Sounds Like Love
Epílogo
Cuatrimestre de primavera, marzo 2021.
El padre de Bella detuvo la camioneta y la miró, girándose ligeramente en su asiento.
—¿Estás lista? Siempre podemos regresar a casa.
—Mmm, ¿enserio? —Bella le alzó la ceja—. Pero ya vinimos hasta aquí, ¿todo ese largo viaje por nada? —se burló.
Charlie lanzó una carcajada y arrancó la llave de la ignición. Le había pedido la minivan a Billy, su compañero de trabajo, porque las cosas de Bella apenas y cabían en su auto.
—No hay razón para que te mudes a los dormitorios—dijo Charlie cuando Bella le contó sobre la Universidad de Washington dando luz verde a sus alumnos para asistir al campus—. Puedes seguir viviendo aquí.
—¿Y perderme la dicha de odiar a mi compañera de habitación? ¿evitar que robe mi champú? ¡Nunca! —sentenció, alzando el puño y subiendo las escaleras.
Además, Edward estaría ahí. Desde que la Universidad anunció el regreso a clases, Bella no podía dejar de pensar en él. Una sonrisa se le plasmaba en la cara en todo momento.
Justo como ahora.
—¿Qué es tan gracioso? —su padre preguntó, mirando por el parabrisas a los estudiantes que descargaban sus equipajes bajo la ligera llovizna que estaba tornándose cada vez más fuerte.
—Nada—Bella mintió—. Andando… antes de que el cielo caiga sobre nosotros.
—Iré a conseguir un carrito. Espera aquí—ordenó su padre.
Bella arrancó su celular del tablero del auto, deteniendo la música y tecleando un mensaje.
Bella: Ya estamos aquí. Papá fue a conseguir un carrito para llevar mis cosas.
Parecía que Jessica estaba tan ansiosa como ella, porque respondió en ese mismo momento.
Jessica: Genial. Recuerda no olvidar lo importante.
Bella frunció el ceño y miró alrededor, tratando de encontrar a su padre. No lo vio por ningún lado.
Bella: ¿De qué hablas?
Jessica: ¿Cómo que de qué? No vayas a sustituirme con tu "asombrosa" rommie.
Bella: Cierra la boca.
Jessica: Lo digo enserio.
Bella: Si, yo también podría decirlo.
Jessica: Ángela no es una amenaza. A decir verdad, creo que un piercing le vendría bien ¿sabes? Es demasiado santurrona… casi como tú.
Bella: No soy santurrona.
Jessica: No, claro que no, ¿cómo pude decir eso?
Bella rodó los ojos y ya no le contestó. Su dedo se tambaleó sobre el chat de Edward, deseando escribirle algo, pero justo en ese momento su padre golpeó la ventanilla.
—¡Tengo el carrito! —gritó para hacerse escuchar.
Con un suspiro, Bella bajó de la camioneta y se acercó a su padre, que ya estaba abriendo la puerta trasera.
—No dejes que mi monitor se moje—Bella advirtió.
—¿Y cómo se supone que haga eso?
Bella trepó por los asientos, chasqueando los dientes, y tomó la frazada que guardó específicamente para eso.
—No olvides llevártela—le dijo a su padre mientras metía las orillas a la caja que contenía su monitor—. No me quedaré con esta.
—De acuerdo—él aceptó, arqueando la boca.
Caminaron entre el viento y la lluvia hasta la entrada del edificio. El cabello en la frente de Bella se rizó y esperó pacientemente a que la líder de los dormitorios le diera una mochila de cortesía.
—¿Qué dormitorio es?
—13B—le respondió a Charlie.
—¿13? Estamos yendo en la dirección opuesta—gruñó su padre mientras empujaba el carrito.
—¿No te sabes los números? El 13 va después del 11.
La puerta de su habitación estaba abierta, así como las del resto. El pasillo era un hervidero de conversaciones y congestionamiento. Una fila de tres carritos estaba esperando a que ellos entraran a la habitación para poder pasar libremente.
Bella se golpeó el codo con el marco de la puerta y dejó salir una maldición al mismo tiempo que la saludaron desde algún lugar.
—¡Hola! —la voz chillona de Alice provenía de debajo de la cama.
—¡Alice! —Bella la llamó, preocupada.
—¿Estás atorada? —Charlie preguntó.
—No—Alice agitó su mano, disuadiéndolos de actuar. La mitad de su cuerpo estaba oculto. Su pierna derecha se levantó—. Todo bien, sólo…—se deslizó sobre su barriga y liberó su cabeza, golpeándose fuertemente con la litera—. ¡Auch!
—¡Oye! ¿Estás bien? —Bella se acercó a ella, pero no podía hacer nada. Llevaba las manos ocupadas con una caja.
—Si—Alice se sobó el golpe, apoyando sus codos en sus rodillas—. Sólo… mi labial rodó por el suelo. Hola, Sr. Swan—saludó a Charlie.
—Hola… Alice—él dudó.
—¿No tienes problemas con tu cama? —ella le preguntó a Bella—. Puedes tomar la mía si quieres.
—No, no me importa.
—De acuerdo—Alice sonrió y se sacudió los pantalones—. Iré a regresarle algo a mi madre. Ahora vuelvo.
—Apuesto a que tiene una contusión—Charlie se rió entre dientes cuando Alice se fue.
—Fue gracioso—Bella aceptó.
Entonces se carcajearon, Bella incluso se arqueó, apoyando sus manos en sus rodillas.
Charlie la ayudó a descargar el carrito, colocando sus cosas lo más cerca que se pudiera de su lugar de destino. Él incluso colocó su monitor sobre el escritorio y se llevó las manos a las caderas, observando los alrededores.
—Que buena vista—comentó, mirando por la ventana.
—Si, es bonita.
—De acuerdo. Creo que es hora de que me vaya—suspiró, derrotado.
—Bien—Bella sonrió—. Gracias por la ayuda, papá.
—Mmm.
—¡Vamos! No te vas a poner todo tristón, ¿verdad? —ella picó su abdomen y Charlie ajustó su mascarilla, presionándola sobre su nariz.
—Claro que no—se defendió.
—Bien… porque estoy a veinte minutos de casa. Iré cuando quiera.
—Más te vale.
Alice regresó cuando ellos se abrazaban. Charlie dejó un beso sobre la cabeza de Bella y palmeó sus hombros.
—Nos vemos por ahí.
—Hasta luego, Sr. Swan—Alice agitó su mano. Enfrentó a Bella tan pronto como él cerró la puerta—. ¡Bella! Emmett me envió un mensaje, dice que Edward ya está instalado y que ahora podemos ir a Chipotle.
Bella le frunció el ceño.
—¿Edward ya está aquí? —preguntó, alcanzando su teléfono sin notificaciones, ¿por qué él no le había dicho nada?
—Si—Alice asintió, bajando su mascarilla y aplicándose labial mirándose en el cristal de la ventana—. Dijo que vienen en camino.
—¿Bien? —Bella murmuró, aun viendo su teléfono. Lo dejó en la cama, en donde Alice comenzó a cepillarse el cabello.
El celular de Bella vibró con un mensaje.
—¿Por qué le pusiste un corazón al nombre de Edward? ¿Y naranja? —preguntó Alice, que ya tenía su celular en las manos—. ¡Ohh! ¿¡Ustedes están saliendo!?
Bella se lo arrebató.
—Trae acá. No veas mi teléfono.
—¿Están saliendo? —Alice pegó un salto—. ¿Por qué un corazón naranja?
Bella rodó los ojos. Porque el naranja es su color, Alice, quiso responderle.
Edward: ¿Todo bien? Acabo de llegar. Emmett y yo estamos yendo a tu dormitorio, iremos a Chipotle.
Edward: Espera, ¿quieres ir a Chipotle?
Bella sonrió y tecleó una respuesta.
Bella: Claro. Alice ya me lo dijo y todo va bien.
Edward: Genial. Te quiero.
Bella: Te quiero también.
Añadió un corazón y Alice ladeó la cabeza para ver la pantalla. Pequeña chismosa.
—¿Entonces?
—Si—Bella metió su celular al bolsillo de sus jeans acampanados. La bastilla le llegaba justo en el borde de sus botas blancas. Alice las miró.
—Lindas botas.
—Gracias—respondió Bella, girándose para rebuscar su cartera de entre su equipaje.
Alice le hizo un puchero a la parte trasera de su cabeza.
—¿Disculpa? ¿Confesarás eso y no agregarás nada más?
—No hay nada más que agregar—Bella aclaró, tomando su gloss y aplicándoselo—. ¿A dónde vamos a ir después de Chipotle?
—Ah, no lo sé…—Alice inició—. Podemos pasear por ahí—entonces miró por la ventana—. Si es que no se desata una súper tormenta.
—Bien—Bella decidió abrir su paquete nuevo de mascarillas KF94. Tomó una blanca y se la colocó.
—¡Bella! —Alice agitó su brazo—. ¡Cuéntame!
Bella rió.
—No hay mucho qué contar, Alice. Sólo estamos saliendo—Bella tomó su delineador de su neceser de maquillaje—. ¿Sabes delinear?
—Pff…—Alice le restó importancia con un gesto de mano—. ¿Ya viste mis ojos? Dame eso.
Los ojos de Alice estaban maquillados con sombra lila y con un delineado simple.
—¿Desde cuándo están saliendo? —preguntó en un murmullo. Su pulgar en la frente de Bella.
—Desde Acción de Gracias.
—Vaya—Alice se rió entre dientes—. Si que se mueven rápido.
—Silencio. Te daré detalles más tarde.
Alice asintió satisfecha.
Edward y Emmett llegaron cuando Alice pasaba distraídamente sus dedos por el cabello de Bella. Bella intentaba meter su teléfono y su billetera en su cangurera.
—¿Ya se están trenzando el cabello? —Emmett gritó desde la puerta, tronándose los dedos y pateando una caja a su paso.
—Vaya Emmett, sí que eres enorme—Bella boqueó, alzando su cuello para poder verlo en su totalidad.
Él dijo algo, pero Bella ya no lo escuchó. Sus ojos estaban clavados en Edward de pie frente a ella, con las manos en los bolsillos de sus jeans, su playera Henley azul y su chaqueta negra.
Alice le picó el brazo, llamando su atención.
—Vamos, Emmett. Ellos pueden alcanzarnos—le dijo, empujándolo levemente—. Bella necesita orinar urgentemente.
—No hables de mis necesidades fisiológicas—Bella masculló, metiendo el pie y causando que Alice tropezara.
—Hey—Edward le sonrió, bajando su cubrebocas—. ¿Cómo estás?
Verlo era como si un globo estuviera reventando dentro de ella, como sumergirse en una alberca de pelotas, como lanzarse en paracaídas, como querer gritar desesperadamente hasta que tus cuerdas vocales explotaran.
—Bien—ella suspiró, poniéndose de pie.
Él volvió a sonreírle y se inclinó a besarla. Bella bajó su mascarilla al último segundo y sintió los labios esponjosos de Edward contra los suyos. Él envolvió sus brazos alrededor, apretándola.
Los ruidos en el pasillo no eran un inconveniente. La boca de Edward era suficiente distracción para aislarse del mundo.
—Te extrañé tanto—él murmuró.
—Mmm, sabes que yo también…—Bella se alejó, pasando sus manos por los brazos de él y entrelazando sus dedos—¿cómo están tus papás?
—Bien—él se encogió—. Felices de volver a la normalidad.
La boca de Edward estaba llena de gloss. Bella no se molestó en limpiarla.
—¿Y Lola? ¿Fue difícil?
—Demasiado. Parecía que sabía lo que sucedía…—otro encogimiento—tendrá que superarlo.
Bella hizo un mohín.
—¿Nos vamos? ¿O en verdad necesitas orinar?
—No, andando. Seguramente Emmett está trepando las paredes.
Edward bufó, cerrando la puerta tras él. Bella echó la llave a su cangurera.
—No lo dudo. Apenas y me dejó despedirme de mis padres. Ya estaba gritándome desde la puerta.
—Alice dijo que ya estabas instalado.
Edward entrelazó sus manos.
—Si por "instalado" se refiere a "apenas entrando a la habitación," entonces sí.
Emmett y Alice estaban esperando en el lobby, riéndose de algo que veían en el celular de él. La mano de Edward era fuerte y segura sobre la de Bella.
—Vamos—él dijo y Emmett y Alice caminaron tras ellos.
Fuera de los dormitorios, el personal de la Universidad de Washington trataba de mantener el orden mediante filas y direccionales. Bella encontró un pin tirado, lo tomó y lo grapó en su suéter.
—¡Hey, ustedes dos! —Emmett gritó tras ellos antes de colocar sus pesadas manos en sus hombros—. ¿Son novia y novio?
—¿Bromeas? —Alice intervino, apareciendo de un salto junto a Bella—. Han estado sosteniendo sus manos desde que salieron del ascensor.
—¡No! —Emmett se cubrió la boca, sus ojos bien abiertos—. ¡No! ¡Tú, pedazo! —golpeó a Edward en el brazo.
Él se rió.
—Aléjate—lo empujó por el pecho.
—No te preocupes, Emmett. Acabo de enterarme también—Alice lo apaciguó—. Pequeña perra—le susurró a Bella al oído.
~SLL~
Ya en el Chipotle y con su orden clara en mente, Alice eligió un sillón en el rincón y alejó de la mesa las manos de Emmett con un golpe.
—Toallitas—dijo, antes de hurgar en su bolso y sacar un paquete de toallitas desinfectantes.
Emmett bufó.
—Si me preguntan, todo esto es mentira.
—¿Qué? ¿Covid? —preguntó Bella, acomodándose junto a Edward.
—Si—Emmett la señaló—. Es el nuevo orden mundial.
—Si por nuevo orden mundial hablamos de no acercarte o hablarle a la gente, estoy bien con eso—Alice opinó, levantando el servilletero y pasando la toallita por debajo.
—U ocultarte de los desconocidos detrás del cubrebocas y lentes de sol—dijo Edward.
—Ni siquiera eso funciona…—Emmett continuó—no puedes esconderte. Es como si esos idiotas tuvieran un radar de reconocimiento. El otro día vi a mi ex… pretendí no verla, pero ella sí lo hizo.
—¿Y qué pasó? —preguntó Alice.
—Avanzó rápidamente por el pasillo y fue hasta la comida para perros. Ni siquiera tiene un perro.
—Vaya, ¿qué mierda le hiciste? —se rió Alice—. Y tal vez tiene un perrito de pandemia.
Emmett le picó el brazo.
—Besé a su hermana.
—¡Ugh, no me toques, tú simio! —Alice chilló, alejando su brazo rápidamente.
—¿Qué rayos? ¿Por qué mierda hiciste eso? —Edward se rió, tamborileando sus dedos en la mesa. Los alejó cuando Alice le dio una mala mirada. Ella pasó la toallita por las huellas que él dejó en la superficie.
—Son gemelas.
Bella rodó los ojos y suspiró.
—Claro—masculló.
—Andando, vamos a ordenar—Alice dijo, jalando la mano de Bella.
—¡Pidan guacamole extra! —ordenó Emmett.
—No—Alice ladró—. Has perdido el poco respeto que te tenía.
Él se giró a Bella, poniendo ojos de cachorro. Ella se encogió, alisándose las arrugas inexistentes de su pantalón.
—Lo mismo digo… eso fue asqueroso.
Alice se la llevó soltando risitas.
~SLL~
Cuando terminaron de comer y Emmett masticaba los últimos totopos, Alice alcanzó su celular y comenzó a limpiarlo con otra toallita.
—¡Mira esto! —agitó la toallita sucia al aire—. ¿Por qué no limpias tu teléfono? Ugh, esto podría comenzar la próxima pandemia.
—Cierra la boca—Bella se llevó las manos a la cabeza—, no hables de eso.
—Tranquila, la vacuna ya casi está aquí—Alice murmuró.
—Y tú tranquila, Toallitas—Emmett le arrebató su celular a Alice.
—¿Ahora a dónde? —intervino Edward.
—La estudiante comunitaria sabe—dijo Emmett.
Entonces miraron a Bella, quien se encogió de hombros.
—No sé… ¿qué quieren hacer?
—Algo que no requiera mucho movimiento—comentó Alice, que ahora limpiaba el celular de Edward—. Estoy llena.
—Vamos a las pistas de patinetas.
—Dije que no al movimiento.
—No vas a patinar—Bella rodó los ojos—. Ya no se usan, sólo que las personas siguen yendo.
—¿A hacer qué? —Emmett le entrecerró los ojos.
—A pasar el rato… conocen personas, hablan, se ríen, se besan, fuman, esas cosas.
—¿Fumas, Bella? —Emmett preguntó asombrado.
—No… ¿quieren ir?
—¿Iremos directo a Sodoma? —Alice preguntó—. Andando.
~SLL~
Edward se pasó su mano libre por el cabello y se acercó para presionar el pulsador peatonal. Edward estaba a dos luces, pálido por la lámpara sobre su cabeza y cálido por el atardecer que estaba tornándose negro. Apretó el botón otra vez, insistiendo. A Bella le dieron ganas de decirle que no funcionaba, que tendrían que esperar minutos ahí y que sólo tendrían cinco segundos para cruzar.
Pero no le dijo nada, porque prefería quedarse ahí esperando en la acera mojada, en el aire fresco y en las gotas dispersas de la lluvia que se había rendido, antes que moverse. Prefería su brazo alrededor de sus hombros.
Las risas de Alice y Emmett eran como un ruido de fondo mientras observaba los movimientos descuidados de Edward, que se balanceaba sobre sus talones.
—Vaya, Bella, no creí que frecuentaras estos lugares—fue lo primero que dijo Emmett al llegar.
Había un par de adolescentes tirados en la curva, otros hablaban al fondo de la pista y otros más estaban sentadas al borde, con los pies colgando.
Ella rodó los ojos y se sentó al borde.
—¿La policía no viene aquí? —preguntó Alice, mirando alrededor y ajustando su mascarilla.
Bella se encogió, recostándose contra el costado de Edward.
—A veces, pero sólo les dices "no es un crimen pasar el rato" y se van.
—¿Así disuades a tu papá? —Edward preguntó.
—Exactamente.
Él tomó la mano de Bella entre las suyas, dibujando patrones. Bella apoyó su cabeza en su hombro. Alice y Emmett se enfrascaron en un juego de manos.
—¿Sabes? Emmett me dijo algo—Edward susurró.
—¿Qué?
—Cuando fueron a ordenar.
—No me digas… ¿qué dijo?
—Dijo que podía enviarle un mensaje cuando estuvieras en mi habitación.
Bella se rió bajito, los hombros de Edward temblaron y la miró directamente a los ojos.
—¿Qué dices?
Frunció el ceño, confundida.
—¿Hoy? ¿Esta noche?
Edward tardó un segundo en asentir.
—Te extraño—confesó en un susurro.
Había sido una mala idea estar juntos antes de que tuvieran que pasar tres largos meses para volverse a ver. Bella acarició su nuca.
—¿Le dijiste que ya…
—No—él se apresuró a responder—, pero dijo que aprovechara las oportunidades. Dijo que podía pasear alrededor y luego regresar cuando te llevara a tu habitación.
—Bueno.
—¿Sí? ¿Quieres hacerlo? —Edward recostó su frente contra la de ella.
—Si, sólo… ¿podemos quedarnos un rato más?
—Claro.
—Eh…—Emmett lo codeó—. Esa rubia de allá es linda, ¿verdad?
Bella siguió su mirada.
—No lo sé, Emmett—dijo Alice—. Se parece a Rosalie.
—Tal vez sea su hermana—opinó Bella, ladeando la cabeza para verlo a través de Edward.
—No sería la primera vez que besas a la hermana de alguien—dijo Edward.
—Ugh—Alice se quejó.
Emmett comenzó a ponerse de pie.
—¡No la beses, Emmett! —Alice jaló su manga.
—Si, no hagas nada estúpido—Edward lo señaló acusadoramente con su dedo—. Vivo contigo, no me quiero enfermar.
—No la voy a besar—Emmett rodó los ojos—. Sólo iré a hablar con ella.
—Iremos—corrigió Alice, siguiéndolo mientras se sacudía el trasero—. No quiero ser el mal tercio aquí.
—¡Pero lo serás allá! —le gritó Bella.
—Ella tiene una amiga—Alice la miró sobre el hombro, señalando a la chica con el pulgar.
—Hmpf…—Bella suspiró y miró a Edward— bienvenido al mundo del Covid.
—Mierda—él gruñó, mirando a Emmett y a Alice, que se acercaban al par de chicas.
—Andando—Bella le palmeó el muslo—. Vayamos a tu habitación.
—¿Segura? ¿No quieres esperar a Alice?
Bella se encogió.
—¿Necesitas que nos grabe o algo? —preguntó al levantarse—. Igual tendré que dejarla con Emmett en algún punto.
Edward rió.
—Bien.
Se acercaron a ellos y Bella jaló la mano de Alice.
—Hazme saber cuándo vayas al dormitorio.
Alice asintió.
—Oki doki. Estoy bien aquí, me quedaré con Emmett… o con la amiga—suspiró cuando notó que la atención de Emmett estaba en la rubia.
—Bien.
Bella vio el intercambio de asentimientos entre Emmett y Edward. Haciendo a un lado la sensación incómoda, tomó la mano de Edward y caminó junto a él. Sería mejor que se acostumbrara. Emmett era la única opción… y Alice, pero tendría esa conversación con ella después.
~SLL~
—Tenía tantas ganas de verte—Edward dijo cuando entraron a la habitación—. Fueron los tres meses más jodidamente largos.
El pasillo seguía estando lleno de personas yendo y viniendo, puertas cerrándose y abriéndose.
—Veo que ya estás instalado—se rió Bella, esquivando las cajas amontonadas en la puerta, tanteando en la oscuridad hasta que él encendió la luz.
Edward bufó y se acercó a la cama de la derecha, de donde bajó un contenedor de plástico en el que comenzó a hurgar después.
—¿Es todo lo que trajiste? —Bella preguntó, mirando alrededor. Las cajas junto a la puerta parecían ser de Emmett. Edward apenas y tenía una maleta y dos contenedores de plástico.
—Seh, ¿por qué? —él le frunció el ceño, sostenía una sábana en su mano derecha. Luego sonrió—. No me digas que la estudiante comunitaria trajo toda la casa.
—Silencio—masculló Bella.
Edward se rió y le arrojó la sábana al pecho.
—Déjame colocar la colchoneta primero. Aunque…—agregó luego de un rato. Sus movimientos eran precisos mientras desenrollaba el objeto—debo decir que mi monitor ocupó mucho espacio.
—Si…—Bella se acercó al escritorio—. Es complicado moverlo de un lado a otro.
—¿Tienes uno?
—Ajá—respondió, arrojando la sábana a la cama.
Tomando dos orillas, Edward la llevó hasta él y Bella metió los bordes debajo del colchón.
—Fue mala idea hacerlo en aquel entonces—comentó Bella cuando él rebuscaba en su maleta, en cuclillas.
—¿Bromeas? Estuve a punto de conducir hasta aquí un montón de veces—Edward confesó mientras la miraba sobre el hombro. Tenía una sonrisa ladeada.
Bella le correspondió la sonrisa, sintiéndose de pronto nerviosa. Tamborileó los dedos sobre sus muslos, mirando alrededor.
—¿Qué? —Edward aventuró, frunciendo ligeramente el ceño, pero sin perder la sonrisa. Sostenía la caja de preservativos en sus manos.
—Nada.
Edward dejó la caja al borde de la cama y se sentó a su lado.
—¿Estás nerviosa?
Bella se encogió de hombros, pero se puso de pie, desabrochando su cangurera y sacándose la blusa. Se fue contra Edward, arrojándolo a la cama. Él colocó ambas manos sobre su trasero.
—¿Dijiste que me extrañabas? —Bella preguntó, tallando sus labios contra los de él.
La habitación estaba en completa oscuridad cuarenta minutos después, luego de que él fuera a apagar la luz, pero Bella pudo verlo pasándose una mano por el cabello.
—Muero de ganas por explorar la ciudad contigo—Edward murmuró con voz pastosa.
Bella sonrió, pero no dijo nada. Prefería sostener su mano en la quietud porque había esperado demasiado para que eso sucediera, se había quedado dormida muchas noches imaginándolo a su lado.
Y porque así era más fácil dormir. Él alejaba las pesadillas y la ansiedad sobre el futuro incierto de ese mundo tan frágil y cambiante, del mundo del que miles de personas ya no formaban parte, del mundo que había demostrado que nada era para siempre… sin importar la ironía del asunto, porque parecía que la crisis se alargaría por los siglos de los siglos.
Nada cambió cuando las manecillas marcaron las doce de la madrugada del 1° de enero. Las calles seguían siendo las mismas, las personas eran las mismas, más cansadas, más angustiadas, más frágiles, pero seguían estando ahí.
Nada cambiaba al mismo tiempo que todo lo hacía.
¿Cómo era posible que el cambio y la permanencia coexistieran?
El vecino seguía estando ahí, el chófer del autobús también, el hombre con traje en el noticiero matutino leyendo cifras que aumentaban día con día, la mascarilla seguía colgada junto a las llaves, la desechada seguía estando en la basura, las mujeres seguían sin usar labial, la gente enfermaba y se curaba, otros morían, la vida seguía… a pesar de que ahora todos querían otro respiro porque cuando lo tuvieron no lo apreciaron.
—¿Estás dormida? —él susurró.
—No—Bella respondió—. Sólo pensaba.
Edward trazó círculos sobre su brazo, se giró sobre su costado. Bella podía sentir su respiración contra la boca. Apoyó su frente en la de él mientras Edward apoyaba su mano en su cadera.
—¿En qué piensas? —él preguntó.
—En todo—ella respondió—. A veces es demasiado.
Bella acarició su hombro, hasta llegar a su espalda, en donde descansó su mano. Edward era lo único que quería tocar esa noche y al día siguiente y el siguiente a ese.
—Si lo tomas día a día no es tan malo. Y todo estará bien.
Bella lo miró con ojos entrecerrados, aunque él no pudiera verla.
—¿Enserio lo crees? Siempre estás diciendo eso.
Él se encogió.
—Si, lo creo. Algún día todo esto terminará.
—¿Y si no lo hace?
Él suspiró. Dejó un pequeño beso sobre el labio superior de Bella.
—El resultado será el mismo: todo estará bien. Las cosas mejoran con el tiempo, ¿lo has notado? Empeoran por un momento y de pronto no es tan malo y luego otra cosa mala aparece y luego mejora. Es un ciclo infinito.
—¿Cómo puedes creer eso? ¿Cómo puedes creer que algo así de horrible puede mejorar? —pero no había reclamo en la voz de Bella, sino curiosidad pura. Edward bajó su mano hasta dejarla en su trasero, la acercó a él. Estaba duro otra vez.
Bella casi podría jurar que estaba sonriendo de lado.
—Se le llama fe.
—Mmm.
Edward rió entre dientes, en voz baja, y volvió a besarle la boca.
—Todo estará bien, Bell. Ya lo verás. Algo grandioso saldrá de esto.
—¿Sí?
—Claro—él asintió—. Tengo la prueba en mis manos.
FIN
¡Hola! El epílogo está finalmente aquí.
Muchas gracias por sus comentarios y su continúo apoyo en esta historia. Fue un viaje muy interesante y divertido. Aún no es momento de despedirse de estos personajes, recuerden que se viene la versión de Edward, Feels Like Love. No olviden darle follow para que no se la pierdan.
Nos leemos por ahí :)
-Gracias eternas, Redana.
