Sounds Like Love


.:20:.

Edward lideró el camino y Bella podía ver cómo le echaba vistazos por el espejo retrovisor de vez en cuando. Él tenía razón: vivía en medio del bosque.

Condujeron por alrededor de quince minutos antes de que él girara a la derecha hacia un camino que parecía llevar a la nada absoluta.

Si Edward era un asesino, tal vez ya le hubiera colocado un paño con cloroformo en el bosque. En su lugar, le había quitado el aliento con un beso.

Finalmente, Bella alcanzó a ver un claro y luego una gran casa apareció frente a ellos. Edward abrió el garaje y le indicó con un gesto de mano que ella podía ir tras él. Cuando se detuvieron, Edward se apuró en ir hacia ella.

—¿Estás bien? —preguntó. Como si Bella pudiera estar mejor.

—Si—respondió Bella, echándose las llaves al bolsillo de la chaqueta.

—Bien—Edward sonrió, aunque seguía usando su mascarilla y le señaló la puerta con un gesto de cabeza—. Vamos… ah—detuvo sus pasos— ¿tienes una mochila contigo o algo así?

—Si, en el maletero.

Edward se la quitó de las manos y Bella escuchó una respiración pesada detrás de la puerta. Edward le dio otra sonrisa.

—Esa es Lola. Tal vez esté sobre ti por un rato, pero luego se irá.

—Bien. Quiero conocerla.

Lola agitaba su cola mientras mantenía su boca abierta y miraba a Edward, giró sobre su propio eje antes de sentarse por un segundo e ir hacia Bella, notando su presencia por primera vez. Respiró en sus muslos, olfateando sus rodillas y sus zapatos. Gimió, llamando la atención.

—Sólo es Bella, Lola—Edward le dijo, pasándole una mano por la cabeza. Lola no perdió el tiempo y alzó el hocico, deseando lamerlo, pero Edward alejó su mano antes de que eso sucediera. Miró a Bella—. Pasa, vamos a la sala.

Él la condujo por el pasillo antes de girar a la izquierda. La casa de Edward era grande, abierta y luminosa. Las vistas del bosque eran suficiente decoración, su hogar podía estar completamente desnudo y aun así lucir hermoso gracias a la abundante vegetación alrededor.

Había un gran televisor frente a los sofás grises y en el centro había una mesa, sobre una alfombra estilo persa. Más allá, a la derecha, había un largo comedor de madera, con ocho sillas a su alrededor.

—¿Quieres agua o algo así? ¿Tienes hambre? —Edward preguntó, dejando la mochila de Bella sobre el sofá. Lola la hizo tropezar y Bella logró sostenerse del reposabrazos antes de que Edward se girara a verla—. Podemos comer.

—Si, suena bien. ¿Puedo usar el baño primero?

—Ese de ahí—Edward señaló descuidadamente con la cabeza hacia una puerta junto a las escaleras—. La ventana está abierta, pero no te preocupes. Nadie te verá.

—Si, porque eso es lo que estaba esperando—murmuró Bella, palmeando su bolsillo para asegurarse de que tenía su celular con ella.

Edward bufó una risa.

—Ah, y… ¿quieres quitarte tu chamarra?

Sin decir nada, ambos se sacaron los abrigos de encima y él atrapó el suyo.

—Ve. La dejaré junto a la puerta—aclaró Edward.

Ya en el baño, Bella desbloqueó su celular y tecleó un mensaje para Jessica, apoyándose en el alfeizar de la ventana (ni siquiera había pensado que los baños necesitaran ventanas tan grandes). Estaba helando.

Bella: Todo va bien.

Jessica: ¿Estás en su casa ahora?

Bella: Sip.

Hizo un signo de paz y sonrió en una foto para Jessica.

Jessica: Vaya, la luz del amor está por todo tu rostro.

Bella: No seas ridícula.

Jessica: Tú no seas ridícula. Envíame la ubicación.

Bella obedeció y entonces usó el baño, refrescando su rostro y alisándose el cabello con ayuda de sus dedos. Cuando salió, Edward estaba en el sofá y ya no usaba mascarilla. Lola estaba a sentada a su lado, pero caminó hasta Bella tan pronto como la vio.

—¿Por qué la ventana está abierta? Está heladísimo—se dejó caer sin gracia a su lado. Lola golpeó sus rodillas con el hocico.

—Es pequeño y encierra olores. ¿Quieres cocinar una hamburguesa? Mamá compró congeladas.

—Seguro—lo siguió hasta la cocina—. Tus padres no van a aparecer de la nada, ¿cierto?

—Nop—él aseguró, abriendo el refrigerador y dándole una sonrisa sobre su hombro. A Bella le temblaron las piernas—. ¿Si ellos… no han vuelto para cuando las clases terminen… crees poder venir otra vez? —preguntó todo esto sin mirarla, como si estuviera avergonzado. Llenó sus manos con un tarro de mayonesa y mostaza.

—Tal vez—Bella aceptó. Tener más días junto a él sonaba al paraíso—. Tengo que pensar en una excusa para papá.

—Hablando de él…—Edward hacía pausas, como si no quisiera preguntar o como si su mente estuviera en otro lado. Abrió la nevera y tomó una bolsa de hamburguesas congeladas—. ¿Sabe que estás aquí?

Bella paseó la vista alrededor. La cocina de Edward era tan impresionante como el resto de la casa. Con utensilios de acero inoxidable, gabinetes azul oscuro y superficies de granito. Una gran área para café estaba a su izquierda, con cafeteras que lucían carísimas y difíciles de hacer funcionar.

Edward le dio una mirada cuando regresó a la isla, apoyando sus manos alrededor de los ingredientes. Bella recordó su pregunta y se sentó en un taburete de madera.

—Sabe lo suficiente—respondió en su lugar. Edward le entrecerró los ojos, pero no agregó nada más al respecto.

Le sonrió.

—Bien. ¿Por qué no te encargas del pan mientras yo hago esto? —palmeó el paquete de comida congelada y Bella asintió, pegando un salto.

Con breves instrucciones, Edward le señaló el lugar en donde los utensilios se encontraban y pronto estuvieron frente a la estufa. Lola girando alrededor.

Edward colocó la tapa sobre el sartén que contenía las hamburguesas que se cocinaban y que llenaban el lugar de un delicioso aroma.

—Ven aquí—murmuró, alcanzando la muñeca de Bella y jalándola a su pecho, envolviéndola en sus brazos y apoyando su mejilla al tope de su cabeza—. Quería hacer esto desde hacía un tiempo.

Bella enterró las yemas de sus dedos en su espalda cubierta por su sudadera negra.

—Si, yo también.

~SLL~

Bella quiso que su hamburguesa fuera partida a la mitad porque era más fácil de comerse y porque no deseaba hacer un desastre de servilletas frente a su primer novio de verdad, la primera vez que lo conocía.

Lola deambuló alrededor, hasta que Edward abrió una lata de comida y se la sirvió en la sala, colocando una barrera en la puerta de la cocina para impedir que entrara. Lola lloró y gimió una vez que se dio cuenta.

—Sólo está tratando de llamar la atención—él aclaró cuando Bella volvió a mirarla—. Quiere estar aquí.

—¿Te sigue a todos lados?

—Seh—respondió, asintiendo con su cabeza y haciendo a un lado su bocado de comida—. Antes prefería a mi papá, pero él no pasaba mucho tiempo aquí así que se apegó a mí y desde que esto comenzó…—sacudió su cabeza—creo que será miserable cuando tenga que ir a la escuela.

La escuela. Sonaba tan ajena y tan familiar al mismo tiempo, como recordándole a Bella que ellos en realidad se habían conocido ahí.

—Debe ser lindo tener a alguien aquí—comentó Bella, deseando que Edward dejara ver sus sentimientos—. Es demasiado… silencioso—dijo, absteniéndose de decir "solitario."

Pero Edward sólo se encogió de hombros y siguió masticando.

—Algunas veces no es tan lindo… como cuando intenta colarse al baño—añadió con una sonrisa—. Como sea, ¿crees que está muy frío afuera?

—No, ¿por qué?

—¿Quieres conocer los alrededores?

—Claro—Bella se encogió y él asintió satisfecho.

Bella deseó que él en verdad hablara con ella. Le parecía que lo necesitaba.

~SLL~

Edward sujetó su mano enguantada mientras caminaban por el suelo irregular del bosque, liderando otra vez el camino. Habían dejado a Lola en casa, quién lloró una vez más.

—No estoy de humor para limpiar todo el lodo que va a dejar—fue la solución de Edward.

—Y esta es nuestra propiedad—dijo, palmeando la valla metálica con su mano libre.

—Vaya. ¿Creciste aquí? —Bella preguntó, notando los alrededores y dándose cuenta de que no era necesario tener un jardín si vivías en medio del bosque.

—No en realidad. Nos mudamos aquí cuando tenía once. Solíamos vivir en la zona residencial del pueblo, pero mamá siempre quiso vivir cerca del bosque.

—Vaya que lo logró—musitó Bella, tomando hojas entre su dedo índice y pulgar. Edward sonrió.

—Tiene muchas ventajas. Mucho aire fresco y puedes dar paseos.

—Sin mencionar que puedes usar el baño con la ventana abierta.

—Claro—Edward le sonrió de lado—. Sin mencionar eso. Ven, vayamos más allá—jalando su mano, la llevó detrás.

En silencio, avanzaron hasta la orilla del pequeño arroyo que Edward había mencionado con anterioridad.

—Justo aquí—señaló unas rocas—. Siéntate—alejó las ramitas y el musgo de ella con su mano enguantada.

—¡No! ¡No ensucies tus guantes! —Bella estiró los brazos frente a ella, deseando detenerlo.

—Es un guante, nena—él se encogió—. Vamos—la instó.

Pero Bella no podía moverse. Estaba congelada en su sitio. ¿Él acababa de llamarla "nena"? Nadie nunca antes la había llamado así. No podía esperar para que él lo dijera otra vez.

Él se sentó en la roca más grande y Bella fue hasta él.

—¿Estás bien? No tienes frío, ¿verdad?

Bella sonrió y se ajustó la chaqueta alrededor.

—Creo que te olvidas de que yo también vivo en Washington.

—Mmm—Edward miró al frente, apoyando sus codos en sus rodillas, sus manos colgando en el espacio entre ellas—. ¿Te gusta aquí?

—Si, es silencioso y fresco.

—Creí que no te gustaba lo silencioso—él le frunció el ceño. Bella se lo frunció de vuelta.

—Me gusta—afirmó.

—Ah, es que hace rato lo hiciste sonar como si fuera algo malo—él notó.

Sintiéndose valiente, Bella se deslizó en la roca y apoyó su cabeza en el hombro de Edward. Él enredó su brazo con el de ella, sus manos sujetándose y apoyadas en su rodilla.

—Sólo me da la impresión de que estás demasiado solo—murmuró Bella.

Edward no dijo nada por un rato. El sonido del agua corriendo rompía el silencio y Bella suspiró, decidiendo concentrarse en el olor de Edward, colándose por su nariz, y en el musgo que crecía en las rocas junto al arroyo.

—A veces—él aceptó—. Unos días está bien, el silencio es bueno y la quietud me relaja, pero otros…—chasqueó la lengua—es más difícil.

—¿Te sientes solo?

—A veces—repitió—. El verano fue… complicado. Un día bueno y otro malo. Tenía demasiado tiempo libre y a veces no el suficiente—suspiró, el olor de su pasta dental le llegó a Bella—. A decir verdad, eres la persona con la que más he hablado estos últimos meses.

Bella no lo miró. Tal vez si no la estaba viendo a la cara, él se sentía más confiado.

—¿Y tus amigos de la preparatoria?

Él se encogió. La cabeza de Bella rebotó ligeramente.

—Si, hablo con ellos, pero también están en la escuela. Sus clases iniciaron desde agosto y…—otro encogimiento—no lo sé. Algunos de ellos se están convirtiendo en amigos con los cuales no es necesario hablar a diario para seguir siéndolo, ¿entiendes?

Él trazó círculos en el dorso de su mano y giró su cabeza ligeramente hasta dejar un beso en la coronilla de Bella.

Había una razón por la cual Edward había estado solo por casi un año. Había una razón por la cual Bella no debería estar ahí.

—Me siento estúpida—dijo.

—¿Por qué? —él susurró. Bella apenas lo pudo escuchar sobre el sonido del agua.

—Hay una razón por la cual estás solo.

Edward pareció entender el rumbo de la conversación.

—Si dejo que esto se meta en mi cabeza, mi día se arruinará—él dijo—. También estoy siendo egoísta. Mis padres están ahí por una razón.

—El padre de Jessica murió.

—¿Enserio?

—Si. La primera semana de clases. Cuando tuvimos que hacer la primera tarea de Hale.

—Mierda.

—Lo sé… y estoy aquí.

—A nadie le importa esto—él sacudió la cabeza. Sonaba frustrado—. Es jodidamente injusto.

—Tal vez es lo que merecemos después de todo.

—Tal vez y, aun así, pareciera que están siendo demasiado misericordiosos con nosotros—Edward apuntó.

—Antes de Halloween fui al supermercado. Salí por primera vez en siete meses y había unos chicos en la calle, tomados de la mano y fue… me enojé tanto porque es lo único que quería estar haciendo y no lo estaba haciendo por una razón.

—¿Querías sujetar mi mano? —Bella esperaba que el comentario de Edward fuera coqueto, pero al parecer, mantenían una conversación demasiado trágica como para bromear.

—Como nunca antes había deseado—confesó.

—No quiero que nada les pase a mis padres—él continuó—. No quiero que nada te pase a ti. Y parece que quiero justo lo contrario, pero es que sólo quise hacerlo, ¿sabes? ¿Por qué el resto puede continuar con su vida y yo no? Continuaría con estas enormes ganas de conocerte sólo por no correr riesgos cuando mis padres pueden enfermarse por un idiota que fue a una fiesta y se besó con seis personas.

—Tal vez el egoísmo es lo único que nos ha mantenido cuerdos después de todo. Si no fuéramos egoístas, el mundo se habría detenido desde marzo. La economía mundial habría colapsado, las latas se habrían terminado en abril y todos estaríamos muertos.

—Algunas veces suena como una buena opción.

—Pero sólo con estar aquí… me hace estar agradecida por algo tan bajo.

Edward soltó su mano y desenredó sus brazos, antes de rodearle los hombros y atraerla más cerca.

—Ya que nos vamos a ir al infierno—exhaló, antes de ir por su boca.


¡Hola! Lamento la demora en la actualización, pero aquí está. Espero que les haya gustado este capítulo. Veo que el anterior si fue de su agrado y me alegro, tuve complicaciones y dudas al estarlo escribiendo, pero al parecer resultó bien.

Parece que la soledad y el encierro le ha pegado a Edward de una manera diferente que a Bella, pero ya veremos más de eso en su versión.

Muchas gracias, tengan un buen fin de semana ¡y nos leemos el lunes!