Debo confesar que he dado muchas largas para escribir este capítulo. Es uno de los que más me interesaba desarrollar, y al mismo tiempo, el que más temor y reservas me daba. Porque Trifecta es la pareja de Sekaiichi Hatsukoi que más amo, y en general, la que considero la mejor de todo el universo Nakamura.
Pero ya está. "El daño ya está hecho". Y yo solo espero que puedan entender a los personajes, porque ellos no me entienden a mí ni yo a ellos n.n'
28. Decepciones
Mamoru intentó estar tranquilo ante Hiyo y Takafumi; sentía que era su obligación mantener la compostura en aquellos momentos, en que sus padres pasaban por una situación tan estresante por culpa de gente que no comprendía sus sentimientos compartidos. Mamoru amaba a Takafumi como a su padre, probablemente, sintiéndolo como más cercano debido a la interacción inicial. Por ello, cuando llegó el momento de despedirse para que los viajeros marcharan a la zona de embarque, procuró otorgar el abrazo más fuerte a su hermanita, luego de dar los correspondientes a sus abuelitos "maternos".
― Tienes que traerme maquillaje juvenil ―Hiyo también se hizo la fuerte.
Nunca tuvo un comportamiento caprichoso y eso lo sabían sus padres; principalmente, porque vivir solo con la figura paterna que le quedaba hasta la llegada de Takafumi, la había hecho madurar desde muy pequeña, siempre buscando darle el menor trabajo posible a Zen y sus propios abuelos, incluso tomando el propio dolor de ser huérfana para no hacer sufrir más al viudo de su madre. Sakura había impregnado en aquella preciosa niña que se convertía poco a poco en una jovencita dulce y cálida, todas sus virtudes. Y tras la llegada de Yokozawa, aquella ilusión secreta de contar con una persona que la acunara con amor, se había hecho realidad, incluso añadiéndole a la escena la presencia de un gatito añoso pero adorable. Takafumi les había llenado las vidas de muchas cosas, especialmente, de amor.
Pero era probablemente la personita que la miraba casi al mismo nivel, el mayor regalo que ese hombre tan tierno como un Osito Teddy había llevado a su vida. Jamás había necesitado tener un hermano como en el momento en que aquel niño cruzó miradas con su segundo papá. Jamás se había molestado tanto con su abuela, por haber dañado a otro niño con su intolerancia. Todos, en suma, eran mejores a partir de la presencia de Yokozawa Takafumi. Pero la vida se sentía mucho mejor desde la llegada de Mamu y Zenta-kun.
― Me gustan los colores llenos de brillitos…
― Los traeré si prometes usarlos solo con Yuuki-chan. Yuuto es un insolente, si sin nada de maquillaje te mira, ¿qué sería de mí como hermano si le doy más motivos? ―Mamoru habló con ligero fastidio, y Hiyori observó su rostro inflado y el puchero expuesto, y sin contenerse más, soltó una risita, para su fastidio―. ¿Qué he dicho para que te rías?
― ¿Estás celoso? ―Hiyori se burló, molestándolo aun más. Yokozawa no se percató de aquel intercambio, porque estaba dejando sus últimas recomendaciones a Masamune y Ritsu, pero Akihiko y Misaki sí los oían. Se miraron, y sonrieron con complicidad.
― ¡Obviamente! Soy tu hermano, y ese tipo no nos gusta ni a mí ni a papá. Solo papi lo trata bien ―el puchero se prolongó, pero ella decidió terminar aquella tonta discusión con un abrazo fuerte, sorprendiéndolo―. Hiyo-chan…
― Ten presente en todo momento, que eres eso. Mi hermano ―su voz, oculta entre el hombro y el rostro de Mamoru, sonó temblorosa―. Por favor, no te encariñes con los tíos. En verdad nuestros papás encontrarán la manera, solo está tomando más tiempo…
Akihiko aferró la mano de Misaki, ya desde hace mucho tiempo, sensibilizado con el dolor de aquellos niños. Mamoru y Hiyo, por alguna razón, al igual que Ryuutaro, lograban que esa paternidad oculta y negada aflorara de inmediato al verlos sufrir. Quizá, pensó Misaki, acercándose a él para brindarle soporte, porque se veía a sí mismo a esa edad, mendigando un poco del amor de su padre y su hermano mayor, sin resultado alguno. Usagi-san no estaba solo ahora, lo sabían muy bien. Pero al menor lo enamoraban más aquellas reacciones, porque le indicaban un crecimiento interno en el amor de su vida.
― Los quiero, tío Masamune es casi un hermano para papi, y lo sabes ―Mamoru la interrumpió antes de que siguiera hablando―. Pero amo a papi, Hiyo. Daría todo por tener al menos un papel que diga que soy suyo. Porque así podría ser también de ustedes ―la separó con cuidado, y tras sacar un pañuelo de su bolsillo, limpió su rostro―. Volveré. Volveré, y tendré un par de palabras con ese Yuuto. Tendrá que hacer méritos para que yo lo llame hermano… ―Hiyo asintió, sonriendo, y confiando en que así sería.
― ¿Resulta ser que eres ahora una pequeña sucursal de Kirishima?
La voz suavemente varonil de Takafumi les llegó, desde algunos centímetros por encima de sus cabezas. Hiyori le sonrió radiante, y asintió, le dio un abrazo adicional a su hermanito, y caminó hacia sus abuelos, quienes se alejaron con los otros cuatro, rumbo a la puerta de embarque, en silencio.
Dándoles espacio.
― ¿Debo asumir que también me celas a mí…? ―Mamoru se sonrojó levemente.
― No. Solo Hiyo y yo somos tus hijos, y solo papá puede amarte, ni siquiera caben suposiciones ―Mamoru habló, pero fue incapaz de mirarlo a los ojos. Takafumi supo la razón, y no lo obligó a alzar el rostro, porque él mismo sentía muchas cosas desagradables en el estómago y pecho.
― Me alegra mucho que la irracionalidad de tu padre no te haya tocado. Porque en efecto, eres mi hijo ―esta vez, lo tomó de las manos, y el niño lo miró a los ojos, tan lloroso como él―. Solo son dos semanas, pero sé que estás tan asustado como yo. Sin embargo, ¿sabes por qué no deberías estarlo?
― ¿Por la boda…? ―Takafumi negó, y aunque cualquier otro niño de su edad habría reclamado su accionar por considerarlo vergonzoso, agradeció el que Takafumi se arrodillara a su nivel.
― No. Porque incluso si te fueses a Marte, seguirías siendo mi hijo ―Mamoru sollozó al oírlo―. Deseo tanto como tú tener ese papel en mi poder, incluso más que el certificado de matrimonio con Zen. Pero lo cierto es que incluso si tú llegaras a decidir que los prefie… ―Mamu negó, e iba a hablar, pero él colocó un dedo en sus labios―, incluso en ese irreal caso, jamás dejaría de verte como a mi hijo. Nunca voy a juzgar a tus padres por no estar contigo, pero siempre les voy a agradecer que te crearan para mí. Así que, prométeme que estas vacaciones serán tu propia despedida de orfandad ―Mamoru soltó una risita, igual que él―. Abusa un poco de la bondad de tío Akihiko en las cosas que papá y yo no podamos cubrir con el monto que le hemos dado para tus gastos, nosotros veremos la manera de retribuir su cariño hacia ti. Comete todos los excesos y travesuras que desees, incluso, hazle la vida a cuadritos a tus tíos Takano ―susurró, con complicidad, y rieron un buen rato, imaginando las cosas que Mamoru podría hacerle a Masamune apoyado por Ritsu, Akihiko y Misaki.
Cuando dejaron de reír, Takafumi acarició su rostro, limpiando la humedad. Los ojos brillantes del niño lo observaron con la misma devoción, y confianza, sin el más mínimo atisbo de miedo.
― Te amo, hijo. Ya tus tíos te explicarán que en Inglaterra sufrirás un poco de jet lag, que es una alteración del sueño, pero… Por favor, apenas llegues, llámame. Estaré con el celular encendido, incluso si es de madrugada. Te contestaré.
Se dieron un abrazo fuerte, que no se deshizo hasta que la voz indicó la pertinencia de ingresar a la sala.
En cuanto Mamoru la traspasó, de la mano de sus tíos Masamune y Ritsu, Takafumi se sintió ligeramente vacío.
― . ―
Una de las cosas que jamás se permitían los Kirishima era dejar que sus hijos se fuesen a la cama sin cenar. Ellos, siendo adultos, podían sobrellevar esas situaciones, pero sus retoños, ¡JAMÁS! Por ello, tras avisar a Zen y preguntarle si su elección era la correcta, Takafumi y Saki llevaron a la pequeña al restaurante familiar que solían emplear los cuatro en sus salidas de fin de semana cuando no implicaban tenerlo a él en la cocina, siendo su día de descanso. Kotaro lamentablemente tuvo que regresar con el auto para dejarlo a disposición de la compañía de alquiler, tras dejarlos en la correspondiente estación cercana al aeropuerto. Así, solo los tres habían podido cenar, juntos.
― Tu padre está en camino. Por lo que indica, tiene que fungirla de chaperón de Haruka-san ―Takafumi habló con evidente fastidio, mientras esperaba la entrega de su cambio al lado de Saki y Hiyori, fuera del restaurante donde habían cenado.
― Qué desconsiderado de su parte, ¿no crees, Hiyo? Mira que dejar a su novia esperándolo… ―Hiyori sabía muy bien que su abuelita tenía por costumbre molestar a su hijo, muy especialmente para lograr las evidentes reacciones propias de su muy enamorado Takafumi.
― Ja! Por mí puede inclu… Oh, esperen un momento, tengo una llamada. Mamá, recibes el cambio y me esperan en la entrada, es mejor recogerlo al interior de la estación ―Saki asintió, y decidió retomar con Hiyo la conversación que habían estado teniendo momentos antes en el restaurante, mientras cenaban, sobre sus avances académicos.
Por su parte, Takafumi se alejó unos pasos, con la finalidad de responder la llamada de número desconocido. No solía responderlas si no venía de un contacto guardado, pero estando en medio de un proyecto profesional, en verdad temía que fuese algún tema de coordinación ineludible, pese a la hora y el día.
― Buenas noches, Yo…
― Buenas noches, señor Kirishima ―una voz desconocida que empleaba un acento muy extranjero, le habló, con un extraño japonés―. Lamento mucho llamarle a esta hora, nos conocimos en la cena de Sumi-sensei. Quisiera confirmar con usted la fecha y hora en la que podríamos llevar a cabo la reunión que comentamos entre usted, la señorita Haruka, y yo. Mil perdones por la insistencia, pero me urge hacerlo pronto. Debo regresar en dos días a mi país, y lo de esta noche no fue suficiente.
Takafumi escuchó lo que aquella voz masculina le decía, como si le estuviese hablando en otro día. Para empezar, se habían dirigido a él como si se tratase de Zen, y para terminar, definitivamente aquella persona conocía a su prometido por haberse encontrado en el evento de aquella noche.
¿Pero a qué se refería? ¿Por qué sus palabras parecían cifradas, e incluso, con segundas intenciones?
Takafumi no comprendía nada, pero al temblor y escalofrío que aquellas palabras le generaron se sumó a un ligero dolor en su pecho.
Necesitaba encontrarse cuanto antes con Zen…
― Yo… Me va a perdonar, pero no soy Kirishima-san, ¿cómo obtuvo este número?
― Oh… ―al otro lado, parecieron soltar un ligero jadeo de sorpresa―. Oh, lo lamento mucho… Probablemente el señor Daiki confundió los números, se le veía con varias copas encima. Lamento mucho haberlo importunado, pero, ¿al menos conoce a los señores Kirishima?
¿Señores?
Takafumi se sentía cada vez más incómodo, y frustrado. Aquello sonaba a que Zen había presentado a Haruka como su esposa, ¿se trataría entonces de un inversionista tan importante como para que él haya aceptado aquel trato con Sumi-sensei?
― Es, mi, mi compañero de trabajo. ¿Podría decirme su nombre, por favor?
― ¡Excelente! Le escribiré en este momento un mensaje para que pueda enviarme el contacto del señor Kirishima. Le escribiría a Daiki-san, pero, ya debe estar con su esposo. Gracias de antemano, buenas noches.
La persona desconocida colgó, sin darle oportunidad a Takafumi de añadir algo más o recalcar la necesidad de que se identificara. Picado por la curiosidad y totalmente angustiado, añadió el número a sus contactos, y luego abrió su aplicación. Sus ojos se abrieron completamente al ver en el lugar de la fotografía del contacto un logo desconocido, como si la persona perteneciese a una empresa. Una especie de escudo que le fue imposible identificar, por el tamaño de la vista, le saludó desde su pantalla, aumentando su mal presentimiento.
Decidido a pedir explicaciones a Zen, y obligándose a mantener la calma, Takafumi giró sobre sus talones, con la intención de buscar a su madre y a Hiyo, pero al hacerlo, chocó de frente con un cuerpo mucho más grande, que estuvo a un paso de mandarlo al piso.
― ¡Rayos!
― ¿Yokozawa-san? ―Oda se sorprendió tanto como él, pero logró estabilizarlo tomando su brazo con firmeza. Takafumi se quedó sin habla, y recién en ese momento notó que su celular había caído―. Oh, lo lamento mucho…
Vorobiov se inclinó, y recuperó el aparato. Sin embargo, aunque Takafumi no llegó a notarlo, la expresión inicial de su rostro se mostró aun más sorprendida al ver la pantalla que aun estaba encendida.
― No se preocupe ―Takafumi no fue brusco al recuperar su celular, pero dado que la presencia del sujeto aun lo incomodaba, evitó mirarlo, perdiéndose la extraña expresión.
― No hay problema… Haruka y Kirishima-san llegarán a esta estación, ¿cierto? ―Takafumi esta vez sí lo miró. Le pareció muy extraño que el hombre supiese aquello, aunque intuía que tal vez ella había solicitado que la recogiese. Sin embargo, ¿desde cuándo Vorobiov era tan explícito sobre su relación con la mujer?
― Oh, sí. Yo… yo he venido a encontrarme con él, ¿desea que los busquemos? ―aunque deseaba poner varios metros entre él y el tipo, tenía que reconocer que si le tocaba ver algo entre aquellos dos, prefería contar con la compañía de alguien que pudiese entenderlo.
― No se preocupe, de seguro en breve llegarán y yo necesito… ¿De casualidad no observó nada extraño por aquí, antes de encontrarnos?
Todo en esa noche estaba siendo extremadamente perturbador. Pero fue aun más perturbador el que Takafumi abriese la boca, sorprendiéndose a sí mismo.
― Me llamó alguien desconocido que dice haber conocido a Zen y Haruka-san en la cena… No lo conozco, pero me pidió el número de Kirishima. Dijo que me escribiría, pero…
― ¿Es el contacto que tenía abierto? ―Takafumi dio un respingo y asintió, casi por inercia―. No vaya a responderle. Le prometo enviar a Kirishima-san a casa en cuanto me encuentre con ellos, pero… Váyase ya. No es conveniente que se quede.
Takafumi terminó de angustiarse, y su rostro palideció en el acto. Vorobiov, al verlo, respiró profundo, cerró los ojos, y decidió explicarse.
― Dejemos de pretender que no sabe quién soy. Está en peligro, y no porque su prometido vaya a serle infiel o alguna huevada de aquellas ―las mejillas del menor se tiñeron de rubor―. Me consta que ese hombre es un sádico cuando se trata de usted, así que lo que sea que le hayan dicho, es un distractor, pero no para usted, a menos que se vaya ya.
― No puedo asustar a mi madre y a mi hija… ―Oda maldijo en ruso y luego le arrebató el celular―. ¡Oi!
― Shhh… ―digitó varias cosas y finalmente, suspiró con alivio―. Imagino que no lo voy a persuadir, y creo que sería peor que usted hulla luego de lo que ha ocurrido… Tome a su hija, a su madre, vaya a buscar a su novio, y váyanse. En este momento… Le recomiendo ingresar por aquí, y darles el encuentro en la siguiente entrada. Le prometo que mañana, en presencia de su novio, le explicaré todo.
Takafumi no había querido volver a interactuar con aquel sujeto nunca más, luego de la desafortunada mala experiencia vivida. Pero en ese instante, por alguna razón, al verlo marcharse en dirección opuesta a la suya, decidió hacerle caso.
Oda Vorobiov, lo sabían por Chikako, era un ser que ya no era peligroso. Incluso había prometido ayudar a solucionar ciertos temas. Muchos estaban claros, pero el más importante, no. Acaso, ¿la editorial extranjera tenía que ver en esta situación? ¿Zen era nuevamente el blanco de aquel ataque…?
― ¿Papi? ―la voz de Hiyo lo sacó de sus pensamientos, y se obligó a mantener la serenidad. Volteó, sonrió como siempre, engañando incluso a Saki, y las guió hacia las escaleras de la estación.
Avanzaron por el corredor que los dirigiría a la siguiente entrada. Takafumi llevaba en su mano libre el celular, so pretexto de tenerlo a la mano por si Zen se comunicaba. Pero a cada paso, tenía mucho más miedo de que el aparato explotase, o que el otro tipo diese nuevamente señales de vida.
Llegaban ya casi a las siguientes escaleras, cuando el celular vibró. Nervioso, digitó su patrón y buscó el mensaje…
Lamento mucho incomodarlo, pero creo que ya encontré a Kirishima-san. Por lo visto, le encanta besarse con su esposa en cualquier momento. ¡Mire nada más hacia las escaleras!
El corazón de Takafumi, ya medio arrítmico, se aceleró mal al leer aquello. Y obedeció la sugerencia, acatándola en el acto, rompiéndose en cuanto sus ojos azules vieron lo que ocurría ante él.
― ¿Hijo? ―Saki se sorprendió al verlo detenerse, y miró hacia donde él miraba. Pero no fue el beso de Kirishima y Haruka lo que la llevó a gritar con terror.
― ¿Viste que no te mentía…?
Takafumi no procesó quién estaba dos escalones por debajo de Haruka, pero sí supo lo que hacía… Una navaja apuntaba hacia la cintura de la mujer, agarrada con fuerza por un alguien vestido íntegramente de negro.
Pero lo que heló por completo su sangre y por un instante le detuvo el corazón, fue escuchar el claro disparo dirigido hacia Hiyo.
― . ―
Zen no entendía nada, absolutamente nada, pero tuvo muy en claro que Haruka debía estar detrás de todo aquello, más aun cuando Vorobiov había corrido hacia él y la mujer, con evidentes ganas de matarlos. Era obvio, en algún lugar había tenido la pistola y la navaja que cayó a espaldas de Haruka. Ella, por su parte, estaba tan en shock como él, y completamente aterrada por lo que había ocurrido, hizo lo posible por retener a Oda, cuando él intentó huir.
Pero nada de eso le importaba. Nada. Las personas alrededor habían actuado como una barrera infranqueable, y la policía había llegado en menos de un suspiro…. Suspiro que lanzó Saki al revisar rápidamente a Hiyo, antes de llevársela gritando a voz en cuello escaleras arriba, para llamar un taxi o una ambulancia, con premura. Dejando en la estación a un Zen al borde de la locura, viendo cómo la camiseta deportiva de Takafumi se iba manchando más y más con su sangre. A la altura del pecho.
La ambulancia llegó en cinco minutos, que a él le parecieron una eternidad. No supo realmente qué hacer, hasta que los paramédicos estuvieron a un paso de cerrar la puerta de la ambulancia, y Saki lo empujó con fuerza, para que se fuese con Takafumi. Hiyo hizo de tripas corazón, entendiendo una vez más que necesitaría ser fuerte, porque el hombre que estaba herido de muerte no era solamente su papi, sino el futuro esposo de su padre, el papi de su hermano, y el hijo de su nueva abuelita. Preguntó a qué hospital lo llevarían, y se encargó ella misma de parar el taxi e indicar el destino. Saki estaba temblorosa, casi luciendo a punto del desmayo, de modo que también se vio forzada a llamar a su abuelito Kotaro, a sus abuelitos Kirishima, a tío Nowaki, y… Cuando recordó que tío Masamune estaba viajando tan lejos, junto con Mamu, se permitió quebrarse. Otorgándole entonces a Hiroki y Nowaki, casi por telepatía, la misión de llamar a los compañeros de trabajo de sus padres y a sus otros tíos.
― ¿Chikako…? ―en la entrada del hospital, la imponente presencia de la madre de Masamune se dejó ver. Hiyori se lanzó en sus brazos, y sollozó todo lo que quiso, sin que la mujer la soltara ni dejara de acariciar sus cabellos en todo momento.
― Nowaki-kun me llamó, confundiéndose con el número de Masamune… Ya no reciben llamadas, de seguro están abordando. ¿Qué rayos pasó?
― ¿Por qué estás aquí? ―Saki estaba tan descolocada con la presencia de la madre del novio en ese momento, que le importó poco ser descortés.
― Tuve que tomar el siguiente vuelo debido a un trabajo de última hora. Hiyo-chan, mírame ―la niña, en medio de hipos y un casi estado de pánico, la miró, suplicante y con ojos desorbitados―. Papi es fuerte, y un hombre muy valiente. En este momento no puedo hacer nada más que prometerte que intentaré que Mamoru sepa las cosas luego de que Taka-chan esté bien, ¿sí? Necesito que… ―justo en ese momento, la ambulancia llegó, y vieron pasar a la carrera a un evidentemente angustiado Zen, quien seguía la camilla en estado de histeria.
Las tres mujeres corrieron, para alcanzarlo, lográndolo al fin en la sala de emergencias. Zen temblaba completamente, como si tuviese hipotermia, y ni siquiera Hiyori se atrevió a acercarse. Ni una lágrima estaba asomando, pero el shock que se evidenciaba era uno que jamás le habían visto. Y ni siquiera reaccionó cuando sus padres y Kotaro llegaron, seguidos por un Nowaki vestido de blanco que siguió de largo, rumbo a la sala de emergencias.
Pasaron otros cinco minutos, y justamente fue su amigo quien salió, con la bata blanca manchada de sangre, para mayor horror de todos los presentes.
― No… Nowa… ―Zen no lograba articular palabras.
― Perdóname por presentarme así, pero necesito que me digas algo. Yokozawa-san, ¿ha estado…?
― Deberías estar en pediatría, Kusama, Yokozawa es mi paciente ―el médico especialista de Takafumi apareció, igual de acelerado, y visiblemente incómodo.
― Lo lamento. Es padre de uno de los niños que estuvo a cargo del orfanato de mis padres, no pude evitar actuar de manera impulsiva ―el especialista se sorprendió, y asintió, tomando el control de la situación.
― Comprendo. Señor Kirishima, es usted quien pasa más tiempo con el señor Yokozawa, ¿verdad? ―ni siquiera saber que Takafumi había dejado en claro su relación hizo reaccionar a Zen. Se limitó a medio asentir―. En ese caso, dígame por favor cuál fue la última dosis de medicina que tomó.
― ¿Medicina? ―Saki miró con sorpresa a Zen. Él, por su parte, se obligó a reaccionar, abrazándose a sí mismo.
― Bueno… Como son vitaminas, suele tomarlas luego del almuerzo…
― ¿Vitaminas, almuerzo? ―el médico frunció el ceño―. Aumenté la dosis de la medicina hace un mes, duplicándola, ¿es posible que haya sido tan irresponsable como para mantenerla en una sola vez al día?
Todos miraron a Zen, quien lucía pasmado.
― Doctor, las vitaminas…
― ¿Qué clase de relación llevan? ¡Su hemoglobina está actualmente en ocho gramos por decilitro! ¡Y se está desangrando!
Nowaki actuó rápido, llevándose a Hiyo abrazada, pero ya ella había escuchado. No entendía de terminología médica, pero por la reacción de aquel médico, era claro que su padre estaba…
Kirishima, por su parte, no entendió nada. Se limitó a mirar con expresión idiota al médico, casi como si hubiese sufrido alguna conmoción cerebral. Saki tuvo que ser sostenida por Chikako y Akane, quienes la llevaron hacia unas bancas cercanas, delegando en Ken y Kotaro la tarea de sostener a Zen, y enfrentar al médico.
― No me equivoco al decir que Yokozawa-san no les informó, ¿cierto? ―la cólera del galeno disminuyó al ver todas las reacciones, y recordar lo particularmente desesperante que era su paciente; Kotaro apretó la mandíbula, y negó―. Realmente… Sabía que era terco, pero no creí que lo fuese a ese nivel.
― ¿Qué debemos hacer? Takafumi tiene un tipo de sangre un tanto complicada, ¿fue por eso que…? ―Kotaro casi que se odiaba, porque justamente Takafumi le había heredado su tipo de sangre.
― No tengo tanto problema con ello. Sin tener noción alguna sobre la última dosis, me temo que solo puedo conjeturar en que la baja de su hemoglobina es a causa del disparo. Kirishima-san, haga memoria, ¿últimamente ha estado bajo presión, o se ha sentido mal? ―el médico intentó ser empático al notarlo shockeado. Los dos hombres mayores lo miraron, dándole fuerzas.
― …estresados hemos estado. Demasiado. Pero Takafumi no… no se ha vuelto a desmayar, ni a tener problemas digestivos. De hecho, yo… Lo hemos estado alimentando con cosas ricas en vitamina C, dijo que… ―se quebró totalmente, sintiendo incluso ganas de vomitar. Muchas emociones y recuerdos se agolparon en ese instante, y el galeno consideró que con aquella información podía avanzar con el tratamiento.
― Si saben de alguien más que pueda saber la dosis que estuvo manteniendo, me lo indican, por favor. Por el momento, lo hemos estabilizado para llevarlo al quirófano. Ya tenemos las unidades de sangre requeridas, pero por favor, busquen donantes. No hay nada concreto en este momento.
― Ken, quédate un instante con Zen. Hiyori debe saber algo, es quien ha pasado más tiempo con mi hijo ―Kotaro se alejó, dejando a su mejor amigo a cargo del destrozado Zen.
Pero Ken nunca había sido bueno en estas situaciones, y se limitó a abrazarlo, acariciando los cabellos que tanto se parecían a los suyos.
― Hiyo-chan está con sus abuelitas y Yokozawa-san… Zen –Nowaki se acercó de nuevo, y se puso de cuclillas ante él, buscando su mirada―, escúchame. Hay muchos motivos por los que pudo no habernos dicho lo que ocurría. Han pasado infinidad de cosas, y el hecho de que no haya pasado por una crisis es indicativo de que está controlado el problema…
― ¿Por eso se me está muriendo? ―la voz de Kirishima estaba irreconocible.
― No. Es natural que una hemorragia traiga complicaciones. Ya he llamado a Hiro-san y él está ayudándome a contactar a sus amistades, se necesitan unidades de sangre, no necesariamente del tipo de Takafumi.
― ¡KIRISHIMA-SAN!
Unos pasos apurados se dejaron oír desde la puerta de ingreso, y el grito de Viktor los alertó a todos. Zen alzó la mirada, lloroso, despeinado, destruido. Y ni siquiera Ken pudo detenerlo cuando se lanzó a los brazos del ruso, que pese a ser su menor, lo sostuvo con fuerza, sabiendo muy bien el infierno por el que estaba pasando.
― Vamos a donar sangre… Siempre hemos intentado estar limpios en todos los sentidos, y sé que seremos de ayuda ―Mila lloraba también, pero sonó firme mientras se dirigía a Nowaki―. Por favor… ―susurró―. No importa si necesita que nuestras identificaciones sean revisadas, necesitamos que el Osito esté a salvo…
― Kirishima-san… Kirishima-san… ―Otabek logró que el hombre se despegara del pecho de Viktor, quien tenía el rostro fruncido―. Necesitamos que nos consideren como donantes, imagino que deberá delegar a alguien como representante suyo y de Yokozawa-san.
― ¿…papá…? ―Ken sintió su corazón estrujarse al reconocer en ese hombre aterrado a su hijo pequeño.
― Kotaro y yo estaremos a cargo. Ve a preguntarle a Hiyo si tiene idea de alguien que pueda saber algo sobre la medicación de Taka-chan…
― En breve Daiki-san y Haruto-san vendrán ―Yuuri le informó antes de dejarlo caminar hacia su hija―. Fueron convocados para poder acusar directamente a Vorobiov y Haruka. Me pidieron decirle que no tenga reparos en aceptar cualquier gasto, será asumido por Marukawa y Dahari… Usted solo tranquilícese, ¿sí? ―Kirishima asintió, y los vio partir junto con una enfermera solicitada por Nowaki.
Él se acercó, y colocó sus manos en sus hombros, intentando mantenerse sereno para contagiarle su seguridad, aunque por dentro estaba igual de angustiado.
― Yokozawa-san es muy fuerte. Y noble. Lo sabes muy bien. Voy a apoyarte en todo momento, pero necesito que confíes en mis decisiones, ¿de acuerdo? ―Zen asintió―. Bien. Por ahora, ¿deseas verlo? Será solo a través de la ventanilla de emergencia…
Zen no supo si asintió o no a esa sugerencia, pero sus sentidos se pusieron en marcha cuando se vio delante de aquella ventana. La visión de Takafumi entubado, con el cuerpo desnudo y sometido a los exámenes físicos de los especialistas, terminó de romper su corazón. Su mente, traicionera, lo llevó a un estado de disociación, en el que parte de su cerebro se fue a años atrás, en los que le tocó estar en una situación malignamente similar.
Sakura entubada. Sakura cubierta por una miserable bata que dejaba nada a la imaginación. Sakura, mentirosa, descubierta en su engaño… Sakura, traicionera, minimizando su capacidad para acompañarla en su dolor físico, estrellándolo con la realidad de que había llegado muy tarde…
― Taka…
Nowaki aferró su brazo por debajo de su codo, frunciendo con dolor su ceño. ¿Por qué Yokozawa no había confiado en él? ¿Por qué Nowaki no había buscado sus antecedentes de salud, siendo que se convertiría en el padre de su Mamoru? Confianza, sí, era cierto que confiaba ciegamente en él… Y por eso mismo, comprendía ahora esa energía ciertamente enferma que emanaba de las facciones fruncidas, llenas de dolor y reproche en Zen.
― Taka… Takafumi… Te lo dije, Takafumi… ―Zen parecía incluso delirar―. ¿Por qué? ¿Por qué…?
― Kirishima-san ―Ryuu se acercó, pálido, y solitario. Más que nada para desviar la vista borrosa de aquella pesadilla, Zen volteó a verlo―. Yo… Shiro y Ryuutaro se estuvieron sintiendo adoloridos, por eso he venido solo yo… Qui…quisiera donar una unidad de sangre, si es necesario...
― Lo es ―Nowaki le sonrió, agradecido―. En recepción ya he dado la orden de admitir a todos los voluntarios, acérquese a ellos a nombre de Kusama-sensei ―Ryuu asintió, y estaba por irse, cuando Zen lo detuvo del brazo.
― ¿Sabías que Takafumi está enfermo? ¿Te lo dijo, o a Henmi? ―Ryuu miró confundido a su superior, pero terminó negando.
― No, no sabíamos nada. Bueno, solo sé que tomaba unas medicinas, o eso al menos es lo que le dijo Haruka-san a Shiro una vez… ¿Kirishima-san…?
Tanto él como Nowaki lo vieron palidecer. Y unos segundos después, nadie pudo detenerlo en su carrera.
― . ―
Haruka veía ir y venir a todos en la estación de policías. No podía quejarse, porque en realidad, no le habían hecho daño, al ver que ella había incluso colaborado en mantener en la escena del crimen al "culpable". Pero en realidad, ella lo había hecho, muy consciente de que Oda, en esta ocasión, no era el criminal.
― ¿Tiene manera de probar lo que sugiere? ―la mujer policía que tomaba su declaración habló con una frialdad que dejaba muy en claro que ni la creciente panza ni su condición de mujer la estaban conmoviendo. Mucho menos sus lágrimas y el evidente interés por conocer el estado de Takafumi.
― Juro que les ayudaré a revisar mil veces la estación de tren si es necesario, pero le ruego que me comunique con Kirishima Zen. Es prometido de la víctima y debe conocer el estado de salud de Yokozawa-san, necesitan de inmediato tratarlo de la anemia que padece.
― De modo que no me equivoqué. Tú lo sabías.
Aquella voz de ultratumba hizo callar todas las voces que se habían mantenido elevadas. Daiki y Haruto se pusieron de pie, tras haber estado en silenciosa conversación con alguien que lucía como un abogado.
― Yo… ―todas las miradas se fijaron en Haruka. Y ella no supo qué hacer en ese momento.
Sabía muy bien los miedos de Takafumi. Los sabía muy bien. Sabía también que el hombre frente a ella podía llegar a ser muy impulsivo, mucho más cuando se trataba de su prometido. Pero, el amor que aun sentía por Takafumi, era el de una amiga cercana. Y en base a ello, decidió mentir.
― No me lo dijo. Yo lo descubrí… Él, no lo sabe, yo…
― Confió en ti y no en mí…
Incluso la policía que había sido tan impersonal con Haruka, empezó a comprender lo que ocurría. Y aunque no era empática con las mujeres, sí lo era con las víctimas y sus familiares. Se acercó, con cautela, y se puso de frente al hombre, buscando su mirada.
― ¿Kirishima-san? No sé si la mujer está mintiendo o no, pero imagino que necesita esto ―extendió hacia él la billetera de Takafumi, y él, tras suavizar sus facciones, la recibió, acariciando con dulzura el llavero con forma de osito―. He revisado todo delante de ella, y en efecto, vimos juntas esa receta. Le prometo, hacer hasta lo imposible por encontrar al culpable, pero si me permite ser la voz de la razón en este momento, le sugiero regresar al hospital, y entregarle esta receta al médico.
― No lo vimos beber ninguna medicina en la oficina, Zen ―Daiki habló con cautela, mientras Haruto se acercaba con cuidado―. Las cámaras lo muestran solamente contigo, así que podemos intuir que las bebía en la madrugada, y/o en cualquier otro momento de soledad.
― …madrugada… Suele escapar de nuestra cama a eso de las tres, porque tiene mucha sed… ―los policías asintieron, suspirando con alivio al notarlo sereno.
― Es muy probable. Vamos, te acompañaré. Felizmente el hospital está al costado, no te preocupes por eso… ―Haruto empezó a guiarlo hacia la puerta, pero él se detuvo justo en el umbral.
― Su celular, ¿puedo tenerlo…? ―Zen suplicó con la mirada a la policía, pero ella se sintió culpable al tener que negarle aquello.
― Aunque no me crea, no es el momento. En ese celular está la respuesta a muchas cosas…
La serenidad de Zen se le fue al diablo cuando escuchó aquella voz grave y desagradable para sus oídos, y vio salir de la sala de interrogatorios a Oda, enmarrocado, pero visiblemente neutral. Soltándose de Haruto, avanzó, siendo detenido por dos policías.
― ¡HIJO DE PUTA, ¿QUÉ CARAJOS TE HIZO DE MAL TAKAFUMI?! ¡SI HASTA QUISISTE TIRÁRTELO, ¿POR QUÉ NO ME MATASTE A MÍ?! ¡TU MUJERZUELA FUE LA QUE ME BESÓ A MÍ, NO A ÉL! ―Haruka empezó a llorar al ser aludida en aquellos reclamos, totalmente merecidos, en medios de llanto y gritos ahogados.
― Oficial… por favor. Revise la última comunicación recibida por ese celular… ―Oda ignoró a Zen, y se dirigió a la policía.
Algo en la mirada de aquel hombre, que fingía desafío, se hizo evidente para la mujer. Y tras dirigir una orden silenciosa a sus subordinados, tomó el celular de Takafumi, e intentó acceder a este.
― ¿Cuál es el patrón, Kirishima-san?
― ¿Va a hacerle caso a este criminal? ―Zen la miró, con ojos desorbitados y casi escupiendo de rabia.
― Como Daiki-san y su abogado han sugerido, Vorobiov-san tiene acusaciones graves por las cuales responder. Pero también mucha información por proporcionar.
― ¿...mi Takafumi vale menos que su vida…? ―la indignación lo llevó a susurrar.
― Zen ―Haruto lo obligó a mirarlo a los ojos, poniendo en marcha toda su capacidad de persuasión y autoridad―. Te juro que Daiki se hará cargo de hacer pagar al culpable. Ahora sabes muy bien que necesitamos ir con Yokozawa-san… Vamos… ―Zen se mantuvo rígido―. Vamos ―sin embargo, la voz autoritaria de Haruto lo hizo reaccionar. Y aunque dirigió una mirada cargada de odio a aquellos dos, lo siguió, obediente.
La policía retomó la inspección, notando con extrañeza que el patrón en realidad era inexistente. Miró a Oda, quien seguía firme, y esperando, y decidió acatar su sugerencia.
Y cuando los ojos de aquella mujer observaron el último contacto, y la última llamada, comprendieron por qué alguien tan importante como Isaka Daiki y Usami Akihiko estaban involucrados. Como abogados de aquel sujeto.
― …queda detenido hasta que la investigación concluya, al igual que esta mujer ―Haruka se puso de pie, temblorosa, y miró hacia su pareja con evidente arrepentimiento y una ligera decepción.
― No puedo probar que intenté protegerlo, eso solo puede confirmarlo él al reaccionar. Cuídalo cuando salgas, porque imagino que ese estúpido que tiene por hombre se va a comportar como un macho herido, conozco a los de su calaña…
― Oda… ―Haruka empezó a llorar.
― Haruka no está involucrada en nada —todos notaron que en el momento en que ella habló, su mirada se serenó—. Por favor, no la involucren en esto.
― Hasta cierto punto, lo mejor es que también esté en poder de la policía, Vorobiov. Como ya has mostrado y sugerido, puede ser el siguiente objetivo, porque ya la conocen…
Daiki calló al verlo acercarse a ella, y hacer malabares para permitirle pegarse a su cuerpo. La joven estaba muy asustada, llorando y temblando, y para todos fue una sorpresa grata e intimidante, ver a ese hombre que todos sabían muy peligroso en décadas pasadas, hablándole con una inusitada amabilidad y ternura.
― Voy a solucionar esto. Seremos un matrimonio feliz, aunque deba trabajar de lo que sea. Incluso si me extraditan, veré la manera de no dejarlas desamparadas. Porque quiero que sea una niña… Una niña que se enorgullezca de que su padre hizo al final lo correcto. Por ello ― ella alzó la mirada, y él se inclinó para besarla―, sé fuerte. Hasta el final de esto, sé fuerte. Es posible que…
Hubo un evidente tumulto en las afueras, y para cuando ingresaron a un nuevo arrestado, Daiki, Oda y Haruka se sorprendieron al ver a la persona que lo seguía.
― Lo lamento con toda el alma, Daiki… —un irreconocible Sumi-sensei ingresó, casi restregándose sus propias manos, mientras un muchacho vestido de negro reía con histeria—. Le juro que no sabía nada...
― . ―
Ryuu regresó al departamento, con un sentimiento de decepción creciente. Tener que ver cómo Kirishima Zen regresaba, con uno de sus jefes aferrado a su brazo en un vano intento por tranquilizarlo, mientras el hombre de ojos miel pedía a gritos que lo dejaran ver nuevamente a Takafumi, fue de las peores experiencias que había vivido en toda su vida. Sobre todo porque los padres de Zen y Takafumi habían llegado corriendo, alertados por el escándalo, haciendo esfuerzos máximos por tranquilizarlo. Lo cual, obviamente, se agravó cuando la hija de Kirishima apareció, aterrada, y escuchó a su padre exigir a voz en cuello que necesitaba verlo con urgencia, porque había un tema que debían definir ambos antes de que todo se acabase…
¡TE LO DIJE, TAKAFUMI! ¿ACASO NO LO JURÉ? ¡TE DIJE QUE SI ESTABAS MURIENDO Y ME LO OCULTABAS, LO NUESTRO SE IBA A IR A LA MIERDA!
En ese instante, Kirishima se vio completamente… patético.
Ryuu intentó desembarazarse de aquella emoción que lo ahogaba, respirando profundo e ingresando la llave de acceso al departamento. Entró, se quitó los zapatos, y tras calzarse las pantuflas, fue rumbo a la habitación matrimonial. Sabía por Shiro que Ryuutaro ya dormía, así que cuanto antes conversaran ambos, sobre el tema que él ya había medio adelantado, sería mejor. Tenía que serlo.
— Hola, amor. Oí el audio que enviaste —Shiro lo recibió la misma expresión decepcionada y derrotada, aunque extendió la mano en una clara invitación a acercarse—. No puedo creer que dijera todas esas cosas, ni que esa sea su intención —Ryuu se sentó a su lado, luego aceptar la invitación, en la silla de ruedas que su amor no ocupaba en ese momento, y buscó su mirada—. Espero en verdad que sea solo producida por el shock emocional.
— Yo también, aunque se podía ver que esa sinceridad tendrá una fuerza destructiva; me dolió en el alma ver a Hiyori-chan llorar, con tanto dolor, aferrada a sus abuelas, mientras Yokozawa-san y Kirishima-san hacían hasta lo imposible por contenerlo, y se observaba una inusual alteración al interior de la Sala de Cuidados Intensivos. Creo que Kirishima-san hasta llegó a golpear a Kusama-sensei en el rostro —suspiró, reviviendo en su mente aquellos momentos—. En ese momento, yo… —Ryuu bajó la mirada, y acarició su mano, haciendo sospechar a su novio sobre que iba a decir—, pensé, si quizá cometí un error al aparecer y sacarte de su vida —Shiro sonrió, comprobando que no había errado en sus suposiciones, y negó, antes de inclinarse hacia él para atrapar sus labios.
— Hace meses, habría pensado probablemente lo mismo, amor. Pero mis sentimientos eran completamente diferentes a los de esos dos. Admiro aun a Yokozawa-san, por su gentileza natural y su profesionalismo, pero, y aunque no me agrada traer a colación esto, yo jamás habría hecho lo que hice por Hiyori-chan o Mamoru-kun —Ryuu lo miró sorprendido, y emocionado—. Cuando supe que Ryuu-kun estaba al borde de la muerte, me llené de angustia. Era como si un ser que hubiese nacido de mí se me estuviese yendo, y verte al borde de la locura me asfixió. Todo de mí me gritaba que debía hacer algo para que ustedes dos estuviesen bien, para que ustedes dos estuviesen juntos de nuevo. Y cada segundo vale la pena porque termió ocurriendo que me correspondiste —las mejillas maduras se tiñeron, y los ojos se humedecieron—. Kirishima Zen es la persona que ama a Yokozawa-san, y a quién él ama. Iokawa Shiro es la persona que daría todo por ti. No hay más, Kuroda-san —sonrieron.
— Haré como que te creo, mocoso pervertido… —Shiro acarició sus mejillas y volvió a besarlo—. Sin embargo, Shiro, ¿no haremos nada…? Quizá sería bueno que lo amenaces. De a mentiras —Shiro se enterneció al escucharlo usar una de las expresiones favoritas de su hijo—. Recordarle, qué los une, hacia dónde caminan… O incluso amenazarlo con…
— A estas alturas de la vida dudo que él o yo nos creamos que sigo interesado en su prometido. Lo máximo que puedo hacer es invitarle a un café para escucharlo, incluso podría ir a su departamento, con tu ayuda, para poder conversar. Ser el amigo que no he sido hasta el momento, aunque debería reconocerme que prácticamente le salvamos la vida… Pese a todo, pensando en frío —se recostó contra el respaldar de la cama, acariciándose el mentón—, que no recuerde ahora los sentimientos que los une y esté focalizado en "el error" que cometió su pareja, quizá sea su verdadera primera gran prueba, mi amor. Y ante eso, el resto no…
La puerta principal fue aporreada con furia, y se escuchó un griterío en el exterior. Ambos fruncieron el ceño, inicialmente pensando que tal vez el desagradable ex de su hermana había ido a joder como cada tres meses, pero en ese momento, una voz bastante conocida se dejó oír en medio del bullicio.
— ¡ÁBREME, IOKAWA, SÉ QUE ESTÁS AHÍ!
Ryuu se puso de pie, asustado y tembloroso, y miró dudoso a Shiro. Él, con cuidado, bajó de la cama, se sentó en la silla, y tras hacerse con su bastón, se encaminó a la salida.
— Espera —Ryuu lo detuvo, interponiéndose.
— Perro que ladra no muerde. En este momento es solo un cachorro asustado, así que no te preocupes, no hará nada. Ve con Ryuutaro y léele un cuento si se despierta… Hazlo, cielo, estaré bien.
Los golpes y la insolente insistencia continuaron, al punto que Shiro lograba escuchar la amenaza de sus vecinos y del recepcionista, de llamar a la policía. Sin pensar ni aplazar aun más el momento, abrió la puerta, absolutamente serio.
— ¡Iokawa-san! ¿Cómo es posible que reciba a estas horas de la noche a un demente como este? ¡Por poco y agrede a Goro-kun!
— Lamento mucho en verdad el mal rato, Kimura-san, pero mi primo suele ponerse agresivo cuando bebe —un par de ojos miel lo fulminaron con la mirada, si es que ya no habían estado taladrándolo desde que abrió la puerta—. Está pasando por una ruptura amorosa, y el corazón roto le hace cometer idioteces —aquellas palabras golpearon a Kirishima como un látigo, llevándolo a un estado completamente opuesto—. Se lo ruego, no llamen a la policía. Yo me encargaré de él, y de cualquier asunto colateral que tengas que informarme, Goro-kun.
— Yo… —el muchachito miró de reojo a Zen, casi con miedo, pero negó, y se inclinó ante Shiro—. No hay problema, Iokawa-san. Si usted estará a cargo, yo estaré tranquilo. Si me disculpan, iré a mi puesto —se alejó, ofreciendo una reverencia ante Ken y Kotaro, quienes tenían sujeto a Zen por ambos brazos.
— Su primo ya es muy viejo para tener este tipo de arranques, pero lo comprendo. No lo informaré a la Junta, pero por favor, procure que no se repita. Incluso puede darle mi contacto si necesita apoyo profesional… —la mujer también se retiró, dejando a los cuatro hombres frente a frente, los dos mayores evidenciando una terrible vergüenza ajena.
— Le ruego por favor que nos disculpe. Mi hijo salió corriendo sin decir a dónde venía y de milagro logramos seguirle los pasos, pero era ya relativamente tarde —Ken tenía un evidente moretón en la mejilla, mientras que Kotaro, como observó con prudencia Shiro, tenía una mano visiblemente inflamada.
Aquello preocupó mucho a Shiro. Como amigo. El que la situación estuviese llegando a un nivel como aquel, simplemente era inadmisible.
— Mi yerno no…
— No soy su yerno —Zen se deshizo del agarre de Kotaro, e intentó abalanzarse sobre Shiro. Pero él fue más rápido y lo alejó con su bastón.
— Si has venido hasta aquí es porque deseas hablar, y si ese es el caso, tenemos toda la noche y la madrugada, no he tomado aun la medicina que me hace descansar en calma. Pero si has venido a agredirme, seré el primero en reducirte y llamar a la policía, no crees que por mi estado no puedo con alguien como tú.
— ¿Cómo te…? —su voz sonada deformada por la ira—. Soy un superior tuyo, yo…
— ¿Superior mío? Somos ex colegas, y ni siquiera eso. Ambos trabajamos en diferentes departamentos de una misma compañía, y eso solo te convertía en un profesional de mayor rango, no en mi superior y menos ahora —la indignación de Kirishima fue tal, que se puso muy rojo y enmudeció. Shiro aprovechó para ignorarlo, y se dirigió a los adultos mayores —. Por favor, tomen asiento. Si puedo ofrecerles algo de beber para que recuperen el aliento, indíquenmelo, y lo traeré.
— No te preocupes, aquí los traigo —como una aparición doméstica surrealista, Ryuu apareció cargando una bandeja con cuatro vasos transparentes, evidentemente, llenos de agua—. Creo que es lo más apropiado para el momento.
— Muchas gracias, Kuroda-san. Por todo —Kotaro tenía los ojos muy rojos, y fue el primero en tomar uno de los vasos, y dejarse caer en el sillón de tres cuerpos.
— ¿Qué se siente haber sido el plato de segunda mesa…?
Ken miró horrorizado a su hijo, al escucharlo hablar con tanta mala intención. Zen había compartido con ellos muchos aspectos de la historia de esta familia, sobre todo la parte de Shiro inicialmente interesado en Takafumi, y por ende, que dijera algo tan cruel, lo indignaba como padre.
— No sabría decirle. A diferencia suya con respecto a Takano-san, Shiro jamás llegó a tener una relación con Yokozawa-san, por lo que jamás me he sentido plato de ninguna mesa, solo de la nuestra —sin mostrar ofuscación, Ryuu respondió con actitud digna, y gentil, enorgulleciendo a su novio; luego se dirigió a los mayores, ignorando nuevamente a Zen—. Descansen, por favor, estamos cerca al hospital, de modo que si lo desean, pueden incluso usar nuestro departamento como centro de coordinaciones. Hiyo-chan puede venir a descansar aquí, con sus esposas, tenemos una habitación vacía.
— Muchas gracias… —Ken solo pudo inclinarse con profunda gratitud, mientras que Kotaro apartaba la mirada de Zen, casi como si deseara no volver a verlo nunca.
— No tienen que agradecer nada. Estaré con nuestro hijo, cualquier cosa me llamas —sin importarle la presencia del resto ni la reacción de Zen, Ryuu besó la frente de Iokawa, y luego marchó, sereno.
— Aunque agradezco la oferta de Kuroda-san, lo cierto es que debo regresar al hospital. Pueden necesitar que autorice algún procedimiento —Zen intentó ponerse de pie, pero la voz de Kotaro sonó como una orden—. ¿Querías venir aquí, verdad? Pues quédate con tu padre, no quiero verte cerca a Takafumi. Termina de limpiar tus mi… tus porquerías emocionales, y deja de ser grosero e impertinente con quienes te quieren ayudar.
— Kotaro, por favor… —Ken suplicó, buscando contacto entre sus manos, pero él se alejó.
— Hiyori y Mamoru son mis nietos, aunque su padre sea una peste en este momento —Zen bajó la mirada, sintiendo como una daga las palabras del hombre que siempre lo había tratado con tanto cariño—. Voy a intentar traerla, Ken, no quiero que duerma allá. La enviaré con Akane, porque dudo que mi Saki desee apartarse de nuestro hijo.
— Tengo entendido que ya Mamoru-kun está en pleno vuelo, ¿verdad? —Shiro se atrevió a hablar. Los tres asintieron—. Sé que no es mucho, pero tengo unos familiares en Inglaterra, y afortunadamente uno de ellos es psicólogo. Si necesitan apoyo allá, por favor, me lo indican, me comunicaré de inmediato. También podemos tratar con los temas del orfanato bajo la orientación de Kusama-sensei.
Zen lo escuchó, sin poder ocultar su sorpresa. Algo de la furia desmedida se había desvanecido al beber el agua, y poco a poco el arrepentimiento le iba llenando el pecho. Dio otro sorbo, suspiró, y volteó hacia su padre.
— Ve con pa… Yokozawa-san, papá. Procura traer a mamá y a Hiyo, y ayúdalos en todo. Estaré bien…
— Tienes solo esta noche para deshacerte de tus niñerías baratas —Kotaro ganó a Ken en darle una respuesta, y lo hizo con total frialdad e indiferencia—. Si mañana sigues con el mismo comportamiento, yo mismo me encargaré de ordenar que nadie te permita acercarte. Solo tus padres y mi nieta podrán hacerlo —salió del departamento, siendo seguido por un Ken sumiso que solo atinó a inclinarse con respeto ante el anfitrión, y dejar un apretón en el hombro de su hijo.
Cuando la puerta se cerró, el silencio gobernó la sala, y solo fue roto por Shiro, al comunicarse con recepción e indicar que muy probablemente los señores que habían llegado regresarían con una dama y una niña. Zen no comentó nada, ni lo miró. Solo se mantuvo sentado, en silencio.
— No puedo entender la dimensión de su terror, Kirishima-san, pero si de algo puede tener plena seguridad, es que el hombre que está en ese hospital solo tiene su ser focalizado en formar una familia con usted y sus hijos —esta vez, la reacción de Zen fue echarse a llorar nuevamente, abrazándose a sí mismo mientras ocultaba su rostro entre sus brazos—. No debería meterme en esto, porque yo mismo decidí, el día en que Yokozawa dejó muy en claro que era usted el amor de su vida, que no volvería a intervenir en nada que lo implicase. Al menos no como un invasor repelente y abusivo, que sí es más el estilo de Haruka. Y no, Kirishima-san, yo estoy tan sorprendido como usted por la ausencia de una explicación de parte de Yokozawa-san, por esa falta de confianza en usted.
— ¿De verdad no estoy loco por pensar de esa manera? —los ojos miel lo miraron, completamente húmedos y suplicantes.
— No está loco, yo también lo pensaría, y de seguro Ryuu lo creyó cuando yo tomé la decisión de donar parte de mí a su hijo. Pero si le soy sincero, mi vida me importaba muy poco, porque prefería verlos felices a ellos. Si usted y yo hemos sabido leer bien a Yokozawa-san, y más usted, logró encontrar en él motivos para enamorarse, no me negará que el no contarle no va por un tema de falta de confianza, sino por un tema de no desear verlo sufrir —Zen mantuvo su expresión llena de súplica, aunque un ligero brillo de esperanza llegó a instalarse en sus ojos—. El Oso Gruñón de Marukawa —aquella mención logró arrancar una sonrisa en el otro—, el Oso Teddy de Dahari… El hombre que, lo sabe usted mejor que nadie, se sometió a un amor no correspondido solo por intentar que su ser amado recobrase la cordura…
A Zen no le desagradó saber que el otro conocía esa verdad, pero sí le sorprendió. Iokawa nunca había sido considerado como el confidente de Takafumi, pero Kuroda era el mejor amigo de Henmi.
Acaso aquel pequeño granujita…
— Creo que ha acertado… Henmi no pudo callar su indignación, como todo polluelo en desarrollo, y terminó contando a Kuroda-san lo que ocurría y sus planes maquiavélicos. De hecho —se inclinó un poco, y habló usando un tono de complicidad—, tengo que decirle que me comentaron que fue mi Ryuu quien confirmó que la opción más correcta para sanar aquel corazón, era usted. Pero para no seguirme desviando, Kirishima-san, ¿puede recordarlo ahora? ¿Puede comprender los motivos de Yokozawa-san? Sé que soy un ignorante total del hombre que es ahora gracias a usted y su familia, pero… Usted y yo sabemos que él jamás habría hecho algo con el afán de verlo sufrir.
Zen lo miró a los ojos, tras fruncir el ceño por culpa del nudo en la garganta que aun persistía, asintió.
— Si… si Takafumi jamás te dijo, ¿por qué insistías tanto en cuidarlo aquella vez? ¿En verdad lo amaste?
— Mis sentimientos eran muy diferentes a los de ahora, así que, tal vez, solo fue un gusto con destellos de obsesión. A diferencia de muchas personas, fue amable conmigo desde el primer momento, y verlo en problemas por mi causa, me sedujo, no lo voy a negar. Pero cuando empezó a presentar problemas de salud, recordará que usted y yo estuvimos presentes. Aquella vez en su casa, cuando palideció y casi se desmayó, y aquella otra en el hospital, cuando tuvo aquella cita…
— Cierto… —Zen lo tomó de la mano, y lo miró con urgencia—. ¿El médico no dijo nada extraño aquella vez cuando estuviste con él en la consulta?
— Yokozawa-san se la pasó repitiendo que yo no era su pareja y que lo requería a usted. Solo estuve presente cuando verificaron los datos de triaje —Zen asintió, y suspiró con resignación—. Sé que usted piensa que Haruka lo sabía desde antes, y quiero que me escuche con calma, ¿de acuerdo? —el otro asintió—. Por lo que Ryuu entendió, tengo que decirle que ella no mintió sobre la forma, pero sí sobre el momento. Tengo muy en claro que la persona que amo ahora es Ryuu, y que Haruka fue un momento de mi vida que ya pasó, pero que a causa de… bueno… su inclusión en su familia —Kirishima comprendió que se refería al maldito instante en que sus madres idearon aquel plan para "medir" su amor, en el que Haruka fue contratada como su dama de compañía prácticamente—, volvió a ser una amiga con la cual mantengo comunicación.
— En parte por el tema de Marukawa, ¿verdad? —Shiro asintió—. Creo que debo una muestra de gratitud por salvarme la vida…
— Prefiero que me deba el recordarle los motivos por los cuales no debe perder su matrimonio —el otro se sonrojó—. En fin. En una de esas charlas por mensajería que mantenemos bajo conocimiento de mi novio, Haruka me comentó que tras su despido de Marukawa, fue quien encontró a Yokozawa-san, ebrio, casi sin plena consciencia de su propia persona, y por supuesto, al ayudarlo a llegar a casa, buscó cerciorarse primero sobre si sus documentos personales habían sido sustraídos durante su borrachera. Fue así como descubrió aquella receta… No sé si sea una anterior, pero… —suspiró—. ¿Recuerda también aquella tarde en la que los sorprendió casi besándose? Sé por ella que lo amenazó. Lo amenazó con contarle sobre aquel problema de salud si no accedía a acostarse con ella. Obviamente él la mandó al diablo, Kirishima-san, de manera persistente, siendo la última vez apenas ingresó a Dahari. Lo único que tengo claro, es que Haruka en el fondo no deseaba hacerle daño, y casi ni siquiera tener relaciones con él. Intentaba ayudarle a mantener su salud mientras estuvo en su casa, y cada que podía en la oficina, sugiriendo alimentos positivos para su alimentación. Todo con tal de que él no se viese forzado a asustarlo a usted.
Zen lloraba con serenidad, completamente culpable y arrepentido por la manera tan patética con la que había actuado hasta ese momento. Se jaló los cabellos, y gruñó por lo bajo, con ganas de golpearse.
— Haruka está enamorada de Vorobiov, y creo que es correspondida. No es una amenaza para su relación, pero puede que lo sea para el concepto general que las personas puedan tener sobre usted. ¿Qué pesa más en su corazón, Kirishima-san? ¿Qué le hayan incumplido una promesa, o que la persona que ama pueda saber que cuenta con usted pese a todo…?
— Sakura…
— Él no es ella, aunque se parezcan en este aspecto. Sobre usted no sé mucho, pero por las cosas que gritó, ha sido muy fácil recrear las escenas del pasado. ¿La ve a ella en esa cama…? —el otro asintió, relegándose en sí mismo—. Es solo su mente presa del shock. Y eso no va a desaparecer hasta que sea usted quien tome el timón de su cuerpo, mente, corazón y espíritu, y sea el padre que se supone ser para esos dos niños, y el esposo que estaba dispuesto a convertirse.
Zen bajó la mirada, sintiendo un profundo cansancio y pesadez. Demasiadas cosas, demasiado estrés, demasiada angustia. E increíblemente, aun permanecía el deseo de no ver a Takafumi.
Se sentía un ser vil y mezquino.
— Hagamos algo: Quédese esta noche aquí. Nosotros estaremos al tanto de su celular, y si hay alguna urgencia, le juro que lo despertaré, ¿de acuerdo?
— ¿Por qué me ayudas tanto…? He sido la peor bestia, peor que Takano —Shiro se puso de pie, sonriendo en calma, y se apoyó en su bastón.
— Ryuu y yo guardamos bajo siete llaves la fantasía de un trío. Quién sabe: Tal vez solo lo estoy midiendo para comprobar si podemos trabajar a futuro en ello con Yokozawa-san… O tal vez, es simplemente que esto es lo que hacen los amigos. Le traeré una manta y una almohada, no tardo.
Zen lo observó partir, y tras comprobar que ya no aparecía la efervescencia de los celos en su pecho, sintió miedo.
― . ―
De acuerdo, ni ellos mismos entendían el funcionamiento del bendito jet lag, pero dado que Akihiko y Ritsu eran los más familiarizados con Inglaterra, se encargaron de arrastrar cual maletas adicionales a unos adormecidos Misaki y Masamune, este último quien llevaba en la espalda a un evidentemente en medianoche Mamoru, una vez llegaron al país europeo y lograron reunir todas las maletas.
Ritsu, en su estancia juvenil en el país, no había empleado su roaming internacional, así que esta vez, mientras ocupaban uno de los taxis que los llevaría a la residencia de Akihiko, tampoco se había preocupado por activarlo, con la esperanza de poder hacerse con un chip nacional que le permitiera ser usado en su equipo.
En el otro taxi, Akihiko sonreía dulcemente a su Misaki, quien dormía profundamente apoyado en su pecho. Claro, aquella dulce presencia ocupaba toda su atención, pero lo cierto que es de un tiempo a esa parte, ya se había convertido en un hombre responsable, así que decidió llamar a Chikako para preguntarle si había logrado separar su vuelo. Aunque, claramente, si no les respondía o el número marcaba estar apagado, comprendería que estaba en camino y tendría que marcarle a los padres de Mamu.
Decidido aquello, marcó el número, y se sorprendió al obtener una respuesta casi inmediata. Pero lo que no tenía contemplado es que esta estuviese acompañada de una información que no se esperaba bajo ningún concepto.
Ambos taxis llegaron a la dirección programada en el tiempo estimado, y tras el pago correspondiente, Akihiko se apresuró a abrir. Misaki y Mamoru, despeinados, y aun soñolientos, empezaron a observarlo todo a su alrededor, intercambiando impresiones de tanto en tanto. Todo parecía natural, y tranquilo, pero a Masamune, algo no terminaba de hacerle sentir tranquilo. Quiso convencerse de que se trataba de la necesidad de casarse ya, pero había una sensación que se sentía como una aguja en su pecho.
— Wow! ¿En verdad esta es tu casa, tío Usagi? —Akihiko sonrió divertido al ver cómo por al menos unos minutos, los ojos azules de Mamoru se llenaban de brillos al observar su "modesta" residencia.
— Mía, de tío Misaki, y de toda la familia. Pero, por ahora —se acercó, y lo despeinó, mientras él reía—, ve a descansar. El jet lag te va a afectar todo el día, y quizá por unos tres días más, es mejor que te dejes caer en la cama y no pienses en nada más.
— Hai! Solo llamaré a mi papi para decirle que llegamos bien —Mamoru sonrió con inocencia e ilusión, pero Akihiko hizo un gesto con la mano, como quitándole importancia al asunto.
— Nah, duerme un rato más, déjalos extrañarte. La razón de ser un niño de tu edad es llenar de ansiedad a tus padres, ya verás que cuando llegues te aceptarán cualquier capricho.
— ¡Usagi-san! ¡No lo mal aconsejes! —Misaki se adelantó, casi como una madre conservadora, y le sonrió al niño—. Usagi-san tiene razón en parte, es mejor que duermas. De seguro allá aun están de madrugada, además, recuerda que tu papá tenía una cena. Deben estar durmiendo aun. Descansa un par de horas, y me llamas para ayudarte con ello, ¿sí?
— Hai!
— Misaki, ayúdale a escoger una habitación, por favor. Las más bonitas son las del fondo del pasillo.
Mamoru y Misaki marcharon por la dirección señalada, y Akihiko bendijo el que esa maldita cárcel fuese tan enorme. Luego de observarlos caminar y desaparecer en la habitación, se volvió hacia los otros, y toda la alegría que había expresado desapareció, dejando un rostro angustiado.
— ¿Usami-sensei…? —Ritsu fue el primero en perder el sueño al observarlo con ese semblante, tan poco habitual en el hombre.
— Takano-san —la solemnidad con la que su nombre fue pronunciada llevó a Masamune a palidecer—, Chikako no podrá venir hasta mañana. Ha ocurrido un accidente.
Misaki sonrió dulcemente tras arropar en las cobijas de osito que Takafumi se había encargado de enviar en la maleta enorme de Mamoru, al ver que apenas se había sentido cubierto por estas, el pequeño se había quedado dormido. Yokozawa-san sin duda alguna era un padre en toda su regla, y no podía esperar a ver realizado el sueño de aquella familia, en el que se llegara a oficializar la ansiada adopción.
Cuando el joven de ojos verdes salió, los ojitos traviesos y vivarachos se abrieron levemente, mientras la sonrisa que afloró al acurrucarse contra la piel de peluche de aquella cobija le confirió un airecito aun más angelical. Cerró los ojos otro instante, y luego, con evidente esfuerzo, se enderezó, y bajó de la cama para buscar su maletita de mano.
Papi había dicho que estaría esperando su llamada, y aunque tío Misaki tenía razón total en que papá debía estar descansando (aunque aun no terminaba de entender cómo podían estar en horarios diferentes del mismo día), papi de seguro no dormiría hasta saber que llegó bien. Lo sabía, lo sentía… Esa necesidad de saber que el otro estaba bien, la tenían ambos en su corazón. Y en ese instante, el suyo estaba bailando con ansias de escucharlo.
Hiyo y él ya habían estado averiguando cómo poder usar su celular para llamar a Japón desde Inglaterra, y aunque sabían que luego tendrían que vender muchas galletitas para poder ayudar a pagar la cuenta telefónica, se apresuró a digitar los códigos y el número de su papito.
Una, dos, tres… diez timbradas.
Nada.
Nuevamente marcó, y cuando ya había llegado a la quinceava, y se aprestaba a colgar, el sonido de aceptación se dejó oír.
— ¡PAPI, YA…!
— Está hablando con el departamento de policía de…
Mamoru ni siquiera escuchó qué más le decía la voz de aquella mujer. Solo escuchar la palabra policía hizo que la danza se convirtiese en un terremoto, llevándolo a marearse.
— ¿Quién habla…?
— ¿Por qué tienen el celular de mi papi…? ¿Qué está pasando…? —por el auricular, escuchó que la voz de la mujer se alejaba, y una conocida se acercaba a su oído.
— ¿Mamoru-kun? Soy Daiki-san, ¿llegaron bien, tus tíos están contigo…?
— ¿Dónde está mi papi…?
— …no puede atenderte en este momento, está ocupado, pe…
Mamoru colgó. Sin quererlo, o queriéndolo, colgó. El corazón retumbaba, todo daba vueltas, y solo la palabra maldita danzaba en su cabeza, con crueldad.
Desesperado, intentó llamar a Kirishima, pero su mente estaba tan hecha un desastre que no pudo conectarse. Así que, lleno de ansiedad, buscó su block de notas y copió el complejo código que incluía el número de Hiyo.
Hiyori, su hermana, su cómplice. La niña que más adoraba en el mundo, y la única que también tenía derecho a amar a su papito.
Hiyori, quien había pedido que no se encariñara con sus tíos…
Hiyori, quien tardó veinte timbradas, en aceptar la llamada… Y fue incapaz de contenerse.
— Mamu… Ven, por favor…
Mamoru y Hiyori no decían palabras groseras…
Mamoru y Hiyori no solían juzgar a quienes las usaban…
Pero, ahora, Mamoru y Hiyori…
— ¡NECESITO REGRESAR A…!
— ¡KIRISHIMA DE MIERDA! ¿POR QUÉ CARAJOS PIENSAS ABANDONARLO EN ESTE MOMENTO? ¿NO ENTIENDES QUE ESTA MURIENDO?
Mamoru no sabía lo que eran las heridas físicas…
Pero en ese momento, escuchando a tío Masamune hablando por teléfono…
El horror abrió un profundo hoyo en su pecho.
