N/A: Para la segunda semana del fictober de Aquelarre (witcheswritings), me fue otorgado por prompt: escribir un drabble inspirado en un video aleatorio de mi segunda playlist en YouTube. La canción y el vídeo han sido "Green Light" de Lorde.
Escribí otra vez Kokonui y más angst de ruptura, pero no quise seguir siendo injusta con Koko, así que aquí está, punto de vista de Hajime para balancear mi fictober jojo (Aclaración: yo amo por igual a mis bebés).
Koko no volverá a casa.
Cuando aún asistía a sus citas, el terapeuta dijo que tendría "episodios" y, por supuesto, le indicó la forma de sobrellevarlos. Sin embargo, ahora Hajime no se toma la molestia de reflexionar respecto al más sano manejo de su dolor. Simplemente se acomoda el saco, peina su cabello con los dedos y vuelve a apoyarse en el lavamanos, mirándose en el espejo. La música del club llega a él amortiguada por las paredes.
Koko no volverá a casa, ni esta noche ni ninguna otra. Se aparta del lavamanos y sale del baño. Se abre camino entre la gente hasta que una ráfaga de aire frío lo golpea, sacudiendo y metiéndose debajo de su ropa. Es vivificante. Cruza la calle, del otro lado ya le espera la camioneta.
—A donde sea —responde cuando su chofer le pide una dirección—. Menos al departamento de Inui.
Ya no es "casa" y hace tiempo dejó de ser "hogar". Koko sonríe para sí, apoyándose sobre la ventana medio abierta para mirar al cielo nocturno. La luz de la calle ilumina su rostro en intervalos que le parecen divertidos. Ríe. Es libre. Por fin . Hoy se arranca a Inui Seishu de la piel. Es violento y corre el riesgo de desangrarse, pero incluso si lo mata, es libertad.
La luz verde de un semáforo se refleja contra el pavimento mojado. Es el final . Se le llenan los ojos de lágrimas que furiosamente retiene. Fueron años injustos, pero él no notó el intercambio enfermizo. Él solo veía lo malo de sí mismo: retuvo a Seishu porque era lo único que le quedaba de Akane. Al final, ¿podía seguir reprochándoselo? Muy atrás ha quedado la época en la que veía en los ojos verdes de Inupi el reflejo de su hermana; cuando mira a Seishu, Koko solo lo ve a él. Y sí, ha sido horrible. Ha sido tan horrible para Inui que Hajime no pensó en nada más: ha sido horrible para él también .
Siente que hiperventila y le pide al chofer detenerse.
—Caminaré.
—¿A dónde?
—No importa. Ve a dar una vuelta, te llamo cuando haya terminado.
El hombre titubea antes de obedecer. Cuando la camioneta ha dado la vuelta en la siguiente calle, Hajime mete las manos en los bolsillos de su túnica y empieza a caminar.
Koko , siempre el monstruo, el que usa y agota todo lo bueno. Una verdad que él también ha creído, sin cuestionarla, la ha necesitado para seguir todos estos años. Desde luego, no es una mentira, pero tampoco es tan simple.
—Estoy cansado —habla a la calle solitaria, limpiándose con el puño lágrimas que no llega a derramar.
Koko, siendo honesto y justo consigo mismo por primera vez en el cielo sabe cuánto tiempo, también ha sido el protector, el donante infatigable, un seguidor leal; el niño atrapado en un trauma, compulsivamente tratando de subsanar un error que no cometió.
Aguardando el cambio de luz de un semáforo, Koko se acepta completo al fin.
