo?
- Bueno, ya, es suficiente por hoy. No debemos hacer esperar más a nuestros invitados –Daiki se ganó un sin número de protestas de parte de tres rusos, un escritor irresponsable, y un gato roñoso-humano (entiéndase, Masamune, para el Takafumi de ese momento).
- Así que era como me dijiste, Mila-chan –la divertida voz de Mino llegó desde la puerta, quien era seguido de cerca por un hombre mucho más alto y tan serio como Otabek, que iba de la mano de un chiquillo menudo, parecido a Misaki, salvo que de ojos azulados.
Y una aparición rubia y destellante que ocasionó un codazo celoso en Viktor, al notar que Yuuri lo miraba con "deseo" (en realidad, el japonés andaba intentando contar el número de aretes que llevaba en cada oreja).
- ¡Wuaaa, Kirishima-san, Yokozawa-san! –el príncipe, que bien podía vender el aire a precio de fin del mundo y nadie le reprocharía el mismo, corrió hacia ellos y los estrujó, sin siquiera considerar extraña esa situación (ni ridículos los mandiles de ositos)- Cuando Kisa-san me contó, sufrí mucho, y más cuando no podíamos hallarlos por ningún lado… ¡Hasta los busqué una semana entera por la calle del amor…!
- ¿Qué carajos podrían hacer en esa zona, Yukina? –el aludido, un jovencito que a Mila le despertó tanto el instinto maternal al punto de apretujarle las mejillas, habló, intentando no ponerse celoso, una vez la imponente figura eufórica de su novio lo dejó a la vista- Auch, mat… Para mí que buscabas distracción- tuvo que mostrar su identificación cuando la joven empezó a llamarle la atención por ser un "niño mal hablado".
- ¿Cómo puedes insinuar eso, Kisa-san?, ¡YO SIEMPRE TE SOY FIEL!
- ¿MÁS DE TREINTA? …tienes que decirme tu secreto…
- …que te lo cuente Mino, él ya lo sospecha…
- ¡Kisa-san! –Yukina recuperó a su novio, abrazándolo con fuerza y mostrándole la lengua a Mila.
- Yoshikawa-sensei, es un honor volver a verlo –Takafumi se acercó, y estrechó su mano, sonriente- Aun no he podido leer el nuevo tomo, pero estoy seguro de que debe ser un
- Espere –Otabek se acercó, luego de voltear el cuello tan rápido hacia ellos, que pareció habérselo roto. Estaba más serio de lo usual, y terriblemente pálido, caminando como un robot.
- Ay, no, ya lo volví a perder… -haciendo gruñir a Yurio.
- La mangaka Yoshikawa Chiharu… ¿es…usted…? –el kazajo empezó a respirar de manera extraña.
- …ha…hai. Es mi… pseudónimo… -y el pobre Chiaki se acercó por inercia a su novio, temiendo un ataque de homofobia, o algo por el estilo.
- Como claramente puedes notar, ya que es un caballero –Viktor bromeó, divertido.
- …necesito tomar aire –y tal como se puso así, salió por la puerta. Para lanzar un potente grito jubiloso medio minuto después.
- Pufff, discúlpenlo, sus mangas fueron lo primero que logró leer medianamente bien en japonés, y por ende… la adora –gruñó- Voy a impedir que cometa una imprudencia- Yurio volvió a salir, y todos pudieron oír una pequeña discusión, en su idioma natal, supusieron.
- ¿Qué idioma es ese...? –susurró Chiaki a su pareja.
- Ruso, sensei. Yurio, el rubio, le está reprochando el haberlo asustado. Yo soy Katsuki Yuuri, es un honor –se inclinó con respeto- Perdone a mis amigos, no suelen ser tan…
- ¡Normales! –mencionaron Mila y Viktor, con una sonrisa radiante. Asustando más a Chiaki.
- Ya…veo…
- Ejem, ¿ya nos vamos? Yoshino debe luego terminar el manuscrito del siguiente mes.
- ¡Acabo de terminar el último, Hatori!
- Nunca es tarde, Yoshino, por darte tiempos extras es que he terminado a veces trabajando en Navidad.
- Dale un respiro, hombre. No deberías ser tan exigente –con la apariencia de un padre regañando a su hijo, Takano apoyó una mano en su hombro, para indignación de sus subordinados.
- Ha? ¿Se puede ser tan hipócrita? ¡TÚ NOS HACES TRABAJAR MÁS DE DIEZ HORAS DIARIAS! –ganándose el grito de reproche de su novio.
- Los incompetentes que se quejan por nimiedades no deberían siquiera respirar mí mismo aire… -Ritsu se prometió regresar a su versión "Esto no es amor".
- Jajaja, mejor no sigan exponiendo su manera de trabajar, o nos la apropiaremos. Miren que aunque primos editoriales, somos dos empresas diferentes.
- ¡Daiki-chan tiene razón! –Mila se colgó del brazo libre del hombre, y Haruto la despeinó-
¡Haru-chin, eres tan tierno!
- Como alguno de ustedes se ponga en ese plan algún día, los mataré… -el buen Yurio regresó, muy sonrojado y con el cabello ligeramente alborotado.
Takafumi medio imaginó cómo había logrado callarlo Otabek…
- Ahora sí, vámonos.
OwO
No podía negarlo.
Venir a Japón había sido la decisión más acertada. Sin lugar a dudas, no era un valle de rosas en el que ellos fuesen comparados, con benevolencia, con mariposas, hasta el punto de que fuera de Dahari también los aceptasen. Claro que no. El mundo nunca estaba lleno de colores al cien por ciento, y Viktor era muy consciente de que pasarían siglos para que una relación homosexual fuese aceptada en todas las sociedades.
Pero, sin lugar a dudas, Japón al menos había sido tolerante. También los habían recibido bien, sin importarles que fuesen un par de estrellas rusas que habían perdido la velocidad necesaria para surcar el infinito, sin ser presas de la fuerza de gravedad de un planeta cercano.
No, a nadie allá le había importado que fuesen, más bien, como dos meteoritos.
- No permitas que beba mucho, ¿sí? –Yuuri lo sacó de sus reflexiones, ambos cerrando la comitiva, con los Kirishima y los Takano delante, quienes conversaban de manera animada con Usagi y Misaki.
- No estamos en una celebración de esas, sino entre compañeros, amigos, y potenciales amigos…
- Pero
- Aun si te pasas un poquito de tragos, yo te contendré. Confía en mi –acarició su barbilla- No dejaré que nada malo pase, ya verás que nos hará bien divertirnos –Yuuri le sonrió y se abrazó a su cintura con su brazo izquierdo.
- Entonces sé que estaré bien porque estarás conmigo...
Cuánto habría dado él porque Yuuri pensase y dijese esas palabras años atrás…
Pero no había sido así.
Al notar una pequeña nube en esos ojos preciosos, Yuuri lo jaló de la mano hacia una columna cercana que los ocultaría bien, y lo besó en los labios, dejándose acariciar a su antojo.
No, él tampoco podía negar que le dolía recordar… ese enorme error.
San Petersburgo era muy frío. Demasiado. Solo en las noches, la calidez del cuerpo que dormía a su lado le embriagaba el suyo, y le serenaba el corazón, cuando llegaban de practicar durante todo el día aquello que habían elegido para su vida como la máxima expresión de su belleza.
Yuuri salía a correr todas las mañanas, porque a diferencia suya, su metabolismo procesaba menos eficientemente la comida rusa. Así que, como todos los días, el beso de despedida había sido a unos labios aun durmientes, y luego, a diferencia de otros días, había elegido colocarse una abrigadora con capucha que llegaba a ocultar casi la totalidad de su rostro también. Nadie que no supiese quién vivía en ese lugar podría haber intuido quien era el joven friolento que salía a trote por la puerta… Nadie, por lo que, por primera vez en todo el tiempo que ya llevaba ahí, Yuuri no supo cuán peligrosa también podría haber sido San Petersburgo para él. Al menos en ese momento…
Otabek había llegado una semana atrás, con una clara determinación en la mente. Ya lo habían hablado, ya sabían que la amistad nacida de una casualidad pre-profesional había transmutado su esencia a una calidez más sublime. Se amaban, pero Beka jamás hacía cosas que expusieran a Yura. Así que, hasta su "legalidad", lo amaría con un amor incondicional de amigo, y recibiría la misma calidez. No compartían departamento ni siquiera en esas visitas, porque Otabek no deseaba que la gente hablara mal de su Yuri. Pero lo mataba esa situación, se sentía morir a causa de la esencia tan pura de un beso, como mínimo. Así que, pasando ese marzo que llegaba cargado de la ilusión de al fin ser legal, para amar sin limitaciones, le dijo que estaba yendo por él. A reclamarlo como suyo.
Beka nunca se desprendía de su casco, ni de sus gafas oscuras, fuese invierno o verano, cuando conducía. Y gustaba mucho de ver los periódicos locales cuando llegaba a un semáforo. Al llegar al que precedía al parque donde Yuuri solía dar unas veinte vueltas, por ser el más grande, se detuvo. Y con el motor aun encendido, volteó hacia el puesto de los diarios.
Lo que vio, lo dejó helado.
- ¿Otabek? –la voz del japonés le llegó como desde un espejismo terrorífico, al mismo tiempo que la gente, al oír aquel nombre, los volteaba a ver, con caras fruncidas- Eeetttooo… ¿qué
- ¿Eres el kazajo enfermo?
- ¿Cómo te atreves a venir a Rusia?
- ¡Yuri Plisetsky es un tesoro nacional, maldita basura!
- Ponte el casco –casi se lo había estrellado contra el cráneo. Sin darle tiempo a consultar por qué lo trataban así.
- Yo
- ¡Maldita sea, hazlo! –no se lo tuvo que repetir cuando toda la gente empezó a acercarse, con los puños alzados, gritando aun más fuerte.
Aun hasta ese momento preciso, no recordaba cómo es que lograron escapar. Ni cómo es que logró, sin dar demasiadas explicaciones, que Yuuri apagase su celular, luego de enviarle un mensaje a Viktor que indicaba que iría a hacer el mercado antes de encontrarse con él.
- Listo. ¿Ahora sí puedes decirme qué ocurre? –el japonés lo miró con resentimiento, y mucho temor. Odiaba mentirle a Viktor, porque sabía lo mucho que su novio se preocupaba por él, pero dada esa huida tan extraña, empezaba a sospechar que había un motivo de fuerza mayor que él desconocía.
- Creo que esto te lo resume y te puede dar una idea exacta del por qué –sin mayor explicación, le tendió su teléfono.
Era la página virtual del mejor periódico de Rusia. Uno que nunca era amarillista. Uno que nunca se jugaba a un bando en particular, sino que respetaba incluso todos los credos…
Mas no ciertos aspectos "morales".
Por eso, el horror pasó a mudarse en las facciones más orientales de ese dúo. Oprimiendo ambos corazones.
- ¿…cuándo pasó esto…?
- En el caso de nuestra foto, es del día en que nos declaramos mutuamente… No hay un beso de por medio, ni siquiera contacto físico, porque prometimos dejarlo para después de su cumpleaños, pero… ¡Mierda! –en otras circunstancias, Yuuri se habría sorprendido al oírlo a él hablar de esa manera, siendo tan formal y serio- Lo que no quería para él pasó. Le he destruido la carrera.
- …lo de ustedes puede arreglarse, lo de ustedes puede pasar por una amistad cercana…
- Mira las libretas que están sobre la mesa, Katsuki, son las declaraciones que estúpidamente le pedí que hiciéramos cuando no encontrábamos manera de decir lo que pasaba, ¡incluso sugerí el inglés, y la maldita foto las muestra casi en zoom!
- ¡Y yo lo besé, por primera vez en la calle, por celos! –gritó.
Afortunadamente estaban solos, en un parque casi abandonado. Otabek sí se permitió sorprenderse, porque no cabía en su cabeza que esos dos hubiesen tenido problemas de ese tipo, con lo mucho que Nikiforov se desvivía por Katsuki, y por lo mucho que él vivía para hacerlo feliz.
- Lo había visto la noche anterior yéndose a un bar con Chris, sin avisarme antes. Y al llegar a casa, pese a no oler a alcohol de manera exagerada, dijo que se habían ido a tomar un café. Al día siguiente fue igual, y luego también, por una maldita semana, y yo… Yo no soy como Chris, él se ve mejor con él…
- Katsuki
- Debió quedarse con él, después de todo tuvieron un algo en el pasado…
- No seas idiota, él te adora
- Siempre fueron cómplices en todo…
- Sabes muy bien que, si te refieres a noviembre, era que te estaba preparando una sorpresa…
- Sí, fue noviembre, pero siempre hablan por teléfono, ellos
- ¡Tú y Chulanont también!
- ¡Pero yo nunca he amado a mi mejor amigo! Solo al de ahora… –lo miró a los ojos. Y ya ninguno pudo reprimir aquello que se desbordó con fuerza.
Se dieron espacio, varios minutos, sabiendo por el sonido de vibración del celular de Otabek, que probablemente Yurio estaba empezando a preguntarse por qué tardaba tanto en llegar, cuando acababa de decirle que estaba yendo a visitarlo un par de semáforos antes de aquel desastre.
- …no puedo dejarlo sin responder…
- Me has prohibido responderle a Vitya, y encima me obligaste a mentirle… -su voz entrecortada sonó a reproche.
- Porque no tenía ningún plan en mente, Katsuki…
- ¿Ahora sí lo tienes…? –sus ojos cafés lo observaron casi con odio, y se mantuvieron así, mientras el kazajo contestaba.
- Hola, Yura… Lo siento mucho, yo… Encontré en el camino a Katsuki, estamos de compras –Yuuri mutó su ira en indignación- Oh, estás con Nikiforov… -que se transformó en dolor, por lo que se mordió la lengua para no gritar- Ok, cuando terminemos iremos a verlos, espérennos en tu departamento –colgó. Ambos temblando.
Y Yuuri entendiendo.
- ¿…esa es tu idea de plan…?
- Sabes que no hay otra. Si nos quedamos a su lado, ellos sufrirán, tanto por amarnos como en lo profesional…
- ¿Quieres que vaya a nuestro departamento aprovechando que no está, y me vaya como si fuera un ninja? –en otras circunstancias hubiesen reído. Pero no, esto era tan doloroso que dudaban volverían a reír.
- No, Katsuki, hoy no… Hoy no… -no podía, no podían. Yura no había sonado desesperado por una noticia de ese calibre. Estaba colérico, y Nikiforov ansioso, pero no desesperados.
Probablemente, con lo distraídos que eran, aun no se habían enterado de la bomba.
- …no puedo creer que…
- Katsuki…
- Voy a matar a Vitya con esto… -se dejó apoyar contra la baranda, llorando a mares. Sabiendo que la sugerencia de Otabek, era "lo correcto".
- Wuaaa, AMAZING! –Viktor aplaudió al ver todos los platillos que Kirishima invitaría en esa reunión, junto con Takafumi. Habían permitido que ellos les invitaran, y no los jefes, por ser una retribución a toda la hospitalidad y cariño.
- Espero que aun no hayas probado alguno, Viktor…
- Espero lo mismo… pogque…guando vog… um dogde mi sugra
- Vitya, por favor, no hables con la boca llena… -Yuuri le limpió la boca con la servilleta.
- ¡Jajaja, son adorables! -Yukina aplaudió la gracia, sonrojando al japonés, y contagiando su alegría a Viktor -Oh, Yuri-kun, ¿puedo llamarte así, verdad? –aunque el castaño era demasiado extrovertido para el carácter de Yurio, el ser casi contemporáneos estaba logrando que él lo aceptara de buenas maneras.
- Sí, no hay problema. Siempre y cuando pueda decirte Yukina.
- ¡Sí puedes! Aunque, es la manera en que Kisa-san suele llamarme… -miró a su novio.
- No hay problema alguno, en serio –el moreno sonrió, divertido, y feliz porque Yukina estuviese haciendo amigos nuevos, y sobre todo, de su edad.
- Mi Kisa-san es tan lindo, ¿verdad que es muy kawaii? –Otabek le hizo una señal de "Ok", mientras Yurio sonreía de lado- Jejeje, bueno, como decía, Yuri-kun, ¿me dejarías intentar hacer un retrato de ustedes dos?
- ¿Eres artista…? -se sorprendió. Lo había imaginado más como un modelo de ropa.
- Estoy en mi último año. Mi profesor me ha pedido que intente cambiar de rostros, porque ya está un poco cansado de ver a Kisa-san en todos mis trabajos –rieron- Y como es la primera vez que conozco extranjeros, creo que estará feliz. Ustedes definitivamente no lucen como japoneses.
- En ese caso podrías también intentar retratar a Vitya, Yukina-kun –Yuuri se contagió de la alegría del jovencito, gracias a las dos copas de saque que ya llevaba bebidas- Y si logras sacar el color exacto de sus ojos, te permitiré retratarme en mi traje de
- ¡Es una excelente idea, mi amor! –Viktor lo abrazó, hasta asfixiarlo, sin dejarlo terminar.
Generando cierta sospecha en el otro peli plateado.
- Yokozawa nunca ha resistido el alcohol. A veces me pregunto si alguna vez le habrá donado sangre a mi Ritsu…
- ¡RETRÁCTATE! –ambos ukes se quejaron, acusándolo con el dedo.
- En realidad, yo apostaría a que mi Misaki es el más inocente de todos. Él se marea incluso con el aroma de los hoteles del amor cuando vamos a hacer
- ¡YO RESISTO! –el más pequeño gritó, defendiendo su honor, y dignidad.
- ¿Yuri-kun tiene resistencia? –Chiaki habló con timidez, y suspiró aliviado al ver que le sonreían.
- En realidad, como soy el menor de esta sarta de desadaptados, he empezado a beber hace poco tiempo, sensei. Pero creo que el sake me sienta bien…
- ¡Yuuurio, baileeemos…!
- …a diferencia de cierto cerdo, que como pueden ver, se embriaga con todo…
- ¿Le da por bailar cuando se pone ebrio…? –Hatori se interesó.
- Sí. Por bailar, incluso sensualmente –Mila rió divertida, diciendo kanpai con Mino.
- Vaya. Bueno, al menos no besa a su mejor amigo… -gruñó a Chiaki, quien se puso colorado.
- Misaki se pone extremadamente sincero…
- Yura se vuelve dulce…
- …hoy duermes en el sofá, Beka…
- A Ritsu se la da de resistente y termina siendo un blanco fácil para los pedófilos…
- ¡No es cierto, solo me he emborrachado en tu departamento!
- Por eso… -Ritsu lo miró con odio.
- Entonces, tenemos que… -Mila sacó su celular y empezó a anotar- Misaki-sensei se pone sincero, Ritsu-san intenta seguir bebiendo, Yurio se pone dulce, Haru-chan, bueno… Digamos que es un Yuuri senior –ambos chocaron palmas, ya con las camisas abiertas, para deleite de sus parejas- Yo en verdad soy muy resistente –y no mentía, tal y como atestiguaban las diez botellas de sake que, si, se habían bebido solo entre ella y Mino- Así que… Kisa-san y Taka-chan, ¿cómo son cuando se emborrachan…?
- ¡Kisa-san se pone muy caliente! Y en verdad usa la boca muy
- ¡YUKINA!
Mientras ellos discutían, y el resto celebraba lo erótico de esa confesión, Zen tocó la mano de su novio, bajo la mesa, y la acarició, recibiendo una mirada dulce a cambio.
- Mi Takafumi también usa muy bien la boca –su novio se sonrojó de manera brutal, captando la atención del resto- para desnudar su alma. Y déjenme decirles que eso me sedujo más que su cuerpo desnudo frente a mis ojos, la primera vez que me deleité con esa parte de él… -Takafumi podría haberlo golpeado, pero bajó la mirada, cohibido por los silbidos y aplausos emocionados, especialmente de parte de Yuuri y Haruto, quiénes lo invitaron a desnudarse de una manera no tan kawaii.
Hasta Yurio celebró ese arranque de estupidez del cerdo y de su Jefe, al menos hasta que un recuerdo fue atraído a su memoria, al mismo tiempo que a la mente de Viktor…
Nada más Yurio había colgado el celular, el timbre había sonado, con insistencia. Iluminando el rostro de Viktor, quien aun en pijama, había corrido a la puerta. Olvidando que Beka había dicho que estaban de compras, por supuesto.
- ¡YUURI! –para toparse con la cara pálida y los ojos desorbitados de un hombre mayor- Yakov…
- Oi, ¿estás bien...? –Yurio fue el primero en reaccionar, tomándolo con preocupación por el brazo.
Pero el hombre no respondió. No lo hizo. Solo los barrió con la mirada, y se dejó caer en un pequeño buró que Yurio tenía a la entrada del departamento.
- Por lo que veo… ustedes no… ¿Dónde está Katsuki, Vitya?
- De compras, con Beka –al ruso menor un intenso dolor empezó a aguijonearle el estómago, pero Viktor parecía en shock.
- Yakov, ¿acaso sufrió un accidente...?
- No, no, Vitya –tuvo que reestructurar su lenguaje corporal para levantarse y sentarlo a él en el mueblecito, y de paso para apoyar una mano en el hombro del otro chico- Vitya, Yuri… ¿Han sido siempre cuidadosos con sus relaciones, verdad?
- ¿Eh? –lo miraron sin entender.
- Anciano, me estás poniendo nervioso, ¿por qué preguntas algo como eso?
- Sabes que jamás podría exponer a Yuuri a nuestra sociedad doble cara y homofóbica, ni siquiera le he dicho lo que podría pasar si alguien nos ve siendo como somos en la intimidad. Afortunadamente él siendo japonés es discreto, y nunca me ha cuestionado ello.
- Y Beka me respeta, Yakov, sabe que aun soy menor de edad. El muy idiota ni siquiera me ha besado…
- Entiendo…
- Lo que ocurre en nuestro hogar es algo que yo atesoro para compartirlo solo con mi Yuuri, y cuando estamos juntos, con ustedes, que son como mi familia. Yo jamás po
Pero Yakov lo silenció, acercándose al televisor y encendiéndolo. Justo en el programa de noticias que Yuri solía ver a esa hora.
…y el comportamiento de Yakov cobró todo el sentido del mundo.
Aunque en esos momentos, el mundo pareciese haber explotado, o detenido su curso. Especialmente para el de edad intermedia.
- …se acabó…
- No, esto no… ¡ES INVASIÓN A NUESTRA INTIMIDAD, NO AUTORIZAMOS JAMÁS ESAS FOTOGRAFÍAS!
- Yuri, un paparazzi no necesita de
- ¡CON UNA MIERDA, ES LO QUE SOY, Y ÉL ES LA PERSONA QUE HE ELEGIDO! Le he dado a Rusia mis mejores años, ¡NO ME JODAS, YAKOV! –lágrimas de impotencia empezaron a caer, odiaba con todo su ser al mundo por ese maldito instante de desorientación y debilidad. No, no podían darle a elegir entre las dos cosas que más amaba en el mundo, ¡NO ERA JUSTO!
- Vitya… -pero el sentido susurro del anciano lo llevó a voltear hacia su amigo.
Y lo que vio, lo aterró más que esa noticia.
Porque Viktor parecía una figura de hielo rota en pedacitos.
- …se acabó. Si Yuuri ve eso, se acabó… Él no, él no…
- Cálmate –Yakov apoyó sus manos en sus hombros, y los apretó, hablándole con voz paternal- Encontraré una manera, te lo juro… No vas a renunciar a nada, y Yuri mucho menos. Ahora simplemente hay que
- No les diremos nada, Viktor.
- ¿No crees que deben haberlo visto ya? –el ruso estaba deshecho, y ni siquiera el abrazo de aquel hombre que era como su padre logró serenarlo- Con toda esa sarta de malnacidos –luego pareció recordar algo, porque se puso de pie como un poseído, sus cabellos casi poniéndose en punta, por poco y tumbando, con su rechazo enajenado, a Yakov- Los pueden atacar... Yurio, vamos, por favor, ¡LOS VAN A DAÑAR!
- ¡Vitya, por favor! –intentó detenerlo, ayudado por el más joven, que ya empezaba a contagiarse.
- Viktor, cálmate, ¡DEJA DE DECIR ESTUPIDECES!
- ¡ME VAN A MATAR A YUURI! –tras su grito desesperado, la puerta mal cerrada cedió, y unos estupefactos Katsuki y Otabek ingresaron, mirándolos como si no los conocieran.
- …Beka… -contra todo pronóstico, fue Yuri quien saltó sobre el amor de su vida, y lo abrazó con fuerza, logrando que soltara las bolsas de compras.
Mientras Yakov se acercaba discretamente a la puerta para cerrarla, luego de apagar bruscamente el televisor, Viktor se acercó a su novio, sin apartar su mirada inflamada de esos ojos que adoraba con todo su ser.
- …tardaste mucho…
- Yo… -Yuuri hizo un esfuerzo sobrehumano para no quebrarse, y lograr mentirle apropiadamente, sin siquiera atreverse a preguntar el motivo de ese rostro inflamado, el grito, y su desesperación- Perdóname. Quería hacer la cena para ambos esta noche. Ya sabes, un día como hoy, fuiste a Hasetsu, por mí…
A Viktor le valió bien poco la presencia del kazajo, de los rusos, de Dios… Lo besó, mandando al diablo incluso la perspectiva de ese delicioso platillo que era casi como el blasón de su pequeña familia de a dos.
- No vuelvas a irte tanto tiempo, por favor… -y luego suplicó en su oreja, quebrándolo, aunque Yuuri hizo gala de todo su histrionismo para no mostrar su dolor- Por favor… Yuuri, me voy a morir si no te tengo…
- …la sola idea de dejarte ya me mata. Serías capaz de crear una bomba atómica en mi cocina… -se separaron y se miraron a los ojos, intentando sonreír con ese intento barato de comicidad. Yuuri limpió el agua que emanaba de esas hermosas lagunas, odiándose como nunca porque sabía que pronto terminarían por convertirse en un par de cataratas, a menos que…- Luego de esta temporada, ¿podemos irnos a Japón… para empezar de cero…? –esa pregunta, a Viktor, le dio muy mala espina. Pero prefirió callar.
Grave error, o gran acierto.
- Es la última temporada. Te lo juro. La última, mi amor.
Otabek quiso contenerse, quiso en verdad no hacer las cosas de esa manera. No deseaba quedar como el maldito canalla que le robase su pureza, cuando pronto se iría… Aunque habían acordado evaluar cómo variaría todo ese desastre, se irían… Dios, lo adoraba, daba todo por él… Incluso su propio corazón hecho añicos.
Quiso contenerse, pero no pudo. La sensual piel lo llamaba como un imán. La boca exigía aprovechar el tiempo perdido. La inocencia suplicaba por ser mancillada con la dulzura del deseo primero, y… Beka fue deliciosamente débil, y Yura cruelmente sensual.
Sin embargo, pese a que el amor se hizo en las sábanas de animal print, y la habitación se llenó de una música que danzó entre el Ágape y Eros, ninguno dijo nada sobre las lágrimas del otro. Solo se intuyeron, se pasaron la noche intentando convencerse que era solo la emoción de esa primera vez anhelada. Pero, aunque intentaban solo pensar en ese milagro de amor, el milagro de amor los llevaba a ese maldito infierno de la mañana…
A esa crueldad atroz vuelta titular…
"El mundo del patinaje se resquebraja: Estrellas rusas incapacitadas para representar la dignidad de Rusia, tras mostrar su enfermedad en público"
El día que entendió que lo amaba… ese día descubrió que no importaba que Yuuri y él se viesen similares frente a un espejo. Que a uno de los dos le faltaran las cosas que se suponía debían convertir su potencial relación en algo natural.
Ese día, en realidad, ni siquiera le importó la idea de que tal vez, llegado el momento, le daría asco tener sexo con él, siendo su real primer amor masculino. Porque, ese día, se dio cuenta de que necesitaba esa alma para que la suya siguiera creciendo. Esa alma que danzaba en un cuerpo que le era atractivo y perfecto, incluso con sus kilitos de más y las pequeñas muestras de sus victorias frente a su metabolismo.
Solo le importaba haber descubierto que él también podía decir que estaba enamorado, y por eso, por esa certeza ya aceptada, y que llevaba analizando desde hacía meses atrás, fue que le robó aquel beso. No, no el público que supo disfrazar muy bien de un abrazo espontáneo y medio violento. Aquel beso en el Onsen, un día que estuvieron a solas, y que Viktor aprovechó para pedirlo como enamorado, tras descubrir que Yuuri también lo miraba más allá de su admiración como estrella.
Se habían mirado como en ese instante compartido, en el que Viktor y sus preciosos e inolvidables ojos pedían permiso en nombre de su cuerpo, para fusionarse con el suyo, para convertirse en uno…
- …cada día creces más…
- Es tu culpa. Le aplicas muchos estiramientos ahí abajo…
- Ahhh, cállate… Vit
Lo besó, sintiendo esa deliciosa mezcla de placer y dolor compartido, esta vez en todos sus planos existenciales…
¿Y si Yuuri lo sabía, y ya andaba planeando algo…?
Pero Beka también lo sabría, y ya Yurio le habría avisado…
¿Y si Otabek obligaba a Yurio a no comentarle?
Aunque la fidelidad de ambas parejas era indiscutible, estaba seguro que Yurio no le ocultaría nada…
¿Y si
- Ahhh, Vitya, onegai! –embriagado por la sensualidad del japonés en labios de su novio excitado, el problema se fue al mismísimo infierno, para permitirle concentrarse en hacerle el amor hasta que ambos estuviesen satisfechos.
- Yuuri… te amo…
Habría dado todo por extender esa noche, por ser telépata…
Por atarlo a él…
- …primera y última vez que salgo a beber con ustedes…
- ¡VAAAMOS, YU-CHIN, NO SEAS AGUAFIESTAS! –abrazado a Yokozawa, Chiaki y Yuuri, Ritsu avanzaba dibujando enormes "eses" por la vereda. Gracias a todos los dioses de Japón y del Olimpo, no había nadie en las calles en ese momento, aunque un par de "Shhh" se dejaron oír por culpa de los alaridos que se lanzaban cantando el opening de un anime de deportes.
- Creo que fue por culpa del tequila que ordenamos…
- ¿Ordenamos? ¡Es mucha gente, vieja bruja, tú los has intoxicado!
- Yuuri pidió gasolina para poder pisar a fondo, y lo sabes. Yo nunca dejaría a mi amigo sin sus deseos cumplidos –Mila se abrazó a su sonriente novio.
- Creo que Kisa-san debería quedarse conmigo… ¿Mañana debe ir temprano a Marukawa, Takano-san…?
- Descuida, Yukina-kun. Tienes permiso para aprovecharte de él… Yo haré eso con el mío -Ritsu estaba tan ebrio que le celebró el comentario.
- Y yo –soltó con voz ronca Hatori, pegando a su cuerpo a un Chiaki que empezaba a quitarse la camisa para bailarle a Usagi.
- ¡Els conseeejo es mío, coleja…! –pronunció con un vago intento de… ¿japonés?, el buen Misaki, agarrándose a la pierna de Akihiko.
Sí, había estado intentando hacer algo parecido al paso de la oruga… Inventos de ebrio.
- ¿…el qué? –preguntó temeroso Hatori, con Chiaki ya en coma, sobre sus brazos.
- Se refiere a mí. Bueno, creo que es hora de irnos –Usagi alzó a su principito en brazos, y por primera vez no fue rechazado- Gracias por todo.
- ¡A usted, sexsei! –definitivamente, pensaron Kirishima y Takano, Haruto era y hacía todo lo que NO debería ser y hacer un Jefe
- Te llevo a tu casa, vamos en taxi. Ya luego me iré a mi departamento –Viktor aprobó ese ofrecimiento de Mino a su hermanita Mila, aferrando la cintura de un Yuuri que no dejaba de bailarle, moviendo sus caderas contra su cuerpo.
- VIKTORUUU, BE MY COACH, ONEGAI!
- ¿Podrás con él solo? ¿Dónde viven? -mientras Kirishima ofrecía a Takano compartir un taxi, ya que vivían relativamente cerca, Usagi se acercó a ellos, con un dócil Misaki ya durmiendo contra su pecho.
- Jejeje, créame que cuando se pone así, lo mejor es dejar que gaste ener -fue callado con un beso.
- Creo que lo mejor va a ser que de una u otra mane…ra -el pobre Daiki tuvo que aplicar un poco de fuerza para mantener quieto a Haruto, quien amenazaba con terminar de quitarse la ropa, llamando a Yuuri con ambos brazos- nos vayamos acompañados, Viktor. Si la memoria no me falla, ustedes viven en el mismo departamento de sensei…
- ¿En serio, ustedes? -no es que Akihiko fuese presumido con respecto a su poder económico, pero… Como habitante de aquel universo, sabía muy bien que pocas personas podían permitirse semejante lujo.
Y entre ese grupo, NO estaba ningún editor, ni siquiera el propio I-baka (sí, así lo había bautizado en su mente al pobre Ryuuichirou).
- Hem… larga historia… Cosas de herencia -Akihiko prefirió no seguir indagando.
Pero aquella expresión lo llevó a sacar varias propias conclusiones adicionales.
- Entonces, quedamos así. Viktor y Usami-sensei juntos, con Yuuri y Misaki-kun…
- Nosotros también compartiremos taxi -el instinto protector de Takano y Kirishima se había reactivado, cuando sus novios empezaron a bostezar y perder fuerza para mantenerse en pie.
- Yura y yo iremos con Yukina y Kisa-san. Vivimos cerca de aquí después de todo -entre el ruso menor y el kazajo ayudaron a colocar a Shouta en la espalda del menor.
- Arigatou -quien les regaló una sonrisa agradecida.
- ¿No quieren quedarse con nosotros? Hay dos habitaciones disponibles, Yurio -Viktor siempre se preocupaba cuando amenazaban con caminar tan de noche. Después de todo, el lazo entre él y el rubio se había intensificado demasiado en aquellos años.
- Estaremos bien, viejo. Yukina se nota que sería capaz de derribar a ese idiota canadiense… -era un mensaje cifrado que celebraron junto al kazajo, haciendo parpadear a Yukina.
- Sí que tienen amistades en todo el mundo… Cuando sea famoso, espero poder llegar a conocerlos a través de ustedes… -los tres sonrieron con esfuerzo ante el comentario del estudiante.
- ¡YAY, YUKINA-KUN IRÁ A RUSIA, A ITALIA, A TAILANDIA, A COREA…!
- ¿Es miembro de algún grupo yacusi? -Mino por primera vez mostró estupefacción al oír a Yuuri. Mila se puso a reír.
- No. Pero debo reconocer que fuimos muy rebeldes. Vamos ya, tu bebé debe estarte esperando -Mila soltó aquello sin más, y tras despedirse de todos con besos volados, se subieron al primer taxi que llegó.
- …mañana me va a oír esa niña… -a Viktor esa información no le había gustado nadita.
- Nosotros también nos vamos. Aunque mañana tenemos libertad de ingreso, hay un par de proyectos te debo atender antes de ir a Dahari con Ritsu -estrechó la mano de Daiki, el otro medianamente cuerdo en ese subgrupo.
- Vayan con cuidado. Espero sus madres no se molesten por la hora, Zen-kun.
- No lo creo. Más bien, sé que se alegrarán de que Takafumi y yo hayamos tenido al fin un momento de alegría sana, con amigos nuevos y antiguos -Masamune le sonrió.
- Igual le contaré cuan odioso estuviste a Saki-haha. Ella me quiere más a mí.
- Te odia por lo que le hiciste antes a mi Takafumi…
- Solo te acepta porque eres hijo de su mejor amiga…
- ¡Me quiere como a un hijo!
- ¡Yo SOY su otro hijo!
- Ay, Dios mío… -Daiki paró otro taxi y prácticamente los metió a los cuatro a la fuerza- ¡Hasta mañana! -para luego tomar el que venía detrás, con su esposo.
- Los acompañamos hasta la avenida -a Hatori no le hacía gracia, ni a Yuri, la insistente mirada devota de Otabek hacia el mangaka, pero… Tampoco se sentía correcto dejar que los más jóvenes se marchasen solos.
Así que, junto a un Yukina convertido en caballito, y un Beka que decidió dejar de hacer sentir incómodo a su novio para tomarlo de la mano, Hatori emprendió el camino, luego de despedirse todos del escritor y Viktor.
- …creo que ahí viene un taxi… -Viktor se sentía un poco incómodo, aunque no entendía el por qué.
Tal vez, era que siempre había creído ser especial por el color de sus cabellos, y ojos, pero el hombre delante suyo, mayor por poco probablemente, era igual de interesante y atípico, para ser japonés.
- Hai -lo detuvieron. Y tras un acuerdo silencioso, Akihiko dejó al cuidado de Viktor a su mayor tesoro, en la parte de atrás, junto a Yuuri.
Dos semanas. Dos semanas había durado aquel ir y venir de mentiras, de arrepentimientos.
De milagro, aunque la realidad había sido el desembolso de casi todo el patrimonio personal de Yakov y su recién recuperada Lilia, la prensa quedó en silencio, luego de un titular que atribuía dichas fotos a una propuesta artística de un cineasta anónimo. Uno que había, supuestamente, usado dobles, para unas tomas previas. Lo curioso es que la gente se lo creyó, y volvió a idolatrar a la Leyenda Viviente, y al Hada Rusa, en igualdad de condiciones…
…mientras ellos iban día a día a entrenar… la manera en que defenderían su derecho a patinar, sin dejar su necesidad de amar frente a un maldito tribunal intolerante. Porque si bien el "casi" de la inversión de Yakov y compañía se debía al apoyo monetario de la Federación Rusa, ésta no los había perdonado. Claro que no. Eran una mancha, y como tales, debían limpiarse, así se tuviesen que emplear los peores métodos de exorcismo.
- De modo que insisten en mantener su pecado…
- ¿Qué pecado? No he difundido ni una sola puta vez mi relación, ¡ni siquiera lo sabían mis amistades o familia!
- Yurio, por favor, cálmate…
- ¡No me calmo, Viktor! ¡Es mi derecho, me lo he ganado! Me he lesionado, me he quedado sin una educación básica, sin posibilidad alguna de ser alguien más que un patinador, ¡por Rusia! ¡Rusia no va a joderme la vida en ese aspecto!
- ¿No decías que lo más importante era el patinaje para ti? -el abogado impuesto por la Federación no mostró ningún tipo de respeto por ambos, desde el inicio.
- ¡Y Beka también! ¡Así como Yuuri lo es para Viktor! -había hablado por ambos, sin siquiera consultarle. Porque sabía que Viktor estaba bloqueado.
De pasar a ser venerado por todos sus compañeros, ahora lo miraban con asco. Una modificación de actitudes que había golpeado su ego, y bondad.
Viktor no era fuerte emocionalmente, aunque supiese actuar a la perfección.
- Nunca estuve de acuerdo con que ese japonés mediocre entrase a esta Federación, y tú me desobedeciste, Yakov. Eres tan culpable como estos dos de todo este desastre -el superior miró con odio al entrenador anciano, pero él mantuvo su mismo semblante.
- Le prohíbo hablar así.
Aquella voz de hielo, tan fría y dura, asustó a todos los presentes.
De pie, con las manos apoyadas en la mesa, Viktor tenía un semblante increíble, que nadie hubiese creído antes que podía poseer.
- ¿Me has callado, moc
- Le prohíbo hablar así de Yuuri, de Beka y de Yakov. Ninguno de ellos tiene la responsabilidad sobre las decisiones que tomamos, y mucho menos sobre nuestros sentimientos.
- Esos dos son
- ¡Katsuki Yuuri ayudó a demostrar al mundo que Rusia era tan grande como para explotar todo el talento de un patinador inseguro! ¡Otabek Altin le ayudó a una promesa creciente a alcanzar un programa que su personalidad jamás iba a lograr por sí sola!
- Viktor…
- Yakov… Yakov es padre y madre para muchos de nosotros -su voz tembló un poco, pero se mantuvo en el mismo nivel, ajena a los ojos húmedos del hombre mayor- No se atreva a hablarle así al único entrenador ruso que ha llenado de gloria a este país que usted dice defender…
- Claro que reconozco del valor de Yakov. Pero lo de ustedes es asqueroso, insoportable y antinatural. Y encima lo han seguido exhibiendo.
- ¿Seguido…? -esta vez, ambos se miraron, aturdidos, y luego pidieron una muda explicación a Yakov, quien se veía igual de desconcertado que Lilia.
- Claro que sí. Vorobiov, por favor…
Un hombre al que no llegaron a ver bien en un inicio, se acercó presuroso a la laptop alistada para él. Y ahí, en menos de cinco segundos, proyectó en el ecran las dos cuentas Instagram de Viktor y Yuri.
Donde figuraban unas fotos más que explícitas de ellos con sus parejas, la noche anterior.
- No…
- …yo… yo no…
- Por lo visto, adicional al delito de homosexualidad, debemos mandar arrestar al kazajo por abuso a un menor -en ese momento, Yuri se arrepintió de haber insistido.
- Y al japonés igual… ¿esa sábana tiene los colores de nuestro escudo…? ¡Ofensa nacional!
A Viktor, esa voz se le quedó grabada en el cerebro.
Así como también la mirada cruel de aquel hombre apellidado Vorobiov, que lo señalaba burlón con el dedo medio, desde la silla tras la mesa de la laptop.
- Yakov…
Pero tuvo que alejar sus ojos celestes, al escuchar la voz vulnerable de Yurio, tan infantil y débil en ese instante.
- Pongo las manos al fuego por Otabek Altin, siempre lo ha respetado… Ambas fotos pueden ser un retoque de Photoshop, ¡exijo una copia!
- ¿También es un pervertido, Yakov…? -el maldito hombre de informática se burló también del anciano, haciéndolo callar, y palidecer a Lilia- Con una mujer tan hermosa al lado, debería pensar como ruso...
- No colgamos esas fotos. Yo nunca le haría eso a mi Yuuri, y jamás he ofendido a mi país, a Kazajistán o a Japón… Si los inmiscuyen, harán estallar una nueva guerra con ese país, porque Yuuri es su héroe Nacional, y lo saben.
No supo de dónde había sacado aquel comentario, pero obtuvo un poco de satisfacción personal cuando los ojos grises de aquel hombre mostraron miedo, mal ocultado por sus rizos rubios ligeramente largos.
- Quiero ver que Japón y Kazajistán se alegren porque metan presos a sus héroes…
- …tocar a Katsuki está fuera de discusión… Pero lo de aquel kazajo
- ¡FUE CONSENTIDO! -en su desesperación, Yuri confirmó parte de aquella pesadilla, arrancando el miedo de los ojos grises, y reemplazándolo con malicia.
Se acercó a ellos, acomodando sus cabellos con seducción, y alargó la mano, para agarrarle el mentón, asustándolo, ya que nunca antes lo habían tocado de esa manera.
Haciéndolo sentir sucio, por ser hermoso.
- Consentido, ¿eh? Si tienes tantas ganas de saber lo que se siente, ¿por qué no buscaste a un hombre de verdad? Yo me ofrezco a enseñarte lo que ese mono deforme no te haya mostrado…
Esa era claramente una verdadera amenaza de violación, pero para indignación de todos sus amigos, los demás, incluyendo el líder en esa sesión, vitorearon la infamia de ese sujeto.
- ¡ALÉJATE DE YURI! -pero para sombro de todos, una ráfaga roja lo empujó con fuerza, y protegió con su delicado cuerpo al ruso, que temblaba de miedo, deseando tener ahí a Otabek.
- Mila…
- Maldita basura… -las lágrimas que surcaban por las mejillas femeninas eran de rabia e impotencia- Hijo de puta… Me sedujiste para robarme el celular, y hacer esta infamia, ya que como una estúpida mencioné que ellos entraban a sus cuentas desde ahí, cuando se quedan sin batería… ¡ERES UNA RATA!
- Mila -Viktor la abrazó, fuerte, y de paso también a Yuri, sin entender de qué hablaba la jovencita.
- Recién te vuelves decente, ¿verdad, perra?
- ¿Cómo te atreves? -Lilia quiso lanzarle una bofetada, pero ese orangután agarró su mano alzada con tal fuerza, que Yuri juraba que le rompería su muñeca.
Miró, con horror, cómo aquella mano con aquella extraña coloración apretaba cada vez más fuerte.
- ¡SUÉLTALA! -Yakov intentó acercarse, desesperado.
- ¡BASTA, VOROBIOV! -una potente voz de hombre resonó por todo el lugar, atrayendo la mirada de todos hacia la puerta.
Viktor volteó.
Y sus ojos celestes nunca, pero nunca, pudieron olvidar el color de la mirada del hombre que acompañaba al caballero que había hablado como todo un líder.
Con cuidado, mientras Akihiko levantaba el edredón y las sábanas, Viktor recostó a Yuuri, procediendo luego a retirarle los zapatos, para terminar cubriendo su cuerpo aun vestido.
- Cuando venga a acostarme le pondré su ropa de dormir, ¿desea tomar un poco de café ruso…? -era lo mínimo que podía hacer, aunque el hombre no terminara de gustarle.
- Me encanta el café -esperó a que el dueño del departamento besara la frente de su novio, apagara la lamparita, y sonriera de manera tierna cuando a Yuuri se le escapó su nombre, en sueños.
- …Viktoruuu… taskete…
- Jejeje, me recuerda a Misaki cuando termina muerto de cansancio tras un día de mucho estudio…
- Yuuri también suele sobre esforzarse… Son muy responsables, después de todo… -salieron a la cocina, pasando un rato por la sala para que Akihiko cubriera a su pequeño con la mantita de perritos que le había dado Viktor.
- Oh -pero se detuvo un instante, al ver que Misaki abrazaba, en sueños, a un perrito mediano, de color canela. La imagen era sencillamente adorable.
- Maccachin… No vayas a despertarlo, ¿sí? -susurró, acariciando las orejitas peludas- Yuuri ya se fue a dormir -viéndolo tan… paternal, Akihiko decidió confirmar sus sospechas de una vez por todas.
- Tengo una duda… -lo siguió a la cocina, sin invadir su espacio, sentándose en una de las sillas de la mesa para dos.
- Dígame, sensei -sonrió, encendiendo la cafetera.
- ¿Cómo es que nadie los ha reconocido, ni siquiera al Corazón de Cristal de Japón…?
A Viktor casi se le resbaló la taza con el platito. Y lo miró, palideciendo.
- No… no sé de qué habla, sensei…
- Lo sabes. Aunque yo también desearía olvidarme de todo si fuera tú, dudo mucho que hayas olvidado al hombre que más deberías odiar en este momento…
Y el misterio quedó resuelto…
- U…Usami… ¿Qué…qué hace aquí?, ésta es una sesión privada de la Federación Rusa únicamente
- ¿Es así? Extraño. Cuando mi hijo menor pidió patrocinar a Viktor Nikiforov y Yuri Plisetsky, dijeron que tendría carta blanca para entrometerse, gracias al generoso donativo mensual…
- Cla…claro, pe -calló, ya que Akihiko se acercó al tipo extraño, intimidándolo.
- Así que te encanta editar imágenes… ¿Qué me ganaría si logro que, ésta de aquí -una nueva se proyectó en el ecran; una en la que una mujer corría aterrada, seguida de cerca por aquel tipo, con una evidente intención de abusarla- sacada de una peli porno y adornada con tu asquerosa cara, pase a manos de la Policía Rusa, o mejor dicho… -sonrió de lado, con burla- de la KGB…?
- …no -palideció, temblando- ¿Q…Quién carajos es este tipo, Dimitri? -señaló de manera grosera a Akihiko.
- Tu peor pesadilla… -las facciones se endurecieron, hasta desaparecer cualquier signo de sutileza- Amenazaste a un menor de edad con violarlo, prácticamente abusaste de una niña de buena voluntad, maltrataste a una dama, y has intentado tirar al tacho parte de la historia de Rusia…
- Hablas así porque eres un japonés enfermo, claro… Ya te recuerdo… -sonrió de lado- Akihiko Usami… más conocido como Akikawa Yayoi… ¡Escritor de porno gay! -gritó, sin obtener reacción alguna.
- Ahhh, claro. En realidad, es yaoi, mangas yaoi. El porno lo hago con mi Misaki -el silencio se hizo más potente- Pero bueno, mi vida a Rusia no tiene por qué importarle, después de todo, mi país los supera en ciertos aspectos morales, pero a mí sí me preocupa la de ellos -los miró a los ojos- No puedo hacer nada por solucionar el tema del escándalo que este cretino ha suscitado, pero créanme que hallaré la manera de destruirlo…
- …hijo de -Vorobiov salió corriendo, huyendo como una rata, para horror e indignación de Mila, que se abrazó a sus amigos luego de intentar detenerlo, en vano.
- Pero, sí puedo intentar que ustedes no tengan que renunciar a ninguna de sus dos pasiones -el silencio se rompió, en la misma medida en que los corazones se llenaban de esperanza.
- Eso es imposible. O persisten en su enfermedad o se dedican exclusivamente al patinaje.
- Eso lo decidirá Moscú -los directivos palidecieron- Yo los llevaré como abogado defensor, Dimitri.
- ¿Los llevará a la Corte? -Yakov se puso tenso.
- Los llevaré a su libertad…
- …nos llevó a la perdición -apretó los puños, recordando al fin esos ojos violetas- Si hubiésemos estado aquí ese día…
- No con intención. Pero debo decir que la decisión de Yuuri y Altin no me la esperaba, porque nunca me interesó conocerlos. Yo solo era fan de ustedes dos.
- …su decisión nadie la esperaba, nosotros menos. Por eso le hice el amor esa última noche, antes de… de la "Exhibición de Gala privada al Presidente" -soltó una risa triste- y ellos… -apretó los dientes, con rabia, al recordar.
- Nunca quise que eso pasara, y siempre me odié por haber sugerido ir a Moscú. Por inmiscuirme, dejando la celebración de mi graduación como Abogado, en Inglaterra…
- Supongo que fue un mal inicio de carrera, una pésima manera de hacerse conocido. Defendiendo a dos gais -habló con ironía y resentimiento.
- Nunca fue esa mi intención. Antes de Misaki, amé a su hermano, y él a mí no. Yo sé lo que se siente renunciar a lo que amas sintiéndote atado de manos. No quería eso para mis dos ídolos.
- …ni siquiera dejó una nota…
- ¿Por qué elegiste esto, Viktor, por qué decidieron seguir luchando…?
- ¿Dice entenderme y hace esa pregunta estúpida…? -lo miró, con odio- Me dieron a elegir en esa Corte, igual a Yurio. Me dieron a elegir y no me arrepiento.
- ¿A costa de jamás volver a hablar de tu verdadera sangre? -Viktor se quedó callado. Miró el piso, y sonrió.
- Mi verdadera sangre es Yuuri; mi nacionalidad, japonesa por amor; mi profesión, aprendida aquí en Japón, la de editor…
- Tú no te deslizas en letras y papel, no eres como yo. Lo tuyo es el hielo -fue una dolorosa sentencia.
Suspiró. Y luego miró esos ojos tan preciosos como los suyos.
- Si Misaki-sensei tuviese una enfermedad incurable, y le prometiesen curarlo a cambio de sus libros, ¿qué haría, sensei? -celeste contra violeta, desafiándose.
- Vendería todo, para lograr recuperarlo…
- Eso hice. No encontrará ninguna medalla aquí. Al fin el oro valió la pena cuando gasté todo mi dinero al buscarlos.
- ¿Así lograste este departamento? -asintió- Mocoso pretencioso -sonrieron.
- No lo hice por mí. Aquello que duerme arriba es la deliciosa enfermedad de la que no deseo curarme, y necesitaba que estuviese en el mejor lugar, para que no me volviese a dejar solo.
- Vaya… Nunca compararía el amor con una enfermedad, suena contradictorio.
- No lo es. Yuuri es un virus que me fortalece, aunque deba romper mis defensas… Es capaz de quitarme el aire, como la fiebre, y al despertar, veo que me hizo crecer más… Yuuri es algo crónico que espero solo se vuelva terminal cuando dejemos de vivir, juntos…
- …empiezo a creer que en realidad sí eres editor. Un escritor con pinta de modelo que pierde el tiempo con los libros de otros.
- Pero lo hago bien, tiene que aceptarlo -se le escapó un puchero.
- …quiero escribir tu historia de amor -intentó aprovechar ese instante de complicidad.
- No discutiré ello ni ebrio.
- Pufff… -elevó la mirada, derrotado, y luego volvió a observarlo- Concuerdas conmigo en que darías todo por salvarlo, y de hecho, lo hiciste, pero… ¿Qué hay de aquello a lo que renunciaste?
- Nunca fue lo más importante, solo un medio. Ahora me gusta editar.
- Pero no es tu pasión. Sino, esos pares de patines no estarían en la habitación, ni tu piso de madera tendría tantos rasguños -Viktor se sonrojó.
- Son las zarpas de Maccachin…
- Y yo soy monje budista… Contéstame. ¿Lucharías por volver, por hacer que él vuelva, así sea solamente por una última temporada…? -los ojos celestes se iluminaron por un instante, cuando un viento helado similar al microclima sobre la pista de hielo, le golpeó el rostro.
- Ni siquiera puedo mencionar ese deporte, sensei. Si lo hiciera en público, de seguro meterían en la cárcel a Yuuri y Altin…
- Tomaste la vía fácil de un acuerdo… Pero yo ahora tengo un arma excelente para devolverte a esas cuchillas, igual que a los otros tres. Y de paso, para salvar a personas que me importan como si fuesen de mi familia.
- ¿De qué habla? -su pecho se agitó, con ansiedad.
- Solo espera al lunes siguiente, y me entenderás…
Viktor se estremeció. Algo en esa promesa, o lo que fuera, lo llevó de nuevo a aquella tarde, cuando regresaron de Moscú…
A esa pila de fotos, metidas en un sobre, a su nombre, metida bajo la puerta de aquel departamento vacío.
A esa carta, escrita en ruso, pero con algunas palabras en japonés, que se había burlado de su nueva orfandad.
"Dile a tu abogaducho de cuarta que yo también sé jugar sucio, Nikiforov… ¿Sabes cuán fácil fue ayudar a sus enfermitos a salir de Rusia por la frontera, haciéndome pasar por un ancianito comprensivo…? Sugoi! Esos gaki en verdad fueron muy inocentes. Y pervertidos…
Baka, mil veces baka, te hubieras quedado mejor con ese suizo, así ahora te lo estarías tirando sin tener el corazón destruido. Pero bueno. Supongo que la carne kazaja es más rica que la rusa en ciertos aspectos, y eso es algo que no te compete…
Porque si antes las fotos mostraban a ambas parejas en arrumacos amorosos, Yuuri y Otabek lucían tan cómplices, tan felices… en aquellas dos únicas en las que parecían posar como una pareja de novios, aunque su Yuuri luciese casi irreconocible, con ese atuendo extraño que parecía una sotana blanca, y ese velo que bien podría ser confundido con un velo…
…de novia… haciéndolos lucir tan enlazados por esos dos hermosos anillos idénticos, que brillaban con burla en los dedos respectivos, mostrados hacia el retratista.
Eres tan marica, que no harás nada para hallarme, así que…
Te dejo mi nombre, tontuelo…
- ¿Juras poder hacerlo? -Akihiko asintió- Esperaré entonces. Ya he esperado suficiente tiempo…
Tuyo siempre, hasta que decidas abrir tus piernas…
Vorobiov Oda"
