Es viernes y el cuerpo lo sabe.
Él también lo sabe, perfectamente.
Ella respiraba hondo, dándose ánimos frente al pequeño espejo, se agradeció por ir a cortarse el cabello el día anterior, de lo contrario le se habría llevado una buena bronca.
El viento gélido recorría su rostro, era una salida sencilla, un simple paseo en el parque que curiosamente ella solía frecuentar.
Pero no se quejaba en lo absoluto, el aire libre le permitía pensar con más claridad, obviamente, su vestimenta no era tan elegante como la vez pasada, ahora iba semi formal,no sabía si era su estilo o por cuestiones laborales que ya acostumbraba vestir así.
Pero algo no estaba bien, el albino caminaba a su paso, tan misterioso y formal como siempre, pero sentía un aire de desaprobación hacia su persona.
La rubia se permitió revisar su teléfono, en un ángulo que éste no pudiera ver la pantalla, palideció, la chica que debía interpretar siempre llevaba un estilo fresco, casual.
Y ella era todo lo contrario.
Llevó una mano a su cabeza, no sabía qué hacer, devolverse para cambiarse sería difícil, sin contar a su madre que le pediría las mil explicaciones, ni siquiera sabía cómo sacar el tema.
Se volteó al no verlo a su lado, el chico caminaba a paso lento más atrás, cabizbajo, como si reflexionara en algo.
Ella detuvo su paso, una vez que estuvieron a la par le preguntó.
—¿Estás bien?
—… —Se tomó su tiempo, pensando su respuesta con cuidado —,sí…
La chica suspiró, quería quejarse, jamás imaginó que existiera un hombre tan frío sobre la tierra, alzó su bufanda hasta la mitad de su rostro para evitar que viera sus muecas.
Se arrepintió de haber hablado, éste la miraba de reojo cada cierto tiempo, pero no se atrevía a hablar.
Como si fuera una pintura, admirándola en silencio en medio de esa noche, los copos de nieve se movían al compás del viento, la luz de los faroles le daba un ambiente romántico al lugar.
Unos ladridos terminaron con aquella escena, ambos se voltearon, un pequeño Husky los miraba con atención.
El chico clavó su mirada en el animal —Está perdido —expresó, señalando su collar
—¿Q-quién saca a su perro a pasear sin correa? —habló, dando dos pasos hacia atrás.
El joven la miró extrañado, acercándose al perro con intención de acariciarle la cabeza.
—¡Espera, no! —Tomó su mano para evitar que lo tocara.
El animal ladeó su cabeza, y antes de que pudieran retroceder rodeó las piernas de la rubia haciendo que gritara del susto, convirtiéndolos en el centro de atención.
—¡No te muevas! Va a pensar que es un juego —opinó el de cabellos plateados, pero era en vano, la joven era presa del pánico y corría en círculos, haciendo que el canino se lo tomara como un juego de persecución.
No podía hacer nada, la chica no acataba su sugerencia así que todo lo que intentara sería inútil, ella gritaba presa del susto y el pequeño animal se mostraba con muchas ganas de jugar.
La situación se descontroló al punto que ésta se le lanzó hacia su acompañante en un intento desesperado por liberarse del perro, mala idea, Koko no resaltaba por tener la mucha fuerza física, apenas logró sostenerla por unos segundos y después ambos cayeron al suelo.
Agradecidos con la nieve que amortiguó la caída, el chico chasqueó su lengua, levantándose con un fuerte dolor en su espalda.
—Eres una histérica —le reprochó, quitando la nieve de su ropa
—¡Y tú deberías ir al gimnasio! ¡Debilucho! —chilló ésta, todavía en el suelo.
Afortunadamente el dueño del animal apareció, dándole un breve agradecimiento se fue con el cachorro en brazos, el dúo no tuvo otra opción que seguir con su camino, adoloridos, pero no derrotados.
—Esto es un fracaso
—¿Perdona? Fuiste tú el que quería acercarse, ¡Si te hubiera mordido ahora estaríamos en el hospital!
—No se veía agresivo
—¿Y tú que vas a saber? No me digas que saber leer la mente de los perros —expresó, giró su cabeza y acomodó su bufanda, si no se calmaba la situación no sería buena.
El chico no tuvo más opción que callarse, no quería discutir, ya era suficiente con el dolor en su espalda para buscarse una migraña.
—Akane amaba a los perros —dijo luego de caminar en silencio unos minutos, la rubia a su lado lo miró, pasmada, pasó una mano por su cabello tratando de aferrarse a la calma.
—¿Hablas en serio? ¡Perdona por tener miedo al igual que cualquier persona! Yo no soy como ella ¿sabes?
Permanecieron en su lugar, él la miraba con atención, ella ya arrastraba mucho estrés de su otro trabajo como para aguantar a ese amargado.
—En primer lugar nos encontramos de pura casualidad, luego me haces pasar por esto, ¿Qué te cuesta pedirle esto a un actriz? ¡Dinero es lo que te sobra! —Reanudó su caminata sin mirar atrás, el albino la seguía de lejos, meditando en sus palabras, pero su raciocinio se perdía entre los mechones de oro de su acompañante.
Si ella fuera…
—No te estoy obligando —Le dijo unos pasos atrás, la chica lo miró y rodó los ojos para seguir su camino —,si quieres renunciar, hazlo.
—¿Por qué yo?
—Créeme, el día que conozca una actriz con un mayor parecido del que tienes te reemplazaré sin pensarlo —Caminaban a la par, Hayami suspiró, este tipo la sacaba de sus casillas.
—Esta vez lo dejaré pasar, pero debes aprenderte las notas que te pase al pie de la letra.
—Ya te lo dije, no importa cuánto me pagues, le temo a los perr-
—No me refiero a eso —interrumpió, soltando una bocanada de aire —,sé que no puedes ser como ella al 100% pero esa actitud… —expresó con repudio —.Eso no entra para nada en su papel.
La chica no dijo nada, prefirió tragarse su cólera y aprovechar que la bufanda tapaba la mitad de su rostro para sacarle la lengua, quería irse a casa pero si lo hacía se quedaría sin pago.
Estúpido trabajo…
Siguieron dando vueltas por el parque, el frío traspasaba la las capas de ropa y era insoportable, un olor dulce llegó a sus fosas nasales, no muy lejos, un puesto ambulante ofrecía un delicioso chocolate caliente.
Sus orbes zafiros se enfocaron en el lugar, buscando entre sus bolsillos el dinero para pedir uno, pero mientras ella estaba en lo suyo, un vaso con un líquido oscuro apareció ante la joven.
—Ten, no es bueno que pases frío —manifestó el de cabellera larga, la chica se quedó en blanco, primero la trata mal y ahora le ofrece chocolate, de seguro era bipolar.
—¿Quieres que lo tire a la basura? —cuestionó al que no hacía nada, Hayami negó y lo tomó sin pensar de más, sopló para enfriarlo un poco y probó un poco, el líquido caliente y dulce le dio la vitalidad que necesitaba.
El chico la invitó a sentarse en un banco cercano, pasando el rato viendo a los demás pasar, éste juntó sus manos e inclinó ligeramente su cabeza, paso un buen rato antes de que su acompañante lo viera en esa posición.
Su chocolate estaba frío y a menos de la mitad, en otra situación lo hubiera dejado pasar pero su mirada se veía más sombría que de costumbre.
—¿Mal día en el trabajo? —Koko la miró de reojo —...¿Mala semana? —Él sonrió de medio lado.
—Todos tenemos malos días, lo sé por experiencia —afirmo ella, dándole vueltas al vaso.
—No entiendes con cuánto debo lidiar… —La situación era delicada, el albino se mordía la lengua para no decir de más, una palabra y la cabeza de ambos rodaría por el suelo.
—Si tienes tanto dinero debes tener un puesto importante, adivino...¿Compañeros molestos? ¿Clientes exigentes pero que no saben lo que quieren? O ambas —arrugó el recipiente de plástico, éste observó su acción, luego alzó su mirada hacia ella.
—Tampoco la tienes fácil.
—Por algo acepté un trabajo tan retorcido como éste —ironizó ella, el chico soltó una suave carcajada.
—Primera
—¿Cómo? —Ingirió el poco chocolate que quedaba en su vaso
—Primera vez que te escucho reír —abordó la rubia levantándose del sitio —,vamos, tenemos que botar eso —Refiriéndose a los vasos, inicio su camino sin esperarlo, el joven la miró unos segundos antes de imitar su acción.
Aquella semana había sido un infierno para él, pero gracias a esa extraña salida se sentía despejado.
El chico caminaba por el extenso pasillo, las luces adornaban el lugar dándole un aire lujoso, nada fuera de lo común para él.
Al entrar al enorme salón se extrañó al escuchar los quejidos de uno de sus descerebrados compañeros, no muy lejos, Rindou estaba sentado en un mueble oscuro, a su lado Ran se mostraba preocupado por su hermano.
—¿Qué pasa? —preguntó al aire, esperando que alguien le respondiera.
—A Rindou lo mordió un perro —informó un azabache con una cicatriz en su rostro, estaba sentado en la barra cruzado de brazos, Koko se sentó a su lado, dando por terminado el tema.
—No deberías acariciar perros callejeros —exclamó el recién llegado sin esperar respuesta
—No se veía agresivo —respondió a duras penas el joven herido, a su lado, su hermano hacía lo posible por tratarlo con el mayor de los cuidados, pero era en vano, el menor de los Haitani no paraba de quejarse.
—Ya veo… —susurró el de cabellos plateados, observando su mano con la que iba a acariciar al pequeño Husky horas atrás, esa chica no se equivocaba del todo.
F por Rindou
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¡Nos vemos!
