Dia dos: AU Realeza.


Uraraka se sentía en un gran lío, era su primer día como hechicera Real y ya temía de perder su puesto. El príncipe Katsuki, el hijo de su maestra y mentora Mitsuki le acaba de hacer un pedido de lo más extraño que le podría ocasionar bastantes problemas.

— Eres una bruja ¿Cierto? — Le dijo cuando ella empezó a acomodar sus cosas en un cuarto de pociones que iba a ser su nuevo hogar.

— Esteeeemmmm… — Dudó, ni buenos días, ni ¿Cómo estás? Simplemente el heredero se apareció como si nada obviando toda la lista de protocolo. Ella tuvo un dilema, ¿Tenía que presentarse? ¿Le contestaba igual? Optó por lo segundo, haciendo lo primero y mostrando los modales que ella si tenía seguramente haría enfadarlo. — He-hechicera mejor dicho.

— Como sea ¿Puedes hacer que las cosas exploten o no?

— Perdón ¿Qué? — Preguntó sorprendida por tal atrevimiento ¿No se suponía que los príncipes eran educados, gentiles y que se preocupaban por el pueblo? ¿Por qué quería que algo explotase?

— Te perdono — Ah, al parecer también era arrogante — Quiero hacer una broma con algo que explote, se lo lanzaré a un bastardo que cumple años y está muy feliz el cabrón. Tienes dos horas o sino diré que tú me quisiste hacer explotar.

La joven hechicera quedó con los ojos y la boca abierta, nunca se había imaginado que un príncipe fuese tan malhablado y vulgar. ¿Explotarle algo a un bastardo? ¿Era literal o en sentido figurado esa última palabra? No entendía, pero lo que si comprendió fue que debía de hacer algo porque si no él se encargaría de echarla del palacio.

Pensó en sus padres, no, ellos habían luchado mucho para que ella llegase a donde estaba, no podía llegar con las manos vacías y decirles que por un capricho del príncipe ella había renunciado. No, debía de quedarse, se lo merecía, se había esforzado mucho para llamar la atención de Mitsuki para que decidiera entrenarla personalmente, no dejaría que su hijo por muy príncipe que fuera la intimidara, porque ella era la Reina.

Pero en ese preciso momento Mitsuki ni su esposo estaban en el palacio, habían tenido que viajar de urgencia y ella estaba sola, y tal vez la mujer entendiera su negativa al no querer hacer ese extraño pedido, pero si Katsuki hablaba con los guardias, le creerían con los ojos cerrados cualquier disparate que la haría desaparecer des castillo.

Sabía que se arrepentiría de eso pero entonces decidió emprender tan peculiar pedido, las hechiceras se encargaban de controlar el clima, la alquimia y un poco de ocultismo o magia negra, que aunque no lo pareciese, la hacía buena cocinera, porque preparar una pócima era muy parecido a seguir una receta de cocina, así que tomando la poca información que le dio él, decidió cocinar un pastel.

Uno sencillo, pequeño, que tuviese una pequeña explosión que no dañase a nadie pero que dispara el betún estrepitosamente. El betún era dulce y no podía mantener a la gente enojada por mucho tiempo, así que se encargó de poner un extra de dulce como símbolo de disculpa.

Apenas estaba aprendiendo donde estaban las cosas, el laboratorio y la sala de trabajo eran enormes, dignos de la hechicera más poderosa de su continente, no por nada era la Reina. Así que aunque se tardó, encontró los ingredientes para su trabajo, desde los básicos para una masa de pastel, a los complicados para una explosión diminuta como la nitroglicerina.

Sí fuese una humana normal no hubiese acabado a tiempo, pero usó unos cuantos hechizos para hacer levitar los instrumento de decoración y decoró el pastel a toda prisa, no sabía para quien era, así que usó colores neutrales, resaltando el verde que le recordaba mucho a la naturaleza. El príncipe mal hablado llegó incluso cuando nos e había cumplido el límite de tiempo, pero al ver el pastel, soltó una sonrisa que podía hacer que alguien se hiciese del baño ahí mismo.

— El bastardo no se lo esperará, me agradas, bruja.

— Ya te dije que no soy una bruja — Respondió desconociéndose. Pero primero le ordenaba algo fuera de su ética, y luego no respetaba su profesión, no era tan sumisa como su rostro con grandes mejillas parecía. — Soy hechicera.

— Mi mamá es una bruja y no le dejaré de decir así sólo porque una niñata viene y me dice lo contrario. — La desafió, ¿Niña? Ambos tenían quince años, máximo. — Pero tampoco me caes tan mal, cara redonda.

Rodeó los ojos, no se esperaba ese apodo, pero por lo menos no se sentiría insultada cada vez que se refiriera a ella, porque algo le decía que él acababa de verla como su nuevo juguete. O mejor dicho, creadora de juguetes.

— Me conformo por el momento — Concluyó. Pero él ya estaba concentrado en la nueva arma que había creado.

— ¿Funcionará?

— Por supuesto ¿Quién crees que soy? Tu madre no acepta a cualquiera como su aprendiz. — Dijo su frase como si fuera obvia, debía de mostrar un poco de rebeldía y orgullo con él, sino las cosas se iban a poner feas entre ambos.

— ¿Entonces como explotará?

— Debes de decir "AP Shot"

— ¿AP Sh…? — Uraraka voló rápidamente hacia él para taparle la boca, ¿A caso era estúpido? ¡Si decía eso el pastel les iba a explotar a ambos!

Ambos se quedaron quietos con el contacto, Uraraka podía jurar como sintió una corriente que la jaló de dentro hacia fuera, no era una corriente eléctrica, esa la conocía bien, lo de ellos había sido algo distinto, a pesar de conocer muchas cosas no lo pudo relacionar, él también lo sintió y se quedó sorprendido, la miró asustado y caminó unos pasos hacia atrás cuando se percató de la cercanía que tenían.

— Entiendo — Dijo con la voz un poco más grave mientras tomaba el pastel y se retiraba, al parecer no le gustaba la sensación que tuvo, y ella temió que creyese que lo había hecho a propósito.

Se quedó viendo la puerta, él se había presentado solo, llegó solo y se retiró solo, él no era como se esperaba de un príncipe, era… mucho más raro e interesante.


Pasaron los días y llegó Mitsuki al castillo, se disculpó enormemente por no haberla recibido y decidió darle una vuelta por los alrededores para presentarla formalmente. Uraraka al inicio se negó, ya conocía a unos cuantos, pero la matriarca no cambió de parecer y le dijo que no importaba, que debía de tener la presentación correspondiente.

En ese continente la hechicería era algo muy valuado, desde pequeños, a niños y niñas sin importar su condición social les hacían ciertas pruebas para ver si tenían alguna habilidad mágica. El aquelarre femenino tomaba a las niñas y las educaba aparte de su familia, Uraraka fue reconocida a muy temprana edad, y desde entonces había entrenado sus habilidades para conseguir una mentora en su adolescencia. Le costó, peor consiguió a la mejor mentora de todas, a pesar de ella sería la primera aprendiz de la Reina.

Y al parecer ella respetaba mucho el título de hechicera así que lo haría valer como tal. Las aprendices llevaban su propia ropa, pero a veces su maestra podría elegirles un uniforme complementario, Mitsuki hizo eso, pero en lugar de elegir un atuendo clásico, le dio ropajes dignos de una princesa.

— No puedo usar esto, lo ensuciaré — Dijo cuando vio el vestido de colores brillantes que le fue entregado.

— Entonces simplemente lo lavaremos — Contestó la mujer.

— Pero… ¿Y sí hay alguna mancha imposible de quitar?

— Tú como hechicera buscarás la forma de quitarla, será parte de tu entrenamiento.

Esa excusa la motivó, era un reto diario, dejar su ropaje tan impecable que cuando lo recibió, sentía que podía ser algo que muchas ignorarían, pero la hechicería dejaba manchas, y a muchas no les importaba tanto la limpieza, era por eso que en lugar de que les llamaran hechiceras les decían brujas, por el aspecto desalineado que varias tenían.

Entonces se midió el vestido, le quedó un poco grande y Mitsuki lo arregló con magia, ambas decidieron caminar por el castillo presentando a la chica con todo quien se topara. Ahí, conoció al hijo de una cocinera, Midoriya, no lo dijo, pero sabía que él había sido la victima del pastel explosivo, la magia dejaba una esencia y él estaba impregnado de su magia. Mitsuki también lo notó, pero ambas se miraron y telepáticamente decidieron hablar de eso más adelante.

— ¿Tienes algo que comentarme Uraraka?

La castaña se sobresaltó en medio del pasillo alejado de la cocina, ¿Qué tanto tendría que medir sus palabras para no ofenderla a ella al describir a su hijo?

— Me topé con el príncipe en mi primer día — Dijo mientras caminaba lentamente y controlaba su voz — Él se presentó de la nada y dijo que quería hacer una broma. Exigió mi ayuda a cambio de no correrme del palacio.

— ¡Ese pequeño malcriado! — Se quejó Mitsuki en voz alta, bueno, al parecer sabía qué clase de hijo tenía.

— ¿Hice mal en apoyarlo? — Preguntó la aprendiz — Para ser sincera no supe que hacer en ese momento.

La Reina pareció meditarlo un momento.

— No, para nada, de hecho hiciste bien. — Ese comentario hizo que la menor girara su rostro para ver a la mayor y leer sus labios, no podía creer lo que escuchaba.

— ¿Enserio?

— Enserio — La consoló ella — Katsuki tiene una relación amigo/rival con Midoriya, siempre busca molestarlo, y sus bromas llegan a ser crueles a veces, aunque sé que su actitud es por meros celos y envidia. Pero Midoriya no estaba triste cuando lo vimos, y tu esencia olía dulce ¿Qué ocurrió?

— Le hice un pastel que explotaba, le puse extra dulce.

Mitsuki sonrió.

— ¿Ves? Nadie se puede enojar con un pastel así de delicioso. — Uraraka la imitó.

— Lo sé.

El ambiente se volvió un poco más íntimo cuando la Reina agregó:

— ¿Sabes porque Katsuki es tan rebelde? Porque sólo tiene una madre.

— ¿Perdone?

— Te perdono — Dijo con una sonrisa. Al parecer madre e hijo eran iguales tanto en físico como en temperamento — Él solo tiene una madre, yo. Pero al nacer y crecer en el palacio hay mucha gente que le quiere educar a su forma, a la forma "de un príncipe" quitándole su personalidad. Es bueno que sigas las reglas, pero nunca debes de olvidar quien eres, él no lo hace, aunque a veces exagera para mostrar su punto. Así que te agradezco que le hayas apoyado, sí esa fue la única broma que ha hecho, ha sido la más inocente en los últimos años. Tú no lo juzgaste, simplemente cumpliste con lo que te pidió poniendo tu huella, haciendo algo dulce, tú no actuaste como su mamá como varios lo hacen, sino como una compañera que lo apoya pero a la vez lo controla.

Uraraka se sorprendió al escuchar tales palabras, no había visto su acción de tal modo, se sintió presionada, pero al verlo así, había logrado un equilibro en la personalidad de él, cosa que la enorgullecía, el equilibrio y la equivalencia eran filosofías de vida en su educación.

— Te voy a encargar otra misión Uraraka — Habló la Reina con voz decidida — Cualquier cosa que mi hijo quiera, cúmplelo. Por más excéntrico que suene, hazlo, con tu huella claro, viendo por su seguridad y la de él. No se lo dejes fácil, si necesitas ingredientes pídeselos, si quiere algo que lo beneficie, ponle condiciones, humíllalo cada vez que puedas, que aprenda que lo que quiere no siempre es lo que necesita.

La nombrada empezó a pensarlo, el pastel había sido mera casualidad, el reto de seguir los deseos del príncipe diario iban a ser otra cosa, era un reto. Y cuando miró a la Reina, supo porque le había encargado eso, quería ponerla a prueba, por todos los astros, nunca se imaginó que su entrenamiento iba a empezar así.

— De acuerdo. — Dijo mientras se tomaban las manos y se unían sus energías, era una palabra de dos miembros del mismo aquelarre, no se iba a poder romper jamás.


Al pasar el tiempo, Uraraka le tomó cariño a los pedidos del príncipe Katsuki. Entendió porque él se refería a su madre como bruja, era una mujer terrible, sumamente exigente y que disfrutaba de cierta manera el sufrimiento ajeno, cuando la llegabas a conocer no era tanto una bruja, sino un monstruo.

Aun así le encantaba trabajar con ella, sentía que aprendía mucho bastante rápido, además, no sólo le enseñaba hechicería, le enseñaba modales, etiqueta, y como su marido el Rey Masaru había estudiado con la logia de los eruditos, le pedía que le diera clases actualizadas de geografía, botánica, química, astrología, biología e idiomas.

Su agenda llena hacía que los pedidos de Katsuki fuesen esperados semanalmente, ya que había sido así su trato, sólo un pedido por semana. Pero él no era tan cínico como parecía y no abusaba, así que pasaban hasta cuatro semanas sin pedir algún tipo de ayuda, claro, además porque todo lo que pedía tenía un precio, ligero, pero aun así él sabía que no debía de exigirse demás.

Pero el tener un pedido de él significaba tiempo libre para echar a volar su imaginación, podía escapar de su horario de clases para enfocarse en algo divertido, y ese tiempo lo sentía como de ella, porque tenía que ser muy ingeniosa para cumplir lo que Katsuki quisiera sin hacerle daño a él, a ella, o a un pobre diablo que se metía en su camino.

Al inicio seguía haciendo bromas para Midoriya, (que no era un bastardo, sino que su padre había sido caballero del castillo y había muerto en una lucha, era por eso que sólo tenía a su madre) pero cuando Katsuki descubrió el poder que estaba adquiriendo empezó a pedir cosas mucho más avanzadas.

"Quiero guantes que generen explosiones" De acuerdo, funcionará con tu sudor, así que debes de mantenerte bien hidratado y comer bien.

"Quiero una armadura que me haga invencible" De acuerdo, almacenará tu energía que tengas al dormir, así que debes de descansar bien.

"Quiero un compañero de aventuras" En ese pedido Mitsuki intervino, le dijo que no necesitaba crear algo, sino que tomara a Midoriya como su escudero, a cambio de eso los financiaría para que hicieran una excursión a donde quisiesen, y les crearía trajes de batalla de acuerdo a la ocasión sin precio alguno, Katsuki era inteligente y sabía que no podía rechazar esa oferta, así que aceptó a regañadientes mientras cambiaba su solicitud "Quiero un comunicador personal contigo".

Se sorprendió al escuchar aquello, no lo quería admitir pero se sonrojó, una comunicación así era demasiado íntima y funcionaba por medio de la relación de ambos, ese pedido en particular necesitaba un precio por parte de ambos, y ella no se percató que no le molestó en pagarlo: le gustaban sus aventuras que comenzaban a tornarse peligrosas con el pasar del tiempo, y tener una comunicación así la haría sentir segura, él podría solicitarse asesoría o pedirle ayuda inmediata, ya empezaba a controlar los portales, así que podía regresarlos de inmediato si lo necesitaban, aunque el par de aventureros prefería que sólo le enviara cosas que necesitaban de emergencia.

Así que Katsuki perdió la capacidad de oír en un tímpano de su oreja izquierda mientras que ella entregaba la fortaleza de sus piernas, el precio de él era el más elevado porque lo había solicitado, ella simplemente se cansaba cuando caminaba mucho, pero al saber controlar la magia, sencillamente empezó a levitar cuando deseaba moverse hacia un lado para evitar agotamiento.

Como siempre, un trato equivalente, perder el oído para que ambos se escuchasen, y perder la movilidad para que se encontrasen.

Midoriya cuando se enteró del precio de su conexión se aterró tanto que siempre que regresaban de algún viaje le traía un recuerdo de aquello, como "pago". A ella le pareció tierno el gesto, y a Katsuki lo amargó, porque siempre le criticaba sus gustos, aunque había algunas veces en que el mismísimo príncipe le llevaba vestidos de otras modas extranjeras, claro sin que nadie lo supiera.

Tenía que admitirlo, a Uraraka le gustaba que lo hiciera, porque llegaba sonrojado y simplemente le gritaba cualquier tontería como excusa para dárselo, diciendo que no iba a perder ante Midoriya, aunque ella no entendía muy bien de que competencia hablaba. No importaba, se sentía cómoda con él, su rebeldía la motivaba, y aunque le desagradaba al inicio, le gustaba.

No lo iba a decir por supuesto, él era un príncipe y ella una hechicera, pero no podía engañar a su corazón, así que siempre se mentalizaba a que ella lo estaría acompañando en sus hazañas incluso cuando fuera Rey, lo que siempre la desanimaba era que, si era Rey necesitaba de una Reina.

Le hubiese gustado fantasear con que él se fijara en ella de ese modo, pero incluso aunque lo hiciera sabía que la Realeza no se manejaba así, él debía de elegir pareja de sangre Real y ella estaba fuera de la ecuación, aunque su trabajo destino haría que siempre conviviera con él durante toda su vida.

Tal vez, solo tal vez si él se llegaba a enamorar de su esposa ella tomaría a alguna aprendiz para que la cubriera y así podría exiliarse en un bosque lejano para no ver como quien amaba, amaba a otra persona.

Esa mañana ella había escuchado la voz de Katsuki que le decía que ese día él y Midoriya iban a llegar al palacio, y que él necesitaba urgentemente algo, así que le pidió que preparara todo para su regreso. Ella asintió mientras ordenaba su laboratorio ¿Qué querría? ¿Mejorar su armadora de caballero? Aizawa, su maestro en la caballería siempre los regañaba por arruinar su traje en cada excursión que hacían, así que tal vez quisiera unas reparaciones rápidas.

Cuando ambos llegaron, se dirigieron directo a donde ella, Uraraka casi gritó del susto al verlos en ese estado, estaban totalmente heridos, al ver el brazo colgante de Midoriya reconoció que estaba quebrado, y Katsuki estaba a nada de desmayarse. Le indicó al escudero que se sentase mientras tomaba al príncipe para dirigirlo a una mesa vacía que podía fungir como cama. Hizo que ésta bajara y apareció una almohada para que él recostase su cuello.

— ¿Qué les pasó? — Preguntó mientras al rubio le quitaba los pedazos de armadura que aún se sostenían milagrosamente de su cuerpo. Tenía que hacerlo con sus propias manos, porque estaba tan herido que cualquier movimiento en falso le causaría más dolor del que tenía.

— Nos encontramos un dragón — Explicó Midoriya. — Estábamos en un pueblo donde dijeron que algo se aparecía, creímos que era un simple rumor, pero en efecto nos encontramos con algo mitológico. — Uraraka se sorprendió, se suponía que los dragones se encontraban extintos hace siglos.

— ¿Dragón? ¿Seguro?

— No era un dragón normal — Habló con un hilo de voz Katsuki, que seguramente se sentía mejor a causa de quitarse el peso de la armadura. — Debemos de regresar.

— ¿Qué? ¡Estás loco! — Gritó la hechicera — ¡Mira como están! ¡Necesitarán reposo de semanas!

Él le tocó la mano y la calló, a pesar de los años, aquella sensación que tuvieron la primera vez prevalecía, al inicio, y sin ponerse de acuerdo evitaban tocarse, sólo evitaban esa regla cuando estaban en un momento íntimo los dos a solas, usualmente cuando él le llevaba sus vestidos. Pero esa vez lo había hecho en público, sólo para tranquilizarla.

— Te tengo a ti — Dijo — Esta vez, te lo pido de favor, ayúdanos a regresar.

No podía, no podía decir no cuando él le hablaba así. Aquel príncipe malhablado estaba hablando con su corazón, ella lo podía percibir, había omitido las groserías para hacer algo que él anhelaba, fue el deseo más puro que le había pedido en la vida.

— Pero… sus heridas.

— Descansaré… mos, sólo lo necesario en lo que creas un arma para domarlo, ese dragón necesita de nuestra ayuda.

— Uraraka, también te lo pido de favor. — añadió Midoriya, que se habían mantenido al margen de su conversación. — Ayudamos a recuperarnos y regresar.

No supo porque a ella le entraron ganas de llorar, pero el pensamiento de Bakugou le decía que "Extrañaría el castillo", lo hacía de forma inconsciente, pero ella lograba escucharlo, así que lo ayudaría en lugar de que hiciera alguna otra imprudencia.

— De acuerdo… — Dijo dubitativa.

— Yo pagaré el precio, no importa cuál sea. — Contestó Midoriya con la voz más segura de todas.

Ese día ella no durmió, se la pasó trabajando en la espada para domar dragones, el precio de aquello era el dolor de Midoriya; su brazo se recuperaría, pero el dolor prevalecería, él pagó el precio del arma, porque sus brazos la cargarían. Irónico pero justo.

Ambos descansaron, bebieron brebajes casi prohibidos y en menos de 24 horas estaban como si nada, con un arma nueva que podía tranquilizar, más no matar un ser mitológico.

— Les abriré un portal — Dijo cuándo los vio vestido de nuevas armaduras, las suyas habían estado tan maltratadas que era imposible repararlas. — Midoriya ya pagó una parte del precio, este día estuvo ciego. — El príncipe se dirigió hacia su compañero, ahora era su turno de sorprenderse. — Katsuki, tú y yo estaremos incomunicados por tres horas. Por favor no hagan nada imprudente en este tiempo, no los podré ayudar.

Ambos asistieron.

— De acuerdo.

Atravesaron el portal y ella se quedó sola en medio de su laboratorio.

Esas tres horas fueron eternas, Uraraka estuvo tentada a usar un hechizo para adelantar el tiempo, pero quedaría demasiado agotada para ayudarlos cuando fuese el momento, además, aunque fueses tres horas, esas tres horas se le restarían a su vida, y ese hechizo era adictivo según palabras de Mitsuki, así que siempre había evitado realizarlo.

Al pasar las tres horas lo primero que escucho fue "Ven", y sin importarle nada cruzó un portal, cuando llegó al lugar donde sus compañeros estaban, se sorprendió al estar en medio de una cueva viendo un dragón con escamas rojas luchando contra Katsuki en su espalda.

— ¡Habla con él! — Le gritó el príncipe, Midoriya no se veía por ninguna parte. — ¡No es un dragón convencional!

Ella, nerviosa, intentó leer el corazón del animal, vaya fue su sorpresa cuando distinguió que era un corazón humano.

Era un humano maldito, hechizado por alguien oscuro, su instinto habló por ella y decidió regresarlo a la normalidad, era algo peligroso, ella nunca había practicado ni sola ni acompañada, muy apenas conocía el encantamiento, pero Katsuki necesitaba ayuda, y ella se la iba a brindar.

Un gran brillo inundó la cueva, los sonidos de los golpes de la enorme bestia se disminuyeron terroríficamente, y quedó un silencio que calaba. Ya no había una enorme bestia en la cueva, sino un joven pelirrojo desnudo y desnutrido, que al ver sus manos cayó desmayado de la impresión.

— Volvamos a casa — Dijo Bakugou entre jadeos. — Hemos acabado.

Todos, la hechicera, el príncipe, el escudero y el ex-dragón cruzaron el portal para regresar al castillo.


Mitsuki se sorprendió cuando regresó escuchando una historia sobre como un chico que había vivido casi 100 años había regresado a la normalidad gracias a su aprendiz, obviamente la regañó por su imprudencia, pero su felicidad y orgullo le ganaron y la felicitó por tan notable hazaña, el aquelarre iba a enterarse de su aventura, iba a pasar a la historia.

Uraraka se enorgulleció al escuchar como el aquelarre se iba a reunir en su honor, pero al reunirse con los caballeros, se decepcionó al saber que iban a retirarse para buscar a la hechicera que había encantado a Kirishima, el hombre humano del dragón. Como agradecimiento por salvarlo juró lealtad al príncipe, al parecer el dúo se iba a convertir en trío, y como nuevo miembro del grupo de aventuras, Bakugou y Midoriya prometieron cobrar venganza.

Pasaron unas semanas en lo que se recuperaron, al parecer Kirishima había adquirido la habilidad de convertirse en dragón a su antojo, así que eran mucho más poderosos que antes, esos caballeros de aventuras ya no eran niños, eran guerreros que iban a luchar por el Reino y sus adversidades.

El día que partieron fue amargo, era el día en que el aquelarre se iba a reunir en honor a Uraraka para hablar del su magia de contraste, además de que era su cumpleaños número 19. Ya habían pasado cuatro años viviendo en el castillo, y ella se seguía sorprendiendo con cada aventura que pasaba.

Esa mañana, Uraraka se levantó temprano para admirar el alba, estaba mirando hacia el horizonte cuando apareció Katsuki detrás de ella.

— La vista es maravillosa — Dijo ella sin voltear atrás.

— Lo es, la extrañaré. — Uraraka cerró los ojos, ya era la segunda vez que escuchaba algo así.

— ¿Te irás a alguna aventura de años?

Él suspiró.

— Después de este día, lo descubrirás.

Decidió no preguntar más, Katsuki ya había cumplido los 19 años y en esos días que estuvo descansando, Mitsuki le encargó a ella la labor de revisar la lista Real de posibles casas que pudiesen emparentar con ellos, le pidió que no se fijara en los herederos en cuestión, sino en la posición geográfica, rutas comerciales y puertos, pero ella tuvo curiosidad y se fijó en la lista familiar, y todas los Reinos vecinos que habían seleccionado tenían hijos e hijas que rondaban su edad.

No era tonta, por eso Mitsuki aceptaba que su hijo fuera de aventuras, porque ya casado, iba a ser imposible hacerlo.

Siguieron disfrutando la vista, y sin siquiera proponérselo disfrutaron del amanecer hasta que llegó la hora de partir, no hablaron, pero se tomaron de la mano todo ese rato, disfrutando de la energía que los revitalizaba.


La junta del aquelarre fue mucho más seria de lo que parecía, Mitsuki le había dado un vestido nuevo por su cumpleaños, aunque ella prefirió usar uno de los que Bakugou le había llevado, la Reina quiso ofenderse al ver su regalo rechazado, pero al ver como aquel vestido extranjero lucía perfecto en ella, decidió guardar sus quejas para otra ocasión.

La reunión del aquelarre se hizo en una sala privada del castillo, estaban muchas hechiceras conocidas con sus respectivas aprendices, todas vestidas igual de elegantes que ella, ¿Enserio sólo iban a comentar su caso del dragón y felicitarla por su cumpleaños? Quiso preguntar, pero Mitsuki dijo que esperara.

Cuando se juntaron todas las mujeres, incluyendo Recovery Girl, Midnight, Mountain Lady y otras figuras que sólo había conocido por historias, confirmó que algo grande estaba pasando, pero ¿Qué?

Pasaron al frente a Uraraka con todas las aprendices que asistieron detrás de ella. En el estrado se encontraba Recovery Girl, que al parecer iba a dirigir la Reunión, y Mitsuki estaba a su lado derecho con una gran sonrisa.

— El día de hoy nos hemos reunido a tratar varios temas que cambiarán la organización del aquelarre en gran medida — Dijo la anciana, que a pesar de tener bastante edad tenía una voz fuerte. Aunque era lógico, su fuerte en la magia era la curación. — Hoy les revelaremos la jerarquía que nos une.

Todas las aprendices sin excepción levantaron la mirada, la dirigieron hacia sus maestras y luego se miraron entre ellas, no entendían lo que estaba sucediendo. Uraraka no sabía porque pero empezó a sentirse muy nerviosa.

— Como verán yo soy la Reina — Dijo Mitsuki, y toda la atención se fue hacia ella, que parecía tener la respuesta a sus dudas — Pero yo no tengo sangre real.

Ese comentario cambió el ambiente en la sala, que al ser ocupado por hechiceras, hacía que literalmente el ambiente cambiara, las aprendices tenían dudas e incertidumbre, así que el aire empezó a sentirse pesado y húmedo.

— Hoy, todas ustedes tienen mínimo 19 años — Volvió a tomar el control Recovery Girl — Buena edad para que empiecen a gobernar.

"¿Qué?" Pudo escuchar Uraraka a su espalda, y Mitsuki también lo escuchó.

— Nuestro Reino se controla por matriarcado — Dijo la Reina — Sin embargo, el control del Reino no se hereda, aunque lo parezca.

Los segundos volvían a ser eternos, todas las jóvenes aprendices estaban sorprendidas, nadie se imaginaba ese dramático giro en los acontecimientos.

— La futura Reina es seleccionada por el aquelarre femenino — Continuó Recovery Girl — Y hoy daremos el veredicto de qué hechicera fue elegida por el concilio.

Uraraka sintió que se desmayaría en ese instante, la sonrisa de Mitsuki le decía todo. Piezas de recuerdos empezaron a organizarse en su cabeza, por eso Katsuki había dicho "Extrañaré el castillo" y "Hoy lo descubrirás" él lo sabía, no iba a reinar, por eso se esforzó en ser un notable caballero que ya tenía el título de "Domador de Dragones", porque de eso iba a vivir.

Se asustó cuando escuchó su nombre y todas aplaudieron, eso era irreal, Recovery Girl la pasó al frente y le colocó una capa, Mitsuki con su magia hizo aparecer una tiara que combinaba con su vestido y se posicionó enfrente de ella para colocársela mientras sostenía un cetro. Eso nunca se lo hubiese imaginado.

— Les presento a la princesa heredera al trono ¡Uraraka Ochako!

La magia de Mitsuki y compañía crearon fueron artificiales y lanzaron pétalos de rosa en el aire, era maravilloso, el olor de la flor inundaba el lugar, pero la nombrada quería salir corriendo de ahí.

— La decisión fue unánime cuando nos enteramos de su gran hazaña de revertir un hechizo de fuego — Anunció Recovery Girl — Nadie se había enfrentado a un dragón en siglos, y ella pudo leer su corazón y convertirlo en el humano que era, todo eso en cuestión de segundos cuando tuvo la oportunidad de matarlo. Sin duda mostró una gran capacidad de control en su magia y una decisión de líder, justo lo que necesita el Reino.

Más aplausos se escucharon y ella lo único que pudo hacer fue acercarse a su maestra y preguntarle:

— ¿Y Katsuki? ¿Qué será de él?

La mujer se sorprendió al escuchar aquello, pero relajó la mirada.

— Es un caballero, podrá servirte a ti o a cualquier otro Reino en caso de que no le quieras. Tiene un dragón ¿Recuerdas? Estará bien. Nadie conoce su rostro ni su nombre, podrá ser libre.

— Pero…

— Cuando salgas, tu familia estará aquí arreglando sus nuevas habitaciones, vivirán contigo, por supuesto. Los extrañas ¿A qué no?

Esa última oración la tranquilizó, ¡Por supuesto que había extrañado a sus padres! Se habían comunicado a través de cartas y espejos mágicos, pero no se habían visto en persona en todo ese tiempo. Luego recordó cuando en una carta les habló de Katsuki, ellos se enorgullecieron de que pudiese trabajar con él, porque nadie fuera del castillo lo conocía, al parecer siempre debutaba en sociedad cuando se comprometía, no antes, y ahora ella entendía el porqué.

— Si, aunque… ¿Qué pasará conmigo? — Tenía tantas preguntas que ni siquiera sabía cómo formular una oración tan grande.

— Te guiaré por supuesto — La tranquilizó Mitsuki — Ya sabes de modales, reglas de etiqueta, política y conoces varios idiomas, Masaru será tu asesor hasta el día de su muerte, conmigo será igual. Y tu prometido, ya sabes cuales son los Reinos disponibles ¿No? Es cuestión que elijas alguno.

Ella se frustró, le había tendido una trampa. Días antes la Reina le había preguntado con cual Reino le convenía más formar una alianza, había dos casas que se parecían, la primera opción fue la casa Utsushimi, pero en ella había una princesa, Kemy, sólo un poco más joven que ella, y la segunda casa era la Todoroki, donde estaba Fuyumi, una princesa de más edad comprometida, así que en un arrebato de celos eligió la segunda casa, sin detenerse a pensar que había un príncipe de su edad, Shoto.

— Creo que hay muchas cosas que pensar — Dijo, mientras sentía como su mundo cambiaba.

Esa noche no durmió, no podía. Había disfrutado de ver a sus padres, abrazarlos, pero al despedirse de ellos se sintió mucho más sola que nunca. Ella era la princesa de ese Reino, debía de luchar por él.

Y no es que no lo quisiera, era un honor, pero nunca se había puesto en el lugar de Katsuki, ella simplemente se limitaba a amarlo desde las sobras mientras disfrutaba de su compañía y trabaja con esmero para poder servirle a él, nunca pensó que en realidad se estaba fortaleciendo para que él le sirviera. Ese cambio de roles la mareaba, ella pensó que se iba a quedar soltera siempre, no importaba que una trabajadora no contrajera matrimonio mientras trabajara, y si se veía en la necesidad de casarse, pensaba que Shinsou sería buena opción, hijo adoptivo de Aizawa el maestro en caballería que siempre estaba de viaje, no sería mucho problema tratar con él.

Pero ahora que era una princesa… debía de pensar no sólo en ella sino en todo el pueblo. Debía de contraer nupcias con alguien que le beneficiara a la mayoría.

"¿Qué mejor beneficio que un caballero que domó a un dragón?"

Escuchó en su mente, y se sintió pillada, había olvidado la conexión que tenía con Katsuki ¿Qué tanto la había escuchado? La sangre le corrió por las mejillas.

— ¿Desde cuando llevas escuchando? — Preguntó a la nada, aunque sabía que él le estaba prestando atención.

"Un buen rato ya, tu nerviosismo tampoco me deja dormir".

Ella lo suponía, su hechizo no sólo conectaba su mente, sino también sus sentimientos.

— Lo siento — Se disculpó.

"No tienes porqué, es una gran noticia la que recibiste".

Uraraka sonrió, por primera vez no le había dicho "Te perdono".

— ¿Qué…?

"¿Qué paso por mi mente cuando me enteré que serías la Reina?" Le preguntó "No mucho, me daba igual quien se quedara en el poder, pero al ser tú, me alegré, serás una excelente gobernante".

— Gracias. — Contestó con sinceridad. — La verdad, no sé cómo sentirme respecto contigo, siempre te vi como un Rey.

"Me gusta la aventura" La intentó tranquilizar "En este momento estoy viendo una luna preciosa".

Uraraka sin saber por qué se dirigió hacia la ventana de su nueva habitación Real.

— La veo. Es hermosa — Dijo con tanto sentimiento que estuvo a punto de echarse a llorar.

"No llores" Escuchó como Katsuki la regañaba "Es romántico, estamos alejados pero nos estamos hablando y la luna nos está cubriendo a los dos, no estás sola".

— Quiero llorar de romanticismo entonces — Rebatió.

"Tampoco" Contratacó el ex-príncipe "Sí es así, en una semana harán la fiesta donde debutarás como princesa, y te prometo que llorarás de romanticismo cuando vaya a pedir tu mano".

Uraraka no podía creer lo que acababa de escuchar. Se congeló y empezó a levitar más de la cuenta.

"¿Sigues ahí?"

— S-si — Una voz tímida fue la que contestó. — P-pero, tu viaje.

"Mi viaje es para buscar la gema más hermosa de todas, para que mi mujer la porte en su mano con orgullo, puede que no sea un príncipe, pero no te faltará nada a mi lado".

— ¿Y la venganza de Kirishima?

"Por favor, lo embrujaron de hace más de cien años, la bruja seguramente está muerta. Sino, el aquelarre se encargará de eso".

Uraraka se sintió tonta, era muy lógico aquello.

— ¿Y tus aventuras?

"Vendrás conmigo".

Esa propuesta le gustó, ella por esos cuatro años no salió del castillo para nada, se limitaba a escuchar las historias que Katsuki contaba, pero ahora tenía la oportunidad de participar en ellas, no era muy bien visto, pero recordó las palabras de Mitsuki cuando se conocieron:

"Es bueno que sigas las reglas, pero nunca debes de olvidar quien eres".

Y ella era una hechicera a la que le gustaba la aventura.

— No me hagas esperarte mucho.

"Sólo lo necesario para que me extrañes".


Voy un poco atrasada pero escribí casi 6,000 palabras, 12 hojas. Enserio el reto es difícil cuando quieres escribir tantas cosas cosas en un solo one-shot. Pero enserio estoy orgullosa del resultado. :D Espero les guste el día dos, a mi me encantó, siempre el AU medieval me pone de buenas ¡Espero igual a ustedes!

Opiniones, criticas, sugerencias, amenazas de muerte ¡Todo en los reviews!

Nos leemos~~