Los nubarrones no daban lugar al mínimo rayo de luz, la pacífica lluvia era ahora una tormenta que aterrorizaba a los pequeños que observaban todo desde la ventana.

El pequeño Inupi estaba centrado leyendo sus mangas mientras que el azabache fingía leer el que tenía entre sus manos, no obstante, no podía despegar la vista de la rubia que observaba la tempestad.

Gritaron al unísono cuando la casa quedó a oscuras, se había producido un corte de electricidad, ellos se miraron, el rubio ocultó su rostro avergonzado entre sus brazos mientras la chica se reía por lo que había hecho.

Aquella leve carcajada era como la más hermosa melodía a oídos de Koko, éste como pudo se acercó un poco para observala de cerca, su delicado rostro se iluminaba a la luz de los relámpagos.

—¿No tienes miedo? —Le cuestionó sin dejar de ver por la ventana, el chico negó, queriendo decir algo pero su mente no le ayudaba.

—¿Pasa algo? —preguntó con ligera preocupación, Akane era una chica gentil y risueña ver su semblante tan rígido no era natural en ella —.¿No te gusta la oscuridad?

A pesar de la tenue luz de las velas (Inupi se había tomado la molestia de buscarlas para seguir leyendo) notó una ligera curvatura en su boca.

—No me gusta cuando llueve —Como si eso fuese una señal, la lluvia empeoró, las gotas de agua arremetieron contra la ventana con mayor fuerza que antes.

—La lluvia le da el toque que necesitaba —expresó con emoción, llevando la taza a sus labios.

El chico la observaba desde su reflejo, el agua se deslizaba por el vidrio, aquel recuerdo lo había agarrado por sorpresa.

—¿No te molesta la lluvia?

La rubia negó —Al contrario, me relaja, siento que cada gota se lleva mis preocupaciones —Lo último lo dijo más para si misma, pero el varón logró escuchar por la poca distancia.

Fácilmente podría desviar su mirada hacia su café o el teléfono, observar la sorpresa de los demás clientes por el repentino aguacero.

Pero prefirió verla a ella, apoyar ligeramente su rostro contra la vidriera, era extraño, como si la figura de Akane se desvaneciera, prestándole más atención a sus orbes azules, su reflejo en la enorme ventana era hipnótico.

Fue entonces que se percató de las pequeñas diferencias, la forma de su rostro, labios, cejas, mínimos detalles que diferían del vago recuerdo de su primer amor.

Un toque contra la mesa lo devolvió al presente, dejó los papeles que traía en sus manos y alzó su mirada hacia la persona que tenía más cerca.

El de cabello morado mostró una sonrisa, seguida de Ran y los demás que estaban alrededor del escritorio.

—¿Qué te pasa Koquito? Estás en la nubes —Se burló el de cabello corto, el mencionado bufó

—Últimamente estás saliendo mucho —Agregó el de ojos azules, sentado en un sofá cercano —¿Quién es tu nuevo pasatiempo? Preséntamela

—Yo también quisiera conocerla —abordó el mayor de los Haitani.

El albino se calmaba a sí mismo para no dispararles —¿No tienen nada mejor que hacer? Ustedes salen con una distinta cada noche, yo también merezco mis descansos

—Lo admitió —dijo victorioso el de cabello rosa, éste se molestó consigo mismo por hablar sin pensar. —.Invítala, tengo curiosidad.

Sanzu estaba sorprendido, Koko no era alguien que se diera la misma vida loca que él o la de los hermanos, la supuesta chica debía tener algo especial para que se fijara en ella, conociendo lo exigente que era Hajime estaba seguro que debía ser una belleza fuera de serie.

—Cállate —expresó hastiado, acomodando los papeles que estaba revisando —,váyanse con su grupo de prostitutas, no voy a presentarles a nadie.

—Mientras más chicas mejor —habló Ran —,no seas tacaño, comparte.

—No debes desconfiar de nosotros, no le haríamos nada —ironizó el de cicatrices, riéndose.

Sabía que eso era una total mentira, pensar en Hayami en presencia de esos dos le revolvía el estómago, lo mejor era ignorarlos.

—¿Y si hacemos una fiesta? —sugirió el de ojos violetas —,como las que siempre hacemos, fingiendo ser empresarios y toda esa ridiculez —El de orbes azules le dio la razón, ambos siguieron conversando de cuestiones que Hajime ignoraba, acomodaba los documentos para largarse lo más rápido que pudiera.

—¿Y bien? —Colocó la mano en la hoja que estaba leyendo, el albino lo miró con enfado.

—Tres segundos para quitar tu sucia mano o te vuelo los sesos —advirtió.

—Hum… —Sanzu hizo caso, sabía que la paciencia del otro estaba tocando el límite —. ¿Por qué tan serio? Solo vamos a divertirnos.

—Eso pueden hacerlo ustedes, yo no quiero saber del tema

—Vamos Koquito, es solo por esta vez —insistió el de cabellos rosados —.¿Es tu prepago personal o la compraste a un traficante de personas? Te debió salir bien cara para protegerla tanto

—Ustedes dos, ya basta —intervino Rindou, todos voltearon a verlo, estaba al lado de Mochi, su mirada severa era señal de que tenían un trabajo pendiente.

—Es hora de trabajar —volvió a hablar el menor de los Haitani, mientras los otros dos se quejaban el de ojos oscuros agradecía la intervención.

Se levantó de su escritorio y dio media vuelta, a la vez que la mirada de los dos hombres que lo estaban molestaron se fijaron en él al escuchar su teléfono vibrar.

Éste sacó su móvil, había recibido un mensaje, de no ser porque estaba lejos del dúo problemático éstos se lo habrían arrebatado.

Mientras ellos se quedaron hablando de cosas que el otro ignoró, Koko iba tan centrado viendo la pantalla que no se fijó en su camino hasta que chocó con alguien.

Su mirada se dirigió al chico de cabello plateado y ropa negra, no le gustaba ver a Mickey ya que su apariencia descuidada y ojos cansados lo hacían ver como un personaje de terror.

Éste solo se disculpó por cortesía, al final, el respeto que le tenía era una máscara para seguir en el negocio que le brindaba montañas de dinero.

El de menor estatura no dijo nada, sus ojos se veían muertos, como siempre.

Al salir de la sala se permitió estirar sus brazos, más tranquilo fue a sentarse en uno de los sillones.

Leyó el nombre "Hayami" y miles de preguntas bombardearon su mente, no tenía idea de que podría encontrarse en ese mensaje.

Pensó en ella, era extraño lo que pasaba por su cabeza, a él no le importaba lo más mínimo las otras personas, aún así, ella lo había soportado y era honesta con él, cosa que no veía en Bonten.

Claro que compararla con los infelices con los que hacía tratos sucios era irse por los extremos, pero nunca había tenido tanto cuidado con alguien desde hacía mucho tiempo.

El recuerdo de Akane volvió a su mente, pero prefirió dejar a un lado el pasado y revisar lo que le había llegado.

No decía nada, solo una imagen de la bebida que le había obsequiado sobre una mesa, una chica que intuyó que era ella sosteniendo la copa cerca de sus labios.

El chico esbozó una sonrisa, la joven no era la copia exacta de Akane pero sin notarlo logró que desarrollara empatía hacia su persona.

No lo notaba, pero era el inicio de una etapa que su vida que nunca imaginó que podría pasarle.