Sounds Like Love
.:7:.
El padre de Bella tuvo que asistir al turno de noche, así que ella calentó sobras y subió a su habitación. Se le había hecho tarde y ahora estaba inquieta por tener que comer frente a Edward. Vergonzoso.
—¡Hola! —él saludó, sonriente y agitando su mano una vez—. ¿Cómo estás?
—Genialmente—ella respondió, agitando su jugo—. Aunque adolorida, me caí en la mañana.
Edward rió, sus ojos arrugándose al mismo tiempo que se pasaba una mano por el cabello.
—¿Por qué? ¿Estuvo feo? ¡Eh, ven aquí! —llamó, mirando a su derecha y rodando su silla lejos del escritorio. Bella pudo ver la cabeza de Lola, ella había colocado sus patas delanteras en las rodillas de Edward.
—Me resbalé, había algo tirado—le restó importancia, no deseando hablar mucho del alboroto que su mensaje había causado—. ¿Cómo estuvo el paseo en el bosque?
—Estuvo bien—Edward talló las orejas del animal—. Le gusta correr y excavar en la tierra. También fui al supermercado y le llevé un par de cosas a mi abuela.
—Oh, eso es amable, ¿haces las compras por ella? —Bella había comenzado a masticar, aprovechando la distracción de Edward, que seguía mirando a Lola.
—Seh, se las dejo en el porche. Mi papá le tiene prohibido salir—él rió entre dientes—. Se está volviendo loca, pero algunas veces incluyo libros de crucigramas o sudokus en sus compras. ¿Y tú? ¿Tienes abuelos?
—No en realidad—Bella iba a pinchar otro bocado de pollo con su tenedor, pero se detuvo porque Edward la miró directamente en ese momento—. Los padres de mi papá murieron ya hace tiempo.
Edward se mantuvo en silencio un momento, recostando su mejilla en la palma de su mano.
—¿Y… tu mamá? —preguntó en voz baja, incómodo. Bella revolvió su comida descuidadamente.
—Ella no ha estado en el panorama desde hace mucho tiempo—explicó—. Tal vez lo de ser mamá y esposa no era para ella.
Edward no agregó nada más, sólo se recostó en el respaldo de su silla y estiró los brazos.
—Bueno, ¿quieres ver una película entonces? ¿estás cenando?
—Seh—Bella agitó su plato—. Papá está trabajando, así que no tengo que cenar con él. ¿Qué película?
—Oh no lo sé—Edward volvió a apoyarse en el escritorio y Bella escuchó los clics que hacía—. Yo estoy esperando la pizza, ¿te gustan las películas de… no lo sé… ¿quieres ver romance? Te gustan esas, ¿cierto?
No, en realidad a Bella casi no le gustaban.
—Sólo si hay rompimientos en ellas.
Edward rió.
—¿Qué? ¿No se supone que les gustan los finales felices?
—¿A quiénes?
—A las chicas.
—No—ella resolvió—. Soy más bien una amante de la tragedia.
Edward asintió con la barbilla, como entendiendo. Bella continuaba escuchando clics y un sonido incesante de algo agitándose.
—¿Tienes un novio? —preguntó él después de un rato, casualmente.
Se dirigían a la tierra de las respuestas. Esto podría tomar un rumbo feo… o uno bueno. Bella tragó, ya comiendo más cómodamente. Edward parecía no estarla viendo, después de todo.
—Nop—incluso meneó la cabeza—. ¿Tú? ¿Tienes uno? —sonrió, bromeando y fingiendo que no le interesaba en lo absoluto. Como si las siguientes palabras no fueran a terminar con la vida como la conocía. Bella no podría volver a amar.
—No—Edward rió, sacudiendo la cabeza—. No tengo un novio.
—¿Una novia entonces?
Él carraspeó y esperó para responder.
Oh no.
Oh cielos.
Por favor no.
Bella miró hacia su plato, en un intento por ocultar su decepción.
—No, no tengo una novia tampoco.
Oh, eso había sido tan dulce. Como música para los oídos, como un ungüento sobre un golpe, como el chico que te gusta diciéndote que todo es posible, que él tomará tu mano y te besará en el atardecer.
—Oh… bien—Bella contestó, mirándolo.
—Bien—dijo él, con voz más alta de lo necesario—. Hay muchas opciones—ofreció, antes de comenzar a compartir su pantalla—. ¿Qué quieres ver?
—No lo sé, desliza el puntero—Bella se inclinó, dejando su plato a un lado.
—Oh, ¿has visto esta? Es una de mis favoritas—él murmuró, al tiempo que se alborotaba el cabello. El sonido de algo agitándose volvió a escucharse—. ¡Oye, deja eso ahí! —ordenó, dirigiéndose a Lola.
—¡Me gusta también! —coincidió Bella—. Esa, veamos esa.
—Genial—deslizó su silla lejos y atrapó el objeto con el que Lola jugaba—. Le gusta este juguete—le explicó a Bella, mostrándole algo parecido a una bola de hámster—. Tiene una especie de sonaja adentro y me saca de quicio…—Edward hizo una mueca de asco, limpiándose la mano en su playera—. Y está llena de su baba.
Bella se rió antes de suspirar.
—Me gustaría tener un perro. Sería menos aburrido por aquí.
—No lo recomiendo—sentenció él y luego Bella escuchó el timbre—. Oh, la pizza llegó. Dame un minuto.
Bella estaba a punto de decirle que si cuando él ya se había ido. Tamborileó sus dedos en el escritorio y continuó comiendo. Edward le seguía pareciendo un misterio, no sabía mucho de él y había esperado que esta llamada sirviera para conocerlo más. Todo parecía apuntar a que esta noche no hablarían mucho.
Él regresó, restregándole en la cara su gran pizza mexicana con jalapeños y luego puso play a la película.
Edward: ¿Acaso no crees que todo el mundo debería ver El Orden De Las Cosas?
Bella: Definitivamente. Pero no, ahora todo el mundo sólo quiere ver superhéroes.
Edward: JA. ¿Te gustan esas?
Bella: Responde tú primero
Bella sonrió al mismo tiempo que él. Ella podría mentir, dependiendo de su respuesta. La sonrisa grande de Edward se convirtió en una ladeada mientras sus brazos se estiraban y sus dedos tecleaban.
Edward: ¿Esto desatará una guerra?
Bella: Depende de tu respuesta.
Él meneó la cabeza, divertido y Bella le alzó las cejas, retándolo a responder.
Edward: Si, me gustan.
Edward: Bastante.
Bella rió. Se mordió el labio inferior.
Bella: Voto para que después de esta veamos una de esas.
Edward aplaudió, señalándola, sonriente y feliz. Sus ojos se enchinaron.
Edward: ¿Dónde habías estado todo este tiempo?
Edward: A ninguno de mis amigos les gustan.
Edward: Es genial haberte conocido.
Bella sofocó un gimoteo, se llevó una mano al pecho, pretendiendo que era simplemente por la actuación y no porque su corazón había dado un vuelco.
Bella: Técnicamente no nos hemos conocido.
Edward rodó los ojos.
Edward: Sabes a lo que me refiero.
Y luego alcanzó otra rebanada de pizza y le dio un gran mordisco.
Bella: ¿Acaso no somos geniales juntos? Deberíamos comenzar a salir.
Tan pronto como ella envió ese mensaje se arrepintió. Eso había sido loco y aventurado. Dios, ya lo había arruinado todo y la película apenas comenzaba.
Edward: ¿De qué hablas? Ni siquiera conozco tu signo zodiacal y ya me estás pidiendo una cita.
Uff, eso había estado cerca.
Bella: Soy virgo.
Edward: Géminis.
Bella: Uuhh, nadie quiere a los géminis.
Edward: Si, me lo han dicho varias veces.
Bella: Pobrecillo. Ahora cállate y veamos la película.
Edward: Ni siquiera estoy hablando.
Bella lo apaciguó con un gesto de mano y él rió, lanzándole una orilla de pizza a Lola.
Bella intentó mantener las lágrimas a raya mientras Sarah hablaba por teléfono con Richard, con esa mañana gris y borrosa de invierno tras ella, cuando Richard le dijo que no sería suficiente, que él ya lo había dado todo y que no había nada más que dar.
Edward: ¿Estás llorando?
Ahora ambos estaban a oscuras, con sólo la luz de la computadora iluminándolos parcialmente.
Bella: Silencio, soy sensible.
Edward: JA.
Edward: Creí que te gustaba la tragedia.
Bella: Me gusta porque me hace llorar. Me gusta llorar. Es bueno.
Edward: Ve a terapia.
Ella volvió a agitar su mano porque él estaba rompiendo con el hechizo. Sin importar lo guapo que fuera, Edward tenía que callarse.
—Ah, eso fue bueno—suspiró Bella, estirando los brazos sobre su cabeza una vez que la película terminó.
—Seh. Fue genial—él murmuró, recostando su mejilla en su mano.
—Debe ser bueno… Tener una madre y todo eso—Bella dijo, teatralmente y metiendo a su boca una última gomita—. Por cierto, ¿cómo están tus padres?
—Bien… creo. No han llamado hoy, pero mamá me dijo que había dinero en el buzón—él sacudió—. Es extraño que hagan eso.
—¿Los extrañas?
—A veces. La mayoría de los días se siente bien tener toda la casa para mí. No hay nadie que me obligue a bajarle a la música y la casa es un asco justo ahora. Sólo ve eso…—Edward giró la laptop, mostrando el espacio.
La puerta de su habitación estaba abierta y el barandal de la escalera sostenía ropa, otra más en el suelo.
—Y puedo jugar videojuegos todo el tiempo que quiera.
—¿Estás seguro de eso? ¿Todo el tiempo que quieras? ¿Qué hay de la escuela?
Él rodó los ojos.
—Sólo llegó para arruinar la diversión.
—¿Y por qué no estás jugando videojuegos justo ahora?
Él se encogió de hombros, una sonrisa en su boca.
—Bueno, pues… quería pasar el rato contigo.
—Oh—Bella apretó los puños—. Vaya, pues gracias.
—Deberías sentirte afortunada.
Oh, Edward, no sabes qué tan afortunada me siento justo ahora.
¡Hola! Ya hablaron más y ya ni siquiera estaban obligados a hacerlo, pero ahí están. Creo que salió bien, ¿no?
Gracias por sus comentarios. Nos leemos el jueves.
Pd: Por ahí había una pregunta sobre lo que estudiaban, es nutrición.
