Día 8: Libre


ADVERTENCIA, CONTENIDO EXPLÍCITO (+18) SE RECOMIENDA DISCRECIÓN


Un villano lo hizo.

Un villano los obligó a hacerlo.

Un villano que estaba demasiado demente fue la mente de todo aquello.

A un villano… ¿Qué carajo le importaba la vida sentimental de dos alumnos de último año de UA?

Uraraka sintió como Bakugou movía su brazo sobre su vientre. Lo hizo inconscientemente porque se encontraba profundamente dormido, sus ronquidos lo revelaban, pero aun así con aquel simple gesto hizo que toda su piel se erizase.

Se giró un poco para verlo en aquel estado, amaba verlo así. De día siempre era un arisco y malacariento, sin embargo, de noche, cuando relajaba todos sus músculos y mostraba un rostro tranquilo, recordaba que era un ser humano igual que ella y cualquier de sus compañeros. Era alguien que tenía sueños, cansancios, y por supuesto que se podía enamorar.

Se le quedó observando por unos minutos, conociéndolo como ahora lo hacía ya no le parecía un huraño, no, ahora con todo lo que habían vivido, era un Ermitaño o estaba en camino de hacerlo.

Sonrió cuando se volvió a mover, a pesar de estar dormido seguía abrazándola. Esas caricias eran casi diminutas, pero al tener su piel desnuda contra la de él, pequeñas explosiones corrían por todo su cuerpo, no dolían, pero si ocasionaban que se volviese mucho más sensible a su tacto.

Cuando se percató de aquello, su sonrisa se desvaneció para dar entrada a un rostro mucho más serio. No podría decir que fue con exactitud lo que ocasionó que ella terminase en su cama, desnuda salvo por la sábana que los cubría ambos; pero no se arrepentía en lo absoluto, así era como funcionaba el amor, de formas inimaginables y sin explicación lógica. Eso había comenzado meses atrás y esperaba que no tuviese fecha de vencimiento pronto, hace mucho no sentía una felicidad como aquella.

Aunque cuando reparaba en aquello, cuando lo veía así, era cuando más se ponía pensar. Estaba totalmente enamorada, y aun así no sabía cómo decirles a sus compañeros sobre su relación. Cuando Bakugou le ofreció darle la noticia a los demás por ella, ella le pidió tiempo, con la excusa de que los demás se debían de acostumbrar primero a verlos juntos. Sabía que a él le dolía, pero le dio su espacio, y ella odió que él fuese tan complaciente en ese aspecto.

De hecho, si alguien la viese salir de su habitación estaba segura que mentiría diciendo que estaban juntos por estudio, y si los veían en esa escena tan comprometedora, culparía a algún villano de sus acciones justo como lo estaba pensando anteriormente, incluso apostaría que se haría pasar por Himiko Toga transformada si con eso pudiese quedar bien librada.

Suspiró, él no se merecía aquello. Bakugou se merecía ser acariciado en público para sonrojarse y molestarse en un momento y luego se permitiría relajarse y sería complaciente con ella para asombro de todos.
Esa era su fantasía, había recreado la escena en diferentes situaciones y en todas le encantaba, sin embargo, no se atrevía a dar el primer paso.

Intentó alejar esos sentimientos acercándose más a él, aunque al oler su aroma característico, entendió que no era la Justicia, como ella se identificaba, no, ella ni siquiera era la Fuerza. Por cómo estaba actuando, era el Diablo.

A pesar de lo fuerte que sonaba la palabra, sabía que no debía de temer, sólo se identificaba con la carta del diablo en el Tarot porque significaba que estaba atada a lo material, a los egos, haciendo que ella no pudiese evolucionar como debería. Y sabía cual era el problema, sus miedos por los demás.

Y ella no se consideraba una de esas personas que se guiaban por las modas, sin embargo, Bakugou le importaba demasiado que no sabría como actuar con él en el día a día. Era un poco ilógico, pero mientras más quería estar con él, menos sabía como debería de actuar para poder conseguirlo.

Intentó relajarse, pero no pudo, aquella revelación le había revuelto el estómago, además de que faltaban minutos para que se fuese a su habitación como siempre hacía. Sintió que ese era el momento justo para poder hacer algo, ¿Seguiría huyendo como siempre lo hacía? ¿Por fin permitiría que los demás la viesen saliendo de la habitación de su novio?

Odiaba la situación en la que se encontraba y sabía que Bakugou la odiaba aún más.

¿Irse o quedarse? ¿Qué elegiría el Enamorado?

Decidió cobardemente sólo quedarse unos 20 minutos más de su salida usual, sólo para darse una idea como podrían ser sus mañanas si decidía decir todo. Tal vez con eso adquiriría el valor que necesitaba tanto. Esperaba que así fuese.

Cuando pasaron quince minutos más de su salida usual, el celular de Bakugou vibró en el mueble que se encontraba al lado de su cama, y ella se tensó de repente cuando la soltó más dormido que despierto para apagar lo que pareció ser una alarma.

— ¿Bakugou? — Preguntó.

— ¿Uraraka?

— ¿Qué haces?

— Lo mismo te puedo preguntar.

Hubo un momento de silencio hasta que Bakugou se talló los ojos para corroborar lo que estaba viendo.

— ¿Uraraka? —Volvió a preguntar. — ¿Qué estás haciendo?

La nombrada enrojeció levemente, temiendo que él descubriese un segundo Quirk que leyera la mente y supiese todo el caos por el que estaba pensando.

— Te puedo preguntar lo mismo. ¿Por qué tienes una alarma activada en plena madrugada?

Él desvió su mirada al celular para corroborar que éste seguía marcado la hora y la fecha correctas.

— A esta hora ya no estás. — Dijo él, aun sin mirarla a los ojos. — Puede que no te hayas percatado, pero usualmente tienes un momento en específico para irte, a veces siento cuando te vas, a veces no, pero a esta hora ya nunca estás a mi lado.

Ella sintió un vuelco en el estómago, eso él nunca se lo había dicho, ¿Enserio él se había tomado la molestia para descubrir sus horarios? ¿Qué más habría hecho? Se le vino a la mente la idea de que el brazo que él ponía en su vientre todas las noches no era porque deseaba abrazarla, sino porque le pedía inconscientemente que se quedara ahí, con él.

— ¿Y porque tienes la alarma? — Preguntó, intentando tranquilizar su mente.

— Porque deseaba, aunque sea por una noche, encontrarte al lado mío.

— Como hoy. — Concluyó ella por él. Bakugou asintió.

— ¿Qué pasó? — Indagó él, aun en medio de la oscuridad y con la voz adormilada Uraraka se sintió flechada por su sóla existencia.

Pasó un momento antes de que ella pudiese contestar.

— Estás madurando a pasos agigantados, eres un Ermitaño, pero fácilmente te podrías convertir en el Mago si te lo propones. Yo simplemente soy un Diablo, la contraparte del Mago, y odio serlo. Esta noche me propuse ser un Loco. No sé si lo estoy haciendo bien.

Bakugou sonrió de lado, tan característico de él.

— No se mucho del Tarot, pero lo que sí sé, es que la carta del Loco, se traduce al inglés como The Fool, que a la vez nosotros traducimos como el tonto. Y déjame decirte que no eres tonta en lo absoluto.

Uraraka sonrió.

— No me estás entendiendo el punto.

— ¿Debería? Estamos en medio de la madrugada, quedan como dos horas para que amanezca y estoy aturdido porque por fin te he visto. Además de que tu me has dicho que la cordura no es muy habitual en mí.

Uraraka quiso responderle, tenía tantas cosas por decirle, y entonces todas esas palabras se volvieron un embrollo en su garganta y antes de que pudiese hacer algo, él la beso.

Aquel beso era uno diferente a todos los demás, era uno bendecido por la Estrella. Se sentía tan íntimo, como si con el choque de sus labios ella pudiese decirle todo lo que no podía. Ella lo besó con necesidad, deseando poder transmitirle todo lo que se guardaba, y entonces una frase comenzó a cobrar más fuerza mientras el beso se intensificaba.

Te amo.

Te amo.

Te amo.

Ella estaba completamente enamorada, ya lo sabía, pero por fin podía ver todas las implicaciones que correspondían a su situación, y no sintió miedo.

— Te amo. — Le dijo separándose un poco, era la primera vez que se lo decía.

Bakugou se alejó un poco más, sólo lo suficiente para poderla analizar directamente a los ojos.

— ¿Qué dijiste?

— Te amo. — Repitió. Sintiendo que el valor que tanto deseaba por fin llegaba a ella. — En todo este tiempo, nunca te lo he dicho, pero te amo, te amo demasiado.

Sabía que él estaba sorprendido, seguramente sospechando que se encontraba aun en sus sueños. Ella nunca había sido tan abierta, nunca se había quedado tan tarde con él, pero debía de avanzar cual Rueda de la Fortuna. Si en realidad lo amaba como acababa de decirlo, debía dejar de pretender y actuar para demostrarle sus sentimientos.

Bakugou pareció querer hablar, pero ella le besó nuevamente, no quería que dijese algo, no quería que le reclamara porque apenas se había atrevido a decirle sus sentimientos, o que la hiciese sentir culpable al decirle que él también la amaba y lo sabía desde hace bastante tiempo. No quería palabras, quería acciones. Quería demostrarle que sus palabras eran ciertas.

Se colocó entonces encima de su abdomen, fue fácil porque sólo tuvo que levantar una pierna y ya se encontraba sobre sí. Bakugou parecía sorprendido, pero no se quejó en lo absoluto, rápidamente colocó sus manos rasposas en su cintura y comenzó a navegar por su piel.

Era increíble, ellos siempre tenían relaciones en aquella cama, aunque siempre lo hacían con prisa y desesperados, sin ritmo. Pero en ese momento se estaban tomando todo el tiempo del mundo, ahora ya no había una hora límite, podrían disfrutar de todas sus emociones y caricias, ahora cada gesto tenía un significado.

Ella se inclinó más a él, tanto que ambos pechos se juntaron, ahora por fin eran uno. Él seguía acariciando su cadera con fuerza, como si le pidiese que nunca se alejase de sus manos, y ambos comenzaron a hacer sus respiraciones sonoras, como un coro que agradecía que ambos estuviesen ahí y que a la vez pedía su atención con mayor urgencia.

Bakugou volvió a acariciar su espada dejando el sudor de sus palmas por toda la superficie, haciendo que sintiese fresco por el líquido, y después generase pequeñas explosiones que le erizaban cada folículo de su piel.

Uraraka tuvo que separase de su beso para poder arquear la espalda al momento en que las explosiones dieron comienzo, era una habilidad que pocos podían adivinar de su Quirk, al igual que el de Hagakure de canalizar la luz de cierta forma que hacía que los rayos que lanzaba se transformasen en laser para poder eliminar los vellos de cualquier parte del cuerpo, bikini incluido.

Una vez terminada aquella serie de explosiones, Bakugou giró a Uraraka para ponerla debajo de sí, ella sabía lo que venía, esas explosiones en su monte venus. Él se movió entonces para quitar la sábana que muy apenas los cubría, la miró directamente a los ojos y no rompió el contacto aun cuando se posicionó en medio de sus piernas.

Era algo que a él le gustaba, que lo mirara, que supiese y fuese consciente de todo lo que hacía por ella. Una vez en medio de sus piernas, colocó sus rodillas sobre sus hombros, para poder levántale lo suficiente para que ella mirase como hacía un trabajo oral.

Esa posición al inicio le parecía incómoda, pero luego se fue acostumbrado, y luego comenzó a excitarle cada vez más, él hacía su trabajo con maestría, y aun así nunca se desconcentraba, siempre la miraba directamente a los ojos. Cuando ella los cerraba, lo que obtenía era un golpe o pellizco en uno de sus pechos, sólo para hacerla reaccionar aun más a sus caricias, era algo hasta cierto punto masoquista, pero no se imaginaba una mejor forma de ser atendida como aquella.

De repente él terminó su trabajo y posó la palma de su mano sobre su piel húmeda, ella se mordió los labios cuando las explosiones generaron todo tipo de sensaciones maravillosas, él siempre hacía eso, la preparaba con un placer para recibir un placer mayor. Gimió y entonces él la penetró, sin permiso porque él sabía que no lo necesitaba.

Volvió a cerrar los ojos y entonces volvió a ser estrujada de su pecho izquierdo. Antes ella se quejaba de que no podía hacer nada, ni siquiera cerrar los ojos, pero entonces descubrió que él jugaba con las mismas reglas, y entonces comenzó a acariciarlo de los brazos y la espalda, con uñas incluidas, sólo para que él sintiese un poco lo que ella sentía.

A veces terminaban demasiado lastimados, él con arañazos en los brazos y espalda, y ella con moratones en los pechos, caderas e incluso una vez en el cuello. Pero en esa ocasión, ambos se estaban entregando de tal forma que sabían no se iban a lastimar, ambos estaban seguros de aquello.

Y entonces a ella se le ocurrió algo. Detuvo los vaivenes de su amante para poder posicionarse de nuevo encima de él.

— Quiero estar encima. — Pidió. — Déjame ser tu Emperatriz, mi Emperador.

Los ojos de Bakugou brillaron. Por el momento no habían intentado hacer algo tipo rol, pero al parecer eso comenzaría muy pronto.

Ambos cambiaron y las miradas volvieron a ser mucho más intensas que antes, ya no había marcha atrás, ya no había dudas. Ahora tenían el Mundo esperándolos afuera, y lo enfrentarían juntos, como siempre debió de ser.