4 años atrás…

No sabía si el día era espléndido o era la emoción del momento lo que la hacía sentir así, faltaban pocos minutos para que iniciara uno de los eventos más importantes de su vida.

Un sentimiento agridulce se coló en su pecho mientras reía junto a los demás jóvenes, la rubia no desperdició un segundo y se tomó fotos con todas las que le habían ayudado en su estadía en la universidad.

—Mi memoria está llena —expresó una castaña, refiriéndose a su teléfono.

—Estamos igual, luego tendré que revelar todas estas fotos —dijo ésta, nunca había sentido tanta felicidad hasta ahora, ver su uniforme oscuro y el gran salón donde se encontraban eran la señal de que su gran sueño por fin se había vuelto realidad.

El día de su graduación.

—¡Déjame ver! No quiero que guardes una foto donde salgo fea —interrumpió otra chica de ojos esmeralda, Hayami volvió a reír mientras le pasaba su móvil.

Se sentía dichosa, no podía creer que por fin había terminado su época universitaria.

Pasaron el rato entre charlas y bromas, nunca se había divertido tanto con su grupo de amigas, no fue hasta que vio a los directivos que su corazón sintió un brinco.

La ceremonia iba a dar comienzo.

Eran las últimas horas de la tarde y la chica trataba de no llorar, a su lado su madre y su hermano menor posaban para las fotos, los jóvenes se habían separado para seguir tomándose fotos y hacer su último esfuerzo por grabar los recuerdos de una fecha tan importante.

Fue entonces cuando Hayami lloró, las lágrimas bajaban por su rostro mientras abrazaba a sus amigas que se lamentaban porque ahora tendrían que separarse.

Todos eran presa del sentimiento agridulce del momento.

Cuando estuvo sola su madre se acercó, tocó su hombro antes de darle un abrazo a modo de consuelo.

—Mamá… —decía entre sollozos —¿Estás bien? Te siento delgada —abordó con ligera preocupación.

Pero ésta le respondió que estaba bien, que este era su día y se centrara en ella para aprovechar los valiosos momentos.

No muy convencida ella se fue, ahora con título en mano, a tomarse más fotos.


Un toque en la puerta interrumpió la paz de la habitación.

—¡Mamá! ¡No te olvides de tus medicinas! —expresó la rubia entrando al lugar, puso el medicamento al lado de la mesa donde se encontraba la mujer.

Ella sonreía, no quería preocupar a su hija pero en el fondo sentía culpa, de no ser por su condición Hayami ya hubiera iniciado su vida laboral.

La mayor se disculpó, pero aquello iba más allá de haberse olvidado de sus pastillas, la más jóven no lo notaba, y si lo hacía fingía desinterés.

—Voy a hacer el almuerzo, cuando esté listo te llamaré —indicó antes de irse, la mayor solo se quedó viendo la puerta una vez que se fue, estaba agradecida que estuviera pendiente de ella pero se sentía fatal por arruinar la vida de su propia hija.

Hacían dos meses del terrible diagnóstico, la mayor estaba débil y debía tener cuidados especiales, ahora su hija era la que se encargaba de ella y su hermano, incluso el varón consideraba que su hermana ahora era su mamá.

Aún así, ésta nunca se quejó y no mostró signos de molestia, pero a pesar de todo eso su madre no quería que estuviera en esa situación.


Las dos mujeres salían del hospital, Azami (la mamá de Hayumi) sonreía después de mucho tiempo.

Luego de mucho esfuerzo por fin su condición era estable, la mayor estaba contenta, no solo de que podía ser más independiente sino que ahora su hija podría salir de la casa e iniciar su nueva etapa.

Ese día se esmeró en hacer un banquete, claro que Hayami tuvo que ayudarla ya que luego de tanto tiempo sin cocinar se le había olvidado casi todo.

—No hace falta que lo hagas —expresó al ver como la más joven levantaba los platos —,ya no tendrás que cuidarme tanto, deja que Yamato lo haga

—¡¿Ah!? —El chico se sorprendió, ni había terminado su plato cuando ya lo mandaban a lavarlos.

Hayami sonrió, le hizo una mueca a su hermano antes de ir a la habitación, se estiró y se acostó en su cama para luego soltar un suspiro de alivio, su mamá por fin se encontraba bien.

Claro que ahora no debían descuidarse, una buena alimentación y unos ejercicios eran vitales para mantenerse en buen estado.

La rubia se quedó pensando en muchas cosas, no supo cuánto tiempo llevaba así pero cuando el sueño comenzaba a cerrarle los ojos un sonido en la puerta la alertó.

La mayor había entrado, llevaba algo en su mano pero lo escondía tras su espalda —.Ten, no sé si serán de mucha ayuda pero quiero que lo intentes

—¿Qué es? —Tomó una de las revistas que había puesto sobre la mesa, al verlas se quedó sin palabras

—Es lo mínimo que puedo hacer por ti —respondió —,ya han pasado dos años desde tu graduación, ahora que me he recuperado es el momento de que salgas a cumplir tus sueños.

Ella bajó su mirada, pasando las hojas llenas de ofertas de empleos de diferentes empresas, sus ojos comenzaron a cristalizarse.

—Gracias mamá —dijo abrazándola, la contraria no dudó en corresponder, sintiendo las lágrimas de su hija bajando por su espalda.

—Sé que tendrás éxito querida


La chica se dejó caer sobre la silla, soltó un suspiro en señal de cansancio, agarró una revista que le habían regalado hace dos meses atrás, con tristeza buscó la página en donde marcó con un marcador rojo una enorme equis.

Apoyó su cabeza entre sus brazos, había sido su cuarta entrevista en lo que iba de mes y ninguna le daba señales de esperanza.

Hayami se sentía frustrada, nadie le dijo que encontrar empleo sería tan engorroso cuando te tomas tantos años "de descanso" como decían ellos.

Se sentía molesta, no era porque le había dado la gana, nadie parecía entender la delicada situación de cuidar a una madre y a su hermano cuando hacía falta.

Sabía que su madre no la estaba apresurando para que entrara al mundo laboral, pero el deseo de la joven era de ser una mujer exitosa, y para ello el primer paso sería encontrar trabajo; cosa que se le estaba complicando.

Observó el reloj de pared, eran las cuatro de la tarde, dentro de poco iría a ayudar para la cena, no obstante, se le cruzó la idea de comer algo dulce para pasar el mal rato.

Con eso en mente se quitó su ropa formal y se colocó algo más cómodo, estiró sus brazos y arregló su cabello.

Estaba a punto de salir de su cuarto cuando escuchó su teléfono, al contestar escuchó una voz femenina del otro lado.

—Buenas tardes. ¿Hablo con la señorita Hayami Miura?


La rubia escribía unos documentos que debía entregar esa tarde,

todo iba normal, la hora del almuerzo estaba cerca, al terminar su tarea iría a tomarse un café helado y comer algo liviano.

Yendo de camino recordó su primer día en la empresa, para ser su primer empleo se había adaptado muy rápido, al menos eso era lo que decían sus compañeros.

No era el mejor pero tampoco el peor, llevaba casi un año y demostró ser responsable y eficiente, por lo cual se había ganado la confianza de muchos.

Llegó a la cafetería y se digirió a una mesa luego de pedir, sacó su teléfono para revisar algo rápido y después sacó un libro para distraerse.

Al terminar de comer fue de regreso a su trabajo, caminando por los pasillos sintió una rara sensación, todos se mostraban tensos, cosa que la extrañó.

—¿Pasa algo? —cuestionó a un grupo cercano, todos estaban de brazos cruzados, una joven suspiró, observando a los demás antes de hablar.

—Nada bueno, nos acaban de informar que la empresa está en quiebra.

La rubia parpadeó varias veces, quería decir algo pero las palabras no salían de su boca.

¿La empresa quebró?

Imposible, aquello no debía ser cierto pero los rostros serios de los otros no parecía ser en broma.

—Pero si todo iba bien —habló con dificultad, sin poder creer la noticia.

—Nos engañaron —Tomó la palabra un hombre —,nos hicieron creer que no había ningún problema, como ya no hay solución no tiene caso seguir mintiéndonos

La chica llevó una mano a su rostro.

¿Ahora qué haría?

Al poco tiempo confirmaron la noticia, con muchas dudas la joven no tuvo otra opción que buscar en otro sitio, terminando en donde está ahora.