Sounds Like Love
.:16:.
Bella ocultó un bostezo y fingió prestarle atención a la clase de la profesora Hale. La semana de receso se había ido demasiado rápido para su gusto. Necesitaba vacaciones, urgentemente. Su celular vibró con un mensaje.
Edward: Al menos apaga la cámara si vas a dormirte, Swan.
También evitó rodar los ojos.
Bella: Cierra la boca. Necesito vacaciones.
Edward: Sólo un poco más.
Bella: No puedo más.
Edward: Ve el lado positivo. Noviembre terminó y Whitlock dejará de hablar de Trump y de Biden.
Bella: Ugh. Estoy harta de eso, creo que la otra noche soñé con ellos. El vecino de enfrente finalmente sacó el afiche del porche.
Edward: ¿En dónde está tu patriotismo?
Bella: Se quedó en mi fiesta de diecisiete.
Edward: JA. Tengo malas noticias.
Bella: ¿Sobre qué?
Edward: El descanso de mis padres se terminó. Los volvieron a asignar al área de contagios.
Bella chasqueó la lengua.
Bella: ¿Eso quiere decir que volverás a estar solo todo el tiempo?
Edward: Así es. Dicen que los contagiados son, probablemente, todos los patriotas que se sacaron la mascarilla como muestra de apoyo a Trump.
Bella: No creí que el amable pueblo de Forks fuera republicano.
Edward: Lo normal, como en todos lados.
Bella: Lamento lo de tus padres.
Edward: Ya lo veía venir.
Bella: Aun así.
Edward: Está bien… supongo.
Bella: ¿Quieres pasar el rato más tarde? Luego de la tarea de Hale.
Edward: No ha dejado tarea.
Bella: Cómo si no lo fuera a hacer.
Bella lo vio sonreír a través de la cámara y luego se pasó una mano por el cabello.
Edward: De acuerdo. Pero sólo si hacemos la tarea juntos también.
Bella: ¿Quieres explotar mi cerebro?
Edward: Cómo si tú no explotaras el mío.
Bella: No lo hago.
Él sacudió la cabeza, divertido.
Edward: Sólo quiero estar contigo. No quiero dejar de verte.
~SLL~
El padre de Bella le dio una mirada desdeñosa cuando ella tomó servilletas y balanceó el plato de la cena sobre su mano.
—¿A dónde vas?
—Arriba.
Él dejó de masticar.
—Creí que cenaríamos juntos.
Bella se detuvo en el umbral, mirándolo sobre su hombro.
—Tengo mucha tarea, papá—mintió.
—De acuerdo—él se encogió y comenzó a recoger su propio plato, rascando la mesa con sus uñas cuando tomó también el mantel—. Supongo que veré la televisión.
A Bella se le apretó el corazón, pero entonces pensó en alguien que la estaba esperando justo arriba de su cabeza. Miró el techo.
—Cenaremos mañana—masculló antes de correr por las escaleras y tratar de no derramar su limonada.
A veces, la línea entre valorar los pequeños momentos y no hacerlo se volvía difusa.
Cuando volvió, Edward no estaba, pero sí Lola. Ella olisqueaba el suelo cercano a la puerta y luego comenzó a mover la cola mientras observaba el pasillo. Edward se aproximaba.
—Lola tiró la basura—masculló él, con ojos entrecerrados—. No sé cómo pudo abrir la alacena porque también comió cereal.
Bella mordió su popote entre risas y Edward se dejó caer sin gracia alguna en la silla.
—¿No se supone que el cereal va arriba del refrigerador?
—Tenemos un refrigerador empotrado—él informó.
Bella alzó las cejas y enroscó espagueti en su tenedor.
—Ah, claro, como las personas ricas.
Edward rodó los ojos y sacudió la cabeza.
—La envié aquí para que no hiciera más destrozos… el otro día…—rió entre dientes mientras observaba su comida, haciendo algo con su cuchara—el otro día vació el cesto de la ropa sucia.
Bella se llevó el tenedor a la boca.
—¿Quería oler tus calzoncillos?
—Seh, suelo rascarme seguido—él respondió, haciendo que el bocado de Bella se quedara suspendido en el aire—. ¡Bromeo! —se carcajeó. Lola ladró, uniéndose al alboroto.
—Mmm, me mantendré alejada de tus manos.
—Buena suerte que el mundo se está terminando.
—Seh, si no ¿qué sería de mí?
Después de la cena, intercambiaron la tarea de la profesora Hale para hacer correcciones mutuamente antes de entregarla.
—¿Podemos seguir hablando por teléfono? —Edward preguntó, girando en su silla, como si deseara tronar su espalda—. Me duele la espalda.
—Tienes mala postura.
—¿Entonces?
—Mi celular está conectado. Iré a ver si está cargado—respondió Bella, yendo hasta su mesa de noche.
—Bonitos shorts—Edward murmuró—. Y bonitas piernas.
—Cierra la boca.
—¿Por qué diablos usas shorts? Está helando.
Bella se encogió, regresando al escritorio con celular en mano.
—¿Lo hiciste a propósito? ¿Desde que te dije que me gustaron tus shorts antes?
—Si, claro, porque mi propósito en la vida es congelarme para que un chico me vea el culo.
Edward sonrió, como si estuviera orgulloso.
—Está cargado. Sólo déjame ir al baño y te llamaré—Bella llevó la conversación hacia la dirección correcta.
—De acuerdo—Edward finalizó.
Por la noche, cuando estás en la cama y en la oscuridad, es más fácil pretender que todo está bien, los escenarios en tu cabeza se vuelven más reales y puedes ser más honesto. O eso fue lo que dijo Edward en voz baja.
Bella se giró sobre su costado y sonrió ante la pregunta de Edward. "¿Qué harías si estuviera justo ahí? ¿O si tú estuvieras aquí?"
—Tocaría tu cabello. Parece que es suave—murmuró.
—Seh, creo que lo es—y él seguramente se lo estaba revolviendo—. ¿Qué más?
—¿Ahora estamos hablando de ti?
Edward se rió en voz baja. El sonido hizo que los ojos de Bella se cerraran y que se mordiera los labios.
—Exacto.
—Mmm—exhaló, mirando hacia la eterna oscuridad de su habitación—. Alcanzaría tu mano, ¿son grandes? Apuesto que acaparan las mías—Bella estiró su palma frente a ella, como si pudiera verla.
—Creo que si son grandes.
—Bien. Me gustan las manos grandes… te abrazaría. Quiero abrazarte.
—Quiero olerte—él dijo—. ¿A qué hueles? Me imagino que hueles a perfume, tal vez uno dulce.
—No lo sé. No creo oler mal, nadie nunca me ha dicho que apesto.
Edward se rió, con el tipo de risa que te dice que han estado sonriendo por un buen rato.
—Quiero tocar tus mejillas. Y acariciar las pecas que tienes en la nariz.
—Apenas y califican como pecas—Bella apuntó.
—No me importa—Edward susurraba, parecía arrastrar las palabras—. También quiero apretar tu muslo.
—¿Qué tan alto eres? Tal vez ni siquiera te gustan las mujeres edición bolsillo.
—Mido 1.88, ¿tú? No puedo pensar en algo que haga que dejes de gustarme.
Bella se sobó la frente con su mano libre y sonrió. Su rostro se sentía ardiente.
—Apenas 1.65.
—Mmm, te estoy imaginando justo ahora—él dijo—. Podría echarte sobre mi hombro.
—¿Por qué quieres apretar mi muslo?
—¿Por qué? Bueno, porque…—él pareció contemplar su respuesta—. Sólo quiero hacerlo, mientras miramos al frente.
—A veces…—Bella carraspeó ligeramente—pensaba en lo genial que sería tenerte frente a mí… y ahora sólo me pone nerviosa.
—¿Por qué? —podía escuchar la confusión en la voz de Edward.
—Porque… sonará estúpido. Olvídalo.
—No lo olvidaré.
—Ugh—se quejó ella—. No debí haberlo dicho.
—No si no querías que preguntara.
—De acuerdo—ella se alejó el cabello del rostro y bajó las mantas, inhalando el aire fresco de la habitación—. Eh… la cámara puede engañar a veces.
—¿Tienes tres brazos?
Bella se rió, con ganas, pero se cubrió la boca porque su papá roncaba al final del pasillo.
—¡No!
—Entonces no sé de lo que hablas—dijo él, la sonrisa impregnada en sus palabras—. A menos que seas una señora casada que se escabulle para hablar a escondidas conmigo, no le veo el problema.
—No estás…—la risa la interrumpió— no estás entendiendo.
—Bella…—él inició, conciliador—. ¿Qué es eso que te pone nerviosa?
—¿Qué si no te gusto en realidad? Tengo rodillas huesudas, manos secas y mis pechos son pequeños, como dos mandarinas. Podría decir limones, pero tengo un poco de respeto propio.
Edward lanzó un "dios" ahogado. Resopló.
—Todos tenemos rodillas huesudas. Las rodillas son hueso, por si no lo sabías. El agua caliente y el invierno resecan la piel y sobre lo otro… no parecían así en tus fotos.
—Como sea, me lo dirás, ¿cierto? Dirás que fue un error antes de salir corriendo hacia la dirección opuesta.
—Ya te lo dije, te echaré sobre mi hombro y te llevaré a una mejor vida.
Oh, Edward, por favor hazlo.
—De acuerdo, ¿en qué estábamos?
—En que quería besarte—él dijo—. En verdad quiero.
A Bella se le atoró la respiración en la garganta, se frotó el pecho para aplacar el cosquilleo.
—Parece que tendremos que esperar para eso—farfulló Bella.
—Mmm… odio esto.
—Yo también.
—Si todo fuera normal, ya te habría besado el cuello.
—¿Quieres besar mi cuello? —Bella preguntó, coqueta, enredando un mechón de cabello en su dedo.
—Mm-mm—él asintió—. Y tu escote.
Bella cerró los ojos. Edward ahí, con su cabello revuelto haciéndole cosquillas en la barbilla mientras sus labios rosas exploraban su piel, bajando cada vez más y más. Su gran mano descansando en su cintura mientras su pulgar frotaba círculos en el hueso de su cadera. Tal vez Edward podía besar su abdomen también.
—Quiero besarte completa. De los pies a la cabeza.
Ella se mordió las yemas de los dedos, tallándolos contra sus labios sonrientes.
—Veo que has aprendido a ligar.
—Mm-mm—él volvió a asentir—. ¿Estás cansada?
—No, todavía no.
—Bien, porque sólo quiero hablar y hablar.
—Yo también—Bella aceptó—. Nunca te he visto y siento que te extraño tanto. Esto sólo lo hace peor.
—¿Hablar?
—No, la espera.
Si que se gustan...
Espero que les haya gustado. Cuéntenme qué les pareció en los comentarios.
Muchas gracias y nos leemos :)
