Su mirada iba de un lado a otro, no sabía por dónde comenzar, la ayudante esperaba pacientemente mientras la rubia navegaba en sus pensamientos.

¿Cuál debería escoger? Se preguntaba, llevó sus manos a un abrigo blanco, se sorprendió lo suave que era la tela y sacó dicha prenda para observarla mejor.

¿Así eran todas las prendas de marca? ¿Debería escoger a su gusto?

Con esas dudas en su cabeza observó a su acompañante, tenía el ceño levemente fruncido, decisión equivocada.

Hizo una mueca y la devolvió, no sabía qué escoger.

La encargada trataba de sugerirle las prendas que estaban de moda o que resaltaran con su persona, pero todo era inútil, la chica no hallaba por cuál decidirse.

A su lado, el albino observaba atentamente cada una, sacando una que otra para verla de cerca, duró así unos minutos, los cuales parecieron eternos para su acompañante, haciendo muecas de enfado aprovechando que le daba la espalda.

Al final éste sacó un abrigo largo de color salmón, sin pedir opinión de la joven fue a la caja y pagó por el mismo.

—Póntelo —dijo extendiéndole lo recién comprado.

—¿Cómo? Pero si ya tengo puesto el mio —aclaró señalándolo, tenía tiempo que lo había comprado, pero seguía en buenas condiciones.

—Humm...quítatelo un momento —Ella se asustó, pero no podía negarse, con lentitud se quitó el suyo y se lo pasó, apenas lo tuvo en sus manos lo tiró al suelo —Ahora puedes colocarte el que te he comprado.

La rubia lo miró furiosa, pero se lo colocó a regañadientes, al hacerlo el chico la admiró por unos cortos segundos, no quería incomodarla.

Después de eso caminó hacia la salida, abrió la puerta esperando que ella pasara —Vamos por un café.

—¡Hey! ¡Mi abrigo sigue aquí! —exclamó, señalando el que estaba en el suelo.

—Déjalo, al menos sirve para limpiarme la zuela del zapato —respondió sin más, haciendo un gesto con su cabeza de que lo siguiera.

Ella hizo una mueca, respiró hondo, no podía quejarse.

Era su trabajo, su horrible trabajo, y él, su irritante jefe.

Caminaron unos pocos metros hasta la cafetería más cercana, eran los primeros días de enero y eran pocas las personas volvían a su rutina, el sonido de la nieve siendo pisada era el único ruido hasta que llegaron a las puertas del local.

Porque a pesar de todo eran desconocidos, ella lo sabía, pero en fin, lo que le importaba era otra cosa.

Al ingresar ella soltó un pequeño suspiro de alivio, el ambiente era cálido y daba un aire de privacidad, la música era suave y el aroma a café le subió el ánimo.

Se sentaron en una mesa alejada de la entrada, acompañados del sonido de las máquinas de café.

Mientras él pedía ella revisaba las anotaciones en su teléfono, en ningún momento decía una guía sobre cómo actuar en ese ambiente.

Los toques sobre la mesa la hicieron elevar la mirada, el chico la miraba con seriedad, al tiempo que le extendía la carta.

—Puedes escoger a tu gusto, nunca la invité a un sitio como este —apartó su mirada, la joven asintió, todavía sentía algo de rabia por su abrigo así que sin pensarlo dos veces pidió lo más caro de allí.

Una media sonrisa adornaba su rostro, pero al varón no le importó en lo más mínimo.

El ambiente era incómodo, se arrepintió de no haberse traído el libro, el chico solo estaba cruzado de brazos, con su mirada afilada como si esperara un mínimo error para reprocharle.

La rubia acomodó su cabello y posó ambas manos en la mesa, no se dejaría vencer tan fácil, no era lo mejor en aquella situación pero trataría de sacarle conversación.

—¿Ya te preparas para regresar al trabajo?

—Normal —Arqueó una ceja, tratando de hallarle sentido a su comentario.

—¿Entonces…? —Las palabras quedaron al aire, si observaba bien, se veía algo tenso, y no había parado de mensajear desde que iniciaron la peculiar salida —¿Tú no conoces la palabra vacaciones, verdad?

El bufó, mirando a un lado, pero en ese momento su teléfono sonó, sin perder un segundo se sentó de lado y atendió la llamada.

Ella aprovechó que no la veía para sacarle la lengua, su conversación era extraña, con frases sin sentido o a medias, pero no le dio importancia.

No cuando su pedido había llegado, una taza de café gigante con crema se veía delicioso, aquella cita le había caído en buen momento ya que tenía antojo de algo dulce.

Sin importarle su acompañante comenzó sin él, y agradeció ello ya que éste se tomó su tiempo en el teléfono, cuando colgó notó que su café ya estaba frío.

Lo observaba detalladamente, aún en esa situación su mirada era reservada, hizo un llamado a una de las camareras para que lo recalentaran y lo pusieran en un vaso desechable.

—¿A dónde vamos? —habló mientras disgustaba la última cucharada de crema.

—Te llevaré a casa, me surgió algo importante —respondió mientras se levantaba de la mesa.

Sin decir nada, se llevó su pedido y la acompañó hasta un taxi —Ten, este es para el taxista —explicó, luego buscó en otro de sus bolsillos —,y este es tu pago.

Observó el sobre beige con un brillo en sus ojos, Koko alzó ambas cejas, una ligera sonrisa que ella no notó y que se desvaneció en segundos.

—Ah...gracias, pero esto es mucho para el taxista —explicó ella, mostrándole los billetes, él asintió —,es para el peluquero.

—¿Qué?

—Tienes que cortarte el cabello. —abordó, señalando con su mano la altura de los hombros —.Akane no lo tenía tan largo.

Ella balbuceó, nunca le había molestado el largo de su cabello, más bien le sorprendía que estuviese atento ese detalle—Entiendo —dijo a lo bajo —,nos vemos —El chico asintió y ella entró al coche, le dio las indicaciones al conductor y desde el retrovisor veía la figura del joven desaparecer en la distancia.

—¿Señorita, está bien? —Preguntó el adulto al ver que la chica le hacía muecas raras al vidrio de atrás.

—¡Ah! Disculpe, es que mi jefe en un ogro —respondió, la carcajada del taxista le devolvió la buena energía que le había absorbido esa terrible cita.

La chica sonrió aliviada, por fin volvía a ser ella misma, pasó su mano por el abrigo que le había comprado.

¿Tendría que ponérselo en la próxima cita?

Pasó sus dedos por la tela, jamás había tocado una tela tan suave en su vida, y era la primera vez que alguien le daba un regalo.

Arrugó su mirada un segundo, estaba confundiendo las cosas, ese chico solo lo hacía por...¿obligación? Tal vez, no lo entendía muy bien, ni a él ni su extraño trabajo, pero lo importante es que le pagara.

Tampoco es que fuera una persona materialista, claro que no, le sorprendía la cantidad de lujos que podía permitirse aquel joven de cabellos plateados, pero hasta ahora nada de lo que le había mostrado o comprado le había despertado el interés.

Se arrinconó junto a la ventana, los copos de nieve caían con elegancia, sin importar que perjudicaran o alegraran la vida de alguien, simplemente ahí estaban, depositándose en el sitio que aterrizaban.

Una despedida breve y cerró la puerta del taxi, las luces rojas hacían notorio contraste con la calle y los árboles repletos de la distante nieve.

Se sentía extraña, por ello optó por quitarse ese abrigo con la esperanza de sentirse más ella aún si se congelaba en el camino no le importaría.

—Estoy en casa —habló al ingresar, puso sus zapatos en orden mientras la mayor le daba un saludo, la mujer de no más de cuarenta años, de cabello cual oro con ojos zafiros la miraba desde la cocina.

—Que bueno verte, ya me estabas asustando —expresó sin dejar su lugar —¿Otra vez se extendieron?

—Ya sabes cómo son mis jefes, les gusta hablar mucho y no hacer nada —ironizó, cosa que hizo reír a la mayor, la recién llegada aprovechó que está no la estaba mirando y colocó el abrigo, ahora arrugado tras su espalda. (Lo había doblado sin mucha delicadeza para que ella no lo viera)

Caminó a paso ligero hasta su habitación, aún si eso costara dejar a su madre hablando sola, sin pensarlo lanzó la prenda en un rincón de su clóset y sacó todo de su bolso.

Guardó el sobre en un sitio secreto de su escritorio, sacando apenas unos pocos billetes.

—¿Qué hay de cenar hoy? —cuestionó, tomando una taza de café recién colado, conversó un rato con su madre hasta que llegó la hora de la cena.

—¿Dónde está Yama? —preguntó, refiriéndose a su hermano menor.

—Él no cenará con nosotras

—¡¿Qué?! ¿¡Cómo que no!? —chilló, dando sonoras zancadas hasta la habitación del menor, éste se asustó cuando escuchó el azote de la puerta, mostrando a una aterradora hermana mayor mirándolo con el ceño fruncido.

—¡Eres un chico en crecimiento, no debes saltarte las comidas! —manifestó, éste tenía cara de no poder más con su vida, el montón de libros y tareas que tenía pendientes lo estaba consumiendo.

—¡Eso te pasa por ser un holgazán todo el año! —Le reprochó, ella seguía mientras su madre se asomaba desde el marco de la puerta, su hija mayor estaba haciendo su papel, pero por el momento lo dejó pasar, ella desde siempre había sido así.

Luego de unos regaños más, la rubia arrastró al menor del cuello de su camisa, éste no se atrevía a proferir palabra, pero aceptó gustoso la comida, claro que debía tener un ojo en el libro, mañana tendría examen y debía memorizarse muchas cosas.

La cena fue muy animada, la rubia apreciaba mucho a su familia y aunque no eran muchos, trataba de mantenerla unida, hablaron de todo un poco y cuando estaban lavando los platos secó un poco sus manos y sacó los billetes de su bolsillo.

—Con esto podemos comprar comida por un tiempo —explicó con brevedad, pero su madre se sorprendió al ver ese dinero, cosa que la aterró.

—Al menos tus superiores son generosos, me alegro que por fin trabajes en una buena empresa —dijo emocionada, la contraria forzó una sonrisa y dejó que su madre se distrajera con los billetes.

Terminó con sus deberes y fue a su habitación, era tarde pero se tomó la molestia de contar cuánto le habían pagado, se sorprendió por ello, en definitiva ese chico debía de bañarse en dinero todos los días.

Suspiró pesadamente, no quería sumergirse en pensamientos negativos, pero estaba feliz de que podía comprarle algo a su familia, con eso en mente se fue a su cama y no pasó mucho para que entrara en un profundo sueño.

Mañana sería otro día.


Gracias a todos por darle una oportunidad a mi nuevo fic :) es primera vez que escribo sobre Koko así que si ven algún error no duden en decirme n_n

Puede que este capítulo esté muy "loco" pero poco a poco iré dando a conocer más detalles para que le hallen más sentido xD