Sounds Like Love


.:21:.

—¡Oh, voy a matarte! —Bella gritó antes de salir del sofá con un brinco, sus manos sujetaban fuertemente el control de videojuegos.

Edward se carcajeó y se colocó rápidamente a su lado.

—Eso es si no te disparas a ti misma.

—Eso ni siquiera es pos…

Pero fue posible porque de un momento a otro, Bella yacía tirada en el suelo, muerta por su propia mano. Edward soltó una risa a su lado y se golpeó el muslo con su mano libre.

—Creo que lo fue.

—¡Ugh! Me rindo—Bella lanzó los brazos al cielo y regresó a sentarse sin gracia alguna.

Luego del paseo y de la charla trágica junto al arroyo, Edward creyó que era momento de regresar a casa y sugirió jugar videojuegos. Bella, reacia a la idea, aceptó y él se dedicó a explicarle los movimientos principales del juego.

—Te dije que tienes que tener a tu contrincante en la mira primero, con el puntero en él—murmuró exasperado, regresando a su sitio en el sofá.

—Si, bueno, te lo advertí. Dije que no era buena—Bella se inclinó a la mesa de centro y alcanzó su botella de agua, dándole un largo trago.

—Intentemos una vez más. Lo estabas haciendo bien antes—la miró por el rabillo del ojo y le echó el control al regazo.

Bella rodó los ojos y gimió en disgusto.

—¡No! No me gusta. No entiendo.

—Una partida más.

Con un bufido, tomó el control y espero a que Edward reanudara la partida.

—Bella—le advirtió desesperado cuando ella continuaba chocando con él.

—Lo siento—bajó la mirada para cerciorarse de que estaba oprimiendo los botones correctos.

—¡Los ojos en la pantalla! —él ordenó—. Viene una emboscada.

—¿Cómo se disparaba? —ella preguntó en voz baja, nerviosa.

—Con el disparador derecho—él masculló con tono obvio—. Y muévete con el stick derecho también.

Bella colisionó con Edward una vez más, pero él no dijo nada. En su lugar, él avanzó hacia la entrada del almacén abandonado, listo para disparar.

—Tienes que colocarte a mi lado, si no vas a dispararme a mí—instruyó.

—En eso estoy—afirmó Bella, pero estaba dando media vuelta y regresando por el camino que ya había avanzado.

—A mi lado, Bella. ¡Dispara, dispara ahora!

Los dedos de Bella se entorpecieron sobre el control y tenía que cerciorarse de que estaba presionando los botones correctos, aunque alejar la vista del enemigo no era algo muy bueno.

—¡Dispara, Bella!

Probablemente Edward no estaba enojado, pero su voz seca y comandos duros la ponían aún más nerviosa. Se hizo más pequeña en el sofá, ¿qué tal si en realidad se enojaba con ella?

—Eso intento—murmuró Bella, mordiéndose el labio inferior, intentando concentrarse en la masacre frente a ella.

—¡No, no, a mí no! —Edward suspiró, dejando caer su cabeza y sus hombros.

Bella le había disparado y ahora él había muerto.

—Lo lamento. No quise matarte—ella comentó, sólo por si acaso—. ¡Dije que no era buena!

—Bueno, al parecer si era cierto. Veamos una película mejor.

En silencio, él deslizó el cursor por la interfaz de Netflix y comenzó a hacer un ruido con sus labios mientras tamborileaba sus dedos en el reposabrazos del sofá. Bella lo miró de soslayo.

—Lamento haberte asesinado—murmuró.

Él la miró de soslayo antes de que una perezosa sonrisa se posara en sus labios.

—Está bien—se encogió—. Sólo no hay que volverlo a intentar.

—Mmm—Bella asintió—. ¿Dónde está Lola?

Edward miró alrededor, dándose cuenta de su ausencia por primera vez.

—Seguramente salió a hacer del baño… o está durmiendo en algún lugar de la casa. ¿Tienes hambre? ¿Quieres cenar?

—Tal vez después de la película—Bella le arrebató el control remoto—. ¿Quieres ver una película de terror?

—Apagaré la luz—Edward asintió.

Afuera ya estaba oscuro, así que la única iluminación en la sala provenía del televisor. Edward alcanzó una manta de un cesto y se la tendió.

—Toma, por si tienes frío.

—No tengo frío—pero aun así ella la tomó y la colocó sobre sus piernas—. ¿Por qué siempre estás preguntando si estoy bien?

—Sólo deseo ser un buen anfitrión. Hazte a un lado—le picó el costado y ella pegó un salto, deslizándose por el sofá y dejando un pequeño espacio para él. Quería estar pegada a él, tocarlo todo el tiempo. Había tenido suficiente distancia por los últimos meses.

A Edward pareció no importarle y su muslo se talló contra el de Bella. Después de los créditos iniciales, él pasó un brazo sobre los hombros de ella.

—Mmm—ronroneó—. Cabes perfectamente aquí.

—Te dije que era pequeña—Bella susurró, subiendo el volumen de la televisión.

—Mmm—el sonido bajo le recorrió la columna entera. Se arremolinó a su lado, como si quisiera cavar un hueco y apoyó su cabeza en el hombro de Edward.

Podía sentir su respiración en su rostro. Los cabellos pequeños de su frente se movían y le hacían ligeras cosquillas cada vez que Edward exhalaba. Su aliento seguía oliendo a menta porque se había pasado el rato masticando chicles. Bella pasó su brazo izquierdo sobre su torso, medio abrazándolo.

Cerró los ojos, disfrutando de su calor y escuchando los latidos un tanto acelerados de su corazón. Eventualmente, se alentaron y funcionaron como una canción de cuna. La siguiente vez que Bella abrió los ojos, la primera media hora de la película había transcurrido. Edward había comenzado a pasar descuidadamente sus dedos por su cabello, sin llegar al cuero cabelludo.

Bella suspiró.

—No es justo—él susurró.

—¿Qué?

—Elegiste esta película y te quedaste dormida tan pronto como comenzó—él notó, enterrando las yemas de sus dedos en el cabello de Bella.

Ella rió bajito.

—Lo siento.

—¿Estás cansada? Puedes ir a dormir si quieres.

—¡No! —Bella se alejó de él rápidamente. La mano de Edward cayó sin fuerza entre el respaldo y su torso. Las puntas de sus dedos estaban tocando su muslo—. No estoy cansada, sólo estaba cómoda.

—Te daré otra manta. Y luego te traeré la cena.

~SLL~

—¿Sobrevives de esto? —Bella preguntó, lamiendo su tenedor y mirando a Edward con ojos entrecerrados.

Edward había encendido la lámpara junto al sofá y lucía cálido bajo la luz amarilla.

—Dije que no era buen cocinero—él se defendió, enredando los fideos instantáneos en su tenedor y soplando sobre ellos.

—¿Ya intentaste con YouTube? —Bella preguntó, enterrando sus pies entre el sofá y el muslo izquierdo de Edward.

—Si, pero la comida apenas es comestible. No pondría en riesgo tu salud con eso.

Bella rió entre dientes y giró su cabeza para ver a Lola cuando esta suspiró entre sueños. Había estado sentada junto a las piernas de Edward después de su desaparición, atenta a sus movimientos. Bella comenzaba a creer que el animal se estaba poniendo celosa de ella.

Edward ya veía la televisión, enredando más fideos descuidadamente.

—Cuando terminemos esto…—comenzó, observando su plato de noodles—podemos prepararnos para ir a dormir. Todavía es temprano, pero si nos quedamos aquí hasta tarde, se pondrá pesada y entonces no nos dejará dormir—explicó, señalando con su cabeza a Lola—. Siempre tengo que irme a mi habitación temprano si quiero dormir bien, de otra forma, se pone loca.

—De acuerdo—Bella respondió sin saber qué otra cosa decir. A lo largo del día había estado ignorando activamente el asunto de dormir, pero el tiempo se le estaba viniendo encima y aún no tenía el valor de preguntar dónde dormiría.

Y como Edward lo predijo, tan pronto como se pusieron de pie para llevar los tazones sucios a la cocina, Lola los siguió. Mientras Edward cargaba el lavavajillas, Bella se ocupó de lavar la olla de noodles y Lola olfateó sus piernas, golpeándola con su cola cuando se giraba para encarar a Edward.

—Te lo dije—murmuró él cuando Lola comenzó a gemir—. Silencio, Lola.

Lola lanzó un lloriqueo.

Bella se secaba las manos en el trapo de la cocina cuando Edward se acercó a ella.

—Te has ganado una gomita—anunció, dejándole una en forma de sandía en la palma de la mano.

—¿Sólo una?

—Algunas—Edward alcanzó el tarro y se lo llevó con él—. Andando.

Bella mordisqueaba una gomita de uva cuando él apagó la televisión en la sala.

—¿Quieres terminar de ver la película en mi habitación?

—De acuerdo—con manos temblorosas, Bella cerró el tarro de dulces y alcanzó su celular, echándoselo al bolsillo.

Edward se balanceó en sus talones, sus manos en los bolsillos de sus jeans.

—¿Quieres… eh—se aclaró la garganta—quieres dormir conmigo? —otro carraspeo—. Esta habitación está lista si quieres quedarte aquí—señaló con su pulgar a sus espaldas, hacia el cuarto de invitados.

Bella lo observó con ojos entrecerrados, tamborileando sus dedos sobre la tapa del tarro. Edward se revolvió el cabello en un gesto nervioso, desvió la mirada.

—Ya sabes… para llevar tu mochila arriba—agregó.

Bella resopló una risa y él la miró rápidamente.

—Luces gracioso cuando estás nervioso—notó Bella—. Como si fueras a estallar en cualquier momento.

—Mira quién lo dice. ¿Entonces?

—¿De qué hablas? —Bella lo enfrentó, golpeando el piso con su pie y llevando su mano derecha a la cadera.

Edward rió entre dientes.

—De nada, ¿entonces?

—Hmpf—Bella bufó antes de alcanzar su mochila y echársela al hombro—. Vamos arriba.

El tarro de gomitas quedó sujeto entre las almohadas mientras sus espaldas se apoyaban en la cabecera. Lola lloriqueaba detrás de la puerta.

—Ay, Lola—Edward masculló, subiendo el volumen de la televisión.

—¿Siempre es así? —Bella se lamió los dedos azucarados. Edward asintió en silencio—. ¿Cada noche? —otro asentimiento.

—Es por eso que me preocupa el ir a la escuela. No quiero dejarla sola. Quién sabe cuándo vuelvan mis padres, aunque supongo que vivirán aquí ya que yo no estaré.

—Pero no hay mucha diferencia—Bella agregó.

—Lo sé—él se echó una gomita de uva a la boca—. Ni siquiera estarán aquí la mayor parte del tiempo. He tratado de desapegarla de mí, pero a veces me estresa estar metido aquí todo el día.

—¿En casa?

—En mi habitación. Así que voy a la sala, pero ella está ahí—meneó la cabeza—. Necesita aprender a estar sola. Y salir a la calle no tiene mucho sentido, ¿qué voy a hacer? ¿pasar el rato dentro de mi auto? Tengo cosas qué hacer, ¿sabes?

Bella hizo un mohín cuando su pecho se oprimió. ¿Por qué es tan fácil para un animal que sufre romperte el corazón? Debió ser el único error de Dios, ¿por qué unir tan intrínsicamente a las personas y a los animales cuando los humanos toman ventaja sobre ellos? ¿cómo es posible sentir compasión mientras entierras una daga?

—¿En qué estás pensando? —la voz de Edward la trajo de vuelta.

—En que es triste.

—Lo es—él aceptó, pero él no sabía a lo que se refería Bella.

~SLL~

Luego de cepillarse los dientes, Bella caminó hasta su mochila mientras Edward sostenía el control remoto debajo de su barbilla, observando atentamente la televisión.

Con movimientos rápidos, Bella comenzó a deshacerse de sus suéteres, deteniendo sus dedos en el borde de su playera térmica cuando atrapó a Edward echándole vistazos por el rabillo del ojo. Él desvió rápidamente la mirada hacia la pantalla.

En silencio, Bella alcanzó su pijama y regresó al baño. No era decente, no iba a mandar el mensaje correcto, como diría Jessica. Había creído que la parcial oscuridad de la habitación sería suficiente. Bella no usaba brasier al dormir, pero lo dejó puesto, al igual que su top de tirantes. Había elegido llevar sus pijamas azules rayadas, ya que Jessica había dicho que usar ositos no sería nada bueno.

Le envió un mensaje.

Bella: Creo que me iré a dormir/tirarme ahora.

Jessica: ¿Todo está yendo bien?

Bella: Genialmente.

Jessica: Aun así, no descuides tu navaja.

Bella sonrió.

Jessica: ¿Dormirás con él?

Bella: Sip.

Jessica: ¿Por qué respondes con sólo una palabra?

Bella: ¿Cómo se supone que responda? Me hiciste una pregunta de "si" o "no."

Jessica: No me gusta que las personas respondan con monosílabos, me hace creer que están molestas. Te preguntaré otra vez: ¿dormirás con él?

Bella se mordió el labio para silenciar una risa.

Bella: No debería hacerlo, ¿verdad? Estoy demasiado nerviosa. No debería estar en la misma cama que él. ¿Qué hago si me besa?

Jessica: Lo besas de vuelta, duh.

Bella: ¿Qué pasa si me toca?

Jessica: Tienes dos opciones: decirle que no o sacarle la ropa. Relájate, Bella. Son niños cachondos, no es el fin del mundo.

Bella: ¿Crees que debería tener sexo con él?

Jessica: Creo que eso lo deberías decidir tú.

Bella: ¿No piensas que es demasiado pronto?

—¿Bella? —Edward la llamó.

Diablos, tal vez él quería usar el baño. La televisión había dejado de escucharse.

—¿Sí?

—Me pondré el pijama ahora. Ya sabes, para que…

—De acuerdo, sólo dime cuando pueda salir.

—Bien.

Jessica: Pienso que el tiempo no debería importarte. Sólo sigue tu intuición, Bella.

Bella: ¿Qué si lo hacemos y luego él cambia? ¿Qué si sólo quiere tener sexo conmigo y la distancia le resulta bien para ghostearme?

Jessica: Entonces es un jodido idiota. ¿Te enfurecería que hiciera eso?

Bella: Definitivamente.

Jessica: ¿Crees que lo haga?

Bella escuchaba el sonido de cajones abriéndose y cerrándose. Lola había dejado de llorar, tal vez se había rendido como cada noche y había ido a dormirse.

Bella: Quiero creer que no. Quiero creer que no es ese tipo de chico.

Jessica: Haz lo que quieras hacer. Hay dos resultados posibles: disfrutarlo y disfrutar la secuela o lamentarlo y enojarte eventualmente y aprender del error.

Bella: Eso suena a mierda. No lo haré.

Jessica: De acuerdo. Sólo… si lo haces, no seas tan dura contigo misma. Enserio, Bella, cuando te esté besando ni siquiera podrás pensar.

Bella: Es por eso que tengo que pensarlo antes.

Jessica: Buen punto.

Bella: Recuérdame por cuánto tiempo habías salido con Mike antes de acostarte con él.

Jessica: Seis meses.

Bella: Mierda.

Jessica: Ninguna medida de tiempo te salvará de que él te ghostee después, Swan. Si es un buen chico no importa si te acuestas con él ahora o dentro de tres años. Los hombres de verdad no te hacen eso.

Bella: Lástima que hay muy pocos de esos.

Jessica: Seguro son un mito, como los unicornios.

Bella: No estás ayudando.

Jessica: JA. Lo siento. Pero es enserio lo primero que dije.

Bella: Bien. Iré con él ahora.

Jessica: Buenas noches. Y asegúrate de que se coloque el condón correctamente. Viste el vídeo educativo que te envié, ¿cierto?

Bella: Cierra la boca.

Jessica: Lo digo enserio.

Bella: Yo también.

Bella: Buenas noches.

Bella tuvo tiempo de doblar su ropa y peinar su cabello con el peine de Edward antes de que él le dijera que podía salir. ¿Cuál era el punto de vestirse en privado si se desvestirían en un momento?

No, Bella pensó, nada de desvestirse.

Edward estaba usando pijamas grises y estaba tecleando en su celular. La televisión estaba encendida y esperando a que él presionara play para que la nueva película comenzara.

—Mi mamá está teniendo un ataque—comentó.

—¿Un ataque?

—Dice que no los cambiarán de área por el momento y está poniendo el grito en el cielo por el asunto de la Navidad.

—Oh—Bella entró a la cama, sentándose sobre sus rodillas. No quería preguntar lo que muy probablemente pasaría: Edward pasaría las fiestas solo.

Él soltó una risa entre dientes. Apoyó los codos en las rodillas y Bella observó los músculos tensos de su espalda que se movían debajo de su playera térmica.

—Y ahora me está obligando a ir a casa de la abuela.

—¿Qué dice tu padre?

—No mucho—él suspiró sin dejar de teclear—. Mamá dice que está durmiendo.

—Bueno. Tal vez todo se resolverá—Bella solucionó, tratando de no tensar el ambiente.

—Seh, tal vez—Edward coincidió.

Sin decir nada más al respecto, Bella presionó play y la película comenzó. Alcanzó las únicas dos almohadas de Edward y las colocó debajo de su cabeza. Eventualmente, él dejó de teclear y colocó su celular en la mesa de noche, girándose hacia Bella.

Le entrecerró los ojos.

—¿Dónde se supone que pondré mi cabeza?

—En la cama—ella masculló sin mirarlo, ocultando una sonrisa.

—¡No! —él lloriqueó.

—¿Por qué, en primer lugar, sólo tienes dos almohadas?

—Eh… ¿Por qué soy sólo una persona? ¿cuántas tienes tú?

—Cinco.

Edward se rió, picándole el costado.

—¡No es cierto!

—Es cierto—Bella se defendió, dándole un mantozo.

—¿Por qué tienes cinco almohadas? ¿Acaso tienes cinco cabezas?

Lo miró entre sus pestañas. Edward sonreía mientras se apoyaba con su mano derecha en el colchón.

—Porque me gusta que mi cama sea esponjosa, ¿algún problema? Y me hacen sentir menos sola.

Edward soltó una carcajada limpia, incluso echó la cabeza hacia atrás.

—Bueno. No hay razón para tener dos almohadas ahora. No estás sola—murmuró con voz pesada, como la miel tratando de pasar por una pajilla.

—¿No?

—No—ladeó la cabeza y luego muy lentamente se inclinó hacia Bella. Ella entrecerró los ojos incluso antes de que la boca de Edward cayera sobre la suya. Edward ya los había cerrado, de todas formas.

Fue un beso cálido y húmedo. La boca de Edward ya sabía a menta y era intoxicante. Sus labios se tallaron con los de Bella y luego ella chupó y suspiró, llevando su mano derecha hacia la nuca de Edward, atrayéndolo incluso más.

Sintió su cuerpo pesado cernirse sobre el de ella, él se apoyaba ahora en su antebrazo y succionó el labio inferior de Bella entre los suyos. Más, más, más. Bella mordió su superior y él dejó salir un ligero ruido de satisfacción. Lo tomó por los hombros y lo acercó, ahora el pecho de Edward estaba sobre el de ella.

En el momento en el que sus lenguas se tocaron, Bella lo perdió.

De esto es de lo que hablaba Jessica, pensó.

Pasó sus manos por la espalda de Edward, sintiendo sus músculos tensarse y moverse, una mano se quedó en su nuca y la otra sobre su cintura.

Con boca tan dulce y tan venenosa, Edward se acercó más, cubriéndola con su cuerpo entero. Ahora sus rodillas estaban junto a las de Bella, muslo contra muslo, mantenía su regazo lejos.

Rompió el beso, dejando otros en la mejilla de Bella, delineando su quijada. Ella mantuvo los ojos cerrados, se mordió el labio. La boca de Edward, suave, abierta y húmeda, dejó un beso en su cuello.

Él había dicho que quería besarle el cuello. Y el escote. Y lo estaba haciendo.

Bella enterró sus dedos en su espalda, los labios de Edward se alejaron de su piel porque ahora él besaba su escote sobre su playera de pijama, dejando trazos en sus clavículas.

¿Sería tan malo sacarse la blusa? ¿Enviaría el mensaje incorrecto?

Con manos temblorosas y nada segura, Bella alcanzó el dobladillo de su blusa y la subió hasta su barriga, dejándola debajo de sus pechos. La boca de Edward no se alejaba y había reanudado sus atenciones en su cuello. Si Bella se concentraba en la sensación, sus ojos rodarían de placer y lo próximo que estaría quitándose serían los pantalones, así que intentó ignorarlo.

Edward suspiró al alejarse, sus ojos estaban nublados y observó brevemente su rostro cuando Bella se quitó la blusa. Besó sus hombros, el espacio entre su axila y su tirante, fue hasta sus clavículas y hasta su escote, su boca suspendiéndose al inicio de sus pechos.

La miró entre sus pestañas. Un mechón de cabello le caía en la frente.

—Eres tan bonita—susurró.

Bella le rascó la mejilla.

—Tú también.

Edward le sonrió de lado, apoyando su cara en la mano de Bella.

—¿Soy bonito?

—Claro.

El resoplido por la risa de Edward llegó a la boca de Bella cuando ella jaló su rostro para besarlo de nueva cuenta.

Tomó el dobladillo de la playera de Edward. Si él se la quitaba, estaría semidesnudo frente a ella, sobre ella. ¿Qué haría Bella con eso? Todo estaría dependiendo de una línea muy delgada.

—¿Quieres que me saque la playera? —él preguntó en voz baja contra sus labios. Bella no se había dado cuenta de que sus manos ya estaban sumergidas en su espalda baja.

—Mm-hm—asintió.

El torso de Edward quedó frente a su cara cuando él se estiró y arrojó su ropa a un lado. Edward apenas tenía pelo en pecho, era como una nube suave y ligera. Mientras se besaban de vuelta, Bella pasó sus manos por toda su piel, encontrándola suave y cálida. Tocó su abdomen y sus antebrazos.

Lo alejó y Edward se tiró sobre su espalda, observándola con atención mientras Bella se acercaba y comenzaba a besar su quijada. La mordió, porque había querido hacerlo desde hacía mucho tiempo. Quiso besar su cuello, pero más bien frotó sus labios por él, llegando hasta sus hombros.

Había pensado que Edward olería a lluvia y a pino, a barro y a bosque, a un pueblo pequeño que prometía tranquilidad, a lo que pasas buscando toda la vida. Bueno, Edward no olía a pino o a lluvia, pero si su habitación. Un relámpago iluminó el lugar. Edward también olía a desodorante.

Llevó sus labios otra vez a su cuello y dejó un beso de boca abierta, lamiendo ligeramente. Edward gimió bajito, así que Bella volvió a hacerlo hasta llegar a su lóbulo. Lo tomó entre sus dientes y Edward apretó su torso, acercándola aún más a él. Sus regazos se frotaron y Bella sintió su dureza debajo de sus ligeros pantalones de pijama.

Los dedos de Edward se colaron en su blusa, tocando la piel expuesta de su cadera. ¿Hay vuelta atrás? Bella se preguntó.

Se dio cuenta de que la habitación estaba en silencio y a oscuras. Edward había apagado la televisión, la rodilla de Bella aplastó el control remoto y lo hizo a un lado, un thump contra el piso. Se rió contra la piel de Edward.

Él se rió también.

—¿Qué fue eso? ¿Tu celular? —preguntó.

—El control de la televisión.

—Mmm—él murmuró—. ¿Quieres… eh…—se detuvo.

—¿Qué? —preguntó Bella en voz baja, talló sus labios contra los de Edward. Él dejó un breve beso.

—¿Quitar tu blusa?

Él malinterpretó su silencio.

—Está bien si no quieres—agregó.

Bella volvió a tallar sus labios.

—Si quiero, pero… no quiero… hacerlo.

Bella sintió los movimientos de Edward, que se movía hacia atrás como si quisiera verla.

—¿Quitar tu blusa?

—Sexo. No quiero tener sexo.

—No lo haremos—él se apresuró a responder, alejando sus manos de la cintura de Bella.

—Bien—ella se apoyó en sus rodillas e intentó sacar su ropa. Edward buscó sus manos en la oscuridad.

—No tienes que quitártela.

—Pero quiero.

—Sólo no quieres tener sexo—confirmó él.

—Exacto.

—De acuerdo.

Edward pasó sus grandes manos por la espalda de Bella, atrayéndola y besó sus clavículas. En un movimiento rápido, la colocó debajo de él y besó su escote.

Bella rascó su cabello y presionó sus caderas en el colchón, en un intento por detener la necesidad de comenzar a frotarse contra él. Edward besó sus hombros, los tirantes de su brasier cayendo. Bella tembló.

Los labios de Edward, cálidos y certeros, estaban demasiado cerca del punto de no retorno, jugaban en el borde de su sujetador.

Eventualmente, él resbaló a su costado, llevándola con él y cubriéndola con la colcha. Sus labios volvieron a rozar su frente y Bella salpicó su pecho con besos perezosos.

Y en un punto, se quedó dormida.


¡Hola! Espero que les haya gustado la actualización del día de hoy.

¿Verdad que son lindos? ¡Finalmente pudieron hacer lo que querían hacer!

Ya casi llegamos a los 500 rr. Muchas gracias por eso.

Nos leemos el jueves :)