Era de noche, no una buena noche, tampoco una mala. Esas cosas no existen, simplemente es relativo. No hacía demasiado frío, al fin y al cabo era el principio del abril y la brisa que recorrían las calles de Cádiz. Las callejuelas estaban animadas, no es que fueran unas fiestas en concreto, pero todos los fines de semana las calles estaban abarrotadas por la multitud, la música y como no por el alcohol. Antonio no estaba seguro de que si había sido buena idea pasar por esa zona para volver a casa. Si lo pensaba con retrospectiva, intentar ocultar que estaba llorando en un ambiente donde todos estaban bebiendo. Sentía como la multitud le arrastraba al ambiente, se estaba agobiando incluso más. Ojalá no haber tenido que salir de casa, de esta manera aún estaría sin saber que su novio le engañaba o que las subvenciones para su investigación eran cada vez más bajas. Pero claro en algún momento tenía que afrontar la realidad, así que al entrar en casa de su novio Sergio y ver que se estaba tirando a su compañero de trabajo simplemente le dio un tortazo y se fue.
Antonio estaba hiperventilando, nunca le habían gustados esos ambientes. De repente sintió un ligero golpe. Se había chocado con alguien, al abrir los ojos vio a un chico joven, vestido como un punk, rubio y con la piel más blanca que había visto. Le había tirado la bebida y ahora su camisa de los sex pistols estaba mojada de lo que quisiera que estuviese bebiendo.
-¿Qué cojones te pasa?
Sin duda no era español, no reconocía el acento pero no era de aquí. Sus ojos eran verdes, y estaba molesto. Claramente estaba enfadado y no le apetecía estar metido en pleitos, aunque quería disculparse su voz simplemente no salía. Las lágrimas que ya de por si estaban brotando fueron más fuertes.
-L-Lo sie-ento y-yo…
Y volvió a llorar descontroladamente como si hubiese cometido un asesinato y estuviera ante el juez. El rubio puso una cara extrañada, y de un momento empezó a ver el atractivo al moreno. No es como si estuviese a dos velas, pero era un chico muy guapo. Moreno, con ojos claros y con una cascada de rizos castaños chocolate. Sus labios era rosados y su cuerpo era esbelto y musculado sin ser exagerado. Además su voz era muy bonita, se preguntaba si lloraría del placer…puede que simplemente le pusiera cachondo el alcohol, pero es una duda que tampoco quería resolver. La sonrisa creció exponencialmente en su rostro mientras veía como el español no paraba de llorar.
-Bueno tranquilízate, ¿quieres? Tomemos una copa.
-No…quiero molestar y no bebo mucho y…
-Anda, házmelo como favor.
-Bueno, pero solo una.
Antonio había acabado bebiendo más de la cuenta, al mismo tiempo Arthur le estaba llevando directamente a su casa en segunda línea de playa. Bueno, no era su casa era la de sus padres cuando se iban de vacaciones todos los veranos y para otros puentes. Como se había ido a hacer el Erasmus y justo había coincidido, pues se quedo el piso para él.
Estaban besándose desenfrenadamente, Antonio jadeaba y sonreía con voracidad al ser tocado por las suaves manos del rubio. Abrieron la puerta y fueron corriendo al dormitorio.
-Voy a buscar una cosa en el baño, ahora vuelvo.
Antonio beso los labios del rubio para despedirse y esperar el momento justo. Por desgracia los ojos del moreno empezaron a cerrarse, quería mantenerse despierto pero la cama se le empezó a antojar en excesivo cómoda. Se recordó así mismo de que le estaban esperando, pero al mismo tiempo pensó que por cerrar los ojos no iba a pasar nada. La cálida almohada le atrajo hasta el punto de abrazarla y quedarse dormido de inmediato. Cuando Arthur vio el resultado de la espera. Suspiró y se quito el resto de la ropa menos los calzoncillos y se tapo con las sábanas. Antes de nada decidió ver bajo sus pantalones si estaba bien dotado, y por desgracia sí que lo estaba y no lo había podido saborear. De un momento a otro el español abrazó el pecho de su compañero y el rubio algo resentido pero con algo de ironía rodeó sus hombros en un cálido abrazo.
A la mañana siguiente el español se despertó boca abajo y sin su compañero de cama. Estaba vestido con la ropa del día anterior, no había visto nada y sinceramente no quería encontrarse con el rubio. Al no verlo en la cama y siendo que la luz del baño estaba encendida, vio su oportunidad para salir de hurtadillas. Cogió los zapatos y empezó a andar lentamente, su travesía iba viento en popa hasta que una voz le hizo parar.
-Vaya con lo receptivo que estabas anoche.
-Buenos días…oye perdón por lo de anoche.
-Ya, si me debes un polvo.
El español se había quedado sin palabras, en el bar donde habían estado le había dicho que era estudiante de ingeniería y que tenía veintiún años. Se estaba dando cuenta de que se había enrollado con un niñato prepotente. Por lo menos no habían llegado a más.
-Bueno difícil va a ser sino tienes mi teléfono, y no creas que te lo voy a dar.
Si decir nada más, se fue dando un portazo. Sin duda su día con este encuentro había hecho que se cabrease, por lo menos no estaba llorando. Luego al darse cuenta de ese detalle enrojeció de vergüenza, le habían visto llorar. Desde que era pequeño odiaba que le viesen llorar.
Arthur estaba con unos amigos de clase, muchos de ellos eran del Erasmus. En cualquiera de los casos le habían convencido para ir a una visita guiada por la ciudad y no sé que de su historia. Sinceramente, ya conocía perfectamente los bares del casco antiguo y era el único conocimiento que necesitaba. Además tenía que estar alejado de los españoles por una temporada. Ese maldito hombre… ¿cómo se llamaba? Ni lo sabía pero nadie le dejaba a dos velas. ¿Qué se creía? ¿Qué le había invitado a copas por caridad? Si, sin duda tenía marcado al noventa por ciento de esa población. Estaban esperando al guía turístico que por suerte les haría la visita en inglés, así al menos no tendría que estar escuchando ese odioso idioma.
-Hi, I am Antonio and i am your tour guide.
Las miradas verdes de ambos se encontraron inmediatamente. De repente Arthur vio el sonrojo de Antonio y no pudo evitar sentirse poderoso al ver el poder que ejercía. Esto iba a ser interesante. Durante todo el trayecto había hecho preguntas con un doble sentido que el castaño con una sonrisa tuvo que responder. Esto era magistral, no tenía otras palabras. Cuando terminaron la visita Antonio se sintió aliviado por finalmente despedirse. Antes de que pudiese huir Arthur le detuvo con una sonrisa socarrona. Seguía vistiendo esa maldita ropa de punketa que quería un cambio en la sociedad.
-Me estaba preguntando señor guía turístico si podría darme una visita más exhaustiva.
-Ni siquiera tendrías que estar aquí.
-Solo estoy viendo las maravillas que aguardan esta ciudad.
-Pues hazlo solo, además ni siquiera es que sea guía turístico.
-Oye, puedo fingir que me importa. Pero tendrás que estar colaborativo.
Dijo eso último mientras se acercaba hasta acorralarlo en la pared de uno de los edificios. Antonio estaba tentado a darle una buena ostia, pero no, debía ser responsable de sus actos.
No hizo nada, le dejo ahí como un bobo mientras observaba como se largaba.
Las semanas siguientes fueron un completo caos. Antonio daba un total de nueve visitas guiadas al día. Y sin excepción a la visita de las siente siempre venía Arthur. Ese maldito niñato que cada día se las ingeniaba para dejarle mal con las demás personas de la multitud. Ni siquiera con las visitas escolares lo pasaba tan mal, a los niños simplemente les daba caramelos para que estuvieran atentos y ganar el "gran concurso". ¿A este qué le daba? Porque sexo no era una opción. A las dos semanas exactas se hartó y decidió plantarle cara.
-Mira, no sé lo que quieres pero estoy trabajando. Sé que puede ser muy divertido pero los mayores nos estamos ganando un sueldo.
-Bueno te dije que me debías un polvo. Además este trabajo te pega, ya sabes del sector servicios. Es divertido verlo.
-Una cena-sentencio el moreno.
La expresión interrogativa del rubio dio lugar a una explicación más exhaustiva. Al parecer, Antonio podía llegar a admitir parte de la culpa ya que se dejo llevar por la situación y que no había sido educado de su parte aquello de intentar irse sin ser visto. A pesar de ello, la arrogancia del rubio no le pasaba desapercibida cosa que era por el propio orgullo del inglés. Ante sus declaraciones Arthur se sonrojo, había sido demasiado vergonzoso que alguien tuviera que mencionar su orgullo como algún mecanismo de defensa. A pesar de ello, aceptó el trato prometiendo que si no salía bien dejaría de insistir en verle en las visitas. También habían acordado que no tendrían sexo esa noche, pero a cambio sí le parecía satisfactoria la noche le daría su teléfono.
Acordaron verse a las diez en ese mismo lugar, ya que a esa hora se terminaban las visitas guiadas y podía ser libre para cenar con quien quisiese. A Antonio no le preocupaba la ropa, al fin y al cabo había traído ropa de muda causa de los calurosos días que se estaban viviendo en la península. Pero le había dicho a Arthur que se cambiase porque por la noche haría más frío y no podía estar vestido únicamente con una camiseta de tirantes de Eskorbuto. Arthur había fruncido el ceño pensando en el comportamiento de hermano mayor del moreno, le resultaba irritante. Aunque no por un mal factor en retrospectiva, simplemente a Arthur le abrumaba pensar que se preocupaba con él. Más sabiendo que el único objetivo de Arthur era saciar y apagar su herido orgullo al ser "rechazado".
En cualquiera de los casos, se despidió con un gesto indiferente y justo cuando se giro, empezó a manifestar aquella famosa sensación en la que tus mejillas se colorean profundamente.
Terminado el turno de Antonio, el rubio estaba esperándole sentado en una de las grades fuentes de la plaza donde finalizaban siempre sus visitas. El moreno llegaba tarde, exactamente unos veinte minutos. Arthur estaba suspirando, no veía capaz al español para jugarle ese tipo de pasadas, pero por otra parte había intentado largarse la noche que se conocieron.
Pero por fin lo vio. Estaba corriendo hacia él con una pequeña mochila negra, unos pantalones vaqueros rotos y una camisa suelta de rayas rojas y fondo beige.
-Perdón por llegar tarde, tenía que fichar.
La disculpa de Antonio parecía creíble, al fin y al cabo había tenido que ir corriendo y salía del edificio donde se organizaban las visitas guiadas. Arthur suspiró y se levantó cogiéndole la mano a Antonio. El moreno sonrió con algo de ternura al ver las cejas fruncidas del rubio. En general, Antonio era malo para leer a la gente, pero sabía que cuando fruncía las cejas era porque había algo que se le había escapado de sus previsiones.
Arthur había reservado en un pequeño restaurante de tradición mediterránea. Los dueños conocían a Arthur desde pequeño y siempre le regalaban alguna que otra cosa. Al fin y al cabo, desde que era pequeño iban todos los veranos.
-Wow… Has elegido un restaurante bonito. Para ser honestos no me lo esperaba.
-¿Creías que te llevaría a algún sitio indecoroso?
-Bueno…
Fueron interrumpidos por el camarero quien saludo de una manera familiar al rubio y finalmente les dieron la carta. Antonio pidió una ensalada, más que nada porque no solía cenar demasiado, pero tampoco quería quedar mal delante del rubio. Por el contrario Arthur pidió carne, contrastando con el español. Al ver la elección de Antonio no pudo evitar reírse, Antonio replicó durante un buen rato hasta que finalmente el rubio se calló. Tenían que elegir el vino, y aunque Arthur no era experto en ello, quiso elegirlo.
-No iras a pedir un blanco con carne, ¿Verdad?
-Y eso qué.
-Pues que pilles cualquier tinto, pero que el blanco es para pescado.
Arthur rodó los ojos, se estaba tomando demasiadas molestias solo por querer llevarse a la cama a aquel hombre. Con alcohol le parecía encantador, guapo, divertido, con un toque tímido que luego resultaba adorable…
-Te haré caso por esta vez.
-Lo dices como si fuera a haber una próxima.
-Créeme, la habrá.
La risa del castaño resonó en sus oídos de una manera embriagadora, casi como si no se fuese a acabar nunca. Por un momento sintió que no tenía el juego bajo control, a pesar de haber sido él quien le había estado atormentando los últimos días. Aunque tampoco quería que parase, es decir, fue una casualidad habérselo encontrado llorando…tal vez su risa era una señal. O tal vez, debería dejar de pensar en un lugar como España. Muchos de los actos de la gente no tenían sentido, y menos los de este hombre. Al haber oído que habría una segunda vez, tendría que haber sido diferente. Un sonrojo o una risa nerviosa, no aquella llena de entusiasmo.
-Eres muy crio, ¿Lo sabías?
Y ahora encima le venía con esas. No le gustaba que le dijesen que era un crio o un niñato, o cualquiera de esos adjetivos. Le dejaban desprotegido.
-No nos llevamos tanto.
-No me refería a la edad, parece que te han dado todo lo que quieres.
Esta vez fue el turno de reírse de Arthur, no una risa como la de Antonio. Una más mordaz y calculadora. Hasta sus risas eran diferentes.
-Te precipitas en tus deducciones, demasiado.
-Bueno, yo lo que veo es que soy un simple juego.
-Sí, sin duda eres un reto…pero a pesar de ello, te precipitas.
Antonio se quedó pensativo y empezó a fruncir el ceño de una manera divertida para su acompañante, sin duda tenía curiosidad. A su vez, Arthur pensó en lo fácil que sería ganar a este hombre a cualquier juego de cartas.
-Te veo curioso.
-Por algo estudie lo que estudie.
-Historia-contestó Arthur instantáneamente.
-Historia del arte y conservación de bienes culturales-respondió Antonio con la misión de especificar-Mi propósito era restaurar obras de arte, que también lo hago, pero digamos que me he desviado un poco en el camino y que a su vez doy visitas guiadas.
Arthur se quedó bastante interesado en la carrera. No veía a Antonio como alguien delicado en los que haceres. Más bien como alguien tosco que memorizaba de pe a pa su discurso día tras día. Aún así decidió preguntarle más sobre eso, cosa que no solía hacer ya que cada vez que tenía una cita hablaba de manera más…sugerente. Al parecer su etapa favorita era la romana, se encontraban muchos yacimientos por esta zona por lo que decidió trasladarse de La Rioja a Andalucía. Su primer año había estado compartiendo piso con un hombre francés que se había transformado en su mejor amigo. Antonio sabía hablar cuatro idiomas: español, francés, inglés y portugués. Había intentado aprender alemán pero se había rendido demasiado pronto, su comida favorita eran los tomates y le encantaban las tortugas y cualquier tipo de animales. Toda esta información estaba siendo almacenada por Arthur que no podía parar de escuchar la verborrea de Antonio. Era hipnótico, no cabía duda de que ese hombre le había hipnotizado hasta lo más profundo de su ser.
Finalmente, llegaron a los postres y Antonio se había puesto cómodo y había adquirido la suficiente confianza como para preguntarle sobre él.
-Aclárame porque es una falacia eso de que lo has tenido fácil en la vida.
Arthur miró a otro lado y luego encogió los hombros.
-Tampoco la he tenido dura.
-Oye, que te he contado casi toda mi vida.
-¿Tienes hermanos?
-Sí, uno…
-Algo que no me habías contado.
Arthur sonrió triunfal viendo como la mirada de Antonio se transformaba en una con un toque de muchos sentimientos. Ahora sí que sentía que tenía la situación algo más controlada, podía decir que era un 50-50.
-Deja de hacerte el misterioso-dijo Antonio.
El rubio simplemente sonrió aun más y se acomodo en la silla mientras que en sus ojos aparecía un brillo de felicidad. Le gustaba que la gente suplicase, en cualquiera de los ámbitos. Seguramente esta tendencia que los psicólogos podrían definir como sádica, era debido a algún factor familiar de supervivencia. Como tampoco era psicólogo, no creía que tuviese que catalogarse como nada.
-Bueno, nunca conocí a mi padre y mi madre se caso con otro hombre que tenía tres hijos más. Digamos que no fui muy bienvenido y de alguna forma tuve que buscarme mi lugar. Aunque claro, no es que sea para tanto, si te quisiese llevar a la cama a la primera te contaría que Scott me encerraba en el armario o que Cian se metía con mis cejas…pero yo que sé, lo veo muy lejano. No siento pena por mí.
Antonio se quedó muy callado, casi como si esperase las siguientes palabras del británico. Nunca aparecieron y de inmediato Arthur pidió la cuenta al sentirse demasiado analizado. Pagaron a medias y antes de levantare de la mesa Antonio le dijo que quería dar un paseo en la playa con él.
Así lo hicieron y Arthur le compró un helado, aunque Antonio decía que no necesitaba que le comprase nada, que él podía pagar por él mismo. Arthur disfrutaba cuando le llevaba la contraria, y se sintió vivo cuando el olor del mar inundo sus fosas nasales. Ahora en la noche, junto con la oscuridad se sentía valiente. Rodeó los brazos de Antonio, notó como se estremecía por el toque y suspiro de éxtasis al conseguir su objetivo.
Al finalizar la noche, antes de que llegasen al portal de la casa de Antonio, Arthur le preguntó por qué esa noche estaba llorando.
-Un mal día-contestó escueto.
-Venga, no creo que seas de los que lloran por que sí.
Antonio se mordió el labio con indecisión y acabó rendido ante la petición de Arthur.
-Tenía un novio…fui a su casa y…le pillé follándose a otro.
El rubio se quedo de piedra sin saber si quiera que contestar. Antes de que pudiese replicarle algo, decir alguno de esos tópicos de: ese hombre no te merecía, es un cerdo, Antonio le interrumpió.
-No digas nada, solo gracias.
-¿Por qué tendrías que darme las gracias?
-Porque me has distraído.
A continuación le dio un beso en la mejilla, le dio un papel con su número de teléfono. Antonio se marcho con una sonrisa dulce, dejando al rubio con un sonrojo de tres pares de narices mientras contemplaba como el moreno se marchaba en la oscuridad.
A partir de aquello, se desarrollo una extraña relación en la que no eran nada pero lo eran todo. Muchas veces quedaban en cualquiera de las casas y se dedicaban a ver películas. Una vez Arthur intentó que el español se asustase con una película de terror, pero descubrió que de hecho, Antonio era fanático de este tipo de películas y que no le afectaban para nada. Por suerte con las películas románticas Antonio se le acurrucaba y se quedaba dormido. Muchas veces las ponía por esa razón, porque sinceramente no le gustaban. Pero ver a Antonio de esa manera lo valía. Por el contrario, odiaba ver filmes históricos con Antonio ya que debido a su trabajo empezaba a señalar cualquier pequeño error que saliese en la película. Habían tenido más de una pelea por esto en la que siempre acababa ganando el español.
Hoy era uno de esos días en los que Antonio trabajaba, pero no como guía sino como restaurador del museo. Aunque no dejaban entrara a nadie, Antonio dejo que Arthur viese como trabajaba en la restauración de un cuadro del S.XVII.
Cada vez que Antonio se concentraba, Arthur sonreía como un bobo pensando en lo adorable que se veía. Muchas veces había hablado de Antonio a sus amigos, pero en el momento en el que le preguntaron si había tenido sexo con él, Arthur se sintió acorralado y contestaba que sí. Arthur y Antonio no habían hecho nada más allá de un par de besos y trabajos manuales y orales.
El inglés se preguntaba cual sería la razón, así que cuando terminó de trabajar carraspeó para llamar su atención.
-¿Si?
-Antonio quería preguntarte que…por qué… no hemos tenido…ya sabes…
-¿Sexo?
Arthur suspiró, era tan bruto para algunas cosas.
-Si…es decir, no es algo que me importe demasiado. Considero que estamos bien y que te quiero y esas cosas, pero me preguntaba si es por algo.
-No sé, simplemente no lo has hecho-contestó con naturalidad.
Arthur se quedó de piedra, era demasiado natural para decir según qué cosas. Le desarmaba por completo. Viendo la confusión de Arthur decidió continuar.
-Bueno, tú eres el que decía que te debía un polvo. Además tampoco te lo voy a pedir.
Arthur guardó muy a fondo esas palabras, en su interior se había instaurado un reto, que Antonio se lo pidiese.
Los días venideros estuvieron alternando en ambas casas. Unos días dormían en la de Arthur y otros en la de Antonio. En cualquier de los casos, Arthur intentaba que su propósito se cumpliese.
Por ello era normal que se repitiese la siguiente escena:
Antonio estaba preparando la cena, y es que no dejaba que Arthur se acercase a los fogones. Pero si es cierto que la comida de Antonio recordaba a la que hacía su abuela. En aquellos días lluviosos de Londres cuando sus pies estaban mojados y se quitaba los calcetines, le gustaba tomar la sopa de su abuela. En un momento dado, el abrazo de Arthur se volvió fuerte y la risa de Antonio se escucho fresca como esas lluvias que le calaban entero.
-Arthur, te pones tan mono cuando estas así…
Los labios de Arthur se posaron en el cuello de Antonio, su toque era suave, delicado y calculador.
-Me haces cosquillas.
Las manos de Arthur fueron directas al abdomen del moreno y suavemente le desabrocho los pantalones para así poder meter las manos debajo del calzoncillo. Los suspiros del moreno no se hicieron de esperar, escapaban de sus labios y eso hacía que Arthur quisiera morderle. Los gemidos aparecieron y de repente girando su cabeza beso los labios hambrientos de Arthur. Antonio se giro completamente y finalmente empezó a frotarse con el miembro del rubio. De un momento a otro Arthur se alejó y sonrió.
-Hay una película bastante buena en la tele, iré a verla antes de que termines de hacer la comida.
Este tipo de situaciones se habían repetido durante toda la semana, y Antonio lo único que podía era balbucear como un estúpido mientras Arthur se alejaba. Es por ello que la última vez que lo hizo, Antonio se abalanzó y le volvió a besar de una manera incluso más feroz. Arthur no estaba sorprendido, sabía perfectamente que en algún momento caería en su trampa y se lo pediría.
-Arthur, has estado raro, bueno rarísimo, como una puta cabra. Dime, qué te pasa.
Arthur no se esperaba que se lo preguntase, de repente se sintió desprotegido a sus palabras. Era una cosa que le solía pasar con él, siempre le decía las cosas más extrañas.
No era capaz de decir nada, es decir, necesitaba sentirse seguro pero no podía hacerlo cuando le miraba con esos ojos.
-Yo…quería que me lo pidieses.
Antonio puso cara de póker y su risa se escucho por toda la habitación. De un momento a otro, las razones de Arthur empezaron a verse absurdas. Arthur se sonrojo hasta las orejas y lo hizo incluso más cuando Antonio se sentó en la cama y abrió las piernas. Soltó un gemido sugerente y balaceó un poco sus caderas.
-Por favor Arthur, fóllame.
Todo esto con un guiño y una sonrisa en sus ojos. Arthur respiro hondo y dejo que sus hormonas juveniles se apoderasen de su cuerpo. Tumbo enteramente a Antonio en la cama y al mismo tiempo que besaba su cuello, le quitaba la camisa. Antonio reía jovial e incluso desabrochaba los pantalones del rubio. Cuando quedaron sin ropa, Arthur que seguía con su retorcida idea vengativa, empezó a morder con algo más de fuerza sus pezones. Estos se pusieron rojos y erectos. El quejido de dolor se fundía con el de placer más absoluto.
-Mmm, Arthur…aa…por favor continúa.
-Di cuanto lo deseas.
Antonio decidió ahorrarse una risotada, mira que era crío y peliculero. A pesar de ello, quiso complacer sus deseos pues sentía un gran placer en cumplirlos si era en este ámbito.
-Mucho, solo pienso en ti dentro de mí, por favor házmelo.
Arthur sin esperar un segundo más empezó a lamer su entrada, haciendo que esta se contrajese y que un gemido de sorpresa se escuchase por toda la habitación. Antonio adoraba esta sensación en la que se encontraba siendo cuidado y atendido por su amante inglés. Era demasiado diferente a sus antiguas relaciones en las que era él quien más daba. Aquí ambos daban lo mismo y tenían la misma recompensa. Es por ello, que cuando Arthur estaba dispuesto a meter uno de los dedos, Antonio simplemente agarró su polla y empezó a masajearla de arriba abajo. Arthur paró por un momento, pero sonrió al sentirse dentro de una competición. Metió dos dedos directamente lo que hizo que Antonio se contrajese con un poco de dolor al haber estado tanto tiempo sin tener algo dentro. Sin embargo, los besos de Arthur le distrajeron lo suficiente como para dejarse llevar y proclamar que necesitaba su polla ya. Con mucho gusto Arthur la metió de una sola estocada, dejando que Antonio se acostumbrase. Los ojos del moreno estaban llorosos y su boca entre abierta, lo que incitaba al rubio a querer moverse, pero no, aun no era el momento.
-Me encanta tu cara, comienza a sentir el placer…eres como una putita de lujo.
Antonio rió por la ocurrencia del rubio y movió un poco su cadera, dejando atrás el dolor y mordiéndose el labio para no dejar salir tantos gemidos.
-¿Cuánto vas a pagarme si se puede saberse?-bromeó.
-Daría mi vida.
Esas palabras desarmaron al español que simplemente calló absorto en sus ojos. Finalmente, sintió una estocada que llegaba justo a ese punto y esta vez no pudo contener los gemidos. La sonrisa de Arthur era latente, ahora se lo iba a pasar bien.
Estuvieron más de una hora haciendo el amor, en el que Antonio también quiso darle placer y empezó a hacerle una felación mientras Arthur estaba tumbado cómodamente en la cama. Luego también experimentaron, sobre todo con los estrafalarios gustos de Arthur que al parecer le gustaba el rollo más duro. Cuando terminaron Antonio sonrió con una dulzura solo llegada junto con el orgasmo y se acurrucó cerca de su amante.
-Arthur, abrázame toda la noche.
-Si…
5 años después…
Antonio reía mientras veía un álbum de fotos. En el estaban Arthur y Antonio en uno de sus primeros viajes de novios por Grecia. Habían conocido a un chico bastante majo, se llamaba Heracles y aun seguían en contacto. Antonio se sonrojo por un momento al pensar en lo que hicieron esa noche en el hotel. No es que fuese nada especial, pero Arthur había decidido ponerse experimental, lo que le gustaba bastante teniendo en canta el poco tiempo que le proporcionaban sus trabajos. Hace dos años Arthur consiguió un trabajo de ingeniero náutico en el ejercito, y Antonio hace unos meses estaba restaurando una iglesia románica, lo que le costaría un par de años teniendo en cuanta lo perfeccionista que era el moreno. En cualquiera de los casos eran las siete de la tarde y dentro de unos minutos llegaría su cansado novio reclamándole la cena.
Hoy era un día bastante especial, sus aniversario. No se habían visto en todo el día, pero Antonio le había preparado su cena favorita y le había comprado esa corbata que habían visto en un escaparate hace unos meses. Mañana tenía que despertarse pronto, aun así le daba igual porque estaría toda la noche haciendo el amor. O al menos era lo que tenía planeado Antonio. Cuando Arthur proclamó su llegada, Antonio contento fue corriendo a besarle. Arthur sonrió mordaz y profundizó el beso mientras agarraba el trasero del castaño.
-Pareces un perro yendo a saludar a su dueño.
Antonio simplemente rió y le arrastró a la cocina.
-Vaya, pero si has preparado Rosbif… ¿qué has hecho?
-¿A qué te refieres?
-Pues qué si has roto algo. Siempre que te pones así es porque has hecho algo malo.
Antonio se quedó en blanco, no se acordaba. Si bien era cierto que Arthur no era el hombre más romántico del mundo, estaba convencido de que se acordaría. Simplemente sonrió y se sentó. Extrañado el rubio también se sentó notando el aura incómoda. Pensó que tal vez era su imaginación hasta que pudo notar un par de puntapiés. Es más, estuvo toda la cena recibiendo pequeñas patadas de su novio español.
Normalmente se quedaban después de la cena viendo algún concurso de la televisión, pero ese día Antonio quiso irse rápidamente a la cama para ahogar su humillación. Arthur sonrió de forma calculadora, quería darle una sorpresa y este era el momento. Fue unos minutos después a la habitación y se puso encima de Antonio.
-Estás tan sugerente…-susurró en su oreja.
Antonio sonrojado le intentó apartar, pero Arthur era como una garrapata cuando se ponía cachondo.
-Te has olvidada imbécil, y encima vas y me reclamas sexo.
De repente recibió un beso que le acalló por completo y sintió como era depositado en su dedo un anillo. Cuando terminó de ser besado, miró su mano confundido hasta que se dio cuenta de que era un anillo de pedida.
-Feliz aniversario, supongo que la repuesta es sí.
Antonio empezó a llorar de la emoción, en el fondo era un romántico. Retiraba cualquier idea errónea sobre su novio. Era el mejor.
-Por-por favor, pídemelo.
Arthur sonrió con dulzura, y con un aire teatral se arrodillo y besó el dorso de su mano con suma dulzura.
-¿Quieres casarte conmigo?
Antonio se abalanzó sobre Arthur y con lágrimas exclamaba el maravilloso sí.
-Te amo Arthur, no sabes cuánto.
-I love you too.
Hola, para quien no me conozcáis pues mucho gusto.
Bueno realmente no me gusta empezar trabajos dejando otros a medias, pero hay una razón. En mi otra historia voy lenta, que digo lenta, muy lenta. Me sabe mal actualizar tan tarde así que esto es un pequeño incentivo a quien esté leyendo mi trabajo. Espero que os guste y que comentéis.
No prometo que el capítulo sea pronto, pero si veo que la espera es demasiada, haré más one-shots para que la espera no sea tanta.
Nuevamente espero que os guste y perdón por tardar tanto.
