¡Por fin está listo mi primer BoruSara! :D
¡Espero que les guste! nwn
Mi nombre es Sarada Uchiha. Tengo 19 años y estudio el segundo año de la universidad en Tokio. Sin embargo, por motivos de salud, me vi forzada a darme de baja. Hace tres días, algo extraño me sucedió mientras tomaba una de mis clases. Comencé a sentirme mareada y me desmayé. Al despertar, me encontraba en la enfermería. Y la doctora que me revisó, me dijo que tengo una extraña enfermedad para la que no hay cura. Sin embargo, existía una forma de que no avanzara, para que no me volviera a causar molestias.
Me sorprendí mucho cuando me dijo que debía encontrar a alguien con "buena sangre". ¿Cómo que "buena sangre"? ¿Acaso necesitaría transfusiones o algo así? ¡¿Qué demonios tenía?! Cabizbaja, volví a mi casa. Y desde entonces, no he vuelto a salir… a menos que fuera absolutamente necesario. Después de todo, vivía sola. Mis padres estaban lejos, pero como siempre se la vivían preocupados por mí, me mandaban cada mes el dinero que necesitaba para cubrir mis gastos.
Sin embargo, una tarde como cualquier otra, todo se volvió más confuso y extraño para mí. Abrí mis ojos negros con esfuerzo. Encontrándome en la cama, no podía moverme. Tenía mucha sed. Sentía que me faltaba el aire. Para colmo, el calor era sofocante. Estábamos en primavera, pero cerca de ser verano. De pronto, apareció ante mí una silueta conocida. Quería tomar mis lentes; ya que mi vista no era muy buena, pero me era imposible. La silueta me llamaba, decía mi nombre. Yo apenas podía oírla. Quería cerrar los ojos.
-¡Oye, Sarada! – sentándose al borde derecho de mi cama y tomándome de los hombros, la silueta se acercó a mí, permitiéndome escuchar su voz con más claridad. - ¡Sarada! ¡¿Me escuchas?! ¡Oye!
-A-Apenas… - hablé como pude. Y cuando parpadee un par de veces, me di cuenta de qué, quien estaba conmigo, era Boruto. Chouchou; mi amiga de la universidad, debió contarle lo que me había pasado. Pero, aun así… - ¿C-Cómo entraste a mí casa? – cuestioné entre jadeos. Quería levantarme, pero no pude. Seguía sin poder moverme.
-La casera me dio una copia de la llave. – me respondió, mostrándome el objeto, colgado en los dedos de su mano derecha. Yo hice una mueca. Obvio tenía que ser la chismosa de la casera, luego me las pagaría. Aunque, en mis condiciones actuales, dudaba mucho que consiguiera, por lo menos, gritarle a la cara. – Escucha, Sarada. Tienes que…
De pronto, escuché un quejido de su parte. Y a mi nariz llegó un aroma exquisito. Con ese pequeño incentivo, por fin pude levantarme. Tomar mis lentes de la mesita de noche que tenía a mi derecha y ver con mis propios ojos, como Boruto se había cortado el dedo; accidentalmente, con una bolsa que guardaba unas pastillas. Tragué saliva. El hilo de sangre saliendo de su dedo índice… haciendo mi razonamiento a un lado, tomé su mano y llevé su dedo a mi boca. Su sangre… Su sangre era deliciosa y hacía que mi corazón saltara dentro de mi pecho.
-¿S-Sarada? – escuché la voz de Boruto, pero no me importó.
Seguí rodeando su dedo con mi lengua hasta que, o la sangre desapareciera o yo quedara satisfecha. Para mí desgracia, terminó siendo lo primero. Necesitaba más. ¡Quería más! Y no sé cómo, pero tuve la fuerza suficiente para tomar a Boruto de los hombros y acostarlo al otro de la cama, conmigo encima. Mis lentes se habían resbalado de mi rostro, cayendo y rebotando en el piso de madera, lejos de nosotros. Los claros ojos azules de mi mejor amigo me miraban fijamente, sorprendidos. Yo no sabía qué tipo de expresión estaba poniendo, pero debió ser una que le producía bastante miedo, porque podía sentir como sus hombros temblaban debajo de mis manos.
-Sarada… - me llamó, atónito y asustado. - …tus ojos.
¿Mis ojos? giré mi cabeza hacia mi lado izquierdo. En el vidrio de la ventana, podía contemplar sin ninguna dificultad visual, mi largo cabello negro; cayendo por encima de mis hombros, y mis ojos… ¿Rojos? Me inquieté un poco. Pero, al compararlos con el bello atardecer que iluminaba la ciudad, me conmoví. Era como ver un atardecer carmesí en el interior de mis pupilas. Volví mi mirada hacia Boruto. Llevé mi mano izquierda a su mejilla y le dije burlonamente…
-¿Tienes miedo, gatito? – de inmediato, frunció el ceño.
-¡¿M-Miedo?! – preguntó enojado, con dos círculos en lugar de ojos y con un rubor adornando sus mejillas. - ¡¿P-Por qué lo tendría?! – yo sonreí y me aproximé a su oído derecho.
-Porque tengo mucha sed… - me sinceré. Pude haberle dicho otra cosa… pero la verdad es que no lo pensé mucho. Bajé mi mano de su mejilla derecha hacia su camisa blanca de mangas cortas. La estrujé, y auxiliándome con mi otra mano, la rasgué con fuerza hasta convertirla en varios trapos e hilos.
-¡¿S-Sara…?! – no pudo completar mi nombre, porque, ya teniendo el camino libre, me aproximé a su cuello y le encajé mis dientes para beber su sangre. Podía sentir debajo de mí como se arqueaba y gemía. - ¡S-Sarada…!
Lo mordí con más fuerza. Su sangre era tan deliciosa… no podía detenerme. De repente, sentí el impulso de deslizar mi mano derecha sobre su abdomen marcado. Boruto jadeó. Era como si se estuviera quedando sin aire. Seguía bebiendo más de su sangre y conduje mi mano por encima de sus pantalones.
-¡S-Sarada, espera! – gritó en mi oído derecho. No me importó. Acaricié su miembro por encima de la ropa y lo escuché gemir. – S-Sarada… - su tono de voz sonaba a que se había dado por vencido.
Levantó sus brazos y puso sus manos sobre mi espalda. Yo continué acariciando su entrepierna y bebiendo su sangre. Hasta que, unos segundos después, simplemente quedé satisfecha. Me aparté, arrodillándome sobre el colchón. Mis ojos se abrieron como platos al ver a Boruto con la respiración agitada, sonrojado, extasiado, sin playera… y un hilo de sangre donde había encajado mis dientes. ¿"Dientes"? ¿"Labios"? ¿Yo había hecho esto? Voltee de nuevo a la ventana. En mi boca había un par de colmillos, sobresaliendo un poco por encima de mis labios, junto con dos caminos de sangre a los lados. Me asusté. ¡¿Qué había hecho?!
-Sarada… - la voz de Boruto me despertó de mis pensamientos. Giré hacía él, sintiéndome culpable y abrumada. Él solo había venido a mi departamento a ayudarme… y yo lo recibí de una forma que ni yo misma puedo entender. – Vamos, Sarada, quita esa cara. Tú no eres así. – me habló con dulzura, llevando su mano derecha hasta mi rostro… para limpiar mis lágrimas.
-¿N-No estás enojado? – pregunté apenada. Él me sonrió.
Se sentó frente a mí y acercó su rostro al mío, besándome en los labios. Con su lengua, limpiaba dulcemente los rastros de sangre que se me habían quedado en las orillas. Al terminar, juntó su frente con la mía.
-Yo sé lo que tienes. – me confesó, dejándome más que anonadada. – La tía Hanabi me contó que te revisó. - ¡Es cierto! La tía de Boruto es la doctora que trabaja en la universidad. – Cuando escuché que tu enfermedad es incurable, me puse a investigar como loco en la biblioteca si había otra forma de tratarla. – me miró directo a los ojos. - Y encontré que, el hecho de que encuentres "sangre buena" en una persona, significa que estás destinada a pasar tu vida con ella. Es como el hilo del destino, pero versión vampírica o algo así. Solo les afecta a un 5% de las mujeres. Al cumplir 19 años, desarrollan los síntomas de un "vampiro" para "cazar" a su alma gemela.
-¿Entonces…? - volvió a besarme en la boca y me acostó con gentileza de nuevo en la cama.
-Mi sangre debió ser deliciosa para ti, porque no te me quitabas de encima ni dejabas de tocarme. – comentó burlón. Yo me sonrojé al instante.
-¡P-Perdón por eso! – exclamé de inmediato. ¡Qué vergüenza! - ¡No sé qué…! – volvió a besarme, tomando su rostro con su mano izquierda.
-Tranquila. Lo hiciste por qué tenías sed, no hay nada qué perdonar. – me dijo con una sonrisa. Sentí un poco de alivio. De pronto, su semblante cambió. - Pero… - se acercó a mí y desabrochó la camisa rosa de mi piyama. – sabes que ahora no te librarás tan fácilmente de lo que puedo hacerte, ¿Cierto?
Tragué saliva. El corazón me latía con tanta fuerza, que tenía miedo de que se diera cuenta. Además… ¡¿Yo?! ¡¿Destinada a estar con Boruto?! ¡¿Solo porque su sangre…?!
-¡Ah! – gemí fuertemente, arqueándome sobre la cama. ¡¿Qué diablos me estaba haciendo?! Levanté un poco mi mirada para verlo. Me tocaba y me besaba el torso. Subía y bajaba. Era una locura. Su toque era demasiado para mí… ¿Acaso esto era otro síntoma diabólico de mi "enfermedad"? – B-Boruto… - lo llamé con un jadeo torpe. Podía sentir un vergonzoso calor invadiendo mis mejillas. Entonces… me bajó los pantalones. – No… - supliqué entre jadeos. - ¡E-Espera…!
Pareció reaccionar y escucharme, porque de inmediato levantó la vista hacia mí. Mi respiración era un desastre. ¡Me estaba muriendo de la pena! Él… se me quedó viendo unos segundos en silencio y luego, me sonrió. Se acercó de nuevo a mi rostro y me besó en los labios. Solo un roce.
-No es lo que piensas. – me aseguró, susurrándome en el oído derecho.
Yo lo miraba confundida… ¡Me bajó los pantalones de mi piyama! ¡¿Cómo que no es lo pienso?! Y entonces… a los pocos segundos de haberme planteado esas preguntas, lo entendí. El tarado había introducido sus dedos debajo de mis bragas… mi respiración volvía a jugarme en contra. Sentía que me quedaría sin oxígeno en cualquier segundo. Mi cuerpo se calentaba más, mi corazón iba a explotar… ¡¿Por qué diantres tenía que reaccionar tan bien a la forma en la que me tocaba?!
-¡Ah…! ¡Ah…! – no podía pensar en nada que no fuera Boruto. Tocando mi intimidad, volviéndome loca con el roce de sus dedos. Con sus labios lamiendo y besando mis pechos, mi vientre y mi cuello. Y de pronto… todo se detuvo para mí. Aun habiendo vivido esa experiencia, y sus consecuencias… - más… más… - me atreví a murmurar esa pequeña y peligrosa palabra.
Boruto se levantó y me miró. Sus mechones rubios caían a los lados de su rostro. Sacó su mano derecha del interior de mis bragas y con la otra, me tocó en mi mejilla derecha. Yo continuaba respirando agitada. Mi pecho subía y bajaba, aún por la excitación de su toque.
-Tus ojos son hermosos, Sarada. – me comentó, mientras yo me esforzaba por volver a la realidad. – Es como ver un atardecer carmesí dentro de tus pupilas.
Abrí mis ojos como platos. ¡¿Ahora resulta que había despertado el poder de leer mis pensamientos o qué?! Enojada, tomé un cojín en mi lado izquierdo y se lo lancé en la cara, haciéndolo caer de la cama. ¡De un segundo a otro, me sentía furiosa!
-¡¿S-Sarada?! – me llamó asustado, arrastrándose por el piso.
Yo estaba hecha una fiera. Tomé más almohadas y se las comencé a lanzar. En un momento, aprovechó una oportunidad para ponerse de pie y correr alrededor de mi departamento. Saltaba por los muebles para evitar que lo golpeara. Y si yo pasaba por una almohada que había tirado anteriormente, la tomaba y se la arrojaba de nuevo.
-¡Oye, ¿Qué te pasa?! – gritó confundido, parado junto al refrigerador y esquivando dos almohadas que le lancé. - ¡Te hice un cumplido, no te enfades con…! - ¡SIIIIII! ¡Le di justo en la cara!
Mientras se sobaba la nariz, no pude evitar soltar una carcajada. Él también comenzó a reír. Pasados unos segundos, en los que nos quedamos en silencio absoluto y con nuestras miradas dirigidas a otra parte, Boruto se me acercó de nuevo. Me tomó de la cadera y me besó en los labios. Yo correspondí. Cerré los ojos y rodee su cuello con mis brazos, disfrutando cada roce que su lengua le daba a la mía. Y viceversa. Por la falta de aire, nos separamos. Un instante que él aprovechó para abrazarme.
-Oye… - me susurró serio, dando un paso hacia atrás para verme fijamente a los ojos. - me dio algo de sed cuando vi que no tenías puesto un sostén. Espero no te moleste. – lo vi atónita.
-¿C-Cómo? – interrogué. Poco a poco me estaba congelando.
Tomándome de los hombros, Boruto me condujo con gentileza a un espejo de cuerpo completo que tenía colgado en el vestíbulo. Deslizó sus dedos por los bordes de mi camisa y la abrió. Tenía marcas de sus mordidas en casi todo mi torso, incluyendo en la parte superior de mis pechos y unas pocas en mi cuello. ¡Ahora entiendo cómo fue que terminé tan agitada!
-Olvidé mencionarlo. – comentó, soltando mi camisa y volteándome hacia él. - Cuando tu enfermedad comenzó a manifestarse… despertaste también mis síntomas. – Eso me dejó en shock.
-Boruto… ¿Tú también? – ante mi pregunta, él llevó su mano por detrás de su cabello rubio.
-Es una enfermedad de pareja. – contestó. - Así que, si mi sangre te sabe delicioso… - se acercó a mí y deslizó mi camisa hacia mi brazo, dejando al descubierto mi hombro derecho. - entonces la tuya también puede satisfacerme.
FIN.
Aquí termina está alocada historia corta de Boruto y Sarada siendo vampiritos XD jajaja
Muchas gracias por leer! Si les gusta el SasuHina, los invito a que se pasen por mí perfil a leer mis historias "Haunted and Lost" y "De mí para tí". Esta última, es una historia exclusiva que solo voy a subir aquí en fanfiction y cuenta con tres capítulos... también es bastante atrevida como este BoruSara XD jajaja Espero puedan darle una oportunidad. Muchisimas gracias por leerme Y DEVOLVERME A LA VIDA! XD BYE!
