Me fue un tanto difícil escribir este capítulo, porque siendo un Crossover principalmente de las obras de Nakamura-sensei, siento, que de alguna manera los chicos de Yuri on Ice! cobraron una importancia que me ha exigido un trabajo adicional a nivel mental, y emocional. No sé mucho de aspectos legales, y yo misma he metido a un personaje (par, de personajes), cuyo pasado es bastante cuestionable y difícil de relatar... Así que, dejando abierta la posibilidad de ahondar más en todo el rollo mediático que significará para los chicos YoI el Juicio, y las consecuencias del mismo, me voy a tomar la licencia literaria de zanjar lo correspondiente a ellos en este capítulo. En el Epílogo sabrán cómo se resolvieron las cosas. Pero, va siendo momento de que el Oso y su Miel lleguen a su fin.
Este es final del capítulo previo al último. Y espero pronto, porque no quisiera extender más tiempo algo que ya venía anunciando, publicar el capítulo final, y luego el Epílogo. Aunque aun no termina la aventura, quisiera aprovechar para agradecer los comentarios y vistas de las últimas semanas. Este fic se ha convertido en un Proyecto único entre mis adaptaciones, y le tengo un especial cariño. Que lo valoren y les guste, me llena de calidez.
No me extiendo más. Veremos cómo le va a Kirishima en esto de usar la cabeza y el corazón al mismo tiempo...
29. Argumentos – Parte 2
La diferencia horaria había logrado que Mamoru al fin cayese dormido. Era un niño aun, después de todo, aunque era evidente que la actual situación estaba contribuyendo con una acelerada y despreciable madurez no solo a nivel mental y emocional, sino también incluso en su mirada y expresión. Y eso que solo habían pasado cuarenta y ocho horas.
Akihiko maldijo a Sumi Keiichi. Sí, porque en uno de los momentos en que se había ofrecido, junto a Masamune, a ir a comprar provisiones, Chikako les había contado todo a detalle a través de una videollamada. Concordaron en que necesitaban a Misaki y Ritsu fuera de la verdad aterrizada de aquel "accidente" sobre todo porque el más joven de seguro iba a sentirse responsable por haber compartido desde su inocencia aquellas cosas con el que creía era uno de sus mejores amigos. Akihiko en cualquier circunstancia habría pronunciado un "Te lo dije, Misaki", pero en ese momento solo estaba abocado a repasar en su mente a quién pedirle apoyo para hablar con Misaki una vez retornaran a Japón, y antes de exponerlo a las noticias que de seguro poblaban las redes. Eso, claro, si Misaki no daba antes con estas a través de su celular.
Pero lo dudaba. Ambos castaños estaban junto a Mamoru como una especie de dos mamás sustitutas, casi exagerando en sus comportamientos.
Pero limitar aquello sería en verdad un pecado mortal.
Acaban de regresar a la residencia, y cuando caminaban hacia la cocina para guardar las cosas, el teléfono del mayor sonó. Masamune le indicó con un gesto que no se preocupara por las compras, así que decidió dejar las bolsas que él cargaba en uno de los escalones de la escalera, antes de salir al jardín interior que lo había ilusionado internamente como un lugar en el que Mamoru y los cuatro iban a jugar y compartir probablemente una linda tarde post boda. Su corazón se estrujó con dolor, pero tras lanzar un suspiro y pararse en medio de las flores, contestó, sin mirar el número.
— Akihiko habla.
— Hola. Ha pasado un tiempo…
Los ojos violetas se abrieron con asombro. No era que Haruhiko no hubiese sido reclutado por él mismo cuando iniciaron su plan para desenmascarar a Vorobiov, pero solo se hablaban para cosas muy puntuales sobre ese proceso, y previa coordinación.
Que le llamara, sin haber dejado pendientes urgentes en el aire, era muy desconcertante.
— No te vayas a hacer el digno esta vez. Créeme que no los molestaría si no fuese algo urgente, pero hay algo que necesito discutir contigo, y con Mamoru-kun.
— ¿Eh?
— Sí, con tu sobrino. Tanaka-san me comentó sobre el plan que él y sus asistentas sociales han ideado para que pueda mantener el contacto con su padre, al menos hasta que ustedes regresen. ¿Estás enterado sobre ello? —Akihiko negó, con voz contenida—. Es natural que lo haya tratado solo con su padre, ambos son parte de esta misma desgracia.
— Lo comprendo perfectamente. ¿En qué consiste?
— Creo que lo mejor será que yo hable con él, ¿a qué hora pue…?
— ¿Con quién hablas, tío?
La vocecita adormilada de Mamoru se dejó oír a espaldas de Akihiko, y él volteó. Evidentemente Haruhiko también lo había escuchado, porque su voz cesó de oírse.
— Mamu, pues… Con mi hermano mayor —casi podía imaginar al aludido abriendo los ojos con la misma expresión de sorpresa que tenía Mamoru.
— ¿Tengo otro tío? —era más que evidente que aquel niño era adorable, coqueto, pícaro y energético en partes iguales. Pero, sobre todo, transparente—. ¿Por qué nunca lo he conocido?
— Porque, pues…
— Abre tu cámara, Akihiko.
Con ciertas reservas, acató el pedido. Y entonces, la presencia impresionante de Haruhiko se hizo evidente ante los ojos azules que recuperaron un poco de brillo al poder conocer al hermano mayor de uno de sus tíos más queridos.
— ¡Ah, se parece mucho a ti! —ambos hermanos parpadearon en confusión—. Aunque, tengo que decir que si lo viera en la calle, diría más bien que es hermano de mi papi —a los dos hermanos se les formó una sonrisa suave en los rostros.
— No he tenido el gusto de conocerlo, pero me imagino que debe ser igual de elegante que yo… —Akihiko resistió el impulso de rodar los ojos al oír hablar de esa manera al sujeto—. Es un gusto poder conocerte, Mamoru-kun. Soy Usami Haruhiko.
— ¡Tío Haru-chan! —Akihiko palideció y casi rogó a los cielos porque la bestia que tenía por hermano hubiese cambiado hasta ese nivel de tolerancia. Y sus súplicas fueron escuchadas, porque, más allá de sonrojarse ligeramente, Haruhiko mostró una de las pocas sonrisas sinceras y amplias que su hermano menor le conocía.
— Hola, Mamu. No sabía que eras así de grande y apuesto —el pequeño no dejó de sonreír, pero mostró una ligera timidez—. Te cuento que tu papá me ha pedido ayuda para poner en marcha el plan que tienen ambos, y por eso quería coordinar contigo sobre cuándo podríamos ir a comprar el nuevo celular.
— ¿Estás en Inglaterra? —Akihiko se sorprendió, pero Haruhiko negó, ocultando un ligero bostezo tras su palma derecha. Y recién ahí recordó que si ellos estaban cercanos a las siete de la tarde, Haruhiko estaba madrugando.
— No, he tomado libre el día de mañana. Sigo sin entender esto de los horarios, sabes que solo viajo por viajar, ya que me centro en el objetivo, así que por ello necesito coordinar con ustedes. El plan de pago mensual más idóneo lo voy a elegir yo, pero considerando que es un equipo que quedará para la familia, quisiera que elija uno que le guste.
— Yo… —Mamu, secretamente, había querido usar siempre uno de esos Smartphones con cámaras impresionantes, que incluso te permiten dibujar o usar videojuegos. Pero sabía muy bien que eran un sueño imposible para los Kusama, y algo que afectaría mal el presupuesto familiar—. Yo, estaré bien con uno que permita hacer las videollamadas…
— Lamento tener que meterte en este problema, pero en cuanto nuestro padre se enteró que Akihiko tendría pronto un nuevo sobrino, me ordenó que te diese un regalo de bienvenida. El que hayas planeado esto con tu padre solo fue una indicación sobre lo más correcto y útil a elegir —algo en las palabras de Haruhiko, especialmente en la tendencia de su padre y de su mismo hermano, por engreír a Misaki, le indicaron a Akihiko que no estaba mintiendo. Y un calor cálido llenó su pecho—. También dijo que se molestaría mucho si cuando regreses a Japón te niegas a pasar un tiempo en nuestra anterior casa, con tus abuelitos Kusama…
Dado que Akihiko estaba al mismo nivel de Mamu en ese momento, pudo hacer contacto visual con su hermano. Y comprendió que más allá del afecto que estaba teniendo por aquel niño como parte de aquella familia que él había elegido como amigos cercanos, tanto Fuyuhiko como Haruhiko estaban pensando muy bien aquella movida.
Estar protegido por los Usami, una familia que casi rivalizaba con la imperial en propiedades y poder, era el mejor escudo para un niño involucrado en la situación que Akihiko ya conocía, y la que quizá vendría de manera indirecta cuando se iniciara todo lo relacionado con los patinadores. Y aunque los niños Kirishima eran humildes y sencillos, y ya Mamu tenía una idea de cómo sería aquella casa de niñez, si la de este país era así de impresionante, supo en su corazón que debía ser agradecido, para no dejar mal a su familia.
— En, en ese caso, estaré muy agradecido de estar a su cuidado.
— Cabe precisar que pediré algo a cambio —Akihiko frunció el ceño, con sospecha—. Tu tío Tanaka ahora solo se la pasa con tu tío Henmi, y eso ha ocasionado que los jardines anden un tanto descuidados, ¿me ayudarás a regarlos? —Haruhiko volvió a sonreír cuando escuchó el chillido de emoción que brotó del niño.
— ¡Sí! ¡Me gustan mucho las áreas verdes! Hem… ¿puedo llevar a mis dos gatitos…? Imagino que mi hermanita no puede estar con ellos estos días —sus ojos se nublaron.
— Por supuesto que sí, es una excelente idea, hay un jardín muy amplio, aunque te recomiendo que tengas a mano dos correas, por si se les antoja irse de aventura —el pequeño asintió—. Bien, Mamu, entonces tenemos un trato. Ahora debo irme, imagino que compartimos el deseo de poder descansar hasta que sea una hora apropiada para ir de compras.
— Hai! Hasta mañana, tío Haru-chan, hasta mañana, tío Usagi.
— Hasta mañana. Procura dormir ahora sí, ¿de acuerdo? —Mamu asintió a la petición de Akihiko, y le dio un fuerte apretón por la cintura, antes de irse corriendo.
— La paternidad te viene bien. Papá acaba de ganar la apuesta —como su hermano no comprendió, soltó una risita—. Yo le dije que muy probablemente solo serías gentil por Misaki, pero tus ojos no mienten. Amas a ese niño como a alguien de nuestra familia —Akihiko bajó la mirada, conmovido—. Considerando que es muy probable que nunca llegues a verme como un confidente, tomaré esto como un ensayo para el día en que llegues a casa de visita, con un niño como él de tu mano.
— Hermano…
— Has feliz a Misaki, y con eso, cualquier problema pasado estará resuelto. Estoy apoyando a Chikako-san en tu ausencia, así que tómense el tiempo necesario para calmarlo antes de regresar. Sé que un Arquitecto no es lo mismo que un Abogado, pero estoy dispuesto a apoyar en todo lo que pueda.
— Lamento que hayas tenido que postergar tus proyectos…
— Tráeme un obsequio asociado a mi carrera, y estaré satisfecho —sonrieron. Aunque jamás llegarían a ser lo unidos que eran Misaki y Takahiro, Akihiko y Haruhiko sabían muy bien que harían lo necesario para apoyarse, abiertamente o desde las sombras—. Descansa también, te iré enviando ayudas memoria por cada día, y la hora para reunirnos. Si me surge algo mañana, me disculpas con Mamu, por favor, haré lo posible porque no pase de un día adicional.
— Gracias. Y, dile a padre que le agradezco mucho esto.
Haruhiko asintió, antes de colgar, dejando aquella sensación cálida en su pecho.
Tal vez, un adorno trabajado en madera, sería un buen regalo para su padre.
— . —
Era la tercera vez que devolvía lo que no tenía en el estómago, y por fin, el lado femenino de aquella policía se había activado. Sosteniendo sus cabellos que ya desde hacía cuatro días no eran sedosos ni estaban bien peinados, miró con lástima a la bella y terca mujer, que no había accedido a ser revisada en el hospital, argumentando que necesitaba estar cerca del padre de su bebé.
— Eres la mujer embarazada más terca del mundo. O la más estúpida.
Al menos, pensó, estaban en ese momento en una suerte de careo solo entre Sumi Keiichi y sus abogados, un representante de la editorial extranjera que había sido solicitado por las autoridades japonesas, y su abogado. Esperaba que todo aquello terminase pronto, aunque cabía la posibilidad de que aquellos extranjeros y el psicópata pusiesen las cosas muy complicadas.
Sin embargo, tenía que reconocer que no estaban solos en esta cruzada. Además de Oda y Haruka, y los abogados que habían asumido su defensa, estaban: Chikako y los abogados de Dahari, y Akihiko, en una semi conferencia que había tenido que hacer desde el segundo piso de su casa, donde supuestamente completaría lo que le faltaba de novela a pedido de su muy desesperante editora.
Para cerrar el círculo de celebridades, Ryuuichirou y Asahina mostraban sus facciones llenas de rigidez y desafío ante los extranjeros y Keiichi, quien simplemente se dedicó a lanzar miradas de arriba hacia abajo a Kaoru, como una clara provocación al Presidente de Marukawa, y otras un tanto… incómodas, hacia el celular desde el cual le miraba Akihiko.
— Jajaja… ¿Es un cumplido avalado por el género que compartimos? —Haruka fue sostenida por uno de sus brazos, aun sintiéndose enferma.
— Es una crítica constructiva. No sé si eres culpable o no, pero deberías pensar en tu bebé —la joven acarició su vientre, y sonrió con amor.
— Es porque pienso en él o ella que siento que debo estar con Oda. Ser padre lo ha removido en muchos sentidos y él sí que puede llegar a ser muy estúpido.
— Si tú lo dices… Por ahora, avísame cuando vuelvas a sentirte mal.
Ingresaron ambas, interrumpiendo unos segundos el hilo conductor de la declaración del representante, a quien todos los japoneses presentes, y el ruso, le debieron reconocer que estaba esforzándose por hablar en un japonés medianamente decente.
— Cierto es que se le pidió a Keiichi actuar como un espía, pero esa, como saben, es la más básica de las herramientas marketeras de cualquier editorial, incluso, de cualquier industria. Él se dirigió a su Jefe directo, esto es, a mí, y explicó que podía conseguir al autor del éxito que era una bomba incluso en nuestro país, ¿no era esa una oferta excelente?
— No estamos para evaluar si un acto u otro a nivel empresarial es más o menos amoral que el otro, sino para determinar qué buscaba con ese acto conspirativo —Chikako habló con firmeza.
— ¡Esa es una palabra mayor, señores, no permitiré que se emplee aquí y menos en el juicio! —el abogado del extranjero habló en un japonés mezclado con inglés, pero se le entendió la idea.
— Justamente porque deseo ahorrarle la humillación a su defendido es que deseo que sea honesto —la mujer empleó todas sus dotes profesionales para hacerlo sentir perdido. Era obvio a quién Masamune le había heredado esa capacidad para manipular a su antojo a quienes quisiera tener a sus pies—. Una conspiración es un acto de planificación en contra de una persona o una empresa, y eso es exactamente lo que hicieron ustedes. Ya fuese que "solo" buscaban robar al autor o la idea de su obra, o matarlo, como vimos hace unos días en el atentado contra los señores Kirishima y Yokozawa —los extranjeros se mostraron incómodos—, toda su planificación tenía por finalidad dañar a Marukawa y sus trabajadores.
— ¡Solo queríamos su trabajo, el daño a su integridad física y vida no estaba en lo solicitado! ¡Ni siquiera sabemos quiénes eran esos sujetos ni mucho menos al dibujante o al otro escritor de porno!
Keiichi había estado mirándose las uñas con indiferencia, pero en cuanto oyó cómo se había mencionado a Akihiko, su furia se notó de inmediato cuando estrelló sus puños esposados contra el tablero de la mesa redonda en la que se encontraban todos, haciendo que incluso el celular desde donde los miraba Akihiko terminara cayendo con la pantalla contra la madera.
— ¿Escritor de porno? No voy a negar que sus novelas son absurdamente románticas o excesivamente eróticas para mi gusto, pero Usami Akihiko es una estrella a la que ustedes jamás podrán acceder porque los de su calaña son unos seres mediocres —aquellos hombres lo observaban estupefactos, casi aterrados, por la mirada cargada de odio que les estaba dirigiendo, aunque la sonrisa psicópata se mantenía en su rostro—. Incluso Ijuuin Kyo es un monstruo en su género, ¿cómo diablos pensaron que se cambiaría a una editorial que solo es pura fachada sin renombre? Cómo se nota que no son japoneses… —incluso Vorobiov lo miró, asombrado, por la facilidad con la que hablaba y la ausencia total de respeto hacia quienes lo escuchaban—. A la única persona a quien medianamente le conté sobre mis planes, fue a este ruso, pero ni siquiera me conocía en persona. Si Usami-sensei no hubiese mostrado interés por ese tal Kirishima, y Misaki no me hubiese contado lo obnubilado que lo tenía ese mangaka, y lo mucho que eso molestaba a sensei, jamás habría siquiera pensado en su trabajo de porquería. Odio los manga, me producen acidez.
El celular había sido levantado así que Keiichi hizo contacto visual con los ojos violetas de Akihiko. Por primera vez, algo de humanidad apareció en sus facciones, y fue lo suficientemente decente como para bajar la mirada y no volver a hablar por voluntad propia.
— ¿Cómo llegaron a contactar, Vorobiov-san? —Chikako aprovechó aquel cambio de actitud para permitir la intervención de Oda. Haruka se tensó, pero confió en que aquello que escucharía no iba a afectar en nada sus sentimientos actuales.
— No me enorgullezco, pero para la época en que me contactó, yo tenía una cuenta en la Web profunda. Solía hablar, bajo seudónimo, de mis trabajos en la KGB. Me presentaba como un experto en sistemas, que es cierto, y como ex miembro de inteligencia, lo cual también es verdad, así que básicamente capté su atención sin merecerlo. Me preguntó si trabajaba a sueldo, y le dije que dependía de lo que se necesitara, y los primeros pasos fueron introducirme en Marukawa Shoten como especialista en redes aprovechando una convocatoria que se había generado a causa de la incompetencia de uno de los anteriores especialistas, y desde ahí, tantear qué tan protegido estaba el servicio de correos. Y, pues, fue… decepcionante —casi pareció arrepentido de ser honesto—, lograr hacer varios movimientos que ni siquiera llegaron a ser reportados por los usuarios que elegí como experimento.
Isaka se removió en su asiento, incómodo, pero tenía que reconocer que era cierto. O aquel empleado al que habían echado antes ya había estado saboteando los sistemas, o en verdad siempre habían sido igual de mediocres en su seguridad. Kaoru se limitó a suspirar con cansancio, recordando esos momentos de incomodidad.
— Mi último movimiento llevó a que dos de los trabajadores de aquella editorial fuesen afectados en sus puestos, y entonces llegó un requerimiento mayor, que sí llegué a reportar a esa persona —los ojos fríos del ruso se fijaron en el jefe extranjero de Keiichi, y él se acomodó la corbata con incomodidad—. La persona que yo conocía como Sokolov me pidió dar el tiro final hacia la pareja afectada, apelando en mi condición de homofóbico, y exigiendo que ya que estaba en Japón, eliminara a aquellos malditos gais que estaban haciendo sufrir a Usami-sensei.
— ¿Qué respondió usted? —Akihiko no pudo evitar soltar su pregunta, más que por conocimiento profesional, por curiosidad propia.
Oda miró hacia el celular, antes de responder. Observó por el rabillo del ojo a Haruka, y su palidez y tensión le llenó de angustia. Él era un hombre recorrido, mayor que ella, y por ende, sabía muy bien lo que aquellos primeros meses estaban obrando en su cuerpo.
Necesitaba ser lo más claro posible, y sobre todo, necesitaba que Haruka saliese limpia de todo esto. Ya había una mancha, pero si incluso sus actuales jefes comprendían que ella jamás había metido mano en toda aquella mierda, estaba seguro de que podría conservar el único trabajo en el que la había visto feliz y tranquila.
— Que no pensaba hacerlo, obviamente. Por eso, reporté ese comportamiento, y la petición, a sus superiores, Para confirmar el trabajito, y cuando me confirmaron que ellos jamás habrían pedido algo como eso, renuncié. Debido al escándalo desatado en Marukawa, cuya responsabilidad acuñaron a mi incompetencia...
— ¡Obviamente! —el extranjero se delató de manera patética.
— E intentando mantener una distancia enorme entre ellos y yo, me mandaron a la mierda, solicitando que no volviese a responder a este sujeto amante de la KGB.
Las miradas cayeron entonces en Keiichi, quien al notar que todos solicitaban que confirmara o negara lo expuesto por Oda, se enderezó en su asiento, y habló, con desgano.
— Obviamente estos idiotas jamás me hablaron sobre tu posición, y mas bien, me jodieron todos esos meses que no tuvimos tratos con que era prioritario retomar el asunto. Ja, hay que ser en verdad hipócrita… —parecieron querer intervenir, pero él los ignoró—. ¿Vas a negar que eres homofóbico? En una de esas charlas cuando ya habías aceptado que el trato se llevara a larga distancia, me confesaste que el Kirishima de mierda ese te quería bajar a tu mujer, pese a comerse a otro hombre, ¿vas a negarlo? ¡Creí que hasta te correrías al decirme las ganas que tenías de tomarlo a la fuerza como escarmiento! Cualquiera habría asumido que te ilusionaba hacer ese tipo de trabajos, sobre todo con tus antecedentes en la Federación Rusa de Patinaje… Pero resultaste ser un cobarde.
Todos, a excepción de Haruka y los extranjeros, se tensaron. Sacar a acotación aquel tema, en aquel momento, era muy peligroso.
— No voy a discutir eso contigo en este momento. Su Señoría —Oda se dirigió al Fiscal que estaba a cargo de regular aquella reunión solicitada por todas las partes, con la finalidad de llegar a un acuerdo antes del Juicio oficial—. Soy culpable de haber ayudado a esta empresa extranjera, pero ya ha podido usted revisar el celular de Yokozawa Takafumi. Si buscan el usuario de este sujeto, encontrarán incluso la conversación en la que me niego a cometer aquel asesinato.
— ¡Maldito cobarde! ¡Devuelve lo que te pagamos entonces! —pese a los ademanes del inepto abogado que lo acompañaba, el extranjero siguió hundiéndose.
— Se hará como indica. Queda liberado de los cargos de intento de homicidio, porque ya Sumi-san ha declarado que él fue quien disparó el arma —Haruka empezó a llorar, aliviada hasta cierto punto—. Solo quiero tener en claro algo: La joven, ¿en algún momento cometió algún acto en contra de los señores afectados o de Marukawa misma?
Haruka palideció. Ciertamente hablaban de todo el embrollo, pero a su mente llegaron todas las maldades que había hecho desde que fue contratada por Akane. Nuevamente aumentó la ansiedad, y suplicó con la mirada a Daiki y Haruto, quienes la miraron con un gesto tranquilizador.
— No. Ella solo se enteró de lo que había hecho cuando ya había sido ejecutado, y de hecho, como dijo el mocoso, fue víctima de mis celos. Haruka-san jamás ha levantado una sola mano para herir a Yokozawa Takafumi o Kirishima Zen. Es más, ustedes podrán corroborar con su familia que incluso ha buscado siempre velar por su salud.
— Oda… —la joven cubrió su rostro con ambas manos, asustada y agradecida.
— Se lo ruego. Sé que debo responder por cargos mayores a este ante la justicia, y por otros a nivel moral, y estoy completamente dispuesto a colaborar en todo sentido incluso si eso implica perder mi libertad para siempre —Haruka salió de detrás de sus manos, mirándolo con horror—. Solo le ruego que protejan a Haruka y la libren de cualquier cargo, para que pueda llevar un embarazo y un alumbramiento tranquilos.
— Oda…
— Habiendo escuchado lo antes expuesto —el Fiscal tomó la palabra, haciendo temblar a la joven—, Haruka-san y Vorobiov-san quedan libres de los cargos de intento de asesinato. Haruka-san queda libre también del cargo de complicidad en la conspiración internacional contra Marukawa Shoten. Vorobiov-san, por otro lado, deberá continuar con el juicio de complicidad en este aspecto, y en dos horas nos reuniremos para tratar el otro asunto por el que ya se ha recibido una denuncia en su nombre. Nos vemos en dos horas.
— No… Oda… ¡Oda!
Haruka se puso de pie, mientras le quitaban las esposas, y alcanzó al ruso, abrazándolo con fuerza. A él se le estrujó el corazón, pero se sintió aliviado al comprobar que aquello que había visto en aquellas escaleras antes de la desgracia, había sido simplemente una de las bromas ridículas de aquella mujercita.
— Sabes que Kirishima va a necesitar que le patees el culo una vez más. Dejo eso en tus manos —ella lo miró, resentida y adolorida en partes iguales.
— ¿Por qué mencionaron algo sobre unos patinadores? ¿Oda, tiene que ver con lo que no me querías compartir? —todos la escucharon, pese a que bajó la voz. Y él asintió.
— Nuestro bebé no debió ser formado como se formó… Pero necesito ser un mejor hombre para que se sienta orgulloso de mí. Muy probablemente arrastre en su espalda muchas de mis porquerías, pero quiero que pueda levantar la cara y decir que su padre intentó al menos reivindicar sus errores, corregirlos, y restaurar aquello que ayudó a destruir. Te amo —le sonrió con mucha dulzura, acariciando su rostro con una de sus manos—. Por favor, cuídalos por mí.
Le regaló un casto beso en la frente, mientras se lo llevaban a la sala de los detenidos. Mientras ella lloraba, entendiendo que a partir de ese momento le tocaba ser doblemente fuerte.
— . —
Haruto la estaba acompañando, en la salita que la policía había logrado conseguirles mientras esperaban a que trajeran los documentos que debía firmar para su ansiada libertad. Aquello se sentía tan irreal, tan atípico. Afortunadamente, ella no era una persona conocida, salvo, claro, si se podía considerar de esa manera a partir de la cena del Proyecto de Sumi-sensei. Era increíble cómo no se podía asociar a alguien que, pese a ser tan extraño, parecía tan respetuoso y equilibrado, a diferencia de ese hijo que era mas bien un psicópata.
Y tenía miedo por ello. Nada podía asegurar que Sumi Keiichi no voltease las cosas para quedar como un incompetente mental y librarse de todo, acusando incluso a Oda. Pero, Haruto fue muy claro: las pruebas existían, estaban custodiadas por ellos, y ya habían sido presentadas a la Fiscalía. Oda había sido un títere, pero a lo sumo, podría ser condenado como un especialista parte de la conspiración, pero sin interés alguno más allá de una ganancia económica.
Suspiró aliviada al pensar en ello.
— Listo, esa fue la última firma. Revise por favor que todas sus pertenencias estén en la bolsa —en automático, acató la sugerencia, y cuando hubo confirmado que todo estaba en orden, asintió—. Perfecto. ¿Usted se hará cargo de ella, o debemos solicitar un taxi?
— Descuide, yo me encargo. Debo estar en dos horas aquí, ¿verdad?
— Siempre y cuando también intervenga como la parte defensora, sí. Sino, asumo que su esposo podrá con ello —la policía respondió con corrección, y luego dirigió su mirada a la joven—. Yo le aconsejaría que pudiesen hacer que reciba una revisión médica. Si se encuentra en el primer tercio, es natural que los síntomas estén a flor de piel, más con toda esta situación. Apoyo psicológico también es bien recibido en los casos en que se es testigo de un atentado, y más cuando la persona amada está involucrada como acusado.
Haruka volvió a sollozar, y lanzó algunas risitas nerviosas.
— Curioso que, usted diga eso. Considerando que me hizo sentir poca empatía al conocernos…
— Lo lamento mucho, pero eras una sospechosa, no te conocía, y muchas mujeres suelen usar su embarazo como medio para manipular a la autoridad. Sin embargo —se puso de cuclillas a ella, colocando una mano en su hombro, y ocasionando más lágrimas y sollozos—, eres libre, y necesitas ser fuerte. Se nota que ese hombre quiere al fin hacer las cosas bien, así que será maravilloso regresar a una casa donde lo espere una mujer fiel y su primogénito o primogénita, ¿no crees?
— Sí —se tomó unos segundos para hablar.
— Ten paciencia, fuerza y fe. No conozco el otro caso, pero, de corazón… Espero que no sea complejo.
Complejo era un adjetivo muy leve para calificar lo que venía, pensó Haruto, mientras guiaba a Haruka a su auto, y emprendían rumbo al destino final. La joven lucía ligeramente confundida, porque no se trataba de su departamento, y porque no se le había indicado hacia dónde se dirigían.
Sin embargo, cuando Haruto empezó a contarle a grandes rasgos a qué se había referido el comentario malintencionado de Keiichi, por alguna razón, sintió alivio. No es que fuese incapaz de comprender la dimensión total de aquella aterradora situación pasada y sus consecuencias, pero Haruto comprendió muy bien su expresión cuando él dejó de hablar.
— Soy en verdad muy bruta, ¿cómo no pude darme cuenta antes…? No voy a ser cínica y decir que era una fan acérrima del patinaje sobre hielo, pero llegué a ver algunos de sus últimos campeonatos. Y por supuesto que seguí de refilón la historia, ¿cómo es que nadie los ha descubierto?
— Antes solían venir casi cosplayeados —sonrieron divertidos—, e incluso Viktor y Yuri estuvieron tentados a teñirse el cabello, pero Yuuri y Beka se negaron. Pienso, que aquel tiempo en blanco en el que vivieron solo para buscarse sirvió mucho para que las personas olvidaran su apariencia, sobre todo si recuerdas que luego del máximo pico de cobertura, nadie dijo una sola palabra más sobre ellos, y se los eliminó de las portadas de las revistas y las convocatorias a los eventos. De todas maneras, prefieren acudir a lugares donde pueden ser fácilmente confundidos con turistas amantes del manga, anime, JPop y JRock, y priorizan las noches para hacer vida social. Es más, la razón por la que siempre los ves ya en la editorial, es porque ellos suelen venir a las cinco de la mañana. Continúan su periodo de sueño en la salita del amor —rieron—, y ya. Creo, que nadie esperaría verlos en una editorial. Es el camuflaje perfecto.
Pero el destino más infortunado, pensó la joven. ¿Cómo podías cortarle las alas a un ave y pensar que sería feliz luego de ello? Lo poco que recordaba de aquellas rutinas, era la elegancia de Viktor y la embriagante y dulce seducción de Yuuri, la fuerza rebelde de Yurio, y la energía de Beka.
Y Mila, por Dios, ¿cómo es que no la había reconocido? Casi sintió sus ojos aguarse nuevamente al recordar lo dulce que era la jovencita con ella y su bebé. Por lo que había dicho Haruto, ellos lo habían reconocido, y por ende, debían saber quién era ella en la vida de Oda. Y sin embargo, esa aceptación y cuidados eran sinceros.
Oda… ¿Cómo es que se había involucrado en algo tan ruin?
— Hemos llegado —Haruto aparcó en un estacionamiento privado y subterráneo, y ella salió una vez le abrió la puerta del copiloto, con respeto y caballerosidad.
— Gracias.
— No agradezcas, Haru-chan. Tómate el tiempo que necesites, ya nuestros clientes saben que estamos tomando unos días antes de retomar labores, y lo han entendido. Nada va a cambiar, nos haremos cargo de ustedes —la joven empezó a llorar nuevamente, reprochando a su embarazo el estar tan sensible—. Oh, ¡basta, basta, bebé, deja de hacer llorar a mamá! Necesita descansar y regresar a convertirse en esa rosa que ilumine junto a Mila nuestro jardín de cactus floridos —la hizo reír ante la imagen con evidentes claras segundas intenciones.
Luego de unos minutos, Haruto se detuvo en el pasillo del piso destino de aquel edificio. Apretó el timbre, y sonrió a la persona que contestó. Tomándose los segundos que demoraría la persona en abrir, volteó y miró a la joven, y la tomó de las manos.
— Debo regresar para ayudar. Prometo que haremos lo posible por limpiar todos los nombres de los involucrados, incluyendo a Vorobiov-san; necesito por ello que acates todo lo que te indiquen aquí. Es el mejor lugar para que estés tranquila y descansada, y estoy seguro de que te sentirás en compañía.
— Gracias —le sonrió. El hombre se despidió de ella con una sonrisa cálida justo cuando la puerta se abría, invitándola a ingresar.
Así lo hizo. Se sorprendió al ver que sus pantuflas de estar en casa ya descansaban en el genkan, como un claro gesto de bienvenida. Con cuidado, se dispuso a dejar de lado sus cansados tacones, odiando el sentirse tan cansada, e hinchada en aquel vestido que Oda había escogido con ella…
Oda…
— Sí que el amor te ha pegado fuerte, ¿eh? —aquella voz risueña la hizo voltear, con uno de sus zapatos de tacón alto en una mano y la expresión de sorpresa en el rostro.
En efecto, no se había equivocado.
Mila la miraba con el mismo cariño de siempre, y se acercó a ella con los brazos extendidos, y tras besar su rostro dos veces, a la usanza europea, la abrazó. Haruka, quien ya había estado sensible, se aferró a ese cuerpo tan similar al suyo y se deshizo en llantos y sollozos, pidiendo perdón una y mil veces, aunque ella no tuviese la culpa de nada en la historia de aquella mujer.
— La bañera ya está lista, Haruka-san. Vitya y yo no sabíamos qué fragancia le gustaría más, así que… Quizá sienta los olores muy pesados, gomen…
Los ojos de la mujer buscaron aquella voz que siempre era amable y respetuosa con ella, y descubrió a Yuuri rascándose la nuca con timidez, mientras detrás de él, Viktor, con un delantal de perritos, se esmeraba visiblemente en lograr pelar algunas mandarinas…
Fracasando en el intento, obviamente, por la cantidad de gajos tirados en el piso.
— Pero, ¿cómo ustedes…?
— Cierto ruso nos puso la condición de cuidar de ti, ¡como si eso fuese algo que hubiésemos siquiera puesto en discusión! —Mila la mantuvo abrazada hasta que llegaron al mueble, y se sentó en la mesita de centro de la sala, para hablar con libertad—. Las cosas están horribles, lo sabemos todos, pero es necesario mantenerte a salvo. Y a nosotros también, al menos hasta que pase todo.
— Pero siendo Oda mi pareja, ¿acaso no…?
— No hay problema alguno —desistiendo de sus vanos intentos, Viktor se acercó, haciendo un puchero hacia Yuuri, quien rodó los ojos, y fue a suplirlo—. Están haciendo pasar esto como un tema preventivo de parte de Dahari Shoten hacia su hija adoptiva, y sus trabajadores, en general. No te preocupes, ¿sí? —apoyó una mano sobre la que ella tenía encima de su rodilla.
— ¿Y sus amigos…? ¿Están de acuerdo?
— Hai. Solo que fueron con el hermano de Usami-sensei a su residencia, llevándose a nuestro perrito. Es muy grande, y no sabíamos si usted era alérgica.
— No hubieran hecho algo como aquello… —se conmovió por aquella consideración.
— Maccacchin es enorme, ¡de pie es más alto que Viktor! Podría tumbarte en su intento de demostrar cariño, así que decidimos que era lo más prudente. De todas formas, aun estamos evaluando si quizá nos mudaremos también allá, ahora que es probable que Mamoru-kun al llegar a Japón se hospede en aquel lugar con sus abuelitos Kusama —a Haruka le brillaron los ojos al oír sobre los niños. Y no pudo evitar que otro tema apareciera en su mente.
— Cierto… ¿Cómo está Yokozawa-san?
Los tres perdieron su energía, y procedieron a contarle todo lo que sabían.
Haruka apretó los dientes.
Por lo visto, Oda tenía razón.
Más pronto que tarde, tendría que poner en su lugar a Kirishima.
— . —
Mamu miraba con ojitos enormes la pantalla de la computadora personal de Akihiko. No es que él fuese muy conocedor de las últimas tecnologías, y en realidad, ninguno de los editores presentes lo era tampoco, limitándose a contar con un celular que les permitiese lo suficiente. Pero Misaki, en su calidad de hombre más cercano a la juventud, y An-chan, en su calidad de tía autoproclamada, para ligera incomodidad de Masamune por su presencia en aquella casa que también contenía a Ritsu, fueron los designados para ayudarle al pequeño a elegir el modelo de celular que Haruhiko le regalaría. Por ello, el pobre niño se encontraba en una enorme disyuntiva, ya que como cualquier persona de su edad… ¡los quería todos!
— Este de aquí saca fotos en HD con una resolución envidiable —Misaki parecía otro niño más, enterneciendo a su pareja—. Pero este de aquí tiene más memoria y podrías tener varios videojuegos.
— O descargar apps útiles… —coincidieron en voz baja An-chan y Ritsu, para molestia del editor mayor. Lanzando un suspiro, miró a Akihiko, y él le correspondió.
— ¿A qué hora llamará su hermano?
— En… —justamente la llama ingresó, ocasionando un grito en Mamoru. Los adultos rieron, y Misaki lo despeinó, divertido—. Bueno, ya es él. Haruhiko también conoce de estas cosas, solo dile lo que deseas, y él sabrá elegir. Dame unos minutos antes —se alejó para responder, probablemente para poder enterarse de otros temas sin que el niño estuviese presente.
— ¿Hay algo que tengas en mente…? —An-chan le ayudó a peinarse, con ese instinto maternal que esperaba emplear algún día en un hijo suyo o de Ritsu. Pero no fue necesario que Mamoru respondiese.
Como tío casi sanguíneo de esos niños, Masamune sabía que el amor que le tenía a Hiyori le estaba creando un conflicto interior muy fuerte. Antes que tener un súper celular nuevo, Mamoru deseaba tener dos celulares de gama media, pero iguales, para que tanto su hermana como él tuviesen todo de manera equitativa, como sus padres les habían enseñado desde que se unió a la familia.
Un pensamiento noble y muy propio de aquella pareja hermosa de padres. Y aunque Masamune sabía que si Mamoru lo decía, Haruhiko no se opondría, sabía muy bien que Takafumi y Zen no se sentirían cómodos con una atención tan descabellada, e impropia según su forma de ser.
— ¿Si lo piensas como un regalo de bodas? —Ritsu se adelantó a sus propias palabras, y Mamoru lo observó, con sorpresa—. Si lo vemos desde ese punto de pista, tus papás también podrán estar comunicados a través de ese celular, no solo tú. También, cuando se sienta más fuerte, podrá usarlo para jugar, si es que tiene la habilidad que nos falta a nosotros —Mamoru rió—. Creo que enfocarlo de esa manera también permitirá que tus papás acepten el obsequio sin sentir que están en deuda, ¿no crees?
— Es una excelente idea. Más adelante, cuando salgan otros mejores, tu hermanita, tú y yo, iremos a elegir otros para ustedes, ¿te agrada la idea? —An-chan le guiñó con complicidad, y él asintió, ilusionado, y la abrazó con cariño.
— Hai, ¡es lo mejor! Gracias, tía An-chan.
— De nada, de nada. Bueno, debo ir al trabajo, regreso en la tarde —Akihiko regresó en ese momento, y ella se inclinó en despedida, mientras los otros tres se colocaban alrededor de Mamoru mientras la despedían con una mano en el aire.
— Te acompaño.
Masamune la guió, y siguió hasta su auto, sintiéndose un tanto incómodo aun. Para él era bastante complicado el creer que en verdad aquella mujer ya no sintiese nada por su novio, pero tenía que reconocer que hasta el momento no le había notado ningún movimiento extraño.
— No tienes que estar tenso, Takano-san. Hace mucho que sé que eres Saga-senpai —ella lo sorprendió, siendo directa, incluso invasiva, cuando se acercó a lo más profundo de su ser desde su mirada miel—. Me alegra que Ricchan al fin esté siendo honesto consigo mismo y contigo.
— Tardó… —se tomó unos segundos para responder, pero luego se relajó—. Pero sí, ahora es honesto… Lo siento.
— Aun si no hubieses aparecido en su vida, yo no habría tenido oportunidad alguna contra ti. Pero descuida, estoy bien. Muy bien en realidad —le sonrió, mostrándole la imagen de bloqueo de su celular, en la que estaban ella y un hombre más que bien parecido, abrazados, junto a otras personas—. Solo te pido que no lo dejes huir de nuevo. Porque esta vez, no podrá contar conmigo…
Viéndola entrar a su auto, y luego partir, algo en el corazón de Masamune lo llevó mentalmente a una escena que solo le fue compartida por Ritsu tiempo después de que aceptara ser su pareja oficial, y a aquella en la que el propio Yokozawa le había gritado en medio de un pasillo de Marukawa que él amaba únicamente a Kirishima. Su mejor amigo, y An-chan, ahora tenían a personas incomparables a su lado, sin que eso significase que Masamune y Ritsu fuesen menos valiosos que ellos.
Si él hubiese podido insertar esto en la mente de Takafumi, ¿su mejor amigo habría confiado en Zen el peso de su enfermedad? Pensando todos esos días, sobre el comportamiento de Zen, había caminado lentamente de la ira inicial sobre su respuesta original, a la frustración por la estupidez de Yokozawa. No había sido cáncer, no había sido Sida, no era ni siquiera una enfermedad venérea. Era algo que dependía de un factor nutricional, hormonal, pero también emocional. Y, ¡por Dios! Zen adoraba a ese hombre, se notaba en cada una de sus acciones…
¿Por qué se lo había callado? Masamune no podía negar que incluso se sentía él mismo traicionado y dejado de lado. Está bien, el ideal de una pareja era alguien con quien compartirlo todo, incluso los votos matrimoniales lo dictaban, pero, también se entendía que los amigos más cercanos, sobre todo aquellos que "merecían ser considerados los mejores", fuesen los receptores de los secretos más oscuros o los que se podían transformar en una "sorpresa agradable". A Zen no lo iban a poder sorprender con una fiesta de anuncio de paternidad, claro que no, pero, le podrían haber sorprendido con la victoria frente a esta enfermedad que hasta parecía una broma idiota del propio cuerpo de su novio. Pero no.
Yokozawa no había abierto la boca, y ahora no lograba abrir los ojos. Su propia terquedad por no hablar en su momento, estaba ocasionando que no hablara en el presente, solo que esta vez, de manera involuntaria.
En Japón, ahí donde Haruhiko fracasaba en mantener su semblante y apariencia serias para diversión de Akihiko, ante la ternura e inocencia naturales de Mamoru, mientras él le mostraba uno u otro equipo, describiendo las bondades de cada uno, enloqueciendo más la mente de ese niño, estaba un hombre en coma inducido, que aun en ese estado, mostraba el ceño fruncido y la mandíbula apretada, señal inequívoca de que estaba luchando. Porque aunque todos pensaran lo contrario, Takafumi estaba tan arrepentido de callar, que si hubiese estado despierto, habría huido del hospital para ir por cada miembro de su familia, juntarnos, y aplicar mil dogeza frente a ellos. Quizá nadie comprendía el misterio del metabolismo humano, pero, aparentemente inmóvil, la mente de Takafumi iba y venía, ideando múltiples opciones para lograr que Zen lo perdonara.
Mientras Zen, en Marukawa, corría cada cinco minutos al lavado, para mojarse el rostro y no sucumbir al llanto y la debilidad por la ausencia del sueño reparador. Porque, maldita sea su suerte, cada noche de aquellos malditos días lejos de su Osito, la misma imagen lo carcomía: La primera vez, aquella mágica ocasión en la que al fin tuvo permiso para saborear y sentir la piel que lo había tentado inevitablemente aquella noche en la que Takafumi había estado tan roto, era vivida en su sueño con la misma ilusión y pasión, todo para que al final, para que en el último segundo…
— ¿Sakura de nuevo…?
Ijuuin lo había seguido, como en cada ocasión del primer ataque de pánico del día, para ayudarle a sostenerse. Y como en cada ocasión, él terminó llorando en sus brazos, sintiéndose solo, desamparado, y huérfano, además de traidor, aunque sabía muy bien que ese sueño no representaba nada que pudiese significar una traición a Takafumi.
— A este paso, vas a enloquecer… Zen, eres mi amigo más cercano. Por favor, deja de venir aquí, y ve al hospital, si aun no te sientes fuerte para verlo, al menos, ve a que te revisen —él negó, sollozando.
— No puedo… Sakura seguirá atormentándome, la detesto… —Ijuuin sabía muy bien que las palabras de Zen no indicaban una verdad real, pero conociendo cuan particularmente rara había sido Sakura, no dudaba en que de una u otra forma, su alma estuviese forzando a su viudo a comportarse de manera apropiada.
— Mírame —lo zarandeó, para obligarlo a mirarse. Los ojos miel parecían haberse derretido de toda luz—. Si no estás loco ya, me atrevería a decir que tienes toda la razón. Ella sería la primera en decirte que estás permitiendo que el miedo te aleje de la persona que amas con todo tu ser, hasta haría lo posible por quitártelo solo para que quedes como el idiota que estás siendo, ¿me equivoco? —Zen negó—. Bien. Entonces, cálmate, respira, y ve al hospital… Porque, por si no lo has olvidado, Mamoru te dijo que hoy su tío Haruhiko compraría el celular nuevo —los ojos miel se secaron de golpe, mostrando algo de emoción—. Si aun no deseas estar cerca de tus suegros, quédate en el estacionamiento, o cerca de esa área, no sé. Pero ve, Zen. Sabes que hay cosas que no comprendemos, y por alguna razón, siento que ella desea que vayas. Ve.
Zen se obligó a no huir, poniendo de pretexto que esa noche entregarían el material del nuevo tomo de Za-Kan. Todos estaban poniendo de su parte, y por ello, tras verlo regresar a la oficina con un Ijuiin increíblemente severo, lo empujaron comunalmente hacia el ascensor, y luego hacia su auto.
Se obligó también a recordar que si no trabajaba, se sentiría peor al obtener un dinero fácil con el ofrecimiento tanto de Daiki-san como de Isaka por una subvención de parte de las dos editoriales para el pago de la escuela y los servicios hasta que Takafumi se recuperase.
Por último, en su desesperación, se obligó a pensar cómo carajos podría hacer para que, una vez Mamoru llegase a Japón, y fuese trasladado a la casa de los Usami, él pudiese ir a verlo sin que nadie lo reconociese. Y ya estando en ello, se obligó a pensar cómo diablos le haría para retribuir el pago de aquel equipo. Porque bastaba con ver la captura de pantalla del tal Tío Haru-chan que Mamoru le había enviado, para saber que él y el Tío Fuyu-chan eran aun más generosos y excéntricos que Akihiko.
Mientras él aparcaba el auto en la parte del estacionamiento más cercana al ala del hospital en el que estaba la habitación de Takafumi, aunque a varios pisos por encima suyo, Haruhiko siguió las instrucciones de la Jefa de Enfermeras de aquel piso, y se inclinó con respeto al alcanzar la salita en la que los Yokozawa y los Kirishima, incluida Hiyori, esperaban por noticias, y se iban turnando en el proceso de acompañar al bello durmiente.
— Buenas noches. Soy Usami Haruhiko, hermano mayor de Akihiko. En nombre de mi padre y de mi familia en pleno, lamentamos mucho que estén pasando por esta situación. Por favor —Haruhiko volvió a inclinarse de manera respetuosa, aunque, prevenido por su hermano, había optado por un look menos intimidante, y sus facciones lucían menos severas—, permítannos ser de ayuda en todo lo que esté en nuestras manos.
— Todo lo que vienen haciendo es ya indescriptible e invaluable. Justamente Mamu nos había avisado que usted vendría hoy —Saki se acercó, y sin poder evitarlo, abrazó al joven, quien se dejó hacer, comprendiendo muy bien que ese gesto era genuino y cariñoso—. Ven, Hiyo… Saluda a…
— ¡Tío Haru-chan, ella es mi hermanita! —Mamoru, desde la pantalla del celular de Kotaro, habló orgulloso, mientras Hiyori se acercaba, incapaz de hablar, y ligeramente pálida. Su dulce rostro lucía unas ojeras muy profundas, que dolieron en el pecho de ese tío nuevo.
— Gracias por ayudarnos… —la voz de la niña conmovió el corazón de Haruhiko, quien se inclinó lo suficiente para abrazarla. No era correcto desde las formalidades japonesas, pero considerando que los familiares directos de la niña estaban ahí, decidió dejarse llevar por su recientemente estrenado corazón sensible.
— Es lo menos que puedo hacer por mis dos nuevos sobrinos. Eres tan dulce y alta como tu hermanito dijo que eras, y te pareces mucho a tu papá. Ambos deben estar muy orgullosos por lo mucho que estás ayudando a tus abuelitos y a tu papi —Hiyo al fin ganó algo de color en sus mejillas, para alivio de su hermano y abuelos, y esbozó una sonrisa tímida—. Pero bueno, creo que ya es hora. Mamoru me dijo que sería usted, Yokozawa-san, quien decidiría quién debía entrar a colocar el celular, y por ello quisiera saber quién será, para poder darle las indicaciones debidas sobre cómo instalarlo en cualquiera de estos soportes.
Mamoru sonrió divertido al ver desde la pantalla cómo sus abuelitos miraban aquellas cajas de trípodes, soportes de mano y mesa, como si fuesen algo venido desde otro planeta, mientras Hiyo se atrevía a mirar con detenimiento cada una de las mismas, una vez Haruhiko se las extendió. Ken le ayudó a llevarlas a una de las sillas de la salita, y entonces, Saki y Akane se les unieron, curiosas e ilusionadas.
Kotaro los siguió con la mirada, sintiendo los ojos de aquel joven hasta ese momento desconocido sobre sí mismo. Y tras pensarlo un poco, alzó la mano en la que tenía el celular con la videollamada de Mamoru, y le habló, intentando no verse demasiado serio.
— Sería bueno, que colguemos, para que abras esa cosa que dijiste que abrirías para que todos estemos conectados al mismo tiempo. Al menos esta vez…
— Hai! Además, tengo que avisarle a papá que ya tío llegó —Haruhiko no fue ajeno a la rigidez en el rostro del hombre mayor cuando el niño, en su inocencia y lealtad hacia su padre, mencionó a Zen, sin darle nombre.
— Sobre eso…
— A veces se tarda un poco el descargar el software, Mamu. Verifica que tu padre lo tenga instalado también, imagino que ya llegó —Mamoru asintió, mostrando la ilusión que este plan había impregnado en su corazón desde que él y Zen lo formularon. Y tras una sonrisa final que alivió en algo los efectos que esos días de pesadilla habían tatuado también en su rostro, como en el de Hiyo, colgó. Y en ese momento, con mayor libertad, Haruhiko se permitió ser imprudente—. Sé que no tengo autoridad ni derecho alguno a meterme en esto, solo sé las cosas que mi hermano ha compartido conmigo. Pero, si me permite ser entrometido, le sugiero que no le quite la ilusión a sus nietos —Kotaro pareció molestarse, pero luego soltó un suspiro.
— Lo sé… Lo que no sé, es cómo actuar. Habría esperado que Zen estuviese aquí, con nosotros, y aunque me moleste la idea, quería que fuese él quien instalara el celular. Pero ya veo que sigue siendo un…
— Hombre —Haruhiko lo interrumpió, importándole poco si la persona frente a él se ofendía—. Usted y yo lo somos también, y creo que tenemos la capacidad de ser empáticos con sus sentimientos por ese motivo. Mis años de vida no se comparan con los suyos, y por ende, mucho menos mis experiencias, pero, aunque tampoco soy padre, y mucho menos viudo, puedo entender el infierno que lleva su yerno por dentro… Si no llega a estar aquí, no creo que vaya a ser por falta de amor hacia su hijo —Kotaro bajó la mirada, y cerró los ojos un momento. Cuando estaba a un paso de enfrentar la mirada de Haruhiko una vez más, la respiración ahogada de Hiyo lo distrajo, captando su atención.
Llevaba días extrañando la expresión emocionada y llena de ilusión de la niña que era ahora su nieta. De esa niña preciosa que se había apoderado del corazón de su hijo con la facilidad de un suspiro, y que ahora, mostraba en sus ojitos llenos de lágrimas el alivio que estaba sintiendo…
Porque, detrás de Haruhiko, inclinado hacia él en una reverencia profunda, estaba justamente Zen.
— Yo… Aun no estoy cien por ciento preparado… —temblaba, y tanto Ken como Kotaro sabían que era principalmente por los miedos irracionales que tenía—. Pero, siento, que si no lo hago ahora, voy a perderlo… No me lo merezco, pero… —se irguió completamente. Haruhiko se asombró al ver cuán apuesto e imponente era aquel hombre, y cuán transparente era aquella mirada miel que suplicaba en cada destello acuoso—, por favor, permita que sea yo…
Hiyori apretó en sus manos la cadenita que contenía el símbolo de compromiso de Takafumi y lo apretó contra su pecho. Se la habían entregado a ella, cuando en el área de emergencia, Nowaki logró salvar todo los objetos de valor de Takafumi y los entregó en una bolsita. Saki había tomado con profundo amor aquella cadenita, y la lágrima fue depositada en las dos palmas húmedas de la pequeña, que no dejaba de llorar por aquel hombre que era ahora mucho más que su niichan.
Observando cómo su papá suplicaba una oportunidad, comprendiendo desde su historia en común con él, que todo su comportamiento se debía a los malos recuerdos de la pérdida de su mamá, aunque nadie se lo había explicado, Hiyori le rogó a Sakura que por favor su abuelo Kotaro no fuese tan severo. Que al menos lo dejara colocar aquel aparato. Que al menos, le dejara a papá enfrentarse a sí mismo, e ir al encuentro de su papi…
— ¿Estás seguro…? —Kotaro lo miró, haciendo a un lado sus propios prejuicios y argumentos, y mirando con preocupación paterna a aquel niño que tenía al frente—. Puedes ser tú quien esté en la pantalla mientras yo te acerco a él mientras le hablas.
— No estoy seguro de haber curado mis miserias… Pero estoy muy seguro de que ya no puedo más. He pasado de verlo todos los días en mi día a día laboral, y mis noches y fines de semana hogareños, a dormir en la sala de una casa que no es la mía, en el mueble de una de las salas de reuniones de Marukawa, solo porque no soporto estar sin él… Quizá voy a correr, quizá voy a desmayarme, o echarme a llorar —Haruhiko lo escuchó, admirando la honestidad de aquel hombre—, pero cabe la posibilidad de que no lo haga. Y eso solo lo voy a saber si estoy frente a él.
Kotaro apoyó una mano en el hombro de su yerno, y luego volteó hacia Saki, como pidiéndole su opinión. Ella, quien había escuchado todo con atención, y serenidad, se acercó, llevando consigo a Hiyori, quien en cuanto lo tuvo cerca, se aferró a su cintura con fuerza, siendo correspondida.
— Cuando todo esto acabe, tú y yo tendremos una conversación muy necesaria, Zen. Me has decepcionado demasiado —era tan extraño verla así de seria; pero Zen entendió muy bien la actual visión que sobre él tenían ambos, y asintió—, pero… Sabes muy bien que yo puedo entenderte —se miraron a los ojos, en clara comprensión, una que el propio Zen sabía compartía con su propia madre—. Toma esto como un pequeño experimento para medir tu sentir, y no te exijas. No voy a juzgarte si por casualidades de la vida quieres irte antes de entrar… Pero toma en cuenta de que si logras hacerlo, los demás ya no tendremos razón para estar aquí como lo hemos estado. Especialmente ella —señaló a Hiyori, quien lloraba con serenidad, ocultando el rostro en su vientre—. Recuerda que tú no eres el único que ha estado reviviendo una pérdida… Hiyori y Mamoru también, al igual que tus padres.
Su padre ya le había hecho entrar en razón sobre ello, pero que Saki mencionara la orfandad de sus dos hijos, llevó a Zen a darse cuenta por primera vez en aquellos días, la dimensión de lo que Hiyori había estado viviendo. No recordar a su madre no significaba no haberla sufrido, llorado, y extrañado. Sakura se había ido marcando su ausencia en la historia de esa preciosa niña, y había sido Takafumi, casi sin buscarlo, quien había tomado con amor los pedacitos de su corazón, para coserlos lenta y cuidadosamente, reconstruyendo la figura materna que, no podía negarse él mismo, Sakura misma habría tenido en la vida de Hiyo.
Porque Sakura quizá había sido más directa, cariñosa y honesta que Takafumi, pero ambos eran tiernos, protectores, y enérgicos. Ambos cuidaban cada detalle para que Hiyo fuese feliz. Sakura, de seguro, habría acogido con la misma maternal presencia a Mamoru, e incluso habría bajado también aquel avioncito… Y no, no era que nuevamente Sakura se interpusiese como un recuerdo inducido en su historia con Takafumi, sino que era tan claro como el agua ahora: Takafumi no era un reemplazo ni un recuerdo continuado. Era lo que Sakura había iniciado, mejorándolo con esa forma muy suya de ser y hacerse sentir.
— Hiyo y Mamoru necesitan a nuestro Osito, ¿verdad? —sus hermosos ojos miel buscaron aquellos iguales a los suyos, y estos le respondieron con la luz recuperada de la esperanza en él—. Créame que yo también conversaré con este pequeño travieso, y disculpen que lo diga, Haruhiko-san, padres, y amor, pero… Pienso hacerle el amor hasta que aquella deficiencia de hemoglobina se vaya al carajo. Quiero que lo nuestro se lleve cualquier mierda que estuvo a punto de quitármelo. Quiero casarme ya, y que nadie se atreva a siquiera pensar que puede tener a derecho a mirarlo… Quiero… Joder —se separó con un poco de ansias evidentes de Hiyo, quien, sonrojada, lo mirada son una sonrisa divertida—. Perdónenme, pero ya no puedo contenerme…
Los presentes vieron, sumidos en la sorpresa y la diversión, cómo se apoderaba de la bolsa de los soportes del celular, casi arrancaba el celular de las manos de Haruhiko, y volvía sobre sus pasos, preguntando torpemente qué debía hacer. Hiyori ya no pudo contener la risa, y se apartó un poco, para videollamar a su hermano y, sin palabra alguna, mostrarle a través de la pantalla todo ese espectáculo.
— ¿Está con ellos? —en Inglaterra, y detrás del pequeño, los cuatro adultos estaban bien apretujados, observando la escena. Masamune se sorprendió al ver los ademanes de Zen, mientras Akihiko suspiraba con alivio al ver cómo su hermano explicaba cómo usar el nuevo celular y todos los aparatos adicionales.
— Hai… —Mamoru empezó a llorar de manera serena. Moría por ver a su papito, pero prefería mil veces que lo primero que mirase fuera a aquel hombre que ambos amaban. Que si al escuchar la voz de su prometido, se obraba el milagro, esos dos hombres necesitarían la intimidad necesaria para demostrarse sus sentimientos a solas—. Sería tan mágico si papi abriese sus ojitos…
Lo mismo pensaba Hiyo, siguiendo con la mirada a aquel manojo de nervios que era su precioso padre, el hombre que un día había mencionado que llevaría a un amigo a casa, para cenar, y meses después, había llorado creyendo tontamente que ella no entendería sus sentimientos. Ese mismo hombre que se había vuelto a sentar con ella, a solas, a explicarle, nuevamente con lágrimas en los ojos, que había un niño que se había convertido en su nuevo pequeño amor, sin que eso significase que la iba a amar menos. Ese mismo hombre, cargado de todas esas cosas, volteó hacia su público espectador, que ahora incluía incluso a las enfermeras de turno, el doctor de Takafumi, y el propio Nowaki, quien le hizo una señal de victoria con ambas manos. Zen soltó una risita completamente nerviosa, y tras cerrar los ojos, al fin abrió la puerta…
El sonido de muchos aparatos médicos le dio la bienvenida, pero él no miró de frente. Abrió, pasó, mirando hacia el piso, y la cerró, quedándose ahí, de espaldas a Takafumi. Tenía terror a la idea de mirar hacia la cama, y ver de nuevo lo que había visto cuando ingresaron a su novio… Sakura en aquella cama, cuando debería estar viendo a la persona que amaba con todo su ser.
Empezó a hiperventilar, sintiéndose solo, aunque no percibió en su ser la necesidad de huir. En sí, aquello era ya un triunfo, y sin embargo, se sintió abandonado. Lleno de angustia, tomó el celular, y agradeciendo la previsión de Haruhiko de colocar el número directo de Mamu, marcó. La carita llena de emoción de su niño apareció en menos de cinco segundos, y el pequeño se conmovió al ver su expresión angustiada.
— Entraste… Estoy muy feliz, papá… —Zen sollozó, y el niño se contuvo, para no empeorar las cosas—. Te falta solo un paso más, y sé que vas a poder hacerlo.
— Tengo miedo… —Zen miró directamente a la pantalla, y el rostro de Masamune se puso a la altura del de Mamu.
— No estás solo. Estamos aquí contigo. Solo voltea, y recuerda que la mitad que estuvo ausente desde hace días, está ahí. Esperando. Solo te espera a ti, Zen.
Un nuevo ataque de ansiedad quiso hacer acto de presencia, pero la sonrisa y la caricia que su hijo le dedicó desde la pantalla, lo fueron tranquilizando. Respiró profundo cuatro veces, y luego de cerrar los ojos, volteó, lentamente.
Mamoru, Masamune y él, no pudieron evitar sollozar al ver lo que había en aquella cama…
Takafumi dormía, gracias a un milagro divino, sin estar entubado ya, pero mantenido conectado al aparato que medía sus signos vitales, y a una vía que de seguro servía para mantenerlo hidratado y nutrido. Tenía el ceño ligeramente fruncido, pero, conociéndolo como lo conocía, Zen sospechaba que no por dolor, sino por su necesidad inconsciente de despertar para estar con ellos.
Y entonces todo fue tan natural, tan simple, tan mágico… Ni siquiera se cuestionó o alegró por verlo a él y no a Sakura. Solo volteó, e incluso el aire se hiso menos pesado, como si la presencia de Takafumi filtrara toda la contaminación y mandara al diablo lo que ennegrecía el mundo.
Se acercó, y dejó en el sillón los trípodes y soportes, quedándose solo con el celular en la mano, dirigiéndolo con algo de torpeza hacia lo que sus ojos enfocaban tan bien. Aquella bata de hospital cubría la nueva fisonomía de Takafumi, que de seguro requeriría de unas buenas semanas de rehabilitación, pero… Pese a haber bajado de peso, lucir una piel enfermiza, y no tener los labios hidratados, como cuando él no dejaba de saborearlos, Zen reconoció en aquella persona sumida en el coma inducido, al hombre que amaba y deseaba en la misma medida.
— Pequeñito, ¿qué te hemos hecho…? —Zen susurró, alcanzando aquel rostro con una mano, y acariciando la mejilla con una delicadeza extrema. Los ojos de aquel ángel parecieron moverse bajo sus párpados, y él siguió tentándolo—. ¿Qué me has hecho…? Unos días sin ti y es como si el mundo se hubiese secado…
Mamoru había agregado a la llamada a Hiyori, y así, aunque Zen no lo sabía, todos afuera de aquel cuarto, estaban escuchando su discurso cursi y sincero.
— Te amo… Te amo, maldición. Te amo tanto, que creo que si te pasaba algo irremediable… Como vuelvas a exponerte, juro por lo más sagrado, que…
Era tan difícil hablar; pero, ambos tenían un lenguaje propio, y Zen decidió decirlo todo de aquella manera.
Olvidando que no estaban solos, acercó sus labios a aquella frente preciosa, a su nariz, a su mejilla, y luego no pudo vencer la tentación. Hiyo y Mamoru se sonrojaron con amor al verlo besar a su papi, pero segundos después ahogaron un grito, al igual que todos los chismosos.
— ¿Eh…? —los ojos miel se abrieron en asombro, y las lágrimas cayeron, agradecidas—. Mi… Mi cielo…
El gris oscuro se enfocaba con dificultad. Pero en cuanto el aparente entendimiento ocupó su mente, el azul que había permanecido tras los párpados cerrados de Takafumi por fin se hizo presente después de todos aquellos malditos días, volviendo a enamorar a aquel padre de familia, y a sus dos hijos.
— Zen…
— . —
Takafumi había vuelto a dormirse, luego de ser un tanto apretujado por su desesperado novio, para susto de todos. Pero, Nowaki y su colega habían mencionado que aquello era normal, lo esperado, y no debía constituir un motivo de susto adicional, sino un alivio. Zen, una vez pudo comprenderlo sin enloquecer a todas las personas a cargo de Takafumi, se instaló a sí mismo como cameraman de la familia, y no permitió a nadie ingresar a reemplazarlo hasta que el Osito volviese a despertar. Obviamente, le valió bien poco dejar tirado a Ijuuin y su nuevo tomo de Za-Kan, y Kotaro tuvo que resignarse a que ya no podía seguir interfiriendo entre esos dos. Todos estuvieron tan emocionados por las buenas nuevas, que le restaron importancia a su desesperante situación de retraso en las fechas en la oficina, y a su desesperante actitud personal de los últimos días. Quizá no merecía estar al lado de su prometido, pero… Sabían que ese era su lugar correcto.
Sentado en la silla, mientras no dejaba de observarlo mientras dormía, Zen parecía recargar energía sin despegar la vista de Takafumi, mientras Hiyo contaba a él y a Mamoru, aun conectado desde el celular, cómo había sido la evolución de su Osito. Parecía que ella había resucitado también, porque la tristeza que había estado poblando su carita había cedido el lugar a una alegría contagiosa que nadie podía reprocharle.
— Mamu —la voz de Akihiko se dejó oír, y recién en ese momento los niños recordaron que además de su papá, los tíos estaban escuchándolos desde Inglaterra—, probablemente tu hermanita necesite dormir, y tú también estuviste en modo zombie más temprano. Es mejor que vayan a descansar…
— Su tío tiene razón. Papi me matará mil veces si ve el desastre que son ahora, por favor, vayan a descansar —Zen se reprochó internamente el haber hecho sufrir a su hija y llenar de dudas a su niño.
— ¿Podemos conversar solo un ratito más…? —Mamoru usó su siempre efectiva arma secreta en modo de puchero y ojitos de gatito degollado. Zen suspiró, aceptando la derrota.
— Está bien, está bien. Pero mientras tus abuelos llevan a Hiyori a casa, ¿de acuerdo? Amor, llama a Mamu a su celular, aun hay cosas que quiero conversar con tus tíos.
— Hai! —Hiyori asintió, brillante, y tras darle un abrazo muy delicado pero lleno de amor a Takafumi y dejar un dulce beso en su frente, se despidió de él, apachurrándolo en un claro signo de gratitud por haber cambiado su comportamiento. Y luego de enviar muchos besos y abrazos a sus tíos, le guiñó a Mamu, quien también se había estado despidiendo de ellos y corrió rumbo a su habitación, a encender su celular.
— ¿Están seguros de que no embarazaste a Yokozawa hace casi quince años, en una borrachera quizá, y luego él tuvo a Mamu pero perdió la memoria…? —Masamune los hizo reír.
— Me gustaría decir que lo hice, pero no. En ese entonces aun mis preferencias sexuales eran tradicionales.
— Aburrido —Akihiko aumentó las risas de Ritsu y Misaki, quienes luego se despidieron indicando que irían a alistar la merienda.
— Espero en algún momento lograr retribuir a tu familia lo que han hecho por nosotros, sensei.
— Nada de eso. Mi padre no necesita dinero, pero sí nietos. Mas te vale no negarle el cariño que ha empezado a sentir por tus hijos, porque de lo contrario, terminará nombrándolos sus herederos, junto a mi sobrino. Por otro lado —Akihiko miró de reojo a Masamune y él negó con suavidad. Zen entendió que lo mejor era no mencionar algunas cosas, ahora que Takafumi y Zen estaban en la misma habitación—, tengo entendido que Vorobiov fue absuelto del cargo de intento de asesinato. Y como sé que te quedaste con una muy mala impresión sobre él, queremos comentar…les, cómo sucedieron las cosas. Luego se lo diré con más tranquilidad a Takafumi.
Akihiko le narró las cosas tal y como habían sucedido en aquella sesión de hacía poco más de una semana. El hecho de que Daiki-sama y Haruto-sama estuviesen defendiéndolo, fue un ligero golpe en su confianza, pero cuando le fue aclarado el motivo asociado al asunto de Viktor y los otros niños, entendió. Él, que había sentido cómo su mundo se iba al diablo sin Takafumi, creyó imaginar cómo estaba pasando el proceso Haruka, embarazada, y prácticamente sola.
— Sé que es una mujer que no te ha traído precisamente las mayores alegrías en tu casi matrimonio, pero debes entender que más allá de cualquier tema personal, jamás les ha hecho daño directo. Es más, ella también intentó cuidar a Yokozawa muchas veces. Yo mismo la detesto —Masamune habló con evidente molestia—, pero… Evalúa el llamarla y darle un poco de tranquilidad comentándole sobre su reciente mejoría. En todas las sesiones legales que van teniendo, de hecho, todos los días, pregunta por él y por ti…
— Tampoco te sientas obligado si no te nace. Por ahora, concéntrate en él. Ambos necesitan estar tranquilos, ya no hay problema alguno en el que se los vaya a involucrar. A partir de ahora, solo nosotros los abogados estaremos en manejo de este asunto. No te preocupes más, y… Quédate a su lado.
Luego de algunas noticias más compartidas por los dos hombres, la video llamada culminó, y Zen por primera vez desde que había accedido a esa habitación, bajó la mirada, reflexionando. Masamune tenía razón: Haruka había significado las peores etapas en su relación casi matrimonial, o matrimonial, sin mayor necesidad de tener que formalizarla. Había generado inseguridad en ambos, por los mismos motivos, pero también era cierto que muy probablemente, Takafumi confirmaría la versión que Shiro le había compartido.
Haruka, al estar enamorada de su novio, estaba incapacitada para dañarlo más allá de pedirle ser infiel con ella. Su perfil psicológico no era el de Keiichi, aunque se inclinase mas bien hacia el lado masoquista, si podían cuestionarle el estar cerca de alguien como Oda.
Pero más allá de ello, ¿qué le podía reprochar? Aquella noche del terremoto, había acunado a sus dos hijos como propios, y por sus padres les constaba que había actuado con corrección y profundo cariño. Los niños la adoraban, y estaba más que seguro de que ella haría que su bebé viese a Mamoru y Hiyori como dos hermanitos mayores.
Nada había que reprochar a esa mujer… Porque incluso, su incursión en su familia no había sido voluntaria. Y ahora que lo pensaba, ese tema no había quedado cien por ciento resuelto por su madre…
¿Dónde se habían conocido, y por qué…?
— Hazlo…
La voz fue tan tenue, que creyó haberse equivocado. Pero cuando alzó la vista, Takafumi lo miraba una vez más, un poco más despierto, aunque evidentemente aun somnoliento.
— ¿Besarte? —el joven convaleciente resopló, y sus mejillas se llenaron de un ligero rubor—. Está bien, está bien. Aun no es el momento… Nos escuchaste, ¿verdad? No tienes que responder, tu garganta puede dolerte —Takafumi asintió, sin perder contacto visual—. Estaba pensando si enviarle un mensaje, llamarla o ir a visitarla. Hay cosas que quiero aclarar, y…
— Ella no… —Zen intuyó lo que quería decir, y negó, acariciando sus labios con delicadeza.
— Hay promesas idiotas que nunca debí pedirte cumplir, ni siquiera debieron existir. Nos han hecho mucho daño, pero este no es el momento más apropiado para que tú y yo nos expliquemos algunas cosas. Si soy sincero, quizá ni siquiera quieras perdonarme luego de hablar, pero… Quiero que sepas que oigas lo que oigas, o veas lo que veas, la única verdad posible es que eres la persona con quien quiero terminar mis días… Y no quiero que eso ocurra pronto.
Los ojos azules se llenaron de lágrimas. Aun los recuerdos estaban muy confusos en la mente de Takafumi, pero de alguna manera, su corazón se sintió libre de un dolor punzante. Con algo de esfuerzo, sonrió, y Zen se llenó de paz al ver que era una de las sonrisas que solo le eran dedicadas a él.
— Takafumi… Te amo con toda mi alma, ¿lo sabes, verdad?
— Cursi… —volvió a susurrar, y sonrieron. Luego de unos minutos, en que solo se dedicaron a observarse, Takafumi volvió a hablar—. Una foto tuya y mía… Y promete ir…
Zen sintió alivio al no sentir ninguna emoción negativa en su pecho. Asintiendo, se puso de pie, y tras colocarse de cuclillas junto a la cabecera de la cama, tomó una selfie, mientras besaba la mejilla de su novio.
— . —
Poco más de una semana después de la sesión en la que se vio libre de cualquier potencial acusación grave, Haruka se sentía como una hoja al viento, mientras iba a insistencia suya en la misma Van que trasladaba a los rusos y a Yuuri. Todos habían insistido en que no fuera, por su estado, pero ella había sido muy tajante en su terquedad: Iba por el padre de su bebé, y porque ellos eran su familia. Ninguno pudo reprocharle ni cuestionar su decisión, pero le hicieron jurar que si se sentía mal, lo diría de inmediato.
Mientras los jovencitos intercambiaban impresiones, ella se dedicó a revisar sus redes, y principalmente, la red de Dahari. Daiki le había solicitado expresamente que continuase con el trabajo original de manejar sus páginas y redes sociales para no crear la sensación de que la Editorial estaba muerta, y eso estaba haciendo, para ayudarse también a mantener la calma. Por ello, cuando vio la notificación desde el celular de Zen, se sorprendió. Y pronto, cuando accedió al mensaje, la sorpresa dio lugar a lágrimas de alegría.
Un hermoso osito de ojos azules despertó anoche, y me pidió que te avisara. Lamento que tenga solo ojitos para mí nuevamente…
Y también todo lo que te he hecho pasar, sin merecerlo.
Gracias por hacer todo lo posible por suplirme en su cuidado, prometo ir uno de estos días para que me des un merecido sermón.
Cuídense mucho. Necesitamos conocer a nuestro sobrinito (yo digo que será niña, tienes unas ojeras enormes…).
Mila fue la primera en notar su reacción, y, preocupada, le arrebató el celular. Y cuando vio aquel mensaje y la fotografía, ella misma estalló en lágrimas de dicha, contagiando a todos, incluido al conductor, quien no era otro que Daiki.
Mientras que todos expresaban que aquella noticia era una especie de augurio positivo, Haruka volvió a tomar su celular, y sonrió con ternura a la fotografía. La calidez de sus sentimientos eran casi fraternales ahora, y sabía muy bien que si tenía oportunidad de compartirle aquella noticia a Oda, él, mismo se alegraría. Digitó con una sonrisa en los labios su respuesta, sabiendo muy bien que haría renegar a aquel sujeto.
No sabe lo feliz que me hace esta noticia, y a todos en general.
Pronto iremos a visitarlos y darle los merecidos besos a Yokozawa-san.
Yo llevaré un regalo mucho más especial…
Casi lanzó una carcajada cuando Zen leyó el mensaje y pareció escribir durante un minuto entero, para luego desistir y no volver a comunicarse. Sin embargo, no pudo seguir atenta a la pantalla, ya que Daiki anunció que habían llegado.
Su cercanía a Mila le hizo notar que la joven temblaba, aunque intentaba hacerse la fuerte. Por lo que le habían ido contando en aquellos días de convivencia, esta era la primera vez que se alejaban tanto de aquella zona exclusiva cercana a la editorial, y de su propio departamento. Para empeorar las cosas, una de las oficinas de la Federación Japonesa de Patinaje, la que era estrictamente para hacer consultas o llenar fichas, estaba situada en el edificio contiguo a donde se llevaría a cargo el careo.
¿Por qué? Pues porque, a diferencia del tema de la editorial extranjera, esta vez estaban implicadas otras instancias, y justamente debido a ello, la reunión se había retrasado tanto. En cuanto la denuncia de Yuuri había sido elevada, la Federación Rusa había decidido enviar un par de representantes, sin anunciar quienes serían. Y estaba voceado que asistirían también antiguos colegas de Oda.
Por él, Haruka no tenía miedo. Después de todo, esperaba que el tratamiento de sus compatriotas fuese alturado y digno de lo que ella consideraba debía ser el tratamiento hacia una especie de héroe, aunque cuando había mencionado aquello ante los chicos, especialmente los rusos, parecía haber escupido una blasfemia.
Sin embargo, dejando de lado a Oda y su pasado… Haruka tenía mucho miedo por cómo llevarían las cosas aquellos jovencitos. Después de mucho tiempo, estaban saliendo nuevamente al mundo, y por experiencia, sabía que era aterrador.
Como mínimo, Yuuri y Beka podían confundirse entre los japoneses, pero en cuanto a los otros tres… Muy especialmente en el caso de Viktor y Mila, sus apariencias llamarían mucho la atención.
— Definitivamente les falta algo para verse mucho más presentables… —Haruka interrumpió el inicio del discurso motivacional de Haruto, quien había accedido por el asiento del copiloto hacia donde estaban los demás, para intentar tranquilizar a Yuuri y a los más jovencitos—. A ver… Sí, esto servirá...
De su bolso extrajo una pañoleta gris que combinaba a la perfección con el discreto traje que Mila había elegido, y con ella, cubrió los cabellos rojizos con una elegancia que solo el porte de la misma joven podía mejorar, gracias a sus anteojos negros.
Luego, pidiendo permiso, ató los un tanto crecidos cabellos rubios de Yurio en dos trenzas y tras unirlas, le entregó un gorro de lana del tipo que él solía utilizar. Hacía tanto que no usaba peinados elaborados, que aquel toque de los dedos de la mujer hicieron que su corazón saltara en su lugar, pero le agradeció con una sonrisa sincera y cálida.
— Viktor, yo creo que…
— Agradezco la oferta, pero… Yuuri y yo acordamos que ocultarnos no sería parte del menú de estos días, ¿verdad? —el aludido desvió la mirada cuando fue tomado por ambas manos, pero asintió—. Casi me retumba el corazón al ver a estos tres vestidos como solían vestirse cuando deseaban ocultarse de sus fans, y sé que Haruka-chan ha hecho esto para brindarles seguridad. Pero nosotros dos siempre hemos sido la piedra o roble que le da fuerza al otro, y yo necesito a mi pilar conmigo.
— Viktoruu… —los ojos cafés se nublaron, y los demás sintieron un retorcijón en el estómago.
— ¿Recuerdas la primera vez que patinaste como mi pupilo? Míralo de esta manera: Todos te veían como el cerdito que había sido transformado en príncipe por el rey de Rusia, y tú tenías mucho miedo de dejarme en ridículo por tus inseguridades. Sin embargo, ahora estamos aquí porque has sido valiente una vez más. El paso más importante ya está dado, hay un rastro de temor porque Usami-san podrá llegar recién en dos días, pero eso no es nada para ti. El tiempo y la distancia nunca han podido con nosotros y lo sabes. Son solo unos metros, Yuuri, hasta estar dentro del edificio. Pero pase lo que pase, estamos juntos de nuevo…
Haruka bajó con ayuda de Otabek, quien una vez la hubo dejado a salvo en la vereda, se acercó a su rubio, para andar con él a su lado, aunque limitándose en sus gestos de cariño; se notaba que el rubio ya no temblaba, pero algo en su expresión tras las gafas denotaba temor y recelo. Mila, por su parte, se aferró a Haruka en cuanto un grupo de jovencitas pasó casi empujándolas, con unos patines colgando de sus hombros; avanzaron hacia los otros, pero justo cuando alcanzaban la puerta de ingreso, dos gemidos ahogados se dejaron oír tras ellas.
— Es… es… es… —una de las muchachitas miraba con ojos desorbitados a un Viktor que por su parte se estaba encargando de acercar a Yuuri por la cintura, sin ningún tipo de freno.
— Kat… Katsuki Yuuri… Y Vik… Viktor Nikiforov…
Sus nombres, pronunciados con tanta emoción entrecortada, sacaron de su burbuja a los dos tórtolos, quienes se quedaron estupefactos al ver las expresiones de aquellas dos desconocidas.
Tenían la edad de aquellas jovencitas que siempre solían hacer filas inmensas buscando una fotografía o un autógrafo durante sus entrenamientos o competiciones en Rusia y Japón. Pero, era increíble que en ese momento, tantos años después, aun existiesen personas que supiesen quiénes eran.
— ¿Cómo es posible? Di…dijeron que… —Haruto, haciendo gala de su natural entusiasmo y picardía, bloqueó la vista de las chiquillas, mientras que Daiki empujaba con cuidado a los dos muchachitos.
— ¿Coincidencias de la vida? Tal vez en unos días tengan más noticias sobre ellos. Por ahora, tomen y tomen —el alegre Haruto les entregó dos pines de la parejita, justamente, fabricados con una foto que se habían tomado hacía unos días, ambos echados en su sillón favorito—. Estoy seguro de que se asombrarán cuando se enteren…
Tras esa anécdota que probablemente se regaría como moscas alrededor de la miel, todos ingresaron al edificio, y tras ser anunciados, fueron guiados hacia sus lugares en la sala organizada para el careo. Haruka fue presentada como pareja sentimental de Vorobiov, y se ganó por ende la mirada de desprecio de los representantes de la Federación Japonesa, en cuanto ingresó, la primera, en la sala. Sin embargo, todas las expresiones de disgusto mutaron a unas de sorpresa y emoción indescriptibles, en cuanto, tras Daiki y Haruto, ingresaron cinco jóvenes.
Dos de ellos aparentemente de incógnito, pero fácilmente reconocibles por personas del mundo deportivo. Uno, igual de serio que antes, y vestido con su eterna estampa de chico malo cubierto con una chamarra de cuero. Pero los que ingresaron al último, con expresión estoica, tomados de la mano con rebeldía evidente, fueron quienes más reacciones generaron con su presencia.
— Katsuki-san… Nikiforov-san… —el antiguo director de la Federación no pudo frenar sus lágrimas—. Ustedes… ¿desde cuándo…?
— Si bien estamos ante personalidades que nos llenan de orgullo, por favor, mantener la compostura —el Fiscal a cargo del careo llamó a la calma, e invitó a los recién llegados a sentarse—. Estamos a la espera de la parte contraria, Daiki-san, y quisiera confirmar si el abogado de los jóvenes estará presente.
— Usami-san estará presente en videollamada, y Takano-san tuvo la iniciativa de recibir a los representantes rusos, no deben tardar en llegar. Por nuestra parte, los abogados de Vorobiov-san ya está presentes —los aludidos asintieron, siendo los mismos que lo habían defendido en el caso de las editoriales.
— Es un caso bastante atípico, si me lo preguntan —el Juez que estaría a cargo del Juicio se dejó oír, empleando una voz casi autoritaria—. Sigo sin entender cómo es posible que ustedes ingresen a esta sala como un grupo de amigos, cuando en el ejercicio de sus funciones de defensa, son partes contrarias.
— Su Excelencia, sabemos que es un tanto confuso, pero esperamos que en cuanto el acusado de testimonio, usted pueda entender cómo es que han ocurrido las cosas, y por qué es que se ha procedido de esta manera.
Daiki no pudo añadir ningún comentario más, porque la puerta de la sala se abrió y Chikako fue anunciada, como parte de la defensa de los ex patinadores.
Sin embargo, toda la sala quedó en silencio, cuando tras ella, dos personas que Viktor, Mila y Yurio conocían demasiado bien ingresaron, ya con aquellos seis años de más a cuestas aunque no habían perdido nada de su elegancia natural.
— Los apoderados de Viktor Nikiforov, Yuri Plisetsky, y Otabek Altin, su Señoría… Yakov Feltsman-san y Lilia Baranovskaya-san. Por su parte, los representantes de la Federación Rusa…
Beka sintió su corazón encogerse al escuchar que aquellas dos personas que siempre habían admirado, lo habían incluido en ese perfecto círculo de amor familiar que Yakov y Lilia solían cernir alrededor de su Yuri. En ambos, el tiempo simplemente había dibujado más canas, y la tristeza de la separación, más arrugas, en especial en el hombre mayor. Los ojos que no se decidían entre el azul y el verde, se mantuvieron fijos en la mirada de un cielo lluvioso que Viktor no pudo controlar, mientras que la mirada de halcón de Lilia parecía retar a Yuri a no quebrarse.
¿Pero cómo no hacerlo?
Viktor y Yuri eran los niños que Yakov había criado con mayor amor, excediendo el límite que siempre se había impuesto en su condición de entrenador. Ningún niño o niña, joven, o senior, podía jactarse, además de Mila, de haber conseguido algo más de él que no fuese enseñanzas en el oficio. Por eso, haciendo de tripas corazón, cuando comprendió los sentimientos de ambos niños, había decidido acoger bajo sus alas a aquellas dos personas que habían convertido en mejores personas y patinadores a sus dos hijos.
Y Lilia se sentía de la misma manera, mientras limpiaba con disimulo la lágrima traicionera que había caído al ver cómo el rostro ya no tan andrógino se fruncía en anhelo por un abrazo, y el pequeño listón negro que tenía como adorno de su abrigo era perfectamente interpretado como la partida de aquel abuelo que era toda la familia que Yurio conocía. Beka también lo vio, y comprendió que la Federación Rusa no solo les había arrebatado la profesión, sino también momentos que jamás podrían ser recuperados.
Chikako se sentó en su lugar, y pidió permiso para colocar el celular desde el cual Akihiko se conectaría. Y entonces, por la puerta contraria, ingresó Oda. Esposado, con un caminar un tanto extraño, y una bandita en su mejilla izquierda.
— Oda… —Haruka quiso ponerse de pie, pero Haruto la sostuvo de la mano, y negó, haciéndole comprender que era lo menos oportuno en ese proceso.
— Bien, creo que ahora sí estamos completos, ¿verdad? Justo a tiempo —el Juez tomó la palabra, y leyó las generales de la sesión que los tenía reunidos—. Entiendo, que todos ustedes comprenden el japonés a la perfección, por lo que no necesitarán de un traductor, ¿esto es verdad? —se dirigió a los representantes rusos.
— El señor Yakov y la señora Baranovskaya lo entienden y hablan de manera competente. Nosotros lo hablamos y comprendemos a la perfección —uno de los representantes que habían acudido junto con los mencionados habló, empleando una cierta arrogancia.
— Vorobiov-san, ¿usted necesitará de algún traductor?
— Ninguno, su Señoría. Sin embargo, creo que si llego a tener alguna dificultad, sería muy oportuno que los señores Nikiforov o Plisetsky me apoyen con la explicación requerida.
Oda había empleado un tono neutral. Sin embargo, aparentemente aquel sujeto arrogante no se tomó a bien su sugerencia.
— No sabía que ahora tenías tanto respeto por estos sujetos, Vorobiov. Japón te ha hecho blando.
El sarcasmo empleado tensó a Yakov y a Lilia, y provocó una reacción de incomodidad en el ruso que no había emitido aun palabra alguna y que parecía tener la misma edad del entrenador. Sin embargo, Oda, bastante bien capacitado en el tratamiento con ese tipo de personas, ni se inmutó.
Todo lo contrario, pensaron sus abogados. Estaban favoreciéndole mucho a su defensa y argumentos.
— Como Oda Vorobiov siempre tuve un respeto profundo por cualquier deportista que fuera a representar a Rusia ante el mundo. Como ex agente de la KGB, sin embargo, al igual que usted, Mykolaiv, me he visto obligado en muchas ocasiones a ir en contra de mis propios principios con tal de seguir órdenes superiores.
El sujeto lo miró con desprecio, apretando la mandíbula, y se inclinó hacia el otro, hablando en ruso.
— Considerando que los señores han indicado un dominio perfecto del idioma japonés, nuestra defensa exige que este idioma sea usado al interior de esta sala, ya sea para comunicarse internamente, como con el resto de involucrados.
El tal Mykolaiv se tensó, y se enderezó en su lugar al sentir todas las miradas puestas en su persona. Sin duda, se notaba que empezaba a darse cuenta de que alardear sobre aquel tema no era del todo la mejor de sus estrategias.
— Concordamos con el pedido de Usami-san. La defensa de Vorobiov-san también solicita lo indicado.
— Solicitud aceptada. Habría sido diferente de haberse solicitado tras mi consulta el empleo de un intérprete o traductor. Habiendo llegado a este acuerdo, quisiera tener en claro un tema que aun no tengo clarificado… En la denuncia de Katsuki-san, se indica como parte de acusada a Vorobiov-san; sin embargo, su defensa está a cargo de los abogados de la empresa que contrata los servicios de la parte acusadora, ¿no es esto un conflicto de intereses?
— En absoluto, su Señoría —uno de los abogados de Dahari tomó la palabra, y se expresó respetuosa y pausadamente, como para permitir que los extranjeros comprendiesen sus palabras—. Ciertamente, nuestro defendido también forma parte de Dahari Shoten, y se vino desempeñando de manera apropiada, como pueden indicarlo sus Jefes aquí presentes. Pese a que la acusación de los jóvenes patinadores se fundamenta en parte de la declaración de nuestro defendido, es importante señalar que el pago de su Defensa está cubierto de manera exclusiva por sus propios ingresos personales, así que no existe relación alguna de conflicto.
— Por lo que se indica —Mykolaiv intervino, anteponiendo su derecho a voz al del Juez, y por ende, sentando un mal precedente sobre su accionar—, ya hay un acuerdo previo, ¿entonces para qué nos hicieron venir desde Rusia? Esto es un circo.
— Cálmate, Mykolaiv. Es necesario ser respetuoso ante Su Señoría —el otro ruso elevó la voz, callando a su par, y se permitió lanzar un suspiro antes de continuar—. Pido disculpas por este exabrupto, Su Señoría. Sin embargo, tengo que expresar que comparto mi sorpresa ante lo expuesto.
— Ciertamente hay mucho por comprender de esta situación, considerando además que la Federación de Japón ha sido la encargada de elevar a estas instancias la denuncia personal de Katsuki-san —el Juez intentó controlar su molestia por la insolencia pasada, en aras de que la sesión se desarrollase con un ritmo apropiado—. Por ende, quisiera establecer un orden de intervención inicial. Tengo entendido que la denuncia es a nombre de Katsuki Yuuri, pero involucra a los cinco jóvenes aquí presentes, cuatro de los cuales son extranjeros. De los cuatro, uno de ellos no es ruso…
— Si me permite intervenir… —Yakov alzó la mano de manera respetuosa, pero firme, y el Juez le dio libertad para expresarse—. Gracias. En la época en que ocurrieron los eventos que Katsuki describe en su denuncia, estos cinco jóvenes eran parte de la Federación Rusa de Patinaje. Si bien Katsuki Yuuri aun competía por Japón y Otabek Altin por Kazajistán, este último había solicitado su adhesión a nuestra Federación. Y así figura hasta la fecha, porque yo no le di de baja y no pienso hacerlo —le dio una mirada horrible a Mykolaiv, quien bufó
— Comprendo. Entiendo entonces que no es necesario solicitar la intervención de la Federación de…
— Más que solicitar que intervenga alguien de su país, el abogado Búbka aquí presente y yo queremos presentar una contra demanda contra este sujeto, ratificando la acusación de abuso sexual que se presentó en su nombre en su momento — Mykolaiv señaló de manera grosera a Otabek, quien palideció, y apretó la mano de Yurio debajo de la mesa al ver que tenía intenciones de protestar.
— Su Señoría, ¿me permite hacer una consulta a mis defendidos y a Baranovskaya-san? —Chikako sin embargo volteó hacia el Juez, y con elegancia, consultó, ofreciendo un gesto elegante; cuando se le dio el consentimiento, volteó hacia Lilia, y le habló, empleando un ritmo pausado—. Baranovskaya-san…
— Puede llamarme Lilia si le es más sencillo —Chikako se estremeció ante la presencia de aquella mujer, pero logró sobreponerse.
— Le agradezco mucho. Lilia-sama, ¿recuerda usted si Mykolaiv-san o Búbka-san estuvieron presentes durante el juicio moral por el que pasaron mis defendidos antes de la presentación del caso en la Sede de Moscú? —la tensión se pudo notar en el hombre petulante.
— Mykolaiv estuvo. Lo sé, tanto porque lo recuerdo perfectamente como uno de los hombres que se burló de la broma sexual de Vorobiov contra Yuri y de la manera en que ese sujeto me quebró la muñeca, como porque fue presentado como superior de Vorobiov en la KGB, por ende, se le tenía que respetar ya que estaban investigando unos temas fiscales de la federación. Jamás se nos dijo que estaban metiendo las narices en la vida personal de nuestros patinadores.
Incluso el Juez tuvo que reconocer que aquella mujer rusa tenía agallas, porque no se le había movido un solo cabello mientras hablaba y era fulminada por la mirada del sujeto.
— ¿También recuerda a Mykolaiv-san, Viktor? —Chikako sabía muy bien que no podía delatar aun a Yuuri y Beka como testigos mudos de lo que había acontecido en aquella ocasión. Y tampoco podía consultarle a los otros dos, quienes lucían a punto de vomitar.
— Sí. Lo vi relamerse del gusto ante las fotografías supuestamente originales que mostraron ante todos, violando ellos sí la integridad de Yuri, quien en ese momento era menor de edad.
No podían negarlo. Salvar a Otabek iba a ser muy difícil, pero esperaban apelar al sentido común en medio de un tema legal tan delicado.
— Ojalá que lo mismo hubiese pensado este violador. Como defensores de los patinadores rusos, nosotros pedi…
— ¿Mis defensores? —el temperamento de Yurio salió a flote al escuchar a ese tipejo hablar de aquella manera sobre Otabek—. Tengo dos personas intachables como defensores, no cer…
— Yurio… —Yuuri intentó calmarlo.
— ¿Intachables? Una abogada especialista en divorcios, divorciada y que prácticamente no se hizo cargo de su único hijo y que encima lo tuvo fuera del matrimonio. Y un escritor de porno gay, que aun no sale del clóset, muy intachables, ¿cierto? ¿O vas a negar que sabes eso sobre ellos, Vorobiov, por eso estás tan tranquilo?
Mykolaiv logró con sus palabras tensar a Chikako y a Akihiko, pero se mantuvieron físicamente imperturbables. Ciertamente, los rusos habían manejado muy bien sus cartas al enviar a un ex agente absolutamente bien capacitado para averiguarlo todo sobre ellos.
Sin embargo, Vorobiov mantuvo su mirada fija en su compatriota y ex Jefe, y tras lanzar un suspiro, habló, denotando aburrimiento.
— Lo sé, ¿y eso qué, Mykolaiv? Las únicas personas decentes rusas sentadas en esta sala son los señores entrenadores, el abogado y los patinadores. ¿Tienes cara de mencionar algo contra estos profesionales? Deberías recordar que como ex líder agente KGB tienes más sangre en las manos que yo, te viste obligado a abusar de mil maneras no solo de jovencitas sino también de muchachos dentro del mismo cuerpo de inteligencia, y encima, debes tener más de veinte hijos regados por Rusia y toda Asia. ¿Ellos dejan de ser intachables por todo eso que dices? Creo que deberías recordar que Usami-san fue el abogado defensor de aquella vez, y tu reacción fueron unas soberanas erecciones al recordar sus escritos. Sobre Takano-san, ya quisieras ser su hijo para comprender cuánto ha mejorado su relación con él en los últimos meses. Así que, con el perdón de las damas aquí presentes y de las personas que en verdad merecen el título de intachables, deja de joder esta reunión con tus cojudeces.
Incluso Lilia tuvo que reprimir una sonrisa burlona al ver cómo acababan de callar a Mykolaiv. Obviamente se la mantendría jurada a Oda, pero… Era bueno que él estuviese dejando en claro que estaban en igualdad de condiciones.
— Si no hay algo más por acotar —el Juez tomó la palabra—, agradeceré que expongan los hechos.
Yuuri fue el encargado de relatar todo lo acontecido, con el apoyo de Viktor como la otra parte involucrada en el desastre que significó el Juicio en Moscú. Contaron las cosas casi con las mismas palabras que habían empleado para poner al tanto a Kirishima y las demás personas que los estaban ayudando, y empleando el tono ensayado con Daiki y Haruto. Lágrimas se hicieron presentes en Mila y Yuri, y la indignación se mostró en los puños de un Otabek frustrado que sentía que aunque muy probablemente podrían volver a tener la opción de patinar, era más que seguro que él no se salvaría de aquella grave acusación.
Los representantes de la Federación Japonesa intervinieron en muchas ocasiones, cuestionando el motivo por el cual nunca habían sido informados de aquel atropello, y casi desearon poder retroceder en el tiempo para revertir el daño a su máxima estrella y sus amigos, aunque reconocieron que, en efecto, podrían haber existido implicaciones políticas a otro nivel de defensa. Yuuri se preguntó qué tanto de verdad podían estar exponiendo, toda vez que Viktor, Mila y Yurio habían dado con ellos en un tiempo más corto de lo esperado, estando en Rusia, y las autoridades ni siquiera lo habían reportado como desaparecido oficialmente. La política sí que estaba presente en todos los niveles, y era claro que esa situación no había sido la excepción.
Los rusos no abrieron la boca para nada, esperando paciente y cínicamente, en el caso de Mykolaiv, a que Oda hablara. Y cuando le tocó hablar, lo hizo, con la intención de mantener su voluntad de ser absolutamente sincero.
— Confirmo que todo lo expresado por Katsuki y Nikiforov es cierto. Sin embargo, hay cosas que quiero aclarar, y tengo entendido que ya fueron presentadas ante usted como pruebas de mi defensa —el Juez asintió—. Fui contratado por un fin, y en el camino, se me solicitó investigar a los patinadores aquí presentes. No había límites a los cuales atender, así que, hice mi trabajo tal y como me lo pidieron. Mi primer paso, fue acercarme a Mila Babicheva —la joven se tensó, y miró de reojo a Haruka, quien mantenía su mirada fija en Oda—. Ciertamente interpretó mis avances como los de un posible interesado en pasar un momento de intimidad con ella, pero fui ganándome su confianza hasta el punto de que… —Oda bajó la mirada y tras pasar saliva, buscó la mirada de Mila y continuó—, el interés inicial sobrepasó cualquier obligación profesional. No tengo excusa alguna para lo que ocurrió, porque ella era aun menor de edad y…
— ¡Eso no es cierto! —Mila se puso de pie, sorprendiendo a todos, incluido Oda. Estaba sonrojada, pero eso no impidió que hablara con voz alta y estable—. Eres un hijo de puta violador sin corazón, pero yo no era menor de edad. Bueno, acababa de cumplir la mayoría cuando ocurrió…
— Babicheva, en verdad… —Oda cerró los ojos mostrando una ligera exasperación, pero respiró profundo y miró al Juez—. Tengo el doble de culpa, porque aunque no haya sabido que era mayor de edad, igual ocurrió.
— Hijo de tu… —Mila apretó los puños, pero Yurio la sentó de golpe, jalándola hacia abajo.
— Me habían pagado por buscar pruebas contra los patinadores, y a eso me debía enfocar, aunque empezara a tener otros sentimientos por Babicheva. Aquella vez, fue muy sencillo hacerme con su celular mientras ella se aseaba. Ni siquiera usé ese equipo para subir las fotografías… Solo empleé un par de códigos simples para verificar las contraseñas de Nikiforov y Katsuki, y copiarlas a mi celular. Lo demás, lo hice en casa, mientras planeaba mi siguiente movimiento con ella…
Mila estaba tan enojada y frustrada, que apretaba los puños y temblaba con fuerza. Pero se relajó de golpe al sentir un apretón suave en su pierna. Haruka le sonreía con calma, sin mostrar signo alguno de molestia, y en ese momento recordó que quien tenía más motivos actuales y reales para estar enojada, era justamente ella, la actual pareja de Oda.
— Entiendo, que las fotografías fueron tomadas por paparazzi contratados por la Federación Rusa.
— Así es, Señoría. Las pruebas las tiene usted en la carpeta que mis abogados presentaron.
— Su Señoría, solicitamos poder tener acceso a la citada documentación, para verificar su autenticidad — Búbka se expresó con corrección.
— Luego de esta sesión podemos apartar un par de horas para que todas las defensas puedan acceder a ello. Vorobiov-san, continúe.
— Quisiera aclarar el tema de las fotografías. Le he entregado a mis abogados los negativos, que por cuestiones de defensa personal, jamás llegué a desechar y lo podrán comprobar al obtener copias de ambas. La fotografía que fue señalada como una ofensa a Rusia, y pido perdón a Nikiforov y Katsuki por mencionarlo de una manera tan explícita, fue tomada mientras a ambos mantenían relaciones en su habitación. Como podrán ver —Mykolaiv apartó la mirada en cuanto vio a Chikako mostrar la mencionada fotografía en colores originales, y la tratada digitalmente, mientras Oda hablaba—, Katsuki reposaba sobre sus sábanas, y no sobre la bandera rusa, como hicimos creer a los medios. Para la Federación, una acusación simple de homosexualidad no iba a traerse abajo a Nikiforov, y Japón, siendo tolerante en este sentido, no iba a tomar medidas contra su patinador más destacado. Así que se ideó esto para desprestigiarlos a ambos al punto de no retorno.
Yuuri se sintió muy incómodo cuando su fotografía pasó por las manos del Juez y el Fiscal, pero ambos fueron sumamente respetuosos y no emitieron comentario alguno sobre las circunstancias retratadas. Entonces, una vez ambos hubieron colocado las fotografías en la mesa, lo invitaron a continuar.
— Siento que es mi deber develar algunas cosas que no se supieron en su momento, y quiero aclarar que tengo tanta culpa por callar, como la Federación por haberlo hecho de esta manera: Nikolai Plisetsky estaba enterado de la relación entre Otabek Altin y su nieto. Por ello, un mes antes de que se tomara esa fotografía, se acercó a la oficina que Mykolaiv y yo compartíamos…
— ¡Mientes! —el aludido se puso de pie, furioso, y lo señaló con el dedo.
— Supongo que había consultado quiénes se encargaban de los asuntos privados de los patinadores, o algo parecido, y como se nos solía vender como los encargados del apoyo moral y psicológico a los patinadores, ante sus familias, nos vino a buscar. Pero solo me encontró a mí. Debo confesar que hice lo imposible porque recapacitara, aunque no lo crean, para resguardar a ambos muchachos, pero él fue muy insistente en entregarme una carta de puño y letra, en la que como apoderado legal de su nieto, daba su consentimiento porque llevase su vida amorosa y sexual de la manera que mejor lo deseara, siempre y cuando su integridad física y emocional no se vieran afectadas —Yuri estaba en shock, y Otabek se había quedado en blanco—. Entenderán que esa prueba era un arma de doble filo y se me obligó a destruirla. Sin embargo…
— Nikolai había generado una copia de esa carta. Y me la dio a mí —Yakov habló, con voz entrecortada—. Pero este sujeto me hizo ver justamente lo peligroso de ponerla a la luz pública, así que decidí mantenerla oculta hasta que fuese inevitable usarla… Tu abuelo me insistió hasta el final que la sacase a la luz. Pero la partida de Otabek complicó las cosas, y hasta cierto punto, fue la mejor jugada por parte de este sujeto…
Chikako y Akihiko fruncieron el ceño. Aquellas palabras habían incomodado a Oda, e incluso sus abogados parecían estar confundidos.
— ¿A qué se refiere con ello, Yakov-san? —el Juez mostró su mismo interés.
— No me corresponde a mí decirlo —Yakov se cruzó de brazos y su mirada fría fulminó la de Oda, quien bajó la mirada. Todos esperaron que él hablase, pero parecía poco dispuesto a decir la más mínima palabra. Sin embargo, luego de lo que parecieron dos minutos enteros que estiraron al máximo la paciencia del Juez, por fin abrió la boca.
— No soy una mente maestra y mucho menos un vidente. No articulé un plan premeditado ni mucho menos invertí tiempo y dinero en lograr lo que ocurrió. Sin embargo, tengo que reconocer que pocas veces, en ese entonces, sentí compasión por alguien. Y esa persona que la generó, fue Nikolai Plisetsky —Yurio sintió que tomaban su estómago y se lo retorcían, pero se sintió incapaz de reaccionar—. No volvimos hablar, y mucho menos moví un solo dedo por encontrarlo. Pero el señor Feltsman fue bastante insistente indirectamente, en esas reuniones previas a la reunión de Moscú, sobre lo mucho que necesitaba dar solución al desastre mediático que las fotografías habían generado, porque estaba costándole mantener al margen de todo a aquel anciano. He tenido también dieciséis años, maldita sea —su mirada fue dirigida al joven y a Mila, quienes parecían haberse congelado—. ¿Cometí idioteces a esa edad? Muchas, aunque tristemente no las típicas que quizá un niño de esa edad puede permitirse en un país libre de restricciones como Japón u otra nación de América. Pero mis cojudeces habían herido muchas veces a mi familia, y este mocoso me recordaba mucho a mí… Así que sabía muy bien que ese anciano solo estaría tranquilo los últimos años de su vida si su nieto era libre, para estar con aquella persona que lo había motivado a enfrentarse a dos hombres de casi dos metros de altura, pidiendo tolerancia y comprensión…
— ¿Entonces usted organizó las visitas clandestinas de Yuuri y Otabek-san, con la finalidad de que el remordimiento los llevara a tomar una decisión extrema? —Chikako tenía el ceño fruncido, porque aquella declaración podía poner a Oda en una situación comprometedora, o librarlo de mucha culpa.
— Así es. ¿Cómo podía hacer que su nieto se largara de Rusia a cumplir sus sueños? —Oda se permitió soltó una risa burlona, pese a que su mirada se mantuvo fría—. Simple: Tenía que mandar al diablo a su noviecito, de la peor manera, valiéndome de aquellos sentimientos que a esa edad, sabía muy bien, eran extremadamente fuertes. Que el japonés que había pervertido a nuestra Leyenda decidiera irse con él salió de mis planes, como hacía rato había salido de ellos mis sentimientos por Mila.
Viktor se mareó, y tuvo que sostenerse de su asiento. Aquello sonaba a que Oda los había intentado alejar de cualquier problema mayor, pero, ¿a qué maldito e insano precio?
— Tú… Tú enviaste una carta, casi con amenazas de otra índole… ¡Me mostraste a Otabek y Yuuri…! —no pudo callar, y su voz, al emitirse elevada, asustó incluso a los rusos.
— Siempre me gustó el deporte que practicabas, y aunque no tenía ni tengo algo en contra de los homosexuales, me daba asco imaginar que salías a competir luego de haberte tirado a este chico… Pero creo que sería bueno que analices, que analicen las cosas —por un momento los ojos del ruso parecieron llenarse de una extraña emoción—. Voy a pagar por todo lo que hice, y ya he entregado todas las pruebas que tengo en mi poder. En aquella época, solo habría salvado del desastre a Mila y Plisetsky, por mis sentimientos y por el anciano —Yuri o pudo soportarlo más y salió corriendo de la sala, siendo seguido de inmediato por Lilia y Yakov, a quienes poco les importaba lo que aquel delincuente pudiese decir—. Pero estaba haciendo mi trabajo, Nikiforov, un trabajo por el que me estaban pagando, era el sirviente de una cabeza mayor.
— ¡Siempre se puede intentar ser decente! —Yuuri elevó la voz, perdiendo por completo la compostura—. Todo… todo lo que vivimos… Todo lo que tuvimos que pasar… ¡Enviaste a Otabek al lugar donde podría haber muerto, y a mí me sometiste a cosas que elevaron los malditos niveles de mi ansiedad! ¡Y NI SIQUIERA PUEDO IMAGINAR LO QUE YURIO, VITYA, MILA Y MACCACHIN PASARON ANTES DE ENCONTRARNOS!
— Katsuki-san, cálmese, por favor… —el Juez comprendió que aquella bomba de tiempo que todos ellos sabían era Yuuri, estaba al fin estallando, luego de seis años de espera.
— ¡No puedo! ¡NIKOLAI SE FUE SIN SABER QUE YUURI ESTABA A SALVO! ¡NO HE VUELTO A VER A MI FAMILIA EN AÑOS! ¡¿POR QUÉ AMAR TENÍA QUE SIGNIFICAR QUE NOS PARTIESEN EN MIL PEDAZOS?!
La última pregunta golpeó de lleno en los dos representantes de Rusia que se encontraban en aquella sala, quienes por primera vez, no supieron refutar ni reaccionar.
— Porque, Corazón de Cristal, vuestra época de gloria podía morir —los ojos de Oda se fijaron en los de un Otabek que palideció en el instante—. Literalmente. Y eso, es algo que mi antiguo Jefe venía planeando desde hacía tiempo…
— ¡YURI! —Lilia le dio alcance a un paso de las escaleras que ni siquiera sabía hacia dónde lo iban a dirigir.
¿Así se sentía un ataque de pánico, así de horrible era no saber qué generaba tanta desesperación y miedo?
Lilia no había sido maternal a cada hora del día en que habían convivido, pero le constaba el cariño enorme con el que ella y Yakov habían abierto su casa para acoger a Nikolai en las ocasiones en que las prácticas le impedían regresar a casa de su abuelo. Horas compartidas, en las que Yakov y Nikolai hacían competencias por obtener el piroshki más rico o más grande, o se contaban mutuamente las anécdotas de Yuri.
¿Por qué faltaba tanto el aire? ¿Por qué no estaba su abuelo para cargarlo en brazos…?
— Mírame. Mírame, Yuri Plisetsky —Lilia lo hizo emerger desde su pecho, en donde él se había ocultado con un niño pequeño, aunque ahora era mucho más alto que ella. Limpió las lágrimas de aquel joven que ella tanto había extrañado, y dejando de lado sus propias ganas de estrujarlo y no dejarlo marchar jamás, le habló, directamente y sin tapujos—. Nikolai siempre supo que estaban juntos. Siempre. Yakov se encargó de calmar las aguas, ¿recuerdas? —el joven asintió, aun medio ahogado en su propio llanto—. Me encargué de que no supiera lo de Moscú. Me encargué de que creyera que habían decidido irse a Kazajistán, los cinco, cuando empezó a preguntar sobre Mila y los otros dos…
— Y Vorobiov se encargó de enviarle cada semana una postal, en tu nombre…
Yakov frenó las lágrimas y la sensación de ahogo de golpe con aquellas palabras. Como en medio de una neblina, Yuri volteó lentamente hacia él, y lo observó, en blanco, y bloqueado.
— Deseo de todo corazón que se pudra en la cárcel, él y el tal Mykolaiv. Pero nunca terminaré de agradecerle el que hiciera aquello… Porque aunque te convertiste en nuestra responsabilidad desde dos años después de tu partida —saber que su abuelo había sufrido su ausencia poco tiempo, brindó algo de calma al joven, pero no evitó que un llanto sereno inundase a los tres rusos—, Nikolai atesoró esas cartas como si en verdad viniesen de ti. Fue una mentira piadosa, que espero puedas perdonarme, Yurochka...
Recapitulando en su mente como un flash de segundos, Yurio recordó la ocasión en que, por la gravidez de Maccachin, Viktor había tenido que dejar solo a Yuuri, a cargo de Yakov.
Y fue, después de todos esos años, aquel, en ese pasillo de una sede legal, el momento en el que Yuri comprendió por qué Yuuri siempre buscaba ser abrazado cuando sentía que su corazón estaba a punto de romperse.
