Autor Original: iiShuChan
ID: 2326898
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"¡Mattie, lo tengo!" gritó Alfred mientras corría hacia la casa.
Matthew alzó la vista de la cocina para mirar a su hermano "¿Tienes qué?"
"¡La transferencia!"
"¡¿De verdad?!"
"¡Sí!"
"¡Al, estoy orgulloso de ti!" Matthew abrazó a Alfred con fuerza mientras ambos sonreían ampliamente.
En poco tiempo, Alfred tenía todo empaquetado y se encargó de que alguien lo enviase todo al Reino Unido. Estaba extremadamente emocionado porque sabía que volvería a ver a Arthur. Sin embargo, Alfred estaba preocupado. Arthur no lo había contactado en casi ocho meses. Al principio, Alfred solo pudo atribuirlo a que Arthur estaba extremadamente ocupado. Pero después de que pasaron cuatro meses, comenzó a pensar que estaba pasando algo más. De cualquier manera, se iba. Si Arthur estuviera con otro hombre, Alfred demostraría que era la mejor opción. Quién podría resistirse a Alfred F. Jones, ¿verdad?
Mientras abordaba el avión, el corazón de Alfred dio un vuelco al pensar en la primera vez que abordó un avión como este camino de Reino Unido por primera vez. Pensó que iba a ser una reunión aburrida. Que estaría loco de aburrimiento. Sinceramente, ¿quién viaja a Reino Unido para hacer cosas divertidas? Bueno, la versión de Alfred de 'cosas divertidas'. Estaba demasiado feliz de descubrir que el mejor bar de la ciudad estaba a solo unos kilómetros del aeropuerto.
Pero lo mejor de todo el viaje fue conocer a Arthur. Arthur fue la guinda del pastel. Y Alfred estaría jodido si se perdía de ver al británico enojado de nuevo. Su entusiasmo creció ante el pensamiento. Dios, cómo extrañaba a Arthur.
Durmió la mayor parte del vuelo y se despertó cuando el avión aterrizó. El rubio americano agarró su equipaje de mano y bajó del avión lo más rápido que pudo. Caminando hacia el frente con el resto de sus cosas, paró los extraños taxis negros y subió, diciéndole al conductor a dónde se dirigía. ¡Gracias a Dios que no estaba borracho cuando siguió a Arthur a casa!
El viaje en coche pareció durar una eternidad. Condujeron por carreteras, pasando por edificios y casas y tiendas al azar en el camino. Claramente, este tipo estaba tomando el camino más largo para poder sacarle a Alfred todo lo que pudiese. Aunque eso no importaba. Lo que importaba era el hecho de que Alfred volvería a ver a Arthur. Eso es lo que importaba. Finalmente, el vecindario de Arthur apareció a la vista. Pasaron las primeras cinco casas y el corazón de Alfred se aceleró. Esta sería la primera vez en un año y dos meses que Arthur y él se volverían a ver. Y si Arthur tuviera a alguien más, lo mataría. Aunque no literalmente. Simplemente destrozaría la voluntad del otro hombre de quedarse. ¡Eso es todo!
Pronto, la casa de Arthur apareció a la vista. La sonrisa de Alfred se ensanchó cando abrió la puerta y subió los escalones del porche después de pedirle al conductor que esperara. Llamó con fuerza, esperando.
Sin respuesta. ¿Eh?
Llamó de nuevo, la sonrisa se desvaneció un poco.
Aún sin respuesta.
Alfred resopló y miró por la ventana que daba a la sala de estar. La casa estaba oscura por dentro y no parecía que hubiera ningún movimiento. En realidad, parecía que Arthur no había vivido en dicha casa durante bastante tiempo. ¿Qué está pasando? ¿Se mudó?
"Alfred, ¿eres tú?"
Alfred miró hacia la casa contigua a la de Arthur. Una mujer de cabello castaño y una gran sonrisa lo saludaba. Le devolvió el saludo y la sonrisa volvió a aparecer. Alfred conoció a esta mujer el primer día que se quedó con Arthur. Ella siempre horneaba dulces para Arthur y los traía casi todos los días. El estadounidense se había hecho amigo de ella.
"¡Sí, soy yo! Hey, ¿sabe dónde está Artie?"
Su sonrisa se desvaneció mientras miraba al rubio. Hoy se estaba tornando un día cada vez más extraño a cada minuto. Se aclaró la garganta, buscando en el suelo las palabras adecuadas a decir. De verdad, ¿qué estaba pasando?
"Alfred, cariño, creo que deberías venir aquí un minuto" suspiró, saliendo de su porche y yendo hacia el taxi para ayudarlo con sus cosas.
El rubio arqueó una ceja, pero caminó hacia el triste taxi y recogió su maleta mientras la mujer cagaba con su bolsa más pequeña. Caminaron hasta su casa y se sentaron en el porche. Suspiró de nuevo, mirando hacia casa de Arthur antes de sentarse en el columpio del porche junto a Alfred.
"Debería haber encontrado alguna manera de contactar contigo, amor. No pensé que volerías. Y lamento que tengas que averiguarlo de esta manera, querido" miró a Alfred "Pero, Arthur se fue hace tiempo"
"¿Se fue? ¿A dónde?" el corazón de Alfred se aceleró de nuevo. Pero no de buena manera.
"Se fue como –" se detuvo, buscando las palabras correctas de nuevo. Finalmente suspiró y se puso en pie, indicándole a Alfred que la siguiera.
Se subieron a su coche y se alejaron por la carretera. Ambos se sentaron en silencio, Alfred preguntándose a dónde narices iban. Apagó el coche y estacionó en el estacionamiento de un cementerio desconocido. Alfred palideció un poco y la miró. ¿Por qué están aquí?
Salió silenciosamente y comenzó a caminar por el sendero. Alfred tragó saliva y salió, asegurándose de que las puertas estuvieran cerradas antes de seguirla rápidamente. Miró alrededor de las lápidas al azar. Empezaba a sentirse mal. Pronto, se detuvo y se volvió hacia una lápida en particular. Alfred lo miró y sus ojos azules se agrandaron.
'Aquí yace Arthur Kirkland.
Un hijo maravilloso, un oficial de policía maravilloso y un gran contribuyente a la comunidad. Te extrañaremos. Nuestras calles no estarán seguras sin tin.
Que Dios te lleve a casa'
Alfred empezó a temblar mientras las lágrimas caían por sus mejillas "¿Por qué? ¿C-Cómo…?" fue todo lo que se le ocurrió preguntar.
"En horas de servicio"
"¡¿Por quién?!"
"No estoy segura, cariño. No nos dijeron los detalles"
El estadounidense cayó de rodillas, sollozando ruidosamente mientras golpeaba el suelo con dureza. Debería haber vuelto antes. Podría haber hecho algo para ayudarlo. Hizo algo que hubiera mantenido vivo a Arthur. Ahora se había ido. Nunca volvería a oír la risa de Arthur. Nunca más volvería a ver su sonrisa. Nunca más lo abrazará. Se había ido. Para siempre.
Alfred se sentó en el sofá de la casa de Arthur. Su vecina le dejó entrar y le dijo a Alfred que podía quedarse con la casa. Nadie más iba a hacerlo, de todos modos. Miró alrededor de la habitación. Todo estaba en su lugar, el mismo en el que Alfred recordaba haberlo visto todo. Realmente ya no quería estar aquí. Ver esta casa, esta habitación, cada habitación, tenía el aroma de Arthur. Arthur estaba en todas partes e hizo que todo doliera aún más.
Los ojos azules miraron las botellas de whisky que Alfred había estado bebiendo todo el día y la noche. Ya era alrededor de la medianoche y Alfred se sentía peor que antes. Quién había dicho que el alcohol ayudaba, había mentido. No era así. Alfred miró al techo con ojos apagados. La vida no parecía tan valiosa ahora. Ahora nada parecía merecer la pena. Todo lo que había hecho, todo lo que había logrado el año pasado, era todo por Arthur. Todo fue por Arthur. Y ahora, todo fue en vano.
