23. Reencuentros

Entró con el aura de quien se sabe con derecho a hacerlo. Altivo, aunque irradiando esa energía invasiva que incomodaba a cuando hombre o mujer atractivos se cruzaran por su camino, al ser observados de mala manera por él.

Silbando, lanzó una mirada para nada disimulada a una joven de espaldas, que vestía un traje entallado, y que constituía en esos momentos el paisaje más bello de aquella mañana. Así que, arreglándose el cabello, se acercó por detrás, y habló, tornando un poco más ronca su voz.

- De modo que era verdad… El cielo se rompió y un hermoso ángel vino a iluminar Dahari Shoten… —sonrió satisfecho al ver el leve estremecimiento en la espalda, y la manera en que las piernas se tensaban, al igual que los músculos de sus brazos y cuello. Por su parte, la joven alzó la vista de los documentos que se encontraba fotocopiando, y sonrió de lado.

- …tiene razón. Lo malo es que hace un tiempo atrás me cortaron las alas, y por ende, me fui derechita hasta el mismo infierno —Mila volteó lentamente y lo encaró, con sus facciones usualmente risueñas, cargadas de una frialdad que amenazó con congelarlo—. Por ello el color de mi cabello.

- … —Oda no pudo decir nada, ni siquiera intentó lanzar un comentario mordaz.

- ¿Qué pasa, no me digas que te olvidaste de mí? ¿O es que las ratas te comieron la lengua…? He oído que las de tu oficina son caníbales… —en cambio, ella sí que se le acercó, y poniéndose de puntitas, se puso a la altura de su oreja derecha—. Ten cuidado: Les gusta mucho la carne añeja… —luego se separó, y sin mirarlo, se fue rumbo a su oficina.

La observó, en silencio, incapacitado siquiera para pensar. ¿Cuántos años había pensado en ella, recordando la inocencia arrebatada y la manera en que rompió su corazón? Bajando la mirada, siguió avanzando, hasta llegar a su oficina. Giró la manecilla, y cuando ya iba a entrar, trastabilló cuando alguien de menor estatura y complexión chocó con su cuerpo.

- Oh, lo siento, yo… —pero si el anterior encuentro con la joven lo había dejado sin habla, el encontrarse con aquella persona simplemente le mató varias de las neuronas aun activas.

- Oh, Vorobiov, qué bueno que llegas. Lamento que hayamos invadido tu oficina tan temprano, pero necesitábamos unos documentos urgentes… —Haruto se quitó la pañoleta que había amarrado en su cabeza para proteger sus cabelloso, y rodeó con los brazos a aquella persona—. Aprovecho para presentarte a otro de nuestros editores, él es…

- Otabek Altin —esbozando una sonrisa que no llegaba a sus ojos, el kazajo extendió su mano, y cuando la ajena, temblorosa, fue a su encuentro, disfrutó con deleite el apretar como nunca lo había hecho—. Espero en verdad que haya tenido un buen inicio el día de ayer…

- …el mejor, créame… —tragó saliva, y cualquier potencial expresión de dolor que se le podría haber escapado. Siempre había pensado que aquel mocoso carecía de sentimientos y carisma, pero era evidente que en ese momento lucía más vandálico que cuando estaba serio—. Ha…Haruto-san, ¿aun necesita algún documento?

- No, ninguno —la siempre habitual amabilidad de Haruto se hizo presente—. Nosotros tres ya nos vamos.

Oda se puso tenso. Hasta el momento, ya había tenido oportunidad de volver a ver al Cristal, así que únicamente le quedaba por encontrarse con los dos rusos. Nikiforov era muy alto como para estar oculto tras alguno de los anaqueles sin que se le viera desde donde estaba, a diferencia de Plisetsky.

No sabía cuál iba a ser el mejor escenario esperado… Pero rogaba porque la tercera persona de la que hablaba su jefe no fuese nuevamente Katsuki, porque no sabría cómo afrontar un nuevo encuentro con el japonés empoderado.

- Ufff. Listo, Haruto-san. He logrado colocar la trampa para la rata que vio ayer aquí mi Takafumi…

Sin embargo, nada lo preparó para ver elevarse desde debajo de su escritorio a un hombre muy alto y apuesto, de cabellos castaño claros (casi rubios), y unos dulces ojos miel, que parecieron cuajarse al encontrarse con los suyos.

- Excelente, Kirishima-san —aquel apellido tuvo la propiedad de lograr que sus pupilas se contrajeran, volviéndose dos pequeños puntitos—. Aprovecho para presentarle a nuestra nueva adquisición…

- ¡Oh! —Otabek tuvo que voltearse para no reír cuando Zen se acercó, forzándose a sí mismo a sonreír como si hubiese visto al mismo Kamisama bajar del Cielo, para completar su cometido—. Es exactamente igual a como me lo describieron… Lamento no haber prestado mucha atención el día de ayer, pero como ya ha comprobado, hay distracciones que en verdad… son, inevitables… —su voz se fue apagando al ver pasar a lo lejos a su novio, distraído, mirando unos documentos—. Le deseo buen día, con su permiso… —y sin más, salió a paso apurado para darle caza, atrapándolo para robarle un beso perfectamente visible desde donde los otros tres estaban parados, mientras Mila y Yuuri aplaudían, y Víctor no dejaba de tomarles fotos.

Al menos Nikiforov parecía seguir igual de idiota que en aquella época, pero esta situación estaba acabando con sus nervios de acero.

- …espero que no le moleste ese tipo de comportamientos —Oda dio un respingo, saliendo de su estupefacción al sentir a Haruto demasiado cerca—. Kirishima-san adora a su novio, y aprovecha cualquier momento para demostrárselo. Oh, es taaan celoso —Otabek tuvo que salir de ahí porque la risa ya no podía aguantarla más, menos cuando vio un leve tinte gris en las facciones de aquel sujeto—. Pobre Katekita-san, su predecesor en esta oficina: Su pie nunca más volvió a ser el mismo…

- ¿Su pie…? —Oda tragó saliva.

- Así es… En fin, son cosas que pasan, no le de importancia. Nos vemos.

A lo lejos, separándose de su osito, quien le reclamó rojo de la vergüenza por su comportamiento, Zen volteó hacia aquella oficina, y le lanzó una sonrisa que gritaba a todas luces que no pensaba ceder en ningún aspecto con respecto a Yokozawa. Y Oda, incapacitado para reaccionar, decidió entrar, evitando su mirada, antes de cerrar la puerta.

Dejó su maletín sobre un estante, y luego se dejó caer tras su escritorio, intentando recomponerse, para no salir huyendo al comprender que estaba en medio de un horroroso problema existencial.

Cerró los ojos un momento, clamando serenidad, y se estiró para destensar sus pobres músculos…

- Daría todo por estar ahí dentro en este momento… —los ojos verdes de Yurio brillaron con una maldad que solo se permitía frente a la gente que odiaba. Y luego de un instante, él y su novio, ocultos tras las maquinitas de café, se taparon las bocas para no dejar escapar la sonora carcajada que se les escapó, cuando escucharon el rugido de dolor de aquel sujeto.

Porque sí: La trampa de Kirishima había en verdad atrapado a aquella maldita rata.

—.—

Adoraba a Asahina, en verdad. Aun no le quedaba del todo claro quién había sido el primero en enamorarse, pero lo adoraba. Sin embargo, odiaba cuando se volvía un trabajólico de primera, olvidando que también eran seres humanos, y que por ello, debían darse momentos para disfrutarse mutuamente sin que sus cargos interfiriesen de alguna manera.

- ¿Ya está listo? —el dueño de sus pensamientos cerró su computadora y se colocó el abrigo, ya de pie y presto a salir.

- ¿…no podrías haber agendado la cita para mañana? Akihiko no trabaja en una oficina como nosotros, ¡no es un esclavo!

- Interesante que esto lo diga el Presidente de la compañía que lo explotaba… —Isaka apretó los puños, sonrojado—. Apúrese, vamos con retraso…

- Como Presidente puedo ordenarme incluso a mí mismo… Y me ordeno ir a descansar.

- No seas caprichoso…

- ¡Estoy exhausto! —Asahina tuvo que frenar el impulso de abrazarlo al ver cómo sus ojos violetas se llenaban de frustración—. Sé que las montañas de trabajo que tenemos son mi culpa por haber echado a Yokozawa y Kirishima, ¡pero estoy cansado! Y ni siquiera sé si lo estoy haciendo bien… —el corazón que lo amaba se estrujó.

- Lo está haciendo muy bien, Ryuuichiro-sama. Esto no debería tardar más de un par de horas, ya sabe que sensei suele ser muy directo.

- …ni siquiera sé por qué debería ir, si ya no trabaja con nosotros no es más mi responsabilidad.

- Precisamente porque hay una posibilidad de que vuelva, y como sabes, no hay otra persona en Marukawa a la que él respete más que a ti como editor—sin duda alguna, darle directo a su ego era la mejor estrategia; Ryuuichirou resopló y se cruzó de brazos, empezando a ceder.

- Nunca me hacía caso…—casi formó un puchero infantil.

- Pero siempre te ha reconocido como la persona que lo descubrió, y lo sabes. Vamos —se acercó, y lo atrajo a su cuerpo, logrando que se relajara—. Solo te pido un último esfuerzo hoy, y te juro que mañana te dejaré dormir hasta mediodía, yo me encargaré de tus reuniones…

- Me encanta la idea de que te encargues de todo, pero… —lo miró a los ojos suplicante—, si haces eso, tendrás que irte. Y llevas más de un mes sin tocarme —Kaoru suspiró. Adoraba esa actitud de niño engreído que parecía eterna en su pareja, la misma que a él le mandaba al diablo su intento permanente de hacer las cosas de manera profesional y responsable.

- ¿Quieres que falte? —asintió. Kaoru no podía negarle nada, y si era sincero consigo mismo, sus anhelos eran directamente proporcionales a los del otro. No haberle hecho el amor en tanto tiempo siempre hacía que ambos empezaran a pensar de más, y era lo que menos podían permitirse durante aquella crisis empresarial—. De acuerdo, supongo que de vez en cuando puedo ser flexible… —su novio lo miró con ilusión, dejando que una tímida lagrimita de felicidad se asomara por el borde sus preciosos y extraños ojos.

- Por favor, promete que te quedarás conmigo mañana. Te juro que aunque nunca eres suficiente porque siempre quiero más de ti, luego me pondré a recuperar cada segundo perdido —Kaoru lo apretó más, buscando protegerlo con su propio cuerpo.

Ya no eran tan jóvenes, cada día caminaban más y más a sus cuarenta, pero aquel que reposaba contra su pecho siempre se sentía como aquel jovencito impulsivo que lo besó a la fuerza, tirando a la basura todo su autocontrol y haciendo florecer el amor que había dormido por tanto tiempo.

- Prometido, Ryuuichirou-sama. Ahora, apúrate, en verdad vamos tarde, y aun quiero que aprovechemos lo que quede de esta noche.

—.—

Shiro sabía, desde hacía mucho, que la relación que había iniciado con Ryuu nunca sería una pradera llena de rosas y flores aromáticas en las que Ryuutaro se la pasaría, ahora sí, corriendo y riendo como si se tratara de un cuento de hadas eterno. No. Las relaciones no eran un arcoíris, y ellos no eran perfectos, y además, empezaban a conocerse más y más conforme pasaban los días.

Por eso, cuando aquella llamada se había hecho escuchar, y había sido su novio quien respondió, inicialmente, Shiro había considerado que no había problema alguno, tal vez se trataría de un tema de la editorial. Pero, no. Minutos después, había sido él el revelado como destinatario de aquella extraña llamada, y la actitud siempre dulce de su Ryuu había sido mutada por una expresión muy evidente. No podía jurar que lo conocía como a su hermana, pero algo de aquel amor que había brotado con naturalidad lo llevaba a afirmar que las cosas no estaban bien. No era su culpa, ya que el tema de aquella llamada no tenía ni siquiera para él mismo pies ni cabeza, pero… Había un algo de responsabilidad futura que necesitaba explicar, para que esa situación no se transformase en un gran problema para ambos.

Así, gracias a esa llamada, Shiro había descubierto dos cosas más: Ryuu no estaba de acuerdo con la idea de mantener vínculos más allá de lo profesional (entiéndase, Yokozawa) con sus anteriores intereses amorosos. Y que incluso él, que era tan diplomático, podía volverse un adorable y bastante evidente manojo de celos.

La cuestión era, entonces, aprender a convertir esas situaciones en un algo a su favor.

- Papi, ¿hoy vendrá ese sensei…? —había estado decidido a intentar aclarar en ese preciso instante la situación, pero el pequeño intervino justo antes de que pudiese hablarle, logrando, afortunadamente, que los ojos marrones que antes habían mantenido un ceño fruncido cargado de dudas, se suavizaran de toque paternal.

- Pues, sí. Tío Henmi recibió aquella recomendación de parte de los amigos de Kirishima-san, mi amor —Shiro suspiró, enamorado, al ver cómo su novio interactuaba con el pequeño polluelo que adoraba como suyo propio.

- ¿Será uno tan lindo como Nowa-chan o Hiro-san…? —el pequeñito se estremeció en expectativa. Y ambos adultos de igual manera, ya que, aunque sabían que el primero era un pan de Dios, y el segundo muy estricto, pero paternal, no podían jurarle que su amigo de la universidad fuese igual de paciente, sobre todo porque aun no lo conocían.

- No lo sabemos, cielito —Shiro se acercó, abrazando sus pequeños hombritos y pegándolo lo máximo que era posible a su cuerpo por culpa de las sillas—. Pero confiamos en que será un muy buen profesor —en ese momento, el timbre sonó, anunciando probablemente la llegada del invitado.

- De hecho, él debe ser —Ryuu evitó la mirada que le fue dirigida, suplicante por una interacción natural. Y salió hacia la sala, para recibir a la persona que había tocado el timbre.

- ¿Se han peleado…? —Ryuutaro era muy maduro y observador para su edad, y dado que adoraba a su nuevo papá, y la manera en que éste amaba a su papito, su corazón infantil se contrajo ante la idea de que su pequeño hogar cálido y dulce se viese deteriorado por un lío en el que no pudiese intervenir.

- No, solo hay un malentendido que debo aclarar con papi. Te prometo que lo voy a hacer ahora, mientras tú estudias.

- Se nota que papito está arrepentido… —Shiro lo volvió a apachurrar.

- Y yo me voy a encargar de pedirle perdón, mi cielo. Todo estará bien cuando terminen tus clases particulares, ya lo verás.

- ¿Y si no es así…? ¿Te irás? —el corazón se le partió al observar el tierno pucherito.

- Jamás. Haré todos los méritos del mundo para convencerlo de nuevo. No podría vivir lejos de ustedes ni con mis pensamientos, mi amorcito.

Y Ryuutaro le creyó, porque pese a que sus padres recibieron con su característica hospitalidad a aquel catedrático casi jubilado (el jovencito rubio que lo acompañaba se carcajeó de lo lindo ante la sugerencia inocente del pequeño), era evidente que lo mejor que podía pasar en ese momento era tener a aquellos dos amigos de sus amigos como profesores particulares, para que lograran nivelarlo hasta el momento en que pudiese reincorporarse a su escuela. De ese modo, sus padres podrían hablar, y reconciliarse, aunque tuviesen que hacerlo quedito, quedito.

- No se preocupen por Ryuu-chin, Shinobu y yo le ayudaremos con los temas más complejos —aunque inicialmente le había parecido una blasfemia el que lo involucraran a él como profesor de un niño tan pequeño, Miyagi posteriormente se había comprometido en cuerpo y alma, junto con Shinobu, a preparar sus materiales. Mucho había servido el que Hiroki le contara la historia de ese niño, y de sus padres, y se había sorprendido gratamente cuando había sido su pequeño novio el que aceptó, ganándole por puesta de voz.

- ¿Puedo decirles Miya-chi y Shin-chan? —en condiciones normales, Shinobu habría gruñido a quien osara usar aquel sufijo en él. Pero aquella ternura natural del pequeño lo había tocado, y le parecía tan adorable como él mismo lo había sido de niño.

- Claro que puedes. Y recuerda en todo momento consultarnos a ambos aquello que no entiendas, ¿sí, mocoso? —a Ryuu no le importó que lo tratara de esa manera, porque aquella palabra tan fría había sido pronunciada con un timbre lleno de calidez.

- ¡Sí, Shin-chan! —Shinobu asintió, sonriéndole, y tras asentir ante los padres del pequeño, lo guió con cuidado hacia la mesa asignada para revisar las tareas.

- Muchas gracias por ayudarnos —Ryuu habló con infinita gratitud, pero era consciente de que debía aclarar las cosas desde el inicio—. En estos momentos nos encontramos avocados a la recuperación de Shiro y nuestro hijo, pero le prometo que seremos puntuales con su pago una vez nos estabilicemos… Solo necesitamos un par de meses para que él pueda reincorporarse a Marukawa —Miyagi negó con las manos y con la cabeza.

- No hay problema con ello, en verdad, no lo necesitamos. Como ya le debe haber comentado Kamijou, él y yo somos catedráticos, y además de ello, tengo otros pequeños trabajos relacionados con la literatura. Luego de su graduación, Shinobu y yo asumimos tácitamente el cargo de profesores sustitutos en nuestros tiempos libres, para apoyarlos con las clases de los niños del orfanato, así que Ryuu-chin está en buenas manos, no tienen que preocuparse por nada más —le sonrió a lo lejos a su pequeño novio, y él correspondió, con ojos cargados de admiración y mejillas sonrojadas—. Tomaremos estas clases como un favor especial para con los nuevos padres de Mamoru-kun, otro de mis rivales de amor —los cuatro rieron al escuchar la queja apagada de Shinobu.

Como siempre ocurría, Ryuutaro había desde el inicio comprendido que aquellas dos personas se amaban como sus padres lo hacían. Así que aquella broma fue tomada por él con naturalidad, y casi estuvo a un paso de seguir molestando al jovencito rubio, pero este lo amenazó con hacerle cosquillas.

- Oh, el pequeño Kirishima, ¿verdad? —Shiro se emocionó, ya que recordaban muy bien aquel dulce encuentro con los hijos de sus Jefes.

- Así es. Ese terremoto: Aquí entre nos, le debo a él el que mi terrorista sea ahora tan dócil como un conejito… —habló aparentando susurrar, pero lo suficientemente alto como para ser escuchado.

- ¡Oi, anciano, deja de quitarles el tiempo con tus tonterías y ven a hacer tu trabajo! —los mayores rieron, y Miyagi se alejó, dejándolos a ambos en silencio para luego acercarse a coquetear de manera descarada y tierna con su prometido y el pequeño "conejito".

Al descubrirse fuera del pequeño grupo de estudio, ambos se miraron y aceptaron que era el momento ideal para ocuparse de sus asuntos. Por ello, entraron una vez más a la cocina, Ryuu empujando la silla de ruedas, y él mirando sus manos. Ryuutaro estaba en buenas manos, confiaban ciegamente en el criterio de los Kusama, pero… Aun así, ninguno podía negar que haber buscado aquella ayuda para sortear un problema de adultos los hacía sentir muy culpables.

- No sé qué decir o hacer para solucionar este problema que siento, con honestidad, una tontería, porque tengo muy claros mis sentimientos. Sabes que te amo solo a ti, ¿verdad? —las palabras de Shiro lo llevaron a mirarlo, sorprendido por lo directo de su comentario, pero aun con el corazón contraído por el miedo—. ¿Por qué te quedas callado?

- Yo… No sé de qué hablas… —Ryuu miró a un costado, avergonzado por haber sido descubierto.

- Oh, no lo sabes, ¿eh? —Shiro sonrió de lado, medio divertido, medio exasperado—. No hablamos de un problema de la editorial, ni siquiera un tema propio de cada uno. Haruka llamó, tú respondiste, y algo debió decirte para que me entregaras el celular con esa expresión en tu rostro.

- ¿Qué expresión…? —intentó alejarse, a la defensiva, pero él fue más rápido. Lo jaló de la muñeca y lo sentó en sus piernas, sin darle lugar a escapatoria alguna—. Hey, Shiro, no hagas estas cosas, ¡estás aun convaleciente!

- Eso es lo de menos, si empeoro, será tu responsabilidad por ocasionar esta situación —su comentario casi ofendió al otro—. ¿Qué te dijo? —era imposible negarse a esa mirada penetrante que parecía conocerlo mejor que su propio hijo, y por ello, se contrajo sobre su cuerpo.

- Pues… nada en especial. Solo dijo tu nombre, y como me quedé callado, soltó un "¿Acaso me vas a decir que ya te olvidaste de mis besos…?" —Shiro frunció el ceño, tensándose—. Le… le dije que solo había respondido tu celular, pero que ya te pasaba con ella. No me respondió de inmediato, solo soltó un "Gracias" antes de que le respondieras…

- Esa bromita era recurrente cuando solía llamarme antes y sinceramente no me acordaba de su voz. ¿Me vas a decir qué te hicieron pensar aquellas palabras…?

- Pu…pues… —bajó la mirada—. He… he tenido muchos compañeros de cama, y lo sabes —aquello solo lo tensó más—. Pero ninguno como tú, y me refiero al lado carnal, porque ya sabes que eres la única persona que me ha transmitido todo de manera completa. Así que, yo, pues, pensé en ese momento… —escondió el rostro en su cuello—, que quizá con ella aprendiste a hacerlo todo…

Shiro escuchó aquello y comprendió perfectamente bien aquella conclusión, que aunque no errónea, debió haberlo hecho sentir muy incómodo. Suspiró, y lo atrajo con suavidad, dejándolo reposar y calmar su respiración contra su piel. Le hacía cosquillas, y aquella actitud le invitaba a sobrepasarse con alguna broma como inicio, pero no. Se había prometido nunca hacerlo sentir inseguro más del tiempo necesario, jamás irse a la cama cuando alguno de los dos tuviese dudas sobre sus sentimientos. Y este momento no iba a ser la excepción.

- Así como tú me vuelves loco cuando tomas el control, y es natural que hay cosas que sabes hacer porque las aprendiste en algún momento, no puedo negarte que aprendí con ella parte de lo que sé —lo sintió apretarse contra él, aferrarse a su camisa—. Sin embargo, sabes también que el desempeño de una persona en estos menesteres es una suma de todas las experiencias, y yo no solo he estado con ella. Hay mucho en mí que obedece a mi propia curiosidad, y estoy seguro de que cuando me recupere, contigo pasaré incluso a un nivel superior, gracias a lo que tú también sabes —Ryuu reflexionó, y aceptó que tenía razón en todo, asintiendo con cuidado—. Bien. El día que decidí contarlo todo, lo hice justamente porque ella fue a mi departamento y me pidió ser su cómplice contra Kirishima-san —Ryuu se separó lentamente al oírlo—, minutos antes de que yo hubiese estado pensando en ti. ¿Te imaginas qué me hizo decidir por ser honesto…?

- Supongo que el que quisieran hacerle daño a Yokozawa-san… —algo que le punzaba un poquito aun.

- Jamás voy a mentirte, así que debo reconocer que en parte eso es correcto, pero porque lo consideraba mi amigo más allá de cualquier otro interés. Porque, aunque no me lo quise reconocer en ese momento, ya en ese entonces alguien más me interesaba muy por encima de cualquier otra persona. Y por ello, comprobé con sus actitudes que Haruka ya no me generaba nada con sus besos —una nueva punzada de celos dolió en el pecho contrario, solo un instante—. Por el contrario: Cuando ella se fue —acarició sus labios—, me antojé de manera angustiante de unos labios carnosos que en ese instante habrían saciado esa hambre… —Ryuu tragó saliva, con los nervios amenazando con aparecer.

- Yo… yo…

- Exactamente, mi vida. Tus labios… —sin pedir permiso, lo besó, como ya sabía hacerlo, cuando necesitaba recordarle qué lazo los unía. Ryuu se dejó hacer, sosteniéndose con fuerza para evitar el caerse, al empezar a sentir su cuerpo completamente laxo—. Jamás vuelvas a compararte o pensar sobre mí con ella, por favor. Imagina cuán insignificante fue que en este momento eres tú quien está sobre mis piernas y no ella.

- Lo siento… Pero ella —Shiro colocó un dedo sobre sus labios.

- Ella es la mujer que intenta separar a los Kirishima, mi amor. Todo lo que dice es simplemente parte de su personalidad, no encierra mayor misterio —besó su cuello, estremeciéndolo—. El caso es, que aparentemente se ha embarazado de un hombre que no la merece —aquello mató la calentura creciente, pero también sus temores iniciales—. Y no contenta con ello, intentó meterse en la casa de los Kirishima, casi exigiendo que la aceptaran ahí por estar en estado, de paso que así "tenía oportunidad" de lograr algo con Yokozawa-san.

- ¿Es idiota? —lo soltó de manera natural.

- Mucho. Obviamente se ha quedado sin trabajo y me pidió ayuda para eso —Ryuu se enderezó en su lugar. ¿Por qué esa mujer buscaba a su novio en lugar de exigirle a su pareja que la mantuviese? —. Tengo que ayudarla de alguna manera, Ryuu, como un acto de humanidad.

- ¿Acaso es tuyo…? —esta vez Shiro sí lanzó una carcajada espontánea, molestándolo más—. Sí, ríete, idiota, y vete con tu familia —intentó bajarse de sus piernas, pero fue apresado con mayor fuerza.

- ¿De modo que para ti soy un hombre que no merece la pena? —acarició sus muslos con lentitud, arrancándole un suspiro y una negativa ligera—. Me alegra que sepas que yo jamás haría algo como eso, aun si implicase separarme de ti un buen tiempo. Si embarazara a una mujer, quien fuese, asumiría mi responsabilidad de hombre, antes de volver a ti. Pero ese no es el caso, mi amor, ni lo será. Has un poco de memoria, y recuerda quién era su pareja —los ojos marrones mostraron entendimiento.

- ¿Entonces…?

- Creo que no sabe nada de los acontecimientos colaterales que generó ese delincuente, porque no me ha hecho comentario alguno, al menos no por teléfono. Y eso nos conviene. Por ello, creo que tengo la solución perfecta, y únicamente me tomará un par de horas hacerlo luego de hablar con Tanaka-san. ¿Confías en mí, en que solamente desearía poder embarazarte a ti…?

Ante semejante confesión, Ryuu lo único que pudo hacer fue entregarse en silencio.

—.—

Yokozawa se sentía curioso, diría que incluso inconforme, con la ausencia de justificaciones, pero tenía que admitir que el que Zen lo estuviese llevando en el auto de Haruto-san lo calmaba. Dudaba que su prometido se sobrepasase con él en aquellas circunstancias, y menos en aquel barrio que ofrecía vistas realmente increíbles de los millonarios japoneses que llenaban las arcas de Tokio.

- Oi, ¿a dónde vamos…?

- Justamente a este edificio —le señaló con la mirada—. Y perdona que te haya traído sin mayores explicaciones, pero si te soy sincero, no sé aun qué cosas puedo y no puedo decir en la oficina —detuvo el auto delante de una torre enorme, a todas luces muy costosa y exclusiva. Y se apoyó con brazos y frente contra su volante.

- Lo dices por aquel sujeto, ¿verdad? —asintió—. Bueno, no fue muy inteligente lo del beso, y menos lo de la trampa para ratas, Zen. Lo has puesto en alerta.

- Lo de la trampa fue culpa de Yurio y Otabek, ellos me indujeron a cometer esa travesura, pero lo otro, fue tu culpa… —en vista de que estaba tan afectado emocionalmente, Yokozawa se abstuvo de mandarlo a la mierda—. Te veías demasiado apuesto y profesional, no me pude contener.

- ¿Desde cuándo verme profesional te lleva a actuar como un adolescente calenturiento? —el otro suspiró con resignación—. Lo estuviste haciendo muy bien en días previos, pero nada más apareció ese sujeto, y…

- Intentó forzarte —Zen volteó su mirada hacia él, dejándole ver su molestia—. Y no es solo porque seas mi prometido, si fueras solo mi mejor amigo, o simplemente alguien menor que yo, estaría igual. Es un cerdo, quería triturarlo en la mañana. No puedo concebir que te hiciera eso y yo no pueda matarlo… —sus puños temblaron.

- No lo volverá a hacer. Te prometo que voy a estar más atento y me defenderé si ocurre de nuevo —muy en su interior, Takafumi sabía que parte de aquel conflicto interno se debía a su incapacidad de reaccionar. Como si Zen pensara o creyese que a él le gustaba aquel cerdo, y aquello era un horror.

- Si vuelve a ocurrir, debes gritar y te juro que esta vez sí lo despellejaré —por respuesta, el otro lo besó, sin importarle nada, relajándolo—. Perdóname, Takafumi. No debí hacer esas cosas, pero la sola idea de que estuviste a su merced, solo, aun convaleciente… Maldita sea, ese idiota tenía que saber que te amo… —Takafumi sonrió enternecido al verlo golpear el volante, y apretó una de sus manos.

- Yo también te amo, y sé que actuaremos de manera apropiada porque nosotros sí somos hombres de verdad, y profesionales. Te prometo que no volverá a pasar, no volveré a ser imprudente, y aun si algo extraño ocurre, te lo diré de inmediato, ¿de acuerdo? —Zen asintió—. Bien. Aun debemos trabajar unas horas más, concentrémonos. Luego, pues… arreglaremos lo nuestro —aquellas mejillas sonrojadas, solo por su causa, eran el calmante más perfecto para Zen.

- Cierto, luego me encargaré de revisarte para comprobar nuevamente que estás entero.

- ¡Oi, no abuses!

- No, si yo nunca abuso de tu cuerpo. Tú eres el que se ofrece —ignoró completamente las quejas superficiales de su prometido—. Bueno, Osito de felpa… Debemos ir al último piso —se estiró cuán largo era antes de desabrocharse el cinturón de seguridad y apresurarse a bajar del auto.

- ¿Quién vive aquí…? —Takafumi lo imitó, llevando consigo los dos portafolios.

- Ni idea, creo que un autor conocido de Usami-sensei, no le entendí muy bien a Haruto-san. Vamos, amor.

Se identificaron en recepción, y les indicaron que ya los estaban esperando. Aun con la duda sobre a quién deberían entrevistar, tomaron el ascensor, con la tranquilidad de saberse dueños de la situación que tenían presente.

Sin embargo…

- ¿Takahashi-sensei…? —Takafumi y Zen miraron con estupefacción a aquella mirada verde que les sonreía con un ligero toquecito de picardía mal disimulada.

- Kirishima-san, Yokozawa-san, disculpen que los hayamos convocado a esta hora y sin darles muchos detalles, pero necesitábamos que nos ayuden a organizar un evento importante en el que Usagi-san participará.

- Oh, vaya, era eso —Zen se relajó, y le sonrió de manera afectuosa—. Debí recordar que esta dirección es la misma que la del pequeño Viktor… Tal vez luego podemos visitar a nuestros senpai, Takafumi —el aludido asintió, sonriendo—. Como sea, están con los expertos, Takafumi y yo, modestia aparte, hemos sido responsables de los mejores eventos de Marukawa, están en las mejores manos —sonrientes, siguieron al más joven, quien los guió hacia el segundo piso.

- Lo sabemos. Y también que son muy profesionales y unas excelentes personas —Misaki abrió la puerta del que asumieron era el estudio del escritor.

- Claro que lo somos —el orgullo de Kirishima le brotaba por los poros.

- Y por ello, sé que perdonarán que me haya tomado esta licencia…

Zen había cedido el paso a su prometido luego de que Misaki abrió la puerta. Por ello, cuando lo vio detenerse, rígido, se preocupó, pensando que estaba atravesando una crisis de aquellas.

- ¿Takafumi…? —lo rodeó con un brazo, preocupado.

- ¿Yokozawa…?

Pero aquella voz que sonó a la par de la suya, aun más confundida, la supo reconocer a cabalidad, pese a que los pocos centímetros que le llevaba a Yokozawa le permitían ver únicamente los cabellos oscuros del hombre que aparentemente estaba sentado frente a ellos.

- …Isaka-san… —a Yokozawa, la voz le salió temblorosa, casi inexistente, y sus ojos mostraron miedo, ganas de huir, arrepentimiento y mucha vergüenza—. Yo… yo… Esta vez no he hecho nada malo… —Asahina, quien estaba detrás de Isaka, le ayudó a este a ponerse de pie, ya que parecía tan afectado como el propio hombre que lucía a punto de salir huyendo.

- E Isaka mucho menos —Usagi-san, quien había estado sentado en su silla giratoria, se puso de pie, imperturbable, fumando su cigarrillo habitual. Miró a todos y continuó hablando—. Su secretario lo ha tenido bajo una terapia de trabajo muy rigurosa, como una forma de pagar por su atentado... Perdonen que hayamos hecho esto, pero Misaki, Kaoru y yo sentimos que era justo y necesario que ya que las cosas se han aclarado, se limen asperezas que surgieron a partir de…

- Una injusticia y horrorosa falta de respeto… —Zen apretó los puños, presto a echarse encima del sujeto para esta vez sí partirle la cara, al verlo acercarse a Takafumi—. Y juro que si vuelve a hacerle algo, esta vez sí que nos voy a defender.

Sin embargo, eso no fue necesario.

- Lo siento… En verdad, no sabes cuánto lo siento, y cuánto me alegra ver que estás vivo…

Yokozawa e Isaka nunca habían sido cercanos, a lo sumo, se habían respetado lo suficiente como para no sacarse los ojos en las juntas de trabajo. Pero en ese momento, sentirse abrazado por él, como si se tratase de un amigo de años al cual no había visto en mucho tiempo, generó en el pecho del hombre de los ojos azules una profunda y serena gratitud.

Sobre todo cuando ciertas lágrimas empezaron a mancharle la camisa, y Zen comprendió, tras soltarlo, que ya no había peligro alguno emanando de aquel hombre.

- …lo siento también.

—.—

Shiro lo había logrado convencer, con una deliciosa sesión de besos y caricias que prometían continuarse a su regreso.

Por ello, tras irla a recoger en un taxi alquilado por su propio novio, ahora marchaba, a ritmo moderado, aferrado a aquel andador que sentía que lo hacía ver como un hombre mayor a su edad cronológica, y que le había hecho luchar con la puerta del vehículo.

- Te has conseguido un novio… —era más una afirmación que una duda—. Territorial y celoso, por cierto.

- Territorial no, mas bien cuidadoso con las personas que no conoce y salen con comentarios fuera de lugar —Haruka resopló, molesta—. Y celoso, tal vez, porque incluso alguien como él tiene micro imperfecciones —ella volvió a resoplar.

- Micro, vaya. Por poco y dices que es perfecto.

- Sería mentir, él y yo no somos perfectos, porque nadie lo es. Pero así nos amamos —la mujer lo observó, sin recibir una mirada en retorno.

- Te siento distante, ¿te ha amenazado con separarse de ti si me tratas como antes? —Shiro rió.

- Haruka, por favor. Para empezar, nosotros nunca fuimos cariñosos… Para continuar, tú y yo jamás seremos los de antes, porque solo era una quimera —algo en el orgullo femenino se sintió atacado por aquella afirmación—. Fuimos pareja, pero no novios, estábamos juntos, pero no teníamos planes.

- ¡Qué galante! ¿Ustedes sí?

- Sí. Criar a nuestro hijo y ser una familia —la joven bajó la mirada, un tanto incómoda, ya que lamentablemente ella no podía echarle en cara lo mismo. Se arrepintió—. Aclaro que no te estoy enrostrando mi situación emocional…

- No, solamente sugiriendo que tú sí eres feliz —Shiro arqueó los hombros, como dando a entender que negarlo era absurdo.

- Pues, eso depende. No me has dicho quién es el padre de esa criatura —ella rió divertida.

- ¿Realmente no lo sabes? Siempre has sido hábil, ya debes imaginarlo —Shiro la miró un instante y luego asintió—. Tampoco es que desee hacerse a un lado, o algo parecido, simplemente no deseaba ponerlo en contra de… de mis antiguos jefes…

- Supongo que imaginas que estoy haciendo esto precisamente por ello, ¿verdad? —en respuesta, rodó los ojos, y asintió—. También por tu bebé, pero no puedo permitir que alguien que te asuste al punto de no querer decirle que te quedaste sin empleo, tenga razones para atacar a mis anteriores jefes.

- ¡Qué noble de tu parte preocuparte también por tu rival! —llegaron por fin a la puerta deseada.

- Ya ves. Ahora no necesito pensar en nadie más que no sea el amor de mi vida… —ella abrió la puerta, mostrando incredulidad, y se sorprendió al toparse cara a cara con una parejita de muchachos, quienes se besaban en ese momento.

Shiro ya había sido advertido por Tanaka sobre la posibilidad de que situaciones de esa naturaleza se presentaran ante sus ojos. Pero luego de trabajar en una editorial tan limitante como Marukawa, en serio que aquello lo shockeó incluso a él mismo.

- Ups… —sin embargo, se permitió bromear sobre la situación—. Sí que se trabaja muy bien aquí…

- Oh, demonios… —Viktor fue el primero en notarlos, y se separó con suavidad de su prometido, quien al verse descubierto huyó, rojo como un tomate maduro—. Jejeje, lo siento, ¿buscan algún tema o título en particular? No piensen que no somos profesionales, es solo que somos un poco… especiales.

- Ya vemos —Shiro, aguantando la risa, se adelantó a cualquier comentario fuera de lugar de la mujer—. Soy Iokawa Shiro, tengo entendido que Tanaka-san le habló de nosotros a Haruto-san… —las facciones rusas se llenaron de comprensión.

- ¡Oh, entiendo! Claro, claro, por favor, síganme, justamente los está esperando en su oficina.

Tan pronto como Viktor cerró la puerta tras la mujer, y sonrió divertido cuando escuchó a su jefe recibirlos, volteó, hacia el pasillo. Topándose de cara con aquel maldito sujeto.

Y así, Vorobiov anotó una más a la lista de sus situaciones potencialmente incómodas con los fantasmas del pasado.

- La Leyenda… —Oda estaba resignado, y aun si se hubiese mostrado arrogante, aquella cojera generada por Zen le habría quitado una muy buena parte de su imponente presencia—. Solo faltaban tú y el muñequito…

- Yuri no es más un muñequito. O mejor dicho, nunca lo fue. Era y es más hombre que otros que conozco —no se movió, pese a que el otro ruso se acercó, amenazante—. Hazlo, golpéame. ¿Crees en verdad que vine a Japón sin pruebas para incriminarte…? —el otro se detuvo.

- ¿Pruebas…? ¿De qué? Solo hice mi trabajo, Nikiforov, no te creas tan importante —lo rodeó—. Te lo dije en aquella carta, quizá hasta podrías haber modificado mucho de su situación actual si hubieses respondido accediendo a mis atenciones… —Viktor casi sintió náuseas al recordar aquella propuesta.

- Para ser homofóbico tienes muy buen gusto —el otro se carcajeó, atreviéndose a darle una nalgada, llevando a Viktor a un nivel de fastidio muy elevado—. No vuelvas a hacer eso, o ya sabes qué te hará Yuuri si se lo cuento… —Oda detuvo sus pasos.

- Ese… no puede ser el japonés patético que te follabas en Rusia.

- No me lo follaba, le hacía y le hago el amor. Y sí, es el mismo. Curioso, ¿no crees? —volteó, para encararlo—. Siempre creímos que Yuuri era un cristal frágil, casi una figurita hecha de vidrio, pero en realidad, siempre fue lo que yo vi en él: Un diamante, capaz de cortarlo todo.

- Aun si lo es, tu vida deportiva se fue a la mierda —Oda se sintió complacido al observar que los puños del menor se apretaban con fuerza—. ¿Sabes quiénes brillan ahora, sabes cuán rápido te olvidaron? ¿Cuán veloz fue la picada hacia el vacío…?

- No, no tengo idea, pero me lo figuro. Casi tan en picada como abrupta fue tu salida de la KGB, ¿verdad? —las facciones maduras palidecieron—. Tengo muy buena memoria, no me subestimes. Me arruinaste los mejores años de mi vida, y sí, probablemente aun si algún día se solucionan nuestros problemas, ni siquiera pueda clasificar a mis nacionales o las de Japón. Pero no me quitaste lo más importante…

- ¿La vida…? —Oda habló con hastío y burla.

- La vida y el amor. Algo que parece que tú desdeñas con asco… —Oda sintió un estremecimiento poco natural e injustificado.

- Lo hice todo porque me contrataron, no pienses que disfruté hacer ciertas cosas...

- Siempre podrías haber dicho que no, pero es más que evidente que tienes una doble moral y gustos perversos. ¿Me vas a negar que Yokozawa-san es un manjar que quieres comerte? —el otro bajó la mirada, incómodo—. Fue lo más idiota que pudiste hacer, pero te dejaste en evidencia.

- Supongo que debo darte la razón por primera vez —y su pie se lo estaba recordando con cada latido.

- Al menos eres honesto contigo mismo. Pero no terminaré nunca de entenderte: Quisiste violar a Yuri, y ahora a Yokozawa… Si también te sientes sexualmente atraído a los hombres, ¿por qué hiciste todo aquello tomando como justificación el que la homosexualidad es anormal y asquerosa, si sabes que no tiene algo malo…? —pese a que todo lo mencionado por Viktor era serio, y verdadero, Oda rió.

- Disfruto un buen trasero cuando se me presenta, Nikiforov, sea de un hombre o de una mujer. Te diría que incluso me gusta más que sean masculinos para que me la aprieten bien —le lanzó una mirada lasciva—. Sin embargo, jamás me casaría con un hombre, la sola idea de amanecer en mi cama mirando a un tipo con el pito al aire, me repugna. Sí, para los maricas emocionales como tú, debo ser una abominación, ¿qué más quieres saber? Confórmate con eso y déjenme en paz. Lo único que quiero ahora es ganar dinero para… para ser medianamente decente —se abstuvo de mencionar algo relacionado con su nueva oportunidad de vivir.

- ¿Tú decente? —Viktor rió con ganas, intentando procesar la indignación que le había provocado con sus palabras—. Si lo fueras, no andarías buscando aprovecharte de personas que sí son decentes y saben amar. Tú no eres más que un terrorista social —Oda iba a responderle, pero la puerta de la oficina de Haruto se abrió.

Y lo que salió de allí lo dejó en shock.

- Perfecto, Haruka-chan, a partir de ahora entonces formará parte de nosotros. Oh, Viktor, Vorobiov, adivinen qué, ¡tenemos una publicista al fin! Estoy seguro de que los Kirishima estarán felices de poder trabajar con ella…

Viktor aplaudió emocionado, estrechando las manos de la joven y de Shiro.

Mientras Oda miraba fijamente a la mujer, quien a su vez hizo gala de su habilidad para la actuación, con la finalidad de no mostrar el terror que aquella mirada le estaba provocando, prometiendo en silencio que muchas preguntas que esperaban por ser respondidas lo serían, con completa coherencia, para salvaguardar su vida.

—.—

Habiendo pasado la impresión inicial, todos lograron sentarse, tranquilos, y Misaki ofreció invitarles un delicioso y sutil té de jazmín, con unas deliciosas bizcotelas hechas en casa.

- Susto es poco —Zen había decidido comentarles, para relajar aun más el ambiente, sobre cómo habían logrado conseguir sus actuales empleos—. Creo que mi Takafumi murió unos instantes cuando conoció a nuestros nuevos jefes y ellos nos ofrecieron ser libres para tener relaciones en horario de oficina... —el pobre Isaka casi se atoró con el sorbo de té que había bebido.

- Había olvidado que los tíos tenían esa rara costumbre. Lo lamento mucho, Yokozawa —el aludido dio un respingo.

- Quizá deberías implementarla en Marukawa —pero cualquier comentario suyo se vio interrumpido por Usagi-san, muy fiel a su estilo—, tus trabajadores tienen pinta de reos en abstinencia permanente.

- Usagi-san, por favor, abstente de comentar esas barbaridades… —Misaki le lanzó a su novio una mirada de advertencia que fue ignorada por un sorbo largo de té.

Takafumi oía todo, pero aun no terminaba de asimilar su actual situación. Aun temblaba, y reaccionaba con un respingo cada que Isaka volteaba a mirarlo. Para él, por su parte, cada reacción exagerada y genuina de aquel trabajador modelo le dolía en las entrañas. Ni siquiera se atrevía a bromear como lo estaba haciendo Bakahiko.

- Tal vez deberíamos conversar sobre lo que ocurrió, Ryuuichirou-sama —la sugerencia de Kaoru tensó a todos, poniéndolos en estado de alerta—. Sabemos que ellos están enterados de lo que ocurrió, pero es natural que necesiten entender por qué tuviste una reacción tan… extrema.

- No la tildaría de extrema —todos voltearon hacia el escritor, asombrados por la seriedad de su expresión—, parecía una vieja mujer que no es atendida por su marido… —siendo brutalmente decepcionados.

- Usagi-san, si sigues hablando, dormirás en el sofá —el escritor les dio la espalda en el acto.

- Tienes razón, Kaoru —Isaka suspiró, y tras dejar la tacita sobre la mesa improvisada, empezó a hablar—. Esa amenaza me había llegado como un rumor editorial con semanas de anticipación, casi meses, pero aunque no le di importancia, sí empezamos a tomar medidas de protección sutiles, inicialmente al colocar cámaras en todas partes. El trabajo de Kirishima e Ijuuin-sensei iba tan en aumento, que empezaron a llover ofertas de varias compañías extranjeras, así que poco a poco, aquello quedó como una amenaza sin fundamento. Decidimos no comentar ni eso, ni lo de las ofertas, porque sensei tenía todavía altibajos en su trabajo, y ofrecer algo en esas circunstancias era colocarse una soga al cuello. No es que desconfiara de ti y tu equipo —aclaró, mirando a Zen—, pero sabía muy bien que ustedes estaban en un momento bastante difícil por culpa de ciertas actitudes de Takano, así que…

- Espere —Takafumi reaccionó. Empezó a sacar cuentas, y se sorprendió—, usted, ¿sabía que Takano, y… yo…?

- Era mi chisme favorito —los Kirishima estaban impactados—. Lo siento, pero eras muy evidente Yokozawa, y luego, Kirishima parecía una adolescente enamorada de su artista favorito, siempre detrás de ti como un pollito. Hasta aposté con Kaoru en si serías tú o Kirishima quien noqueara al idiota de Takano cuando empezó a acosarte como un puberto urgido.

- Me quiero morir… —gruñó y gimió Takafumi, con pesadumbre.

- El caso es —Asahina decidió traerlos de regreso al tema principal, salvando así la pobre deteriorada salud mental de Yokozawa—, que si bien esa crisis no era tan intensa como la que vivieron luego con su madre, Kirishima-san, pensamos que lo mejor era no añadir más problemas a sus vidas.

- Fue por esa época en que me obligaste a aceptar que Misaki entrase a Marukawa, ¿verdad? —Akihiko lo miró molesto—. ¿Te atreviste a usarlo como señuelo?

- Sí, necesitábamos una pequeña motivación. Sin embargo, de alguna manera, este pequeño niño abusado por ti se salió del guión original, y terminó declarando a Ijuuin-sensei que tú eras su sugar daddy…

- ¡Isaka-san! —Misaki se sonrojó completamente, mientras Usagi-san fumaba, lleno de orgullo.

- Oh —Zen recordó aquella época—. Recuerdo que estuvo una semana deprimido y me generó muchos problemas, pero luego fue tranquilizándose cada que Takahashi-kun le llevaba algún postre —miró con temor al escritor, quien al oír aquello estrelló el cigarrillo con fuerza contra el cenicero de cerdito.

- Yo autoricé aquello. Prefería que lo llevara a la editorial que a su departamento. Puedo entenderlo, perder a Misaki es una experiencia comparable con un infarto fulminante, así que hice mi obra de caridad con ese sujeto —el jovencito sonrió, enternecido.

- También tuvimos una pequeña crisis… nosotros —la voz contenida de Isaka captó su atención—. Papá recibió un anónimo que aseguraba que Kaoru y yo, pues…

- Su padre es homofóbico, ¿verdad? —la pregunta de Zen fue pronunciada con cautela, y el otro asintió—. Eso de llamarme marica no fue muy elegante… —Takafumi lo miró, ofendido.

- ¿Eso hizo?

- Papá es un anciano japonés, hay cosas y temas que no acepta —al escuchar cuán cansado estaba su amigo respecto a ese tema, Usagi-san apoyó una mano en su hombro—. Tuve que dejar de vivir con Kaoru durante un mes entero, solo nos veíamos en la oficina, y…

- Y trataste de esa manera humillante a Takafumi y Zen únicamente porque no te estaban dando en las noches y a todo momento, ¿verdad?

- Bakahiko, por favor. En verdad, no tengo ganas de bromear sobre aquellos momentos…

Aquella sugerencia, en cualquier circunstancia, le habría generado a Zen una terrible gastritis y lo habría llevado a golpear a su antiguo Gerente. Pero verlo bajar la mirada, retorcerse las manos, y mostrar unas lindas orejas rojas como pimientos, despertó en él la empatía que había perdido aquella vez en que estuvo a punto de destrozar a su Takafumi.

No era el no tener relaciones, el vivir con él bajo el mismo techo. Aquella situación debió sentirse espantosa porque significaba tener que elegir darle a su padre lo que deseaba, renunciando a la persona que más amaba en el mundo. Algo que tanto él como Takafumi habían vivido en carne propia, y que los había llevado a una situación incluso más complicada, y dolorosa.

- Su padre… algún día se va a arrepentir de aquello. Y cuando ocurra, afortunadamente ustedes seguirán juntos…

La voz de Yokozawa, pausada y grave, invitó al Gerente a alzar la mirada, y corresponder aquella sonrisa cálida que le estaba ofreciendo.

- En cuanto te fuiste de su oficina, me preguntó sobre tu comentario —Ryuuichirou no reprimió su risita divertida, y Takafumi se sorprendió al ver que Zen le seguía el juego—. Así que, pues… Me ha dado un mes para solucionar este desastre, o de lo contrario, me desheredará. De milagro, por el amor que le tiene, ha prometido no echar a Kaoru.

- Dudo mucho que pueda tener la oportunidad de cumplir su promesa, pero aun si lo hace, ya te dije que me iré contigo, Ryuuichirou-sama —Asahina lo sonrojó con su mirada profunda y transparente—. Solo, debemos sacrificarnos un poco más —se tomaron de la mano, con los ojos brillantes.

- Quizá el éxito esté a la vuelta de la esquina… —la profunda voz de Usagi-san rompió el encanto de aquel intercambio, pero hizo que las cuatro personas frente a él prestaran atención por completo—. Tanaka me ha escrito. Probablemente, esto no vaya a gustarte, Zen, pero… Creo que es la mejor decisión…

Alcanzó su celular a Kirishima, permitiéndole tener la primicia de ver a aquella desagradable mujer, firmando lo que visiblemente era un contrato, sentada en la misma mesa que Haruto.

—.—

Habían fingido muy bien el no conocerse. Y luego, perfectamente envidiable había sido el modo en que Oda había simulado ser un caballero, al llamar personalmente un taxi para Shiro, y ayudarle a salir hasta la calle cuando este anunció su llegada. Claro está, el más joven conocía cuán peligroso era aquel sujeto, y como hombre, deseaba poder tener una conversación con él acerca de su paternidad.

Pero, ahora no solo era él en el mundo. Ahora, debía velar por el padre de su amado hijo, y por ese hermoso angelito. Así que, haciendo de tripas corazón, y tras asegurar que no era necesario que se tomase más molestias, se despidió con un apretón de manos, y la promesa de aquel sujeto de cuidar de su querida "prima".

- Estaba a un paso de ir por ti —sonrió con ternura y diversión al ver a Ryuu saliendo por la puerta de recepción de su edificio, diligente y preocupado, presto a ayudarle a bajar del taxi.

- ¿Hace cuánto me estás esperando? —el taxista se marchó luego de recibir su paga, sonriendo divertido al ver aquella situación.

- …desde hace media hora… Dijiste que solo te tomaría un momento y no me llamaste —¡qué ganas de besarlo atrapándolo contra la puerta! Pero como aun no era posible, se contentó con besar su frente, mientras el otro le ayudaba a cambiar a la silla de ruedas y plegaba su andador.

- Lo lamento. Resultó que Haruto-san y Daiki-san eran personas muy agradables, y como me tuve que presentar como su primo para que ella no sospechara nada, me invitaron una copa. ¿Me perdo…?

- ¿Una copa? —Ryuu alzó la voz, indignado, y asustado—. ¿En qué pensabas? ¡Estás medicado, Shiro!

- Me invitaron una copa… —abrió la puerta, tomándose el tiempo de dejarlo en vilo unos segundos—, y yo muy gentilmente les pedí que la cambiaran por un jugo de naranja —su novio se encogió, avergonzado—. Algún día voy a mandar al diablo el andador, la silla, y mi cintura, y te haré el amor en la sala…

- Cállate… —jadeó, mirando de reojo. Y recién ahí entendió que la visita aun estaba trabajando con Ryuutaro.

Tras una corta sesión de besos infantiles cargados de chocolate (por culpa de "tío Shin-chan", quien le había llevado unos dulces), y unos minutos adicionales para que terminase de comprender un ejercicio de matemáticas, Miyagi y Shinobu se retiraron, agradeciendo la propuesta de cenar con ellos, pero desistiendo de cumplirla aquella noche ya que se habían comprometido a ir a cenar con unos compañeros de trabajo de Miyagi.

Así, tras acostar a su hijo, se marcharon a su habitación. Una vez estuvieron aseados y Ryuu lo hubo arropado, Shiro procedió a contarle lo que había ocurrido.

- De modo que no mostraron reconocimiento alguno. Me da mucho miedo por los Kirishima —su novio asintió.

- Lo sé. No estaban, pero tengo entendido que Tanaka-san les advertirá antes de mañana, para que no sea un shock muy fuerte. Teniéndolos en un solo lugar como mínimo podremos estar seguros de que los mantendremos observados.

- ¿Pero con qué fin? —aquella pregunta también se la hacía él. Hasta el momento, no había forma de descubrir cuál era la editorial que había intentado perjudicar a Marukawa, y si acusaban a Oda sin pruebas, se sometían todos a un peligro que en realidad aun no era medible.

- No lo sé, amor —giró con cuidado, para quedar frente a frente—. Solo sé que nuestro papel muere aquí. Ella ya tiene un trabajo, y ahora, solo podemos confiar en que los señores de Dahari y Marukawa Shoten protegerán a todos aquellos que estén implicados en esto.

- ¿No vas a ayudarla con su bebé? —Shiro le acomodó los cabellos, negando.

- Ese niño tiene un padre, y una madre. Cualquiera que haya sido la circunstancia de su concepción, ambos son los responsables de su futuro. Nadie más. Yo tengo mi propio bebé y mi propio esposo, y me debo a ellos —Ryuu sonrió enamorado, correspondiendo la caricia, y suplicó, con su corazón al desnudo.

- Shiro… Cúrate pronto, por favor… —en respuesta, suspirando, Shiro lo atrajo a su cuerpo, y él se acurrucó con cuidado contra su pecho.

- Te prometo que estaré bien pronto. Y nuestro niño también. No vuelvas a tener dudas, por favor —le alzó el mentón, y Ryuu se dejó besar, disfrutando el tierno momento.

No más dudas, soledad o desilusión. Al fin tenía alguien que lo valoraba y que confiaba en ambos.

En su pequeña familia.

—.—

"Ser acompañada" por "Vorobiov", como un acto que coronaría las náuseas de Mila al ver aquel delincuente fingir decencia, fue el cierre de acto de Haruka como nueva adquisición profesional de Dahari Shoten… Y el inicio de un trayecto silencioso en el auto que les alquilaron, al conocer que estaba esperando un bebé, y que vivían "relativamente cerca".

En el auto, él no le haría nada. Pero la mujer sabía muy bien que la cosa podría cambiar radicalmente en cuando llegasen a las cuatro paredes de su departamento.

Cuando llegaron al edificio, sin comentario alguno, y tras pagar el servicio, Oda se alejó, sacando un cigarrillo. Y ella entonces aprovechó aquel momento para ingresar, dispuesta a inclusive encerrarse en su habitación, con seguro, para no tener que poner en riesgo al bebé.

Sin embargo, apenas había ingresado, una mano la empujó con suavidad, para cerrar la puerta. Y luego, la tomó de la muñeca, eso sí, con un apretón más fuerte de lo necesario, directamente hacia el mueble.

- Oda, te juro que…

- ¿Qué pasó con tu empleo? —aquella pregunta había salido formulada con curiosidad, inclusive, con un ligero tono de preocupación. Y a ella, los ojos se le aguaron—. Estoy cansado, Haruka —Oda se contagió de aquel aire melancólico y temeroso, sorprendiéndola—. Hay mucha cosas que no sabes de mí, y aunque tengo que reconocer que no me arrepiento de ellas, lo cierto es que… Si no soy capaz de reivindicarme, ¿qué puedo ofrecerles?

- ¿Oda…? —el hombre se sentó a su lado, y tras tomar sus manos y besarlas, se decidió al fin.

- Haruka, no soy un hombre bueno, y aunque pienso hacerme cargo, de lo único de lo cual me arrepiento es de haber formado ese bebé en las circunstancias en que lo hice. No lo merecías, pero… Estoy tan metido desde hace años en el fango, que cada vez que avanzo me hundo más. Pero te juro que ya no quiero seguirlo haciendo…

La joven sabía cuán peligroso era creer en ese ruso, y sabía también que muy probablemente, hablaba porque necesitaba algo de ella. Sin embargo, también se conocía a sí misma, y aunque se estuviese sometiendo a una burla y posterior castigo, decidió creer.

- Solo tú puedes cambiar el paso inicial, y ayudarme a cambiar los míos. Sé que piensas que hay alguien más, pero lo cierto es que aun si eso es así, ahora solo me mueve la preocupación por una persona que admiro —Oda frunció el ceño, confundido—. Una verdad por otra verdad, Oda. Dijiste hace algún tiempo, que deseabas ser libre. Si aquel último trabajo que hiciste está ya concluido, si hay una esperanza para nosotros dos, entonces, tómala. Pero necesito saberlo. Y así tú también tendrás derecho a saber lo mío…

Oda sopesó sus opciones, y tras observar la cada vez más pálida faz de aquella hermosa mujer, llena de sinceridad, decidió compartir con ella el infierno que vivía desde hacía horas. Todo a causa del pasado que había caído sobre él, con golpe certero.

- Oda… ¿qué hiciste? —los ojos femeninos lo miraron llenos de decepción. Pero se conmovieron al ver el arrepentimiento en los ajenos—. ¿…puede repararse….?

- Desde un inicio, el Gobierno Ruso quiso que nada enlodase a su leyenda. Pero como él se negó a dejar lo que lo ensuciaba, me contrataron a mí. Las leyes rusas son muy estrictas, pero… Creo que Nikiforov encontrará la manera, aunque no logro verla aun —en esos momentos, ambos se sintieron como en aquel bar que fue testigo de sus primeros encuentros, esos en los que eran dos confidentes aprendiendo a tratar con el otro.

Dos mundos que llegaron a entenderse perfectamente bien.

- Es peligroso… pero al mismo tiempo, un algo a tu favor. No pueden hacer nada aun contra ti, y por tu parte, tú puedes estar tranquilo al menos por ahora, ¿te han amenazado?

- Pues… —decidió sincerarse sobre Yokozawa, y ella no pudo reprimir darle un sonoro coscorrón—. ¡Era tentador!

- ¡Y tú un cerdo! —Haruka lo miró con reproche, pero tras verlo bajar la mirada, reunió el valor suficiente—. Kirishima es muy vengativo. Si vuelves a meterte con Yokozawa, ten por seguro que incluso sin pruebas, terminará denunciándote por intento de violación. Sin embargo… —meditó una última vez, y luego, sacó su celular, y tras buscar en su galería, le mostró lo que había estado buscando—. Solo lo sabemos su médico, él, y yo.

- ¿Se está muriendo? —Oda sintió una mezcla de sentimientos, que no incluyó a la compasión. Sonriendo de lado internamente, intentó hacerse con el celular, pero ella lo alejó.

- Te estoy mostrando esto solo como una carta de garantía por si Kirishima busca venganza algún día. Pero tienes prohibido usarla…

- ¿Acaso piensas hacerlo tú? ¿Conseguir acostarte al menos una vez con él antes de entregarlo a su marido…? —Haruka lo miró fijamente. Y luego le sonrió.

- Tal vez. ¿Te imaginas un trío? Es algo que alguna vez dijimos que nos gustaría vivir pero nunca pudimos concretar… Para mí sería muy fácil sedarlo un día en que Kirishima no esté, y traerlo aquí…

- …luego soy yo el perverso… —Oda sonrió de lado también, y quedaron en silencio, evaluándose. Pensando en la mejor opción.

La noche estaba ya muy negra, y en la sala, solo eran alumbrados por la luz venida de calle. El primer avance de Oda fue recibido de manera gustosa por la mujer, habiendo sus palabras despertado ciertos fetiches que ambos compartían desde el inicio.

Sin embargo, mientras los preliminares daban inicio, ambos tuvieron el mismo pensamiento.

Una sola vez. Una sola vez tomando a Yokozawa, y luego…

Luego podrían ser una familia.