Una nueva vida

Un fanfic crossover entre DBZ y Highschool DXD escrito por Octavio675, imagen de cover hecha por un amigo mío (Nexus9871).

AVISO DE RENUNCIA LEGAL: YO, OCTAVIO675, EN MÍ CARÁCTER DE AUTOR DE ESTE FANFIC, NOTIFICO A MIS QUERIDOS LECTORES ESTO: NO SOY DUEÑO DE LOS PERSONAJES DE DBZ NI DE HIGHSCHOOL DXD, AMBAS SERIES Y TODO LO RELACIONADO A ELLAS PERTENECEN A SUS RESPECTIVOS AUTORES.

Sinopsis: Él lo perdió todo en su mundo. Ella estaba presa en el suyo. Por azares del destino, sus caminos se cruzan, conduciendo a una serie de eventos imprevisibles que pondrán a prueba sus lazos y su fortaleza, todo esto mientras combinan sus vidas normales de adolescentes con lo que conlleva el mundo demoníaco.

Algunas cuestiones que me gustaría aclarar antes de comenzar con esta historia:

Primero y principal, toooooooda esta cosa (con los capítulos posteriores que subiré solo Dios sabe cuando) es un rewrite, o sea, una reescritura de una historia anterior que, si bien fue moderadamente exitosa, yo no me sentí muy satisfecho personalmente con ella, puesto que muchos de ustedes me hicieron saber de distintas cosas que honestamente no tenían un carajo de sentido xd. Así que por eso me tomé el trabajo de reescribir tooooooda esta bosta. Espero que les guste dea. Ahora, pasando a un segundo plano...

Esta historia tiene un lenguaje fuerte. Y muy probablemente haya escenas explícitas de pelea, sangre, insultos, lemons, etc en el futuro xd. Están advertidos, así que por favor no me rompan las bolas si les molesta. Ah, y aviso cordial (ponéle), al primer infeliz que ponga una review descortés y/o agresiva, permítanme decir lo siguiente… De parte de Diego Armando Maradona, que la chupe, y que la siga chupando.

Eso era todo xd. Ahora sí, sin nada más que decir, comencemos.

Capítulo 1: Un nuevo comienzo

*Suena la intro: Trip - Innocent of D*

Gohan se sacrifica luchando contra los androides ~

Trunks encuentra su cuerpo y, en su desesperación, se transforma en Super Saiyajin por primera vez ~

Rias suspira mirando su reflejo, pensando en su futuro ~

Trunks lucha contra los androides, pero es derrotado y herido de gravedad ~

Bulma lo rescata, cegando a ambos y cargando a su hijo en la máquina ovoide, desapareciendo en un flash brillante ~

Rias y su séquito encuentran a Trunks y Bulma en el bosque ~

Trunks conoce a Asia y ambos se sonríen ~

Trunks observa sus manos, teñidas de carmesí, mientras sangra abundantemente ~

El peli-lila cae desde una gran altura, herido y exhausto, incapaz de moverse ~

Rias lo atrapa en el aire, aterrizando ambos a salvo mientras la pelirroja lo observa con una sonrisa y entre lágrimas lo abraza ~

XXXXX

El tiempo, por definición, es una magnitud física con la que se mide la duración o separación de acontecimientos. Tal es así que nos permite ordenar los sucesos en secuencias, estableciendo un pasado, un futuro y un tercer conjunto de eventos ni pasados ni futuros respecto a otro.

Resulta lógico entonces pensar que alterar algo en el pasado, indefectiblemente, cambiará algo en el futuro. Pero es imposible predecir con exactitud qué podría pasar, puesto que existen tantos futuros distintos como cambios en el pasado hagamos. Y lamentablemente para nuestro amigo, este es el caso. Todo parecía estar perdido al llegar nuevamente a su mundo…

*PRÓLOGO*

*MUNDO DEMONÍACO, UNIVERSO 6*

El ruido ensordecedor de una vajilla rompiéndose reverberó en las paredes del comedor, provocando que algunos de los allí presentes se encogiesen de hombros frente a esa demostración de furia.

¿La causante? Una niña de 11 años de cabello rojo largo hasta la mitad de la espalda y preciosos ojos cerúleos. De ellos brotaban lágrimas de impotencia, acompañando sus mejillas enrojecidas.

''¡No pienso hacerlo!, ¡no pueden obligarme!''. Declaró firmemente, entre sollozos, para luego arrojar otra finísima pieza de vajilla. El jarrón de porcelana blanca voló y se hizo añicos junto al que segundos antes había estallado.

Su padre, un hombre de cabello y ojos igual coloreados que los de ella, suspiró profundamente, ignorando las miradas atónitas de los demás comensales, para enfocarse únicamente en su hija pequeña.

''Rias, cariño, siento tanto que tenga que ser así, pero otra no nos queda… Son momentos difíciles para nuestro mundo, y creemos que es la mejor opción para la sociedad que tú y Phenex…''.

''¡A la mierda con eso!, siempre dices lo mismo, es lo mejor para todos''. Lo interrumpió forzosamente, mirándolo fijamente con toda la tristeza que un hijo podría sentir al verse decepcionado con sus padres. ''¿Pero nunca piensan en lo que sería mejor para ?, ¡¿eh?!, ¿o piensan en lo que yo querría elegir siquiera?''.

Su padre titubeó, mientras su hermano y madre la miraban con suma preocupación . ''No… Eso pensé…''. Murmuró para sí misma, antes de darse media vuelta y correr a toda prisa de ahí, ignorando los repetidos llamados que le hacían.

Se detuvo en uno de los muchos pasillos del majestuoso castillo, permitiéndose un momento para recuperar su aliento, apoyada en el alféizar de una ventana que miraba hacia el patio externo. Sus ojos celestes se posaron sobre el cielo púrpura oscuro.

Rias inhaló y exhaló, controlando su respiración, momentáneamente maravillada por la inmensidad del cielo. Le parecía extraño que, pese a los rumores que rondaban sobre que el cielo sería ''reestructurado'' para beneficio de los muchos humanos resucitados en demonios, seguía siendo del color normal, bueno, lo que para los demonios es normal. Pero algo aún más extraño cruzó por su cabeza.

El cielo se veía de un lavanda claro, siendo las últimas horas de la tarde, y en cualquier momento se tornaría un púrpura oscuro casi como el del ''espacio sideral'' que ella estudió acerca de los humanos. Y por alguna razón, ese color lavanda la hizo imaginarse a un caballero con ese mismo color de pelo, pero cuyas facciones estaban nubladas, y su voz sonaba difusa pero por el tono de su voz, ella se encontró sonriendo, como si esa visión le trajese esperanza, por más críptico que sonara.

''Ojalá haya alguien allí fuera que pueda detener ésta locura…''. Murmuró en tono optimista, antes de apartarse de la ventana y dirigirse a su habitación.

XXXXX

*UNIVERSO 7, FLASHBACK*

''¡¡HIPER MASENKOOOOOO!''. Bramó un joven de alrededor de 19 años, lanzando una ráfaga de energía amarilla de sus manos entrecruzadas.

El ataque se dirigió hacia su discípulo, un preadolescente de entre 12 y 13 años, quién se apartó con un backflip y respondió realizando una larga serie de rápidos movimientos de manos, para luego culminar con ambas manos paralelas una a la otra a la altura de su pecho y con los dedos índice y pulgar tocándose entre sí en forma de diamante.

Su mirada estaba fija en el cielo, pero lejos de su oponente, enfocándose en realidad en un punto distante. Por alguna razón, le pareció ver un destello rojo escarlata… no, carmesí.

''¡ATAQUE ARDIENTE!''. Gritó a viva voz, lanzando una esfera de ki amarilla hacia su maestro, la cual fue desviada de un simple manotazo.

Acto seguido, y aprovechando su distracción, Gohan se desvaneció y reapareció detrás de Trunks, propinándole un palmetazo con el reverso de la mano. Esto desestabilizó al pelilavanda, lo cuál le permitió al hijo de Gokú continuar con su asalto. Le dió un puñetazo en la base de la columna a Trunks, y luego lo agarró del pie y lo zamarreó por los aires como un saco de papas, para luego lanzarlo contra una formación rocosa.

***¡CRASH!***. La meseta se vino abajo por completo, sepultando al preadolescente incauto debajo de ella y levantando una polvareda de aquellas.

Luego de unos segundos, el joven pelinegro con un solo brazo notó cómo emergió su discípulo de entre los escombros. No presentaba muchas heridas, por lo que se sintió aliviado, pero aún así estaba alerta puesto que no era normal que se distrajera tan fácil. Un par de saltos hacia adelante y ambos luchadores se encontraban cara a cara. El mayor se encontraba con una rodilla hincada en el suelo y el otro estaba sentado con las rodillas cruzadas, frotándose el labio inferior partido.

''Trunks, ¿estás bien?''. Gohan inquirió, sintiéndose algo desasosegado.

''¿Eh?, ah, sí. Estoy bien Gohan, no te preocupes, no me dolió''. Replicó Trunks, sacudiendo su mano libre, minimizando su aspecto. ''Solo me distraje un poco, eso es todo''.

El pelinegro notó la precaución con la que Trunks se mostró. Parecía que algo lo estaba molestando, evidenciado por su semblante serio, algo inusual para el pequeño, pero tan pronto como surgió, desapareció, siendo reemplazado por su cara desafiante y entusiasta otra vez.

''Todavía tenemos un rato hasta que anochezca, ¡sigamos entrenando!''. Exigió, imperativo, poniéndose de pie en un santiamén.

El hijo de Gokú no quiso cavilar mucho más en eso. En lugar de eso, simplemente retrocedió realizando varios backflips y poniéndose en una postura defensiva. Bueno, tanto como su único brazo se lo permitía.

''Adelante, ¡ven a mí!''. Le ordenó al pelilavanda. ''Trunks, algún día tú serás la esperanza… Ya sea de este mundo, o de cualquiera''. Pensó para sí mientras aguardaba la arremetida.

*FIN DEL PRÓLOGO*

*UNIVERSO 7, AÑO 783*

*RUINAS DE LA CAPITAL DEL OESTE, ALREDEDOR DEL MEDIODÍA*

Lo que otrora fue una imponente ciudad ahora no era más que una escena de desolación postapocalíptica, acentuado por las nubes que oscurecían el ventoso mediodía. Los rascacielos de cientos de metros de alto estaban en su mayoría derruidos o venidos abajo, con algunos pocos que permanecían milagrosamente de pie, sosteniéndose precariamente con sus cimientos expuestos y oxidados, mientras que las ventanas estaban rajadas o directamente faltantes. Por su parte, las casas domo y las estructuras más bajas no pintaban mucho mejor, con muchas de ellas yaciendo en ruinas, su estado de mejor conservación siendo alguna pared que permanecía intacta y no reducida a escombros.

Las calles, las cuales estaban agrietadas y llenas de pozos, estaban desoladas, sin un alma más allá de los ocasionales automóviles destrozados. Los cuerpos se apilaban a montones, todos en mayor o menor estado de desmembramiento.

Tal cual se describe más arriba fue la horrible y macabra vista distante con la que se toparon sus ojos incrédulos al bajar del habitáculo de su nave. A pesar de que su mente estaba tratando de negarlo, la verdad estaba ahí, justo frente a él. Había llegado demasiado tarde.

"No puedo sentir ningún ki en kilómetros… ¡MALDICIÓN!". Clamó, estampando su pie con fuerza en el suelo agrietado, creando otro pozo más. Su mente acelerada trató de pensar con calma, hasta que una explosión no muy distante en un lugar familiar lo distrajo. "Ese es el laboratorio…". Murmuró al darse cuenta de lo que estaba sucediendo. "¡MAMÁ!". Exclamó, dándole un puñetazo al botón del aparato a su lado que lo devolvió al tamaño de una pequeña cápsula, la cual guardó presuroso en un bolsillo de su pantalón antes de emprender vuelo acuciantemente hacia su hogar.

XXXXX

*Instantes después*

Una mujer de mediana edad se encontraba tipeando presurosa unos datos en un teclado, cuando de improviso un temblor sacudió todo el precario laboratorio. En su apuro, erró en una tecla y la consola le mostró un cartel de error en rojo parpadeante.

A modo de frustración, y como respuesta, le dió un puñetazo al escritorio, furiosa, mientras sus ojos cerúleos reflejados en la pantalla se relajaron levemente. "Debo terminar esto de una vez… no sé cuánto tiempo nos queda". Murmuró para sí, corrigiendo el error.

Estaba por permitirse un pequeño descanso, pero fue alertada por una alarma sonando a todo volumen, alertando a los demás residentes del pequeño refugio improvisado.

"Señora Bulma, ¿qué sucede?, ¿acaso son ellos?". Preguntó una anciana, con los ojos abiertos de par en par y sumamente aterrada.

A pesar de estar igual o incluso más asustada que ella, la mujer de cabello cian fingió calma e intentó tranquilizarla. "Tranquila, señora, revisaré las cámaras, pero no creo que sean… ellos…". Hizo un alto en el camino para enfocarse en las cámaras en el monitor, y siguió hablando, "no los hemos visto en semanas, seguramente sea…-". Y se detuvo en seco al ver quién se encontraba en la entrada principal del laboratorio, en torno a la cual se habían montado barricadas improvisadas como para simular que también estaba abandonado.

"¡Mamá!, ¡mamá!, ¿qué demonios hace el laboratorio tapeado?, ¿estás bien?, ¡voy a-... ah por el amor de Kami-sama, la tumbaré si es necesario!". Espetó impaciente el pelilavanda, tomando carrera para embestirla.

Ella reaccionó inmediatamente a la vez que su hijo único estiraba el brazo. "¡NO!". Parpadeó y sacudió la cabeza para despejarse un poco, y repitió, esta vez con más calma, "No lo hagas, Trunks, entra por la escotilla secreta… Esa con la que solías jugar cuando eras pequeño… Te explicaré m-más tarde".

A regañadientes, el joven se giró sobre sí mismo para asegurarse que no hubiera moros en la costa, y luego se dirigió a un lado donde las cámaras no apuntaban.

Unos segundos después se escuchó un ruido seco de alguien cayendo, seguido de un quejido de protesta. El joven se sacudió el polvo, murmurando para sí, ignorando las miradas extrañadas y algo cautelosas de los allí presentes. Pero eso cambió instantáneamente cuando escuchó, incrédulo, una voz pronunciando su nombre.

"¿Trunks?". Preguntó la mujer de ojos azules, al borde de las lágrimas mientras avanzaba hacia él.

"¿Mamá?". Respondió el aludido, caminando igualmente hacia su progenitora.

"¡MAMÁ!", "¡HIJO!". Ambos clamaron al unisono, fundiéndose en un cálido abrazo, que duró varios segundos mientras la mujer sollozaba, con los ojos llorando a mares de forma incontenible.

Hasta que los sollozos dieron paso a un quejido de protesta por parte de ella. "Me estás apretando muy fuerte hijo", comentó entre pequeñas risas.

Trunks la liberó, un poco avergonzado, a la vez que se disculpaba, "Lo siento mamá, no pude evitarlo…".

"No es nada hijo". Sacude la cabeza, y esboza una leve sonrisa por unos segundos, para luego cambiar a una cara de confusión. "¿Cómo llegaste aquí?... Después de tanto tiempo… pensé que habías… habías m-...". Pero el solo hecho de pensar en eso hacía que le resultase imposible terminar.

Trunks, adelantándose a lo que su progenitora pudiera objetar, sacude la cabeza en señal de negación. "Estoy bien mamá. Estoy aquí. Además, tampoco es que tardé mucho, ¿o sí? Si tan solo me fui por unas… ¿Dos semanas? Sí, más o menos".

Bulma suspiró, desviando la mirada hacia el piso, antes de levantarla y pronunciar lo siguiente con sumo pesar. "Trunks… Han pasado dos meses desde que te fuiste. Pensábamos que no ibas a regresar". Ante la mirada atónita de su hijo, ella prosiguió. "Desde entonces, ellos han estado haciendo estragos, arrasando lo poco que quedaba. Según estimaciones muy toscas… solo quedan un millón de humanos en el mundo".

Estas palabras le cayeron como un balde de agua fría al joven, quien tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no caerse de espaldas. En su lugar, permaneció anclado en su lugar, con la sangre helada, pero que inmediatamente después le hirvió de furia.

"N-no puede ser… ¡Esos MALDITOS desgraciados!". Masculló entre dientes, apretando los puños tan fuerte hasta que los nudillos se le pusieron blancos. "Mamá, iré ya mismo a acabar con ellos, tú quédate aquí con los sobrevivientes". Le exigió a su progenitora, arrojándole la cápsula que guardó hace rato, antes de darse media vuelta.

Bulma, haciendo malabares para atrapar el pequeño objeto, no pudo objetar al pedido del pelilavanda. "Espera, ¡Trunks!-".

El edificio tembló violentamente, y todos los allí presentes estaban en estado de alerta. Seguido de esto, un pitido incesante empezó a sonar en las inmediaciones.

"Maldición, ¡son ellos!". La peliceleste murmuró, inclinándose hacía las cámaras luego de haber guardado la cápsula en su estuche correspondiente. "Trunks, espera-".

Pero ya era tarde, el joven ya se había marchado, el eco de sus pasos desvaneciéndose en la distancia.

"¡Mierda!, ¿por qué nunca hace caso?... Cuando quiere es tan idéntico a su padre...". Comentó para sí, antes de voltearse para atender a los refugiados.

XXXXX

*Afuera del laboratorio, en la calle*

El pelilavanda salió a la calle sigilosamente por la misma escotilla por la que había entrado antes, atento a los sonidos de su alrededor.

Disminuyó su ki para que fuera casi indetectable, y se desplazó agachado, a pesar de la lentitud, detrás de unos matorrales.

"Diecisiete, déjate de tonterías, ¿estás seguro que es por aquí? Este lugar está abandonado desde hace años". Sonó una voz femenina en tono cuestionante. Esa voz le era sumamente familiar, y el solo oírla le provocaba una furia incontrolable.

"Dieciocho, es en serio. Lo ví volar hacia aquí hace poco, debe estar por aquí. Estamos a nada de encontrarlo". Otra voz, esta masculina y también familiar replicó con calma, aunque tenía un tono subyacente de impaciencia. "Es solo cuestión de hacer lo que mejor sabemos hacer hasta encontrarlo". Comentó el pelinegro con un tono malvado.

Número Diecisiete comenzó a cargar energía en una mano, apuntando directamente hacia el domo principal de la estructura de Corporación Cápsula.

El semisaiyajin soltó un respingo, incapaz de contenerse un segundo más, y se incorporó a la acción. Saltó hacia adelante, liberando su ki de golpe. El destello amarillo alertó al duo de androides, tomándolos por sorpresa.

Trunks usó esta ventaja para arremeter contra el androide pelinegro y propinarle una patada en el borde de la cabeza, que lo envío en dirección a su hermana. Dieciocho simplemente se corrió a un costado, dejando que su hermano se deslice hasta detenerse.

Número 17 se incorporó sin dificultad, visiblemente molesto. "Grrrr… con que al fin apareciste Trunks…". Espetó con desdén mientras se frotaba la mejilla, la cual ahora tenía un corte considerable y una pequeña línea de sangre. Su mirada de molestia cambió a una de satisfacción al ver al último de los Guerreros Z. "Me da gusto ver que todavía estás dispuesto a pelear. 18 y yo pensábamos que desde que acabamos con ese otro sujeto naranja te habías acobardado, y eso que pasaron… ¿Cuánto?, ¿dos? No-... tres años desde aquel entonces". Ante la mención de su mentor, Diecisiete hizo una mueca socarrona al ver como el saiyajin se estremeció, furioso. "¿Cómo se llamaba?, ¿arroz?... Ah, sí, Gohan".

Número dieciocho soltó una risita por el chiste malo de su hermano gemelo y también por como reaccionó Trunks, cuyos puños estaban prácticamente del color de un hueso. "Mira Diecisiete, lo hiciste enfadar… ¡Uuuuh!, ¿qué hará ahora?".

Trunks los miró a ambos, sumido en odio, e inclinó la cabeza levemente hacia un lado. "¿Acaso te refieres a Gohan?". Inquirió, recordando las imágenes de aquel día tormentoso, dónde su mentor yacía inmóvil en el piso. Ya no más furioso, sino colérico, alzó los brazos y vociferando a viva voz, los increpó nuevamente. "¡¿ACASO TE REFIERES A GOHAAAAAAAAAAAAN?!", mientras que su aura se disparó desproporcionadamente.

El semisaiyajin se mandó hacia adelante, dispuesto a todo. Tiró su puño derecho hacia atrás y lo trajo hacia adelante rápidamente, intentando reventarlo contra la cara de Diecisiete. El androide bloqueó a último momento, con su propio puño derecho encontrándose con el del super saiyajin. Lo mismo sucedió cuando el pelilila atacó con su mano izquierda.

Esto creó ondas de choque que hicieron temblar el escenario de combate y también arrojó guijarros y escombros a los costados.

"Vaya, admito que has mejorado Trunks. ¿Pero sabes qué? Aún no es suficiente". Comentó con una sonrisa burlona, antes de aplicar más presión.

Trunks soltó un gruñido y liberó más ki, sobreponiéndose al androide por medio de un rodillazo en la boca del estómago. Ésto lo stuneó un poco, permitiéndole al semisaiyajin propinarle un puñetazo en la mejilla al androide, pero antes de que pudiera proseguir, Número Dieciocho apareció y le dió un puñetazo a Trunks que lo mandó a volar hacia atrás.

"Qué descuidado eres Diecisiete, siempre tengo que salvarte yo".

El super saiyajin se incorporó e interrumpió la breve charla con su ataque de energía característico. Hizo más de una centenar/docena de movimientos con las manos y, largando un bramido feroz, lo lanzó hacia los androides.

Nuevamente otra explosión sacudió el entorno, seguida de una densa nube de humo y tierra. Una vez se despejó, Trunks se inclinó en su lugar, expectante ante cualquier movimiento o sonido, ya que no podía sentir el ki de ambas máquinas.

Una vez despejada la polvareda, sólo quedaba en pie uno de los androides. El androide pelinegro se encontraba de pie, tronándose el cuello y con evidentes signos de daño. Algunas magulladuras en las mejillas y la camisa negra y la pañoleta naranja voladas en pedazos, exponiendo su camiseta de algodón por debajo.

Número 17 soltó un gruñido de molestia, antes de sonreír con malicia y soltar una risa jocosa. "Veo que has mejorado Trunks, pero como te dije antes no es suficiente. No solo careces de fuerza, sino que también sigues siendo muy imprudente". Lo regañó al semi saiyajin, dejándolo atónito.

"¿Qué?, ¿de qué demonios estás hab-". Trunks se detuvo a media oración al oír que algo voló por los aires. Se giró sobre sí mismo y notó, horrorizado, cómo el domo principal estalló en un torbellino ardiente. "Hijo de una gran… ¡MAMÁ!". Clamó antes de amagar a ir hacia allá.

Pero fue detenido abruptamente por un golpe seco en la nuca que lo desestabilizó, y luego una esfera de energía que le dió de lleno y lo mandó a volar hacia adelante.

Trunks se estampó contra un pilar, con la visión algo borrosa. Pudo distinguir gritos de auxilio, otros de agonía y pasos que se le acercaban.

Cuando parpadeó y su visión se aclaró lo suficiente, vió un mar de personas huyendo por sus vidas, algunas cojeando, otras a rastras, pero todas escapaban de lo mismo. De ella.

Número 18, a quién se le había unido su hermano, se encontraba de pie con los brazos extendidos, estaba riendo como una maniática mientras lanzaba rayos de energía aparentemente inofensivas a un lado y otro desde la punta de sus dedos.

Así como disparaba, cada persona caía abatida, algunos afortunados morían instantáneamente, otros en cambio agonizan, retorciéndose de dolor y cerrando sus manos en torno a su pecho, en un intento fútil de prolongar su existencia.

Estaba congelado in situ, incapaz de ayudarlos porque aún si se les acercara, no podría hacer otra cosa más que observar impotente sus últimos instantes de vida. Uno a uno los kis de cada superviviente se desvanecieron, todos menos uno que él identificaba perfectamente.

"Malditos… Los voy a matar…". Masculló con una expresión repleta odio y una ira asesina, antes de desplegar su aura nuevamente y lanzarse contra ambos.

La androide rubia se acomodó el cabello del lado izquierdo, soltando un respingo de molestia. "Es hora de acabar con ésto. Vamos, Diecisiete". Espetó tajante, antes de lanzarse ambos contra Trunks también.

El semisaiyajin pudo conectar un par de golpes a ambos, pero sin embargo, y a pesar de su feroz acometida, ambos androides lo superaban no sólo en número sino también en fuerza, y poco a poco fue perdiendo terreno.

Número 18 se sobrepuso al super saiyajin, esquivando un puñetazo de su rival y le asestó otro en la nariz sumamente fuerte, provocando un leve tronido. Acto seguido, el guerrero se hincó hacia atrás con un ruido de dolor, tomándose la nariz con la mano derecha.

Ni bien se descuidó, y continuando con la ofensiva, la androide le propinó un golpe en la boca del estómago que le sacó el aire y lo hizo hincarse de rodillas. Trunks se encontraba sometido completamente. Intentó bloquear otro golpe con su brazo izquierdo libre, girando su cuerpo instintivamente.

La androide le asestó una patada voladora doble en el codo y hombro con precisión milimétrica, ocasionándole una sonora fractura doble que lo hizo aullar de dolor. Su asalto finalizó con un puñetazo en la mejilla que lo mandó en dirección a Diecisiete, quién lo frenó con un golpe en la columna y lo estampó contra el suelo, creando un cráter en el laboratorio el cual ya ni tenía techo y se mantenía en pie precariamente.

Trunks a duras penas se mantenía consciente. Su ropa había volado en pedazos de la cintura para arriba, y su pantalón estaba agujereado en ambas rodillas. Su torso estaba lleno de moretones y algunas heridas de las que brotaban leves trazos color escarlata.

Ambos androides se le acercaron, y lo miraron desde arriba con sorna. Sus carcajadas hicieron arder de furia al saiyajin, mas no podía hacer nada con un brazo roto y el cuerpo sumamente agotado. Antes de perder su transformación, atinó a lanzar un ataque a quemarropa a ambos. Una ráfaga de energía amarilla. Pero eso no les hizo ni mella.

"¿Por qué?...". Comenzó, tosiendo algo de sangre. "¿Por qué tienen esa... necesidad tan...imperiosa de hacer sufrir a los demás?". Continuó, intentando incorporarse.

El androide masculino le propinó un pisotón en las costillas, que seguramente hizo mucho daño, evidenciado por la abundante sangre que expectoró el semi saiyajin. Luego de esto, y asegurándose que no lo interrumpiría, número Diecisiete se inclinó hacia abajo, poniéndose cara a cara con el último guerrero Z.

"Te responderé con una breve historia. Fuimos hechos por un viejo humano… un científico loco, si se quiere. Debíamos servirle a él, pero la verdad que cuando despiertas siendo un androide sin necesidad de comer o dormir y descubres que tienes consciencia propia, lo que menos pensarías es en servirle a un anciano decrépito. Así que, para desquitarnos, lo volamos en pedazos. A él, y su laboratorio. Todo ardió en una gran bola roja, incluido un escarabajo que él llamaba Celda… Celular… Cell, o algo así". Diecisiete se encogió de hombros, ignorando la mirada de alivio que tenía Trunks. Viendo como el medio saiyajin parecía medio distraído, le estampó la muñeca izquierda, rompiéndosela. Ante el aullido de dolor, el androide sonrió maliciosamente sabiendo que tenía su plena atención nuevamente. "Y luego de eso, dijimos "oye, ¿por qué detenernos solo aquí?". Tenemos un poder infinito. Podemos hacer lo que queramos. Y qué más divertido que causar sufrimiento y destrucción por doquier, ¿eh?".

Dieciocho se le unió, dando un paso adelante y observando a Trunks con desprecio. "No te gastes, Diecisiete. Nuestros motivos son algo que un buenito debilucho como él no entendería nunca… si tan solo-".

Pero los tres fueron detenidos de improvisto, al oír una voz femenina gritar desafiante a los tres.

"¡Oigan, pedazos de hojalata! ¡Les faltó una!". Bulma los increpó, milagrosamente de pie. Su bata de laboratorio estaba llena de polvo, y estaba bastante herida, pero aún así encontró suficiente energía como para sostener un lanzagranadas Milkor MGL en sus brazos. Les lanzó unas granadas a los androides, las cuales estallaron al impacto, pero ésto no hizo más que enfurecerlos.

Número Diecisiete pateó al semisaiyajin en dirección a Bulma, y la científica se hizo a un lado para esquivarlo, con el lanzagranadas cayendo de sus manos con todo el jaleo.

La peliceleste se puso de pie nuevamente, pero no contó con que detrás de ella estuviera la otra androide, la cual le asestó un puñetazo en el estómago que la hizo hincarse de rodillas instantáneamente y casi vomitar.

"Vaya, tengo que darte crédito, eres bastante fuerte para ser una abuela humana". Observó con un mínimo dejo de asombro.

"P… púdrete, perra". Espetó Bulma, tosiendo algo de sangre.

"El sentimiento es mutuo, vieja". 18 respondió, estirando su dedo y lanzándole un rayo púrpura a Bulma que la atravesó de lado a lado a la altura del hombro izquierdo.

Trunks, viendo ésto con los ojos atónitos, se incorporó y se preparó para luchar, pero no pudo hacer más que dar un paso y sufrir el mismo ataque, que le perforó el abdomen. Y luego una media docena más que lo terminaron de hundir más en el suelo, causándole más lesiones perforantes de variada gravedad.

Diecisiete se puso a la par de su hermana y observó la escena. Con ambos rivales derrotados y a su merced, no quedaba mucho más que hacer más que lo que ambos tenían en mente.

"Volemos este basurero en pedazos". Diecisiete dijo con hartazgo, preparándose para dar un salto hacia arriba.

Antes de que ambos pudiesen hacer algo, Bulma se incorporó y, en un acto de último recurso, lanzó una nueva granada, pero esta no era explosiva sino una flashbang. "TRUNKS, SI ME OYES, ¡CÚBRETE!".

En simultáneo, el pequeño objeto redondo estalló generando un destello cegador y un sonido ensordecedor. El dúo de androides, a pesar de ser máquinas de guerra cuasi perfectas, se vieron sorprendidos ante el ingenio nacido de la desesperación humana.

"¡VIEJA HIJA DE!-". Exclamó el androide pelinegro, frotándose los ojos a la par de su hermana.

Bulma se apresuró a socorrer a su hijo, quién estaba apoyado contra una pila de escombros.

"Vamos, hijo, levántate. Nos vamos". Le dijo a su primogénito, ayudándolo a incorporarse y pasando uno de sus brazos por detrás de su cuello.

"¿A… do… Dónde?". Murmuró con la voz casi imperceptible el pelilila, quien había perdido su transformación hace rato.

Con sumo pesar y viendo las ruinas ardientes del lugar donde había construido todo y vivido toda su vida, Bulma le respondió con la voz quebrada. "Lejos de aquí. Ven, sube". Le indicó, ayudando a que su hijo se tumbe dentro de la máquina del tiempo.

Se apresuró a trepar ella también, pero un bramido no muy distante la distrajo mientras se incorporaba en el asiento de la máquina ovoide.

"¡NO ESCAPARÁN!". Clamó Dieciocho lanzando una esfera de energía a la máquina, la cuál falló por milímetros y terminó afortunadamente estallando delante de esta. Ésto levantó una cortina de humo que impidió ver a dónde fueron.

Cuando la polvareda se despejó, madre e hijo habían desaparecido, yendo solo Kami sabe a dónde, para desgano de ambos androides.

XXXXX

*CLUB DEL OCULTISMO, ACADEMIA DE KUOH, JAPÓN*

A última hora de la tarde de un viernes, cuatro personas se encontraban relajándose tranquilamente en una amplia y cómoda habitación, habiendo terminado con sus obligaciones diarias. Los rayos del sol poniente entraban por las ventanas iluminando la habitación y una leve brisa primaveral corría, meciendo levemente las cortinas. Sin embargo, eran los últimos días de abril, por lo que el calor agobiante pronto haría acto de presencia.

Como sea, estas cuatro personas aquí mencionadas eran los miembros de un selecto grupo conocido como el Club de Investigación Oculta, y se encontraban repartidos del siguiente modo:

Una hermosa chica de piel clara como la porcelana, quien se encontraba sentada en su escritorio con algo de papeleo enfrente de ella. Estaba bebiendo una taza de té de manzana. Tenía ojos de un azul cielo que podrían doblegar a cualquier hombre, por más fuerza de voluntad que tuviera. Su cabello largo, que caía por debajo de su espalda hasta los muslos, era de un color rojo carmesí. Ella estaba usando un uniforme escolar, correspondiente a la Academia Kuoh, que consistía de una camisa blanca manga larga con botones negros, una cinta negra en el cuello, una capa negra en los hombros y un corsé a juego con dicha capa, y una falda magenta con detalles bordados en blanco. Y para colmo de todo, era relativamente alta, por lo menos para una mujer, alcanzando el metro sesenta y ocho.

La otra joven, dotada de generosas curvas como la pelirroja, se encontraba sentada en uno de los cuatro sofás que había en la habitación, aparentemente dormida. Tenía el pelo igual de largo que la otra, peinado con una cola de caballo sostenida con un listón naranja, pero el cabello de ésta era de color negro, y tenía ojos de color púrpura. Vestía el mismo uniforme escolar que su compañera, pero era apenas más baja, rondando el metro sesenta y cinco.

La tercera y última chica era más pequeña que las otras dos, tenía una cabellera blanca un poco más corta, ya que le llegaba hasta los hombros, y unos ojos de color dorado. Usaba el mismo uniforme que las otras dos chicas, pero no estaba tan dotada como sus compañeras. Se encontraba sentada en un sillón individual lamiendo un cono de helado de chocolate. Era la más bajita del grupo, puesto que apenas llegaba al metro treinta y ocho.

El último y único varón del grupo era un chico rubio con ojos celestes, quien usaba el uniforme escolar de la Academia Kuoh, que era una camisa blanca con una cinta negra en el cuello, unos pantalones negros de vestir, junto con unos zapatos elegantes marrones. También tenía un saco blazer negro, pero que se encontraba prolijamente doblado y apoyado en uno de los sillones vacíos. Este joven apuesto se encontraba leyendo tranquilamente una revista sobre espadas y armaduras.

De pronto los cuatro se percataron de una perturbación en el espacio, y sintieron un poder inmenso que había aparecido así como si nada, que superaba con creces cualquier energía que hayan sentido en sus cortas vidas. Esa señal de energía no vino sola, sino que estaba acompañada de otra mucha más baja, la de una humana común.

"¿Sintió eso, presidenta Rias?", le preguntó el chico rubio a la pelirroja, quien había apoyado su taza de té con dificultad en su escritorio debido a los nervios que sentía.

"S-sí, Kiba, lo sentí, y estoy segura que Akeno y Koneko también lo percibieron", replicó la pelirroja, conocida ahora como Rias. Suspiró profundamente, invadida por este esperanzador suceso. "¿Podrá ser que es aquel chico con el que soñé?, ¿será esta mi oportunidad de librarme?". Pensó brevemente para sí, antes de ser traída de nuevo a la realidad por su subordinada.

"¿Qué sugiere que hagamos, presidenta?", inquirió la peliblanca bajita a la vez que terminaba su helado, se limpiaba la boca y se ponía unos guantes marrones sin dedos, característicos de ella cuando iba a combatir.

El chico rubio, mientras tanto, materializó de la nada espadas duales de hierro.

"Vamos a ir allá… Ese poder… viene del bosque de Kuoh, a las afueras de la ciudad, ¡vamos, ¡Akeno, prepara un círculo mágico, ya", Rias le ordenó a la pelinegra, quien asintió apresuradamente. Sus manos brillaron de un color rojo, a la vez que conjuraba algo y en un instante, en el piso se creó un círculo rojo con un símbolo extraño negro. Los cuatro entraron y, viéndose envueltos en un haz de luz roja intensa, desaparecieron.

XXXXX

*BOSQUE DE KUOH, SIETE DE LA TARDE*

La máquina del tiempo del semi-saiyajin y la humana salió del portal, estremeciéndose violentamente. Aterrizaron a los tumbos, rebotando en el suelo hasta estrellarse contra un árbol. La escotilla de vidrio se rompió completamente por los impactos, y la nave se abolló en un lateral.

Trunks observó sus alrededores a través del cristal, con la visión nublada, y pudo comprobar que estaban en un bosque. Se irguió como pudo en el pequeño habitáculo y presionó el botón para abrir la nave. En respuesta, la nave siseó, y la mitad superior de la nave ovoide se replegó hacia abajo, permitiéndole descender.

El pelila saltó, incapaz de sujetarse de la baranda correctamente, y terminó cayendo de cabeza. Estaba mareado, herido, y cansado, y un coscorrón en la cabeza no ayudaba mucho que digamos. Se levantó a duras penas, usando la nave de apoyo e intentó sentir los kis alrededor de él. Había muchos kis alrededor, de distinta magnitud, por lo que le resultó difícil identificar alguno potencialmente maligno.

Subió de nuevo a la nave y bajó a su madre. La recostó en el suelo, apoyándole la espalda contra una de las patas de la nave. Trató de despertarla, pero ella no respondió. Revisó sus signos vitales, y pudo comprobar que efectivamente tenía ki y pulso, aunque muy tenues.

El tampoco se encontraba muy bien que digamos, puesto que ni siquiera notó los kis que aparecieron repentinamente hasta que estaban prácticamente encima de él, a unos escasos metros de distancia.

Un destello carmesí lo cegó momentáneamente, y cuando este desapareció, pudo comprobar a quiénes pertenecían esos cuatro kis. Un grupo de jóvenes, tres chicas y un muchacho. Eran de un nivel considerable, y estaba seguro que en condiciones normales podría detenerlos a los cuatro juntos.

Pero su cuerpo no estaba para nada en condiciones normales. Y se lo hizo saber ni bien intentó pararse. Porque cayó seco en el suelo, como un costal de papas. Con las manos entumecidas, intentó incorporarse pero fue en vano, su cuerpo no respondía y la oscuridad lo reclamaba.

Su visión se nubló aun más, y a medida que iba perdiendo la consciencia, sintió que alguien sujetó sus manos. Un tacto suave y delicado, acompañado de un color carmesí. Por alguna razón, se sintió aliviado. Y con una sonrisa entre sus labios ensangrentados, cerró los ojos y cedió al sueño que tanto lo llamaba.

XXXXX

N/A: Bueno gente, espero que les haya gustado este primer capítulo (mayoritariamente) reescrito. La verdad que me llevó algunas semanas leerlo detenidamente, seguido de la lectura de prueba para ver si hay errores de ortografía y demás. Cualquier cosita, ya saben, dejen sus reviews y si gustan también les dejo mi discord así charlamos por ahí xd.

Ah, y como es… Sigo buscando activamente alguien que tenga ganas de co-escribir esta cosa de nuevo conmigo, porque sinceramente ando medio flojo y falto de ideas xD. Por favor, si verdaderamente tienen ganas, les imploro me manden un mensaje directo y después arreglamos bien.

Ya sin nada que decir, se despide ahora sí su fiel amigo octavio675.

Mi discord: Octavio # 9479