Dado que la próxima semana estaré saliendo de vacaciones, les dejo el capítulo que cierra todo lo que vivieron los chicos YoI en el pasado. A partir del 22, retomaremos la historia central, porque ya es necesario (lo sé, lo sé), y porque increíblemente creo que este fic se resiste a terminar pronto...
Lamento mucho si la historia de Viktor y compañía fue muy triste. No había escrito sobre ellos pasando por estas circunstancias antes, porque aunque el drama en el anime se me antojó como uno de los puntos flacos de la relación Viktuuri, porque odio verlos separados, también amo la capacidad de ellos dos para reinventarse, para salir a flote luego de las tormentas. En este fic, Trifecta también tiene esa resiliencia, pero creo que Viktor y Yuuri se enfrentaron a un algo mayor...
Esto me ha generado un conflicto personal, porque Trifecta es y será muy especial para mí, pero Viktuuri sin lugar a dudas está ocupando un lugar mucho más importante... Descuiden, eso no significa que les robarán protagonismo.
Como siempre, agradeceré sus comentarios, si es que el fic lo merece. Y sus recomendaciones, ya que me encantaría que la historia sea valorada por muchas personas.
Los dejo con la entrega n.n
Razones
- Por lo visto, nunca encontraremos un instante para que me permitas explicarte cómo pasó todo, ¿verdad, Yura?
- Soy Yuri. Y no, dudo mucho que siquiera puedas encontrar las palabras adecuadas para engatusarme de nuevo con argumentos falsos.
- Y tú tampoco piensas darme unos minutos para ser honesto…
- Tuviste tu momento, y lo desperdiciaste. Ya no hay lugar para el arrepentimiento, Yuuri, o mejor dicho… ¿señora Altin?
Los habían citado ahí, y, sin embargo, pese a haber acudido, la mirada de Viktor seguía negándose a retribuir o siquiera demostrar que aun existía algo por rescatarse… y la de Yurio cada vez se tornaba más oscura, como si el verdor atribuible a un campo en primavera ahora fuese un pantano en expansión.
Yuuri suspiró, a su lado, bajando la mirada, ya con la mano ausente de cualquier anillo que no fuese el único que usaba en verdad dentro de todas las casas que habían compartido. Ante los ojos del mundo, "Yukiko", esposa de Otabek Altin, era una joven callada, con problemas de visión, un cuerpo bendecido por todo, menos curvas delanteras, y una clara tendencia casi obsesiva por usar kimonos. Gustaba de salir a la calle solo con "su marido", detestaba que la fotografiaran, y aunque todo el mundo que la veía decía que se parecía mucho a cierto patinador japonés que había desaparecido del mapa luego de su ruptura con la Leyenda Viviente de Rusia, también desparecido por la misma época, ella solo reía tras su abanico de grullas. Todo el mundo entonces entendía que era una blasfemia comparar a una chica tan adorable de cabellos sedosos anormalmente largos con un hombre tan desabrido como aquel japonés, que solo había traído vergüenzas a su pueblo. Y así, medio año después de que la "pareja" se mudase a aquella prefectura donde nadie sabía de patinaje, y a aquel barrio donde nadie siquiera sabía que Katsuki era un apellido netamente japonés, ya nadie se cuestionaba cómo un tipo con pinta de gamberro había conquistado a una chiquilla tan maid. Aunque, en realidad, nadie entendía cómo él podía haberse fijado en ella.
Y sí, ese año había sido un suplicio.
No, ni Yuuri ni Otabek se quejaban, menos el japonés, pese a odiar saberse un travesti, detestar los pelos en la cara, aborrecer los silbidos indecentes, y maldecir internamente a quien osara pedir un beso entre ellos. Habían diseñado un excelente sistema para no llegar a unir sus labios, pero su paciencia era especialmente retada cuando alguien pedía que el beso fuese "a la francesa…". En esos momentos, Otabek desviaba la atención al hecho de que era una chica muy tímida, y entonces "ella" huía a los servicios, agradeciendo que las mujeres usaran cubículos con puerta. Y regresaba casi siempre media hora después, "roja de la vergüenza", para ser gentilmente abrazada por los hombros, por su "marido".
Y no hablaba en toda la noche, ni siquiera para disculparse por su timidez… Ni siquiera para decir con el grito que llevaba atorado en la garganta que jamás besaría realmente a Otabek de esa manera ni de ninguna, porque ellos no se amaban…
Ni mucho menos que no estaba avergonzado, que esa hinchazón en su rostro no era por ese atrevimiento…
Sino porque había pasado todo ese tiempo llorando a su verdadero amor, en medio de ese cubículo.
Callando su pequeño secreto…
- Entonces, no los molestaremos más. Lamentamos los inconvenientes generados –para sorpresa de los tres, Otabek se inclinó, mostrando su nuca, y tomando la mano cercana de Yuuri con la suya, asustándolo.
- …Beka… -susurró, entendiendo.
Porque, sí. Un año siendo su "esposa", lo había llevado a leerlo como la palma de su mano.
Como al marido que decía ser.
- ¿Qué quieres decir con eso…? –Yurio lo miró, con sus ojos al fin de nuevo de color verde claro, llenos de pavor. Mientras Viktor no apartaba la mirada anegada de esas dos manos unidas.
- Que me cansé, Yuri. Sé que cometimos un error imperdonable, el peor de todos, y quizás yo tampoco te habría perdonado si fuera una situación inversa. Pero me cansé de intentar explicar, y de intentar conservar mis sentimientos…
- No… -el susurro sentido de Viktor, al entender, hizo que el japonés apretara sus párpados con fuerza- Yuuri, no es justo…
- ¿Hablas de justicia? Lleva un año siendo mi esposa, humillándose de la peor manera como una forma de pagar el que por su culpa tuvieses que dejar una carrera brillante. ¿Tienes idea a cuántos peligros se expuso por elegir ser mujer ante el resto? Yo solo tuve que sortear a la suerte, logrando salir tan solo con un par de heridas profundas infringidas por mi padre, cuando supo que era gay y estaba acusado de violar a un menor de edad ruso.
- No –Yurio se cubrió la boca, ya con lágrimas en los ojos.
- Katsuki ha tenido que ser algo que no es, por ti. Y, lo lamento mucho, pero
- …Yuuri no puede corresponderte –habló susurrando, y mirando a su ex, quien tenía el cuerpo en estado de dolor generalizado- Yuuri me ama a mí, tú amas a Yurio… Yuuri, dile, por favor…
- Lo amaba –ojos oscuros y verdes claros se miraron, despidiéndose, haciendo que una avalancha de hojas secas se derramase por la piel más joven y blanca, que ahora lucía levemente arrugada por culpa de esos trescientos sesenta y cinco días de ausencia- Lo amé con toda el alma, hasta este mismo momento…
- Beka, por favor…
- Yuuri –Viktor se acercó, e intentó atraerlo, pero él se alejó, sin soltarse de Otabek- Yuuri, por favor. No me mates de nuevo…
- …nto –casi no se le entendió. Pero luego alzó el rostro empapado, y mirándolo, negó, para luego hablar claro- Lo siento…
- ¡YUURI! –dejando a Viktor con la mano estirada hacia él, mientras el japonés se alejaba, corriendo.
-.-
- ¡YUURI! –por poco y lanzó a Makkachin de la cama, debido a su despertar brutal, y su imperiosa necesidad de ir a alcanzarlo, mientras corría hacia la puerta de la habitación.
- ¡VITYA! –pero unos brazos tan fuertes como los suyos, se aferraron a él- Vitya, no… Fue un sueño, estoy aquí, estoy aquí…
- …Yuuri… -lo estrujó, llorando con sentimiento, mientras su mascota se paraba en sus patitas traseras para unirse, soltando lastimeros soniditos.
Demoró quince minutos en hacer que dejara de llorar, para llevarlo a la cama, arroparlo, asegurarle bajo juramento que solo iría a prepararle una taza de chocolate caliente, y regresar luego de cinco minutos clavados, con una bandeja que contenía la prometida, la suya, y unas carnazas para Makkachin.
Mientras el perrito mascaba con adoración su fiambre sobre su manta, sin ser reprendido, Yuuri lo dejó recostarse en sus piernas, mientras acariciaba sus cabellos.
- El mismo sueño, ¿verdad?
- No es un sueño. Todo es como pasó, salvo por
- Por el hecho de que no me llegas a alcanzar… -suspiró, mordiéndose el labio- Sabes bien que él ama a Yurio, y yo te amo a ti. Lo dijo como corona a la serie de estupideces que ya habíamos intentado para reconquistarlos…
- Lo sé. Pero eso no quita que la sola idea me –sollozó. Yuuri lo elevó con cuidado y lo miró a los ojos, limpiando su rostro con sus pulgares.
- Te amo. Sabes bien que yo nunca he dicho esas palabras, ni siquiera te las había dicho a ti el suficiente tiempo o número de veces. ¿Sabes por qué…?
- ¿…porque antes no me amabas…? –hizo puchero sin desearlo, arrancándole una sonrisa.
- Porque el día que te dejé solo me di cuenta de que, si tenía una oportunidad de recuperarte, iba a significar que eras para mí… Entonces, todos esos "Te amo" iban a fortalecer nuestro hilo rojo…
- Pero no necesitabas alejarte para darte cuenta de eso…
- Ni tú debías renunciar a lo más bello que tenías, por mí…
- Discrepo contigo: lo único bello en mi vida, lo único verdaderamente importante, eras, eres, y serás tú… Hasta Makkachin lo sabe, y por eso te buscó con nosotros dos por toda Europa, Asia y América.
A Yuuri el corazón se le desbocó, y bajó la mirada, sonrojado. Pero esos labios que deseaba tanto volvieron a ser demandantes, y lo obligaron a alzar el mentón. Con los años, sus besos torpes e inocentes habían logrado igualar a los de Vitya, pero… Él prefería derretirse con el fuego de esa boca de corazón.
- Mi dulce Yuuri –el romanticismo de Viktor era directamente proporcional con la capacidad del corazón de Yuuri para bombear sangre hacia su rostro- No te irás de nuevo, ¿verdad?
- Nunca.
- ¿Estarás conmigo hasta viejitos…?
- Incluso en la siguiente vida.
- Entonces quiero cometer muchos errores para seguir viniendo, pero ninguno más contigo –unieron sus frentes, sonriendo- Dímelo…
- Te amo –susurró. Los ojos celestes se iluminaron, y soltó una risita.
- Yo también te amo, pero no me refería a eso…
- Oh…
- Aunque, debo reconocer que me emociona oírlo…
- Yo…
- Tanto que creo que Makkachin debe salir en este momento…
- ¡Es de día!
- Los niños también se hacen durante el desayuno…
- ¡Vitya! –se ocultó en su pecho, mientras el otro reía con gusto.
- Jajaja, ok, ok, no problem, my heart… Pero, en serio –recuperó su mirada- Dímelo –Yuuri sabía a qué se refería.
Pero había prometido nunca decirlo.
- ¿Sabes? No necesito saberlo para seguir contigo, y Yurio tampoco. No hay una sola cosa que me lleve a arrepentirme de haberte buscado, de haberte recuperado. Sin embargo, es una espina que aun tengo, una que quiero sacarme… Saber quién fue, es la única manera que creo correcta para poder encontrar la manera de llegar a esa cabecita tuya que tienes para que nunca más vuelvas a pensar en tonterías…
- Ya no lo hago, jamás volverá a ocurrir…
- Yuuri –tomó sus manos, y besó los dos anillos: el de compromiso original, y el del real, a los que esperaban agregar el de matrimonio el próximo año- Sé que cuando creas mundos en tu mente eres mucho más creativo que con tus coreografías y melodías, pero también sé que a veces eres muy influenciable, por más que sepas el camino correcto. No voy a tomar represalias, porque te amo, y quiero a Otabek como un hermano, porque protegió a mi persona destinada de todo y todos, incluso de sí mismo.
- Pero…
- ¿No crees que él también necesita librarse de ese secreto? Yurio y yo lo hablamos: si fuiste tú quien sugirió irse, te compensaré mil veces más con mi amor, y él me apoyará mucho más en esto de hacerte entender cuán maravilloso eres para nosotros. Pero si fue Beka, yo ayudaré a Yurio a pedirle su mano en matrimonio –los ojos cafés lo miraron enormes, y llenos de luz.
Guardó silencio un instante. Sabía de boca de Beka, que moría por pedirle aquello, ya que lo aterraba la idea de que tuviesen que separarse de nuevo, o que Yurio intentara buscar a otra persona si aun no lo había perdonado, pese a todo el tiempo trascurrido. Pero no se sentía lo suficiente por ser el… culpable… de todo ese desastre.
Entonces, ¿no sería válido romper su promesa con Beka, para regalarle al fin la felicidad completa?
Después de todo, le debía muchas cosas a su amigo.
- …es tan culpable el que sugiere como el que acepta…
- Lo sé. Y no buscamos culpables, solo responsabilidades para saber también en qué parte fallamos.
- Ustedes no hicieron nada malo, Vitya.
- Sí lo hicimos. No les dijimos nada de lo que pasaba, amparados en el hecho de que fue solo un día de ataques públicos solamente. Luego, como no hubo nada más, lo asumimos solos, bueno, juntos, pero sin ustedes. Les ocultamos a nuestras parejas lo que pasaba, y por ende no planificamos nada como las familias que ya éramos. Tú y yo ya teníamos planes de casarnos tras tu medalla de oro, y aun si no hubiese sido así, desde el momento en que te hice el amor por primera vez, ya eras mi responsabilidad –Yuuri se sonrojó de nuevo- No porque te debiera algo por tomarte, sino porque elegí entregarme a ti también. Te elegí como mi compañero de vida, pero al ocultarte eso, yo te fallé, te dejé de lado, subestimé tu resistencia física y emocional, y eso fue faltarte el respeto. Por eso no desistí, Yuuri. No, tal vez me excedí un poco "haciéndote sufrir" al no reclamarte como mío cuando los hallamos, pero nunca renunciaría a ti, ¿entiendes? Eres la vida y el amor que me hicieron renacer de mis cenizas…
A ese punto, Katsuki Yuuri sentía que el alma se le estaba yendo hacia el techo, impulsada por las maripositas de su vientre.
- …creyó que Yurio había perdido su carrera por su imprudencia, igual que yo sobre la tuya, en nuestro caso, por mis tontos celos –recibió una caricia en sus manos- Yo… creí que deseaba que nos fuésemos aprovechando que tú no estabas en nuestro departamento, y él se alojaba en un hotel –el corazón de Viktor se detuvo un instante. Ese escenario era peor que un cataclismo- Pero ninguno podía. Ninguno quería irse, Vitya. Así que, cuando llegamos al departamento de Yurio, luego de lograr escapar por segunda vez de un grupo de rusos agresivos –al otro se le atragantó un quejido- decidimos que la decisión dependería de lo que ustedes dijesen…
- ¿…si les hubiésemos dicho algo…?
- …Beka dijo que, si notábamos que ustedes ya lo sabían, y eran sinceros, discutiríamos sobre qué hacer, juntos –los puños cerrados del otro se unieron a su expresión de frustración- Vitya… Vitya, también acordamos que, si lo notábamos, pero ustedes no nos decían nada, les diríamos que ya lo sabíamos…
- ¿…lo notaron? –Yuuri asintió- ¿Entonces, por qué…?
- Por tu promesa –empezó a llorar- Me dijiste que sería la última temporada, entonces yo creí entender que, aunque lo sabías, ya todo estaba resolviéndose, y no quise malograr ese instante. Pero…
- ¿Pero…? –por alguna razón, palideció.
- Al día siguiente, cuando fuiste a entrenar, y yo estaba a punto de salir, vino Otabek. Le habían pasado debajo de la puerta los originales de las fotos que nos tomaron la noche anterior, y una especie de cronograma de todas las citaciones a las que ustedes asistirían, convocados por la Federación Rusa…
- ¿…qué? –empezó a temblar. Pero luego cayó en cuenta sobre algo- ¿Cómo sabes de esas fotos...? –Yuuri suspiró.
- Fuimos a esa audiencia… En realidad, a todas. Religiosamente, una hora antes de cada una de ellas, un auto negro se paró en la puerta de nuestro departamento, para llevarnos allá. Nunca vimos al chofer, pero una persona que usaba un gorro negro para ocultar sus cabellos nos recibía por la puerta de servicio, nos metía por unos callejones secretos, y nos dejaba justo debajo de la trampilla…
- ¿Trampilla? –frunció el entrecejo- ¿Hablas de la entrada al sótano que aun se conserva intacto, desde la época de la guerra…?
- Hai. El día que… Usami Akihiko llegó, ese día, aquel hombre nos dijo que la mejor cosa que podíamos hacer para que ustedes no fueran ingresados a la cárcel apenas pisasen Moscú, era irnos. Por la frontera… -soltó una risa irónica- Hasta nos dio nuevos pasaportes. Con los años he entendido que conmigo se ensañó por ser japonés, ya que a Altin ni siquiera le cambió el nombre, simplemente le habían colocado la nacionalidad rusa.
- …hijo de puta –Yuuri nunca le había escuchado una grosería, fuera de todas las que se permitió decir en aquellas audiencias, y cuando se volvieron a encontrar y lo creyó "enamorado" de Otabek- Debió ser ese maldito sujeto, el tal Vorobiov…
- ¿El tipo de la laptop, el que hirió a Lilia-san? –asintió- Quizás. Usaba también guantes y gafas oscuras, no le vi nada más que la piel del rostro. El caso es que ese sobre y su contenido nos aterraron, y… Beka sugirió irnos tan pronto como ustedes partiesen a Moscú. Tuvimos que… enviar un mail a uno de los dirigentes de allá, para explicarles que habíamos roto relaciones con Rusia en todos los aspectos, en nuestra desesperación por no traerles problemas…
- Nos leyeron ese mail en cuanto tomamos la decisión de renunciar a… Eso, y la amenaza de herirlos si decíamos siquiera la palabra aquella, nos motivó a ir a sacarles las entrañas por idiotas –Yuuri soltó un gritito, y se hizo bolita- …entonces fue él, Beka…
- Inicialmente… La boda fue idea mía, motivada porque ese sobre venía con una dirección, de alguien que supuestamente podía ayudarnos… En efecto, la anciana aquella nos ayudó a "casarnos", ya que éramos "una pobre extranjera a la que habían dejado sin nada más que su pasaporte" y un ruso que escapaba de su familia, "por tratar de casarlo a la fuerza". Esa mujer nos ayudó a cruzar por la frontera de Kazajistán, afortunadamente, por el lado del pueblo donde vivía Altin. Lo demás ya lo sabes…
- Si… ¿Por qué ni siquiera tu familia me quería ayudar…?
- Tuvimos que ser sinceros la primera vez que llegamos donde ellos, de madrugada. Mamá no me apoyó, quiso llamarte de inmediato, pero papá le recordó la situación delicada de Altin y mía. Hubiésemos podido apelar a la Federación Japonesa, para pedir protección, pero ninguno quería iniciar un conflicto a otro nivel. Mamá entendió, y aunque estaba sufriendo por ti, y por Yurio, prometió no meterse en un asunto "de pareja". Solo nos dio todas las posibles locaciones en las cuáles tú no podrías encontrarnos, para que nosotros eligiésemos…
- Pero dimos con ustedes a la primera, Yuuri…
- Es que –se sonrojó- los engañé: les dije que tú tenías muy mala memoria y no recordarías mis lugares favoritos de Japón para ir de visita contigo…
- Tengo mala memoria, Yuuri, no les mentiste…
- Pero siempre recuerdas lo que yo te digo –se sonrojaron- También les dije que tú nunca me buscarías en un lugar que fuese evidente…
- …pero vivo para sorprenderte.
Yuuri asintió, sintiéndose seducido por aquellos ojos que lo recorrían completo.
- Entonces, querías que yo te encontrara…
- …hai. Quería verte una última vez, aunque sea…
- …granuja –Yuuri bajó la mirada- ¿Cómo se enteraron de que no pudimos quitar la orden de captura de Altin y tuya? Eso ocurrió en Moscú, ¿el anónimo atacó de nuevo?
- No. Aparentemente, se comunicaron solo con nuestras familias, ya que tenían un acuerdo de palabra contigo y Yurio. Así que nos enteramos estando ya en Kazajistán. Honestamente, cuando la idea de tener que ser una mujer me golpeó al escapar de un intento de abuso sexual, pues
- ¿Eh? -lo miró aterrado. Se pesó de haber mencionado aquello.
- ¡Intento, Vitya, y no fue algo grave tampoco! Bueno, tan… no…
- ¿…el padre de Beka…? –el silencio de Yuuri lo dijo todo- …no puedo creerlo…
- Al verme vestido de esa manera, enloqueció. Dijo que yo era el culpable por ser un travesti, y que él se encargaría de "enderezarme" –rió- Como si violándome me hiciera hombre, o algo así. Beka me defendió, y fue ahí cuando aquel sujeto lo hirió con un cuchillo que tomó de la mesa… El caso es que, en ese momento, quise volver a Rusia, volver a ti, y Altin me confió que él también. Pero –cerró los ojos un segundo- su padre le gritó que era un caradura al tratar de detenerlo, cuando estaba siendo buscado por todo Europa y Asia, por violador de menores, y yo, por ofender al país que me había acogido al usar la bandera de Rusia como sábana durante una de mis sesiones de pecado. En ese momento entendimos que ustedes no habían logrado nada, o que tal vez ya estaban de nuevo haciendo lo que amábamos los cuatro… Por eso, Altin decidió irse para que Yurio al menos no tuviese que pasar por la vergüenza del médico legista, las preguntas incómodas, el enfrentarse a su abuelo… Y yo –hizo puños- Lo siento, Vitya –se dejó abrazar, mientras lloraba, sintiendo aquel horrible remordimiento de nuevo.
- Ya estamos juntos… Ya lo estamos, amor. Pequeño tonto…
- Vitya…
- No te voy a volver a dejar ir, ¿entendiste? Así tenga que atarte a la cama… Oye, esa idea me gusta…
- ¡Vitya!
- Podría tocarte a mi antojo…
- Cállate…
- Besarte por todas partes…
- Por favor…
- Y hacerte el amor todo el día. Serías mi secuestrado –susurró en su oreja, mientras depositaba caricias subidas de tono en su espalda baja, moviéndose de forma sugerente contra su pierna.
- …Vitya, onegai… -y esa palabra en japonés fue el detonante para que todo fuese olvidado, con su amor.
- Creo que ya sé cómo te voy a castigar, Katsuki Yuuri…
Minutos después, las patitas de Makkachin se acercaron a la sala, y el pequeño se echó cuan largo era sobre la alfombra, suspirando frustrado.
No le gustaba cuando esos dos jugaban a solas, sin incluirlo.
OwO
- Yura, me voy a bañar, ¿vienes?
- Aun me quedan dos páginas, creo que mejor las acabo. Luego prepararé la cena…
- ¿Cena? -lo miró divertido- Ya son las tres de la mañana…
- Arggg, yo no engordo como el Katsudon, déjame ser…
Riendo, Otabek se acercó, e inclinándose, depositó un beso en sus labios.
- Te estaré esperando de todos modos por si quieres ahorrar agua… -guiñando con coquetería, se fue, dejándolo sonrojado.
Yuri sonrió, retomando la edición de aquel texto. Ese departamento se sentía una vez más como un hogar para ellos dos.
Y sin embargo, algo le faltaba. Aun le restaba un poco aquella angustia de años anteriores…
Su celular sonó, anunciando una notificación. Así que se apresuró a ver qué le habían enviado.
- …calvo de mierda, pervertido de porquería… - empezó a gruñir al ver que Viktor le había enviado una foto de su Yuuri, durmiendo sobre su pecho, ambos visiblemente desnudos de cintura para arriba.
Sin embargo, inmediatamente después, Viktor le envió un mensaje.
"Ambos", era el comentario escueto…
…que lo sumió en sus dolorosas reflexiones…
-.-
- Mila…
- Solo nos queda la frontera norte, les juro que voy a recorrerla completita para que podamos irnos con tranquilidad a Japón…
- Mila, dudo que Katsudon vaya a su país, es imposible…
- ¡No lo es! Esa odiosa foto que le enviaron a Viktor es de Kazajistán, ¡lo sé! Pero al mismo tiempo, ¿por qué Yuuri se vestiría de esa manera? Si la idea es desaparecer, ¿no sería mejor pasar por otra nacionalidad?
- Pero es muy tradicional – Viktor se estiró en el piso, mientras Yurio hablaba – Sea lo que sea que hayan planeado –se había negado hasta ese momento la posibilidad de que ese traje fuese de "novia", porque no deseaba incrementar su furia- lo más lógico es estar lejos de Japón para que no sean reconocidos –las orejas de Viktor parecieron moverse como las de Makkachin con ese último comentario.
- ¡Por eso mismo lo digo, acabas de darme la razón!
- …están en Japón –la seguridad en sus palabras, los descolocó. Se puso de pie de golpe, y miró a Yurio- Piénsalo un instante, si desearas esconderte, ¿cuál sería el lugar que elegirías, uno que Beka supiese como tu refugio, u otro que ni siquiera te conociese…?
- El que no conociese, obviamente. Es mucho más fácil ser hallado en esas circunstancias, en un ámbito más pequeño.
- Así es –Viktor empezó a pasearse, turbándolos- Por eso mismo, Yurio. No creo que Yuuri y Otabek quisieran dañarnos
- ¿…en serio…?
- Bueno, más, más de lo que ya lo hicieron, a eso me refiero… Yuri –lo miró a los ojos- Tú y yo no conocemos Japón más que Hasetsu.
- …así es.
- Eso quiere decir
- …que Japón es un lugar que no conocemos…
El entendimiento les llegó de golpe.
- Yuuri y Beka están intentando ponérnosla fácil de alguna manera –deseaba tener la razón, realmente lo deseaba.
- Yuuri y Beka siempre los sorprenden –ella los abrazó por los hombros. Compartían en esos días una habitación para tres en Kazajistán, sin importarle a la joven el que la mirasen como a una mala mujer- Vamos a Japón. Después de todo, allá al menos tenemos la posibilidad de hospedarnos en Yutopia. Ya no nos quedan muchos euros…
- Aun hay. Venderé las medallas de mi época junior –ese comentario de Viktor, a Yurio le dolió. Le dolió demasiado, porque sabía bien que cuando Yuuri se enterara, sufriría también.
Poco a poco Viktor se había ido deshaciendo de todo su pasado, de ese pasado que su novio adoraba. Mila se había sentido impotente cuando lo vio vender los patines que se había comprado con su primer sueldo, pero él les había jurado que no había problema alguno: no le importaba su pasado. Solo quería recuperar su presente.
Y así, habían llegado a Hasetsu, una madrugada fría. Mila se había vestido con un traje deportivo de Viktor, había recogido su cabello en una cola alta, y Yurio le había prestado uno de sus animal print con capucha. El conjunto no la favorecía, pero ella deseaba pasar desapercibida.
- Buenos días –habló usando una voz una octava más grave que la suya original, a la joven que le daba la espalda en ese momento, quien arreglaba las llaves en el armario a sus espaldas.
- Buenos días –joven que volteó, para mostrarle una hermosa mirada chocolate, y unas ojeras que no lograban ser disimuladas del todo con aquel maquillaje exagerado de geisha.
- …Yuuri –y aunque había prometido fingir, aunque había prometido no sucumbir, Mila empezó a llorar- Yuuri…
- …no –y al japonés, vestido como la señorita Yukiko, las lágrimas se le escaparon, traicioneras y maliciosas- No… me confunde, yo
- Katsudon –pero ante esa voz, ya no pudo seguir fingiendo, o intentar hacerlo.
No quiso mirar hacia la puerta, en verdad no quiso. Pero lo sentía, sentía cómo su cuerpo necesitaba correr hacia ella, para recuperar lo que había perdido.
Sin embargo, tantos meses fingiendo ser alguien que no era, pesaban más. Así que, sonriendo a la pelirroja, le extendió una llave, sin dejar de llorar.
- Mi nombre es Yukiko, estaré hasta mediodía aquí. En mi ausencia, por favor, comuníquese con Mari-san, ella la podrá atender…
- Katsudon…
- A los caballeros… los atenderá Toshiya-san. Solo deben tocar la
- Yuuri.
La casi dulzura en el "Katsudon" de Yurio había sonado irreal antes. La voz autoritaria de Viktor, había sido un guante de hierro, aunque él nunca lo hubiese tratado con violencia, en ninguna forma.
- …campanilla. Si me perdonan, debo excusarme.
-.-
Y sí, sumido en sus reflexiones, a Yurio se le empezaron a escapar algunas lágrimas.
El Katsudon idiota había corrido hacia el interior de la casa, con el Viejo corriendo tras él, gritando su nombre. Y Mila siguiéndolo, pidiéndole, suplicándole, que no se volviese a ir.
Y él. Él, acercándose a una de las mesitas, para observar una única foto de Beka, en la que Beka…
-.-
- Yuuri, nada. En ninguno de los periódicos mencionan que ellos estén en alguna parte de Kazajistán. Quizás podemos volver ahora, ya que a mi padre lo metieron preso, mamá puede ayudarnos… -Otabek había entrado, cargando una pila de toallas secas y dobladas, y había hablado a su "esposa" ausente.
- Así que en verdad eras casero… -las toallas terminaron en el piso cuando esa voz se instaló en sus oídos. Al menos, le reconoció, no huyó. Solo lo observó con la boca abierta.
- …Yura…
- De modo que ésta es la verdad –le mostró la fotografía, en la que Beka besaba la mano de "Yukiko", luego de ponerle el anillo de bodas- Se casaron.
- …sí –no había ayudado en nada aquella ocasión, la seriedad natural de su pareja.
- Ya veo. Entonces no debí venir –avanzó hacia el interior, ignorándolo.
- Yura…
- Descuida. No es necesario que digas algo más, ya me di cuenta de lo que ocurre aquí.
- Espera, no, eso que pien
- ¡CON UNA MIERDA, KATSUKI, ABRE LA PUERTA!
-.-
Sí, lo recordaba aun con ese dolor lacerante.
Viktor, el viejo de la sonrisa infinita, agitado, con la ropa desarreglada, con ese cinturón que bien podría haber dado tres vueltas sobre su cintura minúscula carente de músculos, aporreando la puerta como un condenado a muerte, pero lleno de ira. Golpeando la puerta como si en realidad deseara golpear al dueño de esa habitación.
-.-
- ¡Viktor, cálmate, por favor! –Mila no dejaba de llorar, asustada e impotente.
- Viejo… Viejo, cálmate, te va a dar algo… -se acercó, para intentar detenerlo.
- ¡NO ME IMPORTA! ¡ESO ES LO QUE QUIERE AL FINAL DE CUENTAS, QUIERE MATARME!
- ¡NO ES CIERTO! –se escuchó la voz desesperada de Yuuri, pero no abrió la puerta.
- ¡Viktor basta! Basta. Ellos ya eligieron… –Yurio le enseñó la fotografía.
La mirada del ruso mayor se había terminado de desbordar al ver aquella foto. Y ni siquiera reaccionó cuando la puerta se abrió, y Yuuri apareció, ya sin sus ropas femeninas, pero sí aun maquillado, luego de que Beka, con total sangre fría, le enviase un mensaje de texto, para advertirle.
- Viktor…
- Entonces… era verdad. Se aman –soltó una risita derrotada.
- Claro que no, Nikiforov, eso fue
- ¿Un teatro, una pantomima? ¿O es que en realidad a ti te gusta travestirte y no me lo dijiste nunca? Te hubiera podido prestar algunos trajes que Chris dejó en mi departamento desde hace mucho, cuando hacíamos roles eróticos –Yuuri no podía creer lo que oía. Como aquella ocasión en que le destrozó el corazón en una competencia, empezó a llorar, en shock, sin saber que solo había hablado la herida, proyectándose en una mentira arrogante.
- Vinimos en vano –Yurio habló, sin expresión alguna- Vinimos en vano, tenemos que asimilar esto y empezar de cero, Viktor.
- ¡NO PUEDE SER VERDAD! Hay que oírlos, deben tener una explicación –Mila estaba desesperada. No podía creer lo que veía en esa fotografía.
- Babicheva tiene razón, pero si se cierran de esta manera no podremos decirles nada –Otabek estaba a punto de quebrarse, a punto. Yurio lo sabía por la manera en que su ceño oscilaba de rato en rato y por el velo en sus ojos oscuros.
- Cierran, ¿eh? Abusaste de Yurio y luego decidiste que un japonés era más interesante… Claro, de seguro él tampoco te cerró las piernas…
Fue todo lo que Yuuri había necesitado.
Llorando como en aquella ocasión, corrió por el pasillo, a toda velocidad, dejando su estela húmeda.
- ¿ERES UNA BESTIA O QUÉ? ¡Nunca le he dado siquiera un beso, Nikiforov! –Otabek en verdad estalló por esas palabras- ¡KATSUKI NUNCA TE HA SIDO INFIEL Y YO TAMPOCO A YURA!
- ¡VIKTOR DE MIERDA, NO LO CAGUES TODO DE ESTA MANERA, CORRE, MALDITA SEA! –Mila lo empujó, con fuerza, y el ruso reaccionó, corriendo tras su ex pareja.
- …nunca te he sido infiel. Nunca –dejando atrás una mirada verde que poco a poco se fue tornando pantanosa.
-.-
Abrazó con fuerza su celular, llorando en silencio. Recordando todo ese dolor.
- Nunca te fui infiel. Lo juro por mi vida que nunca lo fui –pero unos brazos lo pegaron al cuerpo aun mojado de su amor, quien lo recibió mientras lo acurrucaba como a un gatito, en su regazo.
- Lo sé… Pero, ¡mierda! ¿Por qué nos hicieron eso, acaso me odiabas tanto como para herirme así?
- Odio a Rusia, es el único odio que me permito tener, y a JJ por haber intentado conquistarte. Pero a ti jamás. Jamás. ¿Crees que no me odio a mí mismo por haberte hecho daño? –su voz sonó entrecortada, por lo que el más joven intentó mirarlo, pero él lo detuvo.
- Beka
- Te amo desde que eras un niño que me inspiró a seguir mi sueño… Intenté no pensar en ti como en una pareja cuando eras adolescente, porque no quería ensuciar mis sentimientos con pensamientos indebidos… Pero saber que la confesión que promoví, y la primera vez que nos dimos por mi falta de autocontrol, te habían arruinado la carrera, me bloqueó. Te había hecho el peor daño posible, ¿cómo podía merecerte?
- ¿Y dónde quedaba mi decisión personal? –se separó, molesto.
- En tus patines, Yura, en tu posibilidad de volver…
- Solo donde están mi abuelo y tú es mi hogar. Solo eso reconozco como mi casa. Luego, los lugares donde están mis mejores amigos, y mi trabajo. A mí me encantaba hacer lo que hacía, Beka, no puedo negarlo… Pero –lo miró a los ojos- Solo tenía menos de veinte años para seguir compitiendo. Contigo, todo lo que me restaba de vida. ¿Qué crees que pesaba más como interés para mí…?
- …luego venían las presentaciones no competitivas…
- Que podría disfrutar o no, ya que mi otra pasión es la música. Y mi novio era DJ –sonrieron. Beka le limpió las lágrimas con cariño devoto- No te vuelvas a ir, por favor…
- No está en mis planes irme… Ya tengo lo que necesitaba para poder vivir –acarició su rostro sonrojado- Voy a redimir cada lágrima que derramaste.
- Solo quédate, y ya lo habrás hecho…
Beka lo besó, cuidando de dejar en la mesita de centro los papeles que Yuri había estado revisando. Y luego lo ayudó a ponerse de pie.
El departamento de ambos no era lujoso, pero sí cálido. Ambos compartían una pequeña fantasía amatoria, así que habían elegido uno que tuviese chimenea artificial. En Rusia, eran comunes, por el frío, pero… Solo necesitaban un mueble bonito, una luz cálida, y sus cuerpos, desnudos, sobre la alfombra de piel.
Se sentaron en el mueble, y Beka empezó a quitar esas ropas que ya no eran tan delicadas, porque Yuri había crecido. Estaban a la misma altura, casi, pero ese rostro hermoso seguía igual de bello, pese al desarrollo. Sin embargo, Beka sufría ahora mayores episodios de infarto, ya que los músculos habían formado un cuerpo que le robaba el aliento, y muchas cosas más, incluso con ropas de invierno.
- Juraría que cada día te vuelves más sensible… -susurró en su oreja, estremeciéndolo.
- ¿Culpa de quién…? –Yura jadeó cuando lo tocó con descaro en su lugar más erógeno- Solo disfrutas haciéndome sufrir…
- ¿Yo? Nunca quieres ir al cuartito del amor… Ni siquiera cuando te la pasas a veces provocándome todo el día –sí. Yurio a veces era demasiado pícaro, como cuando enviaba fotos un tanto subidas de tono a su celular, mientras el pobre estaba reunido con Daiki y Haruto.
- Jajaja… Ahhh… -Beka se sitió vengado al robarle el aliento con una caricia bien aplicada- Calla, idiota… Hazme tuyo de nuevo…
El departamento no era tan grande como el de Viktor y el Katsudon.
Pero su sala sí más cálida, porque ahí encendían el fuego con sus cuerpos.
OwO
Esperó un minuto, dos, media hora, por una respuesta a su mensaje… Y para cuando se dio cuenta, ya había pasado una hora completa, sin éxito. No importaba ese insomnio: no al menos ahora, que Yuuri dormía sobre su pecho desnudo, con el cabello aun ligeramente húmedo y muy alborotado, señal de lo que acababa de pasar entre ellos. Así como la ausencia de una respuesta le indicaba que Yurio y Beka debían estar amándose.
Sonrió mirando su rostro.
Amor. Habían hecho el amor, o habían tenido relaciones con amor. Como quisieran ponerlo, Viktor se sentía así, amado. En esa ocasión, le había tocado a él ser el director, el pianista que arrancara los acordes a cada tecla, y el guitarrista que tocara cada fibra para generar la música más sublime. También el activo que despertara del pasivo sueño a su Eros personal, a ese hombre de piel clara y perfecta que lo enloquecía todos los días, cuando quedaban solos… para amarse.
Amaba hacerle amor. No por el placer que también obtenía, por supuesto, sino porque Yuuri era adorable cuando estaba nervioso, y veía que poco a poco lo iba acorralando, como a un cerdito… Viktor amaba su recato inocente cuando quería ocultarle sus estrías con la sábana, sin saber que para él cada una de ellas era una medalla de oro… de diamante… Cada una representaba, después de todo, la fortaleza que su Yuuri tenía escondida dentro de ese bonito cofre que era su cuerpo, en esa maravilla que era su alma.
Dioses, cuánto lo amaba… Cuánto temía perderlo…
Aquella vez, había corrido mucho, muy rápido, exigiendo de más, y casi vandálicamente, a su cuerpo maltrecho por el tiempo. Viktor ya no era muy joven, no al menos si lo ponían al lado de Yurio, pero ni aun años atrás, había podido ganarle a Yuuri en resistencia.
Así que se asombró mucho incluso a sí mismo, cuando logró tocar su mano en la entrada, maldiciendo por lo bajo el que se le escurriese debido a la humedad de las lágrimas que habían empapado esa diestra al ser limpiadas con rabia y frustración.
- ¡No huyas, Yuuri!
- ¡Déjame, ya lo dijiste todo, déjame, Viktor!
- ¿Vitya?
Ese segundo de distracción por parte de su suegra bastaron para que Yuuri volviera a correr, ganándole media cuadra de ventaja… directamente hacia la moto de Beka.
- ¡NI LO INTENTES, TE PUEDES MATAR!
- ¡SÉ CONDUCIR, Y NO ME IMPORTA! ¡YA LO DIJISTE TODO, DÉJAME!
Aun recordaba como en cámara lenta la manera en que, con horror, lo vio alzar la pierna sobre el aparato…
…para verlo caer luego, en la vereda, con un peso marrón y peludo sobre él, un peso que le lamía el rostro, lo mordía, le lloraba, y ladraba, como si intentara exteriorizar todos los sentimientos encontrados de su propio dueño.
Makkachin amaba a Yuuri. Lo idolatraba tanto como Yuuri idolatraba a Viktor. Lo necesitaba tanto como el propio Vitya, y ahora Yuuri tenía un sentimiento de culpa adicional: el perrito estaba muy delgado, con el pelo maltratado y la carita llena de lágrimas.
Se odió, por enésima vez en toda su vida.
- Makka… Makkachin –lo apretujó contra su cuerpo, aferrándose a él, llorándole, diciéndole con cada gota lo que él también había pasado, ahí, sentado en la calle. Afortunadamente nadie los miraba, porque ya nadie solía pasarse tan temprano por Yutopia.
- Lo siento –susurró Hiroko, y abrazó a Viktor, fuerte, muy fuerte, siendo correspondida.
- ¿…puede hospedarnos a Mila, Yurio y a mí, por favor…?
- Claro que sí. Mila-chan estará con mi hija, y ustedes dos en tu antigua habitación.
- …gracias…
- Vitya –lo miró a los ojos, con esa maternidad que Viktor siempre necesitaba- No lo has perdido, nunca. Solo es un poco bastante idiota a veces…
- Lo sé –resopló, llorando y riendo- ¿Me lo puedo robar un ratito…?
- Róbatelo para siempre…
"Róbatelo para siempre…"
Viktor no recordaba muy bien lo que ocurrió luego. Solo tenía plena consciencia de él cargando a Makkachin, luego de que Yuuri gritara aterrado cuando el pequeño se desmayó en sus brazos. Muchas emociones para un angelito que estaba en la mitad de su vida, y que en ese tiempo, había perdido a la mitad de su hogar.
Los recordaba a ambos en la sala de la veterinaria. Yuuri una vez más con su peluca odiada, una capucha enorme y por primera vez, vestido de hombre. Nadie le cuestionó eso en aquel establecimiento, porque el que atendía era un amigo personal, uno de los pocos que sabía quién era y por qué, la tal Yukiko.
- Está mejor. Sufría deshidratación y mal nutrición, pero ya estará mejor, Viktor-san –el médico le sonrió, agradeciendo su experticia profesional al notar cómo los ojos celestes se llenaban nuevamente de vida- En cuatro horas pueden volver para llevárselo.
- Arigatou… -susurró, aun temblando. Pero agradeciendo que Yuuri no hubiese huido de nuevo, y se encontrara a su lado, aun lejano, pero a su lado al fin.
No fue fácil para los cinco, vivir en Yutopia de esa manera…
Mila intentaba unirlos de todas las maneras posibles, con ayuda de Mari. Pero era imposible… Ni siquiera Minako logró bajar de su nube de resentimiento a Yura, quien sin querer, o queriendo, intentaba envenenar con ese dolor al propio Viktor.
Pero Viktor era noble. Él lo había perdonado en el momento en que gritó su nombre, aterrado por Makkachin…
Así que, una madrugada, tres meses después, irrumpió en su habitación, dejando una nota a Yurio.
- ¿…Viktor…? –sorprendiéndose un poco al ver que tampoco estaba durmiendo.
- …recordé que nos gustaba ir a correr en la madrugada, ¿vamos? Makkachin me ha cambiado por Yurio…
El rostro de Yuuri fue para él un orgasmo emocional. Como si toda la energía regresara y fueran de nuevo el entrenador y pupilo que terminaron enamorándose del otro, sin poder siquiera evitarlo.
Lo gracioso es que… "ir a correr en la madrugada"… era un mensaje cifrado de ambos…
…que significaba un… "Quiero estar a solas contigo en nuestro refugio…".
Llegaron a la pequeña cabaña que con amor habían construido juntos en medio de un pequeño bosque, a las afueras de la ciudad, en una zona que solo ellos conocían. Era pequeña, casi como un refugio de mapaches, solo que hecha de madera, y estable. Cerraron la puerta, y Yuuri, mirándolo a los ojos, empezó a relatarle todo lo vivido, sin saltarse nada, salvo el nombre del autor intelectual del desastre, lo de las cartas anónimas, lo de las visitas a las audiencias, lo de él siendo casi violado por aquel ser que no merecía al hijo que tenía…
Viktor escuchó. Escuchó y sufrió cada palabra, cada imagen, cada gesto… cada lágrima que caía. Y si aun le quedaba algo de resentimiento, lo borró de golpe.
- ¿Le contaste a Beka nuestro secreto…? –pero rompió el mágico momento con esa pregunta, sonrojándolo.
- No… Te lo había prometido, y no lo hice. ¿Tú sí...?
- Tampoco. No cuando no llegué a consumar aquello que quería…
- Debimos haberlo hecho la noche anterior a Moscú…
- Pero no pudimos. Con las justas llegamos a compartir los votos, y Yakov tuvo que arrastrarme afuera…
Sonrieron, como dos adolescentes. Porque sí…
Quizás, para la sociedad, no existía un vínculo matrimonial entre dos seres del mismo sexo. Quizás nunca lo habría, nunca pesaría tanto como el de una pareja reproductiva, como si serlo fuese un estandarte, un orgullo…
Pero ellos se amaban. Y sentían que intercambiar votos matrimoniales, frente a su único cómplice, y entrenador principal, era algo que no podían seguir postergando.
Yuuri no tenía un papel que lo demostrase, y Viktor tampoco. Tampoco habían podido comprar unos anillos nuevos, porque la idea de Yakov había sido en el segundo previo a que Vitya empezara a prometerle todo lo que haría con él, además de llenarlo de mimos y amor.
Pero eran aquello: Viktor esposo de Yuuri, y Yuuri esposo de Viktor. Un lazo hermoso, dulce, álmico, romántico. Un lazo que una sociedad de porquería, intolerante y mierda, no iban a destruir. Un lazo que incluso la "religión católica" debería reconocer, porque había sido compartido por dos seres que se amaban, prometiéndose ante aquello que llamamos "Dios", que nunca serían desleales, y que siempre se amarían.
- ¿…no te arrepientes…? –Yuuri susurró, con miedo. Y él, al fin, acarició su rostro, sintiendo cómo la vida le regresaba al cuerpo.
- Nunca. ¿Por qué crees que estoy aquí, a punto de reclamar lo que es mío…?
- …te he hecho mucho daño –empezó a llorar, contagiándolo.
- Pero me has hecho más que nada feliz. Y lo siento. Pero mi propia suegra me ha sugerido que te robe, y no puedo desobedecerla…
En condiciones normales, Yuuri era suave como un pétalo de Sakura. Pero esa madrugada, en esa cabaña, se sentía de nubes. Viktor era fuerte como un abrazo reconfortante, pero esa madrugada, se había sentido de cristal…
Se hicieron el amor como dos niños primerizos, sin siquiera notar que lo hacían. Cada día de esos malditos de lejanía había intentado ser borrado con una palabra, una lamida, un beso, una mordida, una sonrisa… Nunca se habían sentido más cómplices que aquella madrugada, y en verdad, por primera vez, Yuuri sintió que era esposo de alguien. Alguien con quien no le iba a importar compartir en público besos a la francesa, sentadas sobre la pierna, roces atrevidos… palabras seductoras, y miradas que matan. Y millones de "Te amo" a flor de piel.
Esposos… sonaba tan bello, tan real, que odió tener que salir cuatro horas después, sin poder tocarlo, fingir en casa que todo estaba igual, aguantar que Viktor secundara a Yurio en algunas cosas, especialmente en eso de ignorarlos.
Porque habían acordado algo: como esposos que eran, y menos extremistas, debían ayudarles a entender que se necesitaban. Que se amaban. Como los mayores, debían ayudarles a dejar atrás su cabezonería… sin mostrar que ellos ya estaban juntos de nuevo.
Pero fue muy difícil. Cuando a veces falta la táctil certeza de que eres amado en todos los aspectos, la cabeza te falla, y a Viktor empezó a faltarle aquello… No podía escribirle siquiera, por tener a Yurio a su lado hasta en el baño, y poco a poco, la dulzura en sus ojos empezó a ser reemplazada por frialdad…
Yurio le hacía reflexionar, lo llevaba a cuestionar cosas que él había querido ignorar… Le hacía odiarlo, ignorarlo, resentirlo. No era por maldad, lo sabía, porque Yurio quería que las cosas se arreglaran, pero nadie le había enseñado sobre inteligencia emocional…
Y así, no hubo más "ir a correr en la madrugada" para ellos, durante otros seis meses…
…y así, Otabek decidió usar su último argumento, aquella mañana, porque ya no le quedaba nada por perder…
Poniendo a los esposos en la amarga disyuntiva de cumplir su acuerdo: "Seremos cien por ciento felices… solo si ellos dos también llegan a serlo…".
- Entonces, no los molestaremos más. Lamentamos los inconvenientes generados.
- …Beka…
- ¿Qué quieres decir con eso…?.
- Que me cansé, Yuri. Sé que cometimos un error imperdonable, el peor de todos, y quizás yo tampoco te habría perdonado si fuera una situación inversa. Pero me cansé de intentar explicar, y de intentar conservar mis sentimientos…
- No… Yuuri, no es justo…
- ¿Hablas de justicia? Lleva un año siendo mi esposa, humillándose de la peor manera como una forma de pagar el que por su culpa tuvieses que dejar una carrera brillante. ¿Tienes idea a cuántos peligros se expuso por elegir ser mujer ante el resto? Yo solo tuve que sortear a la suerte, logrando salir tan solo con un par de heridas profundas infringidas por mi padre, cuando supo que era gay y estaba acusado de violar a un menor de edad ruso.
- No...
- Katsuki ha tenido que ser algo que no es, por ti. Y, lo lamento mucho, pero
- …Yuuri no puede corresponderte… Yuuri me ama a mí, tú amas a Yurio… Yuuri, dile, por favor…
- Lo amaba… Lo amé con toda el alma, hasta este mismo momento…
- Beka, por favor…
- Yuuri… Yuuri, por favor. No me mates de nuevo…
- …nto… Lo siento…
- ¡YUURI!
Viktor estiró la mano, dio dos pasos, y capturó al fin esa muñeca. Fuerte, firme, girándolo, y besando al fin esa boca que solo le pertenecía a él, maldiciendo las lágrimas que caían a raudales por sus mejillas, odiando haber hecho esa promesa de mutuo acuerdo.
- …lo siento, Yurio –y volteó hacia el ruso menor, con el corazón rompiéndosele- Lo siento, pero no puedo… No puedo dejar ir a Yuuri solo porque ustedes no pueden arreglar las cosas, ¡YO LO NECESITO!
- …ha?
Como en esa ocasión, Viktor se puso a reír, despertando a su novio.
- Hum…? Nani…?
- Nada, nada, mi amor, duerme… -lo besó, acurrucándolo de nuevo. Mientras regresaba a sus reflexiones…
Hasta ese momento, aun no entendía cómo es que no notó nada extraño en la expresión de Yurio cuando lo miró de aquella manera, tras su confesión.
- Lo que dije, yo
- Espera… ¿acaso…?
Sí. Yuuri conocía muy bien a Beka ahora, pero
Olvidó el detalle de que ellos cuatro, junto con Mila, eran muy buenos actuando.
- Otabek… -apretó los puños, frustrado.
- …en mi defensa, debo decir que tú tampoco me contaste nada…
- ¡PORQUE USTEDES SE LA PASABAN MANDÁNDOSE MALDITAS INDIRECTAS Y GRITOS!
- Ustedes también se trataban mal…
- ¡PORQUE YURIO JODÍA SIEMPRE CON EL MALDITO TEMA! …Otabek… -para la aun estupefacta presencia de Viktor, su Yuuri empezó a corretear a Beka, hecho una furia.
- …creo que me estoy perdiendo algo…
- ¿Algo…? Grandísimo hijo de puta –le tiró un soberano coscorrón- ¿Desde cuándo se reconciliaron?
- …hace seis meses…
- ¿QUÉ? –Yurio empezó a sacarse conejos- Beka… hoy comemos cerdo y conejo a la parrilla…
Una hora después, ante el improvisado juzgado compuesto por Minako, Mari, Mila y Yuuko, los cuatro con las cabecitas proyectadas al piso, habían confesado su pecado…
Casi tan pronto como Viktor había seguido a Yuuri en su carrera, el día que se reencontraron, ellos dos habían entrado a una de las habitaciones… Bueno, habían sido encerrados por Mila "por accidente". Y obligados a compartir aquella situación, más que nada por el olvido de la joven a causa del problema de Makkachin, habían podido conversar. No habían sanado resentimientos, y en verdad cada uno tenía motivos de sobra para sentirse herido, pero como amigos que eran de los otros dos, quiénes eran ya una pareja estabilizada, y no dos niños en pleno desarrollo, como ellos, habían decidido usar la psicología inversa (más atribuible a Yurio que la melosidad de Mila, para tratar estos asuntos) para ayudarles. Sabían que probablemente ocurriría pronto, al igual que su propia reconciliación, porque esos dos se adoraban. Pero mes a mes, intento tras intento, imposibilitados de guardar una conversación intima de nuevo, cada quien iba desarrollando planes cada vez más erróneos, en su desesperación. Hasta que el día en que Viktor le dejó una nota en la mesita, diciendo que iría a caminar, y Yuuri por su parte, dejó una idéntica con el mensaje de "Voy a comprar", volvieron a verse juntos, en la habitación de Yurio, donde no solo acordaron que lo mejor era seguir el plan original, sino que al fin volvieron a amarse también, después de muchos días.
Pero nada salía conforme a sus planes, y la psicología a Yurio se le estaba yendo por el culo. Y estalló. Una vez más los resentimientos afloraron, sumados al hecho de ver que sus dos amigos sufrían como perfectos idiotas al no poder estar juntos…
…sin saber que Yuuri y Viktor pasaban por lo mismo, desesperados por no poder ser cien por ciento felices cuando sus otras dos personas más importantes sufrían tanto, por tercos…
- …agradezco a la vida haberme quedado soltera. Los hombres son más complicados que las mujeres…
- Creo que se debe a que son gais, sensei.
- ¡Mila!
- Es la verdad, Yuuri. Aich –la pobre pelirroja se golpeó el rostro- He envejecido mil años por culpa de ustedes cuatro, ¡LOS HAGO RESPONSABLES!
- Nadie te invitó… Auch –Yurio recibió un codazo de parte de Beka.
- Lo que importa es que al fin se sinceraron –Yuuko se acercó a Yurio y a Viktor, y tomó sus manos, sonriendo- Gracias por no desistir…
- No podía vivir sin mi esposo…
- Y yo no podía quedarme sin el que he elegido para serlo…
Yuuri y Beka se sonrieron, y dieron por terminado ese episodio con una "firma de divorcio", divertida y muy teatrera, para diversión incluso del propio Yurio.
- He de revisarlo para ver si no le quitaste alguna parte, Katsudon.
- ¡Yurio!
- Yo ya revisé a mi Yuuri. Le sobran encantos, pero creo que se debe a él mismo…
- ¡Vitya!
- Uuuy, sí que lo tuviste presente todas las noches, ¿eso quiere decir que los gemidos nocturnos no eran por tu dolor de panza, Vitya…?
- ¡Babicheva-san!
- Ay, ¡dime Mila, soy menor que tú! –le picó las mejillas con sus índices.
- ¿Qué harán ahora? –Hiroko entró, con katsudon para todos. Y ellos se pusieron serios.
- No podemos quedarnos aquí. Si algún día ocurre algo, podríamos ponerlos a ustedes en peligro.
- Concuerdo con ello. Pero lo mejor es que encuentren un empleo. Cuanto antes…
- Solo sabemos… bueno, eso –Beka suspiró.
- Tú también eras DJ, eso no te lo han prohibido.
- Yura tiene razón. Podríamos ofrecerte en discotecas. Yo puedo ayudarte, algo de música sé –Mila se entusiasmó.
- Yo te podría ayudar con nuevas composiciones. Vitya también sabe de música.
- Pero, aunque es parte de nuestras fortalezas, no dará para vivir –Viktor los bajó de su nube- Debemos buscar algo que en verdad sea estable y en lo que podamos destacar.
- …Viktor escribe muy bonito –Mila habló con voz dulce- Lo sé, porque me ayudaba con mis trabajos del colegio y así logré tener la mejor redacción y ortografía de mi sección.
- A mí también me ayudaba. Bueno, hasta el grado que alcancé…
- Japón es el reino de los mangas, animes, y literatura variada –Beka empezaba a entender el punto de Mila.
- ¡Exacto!
- Solo tendrían que aprender japonés…
Y aunque la sentencia de Yuuri había caído como un baldazo de agua fría, los tres lo asumieron como un reto.
Uno, que Mila y Yurio lograron en menos de cinco meses, con el apoyo de Yuuri, y los consejos de un casi ya experto Viktor.
Teniendo que esperar por el buen Beka otros dos meses más.
- ¡Wuaaa, de visita en Tokio, estoy tan feliz! –y para celebrar, habían visitado la capital, dispuestos a hacerse con mucho material de estudio.
- Oh… miren… Da…ha…ri… ¿Shoten es Librería, Katsuki…?
- Lo aplican más a nombres de Editorial, Beka, pero creo que sí… ¿Entramos? –los otros cuatro asintieron.
En efecto, Dahari Shoten tenía una pequeña sección de exposición de sus libros. Especialmente los de cocina, y deportes actuales. Eludiendo los últimos para no sentir nostalgia, Mila se había paseado por entre los pasadizos, hasta llegar peligrosamente a las cercanías de las oficinas.
- Necesitamos más editores, amor. Aunque solo Onodera se esté retirando, él podía con el trabajo de cinco. Tenemos que encontrar nuevo personal, o estaremos en aprietos.
- ¿Y si me robo a Kirishima Zen? Así como Marukawa nos está robando a nuestros editores, yo
- Haruto, amor, sabes que no se puede. El mismo Onodera-kun presentó su renuncia…
- ¡Ahhh, Daiki, no sé qué hacer! Los editores no caen del cielo…
En ese momento, Mila bendijo el poder al fin entender el japonés. No lo hablaba del todo bien, pero sí lo leía, y entendía. Así que, respirando profundo, acomodándose su vestido, y sonriendo, entró en aquella oficina.
- ¡Tadan! Buenos días –la cara de Daiki y Haruto había sido un completo poema a la incomprensión y el susto, pero ella no se inmutó- Fue inevitable escucharlos, hablan muy alto, pero no importa. Puede que no caigan del cielo, y honestamente no tenemos estudios sobre eso, pero
- ¡Mila! –el pobre Viktor se asomó, e intentó sacarla a rastras, disculpándose, pero ella continuó.
- Pero, ¡suéltame, Viktor! Aprendemos rápido, y tenemos excelente redacción. Pese a no ser japoneses, sino rusos. Así que… Somos cinco jóvenes, apuestos, y ellos cuatro completamente gais –lo lanzó, al observar la indumentaria de sus anfitriones, quiénes sonrieron divertidos, ya enamorados de aquella loquita- ¡Nadie en el mundo lo hará mejor que nosotros! Tengan la seguridad de que nosotros destacaremos sobre los demás editores de todo el mundo, incluso sobre Kirishima Zen, ¡se los prometo!
Fue más que obvio para Daiki y Haruto que Kirishima Zen podría haber sido el nombre de un nuevo postre, y ella no habría estado enterada…
Se hizo el silencio. Los hombres mayores no habían comentado nada, y estaban de nuevo muy serios. Así que todo el ímpetu de la joven, fue muriendo.
- Lamento la impulsividad de mi amiga, ella
- …es paciente psiquiátrica, se nos escapó. Katsudon, agárrala por el otro brazo o vencerá a tu Viejo, la Bruja es muy fuerte…
- ¡Oi, no estoy loca!
- Solo un poco, para haberte metido en esta sección. Lo lamentamos –Beka se inclinó hacia los otros dos, que ahora parpadeaban, confundidos.
- ¡Beka!
- Hay que inyectarla… Lo lamentamos, tienen una hermosa librería, algún día, sin ella –señaló a Mila- volveremos para comprar –Viktor estaba muy avergonzado. Como el mayor, siempre respondía por ellos, como un hermano.
Así, empezaron a arrastrar a Mila, quien se resistía, suplicando que por favor lo reconsideraran, porque querían y necesitaban esos puestos.
- Yo me pido a… ¿Viktor? Y el jovencito que es su novio, ¿Katsudon, en serio se llama así? –la voz de Daiki los hizo detenerse, y voltear lentamente, con temor.
- Yuu…Katsuki Yuuri, señor…
- En ese caso, amor, me quedo con el vándalo, la loquita, y nuestro galán serio –Haruto les sonrió también, sintiéndose sobrecogido por los ojos húmedos de los cinco.
- …pero
- Las personas están hechas para aprender. Y ustedes cuatro deberían aprender de ella. ¿Te llamas Mila, verdad? –asintió, en medio de su shock- Es malo escuchar tras la puerta, en Japón y en Occidente. Pero te agradezco mucho que seas el ángel que hizo aterrizar a todos estos
- ¡QUERUBINES! –Haruto los hizo reír con su entusiasmo.
- Gracias… -Viktor dejó escapar una lagrimita, dejando a plena vista su bondad- Siempre se los vamos a agradecer, no los defraudaremos…
- Lo sé, Viktor. Ahora, si tienen desde ya, tiempo, podemos empezar… Onodera nos ha dejado con mucho trabajo…
- HAAAI!
Daiki y Haruto nunca habían preguntado sobre su pasado, pese a sospechar que esa versión explicada por ellos, no era tan real como suponían hacer creer.
Pero los amaban. Especialmente a Mila, a quien en un arrebato de entusiasmo, habían adoptado, bajo consentimiento de su familia rusa, sabiendo que no volverían a verla.
Y así, pasado el tiempo, el recuerdo de la frialdad de San Petersburgo se fue diluyendo…
Pero ahora, cierto nombre, perteneciente a un hombre insufrible, volvía a congelar su futuro.
- Gracias por entender. El lunes a primera hora estaré en Dahari, Daiki-sama. Hasta el lunes –colgó el celular, y volteó hacia ella.
- ¿Comprendió? –Haruka lo miraba, medio adormilada, desde su cama.
- Sí. Creo que deberías pedir descanso a ese tipo. Los primeros meses no son los más apropiados –en verdad estaba preocupado por ella.
- No fue eso, Oda –lo miró a los ojos, y suspiró- Hoy vi a Shiro de nuevo…
Por alguna razón, ese comentario a Oda no le generó celos.
Sino, miedo.
