Sounds Like Love
.:19:.
Este era uno de los eventos que Bella no podría olvidar nunca. Se mantendría fresco en su memoria sin importar cuánto tiempo pasara, incluso si lo mantenía enterrado en el fondo de su mente para evitar pensar en él cuando todo explotara y acabara en llamas como todas las historias de amor lo hacen.
Porque eso es lo único que el amor sabe hacer: destellar, quemar y dejarte caer.
Lo sabía.
Sabía que no podría olvidar esto.
No olvidaría la manera en la que sus piernas se aflojaron cuando dio vuelta en la esquina y vio un auto negro estacionado al costado del bosque. Comenzó a respirar por la boca porque el aire no era suficiente. No podría olvidar su corazón desbocado y el primer pensamiento que tuvo: "mierda."
Tampoco olvidaría la manera en la que sus brazos cayeron sin fuerza en su regazo cuando detuvo el auto, las palmas hacia arriba.
Ni siquiera olvidaría la canción que sonaba en su estéreo: Blinding Lights, porque parecía que era la única canción que la radio había tenido en su repertorio durante todo el año.
Tragó y no se movió.
¿Estaría Edward observándola por el espejo retrovisor? Seguramente.
No olvidaría tampoco cómo quiso correr cuando la puerta del auto frente a ella se abrió lentamente. Su gran mano enguantada descansando en la manija interior y luego su Converse negro pisando el asfalto cuando estaba a punto de salir.
Y Bella no podía moverse.
Sentía la boca abierta detrás de su mascarilla. La nariz comenzó a picarle, después los ojos y entonces estaba a punto de llorar.
Justo ahí.
Porque finalmente estaba frente a él.
Y porque nunca pensó que el deseo de verlo fuera así de fuerte, tan fuerte como para que su pecho quisiera explotar.
Parpadeó y sacó las llaves de la ignición, su mano temblaba incontrolablemente.
Edward parecía más alto de lo que se había imaginado. Y sus hombros parecían más anchos, probablemente su chamarra azul lo hacía lucir así. Usaba pantalones de mezclilla y una bufanda gris estaba enredada en su cuello.
Caminó lentamente, inseguro, hasta detenerse a medio camino. Se balanceó en su lugar, atrás, adelante. Metió sus manos a los bolsillos de su chamarra.
Bella alcanzó sus guantes rayados como en un trance y finalmente salió. El clima frío sirvió para bajarle el bochorno en su rostro. Sus manos se congelaron rápidamente.
Caminó hasta él, abarcándolo con la mirada. Uno, dos, tres, cuatro pasos. Se detuvo frente a Edward, a un metro de distancia y terminó de colocarse los guantes.
—Creí que no saldrías nunca—él habló primero. Su voz sonaba tan diferente, pero tan familiar al mismo tiempo. Sonaba tan cerca, tan fuerte, como si Bella se hubiera sacado los tapones de los oídos por primera vez.
—Estaba despegando mi trasero del asiento—respondió, haciéndolo reír. Al diablo el asunto de decir algo trascendental por primera vez.
—Luces…—él comenzó y sacudió la cabeza, mirándose los pies—no luces para nada a cómo te imaginé.
Bella apoyó todo su peso en el pie derecho y metió las manos en sus bolsillos. Miró el piso.
—¿Es eso algo bueno o malo?
—Algo bueno—él respondió rápidamente—. Creí que serías más pequeña, pero eres…—volvió a sacudir la cabeza— también creí que tu cabello era más corto y más oscuro.
—No esperaba que fueras tan alto—lo miró, alzando la cara y frunciéndole el ceño, como si ver la cima de Edward fuera difícil—. Ni tan ancho.
—¿Me estás llamando gordo?
Bella sonrió.
—¿Sería tan malo?
Él sonrió en respuesta.
—Nah. Ven, vayamos a sentarnos—señaló el camino con su cabeza al tiempo que sacaba su mano derecha del bolsillo. Bella vio cómo cerró el puño y lo dejó a su costado, como si se hubiera arrepentido al último minuto de tomar su mano.
No había pensado en que no tocarse sería tan duro. Sus manos picaban por alcanzarlo, por envolverse en su brazo. Podría tirarlo al suelo y llenar su cara de besos. Podría treparlo y aferrarse a él como un mono araña.
Edward lideró el camino, echando vistazos sobre su hombro de vez en cuando.
No fue un paseo largo. A pocos metros de profundidad, había una banca de madera junto al sendero.
—¿Te está gustando Forks? —preguntó, rompiendo el silencio antes de sentarse cerca de la orilla.
Bella se sentó en el lado opuesto.
—Creí que sería un pueblo medio muerto—admitió, alejando un mechón del cabello de su rostro—. Pero hay personas por todos lados.
—Si, los sábados parecen ser el día en que todos deciden hacer sus asuntos—explicó él—. De domingo a viernes todo está tan… muerto—se rió entre dientes.
Bella correspondió su risa con una incómoda y cerró los puños dentro de sus bolsas. Sus manos se estaban convirtiendo en arañas, si las dejaba fuera, comenzarían a acercarse a él y a hacerle cosas.
—¿Tienes frío? —él preguntó de inmediato, su ceño fruncido.
—No—Bella aseguró—. Sólo me gusta tener las manos en los bolsillos.
—Elegí este sitio porque nunca nadie está por aquí—continuó Edward—. Ya sabes, para mantenernos alejados de las personas…—Bella asintió— y creí que ir a mi casa de inmediato sería demasiado. Lo es, ¿cierto?
Bella se encogió.
—No lo sé—miró alrededor—. Está bien aquí. Hace mucho tiempo que no estoy en el mundo exterior.
—Bueno, podemos ir a casa cuando quieras.
—Está bien. El aire fresco es bueno—aceptó y se giró en su asiento, subiendo el pie a la banca y apoyando su codo en su rodilla.
Era consciente de la mirada de Edward sobre ella, siguiendo todos sus movimientos, no dejando su rostro. Si lo miraba a los ojos, se desintegraría, no sería capaz de hablar.
—No fue difícil llegar, ¿verdad?
—¿A este sitio?
—A Forks.
—Ah, no. El duende me mostró el camino.
Edward sonrió y estiró su brazo izquierdo en el respaldo de la banca. Las puntas de sus dedos cubiertos quedaron muy cerca de ella, invadían su espacio personal. Sería tan fácil envolver su mano con la suya.
Bella no tenía muchas cosas qué decir. Cuando estaba nerviosa, no podía dejar de hablar, pero justo ahora su mente estaba en blanco. Sólo observaba la mezclilla de los pantalones de Edward, frunciéndose en sus muslos, la madera hinchada de la banca, el olor a musgo que se filtraba en su mascarilla.
Edward le dio un toquecito a su hombro, estirándose en la banca, para llamar su atención. Lo miró. Él sonreía.
Su hombro cobró vida. Podía seguir sintiendo su dedo ahí.
—¿Qué? —Bella preguntó en un murmullo.
—¿Qué estás pensando?
—En nada. Mi mente está en blanco. No puedo pensar en nada.
—¿Es eso algo bueno o malo?
—Algo… bueno, supongo—lo miró entre sus pestañas.
Más silencio. Los pájaros cantaban sobre sus cabezas y Bella miró hacia arriba. El cielo gris amenazaba con una lluvia.
Escuchó a Edward lanzar una risita a su lado y lo miró, frunciéndole el ceño.
—¿Qué?
—Nada—él sacudió la cabeza—. Sólo… que en verdad parece que no has visto nada más que cuatro muros por un año entero.
Ella le entrecerró los ojos.
—Algo así. ¿Va a llover? —preguntó, mirando al cielo de nueva cuenta.
—No me sorprendería—él contestó y volvió a picarle el hombro—. ¿Estás nerviosa?
—Si, ¿tú no?
—Me lo imaginaba. Ni siquiera eres capaz de verme a la cara—acusó él, aunque la diversión estaba en su voz.
—No respondiste mi pregunta.
Edward suspiró y miró al espacio entre ellos.
—Sólo pienso en lo mucho que quiero tocarte—confesó, la mascarilla haciendo que su voz sonará amortiguada y casi ininteligible.
Bella lo pensó por un momento, antes de decirle que ella se moría por hacer lo mismo. ¿Qué harían? ¿No se tocarían para no correr riesgos? ¿No podría besarlo? ¿En verdad dormiría en la habitación del primer piso de la casa de Edward? ¿Tendría que usar una mascarilla día y noche? ¿Qué planes tenía Edward?
—¿No vamos…—se aclaró la garganta, deseando no sonar desesperada ni estúpida—no vamos a tocarnos? —terminó en un susurro.
—¿Quieres hacerlo? —preguntó él.
Bella no pudo asentir ni negarlo. Sólo lo miró y Edward suspiró, mirando a lo lejos.
—Supongo que tomarse de la mano no es algo malo—solucionó.
—Después de todo, tenemos guantes—Bella animó.
Y entonces, muy lentamente, alzó su mano hasta el respaldo de la banca, en donde Edward mantenía su brazo extendido. Con el dedo índice le dio un toquecito al dedo medio de Edward.
Él soltó una risita.
Y luego Bella tocó cada uno de sus dedos, sintiendo las chispas recorrer su cuerpo entero, como si de rascar un fósforo se tratará. En un movimiento rápido y certero, Edward atrapó su pequeña mano en la de él, entrelazando sus dedos.
—Mmm—hizo un sonido con su garganta, demasiado agudo. Bella sonrió. Su mano entera perdiéndose en la de él y el mundo deteniéndose sobre su eje—. Finalmente—Edward dijo.
—Finalmente—ella repitió, dándole el apretón más fuerte que alguna vez le dio a alguien, quería llevárselo con ella, quería que su toque se quedara grabado sobre la piel de Edward, como un souvenir.
—¿Puedo estar más cerca? —él preguntó en un susurro.
Bella llevó su pie hacia el suelo y apoyó su espalda en la banca, haciéndole espacio a Edward. Él se deslizó en el asiento, hasta estar más cerca, pero no lo suficiente. Sus muslos no se rozaban, sus rodillas no se tocaban y sus caderas seguían estando demasiado lejos.
A la mierda, Bella pensó. Cuando haces algo estúpido en medio de una pandemia, olvidas que has estado encerrada meses enteros, que tu vida se ha detenido de alguna manera. Todo se desvanece y nada más importa, especialmente cuando tienes enfrente a la cosa más brillante que alguna vez podrás ver.
Deslizándose más cerca, logró que sus muslos se rozaran. Edward observó sus regazos y llevó sus manos unidas al suyo, frotando la mano enguantada de Bella entre las de él.
—Es tan obvio—musitó en una voz tan baja que Bella sospechó que el mensaje no era para ella.
—¿Qué? —preguntó, sin haberle entendido.
—Nada, no dije nada—él respondió rápidamente.
—Quise hacer esto por tanto tiempo—Bella dijo—. Sólo estar.
—No es nada como pensé que sería—Edward notó—. Creí que sólo sostendría una mano más, pero no es así. Es… diferente.
—Dices eso muy seguido.
—¿Qué cosa? —él la miró brevemente antes de que sus ojos regresaran a sus manos unidas.
—Que las cosas son diferentes.
Él se encogió.
—Es una manera de decirlo.
Bella no agregó nada más. Con su mano izquierda tocó la manga de Edward, subiendo sus dedos hasta alcanzar la curvatura en su codo. Edward siguió los movimientos con la mirada.
—Ayer me hice una prueba—anunció—. Mis papás compraron un par cuando fueron a casa.
—¿Sí? —la voz de Bella salió suave. Estaba demasiado concentrada viéndolo de cerca. Su cabello era brillante y Edward llevaba barba de tres días, podía verla al inicio de sus patillas.
Él asintió con su cabeza.
—Fue negativa.
Obviamente.
—Bien. No pensé en eso. Debí hacerme una.
Él se encogió.
—Está bien—la miró por el rabillo del ojo y luego desvió la mirada antes de que sus ojos se quedaran pegados a su rostro. Estaba tan cerca, como nunca antes había estado, ni siquiera cuando Bella se acercaba a la pantalla en un intento por verlo mejor—. Si quieres, podemos hacer una cuando lleguemos—murmuró.
Los ojos de Edward eran increíblemente verdes y tenía pestañas largas y rizadas, pero no podían verse de lejos porque eran muy rubias.
—Mmm.
Cuando Edward dejó de acunar la mano de Bella entre las suyas, ella extrañó el calor inmediatamente. La mano de Edward estaba sobre su hombro, echándole el cabello hacia atrás, su pulgar enguantado rozó su mejilla
Bella enterró su mano entre el codo y el costado de Edward, jalando la manga de su chamarra.
—Eres tan bonita—él susurró, viendo su rostro desde el nacimiento de su cabello hasta su barbilla cubierta por su mascarilla, contemplándola.
—Me gustan tus ojos—ella respondió—. Son muy verdes.
La mano de Edward se deslizó hasta su espalda, deteniéndose entre sus omóplatos. Bella tembló.
—¿Tienes frío?
—No.
—¿Estás bien?
—Si.
—¿Quieres que vayamos a casa? —la voz de Edward parecía perder intensidad con cada pregunta que hacía.
—No, todavía no.
Con su mano descansando en el regazo de Edward y la otra perdida en su codo, Bella se sintió valiente. Apoyó la frente en su hombro, su cabello tallándose contra la bufanda de Edward. Sintió la barbilla de él en el tope de su cabeza.
—Estamos cerca—él notó.
—Si.
—¿Estás bien con eso?
—Tenemos guantes. Y mascarillas.
—Y bufandas—Edward agregó.
—Ajá.
La rodilla de Bella rozó la de Edward y el agarre en su espalda se afianzó. Bella se envaró y le miró el rostro. Edward la observó de regreso, buscando sus ojos.
—Bella…—él inició con voz pastosa y palabras arrastradas.
—¿Mmm?
Él cerró los ojos, llevando el rostro hacia adelante para apoyar su frente contra la de ella. Bella cerró los ojos también. Si no se movía, podía pretender que nada malo pasaba, que el mundo seguía siendo el mismo. Su cabeza se sentía tan ligera que parecía moverse por sí sola.
—Quiero besarte—él susurró.
Bella desenterró su mano izquierda y bajó su mascarilla, limpiándose el aliento húmedo de debajo de la nariz. Edward abrió los ojos, observándola atentamente.
—¿Estás segura? ¿Quieres esto? —preguntó.
—Si.
Edward se acercó lentamente, su ceja rozó el pómulo de Bella mientras se bajaba la mascarilla. Entonces su barbilla chocó contra la suya. La cabeza de Bella se movió por sí sola hacia adelante, como si el resorte que la mantenía unida al resto de su cuerpo se hubiera roto.
Los labios de Edward eran cálidos, suaves. Edward la atrajo a él, el labio superior de Bella quedó atrapado entre los de él, luego el inferior. Bella repitió sus movimientos, sujetando los labios de Edward en su boca, arriba, abajo, presionando, soltando, frotándolos. Se sentía insaciable, como un sediento bebiendo agua.
Si Edward dejaba de sujetarla, ella se alzaría en el aire. Se sentía volar, su alrededor daba vueltas y la boca húmeda de Edward la mantenía atada, como la mano de un niño sosteniendo el globo que ganó en la feria.
Cuando Edward rompió el beso, su frente quedó apoyada sobre la de ella.
—¿Todavía quieres hacerte la prueba? —preguntó.
Bella se carcajeó.
¡Espero que les haya gustado!
Díganme qué piensan.
Muchas gracias :)
