Autor Original: iiShuChan
ID: 2326898
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El trabajo era cada vez más difícil que nunca. Cuanto más se esforzaba Alfred, más trabajo le daba su jefe. Al principio no le importó, sabiendo que cuanto más trabajaba o, al menos, mostraba que trabajaba duro, más rápido conseguiría la transferencia a la sucursal del Reino Unido.
El pobre estadounidense trabajaba por su cuenta todos los días, intentando demostrar que era lo suficientemente bueno para algo así. Queriendo demostrar que tenía lo necesario para dirigir una empresa que estaba a miles de millones de kilómetros de todo lo que conocía. Los días se hicieron más largos, las noches más cortas. ¡Matthew había estado viviendo con él para asegurarse de que comiese bien y se duchase y todo ese rollo del que Matthew siempre se quedaba que no hacía. Tenía que amarle, ¿verdad?
Finalmente, estaba de camino a casa. Odiaba a trabajar así, pero era un pequeño precio a pagar para ver a ese lindo idiota británico. Salió de su coche y caminó hasta la puerta principal, estirándose un poco y mirando hacia su jardín. Nunca le gustó esta casa. El patio parecía un terreno baldío y la casa en sí no estaba mejor. Se alegraría cuando finalmente se fuera para siempre.
Alfred abrió la puerta y entró, cerrándola suavemente detrás de él. Matthew se sentó en el sofá viento la televisión en silencio, estirado sobre el sofá. El americano suspiró y fue a la cocina, decidiendo que se encargaría de la cena esta noche.
Matthew había estado cocinando todo el tiempo que estuvo viviendo aquí, así que era lo mínimo que Alfred podía hacer.
Sin embargo, una vez que comiese, ¡tendría que revisar su email para ver el mensaje de Arthur!"
Arthur caminó por la acera oscura, mostrándole la ciudad al oficial más nuevo. Lo habían transferido de una estación más pequeña a la que Arthur trabajaba y el británico sintió el disgusto de tener al chico 'bajo su protección'. 'Enséñale como funciona todo' le dijo el jefe.
Se quedaron en silencio durante un rato mientras la luna brillaba sobre ellos. Los grillos chirriaron de fondo mientras los dos caminaban. Al pasar por un callejón, escucharon murmullos y gemidos. Arthur se detuvo, extendiendo su mano para detener al chico tras él.
"¿Qué sucede?"
"¿No escuchas eso, compañero?" Arthur lo miró. El chico negó con la cabeza, mirando a Arthur de forma extraña.
El británico mayor gimió, rodando los ojos. Entonces tendría que seguir el ejemplo de Arthur. El rubio sacó su linterna, entró en dicho callejón y miró a su alrededor. Ambos caminaron en silencio, sin querer perturbar lo que posiblemente podría estar sucediendo. Una vez que llegaron al final, dos figuras se iluminaron con su luz. Uno estaba en el suelo, gravemente herido y sangrando. El otro estaba de pie sobre le caído, sosteniendo un bate y cubierto con la sangre del otro. El hombre los miró, sonriendo salvajemente.
Arthur sacó su arma y apuntó al hombre mientras se giraba "¡Quieto!"
Dio unos pasos más cerca.
"¡Dije que te quedes quieto!"
"Señor Kirkland, no se queda quieto…"
El hombre se echó a reír, manteniendo el paso, haciendo girar el bate y salpicando sangre en las paredes. Arthur apretó los dientes y disparó un tiro de advertencia al suelo cerca de sus pies. El hombre solo sonrió e inclinó la cabeza. Se abalanzó sobre Arthur, agarró su arma y empujó al británico al suelo a gran velocidad. Salió corriendo, bajando por la carretera rápidamente. Arthur miró al chico.
"¡¿Por qué no disparaste?! ¡Tienes un arma!"
"T-Tenía miedo, no quería hacerle daño…"
Arthur se palmeó mentalmente antes de poner los ojos en blanco "¿Por qué yo…?"
Se levantó y corrió rápidamente tras el hombre, seguido de cerca por el chico. Le gritó al hombre que se detuviera unas cuantas veces. Su única respuesta fue un bate que Arthur esquivó rápidamente y dejó al chico detrás de él, que se tropezó. Al no tener tiempo para regresar y ayudar, Arthur mantuvo su paso, persiguiendo al hombre por la acera. Tenía que conseguir esa pistola antes de que el tipo hiciese daño a alguien más.
El tipo se metió en un viejo edificio de apartamentos que los ocupantes ilegales usaban mucho. Arthur se escondió detrás de la barandilla de las escaleras para recuperar el aliento. Miró hacia atrás, preguntándose si el chico lo alcanzaría pronto para que Arthur pudiera usar su arma. No había tiempo de esperar, Arthur gruñó y subió las escaleras en silencio, pasando por la puerta abierta. Miró alrededor rápidamente en la oscuridad, intentando escuchar cualquier sonido. El tipo prácticamente había desaparecido.
"Arthur, ¡¿estás bien?!"
Dicho británico miró hacia atrás, al chico que caminaba hacia el umbral de la puerta. Cuando Arthur estaba a punto de darse la vuelta para decirle que se callara, su arma se disparó dos veces. Una bala se le clavó en el omóplato y se alojó en el hueso mientras la otra le atravesaba el costado. Arthur cayó al suelo, con los ojos muy abiertos mientras su cuerpo intentaba procesar lo que acababa de suceder. El chico entró corriendo, agarró su walkie y lo reportó a la estación, solicitando refuerzos y una ambulancia. Arthur gruñó de dolor, cerrando los ojos con fuerza.
El chico miró a su alrededor frenéticamente, buscando al hombre. Esperaba que volviera pronto. Arthur tosió un poco de sangre, salpicando el suelo. Sin embargo, ¿llegarían a tiempo…?
