Sounds Like Love
.:18:.
—¡No! ¡Absolutamente no! —chilló Jessica al teléfono—. ¡No puedes decirle que irás a Forks!
—¿Por qué no? —Bella mordió la tapa de su pluma mientras daba vueltas en la silla de su escritorio.
—Porque no es un nombre fácil de olvidar. Nadie ha escuchado nada de ese jodido pueblo, Bella, y tu padre es policía. Investigará al respecto y cuando le hables sobre Edward y le digas que es de Forks sabrá que mentiste. Sabrá que fuiste a verlo.
—Diablos, eres buena—Bella sonrió—. ¿Entonces?
—¿Por qué no le dices que vamos a Snohomish?
—Queda a 40 minutos de aquí.
—¿Y?
—Tiene que ser un lugar más alejado, ya sabes, para tener la excusa de decirle que seguimos en la carretera.
—Mmm—Jessica lo pensó un momento—. ¿Tacoma?
—Demasiado cerca también.
—Mmm… ¡oh! Dile que vas a Port Angeles—ofreció Jessica—. Está como a dos horas y media y tienes la ventaja de que ya he estado ahí, así que puedo contarte una que otra cosa comprobable.
—Genial. Funciona—aceptó Bella—. ¿Crees que esto está bien?
Jessica lanzó una carcajada limpia.
—No, absolutamente no. Es estúpido y arriesgado, ¡pero tienes dieciocho y es tu primer novio, Bella! Yo diría que adelante.
—No estás ayudando. En realidad, me estoy poniendo nerviosa.
—No hay nada de lo qué preocuparse. Te cubriré, todo saldrá perfecto… si es que Charlie lo aprueba.
—Hmpf… no creo que lo haga.
—Sólo inténtalo. Juega todas tus cartas, no importa qué tan sucias sean.
—Sólo lo he conocido como por dos meses y ya estoy en camino a su casa. ¿Qué tal si es un asesino?
Jessica se rió.
—¿Dos? Creí que eran tres.
—No, se cumplieron dos la última semana de noviembre.
—Ah… como sea, Bella. No es un asesino. Es un indefenso alumno universitario de primer año.
—Y tiene un perro. ¿Qué tal si me mata y le da a su mascota mis restos? Nunca me encontrarán.
—Entonces al menos sabré quién te hizo eso—Jessica opinó—. Sé exactamente dónde encontrarlo. Y si se da a la fuga me encargaré de tapizar Estados Unidos con su rostro bajo una leyenda de "asesino," lo prometo. Incluso harán un documental para Netflix.
Bella rió entre dientes.
—Sigo sintiéndome estúpida. Y eres una idiota.
—Bla, bla. No lo hagas. No hay razón. Sólo te encontrarás por primera vez con tu primer novio… que conseguiste en medio de una pandemia. Quién lo hubiera pensado.
—Yo no.
—Ni yo. Te la has pasado encerrada como por un embarazo entero y aun así conseguiste algo. Estoy celosa.
—Tienes a Mike.
—No hablo de eso.
—¿Qué debería usar? ¿Qué pijama empaco?
—¿Dormirán juntos?
—No lo sé—Bella miró a la puerta y bajó el volumen de voz—. Eso es extraño, ¿no? Dormir con tu novio de tres semanas, ¿no se supone que durante los primeros meses no deben verte haciendo cosas vergonzosas o en estados vulnerables?
—Seh, se supone. Tienes que estar todo el tiempo con buen aliento y con el cabello acomodado… ya sabes, demasiado pronto como para asustarlos.
Bella dejó su lengua entre sus dientes mientras se reía.
—Creo que tiene una habitación de invitados en el primer piso.
—Ah, ¿lo ves? Tal vez si le dices que quieres dormir sola o si dejas ligeras pistas él no presione y te deje libre. No te preocupes tanto, Bella, estoy segura que él está tan nervioso como tú.
El pecho de Bella se puso cálido ante el pensamiento.
—Espero que sí. Esa es una buena señal, ¿verdad?
—Si, la es. Pero volviendo al tema de qué usar… ¿sabes qué es lo que harán?
—Dijo que si me preocupan los contagios conoce el sitio perfecto a la entrada del bosque, dijo que es muy probable que nos estuviéramos congelando, pero que vale la pena darle un vistazo.
—Diablos.
—¿Qué?
—No lo sé. Todo eso suena sospechoso, ¿en el bosque? ¿qué tal sí si es un asesino?
—¡Jessica!
—Sólo digo, Bella. ¿No pueden ir a un lugar con personas alrededor?
—Acabas de decir que es indefenso.
—Si, pero eso se escucha loco, ¿vas a decirme que no?
—Bueno, fue lo primero que pensé cuando lo dijo… ¡pero fue un pensamiento efímero!
—Quién iba a decir que las pandemias y los asesinos se llevarían bien.
—Después de todo, una pandemia es una asesina.
—Buen punto—asintió Jessica—. Entonces yo creo que deberías usar una chamarra enorme y guantes. Y una navaja en tu bolsillo, sólo por si acaso.
—Estás loca.
Bella supo que Jessica estaba sonriendo cuando habló la próxima vez.
—Y lleva unas pijamas decentes. No quieres dar una señal confusa.
—¿A qué te refieres con decentes?
—Seh, manga larga y pantalones, como de monja… si es que no quieres hacer nada.
—¿Los pantalones de…
—No, Bella, absolutamente no. No lleves los pantalones de ositos.
—¿Cómo sabías que diría eso?
—Sé que son tus favoritos.
—Son suaves y calientitos—Bella gimió, pataleando.
—No quieres parecer una niña, ¿verdad?
—Dices eso como si los adultos no usaran pijamas ridículos.
—No en esta situación—finalizó Jessica. Bella la imaginaba azotando su puño sobre su palma abierta.
—¡Bien!
—Y asegúrate de mantenerme informada.
—Lo haré.
—Y también si tienes suerte.
—Cierra la boca. Es demasiado pronto.
—¿Lo es?
—¡Si!
—No lo sé, Bella. Una pareja de adolescentes que nunca antes se han visto y que estarán solos por un fin de semana suena potencialmente sexual.
—No lo haré.
—¿No quieres hacerlo?
—Creo que no… es demasiado pronto—repitió.
—De acuerdo. Sólo no te sientas culpable si de pronto tus impulsos te llevan a hacer cosas. Sólo existe una vida.
—Si, si, ya sé.
Jessica se mantuvo en silencio por un rato.
—¿No tienes alguna pregunta al respecto?
Si. Bella tenía preguntas. Aunque había asistido a todas y a cada una de sus clases de Educación Sexual en la preparatoria.
—¿Qué tan mal duele?
—Creí que habías estado usando tu dildo.
—Si, pero…
—¿No lo llevaste hasta adentro?
—Creo que no. Sólo un poco, dolió un poco… más bien fue ardor. Fui muy cautelosa, lo hice lentamente.
—Está bien. Es perfecto. Si quieres estar, de alguna forma, preparada ¿por qué no lo intentas estos días? Mike fue muy cuidadoso, así que no dolió demasiado. Sólo ardió y le ordené que se quedara quieto por un buen rato. Ya te había dicho que no lo disfruté la primera vez, pero tal vez si lo sigues intentando con el juguete puede que tú si puedas disfrutarlo con Edward.
—¿Es muy diferente?
—No lo sé, Bella. Nunca he usado un dildo—Jessica se rió entre dientes—. Pero supongo que lo es. Supongo que uno de verdad sigue siendo mejor—soltó con una gran risa. Bella se le unió.
—Eso es asqueroso—se sobó la frente, apoyando su codo en su rodilla.
—Como sea, no te pongas nerviosa. En realidad, todo sale muy natural.
—De acuerdo.
—Y no te sorprendas si él parece saber lo que hace o si parece que acaba de salir de una clase. Los chicos ven demasiada porno.
—Entendido.
—Y tú estás ahí para decirle que ¡no es así como funciona! Atrapará la indirecta y si no lo hace, entonces es un tonto y tendrás que decírselo palabra por palabra.
—Edward es demasiado brillante.
—Si, sí.
Bella rodó los ojos, así como Jessica seguramente lo había hecho.
—¿Algún otro consejo?
—Depílate. Y corta por ahí. Usa perfume y bálsamo labial. No olvides tu cepillo de dientes. Mírate al espejo y di que eres bonita.
—¿Enserio? —Bella preguntó curiosa, frunciendo el ceño, aunque tenía una sonrisa en sus labios.
—Seh, deberías estar haciendo eso todos los días.
—De acuerdo.
—Y sé tú misma. Relájate, Bella. Respira y todo saldrá bien. Te cubriré perfectamente.
—Gracias, Jess.
—Agradéceme luego de la diversión… perra sucia.
—¡Cállate!
—¡Juraste nunca conducir durante cuatro horas por él!
—Voy a colgarte ahora.
—Eres una cachonda.
Eso fue lo último que Jessica dijo antes de que Bella oprimiera el botón rojo.
~SLL~
Charlie detuvo sus movimientos y se limpió el sudor inexistente de su frente con la manga de su abrigo. Su mano derecha descansó sobre la pala y la izquierda fue a su cadera mientras estudiaba a Bella.
Ella pretendió estar demasiado ocupada formando una bola de nieve.
La noche anterior había nevado un poco más y, por suerte, su padre no tenía que ir a trabajar temprano y la clase de Bella comenzaba hasta el mediodía, así que salir a la calle mientras él paleaba la nieve le pareció la oportunidad perfecta de enfrentarlo.
Había dos posibilidades: su corazón haría un gran baile de la victoria o se rompería en miles de pedazos.
—¿Jessica ya no está enferma?
—No, dejó de estar enferma la primera semana de octubre.
—Mmm—Charlie masculló y lanzó otro montón de nieve hacia un lado—. ¿Y por qué quieren ir a Port Angeles?
Bella tomó más nieve entre sus manos y se encogió de hombros.
—Sólo queremos salir… ver cosas diferentes.
—¿Estarán todo el tiempo paseándose por ahí?
—En realidad sólo queremos pasar el rato juntas. Hace mucho tiempo que no nos vemos.
—¿En dónde pasaran la noche?
—En un motel.
—¿Y cuándo planean volver? —él le preguntó sobre su hombro, sin detener su trabajo.
—El domingo por la noche estaré aquí. Lo prometo.
Charlie continuó despejando el camino en silencio. El sonido de la pala contra el cemento la estaba poniendo de nervios. Los hombros de Bella cayeron y se deshizo de la nieve en sus manos, lanzándola hacia el montón y caminando hasta la silla del porche.
Charlie nunca tardaba en responder. Esa era una mala señal. Apoyó su barbilla en sus manos, llenando sus mejillas de hielo y congelándolas al instante. No le importó.
Observó la nieve acumulada -que lucía como una nube esponjosa- y golpeó el piso con el pie.
Charlie se giró para seguir palando y se detuvo abruptamente.
—Creí que te habías ido.
Bella le entrecerró los ojos.
—No, no lo hice.
Su padre suspiró y apoyó su pala contra la columna del porche, arrastrando los pies, se sentó frente a Bella, en la otra silla, con un quejido.
—Deberías ayudarme con la nieve. Ya soy un viejo.
—No, me saldrán callos.
—Para eso están los guantes.
—Estoy aquí, dándote apoyo moral.
Charlie la miró de soslayo y ocultó una sonrisa. Pasó su pulgar e índice por su bigote y lanzó otro suspiro.
—¿Entonces? —Bella presionó—. ¿Puedo ir o no?
—¿Por qué tanta prisa? Apenas es miércoles.
—Porque es bueno tener una respuesta cuando haces una pregunta—masculló, repitiendo la famosa frase de su padre.
El rostro de él se contorsionó con una mueca.
—Buen punto.
Bella bufó y miró al frente, cruzando sus piernas, decidiendo que era buen momento para entrar. Se estaba congelando.
—¿Crees que deberías ir?
—Si—se apresuró a responder—. Ya nadie está pensando en esto. Es noticia pasada.
—Ese es el punto, Bells.
Charlie y sus puntos.
—¿Eso es un no?
—No lo sé. Me siento un poco culpable por tenerte aquí encerrada todo el tiempo, pero no quiero que algo malo te pase.
—Si tengo cuidado nada…
—Déjame pensarlo.
Bella apretó los dientes y se levantó.
—De acuerdo—dijo, antes de cerrar la puerta tras ella.
Más tarde, cuando Bella había terminado sus clases del día, su padre tocó la puerta de su habitación.
—Hora de irme—anunció detrás de la madera.
—De acuerdo—Bella masculló, presionando los botones en su Nintendo Switch, sin molestarse en abrirle.
—Hay sobras en el refri.
—Lo sé. Yo fui la que las puso ahí.
—Ten cuidado. Te veo mañana.
—Seguro.
Y por la noche, cuando el hambre la obligó a bajar a la cocina mientras la tarea del profesor Whitlock se había vuelto demasiado aburrida, encontró una nota pegada en el refrigerador.
Puedes ir, Bells – Charlie.
¡Ah! Ya decía yo que Charlie no era tan malo.
Muchas gracias por sus comentarios y ahora esperemos cómo le va a Bella en su camino a Forks, ¿creen que tenga muchos problemas? El próximo capítulo va a estar bueno.
Nos leemos :)
