La mitad de la noche para el español comenzaba a ser tortuosa al sentir el dolor de los nudos en sus manos y piernas, al moverse, lo sospechaba, lo habían atado a la cama para no hacer ninguna locura según ellos, la locura para ellos era salir con el traje a las afueras de la ciudad, era hacer la búsqueda del porqué y el cómo lograba dicho traje atormentar a su portador de tal manera como lo había hecho con sus dos mejores amigos. En definitiva, debía ver cómo escapar de tal atadura. Desgraciadamente aquello fue hecho con tanta fuerza y dedicación que era imposible salir de ella en aquel momento. Suspiró rendido ante el intento infructuoso de escape; lo concluía, no podía salir de ahí a menos de que el arrepentimiento y la curiosidad menguaron hasta límites inexistentes en todo sentido, recostó de nuevo como pudo su cabeza en el humilde catre, decidió volver a cerrar los ojos y dejarse caer de nuevo en manos de Orfeo.
Más la manifestación de su sueño era la búsqueda de su salvación, la belleza de una mujer, tal vez desconocida, tal vez la había visto en la calle, con un agraciado y fino paso que destacaba con la finura de la época, sus cabellos marrones caía hasta la cadera, estaba buscando algo con insistencia, con una mirada desesperada; no podía hacer nada, estaba encerrado tras un espejo, como si más que el reflejo de la mujer fuera un cuadro desconocido, aquel tono suave y quebradizo estaba en la búsqueda de alguien, repitiendo con un inexplicable eco reverberado las mismas palabras: "¿dónde estás?, me prometiste que volverías".
Aquel tono resonaba en la cabeza del español entre los sueños, como si la búsqueda fuera igual suya, como si quisiera confortar aquella mujer con sus palabras; más la imposibilidad era clara, según el español estaba simplemente exteriorizando un deseo del mundo de los sueños, irreal, más que nada deseable en todo sentido de la palabra. Sus ojos se abrieron con los primeros rayos de sol, y en su ventana acababa de ver pasar como si de un reflejo se tratara aquella representación femenina de sus sueños, la curiosa buscadora entre el más allá que le causaba intriga, fuera de su belleza por lo demás evidente; aquella ensoñación terminó al ver al alemán y al francés mirarlo con curiosidad al ver su rostro atontado luego de mirar la ventana con suma atención; el español sabía que si quería resolver su misterio, debía mentirles a sus acompañantes de alguna manera; sus planes debían cambiar de alguna u otra manera si quería salir, comenzó hablando.
— Que curioso, justo al despertarme la mujer que pasó por ahí… se parecía a la de mi sueño… —
Su sonrisa era incluso adormilada debido a su despertar, fuera del dolor ocasionado al dormir en tan incómoda posición, definitivamente aquello no era cómodo en absoluto.
— ¿Un sueño?, vaya que estás loco Antonio, ¿acaso hasta pudiste soñar durmiendo de esa manera? — la burla del alemán era evidente.
— Creedme, ¡soñé con ella! y su búsqueda… pero no vale la pena, mañana mismo debemos devolver dicho traje… —
Comentó el español con un tono que evidenciaba resignación, por muy falsa que fuera realmente.
Aquella resignación le bastó para lograr el convencimiento de sus compañeros y dejar de ser prisionero en su propia casa, más en su mente tenía que armar un plan completo para lograr su cometido a mitad de la noche, muchos lo verían sorprendente no solo por la terquedad del hombre si no por el estado de la tela que a pesar de no estar totalmente deficiente, era más bien deplorable, en el sentido de la suciedad y las marcas hechas por los rasguños y la sangre de sus anteriores dos portadores, más, el mundo del más allá tenía una presa fácil a la curiosidad y a la decisión de querer saber más del dueño que ahora habitaba en aquel ataúd que ahora estaba abandonado y saqueado, debía hacerlo, no podía dar marcha atrás a la fascinante idea de la búsqueda; su día estaba pasando con excesiva tardanza para lograr todo lo que quería definitivamente; fuera de todo, las palabras de sus compañeros eran aún más decisivas, iban a ir a devolver el traje a la mañana siguiente, por ende aún más rápido debía ser si quería cumplir con su cometido.
La noche caía con penuria y con ella la desesperante madrugada que buscaba dañar su plan, aquella impaciente búsqueda entre el sueño y la realidad, o entre la vida y la muerte, lo que realmente viniera primero. Su mirada en la fría noche apenas iluminada por la luna se posó en el traje que muy a pesar de lo maltrecho, la belleza de este hacía cambiar toda opinión al respecto y lo llamaba a usarlo, se levantó de la cama con cuidado, tocando cada detalle de la prenda, logrando descolgarla y llevarla al baño de la casa. Se probó la mitad del traje, buscando su mirada ojerosa en el espejo, más su sorpresa fue encontrar el reflejo de una persona totalmente distinta a él, sus ojos verdes, su cabello enmarañado y rubio, todo era distinto; no podía gritar, aquello levantaría sospechas, convenciéndose incluso que era un producto de su imaginación debido a la intensa sensación somnolienta que sentía.
Salió de la casa lo más rápido que pudo sin hacer ruido alguno, suspiró profundamente al ver la luna llena todavía adornar la estrellada noche, tenía la oportunidad de caminar bajo el amparo de la noche, sintiendo una libertad inconmensurable, no le importaba a dónde lo llevará su caminar parecía más que el traje lo llevara a él mismo a la búsqueda de lo que necesitaba, se sentía ajeno a sí mismo, más dicha sensación era éxtasiante para alguien como él. Llegó en su impropio caminar a una vieja mansión; la destrucción del lugar era evidente, la humedad se sentía en el demacrado ambiente, debió ser abandonado a la fuerza, lo evidenciaba incluso las violentas marcas que no se habían ido.
Entre todo el suave murmurar de un piano antiguo adornaba tan gélido ambiente, decidió seguir el sonido en busca de su concertante, más su impacto fue aún mayor al llegar al destino de la suave música, podría llegar a ser un sueño, si no fuera porque su mirada no había fallado en ningún momento, era aquel hombre del espejo; sorprendentemente visible, más su voz de ultratumba no mentía al saber su origen, dirigiese al español señalando con su dedo índice.
— Tú, cuánta valentía tienes para dejarte llevar por la curiosidad y encontrarme a mí. —
Sus palabras eran calmadas, más sus manos paseaban por las polvorosas teclas del piano sin llegar a tocar nota alguna.
— ¿El traje me eligió a mí o algo así? —
El español lo dijo intentando no sonar asustado, más la duda lo carcomía hasta en su tono de voz quebradizo.
— Tal vez porque eres el único que busca sentir amor más que buscar el bien propio, lo has entendido todo, y lo entenderás por quien viene, cuídala bien. —
Solo dijo eso al desaparecer como si de un acto de magia se tratara, Antonio estaba inmóvil al ver que el lugar ahora estaba vacío.
— ¿Pero ¿quién vendrá en tan solitaria madrugada? —
Se preguntó a sí mismo asustado, intentando dar una marcha atrás, como si quisiera escapar del lugar, más sus ideas fueron frenadas al escuchar una suave voz femenina llamar un nombre distinto al suyo, aquel suave murmurar que había escuchado antes en el efímero mundo de ensueño, podía notarlo, justo era ella, ¿era real?
— Arthur, ¿eres tú?, sabía que ibas a volver… —
¿Arthur? ¿Quién era él?, ¿era alguien realmente reconocible?, miró de nuevo a la mujer de arriba a abajo, su belleza y su mirada hacían sospechar que la había visto antes, como si estuviera destinado a verla, definitivamente las palabras del desconocido retumbaban en su cabeza "lo entenderás por quien viene", no sabía si dar alguna palabra realmente, sus manos solo rozaron el rostro ajeno con suavidad, dejando que ella se acercara en búsqueda de posar la cabeza en su cuello y abrazar su torso con sus finos brazos, aquel olor que emanaba le recordaba a un jardín florecido en verano, más el cuerpo de la mujer se tornó pesado en un momento, iba a caer al suelo producto de un desmayo si no fuera porque los brazos de Antonio amortiguaron la caída y sostenían aquel delicado ser, la abrazó consigo mismo con suma devoción, sintiendo la somnolencia apoderarse de su ser, poco importaba que fuera un lugar abandonado y sombrío, simplemente debía irse en búsqueda del sueño.
El despertar del español ocurrió antes de lo esperado, las voces alarmadas de sus compañeros lo hicieron sobresaltar, sabía que estaba desaparecido él y el traje más aquello para él era un escándalo.
— Antonio, ¿no que no ibas a salir con el traje de noche?, vaya terco que eres por andar metiéndote en problemas… —
Alegaba Francis de manera enérgica, intentando levantar al español que protegía a la dama que tenía en sus brazos, tornándose este a la defensiva.
— ¡Chist! ¿no ves con quien estoy?, es la chica que apareció en mi sueño. —
Discutió Antonio.
— Ya déjala ahí y vámonos a devolver el traje. —
El tono de Gilbert era jocoso, más recibió por parte de Francis un golpe en la cabeza, y la mirada severa de sus compañeros que no concordaban con tan descabellada idea.
— ¡Era una broma, lo juro! —
— Y de muy mal gusto… —
Discutieron brevemente el alemán y el español, decidiendo llevar a la dama a su humilde cuchitril y descubrir quién era ella, ¿habrá estado bien escapar solo por su búsqueda?, realmente no sabía que decir el español ante esto, más sabía realmente que la solución y la decisión más viable era llevarla con ellos.
