¿Qué hay, gente? Ya hoy se estrena la película aquí en México, ¡yay! Iré a verla con mis papás hoy mismo, pero hasta las 6:30 de la tarde.
Les recuerdo que este capítulo contiene un gran e importante spoiler de la película (que vi por accidente gracias a cierta compañía de juguetes), así que si no has visto la película, deja de leer en este momento, y vuelve luego de que la hayas visto.
Lamentablemente, no tendré tiempo de subir otro fanfic que estaba escribiendo acerca de cómo podría ser el encuentro entre Sonic y Knuckles; tampoco podré terminar las versiones traducidas de mis otros fanfics de especulación a tiempo.
En fin, si ya vieron la película, o de plano no les importan los spoilers, lean y disfruten.
2
El poder de la familia
Sonic caminó lento, pero seguro fuera de la tienda, subiendo a lo alto de una pila de escombro de la calle para poder verse más imponente. A lo lejos divisó al robot, el cual estaba ocupado destruyendo otras tiendas mientras buscaba al erizo.
—¡Oye, Eggman! —exclamó para llamar su atención. Inmediatamente el inmenso robot se volvió y dirigió sus brillantes ojos verdes hacia él
—¡Vaya! Pero si es el pequeño héroe —se mofó Robotnik. Su voz resonaba por todas partes gracias a un micrófono conectado al robot.
—Tienes exactamente cinco segundos para devolver la esmeralda y desaparecer de aquí —sentenció Sonic con decisión—, si no quieres que hagamos pedazos tu juguetito.
El doctor rió histéricamente.
—¿De verdad crees que tienen oportunidad contra mí? —se mofó Robotnik— ¡Por favor! Si ni siquiera ese inútil equidna pudo acabar con un insignificante erizo como tú, ¿crees que podrá conmigo y mis máquinas? ¡JA! ¿Cómo piensan detenerme? ¡Todas las probabilidades están en tu contra!
Sonic se volvió hacia Tails y luego, a Knuckles; ambos asintieron con la cabeza.
—Tal vez sea cierto, pero nosotros le apostamos a esa pequeña probabilidad que nos da el triunfo. Cinco…
El robot de Robotnik dio un paso hacia adelante.
—Cuatro…
Knuckles se puso en guardia con los puños cargados de energía, mientras que Tails, por su parte, alistaba su bláster.
—Tres…
Sonic se puso en posición; la energía caos se arremolinaba dentro de su cuerpo y se manifestaba por medio de rayos azules.
—Dos…
A pesar de que no alcanzaban a verse, tanto Sonic como Robotnik sabían que ambos se veían fijamente, un destello azul eléctrico y otro destello verde esmeralda encendieron sus respectivos ojos.
—¡UNO!
Robotnik desplegó un ejército de badniks: Drones Huevo y Buzz Bombers disparaban a Sonic y sus amigos a diestra y siniestra mientras que éstos últimos los esquivaban con agilidad y destruían a varios de ellos.
Los tres amigos coordinaban sus ataques como si se leyeran la mente entre los tres, realizando combinaciones de disparos, golpes, e incluso ataques giratorios, demostrando ser lo más efectivo contra los drones si lo hacían al mismo tiempo. Era como jugar a los bolos, pero en el aire.
Al ver que sus drones estaban siendo diezmados, Robotnik decidió que era su turno de entrar a la cancha.
—¡Despídanse, alimañas! —anunció el doctor al tiempo que presionaba todos los botones de su tablero; láseres, misiles y todo tipo de proyectiles salieron disparados hacia Sonic y sus amigos. Por su parte, ninguno de los tres tuvo problema en abrirse paso entre el fuego, mientras Knuckles se encargaba de destruir o desviar proyectiles, Tails llevaba a Sonic volando hacia el robot. Tomando impulso, el joven zorro lanzó al erizo azul hacia la cabeza del robot.
—¡Si te metes con el erizo, te tocan las púas!
El ataque giratorio de Sonic resultó efectivo, golpeando al robot de lleno en la cara y haciendo que éste se tambalee, pero sin causarle un mayor daño. Luego de reponerse, Robotnik soltó una carcajada burlona.
—¿Eso fue lo mejor que tenías?
Sonic, quien había caído en lo alto de un árbol, vio con sorpresa que su ataque no funcionó a pesar de que puso toda su energía en ello.
De pronto, algo llamó la atención de Robotnik; usando la visión térmica de su máquina gigante, descubrió que Tom y Maddie Wachowski estaban resguardados dentro de la tienda de antigüedades al final de la calle. Una sonrisa perversa se dibujó en su rostro. El doctor entonces dirigió la vista del robot hacia la tienda de antigüedades, disparando su visión láser a su objetivo.
—¡NO! —gritó Sonic al darse cuenta de lo que pensaba hacer, pero ya era tarde. El láser impactó con la tienda, haciéndola explotar. El joven erizo azul no podía creerlo: sus amigos… No… Sus padres humanos estaban muertos y todo por culpa suya. Nuevamente había arriesgado la vida de sus seres queridos; nuevamente había perdido la única familia que tenía; nuevamente les había fallado…
Estando perdido en sus pensamientos, no se dio cuenta de que el robot ahora se había vuelto hacia él con la mano izquierda acercándose peligrosamente, para cuando se dio cuenta, ya era tarde. La inmensa mano lo golpeó con tal fuerza que salió volando hacia la parte destruida del bosque, cayendo sobre un puente y derribándolo por la fuerza del impacto.
—¡Sonic! —gritó Tails, alarmado.
Robotnik rió maniáticamente.
Aprovechando la vorágine del doctor, Tails se dirigió hacia donde se encontraba Knuckles, tomando al equidna de las manos y elevándolo hacia la cabeza del robot. La única forma de terminar con esto era quitándole la esmeralda. Una vez ahí, el pequeño zorro tomó su llave multiusos y la ajustó para que se convirtiera en una fina lámina de energía que cortó un gran agujero a un costado de la cabeza del robot.
Robotnik fue tomado por sorpresa cuando un puñado de bombas pegajosas entró por el agujero hecho por Tails, seguido de varios disparos provenientes del bláster del pequeño inventor.
—¡Ven aquí, pequeño…! —dijo Robotnik mientras intentaba atrapar a Tails, quien revoloteaba a su alrededor como un molesto mosquito.
De pronto, una gruesa y potente voz a espaldas de Robotnik, llamó su atención.
—¡Knock, knock, huevo podrido! —dijo Knuckles al tiempo que le asestaba un poderoso golpe a Robotnik, justo en el estómago.
El doctor dejó salir un grito ahogado después de que le quitaran el aire de golpe. Mientras se doblaba de dolor, no se dio cuenta de que la esmeralda había salido disparada de su cuerpo, cayendo fuera del robot. El gigante de metal pronto perdió energía y se desplomó sobre la tierra; tal fue la fuerza de su caída que Tails y Knuckles no tuvieron tiempo de reaccionar y también cayeron fuera del robot.
Durante unos tensos instantes hubo silencio, hasta que de entre los escombros, un herido Sonic se despertó y fijó su vista en un objeto brillante a unos cuantos metros lejos de él: ahí, entre el polvo y escombros de roca, yacía la esmeralda, intacta a pesar de haber caído desde una gran altura.
—La… la esmeralda —murmuró Sonic débilmente.
Juntando todas sus fuerzas, el erizo consiguió levantarse, desgraciadamente, la caída le había herido gravemente su pierna derecha, por lo que ahora no podía depender de su velocidad, de modo que caminó como pudo, arrastrando su pierna herida sobre la tierra. Sin embargo, detrás de él se cernió una enorme sombra: Robotnik había conseguido reactivar el robot con una fuente de energía alterna y ahora iba tras el herido erizo.
Ignorando el agonizante dolor, Sonic cojeó lo más aprisa que pudo hacia la esmeralda, trastabillando y cayendo al menos un par de veces durante su trayecto. Una vez la esmeralda estuvo a su alcance, el agotado erizo no pudo más y se desplomó; su brazo derecho estaba doblado en un ángulo extraño, mientras que el izquierdo yacía extendido por encima de su cabeza, un último y desesperado intento de alcanzar la esmeralda antes de perder por completo el conocimiento.
—¡Sonic! —exclamó Tails tras ver a su amigo caer inconsciente sobre la tierra.
Tanto el pequeño zorro como Knuckles habían corrido en busca de Sonic y la esmeralda en cuanto vieron al robot levantándose, mas no se esperaban encontrar a su amigo casi muerto frente a la poderosa gema. Pronto ambos fueron alcanzados por los Wachowski, quienes habían logrado escapar antes del ataque a la tienda de antigüedades, aunque con unos cuantos cortes en las cejas. Ambos se bajaron de prisa de la camioneta en la que venían al ver a lo lejos a su hijo adoptivo, inmóvil en el suelo.
Sin pensarlo dos veces, Tails se lanzó raudo hacia donde se encontraba Sonic, volando lo más rápido que sus colas gemelas se lo permitían. Mientras tanto, Knuckles se percató de que los dedos de Sonic rozaban la superficie de la esmeralda, la cual había empezado a emitir un leve destello.
—¡Espera…! —gritó el guerrero equidna para intentar detener a Tails.
Todo sucedió en menos de un segundo.
El enorme robot tenía levantado el pie izquierdo, justo por encima de la inmóvil figura del erizo…
—¡Se acabó el juego, roedor! —exclamó Robotnik con un aire desquiciado y una mirada que denotaba su deseo de aniquilar a su enemigo.
Antes de que Tails pudiera llegar, el robot dejó caer su gigantesco pie sobre Sonic, torciéndolo hacia afuera para asegurarse de que quedase bien aplastado, como si de una cucaracha se tratase. El pequeño zorro se detuvo en seco y se desplomó sobre la tierra, derrotado y perplejo.
—¡NOOO! —gritó con los ojos anegados de lágrimas.
—¡SONIC! —gritaron los Wachowski al unísono.
En los ojos de Robotnik ya no se veía una sola pizca de cordura, sólo la satisfacción de al fin haber acabado con su enemigo, ahora sólo le quedaba tomar la esmeralda de entre los restos del erizo y acabar con el resto del mundo.
Pero poco le duró la celebración a Robotnik, pues debajo del pie izquierdo del robot, comenzó a surgir un resplandor dorado que cada vez se hacía más intenso. El gigante de metal se estremeció al igual que su creador.
Súbitamente, un fuerte rayo de luz salió disparado de debajo del pie del robot, perforándolo al impacto y haciendo que el resto del cuerpo perdiera el equilibrio, sin embargo, ese no era un rayo de luz. Una vez su visión se ajustó, Robotnik, Tails, Knuckles y los Wachowski divisaron una silueta familiar en medio de la luz: ante las miradas atónitas de todos se encontraba Sonic, con las púas apuntando hacia arriba, las irises de los ojos de color rojo como rubíes y el pelaje de un intenso color amarillo, casi dorado, que emanaba una luz cegadora y cálida. Era como mirar al sol mismo.
—Ya te lo dije —dijo Sonic, rompiendo el silencio—: ¡soy un erizo!
El ahora súper cargado erizo lanzó un ataque de rayos dorados hacia el robot, el cual quedó tan perforado como un queso suizo. Robotnik estaba perplejo y no podía pensar con claridad; el antinatural resplandor del erizo le llenó el cuerpo de un súbito temor que se incrustó hasta su alma. A pesar de sus intentos por acabarlo con los misiles y la visión láser, todo fue inútil, puesto que cada proyectil se desvanecía al entrar en contacto con la poderosa aura caótica del erizo.
—Mami —dijo Robotnik al ver que no tenía escapatoria.
Sonic se lanzó en forma de un último ataque giratorio, cargado con toda la energía caos de la esmeralda, dándole de lleno al robot en el pecho, ocasionando una inmensa explosión que obligó a sus amigos a cubrirse tras la camioneta. Enormes pedazos de escombro salieron disparados hacia todas direcciones. Tails fue el primero en aventurarse a salir del escondite para poder encontrar a Sonic; pronto fue seguido por Knuckles. Ambos desaparecieron entre el espeso humo que ahora inundaba el lugar.
Tom y Maddie se tomaron de las manos, expectantes ante cualquier movimiento que les indicara que los niños estuvieran volviendo. Tras unos largos y tensos minutos de espera, finalmente divisaron a lo lejos un par de siluetas: la de Tails, y Knuckles y…
Sonic.
Los Wachowski sintieron como si se les hubiera detenido el corazón. Tails sostenía la esmeralda en sus pequeñas manos con un semblante de desolación, mientras que ahí, siendo llevado en brazos de Knuckles, se encontraba Sonic, de vuelta con su pelaje azul, aunque manchado por la tierra; el pequeño tenía los ojos cerrados y sus manos y pies colgaban sin vida. El equidna depositó con cuidado el cuerpo del erizo a los pies de los Wachowski, quienes al instante se lanzaron al suelo para examinarlo. Tom lo tomó entre sus brazos y lo sacudió levemente.
—¿Ey? ¡Ey! ¿Amigo? —repitió el sheriff varias veces, pero sin obtener respuesta alguna.
Maddie tomó la mano de su esposo, con miedo en sus ahora llorosos ojos.
—Él nos salvó —dijo Tails con un nudo en la garganta y el labio tembloroso.
Tom se volvió hacia Sonic nuevamente, levantando su cabeza delicadamente.
—¿Sonic? —lo llamó, pero el erizo ni se inmutó. No parecía estar respirando.
Knuckles bajó la cabeza mientras que Tails no pudo contenerse y rompió en un llanto silencioso. Los cuatro lloraron a su amigo caído en batalla, habiendo muerto salvando incontables vidas, convirtiéndose en el héroe que tanto había anhelado ser… pero, ¿a qué precio?
De pronto, fueron asustados por una tos fuerte.
—¿Qué pasó? —preguntó Sonic algo aturdido.
—¡Sonic! —exclamó Tails, quien alegre, se lanzó sobre el erizo, envolviéndolo en un fuerte abrazo. Desde su lado, Knuckles soltó un suspiro, aliviado. Por primera vez en mucho tiempo, no pudo evitar sonreír.
—También me alegro de verte, amigo —dijo Sonic, correspondiéndole el abrazo al joven zorro amarillo.
—¿Y qué? ¿Para nosotros no hay? —bromeó Tom.
—¡Están vivos! —exclamó Sonic, lanzándose a abrazar a su padre y madre adoptivos. De pronto sintió cómo su corazón se llenó de dicha—. Perdónenme.
—¿Por qué? —inquirió Maddie, secándose las lágrimas.
—Por haberlos puesto en peligro —respondió el erizo, limpiándose la nariz con el dorso de su mano—. Casi mueren por mi culpa.
—No tienes que disculparte —replicó Tom—. Somos una familia, y las familias permanecen juntas sin importar qué.
—Nosotros decidimos venir a ayudarte porque es lo que hacemos —añadió Maddie—. No te cambiaríamos por nada en este mundo.
Sonic sonrió y se abalanzó nuevamente sobre los Wachowski, abrazándolos con todo el amor del mundo. Éstos lo abrazaron por igual.
—Oigan, pero ¿qué pasó? —inquirió Sonic al darse cuenta de que no recordaba parte de lo que pasó antes de despertar— ¿Y el robot? ¿Qué pasó con Eggman?
—Encontré una cápsula en forma de huevo atascada entre unos árboles —informó Tails—. Eggman está ahí dentro, pero está inconsciente.
—¡Sí que es un huevo duro! —dijo Sonic— Pero, ¿y el robot?
—¿No te acuerdas? —terció Knuckles— Absorbiste la energía de la esmeralda y te convertiste en caos puro.
—¿Quéeeeeeeee?
—¡Síii! —añadió Tails— Te convertiste en una especie de súper erizo que irradiaba una luz dorada, ¡y lanzabas rayos y toda la cosa!
—Me estás diciendo que me transformé en algo súper genial, ¡¿y no me acuerdo de nada?! Por favor, díganme que alguien me tomó una foto o video.
Los cuatro amigos de Sonic miraron en otras direcciones para evitar darle la noticia. El erizo lanzó un quejido.
—Aw, ¡no es justo! —se quejó, cruzándose de brazos y haciendo un puchero.
—No te preocupes, amigo —lo consoló Tom, dándole unas palmadas en la espalda—. Estoy seguro de que volveremos a ver esa transformación tuya… pero espero que no sea muy pronto.
—Creo que ya tuve suficiente acción por un fin de semana —dijo Sonic, acto seguido, se volvió hacia Tails y Knuckles—, ¿cierto, chicos?
Los tres se miraron unos instantes para después responder al unísono:
—¡Nah!
Los cinco se echaron a reír para después chocar los puños entre ellos en señal de celebración. Sonic se sentía el erizo más afortunado del universo: tenía un hogar, una familia y nuevos amigos con talentos extraordinarios como él. Ya nunca más se sentiría solo. Ahora todos eran familia.
¡Y eso fue todo por este Two-Shot! Espero que les haya gustado; no olviden dejarme sus comentarios porque sí los leo ;)
Tampoco olviden que pueden encontrar esta misma historia en mis cuentas de Archive of Our Own y Wattpad (ahí incluyo imágenes o dibujos que yo hago).
Muchísimas gracias por leer, espero tengan un maravilloso día, ¡y no se olviden de ver Sonic 2 La Película en cines! ¡Hasta la próxima!
