Sus pies se sentían pesados, cada paso que daba incrementaba su dolor de cabeza, la chica caminaba por las calles cubiertas de nieve aquella fría mañana, fijando su vista en el vuelo de algún pájaro que se cruzara en su camino, en los carteles, las luces tenues de algunos restaurantes o cualquier detalle similar.
Quería dar media vuelta, olvidarse de aquella oficina infernal que le succionaba la vida, cada día ese pensamiento recorría su mente,pero para su desgracia no podía darse ese lujo.
No le gustaba, pero debía de ir allí, de ganar una mínima cantidad por su cuenta, debía hacerlo por su madre, su hermano y en última instancia, ella misma.
Soltó un suspiro al ver las enormes puertas frente a ella, dándose ánimos mentalmente, empujó una de ellas encontrándose con el enorme pasillo de baldosas blancas, eran pocas las personas con ropa de oficinistas, iguales que ella.
Algunos se veían serenos, caminando por el sitio que ya conocían de memoria, otros reían en compañía de algún colega, ojalá ella pudiera imitarlos, pero en su posición sería difícil.
Narra Hayami
Apreté el botón sin muchas ganas, quería que el tiempo se detuviera, prefería morir dentro de ese pequeño espacio que llegar a mi destino, por desgracia no fue así.
Saludé por pura cortesía a los que se cruzaban a mi lado, no quería hablar con nadie así que me apresuré a mi escritorio y dejé mi maletín sobre la mesa.
El sonido de la puerta abriéndose me alertó, traté de esconder mi enojo mostrándome indiferente ante el adulto que había salido de una de las oficinas.
Éste mostraba una gran sonrisa, como si fuera el héroe de una película, extendía su mano hacia los otros peces gordos de la compañía, a primera vista parecía alguien alegre y cordial.
Pero solo era una fachada, en realidad era un completo imbécil, creyéndose el mejor cuando a duras penas logró un puesto alto en la empresa.
—¡Hola Kitty! —Me saludó, arrugué el borde de mi pantalón para contener mi rabia, odiaba ese apodo —,me alegro de verte por aquí, necesito que alguien vaya y nos compré un gran vaso de café —expresó con una sonrisa que me asqueaba.
—Señor, tengo trabajo pendi-
—Eso no importa —respondió, haciendo un gesto con su mano de restarle importancia, yo también tenía mis responsabilidades con la empresa —,solo ve y compra lo mismo de siempre —habló yéndose con los otros —.Te espero en la oficina principal —Alzó su mano en forma de despedida.
Hice una mueca para no explotar de la rabia en ese momento, en otra situación le hubiera tirado el café sobre su horrible rostro, pero la necesidad de llevar dinero a casa me impedía decir la palabra más anhelada:
¡Renuncio!
Suspiré pesadamente y acomodé los mechones de mi cabello, me aseguré que todo lo había dejado en orden para bajar nuevamente.
En primer lugar ¿Quién pide café tan temprano? ¿Por qué no lo compró en el camino?
Mis tacones resonaban por el pasillo hasta llegar a la enorme puerta por la que había pasado minutos atrás, la gente ya me conocía como la "chica de los recados" así que los vigilantes ni se molestaban en preguntar.
Era tanta mi rabia que apenas sentía el frío, llegué a la cafetería de siempre, los trabajadores de allí me reconocieron a lo que chasquee mi lengua apenas me dieron la espalda, quería reconocimiento, pero no de ese modo
—Aquí tiene lo mismo de siempre —expresó el joven que me extendía el pedido, me sentía como el perro de mis jefes, era lo peor, pagué y me retiré de allí.
La rabia que sentía me impedía pensar con claridad, no iba a resolver todos mis problemas pero debía vengarme de alguna manera.
Al llegar al a oficina pude verlos, estaban reunidos en un salón donde hacían reuniones,
Se veían serios, centrados escuchando lo que decía el otro con varios papeles sobre la mesa, eso me dio una idea, sonreí de medio lado mientras iba a un sitio apartado.
Tomé los envases y boté la mitad del café por el lavado, luego las llené con agua, ahora debía saber del asco y peor aún, estaba frío.
Estarían tan centrados en lo suyo como para pararse a pedir otro, que excelente manera de comenzar la mañana.
—¡Aquí llego el café! —exclamé, se los serví a cada uno y me retiré de allí sin esperar las gracias, las cuales ninguno me dio
Respiré profundamente, me sentía como si acababa de hacer el mayor logro de mi vida, el resto de la mañana aproveché para terminar una parte del papeleo.
No fue sencillo, los que estaban a mi lado comenzaron a hablar como si estuvieran en una plaza, les dije que hicieran silencio pero solo me ignoraron, a la final tuve que irme a una zona apartada, al menos no los escuchaba tan cerca.
Suspiré, era la hora del almuerzo, ni bien puse las cosas en mi escritorio para ir a la cafetería cuando sentí a alguien detrás de mí, inhalé y exhalé para mantener la cordura
Era el mismo superior de la mañana, me dijo que el café estaba asqueroso (sonreí muy ligeramente para no sospechara) y que buscara otro sitio y me pasó unos billetes.
Traté de decirle que era la hora del almuerzo, pero el muy descarado solo me dijo "Apúrate entonces".
Bajé corriendo las escaleras, conté el dinero y era lo justo, a parte era un tacaño. Aunque no me arrepentía de lo que hice, fue molesto, al final tuve que comer apurada para no llegar tarde.
El resto del día no fue lo mejor, pero pude adelantar gran parte de mi trabajo, al salir me sentí libre, el viento rosando mi piel era la mejor sensación luego de un largo día.
Caminé por un parque cercano para calmarme, observé el árbol gigante que colocaban todas las navidades, le habían quitado algunas decoraciones, faltaba poco para que lo volvieran a guardar hasta fin de año.
Eso me trajo recuerdos, no muy buenos, la vida debía ser una desgraciada muy sádica para ponernos en tan malos momentos.
Aquella mañana mi madre me llamó la atención por mi abrigo, no sé cómo pero debía recuperarlo, con eso en mente me desplacé hasta la tienda de ayer.
—Hola —Le dije a la chica, ella me reconoció, ya sabía a lo que venía —,disculpa pero necesito recuperar mi abrigo.
Ella movió sus manos, se veía nerviosa —Si, bueno...el gerente dijo que debíamos deshacernos de él…
—¡¿Qué!? ¿Dónde está? ¡Voy a hablar con él!
—Señorita por favor, discutir no ayudará en nada —habló otra que estaba cerca, estirando sus brazos para impedir que me acercara a la caja —,si tiene suerte puede que todavía esté en la basura —abordó con delicadeza.
Me quedé en shock, quería soltar las mil maldiciones pero me contuve al ver sus rostros, ellas no tenían autoridad para cuestionar, solo seguían órdenes, necesitaban llevar el sustento a sus casas...al igual que yo.
Me costó mucho pero logré contenerme, luego de un "gracias" muy áspero me fui, a este punto estaba maquinando una excusa para explicarle a mi madre, pero me rendí fácilmente; simplemente no me creería.
No tuve otra opción que revisar la basura, me asusté cuando las ratas brincaban casi en mi cara, pero no me iba a rendir tan fácil, pero no conseguí nada, a este paso me iba a dar un dolor de cabeza, claro que fui a un baño público y lavé mis manos, todavía tengo algo de cordura.
No tenía otra opción, debía comprarme otro, caminé hasta el centro comercial más cercano, esperando conseguirlo.
—Todo lo que estoy pasando por ese estúpido —Apreté las correas de mi bolso —,sino fuera porque necesito el dinero ya lo hubiera… —respiré hondo, eso no me serviría de nada.
Por suerte conseguí uno igual, apenas salí de la tienda boté la bolsa y me lo coloqué, un problema menos, miré la hora y me asusté, era tarde y todavía no había echo las compras.
El sonido de la puerta llamó la atención de la mayor, estaba haciendo algunos estiramientos como de costumbre, su hija entró y colocó algunas bolsas de compras sobre la mesa, ella ayudó con las otras.
—¿Por qué compraste tantas verduras? —expresó sorprendida por la cantidad de hortalizas, la más joven llevó ambas manos a sus caderas
—¡Tienes que alimentarte bien! Recuerda lo que te dijo el médico
—Hayami...
—No acepto quejas, deja las cosas aquí, voy a cambiarme para ayudarte con la cena —Le dijo con una sonrisa, luego abrió sus brazos y se dio media vuelta —, aquí tu adorado abrigo —ironizó —,salí tan apurada que me olvide de él, uno de mis compañeros me hizo el favor de guardarlo —mintió, se dirigió a su cuarto y sin esperar respuesta.
.:Narrador:.
El resto de la noche pasó con normalidad, la cena era lo que más disfrutaba de su día, ver a su familia era lo más importante para Hayami, claro que las preguntas de su madre a veces se tornaban incómodas.
Ésta tenía especial curiosidad por su trabajo, la rubia le decía que era una maravilla, llevaba varios meses trabajando en ese infierno pero ella lo hacía ver como el mejor lugar del mundo, no quería que su madre se sintiera culpable así que no tenía otra opción más que inventarse una historia.
Lavó los platos y se preparó para dormir, observó el calendario en su teléfono, mañana sería jueves y el albino no la había contactado en todo el día, lo que odiaba de tener otro trabajo es que no podía descansar aún en sus días libres.
Pero por su familia, haría lo que fuera necesario.
