La primera prisión se encontraba en total silencio siendo ese su estado habitual, solo escuchando el sonido de las páginas siendo pasadas en un grueso libro.
Minos se encontraba juzgando las almas que llegaban al tribunal, como hacía siempre, bueno casi siempre.
Y el hombre que se encontraba frente a él, era unos de los caballeros de Athena, de forma más específica el ex caballero de Aries y antiguo patriarca, Shion de Aries.
El juez leía de forma atenta cada antecedente que se encontraba en su hoja de vida, hasta que un hecho en particular llamó completamente su atención.
Él sabía que eso había ocurrido, más el enterarse la manera en que lo hizo le alteró de mil formas diferentes y pudo sentir como la ira siendo la emoción visceral que siempre ha tenido, recorría cada vena de su ser, provocando que viera todo del rojo más puro existente.
—Shion de Aries—llama aún sintiendo la ira en todo su ser.
El antiguo caballero al oírse llamado alza su mirada hacia el juez notando que la máscara de indiferencia que portaba el juez se iba rompiendo de forma lenta dejando ver como la ira se apoderaba de cada rasgo.
—¡Marioneta Cósmica!—lanza el ataque Minos.
Mientras sentía como tenía poder total sobre el alma del antiguo patriarca, se preguntó cómo podría retorcer cada una de sus articulaciones para que sintiera el mayor dolor posible.
—Así que hablemos de tus pecados—con total cinismo anuncia Minos—Empecemos por el mayor de todos rebelarse en contra los deseos de los dioses, ¿como te declaras?—al preguntar se dedica a doblarle el brazo izquierdo hacia su espalda tanto que pareciera iba a arrancarlo.
—No culpable, cada una de mis acciones fueron para cumplir los deseos de Athena de proteger la tierra—declaró Shion mientras sentía el dolor recorrer su alma.
Al escuchar las palabras dichas por el antiguo caballero, los ojos del juez se volvieron de un dorado muy oscuro, en un claro indicio de molestia.
—Así que según Athena para proteger el mundo hay que asesinar personas—pregunta Minos con falso interés.
—Sí intentas provocarme estas fallando en el intento—con dolor dice Shion.
Minos se siente algo frustrado aún cuando el caballero esté sufriendo siente que aún no es suficiente, aunque claro, duda mucho que el dolor que llegue a sentir ese caballero llegue a calmar su dolor e indignación.
Por lo que decide apretar aún más cada hilo que sostiene al ser frente suyo y doblar cada uno de sus huesos de mil formas diferentes.
Mientras ve a él hombre que se encuentra delante de él sufriendo, se pregunta internamente varias cosas diferentes más todas relacionadas con la misma personas.
¿Habrá sufrido?, ¿Estuvo él en sus últimos pensamientos?, ¿Ya habrá reencarnado?,
¿Le falta mucho?
—Como caballero de Athena le quitaste la vida a muchas personas, entre ellas una muy importante para mí.
De forma rápida la mente de Minos se llena de imágenes en donde él protagonista es poseedor de una larga cabellera platinada y unos ojos violetas que muchas veces lo han observado con ternura.
—Te contaré algo irónico, aun cuando has matado a muchas personas, no pudiste asesinar a un lemur solo porque se veía como un bebé, el cual técnicamente terminó siendo el que te asesinara.
Puede ver en la cara del antiguo caballero la confusión y por el puro placer de verlo sufrir un poco más, con su látigo le muestra exactamente de lo que está hablando.
—Creo que a pesar de todo debería darte las gracias esa acción probablemente signifique una gran ventaja para mi señor Hades—con una sonrisa cínica agradeció el juez notando un gran dolor en la cara del antiguo patriarca—Es hora de dictar sentencia, por tu crímenes cometidos en contra de los dioses serás enviado a la octava prisión: Cocytos—con voz solemne declara el juez—Espero disfrutes tu estancia en el infierno congelado—la sonrisa de superioridad y cinismo regresan a la cara del juez.
Minos se encargan de forma rápida de enviar el alma a la prisión donde deberá sufrir durante toda la eternidad, antes de pedir que pasen a la siguiente alma que le tocara ser juzgada se toma un momento para calmarse por completo.
—Markino, haz pasar a la siguiente alma—ordena Minos leyendo unos pergaminos y sintiéndose mucho más tranquilo que al principio del juicio.
—Lo siento, Minos-sama, pero por hoy no habrá más alma a las cuales juzgar.
Minos sorprendido levanta la mirada de los pergaminos buscando al ser que le pertenece esa voz y lo encuentra recostado en una de las columnas del salón, portando su sapuri dejándole saber que ya se ha presentado a Hades y vuelto a jurarle lealtad una vez más.
—Lune—pronuncia su nombre con total vehemencia, observando cómo con total tranquilidad el espectro de Balrog se acerca a él.
—Minos-sama, ¿puedo preguntarle algo?—pregunta el Balrog, estando tan cerca de él que sus cuerpos casi se tocaban como tanto ansiaba el juez que solo responde con un sonido de aceptación a la pregunta hecha—¿La ira que sentías cuando juzgaste a ese caballero, fue por mi?
El juez en ese momento se da cuenta que es posible que Lune halla llegado hace un tiempo al palacio del tribunal silencioso, para que haya podido sentir el sentimiento que había en ese momento en su cosmo y aunque quiere saber cuánto tiempo lleva la estrella de la eminencia observando todo lo sucedido prefiere contestar a su pregunta.
—Si, fue por ti, porque te amo y me sentí muy enojado cuando...— Minos es interrumpido por unos labios los cuales le besan con ternura y adoración, que causa que un sentimiento de calidez recorra cada parte de su ser.
—Recuerda que yo también te he amado en cada vida que hemos tenido— Lune le da otro beso un poco más largo que el anterior—Te amo en esta que tenemos ahora— hace una pausa observando los ojos grises de su amado— Y te amare en todas las que vengan.
