27. Fatalidad

Les habían pedido dejar a los Kusama y a Ritsu en la oficina, en compañía de Takashiki y Fukui, por lo que la recepcionista había llevado a los demás a una sala desocupada, para que esperasen. Dejando una recomendación de mantener la calma, y confiar en Takashiki-san, ella los dejó solos, y tras su partida, la familia de seis se sentó casi uno encima del otro, con los niños sosteniendo a ambos gatitos.

Chikako sabía muy bien que debía tratar a Masamune con pinzas en esos momentos, así que lo dejó moverse como un león enjaulado alrededor de las paredes, sacar el celular, marcar un número, maldecir por lo bajo, y luego enviar unas cuantas líneas. Sin decir nada, lo vio mirar con angustia el aparato, tras el sonido de mensaje entrante. Y suspiró aliviada cuando los ojos gatunos se relajaron tras la lectura, y se sentó a su lado, pareciendo ya una persona en sus cabales.

― ¿Qué ocurrió…? ―tanteó el terreno. Pero él simplemente le mostró la pantalla de su celular, y al leer el texto mostrado, comprendió.

Tras media hora de angustia, la puerta de aquella sala se abrió, y tras dejar ingresar a Takashiki, los Kusama, y Ritsu, Fukui miró a todos, especialmente a Yokozawa, y suspiró.

― El proceso de ustedes estará en stand by hasta el retorno de Takashiki-san, por solicitud de nuestro Superior. Sin embargo, dado que están llegando nuevas solicitudes, y como comentó Kusama-sama, varias de ellas habían mostrado previo interés en Mamoru-kun, hemos optado por admitir inicialmente la solicitud del señor Onodera como su guardián temporal.

― Takafumi lo era, al igual que yo. ¿Eso significa que hemos regresado a cero…? ―la voz de Zen no denotaba molestia, sino más bien preocupación. Era evidente que todos estaban exhaustos, incluyéndola a ella.

― Sí, y no ―Takashiki se adelantó, y asintió a Fukui, quien se retiró, sin ser sarcástica, pero tampoco empática. La joven esperó a que la puerta se cerrase, y luego de unos segundos, retomó su explicación―. Como proceso, el suyo sigue en pie hasta mi regreso, extraoficial e internamente. Es una concesión que he logrado gracias a su comportamiento ejemplar, mi propio desempeño, el deseo personal de Mamu-kun, y sobre todo, porque la solicitud de Onodera-san cayó como anillo al dedo ―todos miraron a Ritsu―. Fukui-san tenía la intención de denegarles la adopción hoy mismo, y de hecho, avisar a todas las delegaciones que Yokozawa-san era un riesgo potencial para cualquier niño ―Kirishima lo abrazó, y a Masamune le palpitó aun más el cerebro―. Ciertamente, en un tribunal esas cosas se podrían haber revertido a favor de ustedes…

― Pero implicaría muchas ofensivas inclusiones para los niños, lo sé ―Chikako habló, apretando los dientes por la indignación―. Con lo hoy solamente sería capaz de tirar su carrera al tacho...

― ¿Por qué admiten a ese monstruo en una institución como esta…? ―Takano lanzaba fuego por sus ojos gatunos, casi en posición de salir corriendo para decirle un par de cosas a la mujer.

― Aunque no lo crean, sí se preocupa mucho por los niños, y las adopciones que ella ha asignado son siempre exitosas. Pero me temo que una experiencia personal no resuelta la tiene sesgada. Mamu-kun, ven un momento, ¿sí? ―Takashiki llamó con su mano libre al niño, quien se apartó de su familia con miedo, y un tanto receloso―. Yo sé que amas con todo tu ser a tus papás, a tu hermanita, a tus abuelitos, y a tus gatitos, pero, ¿crees que puedas ayudarme por esta única vez? Más que ayudarme a mí, en realidad, es para ayudar a tus papitos ―Mamu miró a Takafumi y a Zen, y ellos le sonrieron con amor, asintiendo, al igual que Hiyori.

Todos sabían que Takashiki-san siempre había estado a su favor, y que nunca haría algo para dañarlos o destruir el sueño de Mamu.

― Hai… Pero… ―ella colocó uno de sus propios deditos contra sus labios, y entonces el pequeño sonrió.

― Papá y papi han pasado muchas cosas feas por culpa del desconocimiento de Fukui-san, ella aun se siente triste por algo que le ocurrió a su hijito pequeño, y por eso cree que todos los niños están en peligro. Yo creo, que si le ayudamos a nuestra manera, lograremos que cambie de opinión. Por eso he ideado un plan ―le sonrió con complicidad, haciendo que los ojos azules destellaran con ilusión, mostrando la naturaleza traviesa e hiperactiva del pequeño―. Quiero invitarla al matrimonio de tu papi y tu papá ―incluso los adultos se sorprendieron.

― Pero, Takashiki-san, ella… ―las palabras de Zen se vieron interrumpidas por una sutil negación. Fue claro entonces que ella estaba intentando llevar las cosas de una manera menos traumatizante para el niño.

― En el fondo ella sabe que ustedes son una familia, pero no ha convivido con ustedes como sí lo hemos hecho tus abuelitos Kusama, tus tíos, o tus cuatro abuelitos y tus anteriores papis. Así que, en lo que necesito que me ayudes, es a entrenar a tu tío Ritsu como papá luego de su matrimonio ―Mamoru se sorprendió―. Sabes que él quiere también darle un hogar a otro niño como tú.

― ¿El matrimonio de tío Ritsu?

― Ya luego él te contará con mayor detalle.

― Pero, su prometi… ―Onodera se acercó, y le susurró muy bajito en el oído. Mamu, en respuesta, dio un respingo, miró a su tío, a sus papás, hermanita, gatitos, y finalmente, a sus abuelitos. Chikako y Masamune parpadearon, confundidos, pero el pequeño terminó asintiendo ―. ¡AYUDARÉ!

― ¡No esperaba menos! Quiero que vayas con tus abuelitos, tu hermanita y los gatitos al jardín, ¿sí? Yo necesito conversar un momento con Chikako-san, tus papás y tus tíos, ¿de acuerdo? ―el pequeño asintió, y tras regalar un rápido beso a sus padres, se fue corriendo, con los demás citados.

― De modo que… ¿Prometida? ―Masamune ya no pudo seguirse conteniendo y lanzó sus palabras con resentimiento y celos, haciendo reír a su novio, para su propia molestia.

― ¿No la escuchaste? Sus mismos argumentos iban a ser dirigidos a nosotros. Además, madre ya nos había planteado muchos escenarios, y el propio Yokozawa-san también lo evaluó en algún momento ―como el otro seguía enfurruñado, lo tomó de la mano―. Takano-san, por favor. No voy a casarme con An-chan ―susurró, y el otro lo observó―. Podemos matar dos pájaros de un tiro, proteger a Mamu-kun durante dos semanas, y casarnos allá.

― Espera, Onodera ―Kirishima se adelantó un paso―. ¿Allá? ¿Estás pensando llevarte a Mamu a algún lado fuera de Tokio? ―padre y papi de Mamoru se tensaron.

― Solo en Inglaterra podemos hacer legal ese matrimonio.

― Mamoru no tiene pasaporte, ni Visa, ¿se necesita para ir a Europa? ―Zen lucía completamente confundido. Jamás había podido viajar al extranjero, y por eso desconocía todos esos detalles.

― Por eso no se preocupen. Los Kusama tienen todo lo reglamentario, y aunque en este momento ustedes dos no son legalmente sus apoderados, Onodera-san y Takano-san lo van a cuidar muy bien, ¿verdad? ―Masamune aun estaba aturdido por la sorprendente astucia de su futuro esposo, pero asintió, al igual que él.

― Además, justamente por esto me dejaron ser su guardián. Mencionar que estoy a puertas de casarme y que Mamu conocería a la que puede ser su futura madre, me dio carta libre para poder llevarlo conmigo.

― Pero te casarás con Masamune ―Yokozawa reaccionó, comprendiendo―. Eso invalidará tu petición…

― Así es. No tengo intenciones de quitarles a Mamu-kun, Yokozawa-san ―las palabras dulces de Ritsu casi fueron una manera de aclararle que en esta ocasión, no volvería a quitarle al amor de su vida, aunque en esta ocasión fuese el niño que había elegido para ser papá―. No porque no lo quiera, sino porque ustedes ya son una familia. An-chan ha estudiado leyes internacionales en este aspecto, justamente como… ―miró de reojo a su novio, quien lo miraba con sospecha―, como anticipo a la ayuda que siempre ha querido brindarnos a Takano-san y a mí desde que… se enteró…

― Vaya ―Zen lanzó un silbido―. A eso le llamo yo tener como aliada a tu rival de amores…

― Como si tú no tuvieras el tuyo al lado ―le susurró Takafumi, callándolo en el acto.

― Retomando ―Ritsu se apresuró a continuar, para evitar cualquier posible enfrentamiento―, para cuando traiga el certificado de matrimonio, ya Takashiki-san estará aquí de nuevo. Solamente serán dos semanas, Yokozawa-san, y luego de eso, Masamune y yo iniciaremos un procedimiento formal y nuestro. Desde cero, para encontrar a nuestro propio Mamu.

Masamune observó a su prometido, y se arrepintió de dudar sobre sus palabras. Acarició su mano con gentileza, y al mirarse, se sonrieron. Pero entonces, recordó lo que habían hecho hacía unos días, y se preocupó.

― Onodera, tus padres… Acordamos darles tiempo para que estuvieran presentes.

― No importa ―Ritsu sonrió―. Mi sobrino es lo más importante en este momento; puedo aceptar que no estén en mi matrimonio, pero me cambiaré el nombre si no dan señales cuando adoptemos a nuestro hijo o hija.

― Muchas gracias… ―Zen habló, sintiendo un profundo alivio.

― Te debo una enorme torta de matrimonio, Onodera. De chocolate ―Takafumi, lloroso, también le sonrió, agradecido por completo―. Takashiki-san, gracias por venir hoy, sin ustedes nada se habría logrado. Lamento mucho haber interrumpido tu descanso ―se inclinó completamente.

― Para nada, para nada ―negó, divertida―. Extrañaba mucho todo esto, y especialmente a su hermosa familia ―sonrió con sincero cariño. Pero luego se puso seria, y ligeramente sonrojada―. Por favor, perdonen las palabras de Fukui-san, y no tomen en cuenta los comentarios que hizo sobre mi accidente. Sí fue en compañía de mi prometido, pero durante un evento escolar de su pequeño hijo. Me tocó hacer una rutina de ejercicios de velocidad, y terminé cayendo aparatosamente como un saco de papas rodando dentro de otro saco de papas…

Todos rieron. Y recordando el primer evento en el que Takafumi lo había reemplazado como la persona más importante de Hiyori, él y Zen sintieron que al fin la tormenta desaparecía de sus vidas.

—.—

― Oh, ¿eso es verdad? ―Akihiko había ido de visita a Dahari, sospechando que quizá necesitarían un poco de apoyo extra para elevar los ánimos de los niños si ese adefesio de asistenta social les jodía aun más la vida. Pero suspiró aliviado, y hasta aplaudió como un niño más al escuchar las noticias―. Vaya, vaya, quién lo diría… Voy a tener que delegarte como mi representante en el matrimonio de tus tíos…

― En realidad… ―Ritsu también estaba con Masamune, riendo al ver cómo Yurio y Yuuri jugaban con los Hiyo y los dos gatitos―, yo quería pedirle a Usami-san que fuese mi testigo… ―Akihiko se sorprendió, sintiéndose halagado.

― Y yo al pequeño sensei. Me habría gustado que mi mejor amigo y mi nuevo mejor amigo estén presentes ―todos miraron a lo lejos a los recuperados Takafumi y Kirishima, quienes revisaban con Mila y Haruka los últimos detalles de la cena que sería en ese fin de semana―, pero este evento les impedirá viajar con nosotros.

― Esperar sería un riesgo también. Ningún evento se cruza en mi camino así que está bien. Afortunadamente mi Misaki tiene todos los documentos, viajaremos con ustedes y les ayudaremos con este pequeñito ―Mamoru lo abrazó, enterneciéndolo. Era un niño que no aparentaba sus quince, por comportamiento y estatura, pero su alma pura le despertaba la necesidad de hacerlo feliz.

― Listo entonces. Voy a planear un par de lindas semanas para que podamos recorrer Inglaterra como se debe. Nos hospedaremos en mi residencia ―Masamune quiso negarse, ya que esa no era la intención de su solicitud como testigos―. Ni lo piensen… Inglaterra no es barata, lo que ahorremos en un hotel lo podemos invertir en cosas mejores. Y no creo que quieras llevar a tu esposo a la vivienda de su ex…

― ¿Ex? ―Mamoru los miró, confundido, pero luego escuchó que Yurio lo llamaba y se fue corriendo hacia ellos.

― No es una imprudencia, ¿verdad? ―Ritsu preguntó por lo bajo, al ver ingresar a Oda con dos paquetes grandes y dos bolsas pequeñas.

― Sé por Daiki-san que lo tienen cogido de las bolas. No hará na… ―para horror de ambos, Mamoru se percató de la presencia del hombre, y fue corriendo hacia él.

― ¡LE AYUDO, SOY MUY FUERTE!

Oda tuvo que hacer a un lado los paquetes para identificar la fuente de aquella voz aun blanca, y se sorprendió al ver al mini Kirishima que estaba frente a sus ojos. Observó a los testigos, quienes parecían temer su reacción, pero no le interesó su presencia.

― Oh, eres el pequeño Mamoru-kun, ¿verdad? ―el niño asintió―. Sin duda debes ser muy fuerte, he oído a tus papás decir que los ayudas con los trabajos de casa… Ayúdame con estas dos bolsas solamente, y ve al lugar donde están tus papás, es para ellos ―el pequeño acató el pedido y se fue presuroso.

― Quién lo diría… Para ser tan alto eres gentil ―Masamune y Ritsu habían decidido no demostrar sus ganas de reclamar a ese criminal por todo el daño aplicado a sus nuevos amigos, que le había sido confiado en secreto profesional por Chikako. Así que Oda sonrió, contestó, mientras Yuuri, neutral, se acercaba a ayudarle con uno de los paquetes grandes.

― Voy a ser padre ―había decidido no ocultarlo, y eso bajó un tanto la cuota de hostilidad hacia su persona―. No me agradaban antes mucho, pero… Estoy entrenándome con los niños de la oficina ―Yurio apretó el puño pero se contuvo de decir palabrotas delante de Hiyo―. Encantado de volver a verlo, Usami-sensei.

Akihiko alzó las cejas, incrédulo. Sorprendido por la presencia inesperada, y en su afán por no ser reconocido, se había limitado a sostener un libro para fingir leerlo. Sin embargo, Oda acababa de admitir que se conocían, y eso solo podía significar que aquel tipo ya estaba armando su declaración.

― Sin duda ha pasado mucho tiempo. Gracias por cuidar de nuestros amigos y colegas. Espero que no le hayan generado problemas…

― Fuera de un pie que no volverá a ser el mismo ―Zen acaba de acercarse, y fue tomado desprevenido por el comentario del sujeto―, todo bien y correcto.

― Ha? Oh, Nekola-san, ya te dije que fue un error de principiante en el arte de exterminar plagas, no me lo tomes a mal… ―Oda simplemente rodó los ojos, y tras inclinarse con respeto, se fue, rumbo a la sala de juntas.

― ¿Está apoyando en el evento?

― Para mi pesar, a Mila y Takafumi. Pero no ha hecho nada raro… Bueno, bueno, engendros del mal, no le quiten el tiempo a mi senpai niño…

― ¡Que no soy niño, ju….! Juro que no lo soy… ―Yurio rumió sus maldiciones.

― Como digas, como digas…

― Vengan todos… Oh, Akihiko ―Daiki y Haruto acababan de salir de su oficina, junto a Sumi-senpai. Ambos escritores se miraron, y saludaron con cortesía, falsa, pero bastante creíble―, ¿vienes a llevar información a la competencia? ―rieron.

― Para nada, Daiki-san. Vine por mi parte matrimonial y a llevarme a ciertas dos criaturas pequeñas a comer helado, ¿puedo, Kirishima-san, Yokozawa-san?

― Pueden ―Takafumi apareció, medio ojeroso, pero contento. Una vez Akihiko salió con los pequeños, asintió―. Daiki-san, Haruto-san, sensei. Ya hemos repasado todos los pormenores. Estamos listos ―Viktor aplaudió, sonriendo en forma de corazón, y fue imitado por todos, incluyendo a Oda.

― Agradezco su compromiso y esfuerzo. Desde Nekola-san hasta los señores Kirishima, que se han estado inmersos en situaciones complicadas, han hecho todo lo posible por apoyarme. Gracias por hacerse cargo de mi proyecto y de mi persona ―se inclinó, y todos lo imitaron.

― ¿Eso quiere decir que ya puedo abrazar a mi Osito…? ―Zen bromeó, recibiendo en respuesta las risas generales y los gruñidos avergonzados de Yokozawa.

― Jajaja, puede, puede… Pero no se sobre esfuercen, recuerdo que dijeron que tendrían una reunión familiar.

― Y mañana la cena. Si ustedes están de acuerdo ―Takafumi miró a sus jefes y al escritor―, quisiéramos adelantarnos. La cena de celebración con ustedes será al término de todas las actividades.

― Exacto, exacto. Vayan, no hay problema alguno. Daiki, Haruto, ¿les parece si vamos a Marukawa para que informemos a Isaka? ―ellos asintieron, dejando tácitamente en claro que por hoy, las actividades se declaraban en cierre.

Los Kirishima se retiraron primero, prometiendo Zen enviar cuanto video y fotos se pudiesen tomar durante la cena. Por su parte, Mila se despidió a la volada, gritando que su novio la esperaba; el coro de gruñidos y reclamos por parte de Viktor y Yurio la siguieron a una distancia prudente, así que a Beka y Yuuri les tocó ayudar a Oda a cerrar el local, con Haruka como testigo.

― Gracias por el trabajo de ambos. Estaremos atentos a cualquier requerimiento que tengan mañana, Haruka-san ―Otabek trataba a todo el mundo con cortesía y educación, pero con ella era especialmente caballeroso dado su estado.

― Te lo agradezco mucho, Altin-senpai. Me parece que hoy descansaré desde el momento en que llegue a casa, no quisiera mañana quedarme dormida o tener ojeras.

― Si gusta la acompañamos ―Yuuri también era gentil, pese a que sabían muy bien que ella era la mujer de Vorobiov.

― Descuide, Katsuki-san. Ya Oda-san se ofreció a acompañarme, no hay problema.

― Excelente. Cuídela mucho, por favor ―Yuuri guardó las formas, y Oda también. Respetando mutuamente el pequeño alto en las afrentas.

Los más jóvenes se marcharon, y cuando quedaron completamente a solas, se miraron, y sonrieron.

― ¿Insistes en que no tienes nada para ponerte mañana? ―Vorobiov habló, entre risitas.

― Como se nota que no eres mujer ni japonés, ¡quiero verme bien! ―abrió ligeramente su abrigo y le mostró su vientre―. Culpo a cierta persona por embarazarme y hacer que ningún traje formal me entre…

― Qué persona para más desgraciada aquel sujeto… Mira que hacerte pasar de una avispa a una abejita―el ruso rió al verla fruncir los labios, esta vez con ganas, y la rodeó con su brazo, guiando el camino.

Pese a que los días habían sido escasos, al igual que el tiempo compartido, Vorobiov había hecho esfuerzos muy evidentes por ganarse el interés de la mujer que quería para compartir su vida y a su bebé. En las noches, se transformó en el hombre apasionado, gentil y fogoso que a ella la enloquecía, mientras que ella lo llevaba al Nirvana con un simple coqueteo descarado entre sus cuatro paredes. Habían sido escasos los días, pero de una manera favorable, incluso el evento de Sumi-sensei los había unido más, al punto de que pese a que ella solía pasar tiempo con los Kirishima, solía ofrecerse para hacer las coordinaciones con él, sabiendo muy bien que no era bienvenido. Y aunque no le había contado nada sobre el trato con los jefes, Oda y Haruka se tenían el uno a la otra, y disfrutaban sus momentos en común, ahora ya bastante conscientes de la unión que tenían.

Él odiaba hacer las compras acompañando a una mujer, pero disfrutó los veinte vestidos por tienda en aquella tarde-noche. Haruka se veía hermosa hasta con una de sus camisas masculinas, pero se mentiría si no dijese que lo llenaba de orgullo el poder imaginarla admirada por todos los hombres, llevando a su bebé en su vientre, esta vez sin que existiese morbo alguno de por medio. Sumi, afortunadamente, no había pedido que se fingiera que el padre era Kirishima, porque en realidad, nadie iba a creerlo, ahora que Marukawa, y por ende, de seguro todo el mundo literario, ya sabían que era el enamorado devoto del Osito de Ventas más famoso. Así que sus celos ahora incluso a él se le antojaban absurdos y sosos.

Un estilo entallado en el torso, que se ampliaba hacia el vientre justo debajo del busto de discreto escote, en color vino con pedrerías, fue el elegido. Sumi no había indicado nada sobre colores o la necesidad de usar algo tradicional, así que se les antojó correcto. Nada indiscreto, sutilmente coqueto al extenderse hasta el piso, y precioso en extremo. Como preciosa se veía ella, con su botín ya conseguido, mientras esperaban la comida en el restaurante que habían elegido, luego del suplicio de la elección.

― ¿Te cansaste demasiado? Podemos pedirlo para llevar.

― No. Creo que tú eres el más afectado ―rieron. El camarero trajo la comida, y tras retirarse, ellos empezaron a comer.

― ¿Nerviosa por mañana? ¿Decepcionada porque no sea tu Yokozawa…? ―ahora conversar sobre ello era en verdad gratamente divertido.

― Para nada. Sí me preocupaba su salud, porque estuvieron atravesando varios días difíciles. Pero por lo visto la medicina ya surte efecto, porque no recuerdo que hayan mencionado una descompensación ―él asintió, viéndose ligeramente serio.

― Leí un poco más sobre ello. Controlado con la medicina, puede hacer una vida normal, e incluso mucho más favorable por tener dos niños que necesitan alimentarse de manera saludable ―cortó un trozo de carne de su plato y lo puso en el de ella―. Sin embargo, me parece que en verdad es un tonto por no hablar con su marido. Él siempre está preocupándose por él, como hombre, me temo que en algún momento esto pueda afectar su relación. A mí me gustaría que tú compartas conmigo todo lo que te ocurre, para poderlo solucionar juntos.

― Lo sé, y créeme que es algo que comparto contigo, siendo mujer. Parte de ser una pareja debe ser eso, ser honestos todo el tiempo y ayudarnos a ser mejores. Imagino que es el temor a su reacción… ―capturó un langostino de su ensalada con los palillos, y se lo dio en la boca―. Pero, ¿por qué hablamos de ellos?

― Por mis celos ―ella le jaló la mejilla.

― Ni tú te lo crees. Yokozawa Takafumi y Kirishima Zen son ahora solo mis compañeros de trabajo, solo eso. A mí, hay algo que me preocupa demasiado ―Vorobiov bajó la mirada, entendiendo―. No soy tonta.

― Jamás he pensado que lo seas.

― Entonces no me subestimes. Algo está pasando y no quieres decírmelo. Los senpai son muy amables conmigo por mi estado, pero contigo se contienen, puedo verlo, ¿hicieron algún movimiento contra ti…? ―él no respondió, así que ella elevó su mentón con una mano, y con la otra entrelazó sus dedos―. Oda… Yo en verdad quiero una familia contigo ―los ojos del ruso se fijaron en los suyos, emocionados―. Voy a apoyarte en todo, pero, necesito saber las cosas para ayudarte. No nos pasará nada ―acarició su vientre, que aunque no era enorme, ya era evidente―. Por favor, confía en mí.

Vorobiov permitió a sus ojos regalarse con todo el paisaje ante ellos. Había sido demasiado cruel con esta mujer, principalmente por las basuras que se habían acercado a él y le habían llenado la cabeza de mierda. Pero ahora se sentía capaz de cambiar, de formar algo hermoso con ella. Y acabando de comentar algo sobre los Kirishima, definitivamente tenía que ser consecuente con sus palabras. En absoluto, porque como ella había dicho, ya eran una pareja.

― Haruka, confío en ti desde el primer momento, aunque me haya comportado como un cerdo… ―tomó su mano y besó su dorso, con cariño. Luego acarició su mejilla, sonriendo, al igual que ella―. En este momento no puedo contarte nada, pero… ¿Esperarías unos días?

― ¿Juras que me lo dirás?

― Te lo juro. Solo tienes que tener presente que nuestro hijo o hija tendrá un padre del cual sentirse orgulloso. Un padre que corregirá sus errores, aunque tenga que pagar un leve precio por ello ―ella sintió temor, pero asintió, emocionada por observar sinceridad en sus ojos―. Todo estará bien. Lo prometo.

Sellaron las palabras con un beso.

—.—

La cena y el viaje iban a realizarse a partir de las seis de la tarde del sábado, así que los Kirishima organizaron un pequeño picnic a modo de despedida de solteros en la mañana para sus queridos amigos, y de despedida temporal para Mamu, quien iría a ¡INGLATERRA, A CONOCER LA CASITA DE TÍO USAGI!, según sus propias palabras. Akihiko, Misaki, Ritsu y sus padres habían muerto de ternura al verlo revolotear por el departamento, sumido en completa emoción.

Ritsu y Takafumi habían acordado encargarse de los bocadillos que consumirían, mientras que Hiyo, Mamu, Zen y Masamune fueron delegados a la tarea de buscar un parque lo suficientemente grande como para albergar a los hermanitos de Mamoru, a los tíos Iokawa y Ryuu-chin, y toda la familia extendida que tenían. La noche previa, eso sí, los mayores habían adelantado por mensaje de texto sus planes a todos sus seres queridos, para no tener la tristeza de ver a los niños desilusionados por no lograr que todo estuviese perfectamente correcto para sus tíos.

Contrataron un auto más grande para esa ocasión, el cual quedaría a cargo de Takafumi para el retorno a casa en la noche. Zen, por su parte, se había negado a actuar como chaperón de Haruka, así que dejó en claro desde un inicio que enviaría un auto a que la recogiera. No pensaba desaprovechar un solo segundo la presencia de su hijo.

― ¡Ah, Hiyo-chan, Mamu-chin! ¡Aquí!

Nada más bajar del auto con todo lo necesario, la vocecita de Ryuutaro les llegó desde el punto de encuentro. Sonriendo de oreja a oreja y deseando poder dejar de lado su andador, agitó un brazo, capturando la atención de los recién llegados.

Hacía mucho que no se veían, pero en aquella única ocasión en que ambos y su niño habían coincidido en la casa de los Kirishima, un lazo muy peculiar se había creado entre los niños, incluyendo al sobrino de Shiro. Yuuto ya era el mejor amigo varón de Hiyo, y por ello, corrió hacia su amigo con entusiasmo, para molestia de Zen y Mamoru, que coincidían en ser extremadamente celosos con la niña.

Sin embargo, cuando Mamoru notó que Ryuutaro se acercaba, medio cojeando, medio atracándose en el césped, enrojeció, y corrió hacia él para hacerle más llevadero el acercamiento. Takafumi y Shiro notaron aquella actitud al instante, y se observaron, sorprendidos. Como padres de una familia homoparental, definitivamente su pensamiento inmediato fue que existiese un interés especial entre ambos niños. Pero negaron, sonriendo enternecidos, acordando tácitamente no mencionar nada hasta fuesen ellos mismos quienes se acercasen a aclarar lo que sentían, si es que lo necesitaban.

― No… no corras, Ryuu-kun. Podrías caer y…

― ¡Mamu-chin me sostendrá, no hay problema! ―Ryuutaro lo tomó del brazo, casi haciéndole soltar el transportador de Zenta-kun y la canasta de picnic que tenía a su cargo.

― Amor, ten cuidado, harás caer a Mamu-kun ―Ryuu se acercó también, presto a recibir ambos paquetes, riendo internamente por lo diferentes que eran ambos, y el cariño fraterno que su hijo le tenía al pequeño Kirishima. No podía culparlos: Ambos habían congeniado al instante, incluso mucho más que con Yuuto, pese a ser primos.

― Gracias, tío Ryuu… ¡Tío Shiro! ―Mamoru se soltó con delicadeza de Ryuutaro, y corrió hacia Shiro, quien estaba de pie, también sosteniéndose de su andador.

Mamoru no había convivido mucho con los Iokawa, pero, afortunadamente, ser ajeno a los vínculos previos había llevado a que admirara demasiado a aquel tío que dio parte de sí para salvar a su pequeño amigo. Shiro, por su parte, siempre iba a considerar especial a Yokozawa, y por ello, no perdía la oportunidad de llamarlos, aprovechando la amistad entre los niños, para preguntar si ese principito estaba bien.

― Hola, Mamu-kun… ―trastabilló un poco al recibir la potencia del niño, riendo―. ¿Cómo es eso que viajarás a Inglaterra y no me llevarás? ―Ryuutaro y Mamoru sonrieron al verlo fingir un llanto inexistente.

Ryuu no pudo evitar sentir alivio al observar cómo lentamente su hijo se recuperaba, aunque le entristecía mucho que pese a ser casi de la misma edad, y aun cuando él no estaba tampoco en su talla promedio adecuada, Ryuutaro seguía siendo claramente más pequeño que Mamoru. Sin embargo, verlo al fin crear vínculos, ser un niño feliz, considerar a alguien cercano, aunque no vivieran juntos, lo aliviaba completamente.

― ¿Al menos me traerás un recuerdo…?

― ¡Sí! Te traeré lo que me pidas y también a tío Shiro, a Ryuu-kun, a mis papis, a Hiyo-chan, a… ―continuó enumerando.

― Quisiera saber si tiene plena consciencia de que la bolsa de viaje que dejaremos a cargo de sus tíos alcanzará con las justas para él… ―Zen susurró, medio abatido, pero Takafumi le dio un suave codazo comprensivo.

― Por eso ni te preocupes ―Masamune habló también en susurros―. Su tío Akihiko ya mencionó que adelantará su regalo de matrimonio para ustedes, así que más bien preocúpate por ir buscando un departamento más grande para que metas los osos Teddy que de seguro les va a comprar… ―ambos padres tragaron saliva.

Ryuutaro y Shiro fueron sentados sobre unos cojines por Mamoru, Yuuto, Zen y Masamune, con cuidado, y se les delegó a los cuatro niños el cuidar de ellos, mientras los adultos lo organizaban todo. Ritsu y Takafumi se encargaron de terminar de preparar los platos que requerían un tratamiento complementario, mientras que Ryuu apoyaba a los otros dos adultos con la parrilla que finalmente habían decidido llevar al recordar que también estarían presentes los niños del orfanato Kusama. La carne, conforme lo habían prometido, corrió por cuenta de Nowaki y Hiroki, quienes se incluyeron en la invitación, conscientes de que debían apoyar al máximo a sus amigos para poder controlar a un Mamoru líder de aquella pequeña pandilla de adorables terremotos.

Al cual, dijeron textualmente, no conocían.

― ¡MAMORU-KUUUN!

― ¡JEFEEE!

― ¡CHICOOOS! ¡PAPIS! ¡ABUELITOS!

― Ay, mi Dios, espero que esta no sea una experiencia anticonceptiva… ―Akihiko, quien había llegado minutos antes con Misaki, se colocó tras Masamune, haciendo reír a él y a Zen.

Mamoru corrió hacia sus amigos, y fue rápidamente rodeado por un grupo heterogéneo. Habían, como recordaban Zen y Takafumi, pequeños mucho más bajitos que él, y un par de niños mucho más grandes, quienes lo alzaron en brazos sin dificultad alguna, riendo. Era un escándalo que por fortuna nadie juzgó, porque se encontraban solos en esa parte del parque, y que emocionó a todos los adultos.

Era claro que Mamoru era el niño más amado de ese hogar, probablemente cargado de carencia, pero repleto de amor. Todos los niños vestían limpios, radiantes, y con los ojitos iluminados en gratitud y cariño. Abrazaban y eran abrazados por Mamoru, como si se tratara de su hermano mayor, incluso de aquellos que habían ingresado luego de su unión con los Kirishima. Pero, probablemente fue con Nowaki y Hiroki con quienes se permitió ser como era con su nueva familia, al abrazarse a la cintura del más alto, lloroso, pero procurando que su cuerpo quedase entre ambos adultos.

― Oi, ¿por qué lloras, qué ocurre? ―actuando como una mamá gallina, Hiroki lo revisó superficialmente y luego le lanzó una mirada de molestia a Zen, quien negó―. ¿Ha pasado algo, Mamu?

― Los extrañé mucho, papi… ―el alivio que Nowaki y Hiroki sintieron se les notó completamente. Y aunque Takafumi estaba acostumbrado a ser honrado con esa palabra, no se sintió dejado de lado, porque comprendía muy bien lo irremplazables que eran ellos para sus hijos.

― Gomen… ―Nowaki se arrodilló frente a él, para mirarlo casi a su altura. Los niños, entendiendo, se alejaron, siguiendo a sus abuelitos, para ser presentados a todos los adultos y niños desconocidos―. He tenido muchas rondas en el hospital y la clínica. Papi tuvo que ayudar a los abuelos, por eso mismo le pedimos a nuestros amigos que te ayuden con las tareas.

― ¿Sensei está haciéndolo bien? ―Hiroki imitó a su pareja, y recibió un asentimiento ligeramente mocoso―. Si hay algo que no entiendes, sabes que puedes llamarme al celular.

― Pero no es lo mismo… ―Mamoru bajó la carita.

Y ellos entendieron que se trataba ahora del mismo terremotito en su fase mimada y extremadamente consentido, un niño amado que no dudaba en decir aquello que le hacía falta. Atrás quedaba su Mamu extremadamente empático que se guardaba sus propias necesidades, y eso los alegraba. Porque siempre habían deseado que fuese sincero.

― Sabes que no me gusta hacer promesas, pero haré lo posible por no tener rondas para cuando regreses, ¿sí? ―Mamoru asintió, limpiándose la carita―. Y sabes que podrás visitar a papi en la universidad o en casa, cuando quieras.

― Quise, pero… ―miró hacia sus padres, con un poco de tristeza, que podría malinterpretarse, pero ellos los conocían.

― Yokozawa-san, al llamarme, me dijo "Mi hijo irá a Inglaterra por dos semanas, con sus tíos, ¿pueden venir?" ―Mamoru se sorprendió por las palabras de Hiroki―. Madre me contó todo lo que te dijo, y lo que está pasando. Eres el niño más inteligente que conozco y el más asertivo. Sabes muy bien que desde aquel día en el parque, cuando te devolvió el juguete, ambos se conquistaron ―Mamu asintió, lloroso―. Y los buscaste a él y a tu padre cuando las cosas se pusieron feas para nosotros. Confía en ellos y en Takashiki-san, ¿sí? Ahora no pienses en nada más, ayuda a tus tíos en el matrimonio. Cuando llegues a Inglaterra, llámanos para saber cómo fue todo, y conéctate con tus papás para que puedas enseñarles cómo es ese lugar.

― Hai!

― Verás que todo sale bien. Serás el segundo Kusama en ir al extranjero, ¿emocionado? ―Nowaki le hizo cosquillas, al igual que Hiroki, y luego se lo llevaron corriendo hacia sus amiguitos.

Contrario a lo esperado, Akihiko fue el menos "anticonceptivo" de todos los adultos. Jugó, trepó, se ensució y creó miles de historias contadas para todos los niños. Al final del día, se transformó en "Sagi-chin" para todos los niños del orfanato, y Misaki tuvo que detenerlo cuando intentó secuestrarlos para llevárselos a comprar muchos Suzuki-san.

― Takafumi y Ritsu aun tienen que fungir de anfitrionas, ¿me acompañas un momento…? ―aprovechando que, en efecto, sus prometidos estaban inmersos en un juego a las escondidas en el que se había incluido al propio Ryuutaro, Zen invitó a Masamune a alejarse un poco de la escena ante sus ojos.

Caminaron por un sendero flanqueado por cerezos, observando la belleza de las plantas y los colores de las flores. Y luego de llegar a una banca, situada frente a una laguna artificial, se sentaron, lado a lado.

― Debo confesar… que esperé este día con ansias desde hace muchos meses atrás…

― ¿Sólo meses? ―la incredulidad en la voz de Takano lo divirtió―. Creo que más bien deseabas mi muerte, y no mi felicidad.

― Ok, me conoces bien. No era personal, al menos no hasta que me enamoré por completo ―se miraron―. Conozco gracias a los últimos acontecimientos a Onodera-kun, y lo admiro por soportarte. Sin embargo, y sin afán de menospreciar sus sentimientos, te pido que lo ames con la misma devoción que Takafumi te tuvo a ti ―Masamune bajó la mirada, en silencio―. Nadie nos obliga a retribuir el afecto, es algo irracional el esperar que nos amen en la misma medida. Pero jamás uses su amor para herirlo.

― Nunca. Fui un amigo mezquino y egoísta, pero creo que como pareja soy correcto. Si dijera, que lo rechacé porque esperaba que tú lo sanaras, te mentiría. En ese entonces, solo pensaba en Ritsu ―Zen apretó lo puños al oírlo―. Pero, no es correcto creer que jamás retribuí su afecto. No debería decirlo a estas alturas, y menos ante ti, pero sí llegué a amarlo. A mi manera, en corto tiempo, y quizá, muy superficialmente. Pero hubo un tiempo en que también habría matado a quien lo hiriese, en que anhelaba llegar al final del día para verlo.

― No eras para mi Takafumi…

― No eras para Sakura… ―se sonrieron―. No esperaba que llegaras tú a solucionar la mierda que hice, pero cuando llegaste, deseé con toda el alma que lograras hacerlo. Que le recordaras su valor. Que comprendieras que era alguien a quien se debe amar como un todo y no por partes. Yokozawa siempre se ha mostrado como un Oso imponente, pero por dentro, era un cachorro. No dejes que su esencia cambie, pero tampoco le permita sentirse solo. No hagas lo que hice yo.

― Jamás ―fue tajante―. Pase lo que pase, estaré con él hasta el final de mis días.

― Oi, ¿qué hacen acá? Ya va siendo hora de que vayas a casa para que te cambies, Zen…

Ambos voltearon.

Takafumi, con su delantal de lunares, sin su chaqueta y con la polera de mangas recogidas que le hacía lucir más joven de lo que era, removió el interior de los dos hombres.

Masamune recordando al chico que se desvivía por mantenerlo en una adecuada salud mental, pese a que en aquel entonces era una completa mierda humana, pestilente y llena de vicios.

Y Zen, observando cómo aquella mirada azul le pedía a gritos que le diese el permiso para también hablar, jurándole que no debía tener miedo a dejarlos a solas.

― Cierto, cierto… Daré un paseo con Mamu, ¿está bien? ―Takafumi asintió, dando permiso; aquello causó gracia en Masamune, y también admiración, al observar que ambos se comportaban con mutuo respeto, en igualdad de condiciones―. En caso no vuelva a verte antes de irme, por favor, te encargo a mi Mamoru. A veces tiene mocos diurnos, pero nada que una buena refregada con agua jabón no solucionen ―Masamune rió con la ocurrencia, mientras el Oso le reclamaba su mentira―. Como sea, como sea… ―Zen sacó del bolsillo interno de su saco dos sobres, y los empujó gentilmente hacia su amigo―. Por favor, acepta esto como bolsa de viaje de Mamu, y el otro, como regalo de bodas de mi parte y de Hiyo.

― No, no es necesario, noso… ―Takafumi negó, invitándolo a aceptar―. Gracias, aunque no era necesario. No es un buen momento para que estén gastando…

― Al contrario, ¿qué mejor momento que este si implica que dejes de estar en el mercado de la soltería? Solo porque debo planificar mi propia boda no te la pagaba íntegramente y en este momento.

― Dios, dame paciencia… ―Takafumi se frotó la frente.

― Jajaja, está bien, está bien… Prometo a partir de ahora ya no coquetearle ni verificar visualmente que su trasero esté en el lugar correcto ―Masamune compartió una sonora carcajada con Zen, para horror de su mejor amigo. Pero aun dejándose escuchar, su prometido se alejó prometiendo que al llegar a casa se encargaría de revisarlo en su lugar… físicamente.

― Esto me pasa por fijarme en un dúo de idiotas… ―el comentario de Takafumi solo amplió la carcajada―. ¡Deja de burlarte, idiota!

― ¡JAJAJA! ―pero tan pronto como apareció, la carcajada murió, dejando a un Masamune serio que dirigió su mirada gatuna a los ojos azules―. Siempre lo hiciste bien. Pero ahora, estás en el lugar correcto ―odió notar una creciente humedad en la otra mirada, pero sabía que era necesario para ambos cerrar ese círculo―. Jamás mereciste mendigar mi afecto, y yo fui muy mezquino para aprovecharme de eso…

― ¿…en verdad solo me usaste…? ―necesitaba saberlo. Takafumi sabía que ya no era necesario, y que quizá sentiría un pequeño conflicto independientemente de la verdad, pero lo necesitaba.

― El único uso que te di, fue el de ser mi protector. Ni tú ni yo necesitamos ahora medir la cantidad de amor que nos unió, porque tenemos dos personas que nos aman y por quienes seríamos capaces de todo. Solo necesito que sepas que jamás podría haber llegado a sentir algo por alguien que no fuese Ritsu. Pero habría matado a quien te hiciera daño a ti.

Una ráfaga de viento meció ambas cabelleras azabaches, llevándose todo. Takafumi había entendido lo que quiso decir, y le agradeció que lo hiciese de una manera tácita, sin mayor profundización. No es que él se sintiese confundido, o que las cosas cambiarían, retornando al pasado común. Era simplemente que era doloroso pensar que había sido usado como consuelo, incluso luego de la reaparición de Ritsu. Entender que había sido buscado por ser él, era más aceptable, al menos en su corazón.

― Le dije… que si no te merecía, te reclamaría para mí. Ahora, te diré esto: Has que todo haya valido la pena y no desistas. En la estupidez de romper lo que ustedes estaban creando por haber creído que no lo amabas, hay una cuota de ternura infantil que solo puede asociarse a un amor verdadero, Masamune. Y si tardaron tanto en llegar a este día, es porque lo vale. Convierte todo en un Para siempre, y podré al fin estar en paz con mi yo pasado.

Takafumi extendió la mano, en una clara invitación a sellar la promesa. Y Masamune la estrechó, antes de encerrarlo en un abrazo, deseando de corazón que pasasen mil años para comprobar que en verdad la habían cumplido.

—.—

Haruka terminó de alistarse, maquillándose ella misma en el interior del departamento, mientras Vorobiov la peinaba. Sí, como se lee, peinaba, porque para deleite de la mujer, entre los muchos talentos del ex miembro de inteligencia, estaba el de tener conocimiento en esos menesteres. El acabado fue tan magnifico, que le hizo jurar que a partir de ese día, se convertiría en su estilista personal. Independientemente del camino que estaba tomando, él le juró que así sería.

― ¿De qué te ríes…? ―al notarla sonreír con diversión, la miró con sospecha.

― De lo inseguros que son ciertos hombres cuando creen que sus hombres antiguamente heterosexuales los pueden engañar con una mujer…

― ¿Estás hablando con Kirishima? – Oda frunció el ceño. Pero se relajó al verla reír.

― ¡Para nada! Ese idiota me enviará un taxi. Mira ―le mostró una foto que a él no le decía mucho, pero luego de unos segundos, comprendió.

― ¿Ese no es el idiota de tu primo Iokawa?

― Concretamente, mi ex Iokawa ―rió más fuerte al ver cómo se cruzaba de brazos―. Oh, vamos, ¡estoy contigo! Además, ¿ves a ese cara de vinagre de atrás? Es su marinovio ―Oda se sorprendió. En efecto, en la selfie que el sonriente Shiro había enviado, se veía a un fruncido Ryuu que lo miraba con sospecha―. Simplemente le escribí para que les dijera a los Kirishima que deseaba despedirme de Mamoru-kun, ya que no me invitaron al picnic…

― ¿Ellos no te respondieron? ―negó―. Gais idiotas…

― Como sea. Te decía que, como lo vio escribiendo para avisarme que podía comunicarme con el niño, el hombre se molestó. Lo bueno es que pude hablar con el pequeño ―sonrió, con gesto maternal. Acariciando su vientre.

― Tengo que aceptar que es un niño muy lindo, aunque pequeño. En Rusia, a su edad ya estaría de mi tamaño…

― Recuerda que es un niño huérfano, por más amor e interés que les den los encargados de los orfanatos, no se puede hacer mucho por darles la mejor alimentación y cuidados.

― No te preocupes. Va a dar un estirón, lo verás. Y lucirá tan saludable como nuestro bebé ―ella asintió y lo besó en los labios, antes de irse al baño a darse los últimos retoques. Su celular sonó, indicando la llegada de un mensaje, y con la libertad que ambos habían establecido por mutuo acuerdo, tomó el aparato y lo leyó―. Cielo, el taxi ya está esperándote.

― Oh, rayos… Bien, bien, creo que ya estoy ―él colocó el abrigo sobre sus hombros, recibiendo un nuevo beso en recompensa―. Cena con calma, no me esperes, no sé cuánto tarde esto, ¿sí? De todas maneras te iré poniendo al tanto.

― Está bien, vamos, te embarcaré.

El taxi la esperaba en efecto, y ella se despidió con un abrazo fuerte y un último gesto íntimo. Sin embargo, antes de entrar al auto, le susurró.

― Después de hoy… Después de hoy, seré ta feliz… Ya quiero que acabe la cena… ―se metió, presurosa y sonrojada, y él solo atinó a ver cómo el vehículo avanzaba, sonriendo como bobo.

Regresó al departamento, aun embebido de ese estado de deleite en el que la mujer de su vida lo había sumido, y se dejó caer en el sillón sin mayor interés que el no atinarle con todo el cuerpo. Amar y ser amado por Haruka, sin que existiesen dudas entre ellos. Poder bromear sobre sus ex, e incluso, intercambiar impresiones, sin sentirse amenazados. Tal vez, la madurez había llegado de golpe a sus vidas, pero, más valía tarde que nunca…

― Hola, traviesa… ―cuando su celular sonó, contestó por inercia, aun con la mente inmersa en ella. Pero al oír la voz que respondió, se sentó de golpe, palideciendo―. Yo… ¿Cómo supo sobre este número? ―su lengua natal fue la protagonista esa conversación, a diferencia de su sangre, que pareció drenarse de su rostro―. No… no he dicho nada… ¿Mi mujer…? No, no es mi mujer, es una aventura de… ―odió hablar de esa manera, pero le era imperativo no implicar a Haruka en esta maldita situación―. Exacto, muchas tetas y un buen… ―su rostro se crispó más y más durante los eternos minutos que la otra persona empleó para explicarse, y, amenazarlo. Cuando calló, solo le quedó aceptar y resignarse―. ¿Qué tal hoy? Hoy es la cena del trabajo de Sensei, los jefes también fueron invitados, quizá la editorial esté sola, y yo tengo una llave adicional… ―en ese momento, una llamada entrante, no a su teléfono, sino al de otro existente en la habitación, le crispó los nervios―. Estoy solo, es el número de la mujer que estuvo aquí antes… Se lo juro… De acuerdo, de acuerdo. Entonces, actuaré el día de la presentación. Tengo libre ese día…

Colgó, tras recibir el consentimiento al otro lado de la línea. Tembló. Creyó que aquella editorial extranjera lo había liberado de su anterior trabajo, pero quedaba claro que no era así. Y no solo eso: De alguna manera, habían usado su verdadero apellido y no el Nekola ni los otros con los que solía presentarse. Ahora más que nunca, necesitaba el apoyo de los que se lo habían ofrecido.

Por instinto de supervivencia, llamó angustiado a Daiki, pero conforme a lo que habían indicado, él no atendería ninguna llamada que no fuese emitida por un número corporativo de Dahari, y a él no se le había entregado uno, por no ser editor ni parte de la logística directamente asociada a los clientes. Pensó en llamar a Chikako, pero recordó que se había enterado de que era la madre del mejor amigo de Yokozawa, así que de seguro tampoco estaría disponible. Los Kirishima no eran una opción, y aunque ya no les tenía miedo, los extranjeros mucho menos. De modo que, medio hiperventilando, se decidió por llamar a Haruka para pedirle que le pasara un momento a Daiki o Haruto, so pretexto de necesitar tomar una decisión con la imprenta de los materiales del evento principal.

Decidido, y rogando porque no se le notara del todo el terror que sentía, marcó desesperado el número. Una vez más, casi de manera burlona, el sonidito, esta vez de llamada entrante, se dejó oír desde la habitación. Y ahí recordó que de alguna maldita manera, Haruka había olvidado su celular en el departamento.

Medio maldiciendo su mala suerte, de repente recordó que tal vez esto fuese lo mejor que le podía pasar… Haruka de seguro tenía agregado a Kirishima, y con el pretexto de avisarle que el aparato se había quedado en casa, le preguntaría por Daiki-san. Incluso por Usami si era necesario, porque imaginaba que estaría invitado como autor estrella de Marukawa.

Casi corrió al cuarto, y ya había alzado el celular y marcado el patrón de seguridad, cuando una llamada entrante lo asustó.

Era Kirishima.

Tembloroso, observó cómo pasaban los segundos hasta que el celular calló. Y después de otros tantos, la pantalla se volvió a encender, indicando la recepción de un mensaje.

Haruka iba a matarlo por no responderle a su antiguo Jefe, pero más iba a matarlo si como mínimo no enviaba un "Ya estoy en camino".

Ingresó el patrón una vez más, y deslizó la pantalla para acceder a las notificaciones. Vio varios mensajes de usuarios que lograba identificar, entre ellos el de Kirishima. Pero, uno, en particular, llamó su atención…

"Mi ex primo tonto" se alzaba como el remitente de cinco mensajes de texto. Sin duda, el tal Iokawa Shiro, a quien le debían el empleo de la mujer. Pero este tal Iokawa, más ex que primo, conocía los secretos de Haruka, aunque no fuese su mejor amigo. En ese caso, ¿por qué le pedía que le contara detalles de su noche tan esperada?

Su parte racional le decía que se refería a la primera noche como participante de un evento editorial. Le gritaba que se centrara en la hecatombe que le caía encima. Le rogaba que respetara aquel intercambio, porque como siempre, ella se lo diría.

Pero Oda Vorobiov estaba estresado y aterrado, y cometió otro gran error en su vida…

Nada que unos besitos no remedien, descuida.

Más bien, ocúpate de lo tuyo. Estoy seguro que el padre de tu hijo lo sospecha, pero se hace el loco.

No me decepciones, Haruka. No te puse en Dahari para que dejaras pasar semejante oportunidad.

Aprovecha el tiempo perdido, y hazlo. El amor de tu vida debe estarte deseando tanto como tú a él.

Exigiré detalles de esta noche tan esperada, ¿eh? Enloquécelo, hazlo que se olvide de él…

Dejando atrás el parque, y sentados los tres en el auto de la hermana de Shiro, con Ryuutaro dormido apoyado en su regazo, Ryuu leía las barbaridades que aquel hombre que amaba con locura había escrito a esa mujer que a veces conseguía hacerlo sentirse inseguro. Yuuto iba delante, dormido también.

― ¿Ahora sí me crees? Lleva días queriendo tener una noche completa y especial con el tal Vorobiov, ni siquiera voy a cuestionar su mal gusto, pero aparentemente están enamorados. No es una amenaza ni para ti, ni para los Kirishima.

― Desearía, sin embargo, que como mínimo escribas de manera coherente, ¿qué hay de esta construcción gramatical? ¡Trabajas en una editorial! Cualquiera que lo lea puede malinterpretar las cosas…

― Ni te esfuerces en hacerle entrar en razón, Ryuu-niichan. Siempre ha sido un bruto para la gramática ―su cuñada medio conocía la historia, y compartía la postura de Ryuu sobre Haruka.

Pero ambos comentarios fueron ignorados completamente, y siguieron su camino, deseando llegar, tomar un baño, y acostarse con su angelito.

—.—

La diplomacia, en efecto, era una característica típica de Zen. Haruka llegó en el tiempo, pero como buen japonés, él consideró aquello como un retraso muy especialmente porque encontró muy grosero de su parte el leer su mensaje y no responderlo. Sin embargo, cuando fue explicado por el ella lo del olvido del celular en su departamento y, tras un ligero bochorno, que de seguro había sido su pareja quien lo había leído, decidió no insistir. Cuanto menos supusiese de esos mejor, mejor andaría su salud mental.

― ¿A cuántas más personas debemos saludar? Me duelen demasiado las mejillas ―Haruka parecía iluminar la estancia en la que se encontraban con su bello y sonriente rostro dispuesto a atender a los invitados a la cena.

― Hasta que se nos atrofien los músculos. Aunque, si quieres, podemos tomar un descanso. O en su defecto, irnos ―bebió de un sorbo el contenido de su copa―. Me sabe terrible no poder estar con mi hijo…

― Hum… ―lo observó un instante, y luego decidió―. Vaya un momento al jardín y llámelos. A esta hora es imposible que pueda alcanzar a ver partir el vuelo, pero una videollamada estará bien, ¿no cree?

― ¿Pudo confiar en este gesto de bondad espontáneo…? ―la miró con desconfianza.

― Si no me cree a mí, créale a mi bebé… A mí tampoco me gustaría no despedirme de él o ella en un futuro ―Zen sopesó las cosas, y tras acercarla al grupo de Marukawa asignado al evento, salió para realizar la llamada.

Tras unos diez minutos observando cómo el mini Takafumi se iba caminando hacia la sala de embarque, de la mano de tío Ritsu y tío Misaki, y tras prometer a su novio e hija que iría lo más pronto posible, colgó. Regresó al ambiente destinado a la cena, y decidió mantenerse en el grupo que se había formado. Daiki y Haruto, seguidos de Viktor y Yuuri, como asistentes de los organizadores, hicieron lo propio, convirtiendo en algo mucho más agradable aquella cena que más parecía un cóctel.

Sumi-sensei había cronometrado todo de manera tan exquisita, que el programa se desarrolló tal y como fue establecido, sin mayores retrasos ni adelantos. Lo único no contemplado tal vez, fue que tras la partida de los inversionistas y proveedores más importantes, Yuuri y Viktor corrieron a manifestarse mutuamente sus felicitaciones, y Daiki no pudo evitar aferrarse a la cintura de su esposo, su muy sonrojado esposo…

Llevando al pobre Kirishima a la depresión de verse sin su apachurrable Osito, y deseando ya poder irse para consolarse mutuamente ante la ausencia del polluelo más pequeño.

― Habiendo culminado ya todo, y restando únicamente los eventos más ligeros, entiéndase, la parte social ―Haruto habló, sonriente―, quiero elevar un brindis por ustedes. Perdonarán que sensei no esté presente en este momento, pero recibió la llamada de su hijo, tuvo que ir a recogerlo al aeropuerto. Así que mañana tendremos tiempo de sobra a partir del mediodía para celebrar, Kirishima-san. Creo que puedes ir ya a apachurrar a tu Osito ―todos rieron.

― Ahhh, Haruto-san es mi oráculo, Daiki-san ―Zen se hizo el lloroso―. Creo que lo robaré para que nos haga nuestra carta astral…

― Te lo presto, no lo regalo ni lo vendo, ni lo alquilo. Vayan, ya es tarde tanto para ti como para Haruka-san. Mañana seguimos coordinando.

― Gracias, Daiki-san. Hasta mañana.

Ambos marcharon juntos y en silencio, casi por obligación, hasta que Zen recibió un mensaje de texto.

― Rayos…

― ¿Pasó algo? ―la preocupación de la mujer fue auténtica.

― Se vieron obligados a dejar ir el auto alquilado. Una avería impidió seguir, y Hiyo pidió a mamá ir a comer al restaurante que está a dos estaciones antes de casa… Bueno, supongo que te acompañaré a tomar un taxi y luego iré por el mío a recogerlos.

― ¿Y si vamos en el tren? Después de todo, a esta hora viene relativamente vacío. Si me presta su celular, podré avisar para que me vayan a recoger a la estación más cercana a mi casa. Justamente es esa que usted dice.

― Hum, bueno, siendo honesto sería un alivio, he gastado mucho dinero el día de hoy. Vamos ―extendió su celular a la mujer, quien no se atrevió a llamar a Oda delante de Kirishima; solo se limitó a enviar un mensaje a su propio número, rogando porque su casi esposo estuviese al tanto de sus mensajes.

Por fortuna, logró indicarle a Takafumi que estaba en camino a encontrarse con ellos, antes de que llegara el último tren de esa estación. Si bien no iba tan lleno como en las horas de mayor afluencia, conseguir un asiento para la mujer fue imposible. No se la notaba embarazada, a menos que uno observase detalladamente su vientre y viese la forma atípica que estaba adoptando con el crecimiento del bebé. Así que, a Kirishima no le quedó mayor opción que colocarse delante de ella para protegerla de cualquier peligro, teniendo que soportar su mirada burlona durante todo el trayecto.

― ¿No le agrada la vista que tiene al frente, que debe mirar a cada rato por dónde estamos? Créame, no le hará nada malo el verme el escote…

― Llevo años siendo seducido por los pectorales de mi prometido, nada de lo que tienes ahí me importa.

― Si miraras un poquito…

― Si te respetaras más… Quizá tengas una hija, ¿te gustaría que se ofrezca de esta manera? ―aquel argumento la detuvo.

― Tienes un buen punto. Solo intentaba conversar.

― Conversar es una cosa, decir idioteces es otra. No sé qué parte del que Takafumi sea mi prometido no has entendido, pero lo es. Así me bailaras desnuda, no querría nada contigo… Bajemos.

La ayudó a salir del vagón, serio e incómodo, con ella, seria, e incómoda también. Era claro que mientras Yokozawa sí la aceptaba, al menos en el trabajo, Kirishima no la soportaba. Le dolía, porque eso limitaba mucho la cercanía que podía mantener con los niños, pero entendía el por qué. A diferencia del humor negro que acostumbraba a compartir con Oda, Kirishima no era una persona que tolerara ese tipo de bromas, menos si implicaban a su hombre.

― Ahora que lo analizo, ¿desearías que te baile desnuda…? ―Zen tuvo que cerrar los ojos y contar hasta diez para no mandarla al diablo o hacerla rodar por las escaleras que estaban a punto de subir.

― Ni siquiera voy a gastar mi energía en responderte… Avisa a quien sea que ya llegaste, necesito reunirme con mi familia.

Haruka rió, divertida, y recibió el celular nuevamente, decepcionándose al ver que Oda no había respondido. Le resultó extraño que como mínimo no hubiese enviado un emoji, pero imaginó que había considerado apropiado no hacerlo dado que el celular era prestado. Digitó un mensaje solicitando que la esperara en la salida de la estación, y extendió el celular, agradeciendo el gesto.

― Supongo que ya me deben estar esperando. Puede irse.

― ¿Supones? ¿Con qué clase de gente te has arrimado? Te llevaré a la salida, vamos ―caminó con intenciones de cumplir su propuesta.

― Qué caballeroso… ¿Por qué no aceptas mejor que me deseas…? ―Zen se tensó al ver que la mujer se acercaba a él, desde unos escalones por debajo del suyo, dirigiendo sus ojos hacia partes de su anatomía que se sintieron incomodas e impropias al ser observadas por una persona que no era su dueño―. Ya has probado antes a una mujer, ¿por qué no caer de nuevo? Podemos incluso tener aquel trío…

― ¿Tengo que repetir mis palabras…? ―sintió asco cuando las manos de la mujer acariciaron su pecho.

― ¿Mejor por qué no me callas de otra manera…?

Lo que ocurrió luego, pareció producto del estado de shock en el que lo había dejado la mujer que estaba besando sus labios. Provocativa, seductora, pero seca y odiosa, por no ser su Takafumi, el hombre que era dueño de todo en su existir.

El hombre que entró en su campo visual, apareciendo de la mano de Hiyo, quien también era sostenida de la mano por Saki. El hombre, que tenía el ceño fruncido, mirando su celular. Y que con gesto de confusión y extrañeza, miró a su alrededor, para fijar luego su mirada azul en él.

Sorpresa, impacto, mayor confusión, e incredulidad, se mezclaron en las facciones del Oso de Dahari y Marukawa, al ver, desde su ángulo, que su prometido se estaba besando con aquella odiosa mujer.

― Zen… ―Saki oyó el susurró de su hijo, quien se había detenido. Y ambas mujeres alzaron la vista hacia donde estaba viendo, solo para alcanzar a ver cómo Kirishima bajaba la mirada, tras guiñar hacia Takafumi, y parecía burlarse de la mujer.

Sin embargo…

― ¡¿CÓMO PUDISTE?!

El grito furioso de un hombre se dejó oír desde los escalones superiores a los que se encontraban Haruka y Zen. Ambos giraron, y las facciones desorbitadas y llenas de lágrimas de Oda aparecieron ante ellos, confundiéndolos.

Sin embargo, eso fue lo de menos.

Oda se precipitó escaleras abajo, con los brazos extendidos, corriendo, hacia Zen, y él solo atinó a apartarse de su camino.

Solo el ruido de una detonación, y el grito histérico de varias mujeres, le hicieron comprender que Oda no iba tras él…

Al voltear, la escena frente a sus ojos estuvo a un paso de llevarlo a la locura.

― Ta… Takafumi…