El reino de Hana, un hermoso reino prospero y muy hermoso había sido tiranizado por su cruel reina durante años, después del fallecimiento de su esposo (muchos decían que asesinato) llevando al reino casi al borde de la destrucción y de la miseria.

Por suerte, el príncipe heredero quienes muchos creían muerto, cuando fue a estudiar al extranjero regreso y formo una rebelión contra su malvada madre, despojándola del trono y mandándola al exilio.

Años después de aquello y después de mucho esfuerzo por parte del, ahora rey, y de sus hermanos menores los principes, el reino volvía a ser tan prospero como lo era antaño y todos eran felices y estaban agradecidos con aquel serio pero bondadoso rey que pronto iba a contraer nupcias con la princesa del reino Amai.

Todos en el castillo estaban muy ocupados, no solo por los preparativos de la boda, sino también por la llegada de nuevos sirvientes al palacio que tenían que ser entrenados antes de saludar al rey y a los principes como será costumbre.

Entre ellos, la joven princesa del reino y la única mujer, corría por los pasillos del palacio buscando desesperadamente algo o más bien a alguien.

No tardo mucho en llegar al campo de entrenamiento donde estaban sus dos hermanos mayores, los gemelos Doppio y Lungo y los guerreros más fuertes del país, aunque Lungo era el capitán de la guardia real y Doppio se encargaba de la política, siendo el consejero de su hermano mayor, eso no impedía que ambos fueran los más fuertes y estaba claro cuando ambos entrenaban, nadie quería acercarse, claro salvo su pequeña hermana.

-Doppio, Lungo-les llamo mientras se acercaba a ellos, ambos hermanos dejaron rápidamente de entrenar para mirar a su hermana, cualquier otro se hubiera ganado una buena reprimenda y quizás un espadazo, pero su hermana era otra cosa, ellos harían lo que fuera por su pequeña.

-¿Qué pasa Vainilla? ¿Ha pasado algo malo?-pregunto Lungo rápidamente, era raro que ella fuera hasta ellos gritando tal exaltada.

-¡Al contrario, es algo maravilloso!-refuto la joven con una sonrisa mientras miraba a los gemelos-estaba con Nana asegurándome de que todo estuviera yendo bien para la llegada de los nuevos criados y la boda de Café...cuando vi...-su sonrisa de hizo más grande-A Penny y a Willy.

Penélope (Penny) Pinzell y William (Willy) Cream, eran nombres que ambos no pensaron en volver a escuchar nunca más.

Ellos dos fueron hijos de familias nobles muy influyentes cuando su padre aun vivía, y ambos eran amigos de la infancia de Cream, al mismo tiempo que sus acompañantes, también se habían convertido en personas muy importante para los gemelos. Pero, cuando su padre murió y su madre usurpo el trono, acuso a ambas familias de traición y los despojo de sus títulos y todas sus propiedades, por un tiempo pensaron que estaban muertos, hasta que algunos sirvientes fieles a su padre y a su hermano (entre ellos su nana) les dijeron que seguían vivos y que ahora eran plebeyos que trabajan junto a sus familias en pequeñas tiendas.

Por su puesto, los gemelos pensaron muchas veces en buscarlos, pero era demasiado peligroso, así que solo podían enviar dinero discretamente para ayudar.

-¿Estas segura de que son ellos?-pregunto Doppio, sentía que una pequeña ilusión crecía en su interior por la posibilidad de ver a aquel pequeño revoltoso que aun aparecía en su sueños.

-Si, segurísima de que eran ellos, estaban con el resto de criados, creo que van a trabajar aquí, Penny estaba con las costureras y Willy con los cocineros.

Los dos hermanos se miraron entre ellos, quizás si había una posibilidad después de todo, ya que no había restricción alguna para trabajar en el palacio, salvo no tener sentencias penales y ser mayor de edad.

En cualquier caso, lo averiguarían mañana con la presentación de los nuevos sirvientes.