Tokyo Revengers le pertenece a Ken Wakui.
Semi-AU
Yuzuha alzo su mano para tocar la hoja de madera.
No paso mucho cuando la puerta de la pequeña casa se abrió, una pequeña niña de aproximadamente doce años se asomo a ver quien había tocado con expresión recelosa. Su cabello claro se balanceo cuando ladeo la cabeza.
No paso mucho cuando reconoció a la muchacha afuera de su casa. Una brillante sonrisa se asomo a su rostro infantil antes de correr y abrazar a Yuzuha.
—¡Yuzu-chan! — exclamo la niña.
—Luna — pronuncio Yuzuha en un tono bajo y dulce.
Escucho enseguida unos pasos desde el interior de la casa, Mana Mitsuya apareció para unirse al abrazo amoroso.
Yuzuha soltó una pequeña risa musical, encantada por el recibimiento de las pequeñas, a quienes adoraba como si fueran sus propias hermanitas. Se separo de ellas y las invito a ingresar de nuevo a su casa para comer el helado que había comprado de camino.
Yuzuha admiro el lugar con empatia, era un lugar pequeño pero acogedor. En el pasado muchas veces comparo ese lugar con el suyo propio. Su casa podía ser mucho mas grande, pero era tan fría y solitaria. No se sentía ese amor y recibimiento que al pasar del umbral de la puerta sentías con los Mitsuya.
—¿Hoy hasta que hora te quedarás con nosotras? — la pregunta de Luna la saco de sus pensamientos.
—Tu hermano solo me dijo que hoy trabajara hasta muy tarde.
Mana y Luna aplaudieron contentas.
A las pequeñas hermanas les gustaba mucho Yuzuha.
Yuzuha se dio cuenta que aun seguía de pie y se apresuro acomodarse junto a las pequeñas en el kotatsu, dejo su bolso aun lado en el piso y saco el helado. Mana ante eso corrió emocionada a la cocina por tres cucharas.
Las tres disfrutaron del helado mientras miraban el programa infantil favorito de Luna.
A la cinco las mando a tomar un baño, les preparo algo de comer para la cena, y las ayudo muy contenta con sus tareas escolares. Mientras las cuidada, Yuzuha no podía evitar recordar enternecida cuando hacia lo propio con Hakkai.
A eso de las ocho, Yuzuha acomodo a las pequeñas en el colchón que compartían para dormir. Tomo la manta y las arropo con cuidado. Corrió la cortina que separaba el pequeño espacio asignado como su trozo de habitación en el de su hermano mayor y se sentó en el piso en la sala.
Se sobresalto al escuchar un trueno y parpadeo absorta cuando las gotas no se hicieron esperar para caer sobre Tokyo. A medida que pasaban los minutos y la tormenta no cesaba, Yuzuha empezó a cruzar los dedos deseando que escampara, pero parecía que en realidad surtía el efecto contrario, las gotas no dejaban de golpear contra la ventana cada vez con más fuerza.
—Demonios, y no traje sombrilla — refunfuño.
Desvió al mirada hacia la puerta cuando la escucho abrirse. Mitsuya ingresaba al lugar todo empapado, claramente la lluvia lo había alcanzado.
Yuzuha se apresuro a pasarle una toalla mientras él se quitaba los zapatos.
—Lo siento Yuzuha, ahora con esta lluvia se te hará aun mas tarde ir a casa — se disculpo Takashi mientras secaba su cabello.
—No te preocupes, tomaré un taxi.
Mitsuya se levanto y ambos quedaron muy cerca, Yuzuha no se había echado hacia atrás luego que dejo la toalla sobre los hombros de su amigo.
—¿Quieres te prepare un té? — sugirió la chica de cabello claro, buscando que decir tras una rara pausa entre ambos. En el fondo aun se podían escuchar los truenos y las gotas golpear con fuerza contra los vidrios.
—Yo lo preparare, creo ya he abusado mucho de ti — rió Takashi, dirigiéndose hacia la pequeña cocina. — Siéntate en el Kotatsu, empieza hacer frió.
Yuzuha solo asintió, y metió las piernas por debajo de la mesa, enseguida su manta le proporciono calor a la parte inferior de su cuerpo. Desde ahí observo a Mitsuya colocar la tetera en la estufa y luego ir hacia su habitación. Se había cambiado la ropa mojada, ahora salia en un mono deportivo y una camisa manga corta de dormir.
Preparo los té en dos taza y se sentó aun lado de Yuzuha, ella tomo la taza y llevo a sus labios agradecida.
—¿Cómo te fue en el trabajo?
—Bien ¿te dijo algo increíble? Ya tengo ahorrado lo suficiente para pagar la primera parte para poder adquirir el departamento.
Yuzuha sonrío y apoyo un codo en la mesa, su cabeza descanso en la palma de su mano.
—Entonces pronto podrás dedicarte a la confección de ropa, como tanto soñaste.
—Eso espero — y río. — Y ya no tendrás que ayudarme mucho con Mana y Luna.
Yuzuha negó.
—Me encanta cuidar de tus hermanitas, son muy lindas. Así que puedes seguir pidiéndome ayuda cuanto quieras.
Fue cuando, sin pensarlo ni prevenirlo, ambos se quedaron mirando fijamente, sin necesidad de decir nada. Solo compartiendo un momento agradable en silencio, colo con la lluvia de fondo golpetear. De momento el ambiente se sintió agradable e intimo.
—Me gusta tu casa Mitsuya —soltó de pronto Yuzuha.
—¿Si? pero si no es nada comparada a la tuya — él intento bromear pero trago saliva cuando su amiga se inclino hacia él.
—Es acogedora, cálida...
—¿Cálida? no se tu Yuzuha, pero ahorita yo me estoy muriendo de frío.
Yuzuha suspiro.
—No hablo de temperatura, tontito — Miro a su alrededor, una sonrisa enternecida adorno su rostro — Siempre diré que me alegra que mi hermano te haya conocido, al menos en medio de aquel calvario, pudo disfrutar contigo de lo que se trataba estar en un bonito y acogedor ambiente familiar. —bajo la mira, hacia sus piernas cubiertas por la manta del kotetsu.
Sus parpados empezaban a cerrarse.
Mitsuya la miro fijamente. "¿te gusta mi hermana?" la palabras de Hakkai llegaran a su mente, sobresaltándolo. Aquello se lo había preguntado de pronto, un día donde habían ido simplemente a caminar. Mitsuya no pudo responder y solo desvió la mirada. Hakkai rió y lo agarro por los hombros "Lo sé. Y tienes mi permiso" Mitsuya le miro como si estuviera loco, entonces Shiba bajo la mirada acongojado "Aunque sea el menor, se que no he sido un muy buen hermano ¿sabes algo? Yuzuha no sabe lo que es recibir cariño, y se que tu, mas que nadie, sabrías como dárselo"
Sus mejillas se ruborizaron y rasco por costumbre con su dedo indice su cabeza, ahí donde estaba el tatuaje del dragón.
Yuzuha sintió cada vez los parpados mas pesados, pero no quería dormirse, debía estar pendiente de cuando escampara para poder regresar a casa.
Fue entonces cuando sintió un brazo por sobre sus hombros y de pronto se vio, para su sorpresa, contra el torso de su amigo. Alzo la mirada hacia él intrigada, con su corazón empezando a latir con mucha mas prisa de la que debería.
Azul y ámbar se encontraron.
—¿Mitsuya?
—Puedes dormir sobre mi Yuzuha, estarás mas cómoda. No me molesta —le susurro el chico en un pequeño titubeo. Solo esperaba que la chica no lo rechazara ante ese gesto, que ahora veía muy atrevido.
Yuzuha parpadeo con algo de nerviosismo, era con exactitud la primera vez que se abrazaban. Cerro sus ojos un momento, probando que sentía con ello. Y la verdad... era que se sentía de pronto cansada y el pecho de Mitsuya era ahora la mejor almohada del mundo.
Una almohada muy cálida. Una que para su propia sorpresa no quería soltar.
Con algo de timidez paso un brazo por la cintura de Takashi, queriendo estar mas cómoda.
—Al menos avísame cuando escampe—susurro.
—No te preocupes, lo haré. — Mitsuya se pregunto si Yuzuha era consciente del ambiente intimo, pero no de ese tipo de antes, en el que ahora se encontraban.
—Sera extraño —dijo de pronto Mitsuya, luego de un pequeño tiempo en silencio. Un rubor se asomaba en sus mejillas, al sentir caliente donde el brazo de Yuzuha estaba posado. Miro a todas partes, como si fuera la primera vez que miraba su casa. —Dejar este lugar, no lo haré desde el principio, mi mamá quiere le siga ayudando con Mana y Luna, pero sin duda será algo paulatino, gradual, hasta que me mude por completo.
Yuzuha hablo en medio de la somnolencia.
—Pero siempre será parte importante de tus recuerdos, fue donde creciste. —dijo, y movió sin pensarlo primero su mejilla contra el pecho de Takashi. —Eres inesperadamente cómodo Mitsuya.
El chico mojo sus labios.
—Me alegra ser una cama útil. — bromeo, buscando disipar sus nervios.
—Mas bien una almohada — De pronto Yuzuha sintió sus ojos cristalizarse. Mitsuya no lo sabría, pero aquel era el primer abrazo que recibía en mucho tiempo. Pero no era solo eso, podía sentir como una especie de aura cálida protectora envolviéndola y sanando sus heridas del alma.
Yuzuha pensó que efectivamente así debía ser el alma de Takashi.
—Gracias, Mitsuya.
—¿Por qué? —, susurro el chico colocando su mano en los cabellos de Yuzuha, empezando a acariciar paulatinamente. En realidad, podía descifrar a que se refería Yuzuha con aquel agradecimiento. Al recordar las palabras de Hakkai.
Yuzuha inspiro y sonrío, y antes de quedarse dormida, solo dijo:
—Solo... gracias.
