Normalmente Emmet estaría frustrado por no haber recibido ni un solo retador en todo el trayecto, pero solo por tener un momento a solas con Ingo de esta manera podría dejar las quejas para después.
En el último vagón del metro, destinado únicamente a aquellos que lograrán juntar una excepcional racha de victorias, ellos compartían un momento de pasión y afecto en los asientos del vagón. Con solo el sonido del metro avanzando y sus respiraciones entrecortadas para llenar el silencio a su alrededor.
Ingo mantenía un firme agarre sobre las caderas de Emmet a la vez que Emmet mantenía sus brazos sobre sus hombros. —Alguien podría venir a retarnos en cualquier momento ¿Acaso no te preocupa que nos descubran? -alegó Emmet de forma bromista.
El agarre de su hermano se intensificó mientras mantenía su mirada en el. Su expresión seguía siendo seria, pero sus ojos nublados delataban que estaba dispuesto a correr ese riesgo al igual que el. —Tú y yo lo sabemos, si nadie ha llegado a estas alturas es porque ninguno posee los atributos necesarios para enfrentarse a nosotros, nadie podrá interrumpirnos. -con eso Ingo volvió a unir sus labios sin darle oportunidad a responder.
No es como si a Emmet le desagradara.
En público tenían que mantener sus sentimientos ocultos de los demás, si se corriera la voz de que ellos, siendo gemelos, mantenían una relación que iba más haya de lo fraternal todo estaría perdido. Pero estando aquí, por debajo de la siempre ruidosa Ciudad Nimbasa podían dar rienda suelta a sus sentimientos. Podían entrelazar sus manos, besarse en los labios, compartir palabras de amor el uno al otro y llevar sus manos por debajo de su ropa.
Por momento íntimos como esos es que valía la pena contenerse durante todo el día, eso hacía que los labios de Ingo fueran aun más dulces e imposibles de rechazar. No le importaba lo inmoral que fueran sus sentimientos por su hermano mayor, mientras Ingo también le correspondiera y siguieran uno al lado del otro todo estaría bien, porque juntos eran la combinación perfecta.
Sus movimientos en combate estaban perfectamente sincronizados, sus pensamientos iban por la misma vía y sus corazones latían al unísono. Ingo era la otra mitad de Emmet así como Emmet era la otra mitad de Ingo, ellos se complementaban, se necesitaban y se amaban más que a nadie en el mundo.
El lo amaba, Emmet estaba enamorado de Ingo más de lo que su corazón podía soportar sin desbordarse por su afecto y deseo por el. Era demasiado como para esconderlo y no gritar lo mucho que lo quería. Sus ojos se abrieron con una chispa traviesa en ellos. Tenía una idea para fastidiar un poco a su hermano.
Para sorpresa de Ingo, Emmet abruptamente se separó de el terminando así su beso y mantuvo con la mirada fija en el. —Quiero oirlo.
—¿De qué estas hablando? -preguntó Ingo no menos que confundido.- ¿Oír qué?
La sonrisa traviesa de Emmet se amplió más al ver el rostro de confusión de Ingo. —Te amo demasiado Ingo y quiero oírte decir que me amas también.
Su hermano lo seguía mirando con confusión, como si su petición estuviera fuera de lugar. —Emmet, literalmente te he estado demostrando mi afecto por tí durante todo el viaje.
—Si, lo hiciste, pero todavía quiero oír que lo digas. -Emmet envolvió sus brazos alrededor del cuello de Ingo mientras lo miraba con ojos suplicantes.- Hemos tenido que mantenernos discretos todo el día, aun cuando lo único que quiero es saltar a tus brazos y besarte. Me parece justo querer escucharte decir que me amas tu también.
En realidad todo esto no era más que una pequeña actuación para molestar a Ingo al detener su sesión de besos, pero la idea de oir a su gemelo decirle verbalmente que lo quería también era muy atractiva.
Aunque Ingo se veía algo exasperado por el comportamiento de Emmet aún así pareció estar dispuesto a cumplir su capricho, cerrando los ojos y meditando lo que diría a continuación.
Emmet lo observó detenidamente, ansioso por oir su respuesta. —Emmet, te amo como mi pareja, así como siempre te he querido como mi hermano, tal vez sea egoísta de mi parte querer tenerte de todas las formas para mí, pero no puedo decir que me arrepienta, jamás podría arrepentirme de dedicarte todos los años de mi vida.
Definitivamente Emmet esperaba cualquier cosa menos eso. Su rostro estaba rojo como un Darmanitan y su sonrisa ahora titubeaba mientras intentaba responder a tal confesión.
Pero Ingo, no satisfecho con el efecto que tuvo sobre el, decidió poner el último clavo en su ataúd. Con sus manos sujetando a su hermano menor por la cintura, Ingo se acercó a su oído y en voz baja susurro.- Yo te amo, Emmet.
Y eso fue todo. Cualquier rastro de la picardía anterior de Emmet se esfumó en un momento y fue cambiada por la suavidad y calidez que las amorosas palabras de Ingo le brindaban. Emmet se aferró a Ingo como si fuera lo único que lo conectara a la tierra. El quería decir tantas cosas en respuesta, que el también quería darle toda su vida solo a el, que egoístamente también quería tenerlo siempre a su lado, que lo deseaba más que a nadie en el mundo. Tantas cosas que decir pero su mente no podía formular las palabras correctas.
Pero aún podía usar las palabras que más necesitaba ahora. —Yo también te amo...
El metro seguía avanzando por los oscuros túneles y a su ritmo pronto llegaría a la última estación, pero el tiempo sería mas que suficiente para los hermanos que disfrutarían cada segundo de lo que quedaba de viaje.
