No sabía cómo había llegado ahí, el pasto se sentía suave al contacto con sus pies, habían flores de todos los colores y el cielo estaba lleno de nubes blancas, caminaba sin rumbo fijo, hacía muchos años que no sentía tanta paz como ahora.
Como si se hubiera perdido en el tiempo y espacio, mas no le importaba, si debía continuar por la eternidad en un lugar tan hermoso lo haría pero una punzada en su pecho lo hizo reflexionar.
No podía
Las manos llenas de sangre le recordaban que el sitio que le esperaba era todo lo contrario, solo se mentía a si mismo.
—¿Te gusta? —Escuchó una voz femenina a sus espaldas, al darse vuelta quedó congelado, no podía creer que estuviera allí.
—Akane… —susurró, estaba tan impresionado que su cuerpo no respondía, solo sentía sus lágrimas brotan sin compasión.
—Ha pasado mucho tiempo —dijo ella, jugando con sus cabellos cual oro, con una suave sonrisa y su aura angelical que contrarrestaba con el joven que se había tirado al infierno —,veo que has seguido con tu vida...a tu manera —expresó acercándose a él.
El chico sintió un escalofrió recorrer su cuerpo, quería abrazarla, gritarle lo mucho que la amaba pero de alguna manera no podía moverse.
—Todavía te falta algo —Alzó las manos del otro, éste quería resistirse por obvias razones —,debes olvidarme —Se sorprendió al ver que éstas estaban limpias, todo rastro de sangre había desaparecido.
—Eso es imposible —respondió entre lágrimas.
—Sé que puedes —Le sonrió —.No seas muy duro con ella ¿Sí? —Su figura comenzó a esfumarse como si se tratara de una ilusión, el chico extendió sus brazos, no quería perderla, no otra vez.
Gritó con todas sus fuerzas, pero fue en vano, ella había desaparecido.
Se levantó bruscamente, su cuerpo estaba lleno de sudor, pasó sus manos por su rostro para limpiar sus lágrimas.
—Fue un sueño —dijo con pena, en medio de la lujosa habitación, no podía soportarlo, aprovechando la soledad para desahogar su agonía
La chica se sirvió un vaso de agua, tomó una pastilla antes de ingerir el líquido, la migraña la estaba matando.
Llevó una mano a su cabeza y con la otra se apoyaba en la mesa, sentada en una cafetería cercana, era hora del almuerzo, el único momento donde podía tener paz.
El trabajo la estaba matando, ni siquiera había tenido la suerte de conseguir una compañera de confianza, la situación en la empresa era pésima para ella.
No solo debía tratar con sus superiores que no la pensaban dos veces para mandarle a hacer recados, la indiferencia de los demás con su mismo puesto era otro punto que la atormentaba.
El ambiente se tornaba pesado, ese día los nubarrones habían eclipsado los rayos del sol, en una clara señal de que pronto llovería, pasaba las manos por sus cabellos, dándose ánimos a sí misma.
—Solo estoy aquí de paso—Se decía mientras recogía sus cosas, la hora de descanso estaba terminando.
La semana pasó rápido, era un viernes en la noche y un joven se hallaba sentado con el teléfono en su mano.
Observaba el contraste del cielo nocturno con las luces de la cuidad, él se consideraba alguien directo, que perseguía sus metas hasta cumplirlas, el dinero le había ayudado mucho para satisfacer varios de sus caprichos.
Pero esa noche era diferente, eran pocas las veces que Koko dudaba, y esta era una de esas escasas ocasiones, levantaba su móvil para prender la pantalla y volverla a apagar.
Suspiraba cada cierto tiempo mientras meditaba y se reprochaba porque perdía su valioso tiempo, si llamaba muy tarde era probable que esa chica le rechazara.
¿En que pienso? Claro que no, yo le estoy pagando así que debe obedecer Se decía a sí mismo.
Con eso en mente, el chico se decidió y la llamó, tardó un tiempo para que le contestara.
Fue algo breve, solo le dijo la hora y el lugar donde se encontrarían, dicho eso colgó y buscó un abrigo, se observó en uno de los espejos, su vestimenta era impecable y adecuada para la ocasión según él.
Éste salió sin notar que lo veían desde la distancia
Eran aproximadamente las diez de la noche, la rubia suspiraba mientras revisaba que estaba en el sitio correcto, miró hacia ambos lados pero no veía a su irritante jefe.
Se permitió respirar hondo y apreciar el ambiente nocturno, el lado bueno era que la salida la ayudaría a despejarse de la horrible semana que tuvo, lo malo, es que debía trabajar.
En eso, observa al chico bajar de un carro lujoso, ella se preparaba mentalmente para iniciar su labor mientras éste le hizo una seña de que lo siguiera.
Entraron a un bar que la joven no conocía, y no le extrañaba, el ambiente era íntimo y lujoso, muy diferente a los corrientes que servían bebidas baratas de dudosa procedencia que ella solía ir.
El suelo era de madera pulida, las luces eran tenues y a un lado se encontraba la barra, detrás de ésta se mostraban las diferentes bebidas y dos bartender tomando los pedidos y al fondo habían mesas de billar.
Eran pocas las personas allí, dispersas en pequeños grupos, la chica metió las manos en sus bolsillos, estaba incómoda, todos allí vestían como si fueran celebridades.
No se extrañaba que él visitara lugares así pero...¿Por qué se molestó en invitarla?
Lo siguió hasta unas escaleras que los llevaron a una zona con pocas mesas que estaban rodeadas de paneles de madera para mayor privacidad.
Éste parecía estar acostumbrado, sin decir nada se sentó en uno de esos lugares e hizo una seña a uno de los meseros que en seguida se retiró a tomar la orden, la chica no podía creer dónde estaba, ni siquiera se atrevió a tomar asiento hasta que la voz del joven la devolvió a la realidad.
Jamás se había sentado en algo tan cómodo en su vida, a su lado estaba un enorme ventanal que le permitía ver a la gente que estaba abajo.
—Es un vidrio especial, podemos verlos pero ellos no pueden vernos a nosotros —explicó con un grado de orgullo.
Ella asintió, seguía incómoda, observando cada detalle del lugar, el chico la miraba, con una sonrisa de medio lado que ocultó cuando hicieron contacto visual.
El mesero dejó dos copas frente a ellos, vertió el líquido claro y espumoso y se retiró.
La rubia observaba las notas en su teléfono una y otra vez, en ningún momento le daban indicaciones de cómo debía portarse en ese ambiente, ya de por sí el sitio le parecía muy exclusivo para ella y la falta de información la estaba estresando.
—Puedes ser tu misma aquí —abordó el otro, tomando la copa —,Akane nunca visitó un bar —dijo luego de unos segundos, como si las palabras le pesaran.
Ingirió el líquido observando a las personas que estaban debajo, la chica pasaba su mirada de la copa hacia su acompañante, no entendía el repentino cambio, hace poco se pavoneaba como si fuera el dueño del mundo y ahora se mostraba melancólico.
A este punto Hayami ya se estaba preguntando el por qué de este extraño encargo, claro, desde el principio el albino se mostraba renuente a hablar sobre él y teniendo tan buena paga no quería molestarlo.
Pero ahora la situación no era la misma, por extraños motivos desde esa salida en el parque su actitud había cambiado…
No...no era eso, más bien fue la percepción que tenía de él, la chica se hizo masajes en la sien para calmar la tormenta de pensamientos.
Koko la observaba, se rio para sus adentros, se vio reflejado en ella cuando estrés de llevar los negocios de Bonten y soportar a los otros integrantes lo llevaban a su límite.
—Esta semana también a sido dura para ambos —comentó, tomando el líquido que quedaba en su copa, fingía estar relajado pero en realidad quería ver la reacción de la chica para ver si pedía una pastilla contra la migraña o no.
—Ah…disculpe —Bajó sus brazos y se llenó de valor para dar el primer sorbo a su copa, la sensación suave en su boca la llevó a un segundo trago y después a un tercero.
—¿Pido otro servicio? —cuestionó éste, estaba orgulloso de sí mismo por acertar en el gusto de la joven, no esperó respuesta y le hizo una seña al mesero que en seguida volvió a llenar las copas.
Ella se enrojeció de la vergüenza, de imaginar cuánto costaría esa bebida, solo esperaba que eso no le afectara en el pago.
—Disculpe…
—¿Por qué tienes que ser tan formal? Te dije que seas tú misma —reiteró, haciéndolo sonar como una orden.
—Créeme, no quieres ver mi verdadero yo —habló a modo de broma, mala idea, éste no perdió tiempo y se inclinó hacia ella, posando los codos en la mesa, apoyando el rostro entre sus manos
—¿Debería tener miedo? —Arqueó una ceja, a este punto ella quería salir corriendo, la escena le había recordado al asqueroso coqueteo que le hacían sus jefes en la empresa.
—Gracias por la bebida —Alzó la copa que obligó retroceder al otro y dio un pequeño sorbo, la verdad quería arrebatarle la botella al mesero y salir corriendo pero se aguantó.
—¿Nunca habías visitado un sitio así? —Y por segunda vez en la noche, Koko se quería tirar por la ventana, era obvio que ella no acostumbraría ese tipo de lugares.
Se dio una bofetada mental. ¿Qué había sido eso? Por más parecida que fuese ella no era Akane, no debió de acercarse como lo hizo.
—De seguro esta copa vale más que mi vida —bromeó, alzando el objeto, sonrió —¿Piensas emborracharme? Te diré que soy buena tolerando el alcohol
—Lástima —fingió decepción, ambos rieron, pero éste al notar que le dio mucha confianza se enderezó —¿Bebes mucho con tus compañeros?
Ella esquivó la mirada —No mucho...la verdad, nunca, desde que entré a la compañía he ido sola, pero los dueños del bar cuentan historias muy interesantes, deberías… —juntó sus labios, que estúpida había sido, era obvio que él no se rebajaría a ir a ese tipo de lugares.
—¿Y tú? —cuestionó antes de que el joven le dijera algo —¿Tan malos son tus compañeros como para invitar a una extraña?
—Mis compañeros son unos idiotas —respondió, sin ánimos de decir detalles.
—¿De casualidad no trabajamos en la misma empresa? —ella volvió a reír, el chicos se cruzó de brazos y le sonrió
—¿En dónde crees que trabajo?
—¿Ah? Ni idea, eres muy malo, dame una pista
—Si lo hago te disminuyo el sueldo —bromeó, la pobre chica palideció
—Ok...ham… —Apoyó los codos sobre la mesa, detallando al otro.
Koko se arrepintió de su juego, a sus ojos era como ver el rostro angelical de la chica que lo flechó en sus primeros años, los nervios comenzaron a atormentarlo y las manos le comenzaron a sudar.
—¿Trabajas como director de moda?
El otro quedó atónito, comenzó a reír imaginándose en ese puesto.
—¡Tiene sentido! —Se defendió —,tienes mucho dinero, buen gusto, te gusta el lujo y sentirte superior a los otros —Se cruzó de brazos.
—¿Cómo? —Habló, tomando su copa —¿Sentirme superior?
La joven asintió y luego miró hacia el ventanal —Te gusta ver a los demás por debajo, como fueran bichos raros… —Y como si le hubieran tirado un balde de agua fría, reaccionó.
El contrario se quedó mudo, ella lo miró de reojo y sin esperar respuesta se levantó, se apresuró hacia la salida seguida por el albino que le pedía que le esperara.
Hasta aquí llegó mi trabajo, te extrañaré, paquete lleno de billetes.. Se lamentaba ella, sujetando con fuerza la correa de su bolso.
Las esperanzas de escapar se disolvieron al sentir un fuerte agarre en sus brazos, éste logró alcanzarla una vez afuera, siendo rodeados por el viento que amenazaba con congelarlos.
—No vuelvas a hacer eso o te dejaré sin paga ¿entendiste? —abordó, pero era imposible verlo amenazante cuando se abrazaba a sí mismo para darse calor
—Pero-
—¿...Kitty?
La mencionada rogaba de que fuese producto de su imaginación, pero por desgracia no fue así, su alma abandonó su cuerpo cuando reconoció a uno de sus superiores.
