Sounds Like Love


.:26:.

—Esto no es muy caballeroso de mi parte—Edward murmuró, alcanzando el bolso de Bella.

—No, no lo es—Bella aceptó—. Pero ya estamos aquí.

Edward sonrió, sus ojos se achinaron y rodeó sus hombros con su brazo libre.

—Estoy feliz de verte—él anunció. Llevaba una sudadera azul y unos pants, lucía cómodo y Bella quería enterrarse en él.

Le rodeó la cintura con un brazo, apoyando su cabeza en su pecho.

—Yo también.

—Aunque no creo que Lola opine lo mismo—él advirtió antes de abrir la puerta auxiliar.

Lola ya estaba ahí, lista para olfatearla y golpearla con su cola. Olisqueó sus rodillas y la parte inferior del bolso de gimnasio, estuvo sobre Bella un buen rato antes de gemir y alejarse, sentándose a los pies de Edward.

—¿Qué quieres hacer? Supongo que tienes hambre. Mi papá tiene un enorme rompecabezas, ¿te gustan? ¿quieres armarlo?

Bella apoyó la cabeza en su hombro y sonrió.

—Tengo hambre.

—Bien—Edward dejó un beso en su coronilla—. Ordenaré una pizza.

Bella frunció el ceño, mirándolo entre sus pestañas.

—Creí que me enviarías a la cocina.

—Mmm—él le dio una pequeña sonrisa, observando su boca—. Como una buena mujer.

Bella resopló una risa y Edward cerró la distancia entre sus bocas. Atrapando su labio inferior entre los suyos, Bella rascó el cabello de su nuca. Lola lanzó un gemido adolorido y entonces Bella sintió su cabeza en su rodilla, intentando entrometerse entre sus muslos unidos.

Edward rió contra su boca y se lamió los labios al alejarse.

—¿Ves? No le gustas.

—Es una pena—Bella se estiró para sacar su celular de su bolsillo—. Comamos.

~SLL~

—¡No, no! ¡Estás entendiendo todo mal! —Bella chilló, sacudiendo su brazo. Se sentía tan avergonzada, tenía el rostro rojo como un tomate.

Edward se carcajeó, lanzando la cabeza hacia atrás y dejándola apoyada en el respaldo del sofá.

—¿Cómo podría entenderlo mal? ¡Me espiabas deliberadamente! —él alzó las manos, dejándolas caer en su regazo.

Bella se limpió la boca con su servilleta y la arrojó lejos, hacia la mesa de centro.

—Cómo si tú no lo hubieras hecho.

—Yo no tomé capturas de tu rostro—Edward la señaló descuidadamente con su índice—. Eso es como acoso.

—Guardaste mis fotos sin siquiera preguntarme. No te sientas tan moralmente superior.

Él rió entre dientes, sacudiendo la cabeza.

—Es diferente.

—¿Cómo es diferente? —Bella se inclinó a tomar otra rebanada de pizza, pero Edward alcanzó su muñeca, deteniéndola.

—Es diferente porque ya eras mi novia—él se acercó a ella, alzándose sobre su rodilla.

—¿Y eso? —tartamudeó. Lucía como si estuviera a punto de devorarla, como había devorado sus primeras dos rebanadas de pizza.

—Bueno…—exhaló por su boca, un chiflido ligero se escuchó—eso es como un permiso que se da por sentado.

—¿Implícitamente?—Bella alzó las cejas.

—Exacto—él murmuró con voz pesada, su pecho presionándose contra el de Bella mientras ella caía sobre el sofá. Edward se acomodó entre sus piernas—. Justo así.

Y Bella no sabía si seguían hablando de las cruzadas de línea o de la posición, pero la voz baja de Edward hizo que el cuerpo entero le ardiera al mismo tiempo que sentía un escalofrío, como si el fuego y el hielo pudieran convivir juntos dentro de ella. Estaban contenidos, luchando bajo su piel. Bella llevó sus palmas hacia la espalda baja de Edward.

—¿Sí? —susurró.

—Mm-hm—él se inclinó a besarla. Su boca sabía a tomate y a grasa. A Bella siempre la había parecido algo asqueroso que las personas se besaran mientras comían, con alientos sucios y bocas pastosas, pero parecía que Edward hacía que la pizza fuera incluso más deliciosa.

Él dejó escapar un ligero gemido y recorrió la mejilla de Bella con su boca, llegando hasta su frente y bajando de vuelta, depositando un beso soso al inicio de su cuello.

—¿Aún tienes hambre? —él preguntó contra su piel.

Sí, Bella seguía hambrienta. ¿Arruinaría el momento si decía que sí? ¿Qué se suponía que tenía que pasar ahora? Según las películas, Edward tendría que guiarla hasta la habitación. En las películas se olvidan de la comida y se dedican a adorar cuerpos; bueno, en la vida real era un poco más complicado.

Edward pareció entender su silencio.

—Luego de comer podemos armar el rompecabezas—dijo, mirándola a los ojos y sosteniéndose con sus antebrazos—. O podemos ir a mi habitación y ver una película. O dormir. ¿Estás cansada?

—Es la 1, no es hora de estar dormido.

—Las personas pueden dormir cuando quieran. Y también los perros—susurró él, mirando hacia la esquina, en donde Lola permanecía quieta, enrollada y pacíficamente dormida.

—Los perros siempre están dormidos. Es lo único que hacen—notó Bella.

—Se ve que nunca has tenido uno—Edward se alejó rápidamente de ella, tendiéndole una mano y levantándola—. Vamos, terminemos de comer.

Él se encargó de buscar el rompecabezas mientras Bella limpiaba el desastre en la mesa de centro. Lola la siguió hasta la cocina y de vuelta a la sala, terminando por sentarse frente a ella, observándola atentamente.

—¿Me odias, Lola? —le preguntó en un murmullo—. Yo también me odiaría…—tarareó, viendo hacia las escaleras—es decir, después de tener toda su atención para mí… de pronto llega alguien y… lo siento—finalizó.

Lola se acercó y colocó su trompa en las rodillas de Bella. Ella le palmeó la cabeza y Lola buscó su mano de vuelta, así que Bella talló junto a su oreja.

—Es demasiado, ¿verdad? Tener toda su atención sobre ti, que vea cada uno de tus movimientos, que te mire…—sacudió la cabeza—es simplemente demasiado, como si pudieras morir por un incendio.

Escuchó una puerta cerrándose y permaneció en silencio hasta que Edward llegó a su lado, anunciando que era un buen rompecabezas.

—Es un paisaje escocés—dijo—y el pasto y el cielo son difíciles, es decir, todo es verde y azul ¿sabes?

—Nada es tan difícil para Bella Swan.

—Mmm, veamos—él le sonrió desde arriba y revolvió su cabello.

Bella no se molestó en acomodarlo, dejó que le cayera sobre el rostro y no se arrepintió porque Edward dejó la caja sobre la mesa y se arrodilló frente a ella, alejándole el pelo de la cara y le sonrió. Una sonrisa cálida que le llegó hasta los ojos, como si su rostro entero se derritiera.

Entonces la besó. Bella rascó su quijada y cuando él se alejó dejó que su mano recorriera a Edward, pasando por todo su torso hasta que cayó sin fuerzas a su lado.

Bella se concentró en recolectar las piezas azules que correspondían al cielo, mientras que Edward juntó en una pila las piezas de las torres. Edward le ordenó a Alexa que reprodujera algo de música y en silencio, intentaron encontrar una solución.

—Es un rompecabezas enorme—notó Bella—. ¿Lo han armado alguna vez?

—Sólo papá. A mamá no le gustan.

—Todo el mundo armó rompecabezas este año—murmuró Bella—. Eso y hornear pan de plátano.

—Mmm—Edward rió—. Y no te olvides del ejercicio.

—Me pregunto si esas personas continuaron haciéndolo o simplemente se rindieron. Todo el mundo parece harto ya.

—Estamos hartos.

—Como sea, ¿cuál es tu parte favorita de usar una mascarilla? —Bella preguntó, inclinándose para alcanzar otra pieza. Cuando regresó a su lugar, notó que Edward estaba viendo su trasero. Él desvió la vista hacia la mesa.

—Ehh… ¿qué?

—La mascarilla, ¿tu parte favorita? —repitió.

—Ah, eso… mmm—él chasqueó su lengua—. Cantar, tararear, lo que sea. ¿La tuya?

—Casi no uso, pero no tengo que sonreírles a las personas.

—Te creí una persona amable.

—No tanto—Bella picó su costado—. Hablando de cantar, la última vez no jugamos con tus instrumentos.

—No voy a cantar—él advirtió, dándole una mirada desdeñosa. Había encontrado una pieza del borde y la colocó junto a otra que Bella había colocado. Nada parecía tener pies ni cabeza.

—Pero… ¿puedes tocar algo? ¿has escrito algo nuevo?

Edward pareció considerarlo por un momento.

—Si, lo hice.

—¡Aahh! —Bella aplaudió, sonriente, y rebotó en su lugar—. ¿Tocarías para mí?

—Una cosa a la vez—fue su respuesta sin compromiso.

—Te obligaré si es necesario.

—Mmm.

La siguiente vez que Bella se inclinó, Edward movió su brazo cerca y su antebrazo logró rozar el trasero de Bella.

Pero ella no dijo nada.

~SLL~

—¿Cuál es tu color favorito? —Edward le preguntó desde su lugar en la cama mientras Bella hurgaba en el desastre que era su escritorio.

—Negro y azul—respondió ella, mirándolo de soslayo—. ¿Por qué hay un desastre aquí? Estamos de vacaciones.

—¿Y? —Edward se sacó los calcetines y los arrojó al cesto de ropa sucia, cayeron en el piso y fue hasta ella.

—No hay razón por la que estés usando tu escritorio—Bella masculló.

—Bueno, a veces hago cosas—se defendió Edward y abrió el cajón de la derecha—. Como esto.

Sostenía una grulla de papel, de color verde lima, era pequeña, cabía perfectamente en la palma de su mano.

—Oww—Bella sonrió—. Eso es tierno, ¿sabes hacer origami? Enséñame—Bella tomó la grulla y sostuvo la muñeca de Edward. Él entrelazó sus manos.

—Mañana—prometió—. Tenemos dos días todavía.

—De acuerdo—Bella asintió y dejó de observar la grulla para verlo a él—. ¿Cuándo vendrán tus padres?

—El miércoles, ¿por qué?

Bella se encogió de hombros y caminó hasta la cama, llevándolo tras ella.

—Estaba pensando… en que…

—¿Quieres quedarte otro día más?

Ella no asintió, sólo sonrió.

—¿Enserio? —él alzó las cejas.

—Ajá.

—Si fuera por mí, podrías quedarte aquí todo el tiempo que quieras.

—Genial—Bella asintió, satisfecha y dejó la grulla en el buró—. Hora de irse a dormir.

Ya en la cama, Edward la encaró, deslizándose hasta estar más cerca. Su boca olía a menta y Bella cerró la distancia para dejar un beso ruidoso en ella.

—¿Cuál es tu color favorito? —preguntó en un susurro.

—Mmm, creo que el azul—él aceptó—. ¿Te das cuenta de que a nadie le gusta el verde? O el naranja.

—No había pensado en eso—Bella aceptó, llevando su índice hasta la patilla de Edward, peinando el cabello de sus sienes. Él apoyó una mano en su cadera. A media luz, con la lámpara de noche encendida, Edward lucía como salido de un libro de fantasía.

—Entonces supongo que el verde y el naranja—él dijo.

—Tomaré el verde. Verde lima—Bella rascó ligeramente los cabellos de su nuca.

Edward acarició su espalda, dejando su mano entre sus omóplatos y presionando.

—Y yo el naranja dulce.

Bella rió en silencio, mordiéndose el labio inferior.

—Ese ni siquiera existe.

—¿Lo puedes imaginar?

Hablaban en susurros, vibrantes y suaves al mismo tiempo. Bella apoyó su frente en la de él.

—Si—susurró—. Está entre mandarina de ensueño y zanahoria bebé.

Edward rió.

—Exacto.

Permanecieron en silencio. Edward acarició su mejilla, acunándola y Bella observó su pecho subir y bajar detrás de su playera térmica negra.

—Oye—Edward susurró, sus labios apenas despegándose. Bella subió las mantas, cubriéndolos hasta los hombros.

—¿Qué?

—Estoy feliz de que estés aquí—inició él—. Cuando… cuando dijiste todo eso sobre ti estando posiblemente enferma, me sentí terrible.

—¿Te asustaste?

—Me asusté por ti—él confesó.

Bella llevó su pecho hasta el de él, subiendo su pierna a la cadera de Edward. Parecía que la oscuridad parcial era el interruptor del atrevimiento.

—Está bien—ella aseguró—. Aunque creo que yo también me habría asustado si las cosas fueran al revés.

—Mmm.

—Sería genial que todo esto terminara de una vez por todas. ¿Has notado cómo todo el mundo se está comportando como si el nuevo año fuera a borrar todo?

—Si—él exhaló una risa. Bella talló su nariz con la de él—. ¿Recuerdas lo horrible que todo parecía?

—Si, aunque se siente muy lejano ahora.

—¿Crees que tengamos que ir a la escuela pronto?

Bella deslizó su mano por la espalda de Edward y jugó con la cinturilla de su playera hasta que fue capaz de colar su mano.

—Espero, porque eso quiere decir que podré verte todo el tiempo que quiera.

Edward sonrió con un lado de su boca, sus ojos parecían estarse cerrando.

—Iremos a la biblioteca juntos, la Universidad de Washington tiene bibliotecas preciosas—continuó Bella—. Te mostraré el centro de Seattle, podremos ir al parque Gas Works y al mercado Pike Place… aunque sea ridículamente caro.

—¿Quieres emparejar horarios? —preguntó Edward, siendo también valiente y metiendo su mano debajo del pijama de Bella.

—Mm-hm—un pequeño beso—. ¿Quieres entrar a un club?

—No lo sé, pero Emmett dice que hay una sala de videojuegos.

—Humpf—Bella bufó, alejando su rostro para observarlo. Edward sonreía.

—Será mejor que me una a un club entonces, de otra forma, vagaré por el campus esperando que me prestes atención.

—Probablemente—Edward aceptó. Bella pellizcó su cintura—. Auch… pero por ahora…—agregó luego de un rato—puedo prestarte atención.

—¿Enserio? —Bella habló contra su boca.

—Seh.

Entonces Edward la besó, pasando su lengua por sus labios hasta que Bella abrió la boca. Cuando sus lenguas se tallaron, se acercó aún más a él y pudo sentir la dureza de Edward en su vientre bajo.

Edward alejó su regazo, pero mantuvo sus torsos unidos, apretando la espalda de Bella y subiendo hasta el broche de su brasier, sus dedos trazaron el borde, pero no hizo el intento por quitarlo.

Bella tiró de su playera, subiéndola, pasando desesperadamente su mano por toda la piel expuesta. Apoyándose en su codo, Edward jaló la prenda por el cuello, arrojándola a los pies de la cama. Bella acarició su pecho, mordiendo su labio inferior y se cernió sobre él.

La boca demandante y las manos fuertes de Edward le nublaron la mente, el cosquilleo en su centro la hizo apoyarse en sus rodillas y sacarse la blusa. El cabello se le vino al rostro y sin mirar a Edward a la cara, llevó sus manos hacia atrás y se desabrochó el sostén. Las copas permanecieron quietas, los tirantes se cayeron hacia los lados y entonces lo miró.

Los ojos de Edward permanecían pegados a su pecho, su boca entreabierta y su pecho agitado. Lucía atento, como si no quisiera perder ningún detalle. Lentamente, Bella dejó que la prenda cayera hasta sus manos, en donde la sostuvo antes de arrojarla al borde de la cama.

Edward se lamió los labios y tragó pesadamente. La miró a los ojos.

—Eres muy bonita—señaló en voz baja, alzando su mano y haciendo el cabello de Bella hacia un lado. Entusiasmada, ella fue hasta él y lo besó.

Edward la colocó sobre su espalda, haciéndola caer suavemente y besó su mejilla, luego su mandíbula, seguido de su cuello y finalmente sus clavículas. Él quedó suspendido al borde de sus pechos, observándolos y entonces bajó para dejar un beso.

Gimió al tomar el pezón en su boca y Bella cerró los ojos, arqueando el cuello y vibrando de placer.

Edward repitió sus movimientos en ambos, hasta llegar a su ombligo. Bella lo tomó de las orejas y lo llevó de vuelta a ella.

—Estás…—suspiró y tragó—estás a punto de matarme.

Edward le dio una sonrisa de lado.

—Podría decir lo mismo.

Bella acunó sus mejillas y lo besó. Él se sostuvo sobre sus antebrazos, pero descansó la parte baja de su cuerpo en ella, su dureza presionándose entre ellos mientras el centro de Bella ardía.

¿Así que esto era? ¿Esto era de lo que todo el mundo hablaba? Su corazón aleteó cuando Edward rompió el beso y acarició su mejilla.

—Podría besarte todo el tiempo.

—¿Crees que si…—Bella dio unos golpecitos sobre sus labios con el dedo índice—¿crees que si besas a alguien por mucho tiempo la boca comience a dolerte?

—Mmm—Edward pareció considerarlo, mirando hacia la nada, Cuando sus ojos regresaron a ella, estaban brillantes y una sonrisa traviesa bailaba en su rostro—. ¿Quieres averiguarlo?


¡Hola!

Gracias por sus comentarios. Espero que este capítulo les haya gustado.

Ya sólo nos queda uno más y el epílogo :(

Nos leemos. Tengan una buena semana :D