Sounds Like Love


.:27:.

—Dijiste que me enseñarías a hacer grullas de papel—Bella dijo, señalando con la cuchara a Edward.

Él continuó agitando su cereal y la miró.

—Lo haré—tragó—. Pero más tarde, quiero dormir.

—Acabamos de despertar—Bella se quejó—. Es por eso que estamos desayunando.

—Estamos desayunando porque tenía hambre, pero luego de esto iré a dormir. ¿Quieres dormir también?

—No—ella refunfuñó, cruzando los brazos sobre su pecho—. No vine aquí para estar durmiendo todo el tiempo.

—Pero ¿acaso no te parece apetecible? —él le alzó las cejas. El rostro de Edward estaba ligeramente hinchado. Bella ocultó una sonrisa, lo único que quería hacer era apretar sus mejillas—. No hay nada mejor que volverte a dormir después de haber estado despierto por un rato.

—Mmm… supongo que veré una película—Bella farfulló.

—Bien—Edward aceptó.

Un rato después, cuando se miraban a través del espejo, con boca espumosa y sosteniendo cepillos de dientes, Edward le sonrió y golpeó su cadera con la suya.

Bella rió, escupiendo en el lavabo y llevándose una palma de agua a la boca. Edward se colocó tras ella, observando su trasero, pero Bella fingió no darse cuenta. Él presionó dos dedos en los hoyuelos de su espalda baja, haciéndola estremecer.

—¿Qué quieres ver? —Bella preguntó mientras se palmeaba la boca con la toalla del perchero.

Edward sacudió la cabeza y escupió.

—Dije que iba a dormir.

—¿Era enserio?

—Bastante enserio—afirmó antes de enjuagarse la pasta dental.

Bella estaba entre las mantas cuando él regresó a la habitación, rascándose el cuello y con la cinturilla de su playera alzándose. El cielo estaba tremendamente nublado y negruzco, hacía que el cuarto de Edward estuviera casi a media luz. Él se aproximó a la gran ventana, cerrando las cortinas.

Apoyaba una rodilla en la cama cuando se sacó la playera y la arrojó lejos. Bella observó su pecho expandiéndose y siguió sus movimientos hasta que lo tuvo frente a ella. Dejó un beso en la base de su garganta.

—No tengo sueño.

—¿No? Deberías, dormimos hasta tarde ayer—le recordó Edward.

Se habían quedado despiertos mientras se acariciaban y se besaban el cuerpo, tallando bocas contra la piel expuesta hasta que comenzaron a sentirse sedientos.

—Pues no estoy cansada.

Edward palmeó su cabeza antes de acariciarle el cabello.

—Sólo cierra los ojos.

—¿Jugaremos con tus instrumentos hoy? —Bella preguntó contra su pecho.

—No son un juguete—él murmuró, sus labios apenas despegándose. Bella encerró su cadera con una pierna. Era lo más cerca de él que había querido estar alguna vez.

—Bueno, ¿los tocaremos?

—¿Bella?

—¿Mmm?

—Cállate.

La siguiente ocasión, Bella despertó a causa de unos movimientos suaves detrás de ella y una mano cálida acariciándole el abdomen. Edward dejó un beso de boca abierta en su cuello.

—Creí que estabas dormido—masculló.

—Lo estaba—Edward aceptó—, pero ya no más. Creí que no estabas cansada.

—Sshh…

Edward rió contra su piel.

—¿Quieres hacer grullas?

—No—Bella rezongó contra la almohada—. Quiero dormir. Quiero quedarme aquí, sin moverme. ¿Qué hora es?

—Ehh…—Edward se removió detrás de ella—12:30—entonces su brazo volvió a rodearla.

—Bien. Todavía tenemos mucho tiempo—se giró para encararlo y acunó su mejilla.

—¿Para qué? —los ojos de Edward continuaban somnolientos, la atrajo incluso más cerca.

Bella serpenteó su mano hasta el pecho desnudo de Edward y lo besó, no perdiendo tiempo en delinear con su lengua los labios de Edward. Él la dejó entrar y Bella tiró del cabello de su nuca. Rápidamente, la gran mano de Edward se presionó en su espalda y se cernió sobre ella, entre sus piernas.

Edward rebuscó en la playera de Bella, subiendo su mano y atrapando un pecho, le dio un apretón. Bella gimió contra su boca.

—¿Puedes…—Edward liberó su labio de los dientes de Bella—puedes quitártela?

Sin responder, Bella se irguió y sacó la prenda, dejándola a un lado. Edward besó su cuello y siguió todo el camino hasta su pecho derecho. Bella ahogó un gemido, arqueando su espalda, deseando tenerlo más cerca, deseando más, más, más.

Los dedos exploradores de Edward cosquillearon por su abdomen, deteniéndose en la cinturilla de sus pantalones. Bella revolvió su cabello, memorizando los labios rosas de Edward alrededor de su pecho, sus pestañas revoloteando y su ceño fruncido.

En un desenfreno, tomó la mano de Edward y la zambutió en sus pantaloncillos de pijama, presionando los dedos de Edward contra su ropa interior. Él liberó su pecho y la miró a los ojos por un segundo, antes de ver su boca abierta e irse contra ella.

Tres de sus dedos frotaron el centro de Bella y ella gimió, desenterrando su mano para buscar la dureza de Edward. Él siseó cuando la palmeó sobre sus boxers.

Sus lenguas, trazando los patrones que querían dibujar en sus propios centros, les dieron el coraje para rozar sus pieles sin la molesta tela interponiéndose. Los dedos de Edward hicieron a un lado la ropa interior de Bella y se abrieron paso entre sus pliegues. Ella tomó la dureza de Edward, apretó y movió su mano de arriba abajo, guiada por los sonidos de él.

Edward besó su cuello, haciendo un ruido al alejarse y verla a la cara.

—¿Está bien así?

Bella asintió en silencio y sin aliento. Su mano descubriendo la sensación de Edward, su piel suave que contenía un tipo de dureza que nunca antes había conocido, nada era similar a eso. ¿Lo lastimaría si lo apretaba demasiado? ¿Qué tan fuerte era demasiado fuerte? La sensación de suavidad no era compatible con la dureza, como si tuvieras que tratar con delicadeza algo duradero y resistente, ¿cómo era eso posible?

Gimió contra la boca de Edward cuando el pulgar de él jugó en su entrada. Ansiosa, elevó sus caderas y bajó sus pantalones, dejándolos a la altura de sus rodillas. Edward la observó mientras lo hacía y reanudó sus exploraciones.

—¿Está bien si uso mi dedo? —preguntó él con voz pastosa.

Bella asintió y entonces él introdujo su índice lentamente, Bella enroscó los dedos de sus pies, su mano se había detenido dentro de los pantalones de Edward. ¿Por qué era diferente a cuando ella lo hacía? El calor dentro de su cuerpo era insoportable, se inclinó para terminar de sacar sus pijamas, deteniendo de nueva cuenta a Edward. Ahora yacía completamente desnuda debajo de él.

Edward la contempló, de la cabeza a los pies, como si tratara de observar un área demasiado grande, como si un par de ojos no fuera suficiente.

Él se tiró sobre su espalda y bajó sus pantalones, su ropa interior se quedó atorada en su dureza, que saltó al ser liberada.

Edward quedó suspendido sobre Bella, entre sus piernas, apoyado en sus antebrazos. Tan cerca y tan lejos, Bella pensó.

Edward llevó su mano al centro de Bella otra vez y contempló el espacio entre ellos. La miró mientras ella jadeaba y se ahogaba en gemidos. Edward se detuvo abruptamente y acarició su costado entero. Su boca se dirigió a sus pechos.

La mano de Bella se movía sin gracia sobre su dureza. Dudaba que Edward lo estuviera disfrutando, pero no sabía cómo hacerlo, parecía que su mano era demasiado pequeña, demasiado fuera de lugar, demasiado ajena. No lograba mantener el ritmo, su brazo se cansaba y no había logrado nada, pero al menos él no la había detenido.

Él habló contra su oreja, mordiendo el lóbulo.

—Debo decir…—beso—que esto es…—beso—como un sueño hecho realidad.

Bella rió entre dientes.

—¿Qué? ¿Tenerme desnuda debajo de ti?

La risa baja de Edward le erizó la piel. Él alejó el cabello que le caía en la frente, en donde dejó un beso.

—Seh—aceptó.

—Mmm—Bella desistió, liberando su dureza y prefirió pasar sus manos por la espalda de Edward.

Él dejó un breve beso sobre su boca, parecía que el frenesí del principio había pasado y ahora sólo estaba disfrutando de la sensación de pieles desnudas.

Bella sostuvo su cabeza contra la de ella y lo instó a besarla otra vez, tallando, amasando y mordiendo. Onduló las caderas y Edward gruñó con su garganta.

—Sigue haciendo eso—susurró.

Así que Bella obedeció y pronto él correspondió sus movimientos. Sintiendo su dureza contra su humedad, Bella dejó escapar un suspiro y se sostuvo de él con toda la fuerza que tenía.

—Ah, Bell…—gimió Edward contra su cuello—se siente muy bien.

¿Habría alguna diferencia si ella dejaba que él entrara? ¿marcaría un gran momento? ¿un par de centímetros serían así de trascendentales? ¿en verdad eso pasaría? Ya estaban ahí, es decir, no podría cambiar mucho, ¿cierto?

—¿Quieres… quieres hacerlo? —le preguntó.

Edward se detuvo abruptamente, desenterrando el rostro y mirándola.

—¿Enserio?

—Si—Bella asintió incluso con su cabeza—. ¿Quieres?

—Sólo si tú quieres.

—Quiero.

Edward dejó un beso en su mejilla y se estiró para rebuscar algo en su cajón. Tenía un paquete plateado entre sus dedos.

—¿Por qué tienes condones? —Bella preguntó.

—Por si esto sucedía.

Los condones de Bella le estaban rodando los ojos desde su mochila.

Observó a Edward mientras se lo colocaba. La impaciencia estaba haciendo que su cuerpo quisiera saltarle encima justo en ese momento, sin importar que el preservativo apenas fuera a la mitad. El vídeo que Jessica le había enviado se estaba reproduciendo en su mente.

"No lo abra con los dientes."

"Revise la fecha de caducidad."

"Si usted no está circuncidado, enrolle el prepucio."

Bella detuvo sus pensamientos cuando Edward la miró. Él ya había terminado de colocar el preservativo.

—Dime si es demasiado—él pidió, regresando a su lugar sobre ella.

—Bien.

Edward sostuvo su miembro entre sus dedos, pasándolo a lo largo de Bella antes de detenerse y entrar lentamente. Bella se mordió los labios, a la expectativa.

Edward resopló, sin dejar de ver su unión.

Jessica había tenido razón. El juguete de Bella había funcionado.

—¿Está bien? —él alzó las cejas.

—Si, si—ella lo animó.

—¿No duele?

—No, sólo… muévete lentamente.

Así que Edward lo hizo y apoyó su frente contra la de Bella, gimiendo y apenas embistiendo, más bien, meneaba las caderas. Bella se mordió los labios, estremeciéndose y rascando su espalda, motivándolo.

—Más…—pidió en un balbuceo.

—Mierda—Edward resopló—. Eres perfecta, Bella.

—Se siente muy bien… ah—gimió cuando él aumentó el ritmo, impulsándose con sus antebrazos.

—¿Te gusta así?

—Mierda, sí. No te detengas.

—Mmm. Podría hacer esto por siempre.

Bella rió entre dientes. Su cuerpo entero vibró.

—¿Qué es tan gracioso? —él preguntó en un murmullo, con ojos brillantes. Bella apretó los ojos antes de volver a reír entre dientes.

—Nada. Sólo estoy feliz... tan, tan feliz.

—Ah, Bell…—él suspiró—. Yo también. Yo también soy feliz.


Pasó.

Finalmente sucedió.

Ja.

Cuéntenme qué les pareció este capítulo. Muchas gracias por su apoyo.

La próxima semana les traigo el epílogo :)

Nos leemos.