Sounds Like Love
.:1:.
Era el primer día de clases de Bella. En la universidad. Sólo que no eran clases como las había conocido toda la vida. No tendría que tomar el autobús ni entrar al salón. Ahora simplemente tenía que encender su computadora y sentarse en su escritorio.
Bella no había tenido una graduación de preparatoria. Tampoco había ido a la escuela desde inicios de año. El dinero que ahorró para comprar su vestido seguía en su alcancía, porque no había baile de graduación al cual ir y no lo habría por un tiempo.
Había despertado temprano a pesar de que su primera clase fuera al medio día. Desayunó y ordenó su habitación y luego se tiró a la cama, observando el techo y deseando ir a cualquier lugar.
Había tenido un largo verano, prácticamente cuatro meses, porque la Universidad de Washington tenía un plan cuatrimestral y sus clases no iniciaban sino hasta finales de septiembre. Y se sentía mal. Porque ese era el verano más largo que iba a tener en la vida y se echó a perder. El viaje por la costa que planeó junto a su padre se canceló. Sólo se había tenido que quedar en casa, su padre siendo el único que salía.
Lo más lejos que Bella había ido en seis meses era el jardín. En parte era bueno porque así Bella no tenía que socializar con personas, ni saludar, ni hacerse a un lado cuando estaba obstruyendo el paso; pero su cerebro se estaba olvidando de cómo entablar conversaciones. Se sentía como una pasa, arrugada y no deseada. ¿A quién le gustaban las pasas, de todas formas?
El único gran problema inmediato que Bella encontraba era que no tenía amigos en la universidad. Al menos los cursos inductores hubieran ayudado con eso, pero el único curso que le fue brindado fue un vídeo en donde una mujer explicaba generalidades de la universidad.
Al principio creyó que no era tan malo no conocer a nadie. Después de todo, no tendría que ir a la universidad por un buen rato, pero luego pensó en los trabajos de grupo. ¿Con quién haría las tareas? Sólo bastaba imaginarse enviando mensajes a sus compañeros y luego ellos diciéndole que ya tenían una pareja para que le diera un ataque de ansiedad y un nudo duro y apelmazado se le formara en el estómago.
Otra ventaja de estar viviendo durante una pandemia era que la transición a la vida universitaria no sería tan repentina. Mientras ella se mantuviera en su habitación, podía sentirse tranquila. Era su lugar seguro, su nido. Aún no estaba lista para todo el asunto de compartir habitación con una desconocida que, posiblemente, iba a odiarla, ni para el asunto de convivir con personas mayores que ya tenían años de experiencia en comparación a ella.
—No experiencia laboral o intelectual. Hablo de la vida—decía Bella, cuando Jessica trataba de tranquilizarla—. Ellos seguro saben usar un condón. Yo ni siquiera sé si tienes que girarlo o ya viene listo para usarse.
—¿No entraste a clases de educación sexual? —Jessica respondía a través de la línea (porque ese era el único contacto que Bella tenía con el mundo exterior.)
—Sabes a lo que me refiero.
Comenzaba a sentirse tonta y el estómago comenzó a revolvérsele, así que fue a su escritorio y se aseguró de que tenía todo lo que posiblemente necesitaría a la mano.
Su laptop estaba cargada al 100%, pero mantuvo el cargador cerca. La conexión a internet no daba problemas, su papá le había instalado un router. Su cuaderno nuevo estaba listo también, del cual su papá se burló cuando Bella le pidió que le comprara uno en su próxima visita al supermercado.
—¿Por qué necesitas un cuaderno? Creí que todo estaba ahí—dijo Charlie, señalando su laptop.
Charlie no lo entendía.
Y es por eso que él compró el cuaderno equivocado. Y era horrible. Con la imagen de un auto en la portada. ¿No pudo haber elegido uno con una flor siquiera?
Estaba pensando demasiado. Tal vez una partida de Animal Crossing la ayudaría a relajarse.
Para cuando miró el reloj, ya era tarde. Apenas y tenía dos minutos para ingresar a la reunión en Zoom.
La profesora, que parecía ser Rosalie Hale según su horario de clases, aún no comenzaba a hablar. Ella estaba muy preparada, Bella pudo notar. Cámara HD, earpods colocados y atuendo rosa. En la información del curso inductor decía que era obligatorio mantener la cámara encendida, así que Bella se había cepillado el cabello y había salido de sus pijamas.
Se sentía tan lista como para domar a un toro.
Bueno, en realidad, tal vez sólo podría domar a un cachorro.
Si es que no era de esos cachorros que ladran como juguetes descompuestos y atacan tus zapatos.
—¡Hola! Espero que estén teniendo un buen día—inició la profesora—. Déjenme ver sus rostros—demandó, y así, poco a poco, la pantalla de Bella se fue llenando de las caras de sus compañeros de clase—. ¡Oh, son todos unos bebés!
Los ojos de Bella estaban pegados a la pantalla, viendo lo más hermoso que habían visto nunca.
Jadeó.
Ese chico… ¡dios, ese chico!
Eventualmente, Bella dejó de verlo, como si él en verdad la hubiera atrapado mirándolo. Su cabello alborotado invitaba a pasarle la mano por encima. Su boca rosa era tan apetecible que Bella se encontró mordiéndose el labio inferior.
—Bienvenidos a Ciencias Nutricionales y, especialmente, a la Universidad de Washington. Espero que su estancia aquí sea tan agradable como lo puedan imaginar. Ojalá…
Él acababa de pasarse una mano por el cabello y Bella siguió el movimiento, tocándose la barbilla para asegurarse de que no babeaba.
Y luego la profesora Hale pidió que se presentaran. Bella odiaba las presentaciones.
La primera en hablar fue Alice. Una chica de Misisipi con voz chillona y pelo corto. Bella la colocó debajo de la columna de "agradable" en su lista mental. Le siguió un chico enorme, con hoyuelos y sonrisa amistosa. Ese era Emmett, de Tennessee. También fue a la columna de "agradable," aunque encajaría mejor en la columna de "ruidoso."
Compañeros de todo el país, algunos de Washington y luego siguó ella. La única chica de Seattle, la que conocía el campus (sólo de vista, pero lo hacía), la estudiante comunitaria.
Otro chico de Rochester y otro de Arizona.
Y luego ese chico, de Washington, de un lugar llamado Forks. ¿Forks? ¿Existía tal cosa?
Su nombre era Edward Cullen, aunque Bella ya había leído su nombre debajo de su rostro.
—¿Forks? —la profesora preguntó—. ¿Dónde está Forks, Edward?
—A cuatro horas de Seattle—él resolvió.
—Oye, Edward—interrumpió Emmett—. ¿Y tienen cucharas por allá?
Edward rió, apoyando sus manos en sus antebrazos. Usaba una sudadera azul marino, con alguna leyenda que Bella no alcanzaba a leer. Sostenía una pluma entre sus dedos índice y medio, con la que dio golpecitos en su cabeza.
Y dijo que si, que si tenían cucharas.
No hubo muchas cosas qué hacer. La profesora Hale compartió el programa de la asignatura y les hizo saber que las lecturas para el curso deberían de tenerlas en su correo por la tarde.
Bella no pudo dejar de observarlo. Era tan llamativo como un letrero neón en la oscuridad, había sido hecho para admirarse, para desear sujetar su mano por siempre y para siempre, para enterrarle los dedos en la espalda cuando caminaba frente a ti.
Edward se rascó la mejilla y apoyó su mano derecha en su hombro izquierdo, tamborileando los dedos ahí.
La necesidad de saber de él era tan poderosa que Bella deseó que existiera cualquier excusa para hablarle. Se sentía temeraria y valiente. Estaba segura que cuando la adrenalina pasara, podría controlarse.
Enterró las uñas en sus palmas y la profesora Hale dio por terminada la clase, marcando así, el fin del primer día de clases de Bella.
Encontró un poco de información en Google sobre Forks. Un pueblo demasiado real lleno de personas que disfrutaban pescar y vivir bajo una tinta verde y azul. Estaba deslizando su cursor por el artículo de Wikipedia que leía cuando su teléfono vibró con un mensaje. Era Jessica.
Jessica: Tengo noticias.
Bella se apresuró a responder.
Bella: ¿Y?
Jessica: Es positivo.
¡Hola! Bienvenidas a esta nueva historia. Espero que sea de su agrado. Los capítulos son relativamente cortos y tendremos dos actualizaciones por semana. Cuéntenme qué les pareció.
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